el blog de reseñas de Andrés Accorsi

sábado, 14 de marzo de 2015

14/ 03: HOY Y MAÑANA, DIBUJADOS

Una vez más, la historieta argentina está de fiesta porque se celebra una nueva edición de Dibujados, el ya consagrado el encuentro de historietistas, ilustradores y guionistas, que se realiza una vez más en el Teatro Mandril, Humberto 1° 2758, ciudad de Buenos Aires.
La primera jornada, a pesar del calor, fue alucinante sobre todo por la gran afluencia de público y de artistas. Si paseabas un poquito por el teatro Mandril, te podías cruzar con Quique Alcatena, Gustavo Sala, Ariel Olivetti, Diego Parés, Oscar Capristo, Eduardo Mazzitelli, Juan Sáenz Valiente, Pablo Túnica, Pedro Macini, Luciano Saracino, Ariel López V., Fernando Baldó, Fede Pazos, El Bruno, Diego Agrimbau, José Massaroli, Brian Janchez, Lauri Fernández, Renzo Podestá, Pol Maiztegui o Ernán Cirianni. Entre otros, porque realmente había mucha, mucha gente del palo de la edición, especialistas, organizadores de otros eventos, fans, gente que consume historieta de modo ocasional… de todo.
¿Qué onda si vas mañana? Primero y principal, la entrada es libre y gratuita, pero se solicita tu colaboración con alimentos, útiles, ropa y lo que puedas donar para enviar a las zonas más carenciadas de Chaco. Después, mañana seguirá el desfile de grandes artistas argentinos y habrá más talleres, presentaciones de libros y charlas. Y si el cronograma de actividades (que se puede consultar en http://www.comiqueando.com.ar/agenda_argenta/todos-a-dibujados-4/) no te llama la atención, te podés colgar varias horas recorriendo los stands, donde vas a encontrar muchísimo material a muy buenos precios, fanzines que seguro no conocías, remeras, y por supuesto la posibilidad de llevarte varias publicaciones firmadas por sus propios autores. Y por si esto fuera poco, está la muestra “Dibuhanna- Barbera”, en la que 90 dibujantes argentinos homenajean a los personajes más famosos, o más ignotos, de la famosa factoría de dibujos animados. Ahí también vas a ver a unos cuantos nombres consagradísimos y a descubrir a otros que no sabías que existían.
Mañana de 15 a 21 hs, nos esperan otras seis horas de Dibujados, repletas de historieta argentina y buena onda en el teatro Mandril. No te lo pierdas.
Y el lunes, vuelven las reseñas.

viernes, 13 de marzo de 2015

13/ 03: CANDIDO

No es muy frecuente que un autor se sienta cómodo en dos registros tan distintos como son la tira cómica y la aventura realista, sucia, bien heavy y bien para adultos. Y menos si se trata de un autor incipiente, que está dando sus primeros pasos. Sin embargo, si vos leías el mítico fanzine Catzole en la segunda mitad de los ´90, te encontrabas con que un mismo autor, el prolífico J.J. Rovella, la rompía tanto en un estilo más limpito, más para el lado del humor gráfico, como en un estilo bien mugriento, bien dark, en historias más complejas y sobre todo más sórdidas. “Tenés que elegir, mi amor, todo no se puede tener”, cantaba el maestro Zambayonny, y finalmente Rovella se volcó por el lado del humor, para convertirse en un referente grosso de ese palo, sobre todo entre el público infantil al que apuntó buena parte de su vasta producción. Y el Rovella realista y oscuro quedó perdido en el tiempo, en alguna cosita corta para alguna antología, y por supuesto en el pilón de los viejos números de Catzole, hoy muy difíciles de encontrar.
Ahí es donde entra en juego la editorial Rabdomantes, que reedita en un hermoso librito los tres episodios de Cándido realizados por Rovella para Catzole, con unas paginitas agregadas que cierran de modo muy elegante una de las puntas argumentales que habían quedado abiertas. El material original consiste en tres historias autoconclusivas, dos de 20 páginas y una de 24. Cándido tiene la típica ambientación del western, pero la estructura narrativa es más abierta, pasan cosas que rara vez pasan en las clásicas aventuras de cowboys.
El primer episodio, sin ser choto, es el más flojo de los tres. Rovella nos narra el regreso de Cándido a su pueblo, repasa a modo de flashbacks escenas de su infancia (especialmente la muerte de su padre) y sobre el final, la historia pega un giro shockeante, muy jodido, que nos deja bien en claro que el protagonista es mucho más que un pobre tipo que no habla, tiene cara de nabo y observa todo como si no entendiera nada.
El segundo episodio (el de 24 páginas) es una obra maestra. Acá el autor toma prestada la estructura dramática del thriller de misterio, con un caso policial tremendo, todo un pueblo que busca al culpable, una investigación que se enrosca y se manipula y un final impactante, que difícilmente podrás predecir. Es una de esas historietas que parecen estar sustentadas en el oficio y el talento de un guionista grosso, con muchos años de laburo a cuestas, y sin embargo es obra de un dibujante que escribía sus propios guiones y que creo que todavía no tenía cumplidos los 25 años.
La tercera historia es la más rara, la más experimental. Arranca con un homenaje a Lucky Luke, sigue con una extensa secuencia muda que termina de definir al padre de Cándido (un personaje ausente, pero de enorme peso en esta saga) y termina con un salto a nuestros días, en el que Rovella convierte a los relatos anteriores en la base de una leyenda que trascendió el tiempo y las fronteras. El tramo del medio es, sin dudas, el más fuerte, el más memorable.
En el dibujo, este J.J. Rovella primerizo muestra algunas imperfecciones, pero son pocas. En general, se puede apreciar a un dibujante muy asentado en este estilo oscuro y sucio, ideal para contar historias sórdidas, de violencia y mala leche. Rovella maneja con muchísima solvencia la narrativa, se luce en las secuencias mudas y en la creación de climas. Dibuja muy bien los caballos, se mata en los fondos, es generoso en los detalles y hace gala de una técnica de entintado muy compleja, basada en los cross-hatchings agorafóbicos que brotan de un plumín muy afilado, muy criterioso. Para los flashbacks, Rovella prueba un equilibrio totalmente distinto entre negros y blancos (como hacía Enrique Breccia) y también logra imágenes muy atractivas. En las páginas añadidas para esta edición, se nota claramente la evolución del autor, cómo limpió la línea, cómo llegó a un equilibrio más prolijo y más plástico sin renunciar a su pasión por los detalles. Pero es el Rovella adulto, el que volvió (quizá sólo para esta ocasión) al estilo realista después de muchos años de cultivar su otra vertiente.
Adulto o principante, J.J. Rovella es, hace muchos años, un nombre que nos viene dando grandes satisfacciones a los fans de la historieta argentina. Si te copás con Dante Elefante, Zebita o Brunella y querés ver a este autor embarcado en historias de un tenor totalmente distinto, con un enfoque gráfico también a años luz de sus trabajos más conocidos, no tengo dudas de que con Cándido vas a pasar un gran momento y a convencerte aún más de la versatilidad y la calidad de un Rovella que –queda clarísimo- es mucho más que un notable exponente de la historieta infantil.

