el blog de reseñas de Andrés Accorsi

lunes, 17 de agosto de 2026

SE TERMINA EL FINDE LARGO

En el epílogo de un finde que tuvo de todo (incluyo en el finde el jueves y viernes, que no fueron feriados pero que dediqué de punta a punta a pasear por Rosario con la excusa de asistir a la Crack Bang Boom), me siento a reseñar los últimos comics que leí. Un ya lejano 12/10/24, cerraba la reseña de un álbum de André Franquin publicado en 1994 que la petrolera Shell regalaba a quienes cargaban nafta en las estaciones de servicio, con la frase "tengo otro libro de esta misma colección en el pilón de los pendientes, pero queda para el año que viene". Bueno, le pifié bastante feo, porque pasaron casi dos años hasta que le entré a ese otro libro. Nunca había tenido en mis manos un álbum de Achille Talon, pero conocía al personaje (y por supuesto a su autor, el maestro Greg) y quería ver qué onda las historietas. En apenas 48 páginas, este álbum me dio la oportunidad de recorrer varias tiras de entre dos y cuatro viñetas y unas cuantas historietas de dos páginas, todas realizadas por Greg entre 1973 y 1984 para la revista Pilote, donde Achille Talon debutara allá por Febrero de 1963. En esta selección de material me pude familiarizar, además, con los dos personajes secundarios fundamentales de la serie: Lefuneste, el vecino, amigo y a veces rival de Achille, y con Alambic Talon, padre de Achille, una máquina de tomar cerveza. La personalidad de estos dos energúmenos, sumadas a la del propio Achille (un pedante insoportable, convencido de su absoluta superioridad intelectual y moral, al mejor estilo Ignatius Reilly), se conjugan en una ecuación que a Greg le da siempre grandes frutos humorísticos. Sin moverse del aquí y ahora, sin hacer que los personajes cambien de entorno ni de profesión, los bizarros experimentos cuasi-científicos de Achille y las bizarreadas que hace su padre alcanzan para mantener al lector siempre entretenido, ya sea en breves chistes que se resuelven en una tira, o en historietas un poquito más elaboradas, que se resuelven en dos páginas. Pero hay dos elementos más: por un lado, la notable calidad del dibujo. Que sorprende sobre todo si pensamos en el carrerón que hizo Greg como guionista, trabajando en equipo con otros dibujantes. Hay una sola historieta ("Repose er Larme...") que parece obra de otro dibujante, muy por debajo del resto del álbum, pero todo el resto está a un nivel que tiene poco para envidiarles a otros capos de la historieta humorística franco-belga como André Franquin, Peyo o Roba. Y lo último: los diálogos. El Greg guionista descolla en Achille Talon con diálogos extensos, intencionalmente rebuscados, pomposos y muy graciosos, que por momentos me recordaron a los de El Patito Saubón de Carlos Nine. O sea que a la gracia y la plasticidad del dibujo hay que sumarle una carga extra de comicidad que viene en esos soliloquios limados o esos contrapuntos verbales entre Achille y el resto de los personajes. Estas son historietas de apariencia muy simple, sumamente accesibles, con todo para entretener tanto a los chicos (de 9 ó 10 años en adelante) como a los adultos. Una pena que Achille Talon no sea más conocido entre los lectores del habla hispana.
Tarde, como siempre, leí The Sheriff of Babylon, la única serie que llegó a realizar Tom King para el sello Vertigo antes de que este fuera desactivado. Se me hizo durísima, primero por el desfasaje entre la extensión (12 episodios) y lo que realmente cuenta la trama; y segundo por lo jodido que resultan tanto el tema como el abordaje que propone el guionista. The Sheriff of Babylon transcurre en Irak, en 2004, una vez que los Estados Unidos invadieron, ocuparon y creyeron haber controlado el territorio que alguna vez gobernó Saddam Hussein. Tom King, que en esos años vivió en Irak como parte de las misiones de inteligencia que realizaba para la CIA, nos cuenta esa posguerra tensa y extraña en un comic que, sin ser autobiográfico, se nutre de lo que el guionista vivió en carne propia y observó en primera fila. Es una historieta muy triste, definida por la desazón de los yankis que se dan cuenta de que nada en Irak es como ellos pensaban. Mientras ellos hacen lo posible por "ordenar" esta sociedad rota por esta y otras muchas guerras, les cae la ficha de que -más allá de digitar a qué empresas va la guita que financia la reconstrucción de las ciudades devastadas por los bombardeos- no es mucho lo que pueden hacer. Antes, durante y después de la ocupación, los iraquíes se convirtieron en sobrevivientes, dispuestos a todo por vengarse de otros iraquíes (imposible explicar las distintas tribus y grupos religiosos en los que se divide el país), y que lleguen los occidentales a repartir dólares no hace más que multiplicar el acceso a las armas y a la violencia para los nativos. Todos tienen facturas para pasarse, a los que colaboraron con el régimen de Saddam, a los que lo traicionaron, a los que se bajaron los lienzos cuando llegaron los yankis, a los que callaron frente a los asesinatos, las violaciones y las torturas... Encontrar héroes en este comic es más difícil que encontrar funcionarios honestos en el gabinete de Javier Milei. The Sheriff of Babylon avanza muy lento, impacta con grandes diálogos, con escenas muy crudas y muy violentas y sobre todo con el dibujo de Mitch Gerads, muy pendiente del realismo fotográfico (como suele suceder en cualquier comic bélico) y a la vez muy expresivo. Es un comic adulto, honesto, casi un mea culpa de un guionista que por un tiempito militó en uno de los bandos recontra-convencido de que había que ganar "la guerra contra el terrorismo" y al que después se le llenó el culo de preguntas. También es un gran documento sobre cómo se vivía en Bagdad en los tiempos de la ocupación yanki, tema poco tratado en general por los autores de historieta. Y también un gran trabajo de construcción de personajes, porque acá King no tiene a los superhéroes y villanos de DC para jugar, sino que tiene que presentar desde cero a personajes de su propia creación, de manera mucho más realista que en otras obras suyas. Pero es un bajón, un comic que te estruja el alma y te la hace doler de tanta injusticia, tanta pérdida y tanto cinismo. Por ahí en menos páginas resultaba más digerible. Así, en esta dosis extra-large de 300 páginas, es un caño de escape envuelto en papel de lija, con un poquito de tuco encima para que parezca un canelón. Nada más, por hoy. Gracias por el aguante, nos vemos el viernes en la Biblioteca Nacional y por ahí antes tenemos nuevas reseñas, acá en el blog.

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