el blog de reseñas de Andrés Accorsi

sábado, 22 de diciembre de 2012

22/ 12: COCOBILL: COCOHUG

Hora de visitar a otro genio del humor ya fallecido, esta vez un italiano que la recontra-rompió desde los años ´50 hasta que murió en 1997. Poco conocido en Argentina, Benito Jacovitti fue uno de los nombres fundamentales de la historieta humorística europea, sin nada que envidiale a Francisco Ibáñez o André Franquin. Su parodia del clásico cowboy (que en Italia se conoció como Cocco Bill y en España como “Cocobill”) surgió en 1957 en el suplemento de un diario y tuvo tanto éxito que se fue a las páginas de las revistas infanto-juveniles más populares, donde continuó incluso después de la muerte del autor, cuando Coco Bill pasó a manos de su asistente, Luca Salvagno.
Las tres historietas que hoy nos ocupan son de 1969 y 1970, cuando Jacovitti ya estaba en la mítica revista Corriere dei Piccoli, Cocco Bill ya era una serie perfectamente afianzada y... -Pará un cachito: una parodia del western, protagonizada por un justiciero que fuma, le da cero bola a las minas, no falla jamás un disparo y monta un caballo blanco que habla... ¿Esto no lo vimos antes? ¿No se llamaba Lucky Luke y lo hacían los franco-belgas? La verdad es que el planteo de Cocco Bill se parece demasiado al del cowboy de Morris. Las diferencias que se me ocurren son dos: primero, Cocco Bill no acumula personajes secundarios más allá de su caballo Trottalemme (“Trotador”, en España). Y segundo, la serie italiana es bastante más zarpada que su par franco-belga, sobre todo por el lado de la violencia. Acá vuelan los tiros (o cuando aparecen los indios, los hachazos y flechazos) y la gente muere, de una. Y muchas veces de modos inusualmente truculentos para los standards de una publicación infanto-juvenil.
Las historias de Cocco Bill son más cortas (rara vez llegan a las 20 páginas) y bastante más descontroladas. Hay un argumento que avanza, pero en el medio pasan 10.000 boludeces que están ahí porque a Jacovitti le parecen divertidas. Casi todas esas boludeces son frenéticas, caóticas y muy violentas, con el invariable saldo de unos cuantos fiambres. El resultado es un comic muy intenso, con un ritmo infernal, una especie de corto de los Looney Tunes duro de merca, en el que los que son cagados a tiros no vuelven a aparecer en la siguiente secuencia. De las tres historietas que integran este álbum, la que más me gustó (porque tiene la trama más elaborada y mejor resuelta) es la que da título al álbum ("Coccoùgh!", en Italia). La primera, en la que al protagonista lo ponen en pedo con whisky, es muy graciosa pero no pasa del chiste. Y la segunda quiere ser una especie de joda a los músicos de rock pelilargos, que en algún momento se empantana, supongo que porque la trama intentar adquirir una complejidad que la premisa no justificaba. También es la historia más extensa y la única en la que Jacovitti se pega algún palo a la hora de la narrativa, fruto de alguna decisión errónea en la planificación de la página (aunque en una de esas, las viñetas fueron remontadas para la edición española y el error proviene de ahí).
Más allá de los argumentos y la puesta en página, lo que más llama la atención al leer Cocco Bill es la calidad del dibujo de Jacovitti. Acá tenemos a una bestia prendida fuego, dispuesta a dar la vida en cada viñeta. Imaginate una mezcla entre Ibáñez, Don Martin y Sergio Aragonés, pero muy sacada. Por ahí va la cosa. Cuerpos deformes, expresiones exageradas, líneas cinéticas y onomatopeyas fuera de control, detalles microscópicos en los fondos (como la ambientación cuasi-desértica del western lo habilita a dibujar pocos, cuando aparecen, Jacovitti les pone todo), gags visuales metidos en cualquier rinconcito de la viñeta... Un delirio visual impresionante, sólo opacado por la labor mediocre de coloristas a los que más de una vez les gana la pereza y terminan por pintar media viñeta de verde, o de rosa, y a lo sumo meterle los tonos correctos al personaje que aparece en primer plano.
No sé si leída hoy, Cocco Bill tiene la misma gracia que tenía en los ´60. Lo más probable es que no. De todos modos, nunca es tarde para descubrir a Benito Jacovitti, un dibujante único y magistral que durante décadas hizo reir a chicos y grandes, además de haber militado siempre por las causas correctas.

2 comentarios:

Luq dijo...

Esto ni lo conozco. Pensé que era Sheldon, pero nunca oí hablar de este tal Jacovitti.
¿Es conseguible este material?

Andres Accorsi dijo...

Repito lo que respondo siempre a esa pregunta: con internet y tarjeta de crédito, todo es conseguible.
Pero acá en Argentina estas ediciones setentosas son muy, muy difíciles de encontrar.