jueves, 12 de marzo de 2015

12/ 03: CRONONAUTAS

Sigo leyendo material que sólo a mí me interesa y generando reseñas que no motivan la más mínima respuesta de nadie, pero bueno… es un blog, no un programa de tele del prime-time.
Esta vez cruzo el charquito para leer una historieta de autores uruguayos, movida por una idea muy atractiva: una aventura de palo y palo, con peripecias, peleas y chistes, que tiene que ver con los viajes en el tiempo y que le sirve al guionista Magnus (a quien ya vimos en alguna antología) para tirar data acerca de las distintas épocas históricas que visitan los protagonistas. Crononautas está apuntada a un lector joven, menor de 13 años, y logra bajar esta info de modo para nada acartonado, muy bien integrado al concepto de la aventura.
La aventura en sí es ingeniosa, tiene algunos elementos muy trillados y otros muy originales, y está muy bien condimentada con chistes que me causaron bastante gracia. Por ahí lo único criticable es que en 48 páginas pasan demasiadas cosas, y no le queda margen a Magnus para profundizar en las personalidades de los protagonistas ni en las motivaciones de los villanos. En la tercera viñeta en la que aparece Walter, ya se está cagando a trompadas con los villanos. Y eso ilustra claramente el hecho de que el guión no nos da tiempo para familiarizarnos con los héroes de Crononautas, para identificarnos con ellos, o coparnos con su forma de ser. Con el correr de la aventura, aparecerán algunas pinceladas más para dotarlos de más carnadura, pero sin dudas es el rubro más débil de un guión muy ganchero, con un ritmo que –no tengo dudas- debe ser hipnótico para un borrego de 10 años.
Por supuesto, mucho más que los guiones a los chicos los ceban los dibujos y ahí es donde Crononautas acumula más problemas que logros. La faz gráfica está repartida entre Carlos Lemos (que comparte nombre pero no identidad con el guionista brazuca al que vimos hace no mucho en Ronda Noturna) y Taibox, pero no tengo muy claro qué hizo cada uno. Lo cierto es que, de punta a punta, el dibujo me resultó flojísimo, muy derivativo, con errores de principiante en la anatomía, en la narrativa, en la composición, criterios muy endebles para determinar cuando dibujar y cuándo omitir los fondos, muchos problemas en las caras (sobre todo en los tramos de los mayas y los egipcios)… en fin. Se nota mucho (como diría Chiche Niembro) la diferencia de jerarquía entre la portada de un profesional con todas las letras como Diego Jourdan y 48 páginas de historieta dibujadas y coloreadas medio a los tumbos por artistas que claramente no están a la altura. Por suerte no son tantos los momentos en los que las pifias de Taibox y Lemos te desenganchan del ritmo del relato y no hay que hacer esfuerzos sobrehumanos para llegar hasta el final.
Más allá de estos problemas, que se podrían corregir tranquilamente en un segundo libro si Magnus se rodea de dibujantes más capacitados, lo que mejor hace Crononautas es ocultar su faceta didáctica, enseñar sin que se note. Eso es muy difícil y muy meritorio. Por eso y porque la aventura es muy dinámica, y porque los toques de humor funcionan muy bien, banco a los Crononautas y espero que eventualmente salga a la luz una segunda entrega de esta serie made-in-Uruguay.

miércoles, 11 de marzo de 2015

11/ 03: SKIM

Esta es una novela gráfica de 2010, realizada por las hermanas canadienses Mariko y Jillian Tamaki. Es una típica historieta “de minitas”, centrada en una colegiala de 16 años con muchos mambos menores en la cabeza: le gustan la brujería y el tarot, se hace la darkie, en un momento se da manija con una profesora y se le despierta una orientación sexual alternativa, se pelea y se reconcilia 15 veces con la mejor amiga… y todo narrado en primera persona, porque Skim (que es como sus compañeras apodan a Kim) escribe en su diario íntimo todo lo que después Mariko Tamaki convierte en bloques de texto para la historieta.
Es una gran técnica para que conozcamos a fondo a la protagonista, para que nos identifiquemos con ella… a menos que uno se sienta demasiado lejos de una chica norteamericana de 16 años, con madre de origen asiático, medio torpe para relacionarse con el resto del mundo, inútil total para los deportes y con dudas acerca de su sexualidad. Gracias a los diálogos que tiene con sus amigas y a los textos que escribe en su diario, me queda claro que Skim es una chica ingeniosa, inteligente, bastante copada. Pero de ahí a identificarme con ella, hay un abismo.
¿Qué queda, entonces, cuando no funciona la táctica de lograr la empatía entre el lector y la protagonista? Engancharnos con los conflictos. Buena táctica, pero para eso tiene que haber conflictos. Esto es todo MUY real, muy cotidiano, muy ordinario en el buen sentido. Pasan cosas que quizás para alguna de estas chicas es importante, pero que para uno son muy, muy menores. Romances, discusiones, la fascinación de Skim con la profe de Literatura que un día se va y la deja con una confusión cósmica entre las piernas… problemas chiquitos, de comunicación entre pendejas a las que el propio guión caracteriza como frágiles, volátiles, sin una orientación ni una convicción muy firme. El problema más atractivo pasa lejos de Skim: una de sus compañeras sufre porque su novio se suicidó y después se entera que fue porque el chico era gay y no podía blanquear. Es una buena historia, pero las autoras la convierten en uno de los tantos chismes acerca de las compañeras de curso que Skim comparte con su amiga Lisa o con su diario.
¿Se pueden contar historias alucinantes sin conflictos fuertes o sin ahondar en los conflictos low-fi? Seguro. Se me ocurre, por ejemplo, la novela The Perks of Being a Wallflower, de Stephen Chbosky. En este caso, las hermanas Tamaki nos invitan a meternos en la vida de esta adolescente y a acompañarla durante momentos que para ella pueden ser relevantes, pero a los que el propio guión les resta dramatismo y tensión. Esto es tan realista, el verosímil está tan perfectamente logrado, que no hay lugar para nada demasiado estridente, ni espectacular. Por eso me parece que, a menos que realmente logres identificarte con la protagonista, la trama en sí te va a dejar un poquito frío.
Por suerte está el dibujo, con el que Jillian levanta grosso la nota de la dupla. En las expresiones faciales veo una mezcla muy atractiva, con cositas de Kyle Baker, de Paul Pope, de Terry Moore, de Bill Sienkiewicz cuando dibujaba New Mutants… muy lindo todo. Pero lo más grosso está cuando Jillian elige narrar más de lejos y nos obsequia todo ese mundo de detalles en la ropa, en los fondos y en los paisajes. Ahí se multiplican los hallazgos. Sobre todo cuando, además del blanco y el negro, Jillian incorpora los grises a través del photoshop, con una técnica originalísima y un criterio infalible. Ahí es donde esta historia tan cercana, tan “con los pies sobre la tierra”, levanta vuelo y cobra ese matiz poético que hace que uno se cuelgue estudiando las composiciones, las puestas, toda la propuesta visual (incluso las tipografías) de esta dibujante que la tiene sumamente clara.
Hay más obras de las hermanas Tamaki y todas recibieron críticas excelentes, premios y demás. Así que no descarto, más adelante, ir por alguna de ellas (de las obras, no de las hermanas). Si -como yo- las conociste por sus historias cortas en alguna antología y querías ver qué onda las novelas gráficas, comprate Skim ni bien la veas a buen precio. Es una maravillosa lectura para darle a cualquier chica de escuela secundaria y es una gran excusa para tener en tu biblioteca 140 páginas magníficamente dibujadas por Jillian Tamaki, una artista a tener muy en cuenta.

