el blog de reseñas de Andrés Accorsi

domingo, 9 de agosto de 2015

09/ 08: LA NIEVE Y EL BARRO

No lo puedo afirmar categóricamente, pero creo que esta novela gráfica de 2013 marcó la última colaboración entre Enrique Sánchez Abulí y Oswal. De ser así, su último trabajo conjunto pasará a la historia, además, por ser el más ambicioso: 137 páginas de historieta a todo color es algo que nunca había surgido de la intensa colaboración de estos dos maestros.
Abulí ensaya en este trabajo algo muy difícil de hacer, pero que para un guionista de su jerarquía resulta casi una boludez: narrar varias tramas que avanzan en paralelo y lograr hilvanarlas sobre el final sin que parezca forzado ni artificial. Todo sucede en la campiña francesa en plena Edad Media (fines del Siglo XIV), durante el período conocido como la Guerra de los 100 Años. Allí, el guionista moverá los piolines de varias marionetas para componer un tapiz potente, definitivo y a la vez diverso de lo que fue esa época. Un cura, un herrero, un conde, un caballero, una doncella, soldados, bandidos, una nena cuasi-salvaje que vive en el bosque… para todos habrá escenas de lucimiento y de sufrimiento.
Como es costumbre en las obras de este catalán nacido en Francia, la violencia será terrible, despiadada, tan atroz que habrá que matizarla con un poco de humor negro para que la sonrisa aliviane el estupor. Así, entre remates irónicos, veremos una larga sucesión de muertes, mutilaciones, violaciones y golpes de todo tipo. Otro clásico de Abulí es la fuerte presencia de elementos vinculados con el sexo: acá aparecen unos cuantos, pero sin tanto protagonismo, y siempre cubiertos de un velo de humor picaresco para –de nuevo- morigerar la sordidez o la lascivia involucradas en esas escenas.
Los principales hallazgos están en la construcción de los personajes y en la forma en que estos se empiezan a cruzar entre sí, a interactuar en este frondoso bosque del que nadie parece poder salir del todo. Cuando faltan 14 páginas para el final, Abulí ya logró reunir a todos los personajes importantes (al menos los que quedaron vivos) en una misma locación. ¿Todos? No. Las 14 páginas finales se centran en un único personaje, el caballero inglés que quiere morir, cuya historia se roza con la de otros personajes de la obra, pero no termina de encajar con ese final que Abulí le da a casi todos los demás. El resultado es una secuencia de acción maravillosa, muy impactante, pero en la que se impone la lógica de los unitarios, no la de la novela gráfica. Ese final desentona un poquito con el resto de la obra por eso, porque no encaja con la consigna de terminar el libro con todos los personajes juntos. Pero no es un tropiezo, es simplemente una decisión autoral pensada para no complacer a los que pretendíamos que TODOS los personajes participaran de la secuencia final.
El dibujo de Oswal no se puede creer. El prócer quilmeño desata la magia de su pincel para brindarnos imágenes realmente gloriosas. La reconstrucción de época, los paisajes y sobre todo el lenguaje gestual y corporal de este vasto elenco son los puntos más fuertes de este gran trabajo de Oswal. Y claro, cuando la cantidad de viñetas por página se lo permite, el maestro arriesga con secuencias más raras, o con viñetas más grandes, en las que la composición te detona los ojos y la mente. Cuando se trata de artistas tan dotados para el claroscuro, con un trazo tan suelto, tan dinámico, yo soy talibán del blanco y negro, no me cabe ni ahí que se le incorpore el color. Esta vez, sin embargo, el trabajo de colorear estas páginas (a cargo del propio Oswal y un tal Luengo) me cerró bastante. O por lo menos no me resultó un obstáculo para disfrutar de los dibujos del maestro. Lo que sí empantana bastante la faz gráfica es la tipografía elegida para los diálogos. A veces estos son abundantes y los globos ocupan un porcentaje importante de las viñetas. En esos casos, esos masacotes de texto, con una tipografía tan chata, tan del montón, deslucen un poco las páginas de Oswal.
Y bueno, uno de los integrantes de la dupla no está más, así que acá se terminan las creaciones conjuntas de Abulí y Oswal. Es una despedida muy notable, muy contundente, una historia muy atractiva, compleja, dinámica, por momentos graciosa, por momentos escabrosa, que logró meternos de lleno en una época y una geografía que –por lo menos yo- desconocía bastante. No es una hiper-gloria insuperable, pero sí una excelente historieta, testimonio de lo afianzada que estaba en esta última etapa esa dupla de inmensos maestros.