el blog de reseñas de Andrés Accorsi

domingo, 5 de septiembre de 2010

05/ 09: EL HIJO DEL DIABLO


Vengo con mala racha… Para hoy elegí un manga de Hideshi Hino, uno de mis ídolos, un grande de grandeza abismal, y me encuentro con una historia que no está al nivel de las obras maestras de este monstruo nacido en Manchuria, con más de 40 años de trayectoria (y gloria) a sus espaldas.
En El Hijo del Diablo aparecen todos los tópicos habituales en la obra de Hino: la obsesión, la locura, el horror que se genera en el seno de la familia, el freak descastado al que todos temen, la sangre, las mutilaciones, los paisajes suburbanos enchastrados de contaminación, mugre y desesperanza, el colegio como ámbito de competencia desaforada y pérdida de la ingenuidad infantil, los cadáveres a medio resucitar… todo lo que ya vimos en historietas definitivas, joyas inmejorables como La Serpiente Roja o Panorama Infernal (por nombrar sólo un par), está también acá, y encima dibujado como la hiper-concha de Dios.
Pero falta algo, la historia no termina de cuajar. Hasta la mitad, va derecho: el Doctor Emma, desesperado por la muerte de su hijito, se hunde en el pantano de los crímenes más aberrantes para volverlo a la vida, con resultados… discutibles. Daio resucita, pero ahora es un monstruo fuera de control, una mezcla entre Drácula y Frankenstein, pero en el cuerpo de un nene de nueve años. Obviamente, la policía investiga a Emma y a medida que Daio apila víctimas, la investigación se convierte en acoso. Y cuando la situación del Doctor Emma y su hijo se hace insostenible, Hino pega un volantazo y la historia en vez de terminar, vuelve a empezar pero dejando de lado varios de los elementos más atractivos de esta primera mitad. La segunda parte no tiene menos sangre ni menos tripas que la primera, pero la mala leche se disuelve en un océano de ternura freak, casi digna de Tim Burton.
Finalmente, Hino recurre al banco de suplentes y mete en la ecuación dos elementos que habitualmente no aparecen en su obra: la ambientación histórica en el período feudal (con referencias a mitos y leyendas tradicionales al estilo Shigeru Mizuki) y la explicación sobrenatural de los fenómenos y deformaciones que nos muestra. Por supuesto que en obras como Oninbo ya habíamos visto su versión del Infierno y de un montón de criaturas demoníacas. Pero acá eso va a fondo en el último tramo de la obra y desentona a full con la ambientación urbana, la investigación policial y demás. A Hino le gusta lo sobrenatural, está claro, lo que no está claro es el criterio con el cual introduce ese aspecto en una historia que –dentro del género del terror- iba para otro lado.
El dibujo del maestro está al impresionante nivel de siempre. Intenso, grotesco, recontra-expresivo, con unos cross-hatchings que te hielan la sangre, con unos detalles alucinantes en fondos, monstruos, cadáveres y cloacas y una ambientación histórica creíble y bizarra a la vez. Por supuesto, y fiel a su estilo, Hino despliega en esta saga ese ritmo frenético, más acelerado que el del comic occidental promedio, con el cual acumula las atrocidades, las exacerba, y a la vez logra que la repulsión que causan sea menor , que tanto exceso se lea más como una humorada que como algo realmente terrorífico. No hace falta aclarar que en lo único que se parece Hino a un mangaka convencional es en que sus obras se leen de derecha a izquierda. En todo lo demás, esto es único e irrepetible, como un matrimonio engendrado en el infierno entre Mizuki o Tatsumi y lo más salvaje del underground norteamericano de los ´60.
Y bueno, no se puede ganar todos los partidos. Esta vez, con los titulares y todo, Hino saca apenas un empate, y porque el dibujo es monumental. El argumento obviamente no se sostenía 250 páginas y así es como los golpes de timón y los giros limados terminaron por llevarlo a un resultado que no es precisamente del nivel al que nos tiene acostumbrados el ídolo.

2 comentarios:

Jéremy Láramie dijo...

¡Buenas! ¿Cómo va?

Hace tiempo leí El niño gusano, creo que así se llamaba; en su momento me pareció que era como si Kafka le encomendase una historieta infantil a un dibujante medio chungo. Creo que era de este tipo. De donde bajé esa también había cosas de Suehiro Maruo, Junji Ito y Shintaro Kago. Creo que son los 4 ponjas del terror, aunque en submanga hay un montón más de cosas muy siniestras.

Otra consulta: ¿Conocés el trabajo de Edmond Baudoin? ¿Qué te parece?

Saludos.

Anónimo dijo...

Hideshi Hino siempre tiene una forma particular de ver el terror sobrenatural que no tiene nada que ver con lo que se ve en obras occidentales de terror ni similares, por ahí puede tener algunas obras un poco peores que otras pero creo que siempre va a seguir siendo un maestro del terror en el manga.