martes, 10 de marzo de 2015

10/ 03: TIME OUT

Estamos en 1986 y ya levantó vuelo la carrera como autor integral del maestro Horacio Altuna, quien ahora limitaba sus clásicas colaboraciones con Carlos Trillo a la tira diaria, El Loco Chávez, que dibujaría hasta ya entrado 1987. La carrera “solista” de Altuna arranca muy arriba y muy abajo. Arriba, porque la calidad de sus primeros trabajos como autor integral es realmente impactante: Tanto Ficcionario como Chances son obras de una gran madurez, una gran complejidad, un enorme compromiso, alentadas por ideas de las que habitualmente provienen de los grandes guionistas. Y abajo, porque son historias tristes, regidas por climas oscuros, opresivos, melancólicos, con un mensaje profundamente pesimista.
Time Out, en cambio, se plantea como un recreo. Esta vez, el argentino radicado en España no juega a crear LA obra maestra, a conmovernos con historias intensas y desgarradoras, sino a cagarse de risa un rato y dibujar lo que tiene ganas, con la libertad como para cambiar de ambientación espacio-temporal cada 8 ó 10 páginas. El planteo es muy básico: dos guionistas de historietas (basados en los aspectos físicos de Carlos Trillo y Roberto Dal Pra) se convierten en conejitos de indias de un científico bastante croto e improvisado, quien experimenta con ellos una técnica de viajes espacio-temporales. Entre el doctor Rodríguez y su secretaria (tan inepta como él) Altuna arma una comedia muy eficaz, con diálogos graciosos, enredos y torpezas varias. Y ya envueltos en la odisea de vagar por épocas y lugares muy distintos, en viajes que no pueden controlar, Carlos y el Zurdo entablarán entre ellos una relación de colegas y amigos, que también dará pie a muy buenos chistes, pero de un nivel más elevado, porque –a pesar de dedicarse a escribir comics- los dos poseen un enorme bagaje intelectual.
Los distintos momentos históricos por los que tropiezan Carlos y el Zurdo le permiten a Altuna hacer gala de su increíble solvencia en materia de ambientación y documentación. Paisajes rurales, urbanos, antiguos, futuristas… el argentino no se amedrenta ante nada y –como en todas sus obras- logra escenas de enorme verosimilitud, apoyadas en el gran manejo de la referencia fotográfica, totalmente reinterpretada en su estilo, mundialmente reconocido. Me parece que donde más se divirtió Horacio fue cuando tuvo que recrear el Hollywood de los años ´30, en una secuencia bastante extensa, repleta de guiños y homenajes a películas, actores y directores de aquella época.
El acierto de haber planteado toda la historia en son de joda, le brinda a Altuna la posibilidad de no devanarse los sesos para encontrar un final fuerte, que cierre coherentemente las bizarras peripecias de los viajeros temporales. El desenlace, entonces, es un chiste más, que deja la puerta abierta para que la joda continúe, aunque nunca fue más allá de estas 48 páginas… y tampoco hacía falta.
Recuerdo haber leído esta historieta en Fierro, allá por el ´87, en su versión original, realizada en blanco, negro y unos grises muy lindos, muy sutiles, aplicados con aguadas. Para esta edición, alguien (no sé si el propio Altuna) agregó color y no sé si era imprescindible, pero no queda mal. En general es un color bastante tranqui, sin estridencias, que no desvirtúa las excelentes composiciones ni los muchos hallazgos de Altuna en el manejo de la línea y la mancha.
Si comprás historietas por los dibujos, seguro sabés que en los ´80 Altuna estaba on fire, poseído por los duendes del grafito y la tinta, y que cualquier cosa que lleve su firma te garantiza un nivel gráfico impresionante. Con esta historieta, el maestro se dio permiso para crear una obra “menor” dentro de su ilustre trayectoria; pero no “menor” por floja o desabrida, sino porque se propuso simplemente entretenernos con una aventura humorística y pasatista, obviamente sazonada con los toques de erotismo y comentario social que son sus marcas de fábrica. Si no le pedís a Time Out que sea trascendente o que te cambie la vida, no tengo dudas de que la vas a disfrutar.


