el blog de reseñas de Andrés Accorsi

domingo, 17 de abril de 2011

17/ 04: SHORTCOMINGS


Esto es brillante. No hay otra palabra para describirlo. Shortcomings es tan bueno, que ni dan ganas de reseñarla. Es una onda “leé esto, o condenate a vos mismo a no existir”.
Shortcomings es una cátedra de guión. Una cátedra que deberían cursar todos esos cineastas con ínfulas de hacer “cine de autor”, pero con cinco pesos para filmar. Si estás condenado a las historias realistas y urbanas porque no tenés presupuesto para hacer explotar autos, vení a visitar al maestro Adrian Tomine, que en un poco más de 100 páginas te explica todo. Cómo se arman los personajes, cómo se entablan y desarrollan los conflictos, qué partes no aportan nada a la trama y –por ende- conviene obviar mediante la elipsis, dónde y cuándo darle dramatismo a algo que si fuera todo el tiempo dramático se haría insostenible, y sobre todo, cómo generar diálogos creíbles y atractivos, que se carguen al hombro la responsabilidad de llevar adelante la historia, ya que –como en la vida misma- casi no hay margen para la acción física.
En esta novela gráfica, todo gira en torno a Ben Tanaka y su no muy satisfactoria relación con su novia, Miko Hayashi. La primera parte se centra en eso: en las tensiones que hacen que el futuro de esta pareja sea menos promisorio que el del PJ Federal. La segunda parte gana muchísimo en interés, en parte por la distancia entre Ben y Miko (que permite la entrada en escena de otras chicas) y sobre todo porque gana mucho protagonismo Alice Kim, la amiga gay de Ben, que es –lejos- el personaje con más onda de la novela. Y en el tercio final, el elenco protagónico vuelve a reunirse, pero en una situación totalmente distinta a la del principio y –mirá qué innovación vanguardista- todo se resuelve. No como te lo imaginás, para nada, pero todo se resuelve. Y todo cierra, todo suena absolutamente real, verosímil, coherente.
Shortcomings tiene un montón de ingredientes de nuestra vida sentimental real: amores y desamores, inseguridades, conflictos por boludeces, canchereadas que salen mal, traiciones misérrimas, lealtades más allá de todo, momentos en los que te sentís capaz de hacer cualquier cosa por esa mina, momentos en los que no te importa en lo más mínimo, momentos en los que tirás el orgullo a la mierda con tal de acceder a la cama indicada, los amigos que aconsejan, los fantasmas de los y las ex que complican las cosas… El maestro Tomine, con esa carita de nerd que se casó con la primera mina que le dio bola en su vida, demuestra (una vez más) tenerla muuuuy clara en este tema de las relaciones de pareja, y recorre este laberinto con onda, con certeros dardos de mala leche y con su habitual mirada desapasionada, distante, como si nos contara un documental sobre la migración de las aves marinas del archipiélago de la Polinesia. El tipo ama a estos personajes, pero no tiene problemas en hacerlos quedar como unos imbéciles, o como unos turros, o como unos inmaduros que no saben qué carajo quieren hacer con sus vidas. Tal vez ese sea su más notable acierto.
El dibujo de Tomine no evolucionó demasiado desde aquellos primeros trabajos en los albores de los ´90. En ese entonces ya era asombroso y hoy todavía sorprende por su realismo pero además por su capacidad de síntesis de dibujar un mundo real en el que no sobra información, ni detalle, ni nada. Tomine es como un Daniel Clowes sin el factor freak, o como un David Lapham sin violencia ni estridencia. Un virtuoso de inmensa categoría para construir secuencias (casi todas de gente que habla) tensas, ajustadas, con muchas viñetas por página (nunca menos de siete), chiquitas y a veces reiterativas, como las vidas que nos quiere mostrar. Tomine también cuida muchísimo el equilibrio entre masas negras y espacios blancos, elige con gran criterio dónde meter los tramados y cada tanto deslumbra con la aparición de detalles (en la ropa, en los muebles, en las calles) que sólo un ojo muy perspicaz puede pescar y sólo una mano muy diestra puede transmitir al papel.
Sin persecuciones, ni piñas, ni explosiones, casi sin gritos y con apenas un garchecito muy light, también se puede crear obras maestras del Noveno Arte. Cuando la sabés mirar como la mira Tomine, la vida cotidiana de la gente real también puede ser un terreno sumamente fértil para cultivar grandes historias, con personajes memorables y hasta con espacio para hablar (medio en serio y medio en joda) de algunos de los temas importantes en la sociedad actual. La frase de cierre tiene que ser la misma con la que empecé: posta, esto es brillante.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Que Pelotudo q sos. Que asco me das. Q cagada de reseñas las tuyas.

Julio dijo...

Interesante, no soy muy amante de este tipo de historias, pero me convenciste, admito que me la vendiste, voy a buscarla para leerla.

Saludos!!!

Andres Accorsi dijo...

Gracias, Anónimo! Hacía mucho tiempo que nadie entraba a insultar, pensé que mis detractores ya no leían el blog. Me quedo tranquilo sabiendo que estás ahí.

gonzalo dijo...

Yo la quiero descargar y no la encuentro. Soy pobre para comprarla. No tengo que leer mas este blog, me cebo y después no me da el tiempo -ni el cuero- para leer tanto.