el blog de reseñas de Andrés Accorsi

domingo, 19 de abril de 2026

LENTO, PERO SEGURO

Bueno, con un ritmo menos frenético que el de Marzo, de a poco empiezo a acumular lecturas y entradas en el blog. Hoy nos vamos a la Venecia del Siglo XXVIII, ostentosa y decadente, para vivir una aventura de asesinatos, venganzas, amores y corrupción de la mano del maestro Felipe Hernández Cava y de la siempre eficaz Laura Pérez Vernetti (o Laura, a secas). Estoy hablando de Sará Servito, una novela gráfica que se dio a conocer en España en 2010 y que -me parece- nunca tuvo ediciones en otros países. La protagonista es Marina, una chica con un cierto talento para la pintura, que por las noches se esconde tras una máscara y ejerce la prostitución. Marina tiene buenos contactos entre la red de gondoleros, mendigos y demás personas que pasan por debajo del radar de los poderosos, y también en esferas más altas del poder, gracias a su pasado en un convento religioso y a su vínculo con su maestra de pintura y su hijo Caspare, que además está enamorado de ella. Hernández Cava urde la trama de Sará Servito sobre el lado más oscuro de la ciudad, donde los que no son chorros, son asesinos, depravados sexuales, o manejan las apuestas y las orgías clandestinas, obviamente entongados con las autoridades. Es un contexto ideal para una historia de capa y puñal, de mentiras, conjuras y traiciones, en las que -pese a todo- Marina va a lograr mantenerse a flote y con la sangre fría necesaria como para ejercer su venganza. Pero, por supuesto, en las obras de Hernández Cava nadie tiene el final feliz garantizado. El guionista elige para la narración un tono protocolar, pausado, con diálogos reflexivos que incluyen citas a los grandes pensadores de aquellos tiempos, tal vez para darle una pátina de sofisticación a una historieta que, hojeada así nomás, por encima, parece ofrecer como plato principal una ensalada de muerte y sexo. El trabajo de Laura va en cierta medida a contramano del guion: Cava nos narra una Venecia crepuscular, y Laura utiliza trazos despojados y colores brillantes. Gráficamente, Sará Servito es un comic luminoso, que llama la atención sobre todo por el ajustado trabajo de recreación de fondos y vestuario de la época elegida. El dibujo en sí me convenció menos que -por ejemplo- El Toro Blanco, pero acá la veo a Laura mucho más afianzada en el relato gráfico que en aquellos años en El Víbora. Apoyada en grillas clásicas y en la posibilidad de no dibujar más de seis cuadros por página, Laura consigue un ritmo narrativo muy interesante, que contribuye a la atmósfera turbia y ominosa planteada por Cava en el guion. El resultado es raro, porque de alguna manera, contra todos los pronósticos, esos dibujos luminosos logran transmitir oscuridad y misterio. No te quiero vender humo ni decirte que este es el mejor guion que escribió Felipe Hernández Cava en su vida (para descubrir sus obras maestras te recomiendo la nota que repasa toda su trayectoria en el nº12 de Comiqueando Digital), pero acá tenés 76 páginas de una historieta muy atractiva, obviamente apuntada al lector adulto, en la que -fiel a su estilo- el guionista español le pone condimentos sumamente atractivos al clásico thriller de secretos, puñaladas y garches.
Completé finalmente la colección de especiales con los que DC celebró entre 2020 y 2021 los 80 años de varios de sus personajes más icónicos. Me faltaba el de Robin, y la verdad que me encontré con un librito de 100 páginas lleno de sorpresas de las buenas. Son 10 historias cortas, y me da paja comentarlas una por una. Creo que hay una sola que me pareció floja: a la de Stephanie Brown, escrita por Amy Wolfram, no la salva ni el dibujo zarpado de Damion Scott). El resto está todo más que bien. Y no es casualidad, ni ojete: el coordinador Paul Kaminski armó un verdadero seleccionado de los autores que dejaron su marca en los distintos Robin, los convocó, y todos dejaron el alma en la cancha. Están Marv Wolfman y Tom Grummett, están Chuck Dixon y Scott McDaniel, están Devin Grayson y Dan Jurgens, están Tim Seeley, Tom King y Mikel Janín, están Judd Winick y Dustin Nguyen... ¿qué más querés? También hay colaboraciones de Adam Beechen, Freddie Williams II, James Tynion IV, Javier Fernández, Peter Tomasi y Jorge Jiménez, toda gente que estuvo vinculada a algún título en el que brilló alguno de los Robin. Lo único medio verga es que cuando llega el turno de Damian Wayne, en vez de tener a Grant Morrison y Frank Quitely (lo cual ya sería un lujo casi obsceno), tenemos un guion de Robbie Thompson, dibujado por Ramón Villalobos, quien imita milimétricamente el estilo de Quitely. La verdad que el guion es muy decente, y hay secuencias que -si no te dicen que las dibujó Villalobos- te comés sin dudarlo que las dibujó Quitely. El balance general es muy positivo, al punto de que hay historietas tan buenas que no hace falta ser fan de Robin, ni conocer su historia, ni el rol en la Bat-Family de los distintos personajes que fueron Robin para disfrutarlas. Obviamente al que más bola le dan es a Dick Grayson, pero claro, Dick no solo es el sidekick original, el primero de todos, sino que además es el único que hace 30 años lleva adelante su propia revista de manera prácticamente ininterrumpida, casi siempre como Nightwing, a veces como Batman, y alguna vez como Grayson, el Agente 37. Las historias cortas que protagoniza Dick exploran todas esas aristas, más su siempre atractivo vínculo con Bruce Wayne y su faceta como líder de los Teen Titans. No te digo que a partir de esto me voy a poner a leer las aventuras solistas de los distintos Robin, porque es un concepto que no me resulta muy interesante. Pero sí estoy contento por haberle dado una posibilidad a este librito, que en principio me cerraba simplemente para completar la colección de los especiales, y después de leerlo me cerró por la calidad que encontré en muchas de las historias y en todos los dibujantes. Nada más, por hoy. Como siempre, ni bien tenga más material leído, lo comentamos acá en el blog. Gracias y hasta pronto.

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