lunes, 9 de marzo de 2015

09/ 03: ANDROMEDA STORIES Vol.1

Hace un par de años me embarqué en la odisea de To Terra, y ahora vuelvo a encarar una obra de Keiko Takemiya publicada en tres tomos, esta vez con el agregado de un guionista: el prestigioso novelista Ryu Mitsuse, fallecido en 1999. Andromeda Stories se publicó originalmente en Japón entre 1980 y 1982, es decir, justo después de To Terra, y nos muestra a Takemiya decidida a seguir por la senda de la ciencia-ficción a escala épica, inmensa, pero sin descuidar el desarrollo y la tridimensionalidad de los personajes.
Andromeda Stories arranca en un mundo idílico, donde la princesa Lilia celebra su fastuosa boda con el príncipe Ithaca. Los augurios son tan buenos, las conjunciones de los astros los favorecen tanto, que Ithaca, además de ascender al trono como rey de Cosmoralia, se pone al frente de un nuevo papado, una especie de reinado sacrosanto con influencia en buena parte de la galaxia. Todo parece ser maravilloso hasta que, despacito, de keruza, los invade una raza de seres mecánicos que mandan a unas cyber-arañitas a implantarse en los cerebros del rey y sus ministros para dominarlos y empujarlos hacia el abismo. Durante muchas páginas, nadie tiene la menor idea de lo que está pasando, y la que deduce la maniobra de las máquinas malignas es una joven y habilidosa guerrera, una especie de minita hiper-samurai-ninja-acróbata con implantes mecánicos que no tiene nombre pero sí mucho protagonismo.
Más cerca del final del tomo, la amenaza se va a manifestar con un poco más de claridad y serán varios los allegados a Lilia e Ithaca los que empiecen a creer que realmente el rey está bajo el influjo de un poder externo que le controla la voluntad. Entre ellos está Milan, el otro príncipe, el hermano de Lilia, quien orquestará un arriesgado plan para poner a salvo a uno de los hermanos gemelos a los que dará a luz la reina. El borreguito que queda en el palacio real se convertirá con los años en el Príncipe Jimsa, llamado por ancestrales profecías a liderar a su pueblo en la lucha para conquistar todo el cosmos.
Y habrá qué ver cuál de las dos tramas priorizan Mitsuse y Takemiya en el segundo tercio de la saga. Si la del príncipe destinado a conquistar el cosmos, o la del despelote interno que se arma en la corte de Ithaca y Lilia cuando salta a la luz (por lo menos puertas adentro) que el rey y varios de sus ministros fueron implantados con las cyber-arañitas para que respondan a los intereses de las máquinas, que –según nos revela un flashback- ya hicieron mierda a otro planeta, en un holocausto del que sobrevivió la minita guerrera super-power.
Esta primera parte de Andromeda Stories tiene el mismo problema que To Terra: un argumento muy interesante, conflictos muy fuertes, personajes muy lindos, muy humanos… y un guión por momentos bastante torpe. Los diálogos son intrascendentes, algunas escenas se estiran mucho más de lo necesario, hay que ser clarividente para darte cuenta cuándo empiezan y cuándo terminan los flashbacks y cuando a Takemiya se le ocurre narrar dos acciones en paralelo, se mete en un berenjenal en el que se mueve con la destreza de un pingüino empetrolado. Por suerte no hay grandes baches, la historia no cae en pozos de esos que con tres paladas de tierra se convierten en tumbas. Se puede no coincidir con cómo están mostrados algunos sucesos, pero hay sucesos. Todo el tiempo pasan cosas atractivas, que hacen avanzar a la trama o que le dan complejidad a los personajes. Eso, y lo ambicioso del planteo, hace que uno no se enfurezca cuando nota algún tropiezo en el guión.
Y muy por encima de los logros en materia argumental, brilla con fulgor incandescente el dibujo de Keiko Takemiya en más de 200 páginas pensadas para devastarte las retinas. El final de To Terra estaba mucho mejor dibujado que el principio y acá la autora sube un escalón más para deleitarnos con un grafismo demasiado perfecto para ser real, una combinación exquisita entre lo mejor del shojo (que la tiene a Takemiya como pionera) y lo mejor de Osamu Tezuka, Shotaro Ishinomori y Leiji Matsumoto, los autores que más se habían lucido en la ciencia-ficción hasta 1980. Lo único que no me gusta es cómo dibuja a los hombres-máquina. El resto es todo fascinante y está armado en unas páginas con una planificación impactante, arriesgada, decidida a enfatizar el dramatismo o el vértigo de lo que sucede en la trama.
Prometo entrarle pronto al Vol.2, porque –si bien no es perfecto- este primer tomo de Andromeda Stories me dejó bastante manija.

domingo, 8 de marzo de 2015

08/ 03: LOVELESS Vol.2

Segundo tomo de esta serie y ahora sí, empieza a estar más claro por qué, a pesar de la jerarquía de sus autores, no logró pasar la marca de los 24 episodios. Lo mejor de este tomo (creo que de los dos tomos que leí hasta ahora) son los tres unitarios con los que arranca el Vol.2. El primero es brillante y está protagonizado por Atticus Mann, el ex-esclavo negro convertido en cazador de recompensas. Si sospechabas (como yo) que el rol de este personaje podía crecer hasta convertirse en fundamental para el desarrollo de Loveless, acá Brian Azzarello te da la razón y le inyecta al personaje toda la onda y la complejidad necesaria para que ese crecimiento sea sustentable a lo largo de los episodios.
El segundo unitario se centra en Ruth, la mujer de Wes Cutter. Es otro desafío para Azzarello, porque en todo el episodio no hay tiros ni piñas. Son, básicamente, mujeres hablando. De la Guerra, de sus maridos, de sus anhelos… y también hay unas pinceladas más para Jonny, el hermano de Wes, que al principio pintaba para villano y pareciera cumplir un rol más ambiguo. El tercer unitario también, es una charla tranqui entre Wes y Trotter, el hombre que lo nombró sheriff de Blackwater. Pero acá sí, Azzarello mete varios flashbacks bien shockeantes, con tiros, persecuciones y explosiones, ambientados en la época de la Guerra. No está al nivel de los otros dos, pero se la banca muy bien.
Y nos queda un arco argumental de cuatro episodios bastante piantavotos: hay demasiados personajes, todos hablan mucho y los conflictos se definen de forma bastante etérea. El primer tramo enfatiza el rol de villanos de Boyd y su banda (responsables de matar y colgar de los árboles a familias enteras de negros) pero después aparece un nuevo asesino, Punch, que juega más de keruza y es potencialmente más peligroso. En el medio hay muchas persecuciones, emboscadas, intentos de boletear a Boyd, charlas, roscas y conjuras entre los pobladores de Blackwater para sacarse de encima a Wes, más flashbacks jodidos a la época en la que Ruth se quedó sola… y nada termina de impactar. Es como un rompecabezas en el que las piezas están buenas, pero no terminan de encajar. El accionar del propio Wes es tan liviano, tiene tan poco peso en lo que sucede, que no se termina de entender.
Por suerte, cuando lo que pasa no te interesa, Azzarello te ensarta con el cómo sucede. Narra secuencias en paralelo, combina los diálogos con imágenes que no corresponden a esa escena pero que terminan por vincularse en ese juego entre texto y dibujo que Alan Moore le enseñó a todos, calza los flashbacks donde más duelen y te acribilla con los diálogos. O sea que incluso este arco medio endeble se hace sumamente llevadero. Y los unitarios, más focalizados, con más fuerza argumental, son exquisitos.
Un detalle no menor es que esos tres unitarios están dibujados por el prócer croata Danijel Zezelj, quien ya había colaborado con Azzarello en el electrizante western El Diablo (ver reseña del 06/07/10). Una vez más, el croata detona su devastador arsenal de recursos para elevar el claroscuro a una potencia brecciana y, si bien se zarpa un toque en la política de “no te dibujo un fondo”, pela unas páginas impresionantes, desbordantes de expresionismo y de emoción, con un gran manejo de la acción y unos caballos majestuosos, todo muy bien complementado por la paleta de Patricia Mulvihill.
Después tenemos unas cuantas páginas de Marcelo Frusín (que pintaba para titular pero apenas llegó a dibujar siete episodios), también a un gran nivel, con momentos de una oscuridad casi mignolesca y un gran trabajo en las expresiones faciales. Pero el rosarino cuelga los guantes a la mitad del arquito y se va para no volver. Este es (por ahora) su último aporte al sello Vertigo. Entra del banco de suplentes el italiano Werther Dell´Edera, un dibujante más tranqui, con mucha menos personalidad que Frusín, una especie de Giuseppe Camuncoli con poca onda. Dell´Edera conserva esa impronta gráfica basada en el claroscuro, pero tiene un trazo más finito, menos plasticidad en los cuerpos y se zarpa mucho menos a la hora de graficar la violencia y las atrocidades que imagina Azzarello para los personajes.
O sea que sobre siete episodios, tenemos cinco dibujados como la San Puta y los dos últimos, bastante por debajo. Lo peor es que este dibujante “menor” será el titular en la segunda mitad de la serie, que está toda recopilada en el Vol.3. Prometo entrarle pronto. Mientras tanto, si sos fan a muerte de Zezelj y rastreás por cielo y tierra sus trabajos, acá tenés más de 60 páginas del ídolo realmente gloriosas. Y si seguís a todas partes a Frusín, acá están sus últimas 44 páginas publicadas en Vertigo. ¡Buena cacería!

