el blog de reseñas de Andrés Accorsi

miércoles, 5 de agosto de 2015

05/ 08: EL DESPERTAR

Esta es la primera novela gráfica de Daniel Mendoza, el autor entrerriano a quien ya nos habíamos cruzado en varias antologías.
El Despertar tiene un problema básico y es que le falta vuelo. Es una historia muy típica, muy remanida, que ya se contó muchas veces: el chabón duro, pesado, que ya no tiene nada que perder y decide plantarse frente a una red de corrupción muy jodida y muy poderosa. Obviamente sobrevendrán los aprietes y las extorsiones, y cuando nada de eso funcione será la hora de los tiros, las persecuciones, las explosiones… Nada que no nos sepamos de memoria.
Pero eso no es lo que menos me gustó. Lo que menos me gustó es que la historia está ambientada en la provincia de Entre Ríos, en lugares muy reconocibles, con gente que toma mate, etc., y sin embargo Mendoza elige para los diálogos un castellano neutro que hace un ruido horroroso. Es el castellano de las películas y series yankis mal dobladas por algún criminal centroamericano que merece terminar sus días en un penal de máxima seguridad y con no menos de 15 enfermedades venéreas. El atractivo de tener una aventura de acción al palo ambientada en nuestro país se esfuma cuando los personajes hablan como si estuvieran en cualquier otro país… si es que el castellano neutro de los doblajes efectivamente se habla en algún lugar, cosa que no me consta.
Lo mejor que tiene El Despertar es el ritmo. Es una aventura clásica, sin pretensiones, narrada en forma muy lineal y a la vez muy ágil. Son más de 100 páginas de historieta, lo cual le da a Mendoza mucho espacio para contar en forma descomprimida, con pocos cuadros por página. Eso le permite sacarle mucho jugo a las escenas de acción, dotarlas de mucho impacto visual. Se podría haber aprovechado la extensión para profundizar un poco más en las personalidades de los personajes, pero el énfasis no está puesto ahí, sino en el ritmo, en que esta trama simple avance sin tropiezos por una senda –repito- ya muy transitada.
Lo otro que me gustó bastante es el dibujo. Es un dibujo clásico, bastante cercano al del mainstream yanki, con cosas de maestros como John Byrne o Carlos Pacheco. Pero sobre esa base, Mendoza se da el lujo de soltar muchísimo el trazo (es lógico, fue alumno de Oswal) y lanzar pinceladas muy libres, muchas veces sin cerrar las figuras. Cuando tiene que meterle efectos de iluminación a los rostros, apela a recursos que mostraba Alberto Breccia en la época de Mort Cinder, algo que queda MUY bien combinado con esa base de dibujo onda Byrne. Y en los fondos se lo ve indeciso: cuando las escenas transcurren en los bosques, Mendoza se esfuerza por brindarnos un retrato muy complejo, bastante realista de estos paisajes naturales. Sin embargo, cuando nos tiene que graficar escenas que transcurren bajo techo, soluciona todo con una viñeta en la que el edificio se ve de afuera (y es una foto mínimamente retocada) y un montón de viñetas en las que los fondos no están, o se reducen a tres líneas miserables, puestas de compromiso, para zafar. Pero estamos hablando de un dibujante muy competente, con un buen manejo de la anatomía, de la iluminación (claroscuro a pleno), de las expresiones faciales y de la narrativa.
Ojalá en sus próximos trabajos Daniel Mendoza se anime a trascender las fronteras del entretenimiento fácil y pochoclero para contar algo más profundo, más elaborado. Quizás una colaboración con un buen guionista lo ayude a seguir explorando los confines de la aventura, pero con tramas más jugadas, con más espacio para la sorpresa. El Despertar no es una mala historieta, en absoluto, pero su falta de pretensiones a la larga le jugó una mala pasada.