el blog de reseñas de Andrés Accorsi

jueves, 27 de noviembre de 2014

27/11: DAGO: LA CUESTION REAL

Esta es una novela gráfica muy buena y a la vez muy rara, en la que el maestro Robin Wood urde una trama muy atractiva, muy compleja, como siempre con mucho anclaje con la Historia tal como nos la contaron los historiadores en esos libros que no tienen viñetas ni globitos, y con Dago ahí en el medio, como garante e incluso como catalizador de peleas, persecuciones y –cada tanto- algún garche.
¿Por qué “muy rara”? Porque cuando van 84 páginas, La Cuestión Real pega un volantazo notable en su devenir argumental y la historia que hasta ese momento era la central pasa a un tercer o cuarto plano. Para las últimas 60 páginas, Wood desplaza el foco hacia otros personajes, otros conflictos, otras geografías e incluso cambia el tono de la aventura. Claramente, hizo el famoso “ya que estamos”.
Toda la primera parte nos muestra a Dago enroscado en una compleja pugna de intereses entre tres reyes europeos, con el Papa metido en el medio. El conflicto central tiene que ver con el romance entre Enrique VIII y Ana Bolena, por eso el justiciero veneciano se desplaza por primera vez a Londres, a meter las narices en la corte de este rey mujeriego y altanero. Este tramo funciona muy bien, como la típica aventura de Dago. Ya sabés que si aparece un personaje que no te suena de los libros de historia, se va a enemistar con el veneciano y va a terminar muerto; ya sabés que cualquier minita que entre en escena se va a enamorar de él (acá, en menos de 150 páginas, se levanta a tres minas y se voltea a dos); y ya sabés que, haga lo que haga, Dago no va a cambiar el curso de la Historia posta, sino que Wood se las va a ingeniar para que esté ahí, siempre cerca, quizás orientando los hechos hacia donde ya sabemos que van a ir, pero nunca en primer plano.
Por los bloques de texto que empiezan a proliferar a partir de la página 85, deduzco que a Robin le encanta Escocia, que ama a ese país. Así que, una vez que tenemos un buen argumento para llevar a Dago a Inglaterra, ¿qué nos cuesta que pase también por Escocia, que es ahí, al ladito? Y entonces, “ya que estamos”, en estas 60 páginas finales nos olvidamos de las runflas entre los reyes de Inglaterra, Francia y España, de Ana Bolena, del cardenal que mandó el Papa y de prácticamente todo lo que vimos hasta ese punto, y nos metemos a fondo con otro conflicto: el joven James, Rey de Escocia, y las conjuras de nobles escoceses con nobles ingleses para que este chico no se quede con el trono.
Acá siguen en cancha un par de secundarios que ya venían buscando la forma de deshacerse de Dago cuando este andaba por Londres (y dos de las minitas que se lo querían voltear), pero en pocas páginas Wood renueva a full el elenco de secundarios, ahora con los esoceses. Así cobran protagonismo los muchachos cuasi-salvajes de los clanes que pueblan las highlands, particularmente el Mudo, uno de esos personajones secundarios que cada tanto pela Wood y que uno querría ver como protagonista de una saga más larga. Este tramo deja de lado la sutileza de las intrigas palaciegas y encara para el lado de la violencia lisa y llana, con batallas épicas, emboscadas, la muerte definitiva del villano más molesto y una muy linda revolcada entre Dago y una duquesa que coqueteaba con él desde el principio de la novela. El conflicto del rey de Escocia se soluciona totalmente en estas 60 páginas, sin dejar cabos sueltos. Y en las últimas… dos páginas, Dago se acuerda que tiene que volver a España para tratar de resolver el otro bolonki, el que lo llevó a Inglaterra en la primera parte de la novela. O sea que la maniobra de Wood de hacerte un “dos por uno” resulta exitosa hasta ahí nomás, porque una de las dos líneas argumentales se come casi 60 páginas en el freezer y no se resuelve, sino que se encamina hacia una resolución que en este tomo no se ve.
Igual te divertís mucho, sobre todo en la primera parte, cuando Dago se la pasa tirando one-liners irónicos, cuando lo vemos boludear a reyes y nobles con total impunidad, y bajar línea en joda acerca de lo choto del clima, lo incomible del morfi y lo poco que se baña la gente de Londres. Cuando no le toca desenvainar la espada, Dago desenvaina la lengua y resulta tan letal como cuando te atraviesa con sus armas.
Lástima que algunos diálogos estén mal armados, con globos que responden al globo que se lee inmediatamente después. No sé si es un problema arrastado de la edición italiana, o si se produjo al traducir la historieta al castellano, pero hay cinco o seis diálogos así, con los globos puestos en el orden de lectura incorrecto.
Ah, y el dibujo de Carlos Gómez… no me alcanza el espacio para analizarlo, así que me limito a babearme un poco y a repetir todos los elogios que le prodigué en las reseñas de los tomos anteriores. Un monstruo, con todas las letras. El año que viene, más Dago y más Gómez, acá en el blog.

1 comentario:

Pablo Zambrano dijo...

Cuando lo leí me pareció que la primera parte era mayormente una excusa para presentar el cast de personajes. Ah lo de carlos gómez no tiene nombre, debería ser ilegal dibujar así