sábado, 7 de marzo de 2015

07/ 03: HOY NO HAY NADA

Día complicado porque, a pesar de un problemita de salud que me tiene medio fuera de eje, nos tocó grabar dos podcasts de Comiqueando juntos.
Tengo un libro leído, pero hoy ya pensé y hablé tanto sobre comics que este ratito libre que me queda no quiero seguir escribiendo sobre lo mismo. Mañana seguramente sí habrá reseña.
Aprovecho para avisar que el finde que viene tenemos una nueva edición de Dibujados, un evento cada vez más grosso y convocante, centrado en la producción de los autores argentinos jóvenes e incipientes. Al igual que la vez pasada, la movida tendrá lugar en el Teatro Mandril (en pleno barrio de San Cristóbal, ciudad de Buenos Aires) y habrá muestras, talleres, charlas, dos bandas en vivo y bocha de stands de editoriales, fanzines, etc. Entre los invitados más destacados están Eduardo Mazzitelli, Ariel Olivetti, Gustavo Sala, Ariel López V., Pedro Mancini, Brian Janchez, Oscar Capristo, El Bruno, Ana Von Rebeur y Pito Campos.
Esto arranca a las 15 hs y capaz que termina tarde, así que no hay ninguna garantía en materia de reseñas para sábado ni para domingo. Es lo que hay. De última, venite a Dibujados y charlamos de comics en vivo y en directo.
Con Dibujados arranca posta el cronograma de eventos de un año que promete venir intenso en ese sentido. Veremos hasta dónde podemos acompañar...
Más adelante tiro data sobre las jornadas que estamos preparando para el 4 de Abril en Tecnópolis, como parte del Encuentro Federal de la Palabra.
Gracias por el aguante y será hasta mañana.

viernes, 6 de marzo de 2015

06/ 03: EL DR. PICCAFECES

Dice la leyenda que entre 1980 y 1983 el maestro Alfredo Grondona White realizó 38 historietas del Dr. Piccafeces para la mítica revista Hum®. Este libro incluye las primeras 20 y me vino bárbaro porque yo empecé a leer Hum® en el ´81 y no conocía las primeras andanzas del inescrupuloso letrado. Por supuesto que me incomoda el formato en el que publicaba sus recopilatorios Ediciones de la Urraca en esta época (fines de los ´80), en ese formato grandote, casi tabloide, muy parecido al de los álbumes europeos más grandes, pero con tapas blandas muy fáciles de dañar, lomos que se abollaban con sólo mirarlos fijo y una encuadernación más chota que la de los prestige de Zinco. Pero las historietas no están republicadas en ningún otro lado, y entre esto y las hojitas arrancadas de las viejas Hum®, me quedo con esto.
Obviamente a las historietas de Piccafeces se les notan bastante los casi 35 años transcurridos. No sólo porque tienen referencias a temas sociales, políticos y económicos típicos de los últimos años de la dictadura militar, sino porque además la tecnología de hoy abriría las puertas para muchísimas manganetas que en 1981 Piccafeces no podría ni soñar, y al mismo tiempo haría inviables muchas de las triquiñuelas que este maestro de la estafa pone en práctica con éxito en estas páginas.
La primera historieta no requirió demasiado del ingenio de Grondona White: simplemente es una versión mínimamente exagerada de un episodio que sucedió en la realidad en 1980 y puso en jaque (por un ratito) a la editorial de la revista Hum®. La segunda historia nos muestra la única derrota de Piccafeces, su único plan que termina con un estridente fracaso. Y a partir de la tercera entrega, Grondona White traza el rumbo definitivo de la serie: el boliche de copas como oficina, las chicas licenciosas de escasa vestimenta como decorado y los planes brillantes de este capo de la corrupción que terminan invariablemente con Piccafeces tomando sol en alguna playa paradisíaca mientras los que confiaron en él se quieren matar.
Para el sexto episodio, Molita y Aladelta se convierten en las únicas y definitivas adláteres de Piccafeces. ¿Para qué están ahí, si rara vez aportan algo a la trama? Para que el protagonista tenga con quien hablar y exponga (hacia el lector) lo que está tramando. Ya en las últimas entregas de este recopilatorio, Piccafeces urde estafas al nivel de Los Simuladores, con gente que asume identidades falsas, oficinas y sellos usurpados, noticias falsas en diarios y radios y movidas cada vez más ambiciosas. Desde el principio hasta el final, Grondona White nos arranca una sonrisa cómplice y logra que los lectores hinchemos por este hijo de mil putas, por esta alimaña abyecta sin el más mínimo reparo a la hora de cagar a nadie. Y es muy loco, porque en esa misma época, en la revista Hum® había otro personaje venal, avechuchesco, garca irredento al que sólo le importaba ganar guita a costa de los demás: el Dr. Cureta. Y yo me acuerdo que me gustaba verlo PERDER a Cureta, no ganar. Claro, en esa historieta había buenos. En esta hay malos y víctimas, nomás. Lo cierto es que demasiadas veces me sorprendí a mí mismo gozando con las transfugueadas del sorete de Piccafeces y eso es un gran mérito por parte de su autor.
La faz gráfica de Piccafeces es minimalista. Prácticamente no existen los fondos, no hay la menor intención de sugerir climas ni efectos de iluminación, siempre se repiten los mismos tres o cuatro planos y está casi todo definido por una línea finita y recontra-expresiva, que nunca cambia de grosor. Por adentro de esa línea, Grondona White mete poquísimas masas negras y algunos grises logrados con tramas mecánicas. Y eso es todo. La narrativa es clarísima, el lenguaje facial y corporal de los personajes es brillante, como siempre hay una pasmosa atención por los detalles, sobre todo en peinados y vestimenta de los muchos personajes incidentales que pasan por la serie… y con eso alcanza y sobra para que todo lo que vemos en la página resulte atractivo y creíble.
Hoy estamos todos más curtidos, más avivados, y debe ser más difícil que alguien nos venda humo como lo vendía el Dr. Piccafeces en los ´80. Pero garcas va a haber siempre y el hecho de que uno nos caiga bien es digno de ser celebrado. Mientras tanto, seguimos laburando honestamente, aunque sean mínimas las chances de encontrar “el filón” que tanto desvelaba a esta gloriosa creación de Alfredo Grondona White.

