el blog de reseñas de Andrés Accorsi

viernes, 28 de agosto de 2015

28/ 08: BAD DOG

Joe Kelly y Diego Greco hicieron esta historieta a un ritmo muy pausado, a lo largo de varios años y con muchas interrupciones. Tardaron seis años en editar seis números y finalmente el año pasado salió el primer TPB. ¿Se publicaron nuevos episodios después del libro? La verdad que no lo sé.
A primera vista, Bad Dog parece un comic hiper-cabeza, la típica historieta con un protagonista amoral, violento y descontrolado, repleta de peleas, explosiones, chistes subidos de tono, escenas truculentas con gore y sangre al límite, sexo, droga y rockanroll. Y es cierto, Bad Dog tiene todo eso. Lo bueno es que es en joda y SE NOTA que es en joda. Muere gente, hay tiros, cuchillazos y mutilaciones y en general la violencia tiene consecuencias reales. Pero todo, hasta lo más sórdido, está vestido de fiesta de modo que en vez de causar escozor, causa gracia. Todas estas situaciones de ultraviolencia son además situaciones bizarras, al límite del disparate, envueltas por una imparable sucesión de diálogos en los que Kelly hace gala de un humor zarpadísimo.
En un punto, Bad Dog es una especie de Deadpool más salvaje, con muchas cosas que Marvel no le dejaría hacer a Kelly en una revista protagonizada por el antihéroe creado por Rob Liefeld. Acá se ven tetas, porongas (de juguete), gente aspirando frula, buenos y malos escabiando a lo bestia, garches, vómitos, tipos lamíendole el orto a otros tipos, decapitaciones, mujerzuelas y juegos de azar. Y encima uno de los personajes es un evangelista retirado, que combina en sus diálogos las puteadas más tremendas con menciones a Dios, la virgen María, la Biblia y el Espíritu Santo.
Lo más interesante es que por debajo de este festival de la guarrada, Kelly desliza subtextos muy atractivos. Habla de temas más profundos, se anima a meterse bastante a fondo en la psiquis del protagonista, a cuestionarse bastante por qué hace lo que hace, y además le permite avanzar. Lou no es el mismo en el primer episodio que al final del sexto. Nada de esto es muy obvio, ni está muy subrayado por el guión, porque claramente Bad Dog se vende como un comic de machaca y chistes guarangos. Pero está, y eso le da una textura, una pátina de complejidad, que en general este tipo de historias no tiene.
El dibujo y el color están a cargo de Diego Greco, acá en un estilo que no se parece en nada al de Tiburcio. Este es el Greco (el Diego Greco, no Doménikos Theotokópoulos) de estilo más realista, más apegado al dibujo académico y aún hoy tributario en algunas cosas del estilo de Juan Bobillo (o mejor dicho, de uno de los estilos de Juan Bobillo). Por suerte, Greco encuentra espacios para jugar, para transgredir, para cagarse un poco en el realismo y meter toques más salvajes, más libres, donde la representación pierde frente a la expresión, frente a las ganas que tiene el hincha de Banfield de transmitir cosas potentes desde el dibujo.
Decíamos que estas más de 150 páginas fueron dibujadas a lo largo de muchos años, pero la verdad es que no se nota mucho. Greco ya tenía un nivel muy alto cuando empezó con Bad Dog y llegó al final sin mutaciones visibles en el grafismo y más asentado, más canchero en la narrativa. La trilogía final, ambientada en Las Vegas, le saca amplia ventaja a los tres primeros capítulos, principalmente porque Greco se zarpa más con la puesta en página, se anima más y se brinda más. De todos modos, no hay momentos flojos. El dibujo sale a matar desde la primera viñeta y el color es maravilloso de punta a punta del tomo.
Si te resulta atractivo el estilo realista de Diego Greco (más realista que en Doméstico y Fuerza Mosca), o si querés leer a Joe Kelly desatado, pasado de rosca y entregado plenamente a las masacres sanguinarias enchastradas de mugre, perversión y mala leche, con Bad Dog la vas a pasar bárbaro. Repito: no tengo dudas de que Kelly puso acá mucho de lo que le gustaría hacer con Deadpool pero Marvel no se lo autorizaría ni a palos. Por eso -además de violencia, alcohol y chistes sobre el semen de toro- este comic destila mucha libertad, mucha alegría y se nota todo el tiempo que los autores están, ante todo, divirtiéndose, cagándose de risa, pasándola bomba. Y eso es genial.