el blog de reseñas de Andrés Accorsi

miércoles, 16 de mayo de 2018

TRIPLETE DE MIERCOLES

Con los días que pasaron desde la última vez que reseñé comics, tendría que tener más de tres libros leídos, pero no pudo ser. El obstáculo fue, precisamente, un comic, que a priori parecía una lectura livianita, para devorarse las casi 350 páginas en un par de horas, pero resultó una lectura ardua, complicada, por momentos muy frustrante, que me obligó a frenar muchas veces, incluso sin la certeza de juntar el aguante para llegar al final.
Me refiero a la edición argentina de Ghost in the Shell, el manga que allá por 1990 consagró a Masamune Shirow. La edición de OVNI es preciosa: me encantaron el tamaño, el papel, las sobrecubiertas, la calidad de la impresión… hasta la traducción (más allá de algún diálogo que suena poco natural al oído argento) se me hizo sumamente aceptable. El dibujo de Shirow es una exquisitez, por supuesto muy influenciado por Hayao Miyazaki y en menor medida por Katsuhiro Otomo, pero realmente excelente. En las páginas a color, el placer estético se multiplica aún más, y el mangaka tira una magia digna de esos autores europeos que sólo entienden la historieta a todo color y manejan unas técnicas alucinantes.
Los problemas están en otro lado. Yo nunca había leído Ghost in the Shell: había visto la adaptación animada (dirigida por el inmenso Mamoru Oshii), pero no me acordaba nada. Bah, me acordaba algo muy difuso, demasiado distinto a lo que leí en el manga. Acá me encontré con guiones realmente ilegibles. La cantidad de texto, la cantidad de viñetas por página, la cantidad de información (verbal y visual) que Shirow pretende meter en cada página, hacen de este manga una especie de infierno. El dibujo está tan sobrecargado que resigna buena parte de su función narrativa y en un punto conspira contra el fluir del relato. Esos globos gigantescos, en los que los personaje mandan textos que parecen monólogos de Enrique Pinti, esas viñetas microscópicas en las que Shirow los dibuja en versiones super deformer… Obstáculos y más obstáculos para esa lectura ágil y dinámica que uno asocia con el buen manga.
Me parece que el principal problema es que el autor inventó un mundo complejísimo, lleno de detalles fascinantes que tienen que ver con la tecnología, la política, la sociedad, incluso la sexualidad… Shirow (como los buenos autores de ciencia-ficción) se aferró al futuro para hablar del presente y desarrolló un marco impresionante, pero no lo supo amalgamar con un manga de aventuras y espionaje salpimentado con algo de comedia y sutiles pinceladas de erotismo. Felizmente en el último tercio de la obra los guiones mejoran un poco, el dibujo se suelta un poco más, hay menos viñetas por página, menos densidad de texto (¡esas notas al pie, la puta madre, me quieren dejar ciego!), hasta que llegan esas 10 ó 12 páginas previas al epílogo, donde Shirow vuelve a derrapar hacia el exceso. En fin, me gustó tanto el dibujo, que si me recomiendan alguna otra obra de Shirow donde los guiones sean menos torpes, menos sobrecargados, casi seguro le entro.
Breve glosa para el Vol.8 de Escuela de Monstruos, siempre dibujada como los fuckin´dioses por ese animalito salvaje (domes-
ticado por obra y gracia de sus años en la revista Billiken) que es El Bruno. Este tomo no tiene un gran guión, me quedó claro de movida, pero mantiene la gracia en los diálogos y es importante a futuro, porque acá pasa lo que el principal villano de la serie viene planeando hace un montón de tomos: finalmente Maligno captura a los monstruitos para exhibirlos en un circo de freaks. Y si bien al final (lógicamente) le sale todo mal y ganan los buenos, es probable que esta aventura sirva para replantear el rol del villano, o para eliminarlo de la serie y que aparezcan otros. Veremos qué tiene pensado El Bruno para mantener atrapados a sus hordas de fans de todas las edades.
Y cerramos con Legado de Sombras, otra novela gráfica de autores argentinos publicada en 2017, esta vez con guión de Gastón Flores (habitual colaborador de Términus) y dibujos de Pablo Ayala (a quien vimos hace un par de años en la antología Purple Comics). Se trata de una obra muy jugada a los climas, que transcurre casi toda en una única locación (por momentos uno parece estar viendo una obra de teatro) y a la que le falta acción. Los personajes hablan muchísimo (en el epílogo hay tres páginas brutalmente sobrecargadas de globos eternos) y hacen muy poco. Flores no encontró la forma de darle a la historia una impronta más visual, le faltaron recursos para contar con imágenes (no con diálogos) todo este asfixiante conflicto entre la joven Tessa y sus poderosos ancestros. Así es como una idea que a priori tenía bastante atractivo se va disolviendo, se diluye entre esas escenas donde sólo hay gente que se amenaza, se enrosca o se explica cosas.
Las pocas viñetas en las que predomina la acción no están debidamente enfatizadas por el dibujo de Ayala, a quien obviamente le queda más cómodo lo otro, la construcción de una atmósfera ominosa que le agregue misterio y ambigüedad al relato. Ayala maneja un estilo de realismo fotográfico, combinado con una muy buena técnica de retoques y color digital para las fotos que toma como referencia. En sus mejores momentos, me recordó a los dibujantes de estilo pictórico que se pusieron de moda en EEUU a fines de los ´80 y principios de los ´90 y no, Ayala no está cerca de ser el nuevo Kent Williams, George Pratt o Jay Muth, pero si le pone pilas a ese camino (y no cede a la tentación de convertirse en un triste Juan Carlos Flicker), es probable que llegue en unos años. Me gustaría ver nuevos trabajos de este artista y sí, tengo otra obra escrita por Gastón Flores en el pilón de los pendientes, así que pronto volveremos a hablar de él.
Como siempre, hasta acá llegamos por hoy y volveremos pronto, ni bien tenga nuevos libros leídos y listos para ser reseñados acá en el blog. Gracias por estar.

4 comentarios:

Damián dijo...

Estoy leyendo esa edición de Ghost in the Shell en estos mismos días, prestada por un fanático de los mangas de aventuras y ciencia ficción y me pasa igual que a vos. La narrativa se me hace muy lenta y pesada con esa cantidad de texto y descripción. El que me lo prestó me dijo que me iba a romper la cabeza pero creo que no va a pasar nada de eso cuando lo termine.

Luq dijo...

Para mí también fue bastante frustrante Ghost in the shell, y tampoco recordaba tanto de la peli (creo que la vi en el Rojas, en los 90 daban animé creo que los lunes a la noche).
Cómo crítica a la edición, los diálogos al principio me resultaron demasiado forzados, no sé si después mejora o si me acostumbré.
Y en la primera parte del libro no entendía bien las historias, todo se vuelve tan intrincado que a veces ni libraba entender cuál era la misión. Por suerte había el final mejora bastante y las dosis de humor facilitan la lectura

Federico Martín Bonazzi dijo...

Qué groso El Bruno, me acuerdo de haberlo descubierto hace mil años con un tomito (¿Humor Etiliko era?) en donde mostraba una hermosa salvajada. Qué bueno que haya podido seguir y crecer en el medio historietil!

Facundo Belgradi dijo...

Por fin respiro tranquilo: no soy el único loco al que no le gustó Gosth in the Shell. Lo lamento por Shirow, pero para mi GitS será siempre la de Oshii.