jueves, 5 de marzo de 2015

05/ 03: LOS CUENTOS DE LA ERA DE COBRA Vol.2

No me siento muy bien y tengo muchas más ganas de irme a dormir que de escribir.
Pero quiero dejar sentado que este libro es una maravilla y que cumplió totalmente con todas las expectativas que había despertado la primera mitad de la obra (reseñada hace casi un año, el 10/03/14).
El argumento es interesantísimo, el tono del relato está muy logrado, el guión está muy bien desarrollado, hay escenas de lucimiento y voleteretas interesantes para los cuatro personajes que protagonizaron el Vol.1 y para dos más que cobraron fuerza en esta segunda parte, y como si esto fuera poco, Enrique Fernández no para de bajar la línea correcta: Los Cuentos de la Era de Cobra habla de sueños, de libertad, de aguante, de pichis que logran pintarle la cara a un grosso que se creía mil, a fuerza de ingenio, de talento, de creatividad, de coraje y de pasión. La tiranía contra la libertad, la destrucción contra el arte, la sumisión contra el amor verdadero, la rosca espuria contra las convicciones genuinas. De eso se trata esta excelente obra, que se disfraza de fábula, de relato fantástico, pero en la que Fernández seguramente habla de cosas muy reales y muy cercanas.
Las loas al dibujo de este genio del comic están ampliamente desarrolladas en las reseñas que anteriormente dediqué a sus otros trabajos, así que se puede hacer clic en la etiqueta con su nombre y repasarlas. Alguno dirá que “genio del comic” es mucho. Yo te juro que miro estas páginas y por momentos me parece poco.
Este trabajo, de 2012, es el último que realizó Fernández para el mercado francés. Luego de esto proclamó su independencia y se puso a trabajar en proyectos personales, financiados por sus propios fans a través de Kickstarter, y editados en asociación con algunos sellos más chicos de distintos países europeos, a los que logró sacarles tratos mucho más equitativos que los que le ofrecían las mega-editoriales francesas. Cuando tus huevos son tan grandes como tu talento, el aplauso se redobla y –por lo menos de este blog- te llevás una ovación estremecedora. Publique donde publique, somos muchos los que nos vamos a querer comprar cualquier historieta que lleve la firma del inmenso Enrique Fernández.

miércoles, 4 de marzo de 2015

04/ 03: HELLBOY: THE MIDNIGHT CIRCUS

En los ´80, salían los Annuals. En los ´90, los prestige. Hoy, para venderte una aventura de un personaje conocido que no engancha con lo que le está sucediendo en su serie regular, o que propone una mirada más o menos alejada de la que impuso su autor más conocido, te tiran por la cabeza un hardcover de u$ 15, con 49 páginas de historieta y 6-7-8 páginas de relleno. Te podés resistir, claro. Hasta que te dicen que el personaje es Hellboy y los autores son Mike Mignola y Duncan Fegredo. Y ahí vas al muere. ¿Qué opción te queda? Tener culo y conseguirlo en oferta, que es lo que me pasó a mí, por eso dejé las elucubraciones de lado y dije “adentro”.
¿Con qué me encontré? Con una historia bastante menor, bastante prescindible. Entretenida, con una buena dosis de cheap thrills, con menos machaca que la aventura promedio de Hellboy (porque acá nuestro demonio favorito es un pendejito de 9 o 10 años que no está ni entrenado ni desarrolado para rebolear enemigos por el aire), pero sin la fuerza de los grandes relatos que, cada tanto, pela Mignola. De hecho, si el propio Mignola se hubiese propuesto dibujar The Midnight Circus, en ves de 49 páginas tendría como mucho 16, porque es un autor que no se copa estirando, que no tiene problema en armar páginas de 10 ó 12 viñetas y que además sabe que su mejor recurso para expandir las historias es la machaca, y acá no daba.
El argumento, livianito, casi etéreo, nos muestra a este Hellboy borreguito en la senda de Pinocchio: se escapa de su “casa”, se fuma su primer pucho y se termina por meter en un lindo despelote fascinado por la magia del circo. Un circo dark, tenebroso, obviamente sobrenatural, poblado por criaturas espectrales, freaks y demonios. ¿Querías un villano un poco más complejo, o más trabajado? Olvidate. Acá hay apenitas una punta de caracterización para un par de estos monstruos y el resto está ahí sólo para garantizar el impacto. Lo más logrado por parte del guión es el constante homenaje a Pinocchio, los constantes paralelismos que traza Mignola entre su creación y la de Carlo Collodi. Con el famoso cuento como base, Mignola arma un juego entre realidad y alucinación que tiene sus momentos tensos, pero adolesce de una cierta falta de profundidad. Además, al ser una historia del pasado, sabés que (por más que Trevor Bruttenholm se asuste) a Hellboy no le va a pasar nada grave.
Nombraba recién el juego entre realidad y alucinación y de ese contraste sale el principal atractivo de este libro: ver dibujar a Duncan Fegredo no en uno, sino en dos estilos distintos. El británico subraya desde el grafismo estas idas y vueltas entre los dos planos de “realidad” y logra un efecto absolutamente cautivante, por supuesto resaltado por la(s) paleta(s) mágica(s) del maestro Dave Stewart, que acá realiza un trabajo sublime. Además, como no tiene que dibujar al Hellboy adulto, Fregredo se anima a despegarse un poquito más de la estética de Mignola y el resultado es una obra que visualmente se parece mucho más a otros trabajos de Fegredo que a otras sagas de Hellboy. Bah… la verdad es que no recuerdo obras de Fegredo dibujadas al nivel que pela el ídolo en estas 49 páginas. Esto es magia en estado puro, una imagen alucinante atrás de otra, con muchísimo trabajo en las expresiones faciales, en los fondos, con una claridad diáfana en la narrativa, con muchos recursos para darle una identidad gráfica propia a los flashbacks… Si alguna vez pensaste que en sus episodios anteriores de Hellboy la dupla Fegredo-Stewart había alcanzado su techo, acá el techo vuelve a subir, mientras nuestras mandíbulas se caen, rebotan contra el piso, se reacomodan y se vuelven a caer.
Si comprás comics por los dibujos, esto es fundamental, de una. Si sos muy fan de Hellboy y lo seguís a todas partes, obvio que también lo tenés que tener. Si sos barrabrava de Fegredo, ni hablar. Y si no, compralo sólo si lo ves barato. The Midnight Circus es un producto digno, respetuoso, al que no dudo que los autores le pusieron amor y dedicación, pero tampoco es de esas obras que te cambian la vida, ni mucho menos.

