el blog de reseñas de Andrés Accorsi

lunes, 5 de marzo de 2018

TARDE DE LUNES

Después de dar mil vueltas, finalmente tengo Netflix en mi casa… y sí, estoy leyendo menos comics que hasta hace unos días. Es un tumor maligno, posta. Pero bueno, algo tengo como para reseñar…
Arranco con X-Men: Children of the Atom, una miniserie de 1999-2000 que surgió con una premisa muy copada: indagar en los meses previos al nº1 de Uncanny X-Men, ya que aquella serie empezaba (como vimos en la reseña del 16/11/17) con la escuela de Charles Xavier ya funcionando, con los cinco alumnos de la “First Class” ya convertidos en superhéroes y bastante cancheros en el manejo de sus poderes. A Joe Casey se le ocurrió ir un poco más para atrás, contarnos cómo el Profe pone en marcha la escuela, cómo los contacta a Scott, Jean, Hank, Warren y Bobby, cómo vivían ellos antes de entrar en contacto con otros mutantes… Hasta ahí, todo excelente. Pero en un comic de superhéroes tiene que haber machaca, no menos de una pelea por episodio, y ahí es donde Casey se la pone de frente contra un tren bala.
Children of the Atom tiene un gran problema y es que se esfuerza demasiado por introducir conflictos que puedan dar pie a luchas, batallas y demás expresiones de la violencia… en medio de una trama que no requería ese tipo de escenas. Me parece piola darle fuerza al contexto de un furor anti-mutante entre la población de los EEUU, pero de ahí a meter un grupo cuasi-nazi a armar kilombo, a Magneto, al FBi… Me pareció que todo eso sobra, que le resta mucho espacio al lucimiento del Profe y sus alumnos. Y además Casey mete mucho diálogo, hay páginas que tienen tanto texto que resultan ilegibles. Una pena porque –repito- la idea base era buenísima.
Por suerte hay muchas páginas dibujadas con mano maestra por el exquisito Steve Rude (pobre, se fuma las más sobrecargadas de viñetas y de textos) y unas cuantas de otro ídolo, Paul Smith (lejos de Rude, pero igual magnífico), al que le toca el tramo más descomprimido del relato, donde Casey deja más espacio para el lucimiento del dibujante. Y para el final, la impecable faz gráfica decae bastante de la mano de un muy joven Esad Ribic que todavía estaba un poco verde. De nuevo, una pena.
Salto a 2017, cuando en Argentina se publica Urgh y la Corona de Huesos, la primera novela gráfica de Telémaco, a quien obviamente conocía por “Jose, José”, la tira que publica hace más de dos años en el sitio web de Comiqueando, y por algunas historias cortas. Pero claro, yo estaba acostumbrado a verlo narrar una mini-historia en dos o tres viñetas y acá me encuentro con una mega-historia narrada en 250 páginas… y con tela para seguir cortando en eventuales secuelas. No tengo idea de cuánto habrá tardado Telémaco en escribir y dibujar todo esto, pero a simple vista parece un laburo monumental.
Urgh y la Corona de Huesos es un aventura con mucho humor, pensada para chicos de 9 a 12 años, más o menos. Recién en el último tercio de la obra uno empieza a sentir que Urgh y sus amigos están metidos en un bolonki realmente peligroso. Todo el resto va más para el lado de los enredos graciosos, los diálogos poblados de retruques ingeniosos, los personajes estrafalarios, los elementos fantásticos… Telémaco logra un buen equilibrio entre la joda y la epopeya y, si bien la aventura en sí se podría haber contado en muchas menos páginas, la novela se hace entretenida, sobre todo porque el ritmo está muy cuidado y el armado de las secuencias acumula muchísimos aciertos.
A nivel visual, se nota mucho la influencia de Bone, la obra magna de Jeff Smith. Bone está ahí, en todas las páginas de Telémaco. Pero no hay personajes ni fondos calcados de los de Smith, ni homenajes con olor a choreo. Hay un esfuerzo marcado por compartir una misma estética y en todo caso por reproducir ciertos hallazgos de Smith en materia de planificación de las secuencias. De esos aciertos que yo le destacaba a Telémaco en el párrafo anterior, no pocos son heredados de Bone.
Lo cierto es que, conozcas o no a Bone, Urgh y la Corona de Huesos es una lectura ágil, dinámica, no genial ni indispensable, pero más que efectiva a la hora de entretener a pibes en la edad pre-hardcore fans de los superhéroes. También está buena para ver qué hace un historietista que demostró tener muchísimos recursos para la tira cómica cuando le das “canilla libre” para contar una historia mucho más larga y más ambiciosa. Veremos con qué nos sorprende Telémaco de acá en más.
Y hasta acá llegamos. Vulevo pronto con nuevas reseñas (si Netflix me da permiso)…

3 comentarios:

Gabriel dijo...

off-topic: algo recopilado en algún idioma (que no sea Moby Dick) de Leo Durañona? puesto en pretencioso, las adaptaciones de Kafka, por ejemplo.

Alex Stilman dijo...

el bicho verde de la tapa de urgh pense en un primer vistazo, despues no, que era parecido a cerebus, y justo lo comparas con bone, como para revivir el duelo sim-smith, pensé que ibas a poner algo de eso, ja.

Andrés Accorsi dijo...

A mí de Durañona me gusta mucho Raza de Escorpiones. Seguro está publicado en italiano y en inglés. Acá salieron unos pocos episodios en la revista Hora Cero, de La Urraca. Las adaptaciones de Kafka me parece que no están recopiladas en ningún lado, pero quizás me equivoque...