el blog de reseñas de Andrés Accorsi

miércoles, 28 de abril de 2010

28/ 04: GOKU MIDNIGHT EYE Vol.3


Ultimo tomo de esta serie y no, el maestro Buichi Terasawa no se dignó a explicarnos quién y para qué le implantó el ojo biónico y le dio el mega-bastón a nuestro amigo Goku Furinji. Pero me quedo con la sensación de que hay más aventuras de Goku además de las que la editorial española Otakuland reunió en estos tres libros. Así que, en una de esas, la explicación que yo quería leer está en una de esas hipotéticas historias inéditas en castellano.
Yo también quería a un Goku menos canchero, menos displiscente, pero no, el protagonista no se mueve un milímetro de su caracterización de Guacho Pija, World Champion, Number One, que resuelve todo de taquito mientras tira chistes irónicos y les indica a las chicas que formen fila, que ya las va a atender a todas. Como en los tomos anteriores, los peligros se multiplican y se acumulan de manera frenética, pero Goku zafa de todo, le gana a todos los villanos a fuerza de huevos e ingenio y sigue adelante, de nuevo a jugarse la vida por causas que se nos explican, pero que –por lo menos para mí- no justifican los riesgos extremos que corre Goku una y mil veces.
Este tomo incluye dos historias largas (unas 130 páginas), una de las cuales es bastante obvia y predecible (La Isla Levitante) y la otra tiene, además de toneladas de acción, trampas, peligros y yiros devastadores, algo así como un misterio un poco más elaborado, que tiene que ver con los poderes de la villana, Kasandra. Este personaje resulta una bocanada de aire fresco: es una mina dura, muy difícil de vencer y además la única que no se cuelga el cartelito de “oferta” en la chabomba cuando se topa con Goku. Para ganarle a Kasandra, Goku tiene que transpirar y no precisamente las sábanas. Las transformaciones de esta asesina (que tiene la memoria genética de todas las especies extintas y puede transformarse en todo tipo de dinosaurios y bestias legendarias) le permiten a Terasawa explorar también por el lado del terror, y los resultados son bastante buenos. En esos momentos logra romper el clima pochoclero y estridente que impera en las historias de Goku y nos hace sentir el miedo, la sensación de que está pasando algo auténticamente inhumano y jodido.
El resto va por los carriles que ya recorrimos en los tomos anteriores: un dibujo soberbio, de enorme dinamismo y espectacularidad, un despliegue incesante de escenas de acción vibrantes y bien resueltas, un desarrollo de personajes desparejo, sin secundarios que amaguen con cobrar algo de chapa, y un clima desbordante de adrenalina, con una catarata de emociones que no para nunca. Una vez más, Terasawa da cátedra de cómo se dibujan la tecnología de avanzada y las minitas más sensuales de la historia del manga, pero además mete una especie de mega-samurai con motosierra, a esta chica-dinosaurio, y escenas muy logradas que van de la clásica Tokyo del futuro a las profundidades oceánicas o la estratósfera. Los kilombos en los que se mete Goku no tienen límites y el autor tampoco los evidencia a la hora de dibujar.
Como el mítico Rey Mono (que no casualmente también se llamaba Goku), el super-detective de Terasawa también revoleó su bastón mágico, armó kilombo por agua, cielo y tierra y remató con chistes cada una de sus andanzas. Y todo eso dibujado como la hiper-concha de Dios por un Buichi Terasawa prendido fuego, en la cresta de una ola ochentosa que ya pasó, pero que nos dejó (entre miles de cosas alucinantes) este manga que es testimonio de una época y a la vez un dignísimo entretenimiento para los fans de la aventura palo-y-palo.

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