martes, 3 de marzo de 2015

03/ 03: MISTERIOS DE CUARTO CERRADO

La verdad es que este subgénero del cuento policial basado en crímenes que se cometen en una habitación cerrada de la que supuestamente nadie puede entrar ni salir (onda el baño del fiscal de Puerto Madero) no me emociona en lo más mínimo. Me parece un artificio muy evidente, casi una canchereada por parte de los escritores. Canchereadas que ni siquiera salen bien, porque muchas veces la resolución es chotísima, o tramposa, o sumamente predecible. Esta vez, sin embargo, se encargó de seleccionar y adaptar los cuentos a la historieta el maestro uruguayo (aunque nacido en México) Rodolfo Santullo, y además juntó un dream team de dibujantes que logró con creces poner a este libro en la pila de los irresistibles.
Una vez leído el libro, me parece que, de las ocho historias que adaptó Santullo, me gustaron con suerte dos. Y toleré mínimamente a un par más porque están bien narradas, no por los argumentos. Veamos…
La Carta Robada, de Edgar Allan Poe, no puede ser más obvia. Nueve páginas para contar eso es un disparate, se podría haber hecho en cuatro. Menos mal que el dibujo de Oscar Capristo es excelente, con unas composiciones exquisitas y un laburo monumental en la aplicación de los grises en el photoshop.
El Jorobado, de Arthur Conan Doyle, está bastante bien. Sobre todo porque es el primero de tres o cuatro relatos que se resuelven de modo muy parecido: con la aparición de un animal capaz de meterse en lugares que para un ser humano serían imposibles. El dibujo de Lisandro Estherren, muy jugado a los climas, es una verdadera maravilla. Quiero ver más trabajos suyos en ese estilo.
Otra de Conan Doyle es La Banda de Lunares, también muy estirada y con el mismo final que la anterior: de nuevo un animalito entra y sale de donde nadie podía entrar ni salir. Hay un personaje muy interesante (el Dr. Roylott) pero la historia es floja. El dibujo, a cargo de Juan Manuel Tumburús, aporta onda, dinamismo y algún guiño al gran Sean Murphy.
El Hombre Invisible, del inmensamente grosso Gilbert K. Chesterton es otra historia resuelta con trampa. El planteo es interesante, pero el final parece una tomadura de pelo. Y me gustó mucho el dibujo de Kwaichang Kráneo, más cargado, con más negro y con fondos más laburados que en otros trabajos suyos.
La otra de Chesterton, La Forma Equívoca, tiene un misterio muy bien armado, complejo, lindo… y también se cae en la resolución, que rifa el verosímil construído en las primeras páginas. Gran trabajo en la faz gráfica de Matías Bergara, que prueba cosas nuevas con el claroscuro y se luce aplicando tramas mecánicas.
El Problema de la Celda Trece, de Jacques Futrelle, te engancha con el planteo y con el protagonista, un personaje muy interesante. Y de nuevo, el final es una fumariola frutihortícola que derrumba el clima de misterio y casi parece una joda. El dibujo de Roberto Viacava es muy sobrio, sin grises, con muchos logros en la narrativa.
Una Cama Terriblemente Extraña, de Wilkie Collins, repite la fórmula: planteo y protagonista muy atractivos y una resolución absurda, casi payasesca. Por suerte en el medio tiene esa secuencia alucinante del juego de cartas, y cuenta con un Juan Ferreyra (hoy consagradísimo en EEUU) que sale a matar desde la primera viñeta hasta la última. Soberbio trabajo de Ferreyra, tanto en la narrativa como en el grafismo, muy bien apoyado con la aplicación de los grises.
Y terminamos con Los Crímenes de la Rue Morgue, otro clásico de Poe. Me acuerdo de haber leído el cuento y más de una adaptación al comic… y creo que nunca se me hizo tan soso y predecible como esta vez. El ritmo que le da Santullo al relato está bueno, pero lo que cuenta es tan obvio que no me llegó a atrapar. De nuevo, se salva por los dibujos de Leandro Fernández (también autor de la portada), que son una fiesta para los ojos. Un manejo de los climas, un claroscuro pasado de rosca, un expresionismo acertadísimo… una bestia, bah.
En fin, si te gustan este tipo de historias ambientadas en la Inglaterra decimonónica, con detectives guacho-pija que resuelven casos complejísimos sin despeinarse, es muy probable que esto te vuelva loco. A mí, que esa temática no me engancha en lo más mínimo, Misterios de Cuarto Cerrado me sirvió para disfrutar de los dibujos de ocho artistas a los que admiro, todos en un nivel formidable. Y además me da pie para recomendar (a los que además de comic leen literatura) The Man Who Was Thursday, una novela de Chesterton demasiado buena para ser real…

lunes, 2 de marzo de 2015

02/ 03: A MAQUINA DO TEMPO

Mirá cómo una boludez (que no se le ocurre a cualquiera, pero no deja de ser una boludez) hace que el típico libro de rejunte de obra dispersa de un autor X cobre un sentido y hasta una identidad más copada. A algún genio se le ocurrió reeditar un montón de historias cortas de Adao Iturrusgarai (el brasilero radicado en Argentina) realizadas entre 1983 y 2013… de adelante para atrás. O sea, retrocediendo, como en un viaje al pasado. El libro arranca con una historieta de 2013 y termina con una 30 años anterior. El efecto es muy raro, porque invita al lector a realizar el camino inverso al que realizó Adao, desde su presente como autor consagrado hacia sus inicios como emergente del fértil under brazuca de los ´80.
Aunque, para ser justos, la evolución (para atrás) del estilo de Iturrusgarai no es tan marcada ni tan evidente como uno podría suponer. La historieta de 1983 no es tan distinta, ni en temática ni en estética, de la de 2013. Son más las continuidades que las rupturas, lo cual habla de la coherencia del autor consigo mismo y del muy buen nivel que ya tenía cuando le tocó dar sus primeros pasos. En el medio hay momentos más raros, en los que Adao amaga con agarrar para otro lado, y eso está muy bien. La página fechada en 1986, por ejemplo, nos muestra al autor en una busqueda que lo aleja de Georges Wolinski (su referente natural) y lo acerca a Philippe Vuillemin. En las páginas de 1989, Adao parece transformarse en un autor de El Víbora, con cositas de Miguel Gallardo o Bartolomé Seguí. En las páginas de 1997 y 2001 vemos la versión más limpita, más “careta” del estilo del autor, algo que me había llamado mucho la atención en la reseña del 02/04/14. En 2005, lo vemos coquetear con el minimalismo más extremo en la brillante Drink Fatal. Y de ahí en más, pueden variar las técnicas de entintado, o de coloreado, pero es básicamente el Adao Iturrusgarai que nos conquistó a todos con su onda visceral y desfachatada.
Además de Drink Fatal, la antología ofrece varias historias más realmente notables. Moscas (2013) es una maravilla, que debería ser de lectura obligatoria en las escuelas. Son tres páginas fundamentales para entender… todo. Timoteo o Timido (2011) es un muy lindo ejercicio narrativo, más experimental que cómico. Otro ejercicio muy interesante es la página sin título (y sin textos) de 2009, la del tipo que se agranda hasta abandonar el planeta. Del mismo año, O Contorno de Gregório Sancha es una muy buena historia, bizarra pero profunda, con bastante contenido como para pensar. Y también de 2009 y también sin textos, me encantó Love Story, que aparentemente es un “cover” de una historieta de Wolinski.
De 2008 me encantaron la breve pero demoledora Já Mentiu Hoje? y la desopilante O Vendedor de Respostas, que me parece que la leí hace unos años en la Fierro. De 2007, me reí mucho con Morte no Horario de Verao, una gran idea muy bien desarrollada. Me sorprendió muy gratamente el final de Festa a Fantasía (2006). Y me gustaron algunos (no todos) los episodios de Stronzata Galattica. Y ya mucho más atrás, me reí mucho con las tiras de O Fim Dos Super-Herois (1990), con chistes de exquisita mala leche. Y hay muchos chistes más muy graciosos, de pijas, tetas, borracheras, drogas y boludeces varias. Los tests tipo “¿Cuánto te va a durar el enamoramiento?” no son muy originales (los hizo durante mil años Matt Groening en Life in Hell) pero están muy bien resueltos.
También hay un par de historias cortas realizadas en colaboración: la que dibuja Adao con guión de Verde se me hizo muy larga, y la que escribe para que dibuje el maestro Laerte va muy rápido, está muy comprimida, de modo que no se llega a establecer bien quiénes son los personajes y cuál es el conflicto.
Si sos fan de Iturrusgarai, no lo dudes: pedile a alguien que viaje a Brasil que te traiga esta joya, muy bien editada por Zarabatana. Y si no lo conocés, acá te vas a encontrar con un abanderado del Humor Sin Barreras, que casi siempre renuncia al virtuosismo gráfico para irse al carajo con las ideas, con los diálogos e incluso con situaciones de la vida real que Adao reinterpreta para llevarlas al extremo del delirio, del descontrol y –obviamente- de la comicidad. Muito prazer.

