miércoles, 30 de septiembre de 2026
MIÉRCOLES LUJOSO
No quería que se me fuera Septiembre sin clavar una entrada más en el blog, y fue fácil, porque estoy con poquísimo tiempo para leer comics y para sentarme a redactar reseñas.
Empiezo en Francia, año 2022, cuando se edita el segundo tomo del díptico llamado Noir Burlesque, del maestro suizo Enrico Marini. Parece que el autor calculó mal la extensión de lo que le quedaba por contarnos, porque esta segunda entrega en vez de 96, tiene 126 páginas. Y no me quejo en lo más mínimo: Noir Burlesque llega a una conclusión brillante, en la que cierran todas las puntas de manera magistral, sin apresurarse, sin comprimir, sin pasar de esas páginas de dos o tres viñetas a páginas de 11 ó 12, mucho más chiquitas y apretujadas.
Obviamente, uno suele engancharse con las obras de Marini primero por la calidad inconmensurable del dibujo, pero acá me encontré con un guion realmente excelente, sólido, contundente, respetuoso del género en el que incursiona y aún así fresco, original, atrapante. Los diálogos están afiladísimos, personajes que parecen estar de adorno tienen su giro imprevisto para cumplir roles decisivos en la trama, al igual que algunos detalles que Marini "planta" a lo largo de la narración y que deja ahí, para volver en el momento justo y que todo tenga mucho más sentido.
Noir Burlesque te enrosca en una trama violenta de corrupción y crimen, donde también aparecen con fuerza la sensualidad y la lealtad. Si le querés criticar algo, tal vez el protagonista sea demasiado perfecto: seductor, inteligente, valiente, durísimo a la hora de las piñas, infalible a la hora de los chumbos y con sentimientos inquebrantables de amor y responsabilidad hacia su hermana y su sobrino. Como a todo criminal, a Slick le gusta la guita, y como cualquier varón que haya compartido cama con Caprice, muere por volver a revolcarse con ella. Pero hay límites que no se cruzan. No vale todo. Y sí, es un personaje pensado para caernos bien (no sé si volverá en futuras obras de Marini, pero debería), y en un punto los méritos que hace son demasiados. Por ahí me gusta más cuando el autor me obliga a hinchar por un personaje que me parece menos copado, menos ejemplar.
Pero sin dudas es un detalle muy menor. Noir Burlesque es un comic de altísima calidad, dibujado y narrado como los dioses por un autor que entendió todo: el género, el formato, la época que eligió para ambientar la obra, todo. Lo recomiendo enfáticamente a los fans de las historietas de crímenes, con mafiosos muy hijos de puta, protagonistas ambivalentes y femme fatales que rajan la tierra y que nunca sabés a quién van a terminar por cagar. No debe ser barato, pero vale cada centavo que pagues por él.
En 2023 salió en EEUU la recopilación de Fall Sunrise, la miniserie de Doctor Strange escrita y dibujada por Tradd Moore, coloreada por Heather Moore, su esposa. La portada es rara, no? Un Dr. Strange hiper-estilizado, dibujado en un estilo muy sintético, muy despojado, entre el pop art de los ´60 y el animé de los ´70. ¿Qué es esto?.
Esto es otra cosa. No sé si es historieta. Nunca vi una historieta que me deslumbrara así desde lo visual y con ese vuelo poético en los textos. El que acuñó el slogan "la imaginación al poder" estaba pensando en lo que hizo Tradd Moore en estas páginas. Fall Sunrise eleva el arte de narrar con imágenes hasta el infinito y más allá. Esto no se puede hacer en una película con actores, no se puede hacer con dibujos animados, solo puede existir así, en esta historieta demencial, ida a la Hiper-Concha de Dios.
El argumento es lineal, pero cargado de lirismo y de ideas inmensas, conceptos loquísimos capaces de convertir a Grant Morrison en un clon cabeza de Armando Fernández. No me voy a extender en el análisis del argumento, solo quiero remarcar el nivel de la prosa de Moore, que levanta vuelo en cada bloque de texto y acompaña de manera dignísima el incomparable festival visual que nos regala su lápiz. ¿Se podría haber contado lo mismo en menos páginas? Sin duda, pero no importa.
Acá la estrella es el dibujo. Un dibujo sublime, con este Strange estilizado y simple, metido en un mundo en el que estallan la psicodelia y el barroquismo de Philippe Druillet, mezclado con cosas de P. Craig Russel, un armado de las secuencias que por momentos recuerda a Mike Mignola, pasajes donde se impone un claroscuro más extremo, más expresivo, al estilo Ted McKeever, otros donde Moore trabaja una línea finita, retorcida, más cercana al Kevin O´Neil de los ´80, hay Sergio Toppi, hay Igor Baranko, hay Brandon Graham... pero intentar catalogar las influencias de Moore, intentar enmarcar este trabajo en alguna escuela gráfica o pictórica, es perder el tiempo y es bajarle el precio a una maravilla visual pocas veces vista. Podemos hablar también de la puesta en página atípica, hipnótica... o de cómo este zarpado mete una cantidad inhumana de detalles en fondos y edificios incluso en las viñetas más chiquititas. También ahí hay magia, sorpresa y belleza que desafía toda descripción y toda exégesis.
Fall Sunrise es una anomalía absoluta en una industria que ya no fomenta ni el riesgo ni la creatividad. Aplaudo de pie al coordinador Darren Shan, que dejó jugar a Moore y no le puso frenos a este torbellino de imaginación delirante e incandescente. Desde Steve Ditko para acá, el Tordo tuvo unos cuantos dibujantes de jerarquía: Gene Colan, Frank Brunner, Marshall Rogers, Paul Smith, Marcos Martín, los mencionados Russell y Mignola, y seguro varios capos más de los que me estoy olvidando. Tradd Moore los jubiló a todos. Los hizo quedar a todos como tibios, como tipos que desaprovecharon la posibilidad que te da un personaje así para cantarle quiero vale cuatro al dibujo tradicional de historieta y crear algo nuevo, revolucionario, único, devastador, inolvidable. Después de leer Fall Sunrise, se me va a hacer muy difícil volver a incursionar en comics de Doctor Strange.
Y hasta acá llegamos. Nos reencontramos el mes que viene, con nuevas reseñas acá en el blog.
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