el blog de reseñas de Andrés Accorsi

jueves, 28 de junio de 2018

COLECCIÓN PATORUZÚ Vol.1

Hoy toca reseñar un solo libro, como cuando me cae un Essential de Marvel, un poco para compensar el hecho de que en nueve temporadas nunca habíamos comentado historietas de Patoruzú, y justo este año el personaje está festejando su 90º aniversario.
Este libro (grandote, pesado) republica por primera vez en forma completa todas las tiras de Patoruzú publicadas en el diario El Mundo entre el 12 de Diciembre de 1935 y el 23 de Septiembre de 1937. Después de dos inicios en falso, esta es la verdadera etapa clásica en la larga historia del popular personaje creado por Dante Quinterno en 1928 y realmente era un sinsentido que nadie rescatara estas historietas en una nueva edición. El maestro Pablo Sapia (que ya había restaurado las planchas de Pi-Pío para la reedición que propuso hace unos años la editorial Común) trabajó duro para reunir y restaurar estas míticas tiras, que hoy se pueden volver a disfrutar o descubrir, si nunca las habías leído.
Cada vez que releo alguna historieta de Quinterno me pasa lo mismo: me caigo de orto con la calidad del dibujo. Este tipo era una bestia, estaba tocado por la varita mágica. El dibujo de esta etapa de Patoruzú es demasiado bueno para ser real, no sólo en el contexto de mediados de los años ´30. Incluso ahora es groseramente bueno. Esto está al nivel del mejor Floyd Gottfredson, del mejor Roy Crane, por encima de Elzie Segar o Chic Young, y quizás un poquito por debajo del mejor Cliff Sterrett. Con influencias que vienen básicamente de los cortos animados de Walt Disney, los hermanos Fleischer y los primeros años de la Warner Bros., Quinterno logra un dibujo expresivo, dinámico, con un equilibrio impecable entre negros, grises y blancos, con un timing perfecto, y con un criterio asombroso para elegir cuándo matarse en los fondos, cuándo sugerirlos con un par de trazos y cuándo hacerlos desaparecer. Y todo eso es menor comparado con el talento del “Pibe” para armar las secuencias, para poner esos dibujos al servicio de la narración. Pasan los años y la magia que tiraba Quinterno en esta época sigue siendo difícil de reproducir.
En cuanto a las historias… ahí se le ve un poquito más la hilacha. Leídas así, en un libro recopilatorio, se nota bastante que las aventuras de Patoruzú no estaban estructuradas en base a un guión fríamente calculado, sino que Quinterno trabajaba cada día para zafar un día más. Hoy zafo con esto, mañana veo cómo zafo. No había un plan (me parece), no había una idea de “esta escena dura x tiras, y engancha de x manera con la siguiente que dura x tiras y va llevando la trama para x lado”. Así es como se suceden peripecias que muchas veces no aportan nada a la trama general, largas peleas cada vez que el indio se topa con un antagonista con la fuerza física necesaria para hacerle el aguante, saltos en la lógica que aceleran o ralentizan la resolución de algunos conflictos… No me llegué a aburrir, porque la historieta tiene mucho ritmo, los diálogos son muy graciosos, hay un buen equilibrio entre acción y comedia, y Quinterno todo el tiempo mete y saca personajes de modo muy astuto. De hecho, hay una historia (la primera aparición de Pampero) que me pareció mejor escrita, más planificada, sostenida en un andamiaje menos improvisado. Pero tampoco sé si me aguanto tres libros más con más de 200 páginas con este tipo de guiones.
Hablaba recién del equilibrio entre acción y comedia, y me parece que me gusta más cómo Quinterno maneja lo segundo. Ver a Patoruzú vencer uno tras otro a imponentes villanos y sobrevivir uno tras otro a peligros imposibles en tierra, mar y aire, me aburrió antes de que terminara la primera saga larga (la famosa “El Águila de Oro”). Ahora, en la interacción con Isidoro, en el juego o los enredos que plantea la tira cuando el indio trata de moverse en esa gran ciudad que le resulta alienígena, encontré momentos más atractivos, más fértiles, quizás tan inverosímiles como cuando el cacique se agarra a mordiscones con un león famélico, pero que me generaron más empatía, más cariño hacia el personaje.
El libro además incluye varios extras muy interesantes, con valiosa información, historietas raras, ilustraciones increíbles y demás material que hacen que cualquiera que sienta un mínimo interés por Patoruzú, por la obra del Pibe Quinterno o por la historieta argentina clásica lo quiera atesorar para siempre.
Hoy estas tiras no se podrían publicar en ningún lado, no por la calidad (que sigue siendo formidable) sino porque las caricaturas que hace Quinterno de negros, judíos, gitanos y demás resultan inaceptables para los parámetros actuales, y sobre todo porque en los diarios ya casi no se publican tiras de aventuras. Y porque cualquier historietista de hoy necesitaría una semana (o más ayudantes que un mangaka) para dibujar todos los días tres o cuatro viñetas con el laburo que le ponía Quinterno a cada tira de Patoruzú. Estas historietas son como el Superman pre-Flashpoint: sobrevivientes de un universo que ya no existe, testimonios de un pasado que –para bien y para mal- no va a volver nunca más. Pero lo mismo puede decirse de las aventuras posteriores de Patoruzú, productos más adocenados, más impersonales, infinitamente menos atractivos, que se siguieron reimprimiendo sistemáticamente hasta 2015. Por eso está tan bueno que esta vez el material que sobrevive en formato libro sea el que realmente representa el pico de calidad en la obra de un autor tan fundamental en la historia del Noveno Arte como lo fue Dante Quinterno.
Volvemos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

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