domingo, 1 de marzo de 2015

01/ 03: LOVELESS Vol.1

Las ventas de la Distri durante Febrero fueron bastante insignificantes, con lo cual no da para armar un ranking más o menos serio. Haremos un Febrero + Marzo más adelante, y aprovechamos la entrada de hoy para avanzar con las reseñas.
Esta es una serie de Vertigo a la que le fue bastante mal y terminó cancelada luego de apenas 24 episodios. Una pena, porque en todo momento se nota que Brian Azzarello estaba colocando los cimientos de algo grande, algo ambicioso, probablemente pensada (como American Vampire) para abarcar muchas décadas en la historia de los EEUU. Por ahora, este primer TPB (el único tramo de Loveless que había leído en su momento en revistitas) se queda todo el tiempo en el mismo momento, un par de años después del fin de la Guerra de Secesión. Felizmente, esa etapa histórica nutre a Azzarello de una buena variedad de conflictos, como para tejer una primera parte de la historia rica en tensiones, aunque por ahí con poca acción.
Este tramo se centra en Wes Cutter, un tipo duro y honesto que peleó en la guerra para el Sur, y tras la derrota, se decide a regresar al pueblito de Blackwater, donde se va a encontrar con las cosas muy cambiadas. Cutter va a tener que lidiar no sólo con haber perdido la guerra, sino con haber perdido a su mujer, haberse distanciado de su hermano (que pinta para ser un villano importante) y tener su tierra ocupada por el ejército vencedor, que no ve con buenos ojos su regreso a Blackwater. Igual, algo va a inventar para quedarse en el pueblo y empezar a saldar cuentas que le quedaron pendientes.
O sea que está todo dado para que se genere un lindo clima de rosca política, sumado a un drama familiar, una historia de amor, las secuelas de las atrocidades cometidas por uno y otro bando durante la guerra, y un tema con mucho peso en el EEUU de aquellos años: la reciente libertad de los esclavos negros, que ahora buscan insertarse en una sociedad que (sobre todo en el Sur) no está muy conforme con el nuevo status quo. Uno de estos ex-esclavos, Atticus, está muy bien desarrollado por Azzarello y también amenaza con convertirse en un personaje relevante en el contexto global de la saga.
¿Por qué no me sorprende que Loveless no haya sido un hitazo a la par de 100 Bullets, por ejemplo? Porque me parece que arranca a un ritmo demasiado pachorro, le falta impacto. Azzarello muestra un par de escenas jodidas en las primeras páginas, pero no se explica sino hasta mucho después en qué afectan a los personajes principales. Y además hay muchísimos personajes, demasiados. Enseguida cobra preponderancia Wes Cutter, pero a su alrededor se aglutina un elenco de secundarios muy nutrido, y son pocos aquellos en los que Azzarello llega a profundizar. El resto se convierte en un cúmulo de Juan Carlos Nadie con los que el lector nunca logra empatizar y apenas si alcanza a diferenciarlos entre sí. Obviamente eso se puede corregir sin necesidad de hacer milagros a lo largo de los futuros episodios, pero me imagino que, en el momento del mes-a-mes, debe haber ahuyentado a más de un lector.
Lo que, por el contrario, funciona como un gancho irresistible, es el dibujo del maestro rosarino Marcelo Frusín, que ya había formado dupla con Azzarello en unos cuantos episodios de Hellblazer. Como todo comic ambientado en las agrestes planicies cuasi-rurales del EEUU del Siglo XIX, Loveless le brinda a Frusín la posibilidad de dibujar muchos espacios abiertos y pocos fondos. Por eso, en las exiguas escenas en las que la acción se traslada a las callecitas de Blackwater o al interior de algún edificio, el dibujante deja la vida en cada fondo. Siempre subrayo la cuota extra de virtuosismo que pela Frusín cada vez que tiene que dibujar animales, y acá me encontré con caballos y perros gloriosos. Quiero más bichos en los próximos tomos. Pero lo más notable es lo que hace Marcelo a la hora de crear climas (apoyado por el color de Patricia Mulvihill) y sobre todo a la hora de plantear juegos narrativos que tienen que ver con cosas que suceden fuera de cuadro, con la elección de ángulos para sorprender al lector, con la integración de los flashbacks a las viñetas del presente, o con el armado de montajes paralelos como el de las primeras dos páginas del quinto episodio. Frusín no se va a quedar hasta el final de Loveless, pero en este primer tramo no falta nunca y deja todo.
Por temática, por ambientación, incluso por el tono, entiendo que Loveless pueda no ser una lectura prioritaria para el típico fan de Vertigo. Pero si sos fan de Azzarello o de Frusín, te la recomiendo igual, porque acá los dos animalitos salieron a dar lo mejor, a innovar y a meterse con temas que la historieta (especialmente ell mainstream yanki) rara vez aborda.