el blog de reseñas de Andrés Accorsi

lunes, 26 de abril de 2010

26/ 04: LA NUIT


Ayer fue Corben y hoy me toca reencontrarme con otro ídolo de la adolescencia, otro de los que me marcaron a fuego las retinas cuando tenía 16 años y de los que no me pude olvidar jamás. Philippe Druillet, que así se llama este monstruo, es un viaje de ida, mal. Te subís y estás en el horno forever. Tiene una ventaja, que es la cantidad bastante exigua de obras que acumuló en los más de 40 años que lleva como profesional. O sea que proponerse tener todo Druillet no es ni demasiado utópico ni exige subastar los órganos en E-Bay para pagar por containers enteros de libros. Eso sí, hay que saber francés, porque son varios los trabajos del prócer que no están publicados en otros idiomas.
Pero hacerse adicto a Druillet y adentrarse en su universo es más peligroso que ir a un acto kirchnerista disfrazado de Cobos. Te pueden pasar cosas atroces, extremas, tremendas… como por ejemplo, leer La Nuit. Este es el libro más salvaje, más jugado, más rupturista de esa bestia que en los ´60 parecía mirar a Jack Kirby y en los ´70, muuuuchos jeringazos más tarde, parecía mirar a las dimensiones profundas de Lovecraft y sentarse a jugar al truco con sus pesadillescas criaturas. La Nuit es una obra al borde de la locura. La esposa de Druillet tenía cáncer y mientras agonizaba, su marido realizaba esta historieta, en la que llega a integrar fotos de su mujer (una vez que muere) a las alucinógenas imágenes con las que puebla estas páginas.
La sensación de que no quedan ni cinco centavos de esperanza recorre toda la obra. Los protagonistas son unas tribus de zombies que viven en un planeta devastado, y se mantienen de pie a fuerza de sexo, drogas y rock ´n roll. De hecho, a todos los espera una muerte horrible cuando convergen en el Depot Bleu, una especie de montaña viviente, fuente de toda la droga del universo. Como toda tribu pesada, andan en moto y se cagan a palos entre ellos. Uno de los zombies, Heinz, trata de nuclear a las tribus para que tengan alguna chance en el combate contra un poderoso ejército de criaturas cuasi-metálicas, pero nunca llegamos a verlo como un héroe. El nihilismo y la furia le ganan también a Heinz, que pintaba como “el bueno”.
Las imágenes con las que trabaja Druillet son de una violencia desgarradora. Su arquitectura combina grandilocuencia con horror, y con detalles tan minuciosos que sólo un demente podría lograr. La narrativa es estridente, casi aturde, como si el rock´n roll nos lo estuviera tocando Pantera a 10 centímetros de nuestro oído. La paleta de colores que usa Druillet también es agresiva y delirante. Y al final, la poesía cobrará vuelo y la muerte tendrá cara de angel, o en realidad fotos de la hermosa y difunta Nicole.
Todo en este libro está pensado para cagarte a patadas en el cerebro. La lucha de los anarco-drogones contra las fuerzas del orden, la ultra-violencia, la metafísica, los paisajes extremos, las viñetas gigantes sobrecargadas de detalles barrocos y alucinantes, el pesimismo a contramano de la epopeya y mucho más fuerte que esta última, la salvajada que no conduce a nada más que a un final apocalíptico y desolador.
Fuera de joda, esta es una obra brava, que te cobra un peaje carísimo por cada sensación de belleza que te transmite. Pero también es la obra más personal y más arriesgada de un genio vanguardista, de un tsunami irrefrenable de talento al que la industria jamás logró domesticar y que cada tanto reincide con nuevas y pesadillescas sagas donde la ciencia-ficción suele ser apenas una excusa para soltar a las fieras que pueblan su mente y salir una vez más con los tapones de punta, a provocar hermosos holocaustos en las neuronas de los lectores.

4 comentarios:

Kioskerman dijo...

Un maestro en el uso del color.

Emiliano Maitía dijo...

Totalmente de acuerdo en todo esta hisotrieta me dejó quemado. Es desoladora.

Preva dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Preva dijo...

La Nuit, lo compre en mis épocas de Metal Hurlant, me lleve un susto ahora que lo fui a buscar para hojearlo y no lo encontre. Coincido con vos, es una exquisitez alucinantemente heavy.
Y por suerte ya lo encontre.