el blog de reseñas de Andrés Accorsi

sábado, 5 de diciembre de 2015

05/12: MARTE IDA Y VUELTA

Me reencuentro con el maestro suizo Pierre Wazem, que retoma su carrera como autor integral, después de un tiempo abocado a escribir guiones para otros dibujantes.
El primer tramo de la historia se centra en un historietista bastante parecido a Wazem, cuarentón, con hijas chiquitas, que vive un constante cortocircuito con su esposa y encima está creativamente trabado, con poco laburo, más deudas que ingresos y poquísima idea de qué hacer con su vida y su profesión. Y sí, claro, esto ya lo leímos mil veces. Ya dejó de ser un argumento para ser un lugar común, un refugio donde los autores se acovachan cuando las ideas no llegan. Iban 50 páginas de esto y cuando ya estaba por denunciarlo en el juzgado más cercano por defraudaciones y estafas, Wazem pega el volantazo y le inyecta un elemento fantástico a una trama cuya mediocridad cotidiana me estaba empezando a agobiar, incluso a pesar del excelente nivel de los diálogos.
De pronto, una de las obsesiones de la infancia de Pierre, el planeta Marte, gana protagonismo en la historia y abre una puerta alucinante hacia otro plano de realidad en el que pueden pasar un montón de otras cosas. No quiero explicar la trama, porque la gracia es que todo esto sea sorpresa. Pero a través del recurso del viaje a Marte, Wazem logra darle fuerza, intriga y emoción a un redescubrimiento de sí mismo, a un diálogo a fondo con su padre, con los colegas con los que entabló amistad e incluso con una versión de sí mismo de 9 ó 10 años. Así, un álbum que arrancó muy de atrás, te pasa por encima en el final, con 35 páginas gloriosas en las que la introspección sigue muy presente, pero se mezcla con habilidad maradoniana con una atmósfera más loca, más impredecible. Este último tramo tiene que ver con la exploración de las relaciones humanas, del talento artístico y de cómo algo que para nosotros es placer puro (leer historietas), para quien las hace puede ser un laburo muy arduo e incluso un inagotable manantial de sufrimiento. Y también lo contrario, la alegría y el entusiasmo que produce en un autor saber que le encontró la vuelta a una historia y sólo le falta dibujarla.
Me da fiaca ponerme a escribir sobre el dibujo. Esta muy bueno, pero se parece poco a aquel estilo con el que Wazem me había conquistado en Como un Río (ver reseña del 07/08/10). Acá hay virtuosismo, hay cositas de Dupuy y Berberian y hay una narrativa perfectamente pensada. Y además hay color, que en Como un Río no había. Visualmente, el libro funciona muy bien en todos los aspectos.
Nada más, por hoy. Sigo bancando a Pierre Wazem y espero ansioso su próximo trabajo. Y no pongo la etiqueta de “autobiografía” porque la forma que elige el suizo para mostrarnos y narrarnos cosas de su vida real es demasiado original y hasta experimental como para meterlo categóricamente en esa bolsa.