el blog de reseñas de Andrés Accorsi

jueves, 21 de noviembre de 2013

21/ 11: AQUABLUE Vol.1-3

De nuevo me cebé mal con una seguidilla de álbumes cortitos y me bajé varios al hilo... Esta vez le entré de lleno a los primeros tres libros de Aquablue, una serie francesa que tuvo muchos tomos, de los cuales en España se publicaron sólo tres (creo).
Thierry Cailleteau y Olivier Vatine inician en 1996 esta epopeya de ciencia-ficción con un propósito clarísimo: responder al embate del manga y el comic de superhéroes, que ya habían iniciado su expansión por toda Europa, en detrimento del comic europeo más fino, de más impronta autoral. Hoy hay varias series europeas pensadas para seducir a la gente que sólo lee comic mainstream yanki o ponja y no te toca ni con un puntero laser a un Vittorio Giardino, un Carlos Giménez o un Jacques Loustal. Pero en 1996 había muy pocas y eso es lo que hizo atractiva a Aquablue.
En el inicio, la saga de Aquablue parece el enésimo refrito de Superman o Tarzan: el bebé que sobrevive de milagro a la tragedia que acaba con los suyos, cae (también de milagro) a un habitat extraño, que no tiene mucho que ver con el suyo, donde es adoptado y criado por una raza de seres totalmente distintos a él. Por suerte, para la página 25 Cailleteau pega un volantazo y la serie agarra para otro lado, con tintes más políticos, con una bajada de línea ecologista muy manifiesta, y por supuesto con villanos muy hijos de puta para que se justifique luchar, matar y morir. No sé cómo corno termina Aquablue, pero estos primeros tres tomos me sedujeron con su ritmo ganchero, su diversidad de personajes y la fuerza de los conflictos.
Lo choto es que los autores tratan de imitar en la superficie varios rasgos del comic americano, con puestas en página arriesgadas, etc., pero el argumento es tan ambicioso que se quedan cortos con el espacio. En las primeras 44 páginas pasa lo que en un comic americano normalmente pasa en 88, y eso significa... muchos cuadros por página e infinitos globos con extensos diálogos, dos cosas que patean para el lado contrario de lo que buscan Cailleteau y Vatine. En los dos tomos posteriores se controlan un cachito más, y ponele que cuentan en 44 páginas lo que un autor yanki promedio contaría en 66. También en los Vol.2 y 3 se reparte mejor el protagonismo: la trama pasa menos por Nao (el huérfano humano criado por los anfibios de Aquablue) y más por un elenco muy bien logrado, en el que gana terreno una especie de Han Solo italiano, que grita “Mamma Mía” y es fan de la pizza y la Juventus, al que al principio detesté y con el correr de las páginas me cayó mucho mejor. Incluso los villanos tienen onda, profundidad y escenas en las que se indaga coherentemente en sus motivaciones.
En la base del dibujo de Vatine están Jean-Claude Mézieres y Philippe Caza, dos referentes ineludibles del comic francés de ciencia-ficción. Pero claro, el autor mira mucho a autores yankis, para darle a su trabajo ese toque impactante, flashero... y ahí aparecen cosas de Berni Wrightson en la iluminación, cosas de John K. Snyder, de Sam Kieth (el Vol.3 tiene escenas enteras que parecen dibujadas por Kieth), de los españoles que en los ´90 publicaban en Marvel U.K. (Carlos Pacheco, Oscar Jiménez, Salvador Larroca, Rafa Fonteriz) y de la época en que Kevin Eastman y Peter Laird dibujaban a las Tortugas Ninja. El cóctel es raro pero funciona, y lo más interesante es que no se lo ve a Vatine como un clon berreta de ninguno de los artistas mencionados, sino como un tipo que busca, que investiga, que abreva en fuentes en las que la mayoría de sus contemporáneos no abrevaban. Para el Vol.3, cuando mejora ostensiblemente el color (que al principio es medio pedorro), la faz gráfica de Aquablue se vuelve definitivamente sólida.
Algún día y en algún idioma leeré los dos tomos que me faltan de Aquablue y me enteraré cómo cierran Cailleteau y Vatine esta atractiva historia de choque de culturas, de misticismo y naturalismo vs. explotación capitalista y colonialismo. No es una historieta perfecta ni mucho menos, pero tiene un ancho de espadas que es su clara intención de divertir, de entretener al lector. No se propone más que eso y eso que se propone, lo logra con creces. Si de pedo la ves completa, sumergite.

8 comentarios:

Pablo Zambrano dijo...

la pelicula avatar de james cameron es un choreo a mano armada de este excelente comic

Andres Accorsi dijo...

Nunca la vi, pero sí, visualmente me parece que hay coincidencias bastante notables...

Sucubo dijo...

Yo siempre pensé que Avatar era Danza con Lobos protagonizadas por pitufos pasados de esteroides

Anónimo dijo...

james cameron un ladron no me digas, si le robo ciber six a trillo.Ti pico yanki, ROBAR Ideas y hacer que son de ellos.

Gervasio dijo...

Digamos que Cameron es muy "rápido" para inspirarse...
Le pasó con Harlan Ellison en Terminator, en Dark Angel con Cibersyx, y en Avatar (su peli más floja en cuanto a guión) hay varios que proclaman haber sido afanados.
Pero seamos justos, Cameron es un gran director, que desarrolla esas ideas hacia otros lados en coherencia con su cine.
Incluso la primer temporada de Dark Angel para mí es notable. (La segunda se va un poco a la mierda, aunque el capítulo doble final dirigido por él, es muy bueno.)
Por lo menos ahora blanqueó el proyecto de adaptar Battle Angel Alita.

saludos

Pablo Zambrano dijo...

pero en terminator sale al final que está basado en un cuento de ellison. yo no tengo problema en que tome inspiracion de obras ajenas, pero parece que si esa obra no es yanki el tipo no se hace cargo. y no solo el, esto es algo muy comun de los yankis

Gervasio dijo...

Zambrano, lo de Ellison salió porque Ellison le hizo juicio, o sea que la soberbia de Cameron aplica a sus coterráneos también.
Yo separo a Cameron de sus obras. El Cameron insufrible, que en los Oscar obliga a que todos recen por los muertos del Titanic y grita "King of the World", ese nos lo tenemos que fumar porque somos contemporáneos, como las boludeces de Maradona. Pero si vemos la obra, es otra cosa.
Si está afilado, en guión y puesta en escena es un monstruo.

abrazo

Luciano Saracino dijo...

Recuerdo haber leído el primer álbum en las Gran Aventurero que llegaban al país durante los ochentas.
Hermosos años.
Uno se criaba con estas cosas.