el blog de reseñas de Andrés Accorsi

viernes, 4 de septiembre de 2026

DIA DE LA HISTORIETA ARGENTINA, CON HISTORIETA EXTRANJERA

No es que me chupe un huevo la fecha, pero la verdad que no me da para cambiar el orden en el que pensaba leer los libros simplemente porque hoy iba a tener un rato para escribir reseñas... Empiezo en Francia, año 1986, cuando Jano ya se sacó de encima a Kebra (el personaje que había creado para la revista Métal Hurlant en equipo con Tramber) y se concentra en las aventuras de Keubla, un personaje bastante parecido al anterior, pero pensado para moverse por el norte de África. Desde la ambientación, "Sur la piste du bongo" se inscribe claramente en la tradición de Hergé, de Franquin y de tantos otros autores franco-belgas que llevaron a sus personajes a vivir aventuras a parajes exóticos que los lectores básicamente desconocen. Desde el grafismo, en cambio, Jano saca la chapa de ser el auténtico y legítimo heredero de Floyd Gottfredson. Su personaje es una rata negra fanática del faso, la birra y las mujeres cuya meta en la vida es obtener todo esto laburando lo menos posible, es decir que no está muy en la línea del aventurero clásico y "para toda la familia" que era Mickey Mouse bajo la pluma de Gottfredson. Pero fuera de eso, todo lo demás está ahí. La expresividad de los personajes, la forma de mostrar la acción, el ritmo de las tramas... Sin en vez de tiras diarias Gottfredson hubiese hecho álbumes de Mickey, seguro se parecerían mucho a este. Y además Jano agrega una capa más de complejidad, que es una mirada desangelada, no romantizada, de la vida en estos países periféricos. En estas páginas se respira Tercer Mundo posta, con situaciones de violencia, marginalidad, hambre, desigualdad y crimen de las que (por lo menos en los ´80) al lector francés le quedaban muy lejos. El bongo del título es, sin ir más lejos, una hierba con la que los africanos se arman unos fasos devastadores y cuyo comercio (hacia Europa, claro) le permite a unos pocos salvarse para siempre. Y por supuesto, está la inestabilidad política típica de África en la segunda mitad del Siglo XX, con esa extraña convivencia entre post-colonialismo, tribalismo y armamento pesado en manos de gobiernos tan volátiles como impredecibles. Y por si faltara algo, Jano suma piratas, traficantes de cualquier cosa y hasta un émulo patético del Che Guevara que viene de Cuba, habla en castellano y les mete fichas a los africanos para que se sumen al sendero de la revolución socialista. Es impresionante la cantidad de cosas que pasan en apenas 50 páginas, algunas muy cargadas de viñetas chiquitas, todas muy dinámicas, muy pensadas para que el flujo de la lectura no pare, más allá de esos cortes "episódicos" propios de una historieta que se serializó previamente en una antología. Dudo que leída de a ocho páginas por mes en la Métal Hurlant esta historieta se disfrute tanto como en el álbum. Por ahí me equivoco, pero creo que hay que sumar a Sur la piste du bongo a la lista de grandes historietas que están inéditas en nuestro idioma.
Veil, en cambio, tuvo edición en castellano. Se trata de una miniserie creada para Dark Horse por Greg Rucka y Toni Fejzula, que se serializó entre 2014 y 2015 y después tuvo su tomo recopilatorio. Es una historia de terror atractiva, fuerte, que en vez de 110 páginas podría haber ocupado 64, pero que impacta principalmente por los dibujos de Fejzula, un muchacho con un talento descomunal, que nació en Serbia cuando todavía era parte de Yugoslavia pero hace décadas está radicado en España. El estilo de Fejzula se posiciona en el medio de un virtuosismo tipo Tony Harris (pero potenciado por la aplicación del color directo) y esa línea entre sensual, perversa y grotesca de los Hermanos Pander, Duke Mighten y Peter Chung. Sin dudas lo que distingue a Fejzula de sus influencias es el manejo del color, exquisito, atrevido, original, con la libertad de definir contornos solo con las masas de colores, sin contenerlas dentro de la línea negra. Pero además los colores que usa Fejzula no son los obvios, los enfoques que elige tampoco, los juegos de iluminación que propone tampoco... o sea que todo se ve alucinante y todo suma para que la narración nos cautive y no podamos parar de leer. La trama está bien, sin ser una maravilla. Tiene la impronta novedosa de ver a Rucka meterse hasta el cuello en el género del terror, en el que aún hoy, con casi 30 años de carrera, todavía no clavó ninguna obra maestra. Y no pasa papelones ni mucho menos pese a que por ahí la historia no es de lo más original. Buena parte de la gracia está en los diálogos, muy bien trabajados por el autor, y tanto los villanos como el principal personaje secundario también dan cuenta de una labor muy juiciosa, muy esmerada. No están puestos así nomás, medio de adorno, para que pase lo que el plot requiere que pase. Hay un esfuerzo por darles carnadura y tridimensionalidad, casi como si Veil no fuera una miniserie de cinco episodios sino una serie regular, pensada para seguir hasta el infinito. Pero no hay más. La truculenta historia de esta chica amnésica que resulta ser un demonio empieza y termina en este libro. Lo cual no me parece mal. Sin dudas destaco el dibujo de Toni Fejzula como el atractivo principal del comic, y el guion -repito- sin ser glorioso ni marcar un hito en la carrera de Greg Rucka, se deja leer y se disfruta. Con el agregado de tres o cuatro escenitas que no están en el comic, Veil se podría convertir -además- en un largometraje muy power, de enorme atractivo comercial. Nada más, por hoy. Nos vemos seguramente el domingo a la tarde en el FAH! y el miércoles a la noche en el canal de YouTube de Comiqueando. Gracias y buen finde.

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