el blog de reseñas de Andrés Accorsi

sábado, 30 de abril de 2011

30/ 04: CASANOVA: LUXURIA


Cuando un guionista produce tanta obra como la que lleva publicada Matt Fraction en los últimos cinco o seis años, es casi inevitable desconfiar: una buena parte de esa producción tiene que ser necesariamente berreta. De hecho, me acuerdo de haber leído su Punisher War Journal (porque lo dibujaba Olivetti) y tenía un número bueno cada cuatro nefastos. O sea que siempre lo tuve en la lista de los sospechosos, de los tipos a los que se puede visitar muy de vez en cuando y en proyectos muy puntuales.
Ahora, el hecho de ser pulpo de Marvel y escribir chotocientas mil series por mes, tiene su lado positivo: si estas series venden bien, no te van a echar flit el día que propongas algo más raro, más jugado. Así es como el sello Icon se convirtió en el hogar de la más personal de las creaciones de Fraction: Casanova, junto a Gabriel Bá, uno de los gemelos fantásticos brazucas. Bajo el paraguas protector de las ventas de Iron Man o X-Men, Marvel se tiró al precipicio con un comic 100% de autor, muy raro, y además muy, pero muy bueno.
Esto es una especie de What If… Acá Nick Fury se llama Cornelius Quinn y tiene un hijo de veintipico, con rasgos parecidos a los de Mick Jagger, entrenado desde chico para ser el perfecto agente secreto. Pero además del espionaje, a Casanova Quinn le gustan la joda, las drogas, las minas y el descontrol. Esta dinámica tipo Isidoro-Coronel Cañones alcanzaría para bancar decorosamente una saguita más que interesante. Pero hay mucho más: las misiones que cumple Casanova no sólo están repletas de sexo, droga y rockanroll. También tienen clones, androides, entradas y salidas del la línea temporal, dimensiones paralelas, tecnología del futuro, civilizaciones prehistóricas, alienígenas y robots gigantes japoneses. O sea que es una especie de Nick Fury de segunda generación pero totalmente tuneado, recubierto por varias capas de crack.
Las aventuras de Casanova son frenéticas. Hay pausas, porque claro, cada genio criminal o capo de agencia de espías necesita unos minutos para tratar de deducir quién lo está “operando”, por dónde se filtra la data y cuáles pueden ser las movidas de sus adversarios, pero el ritmo que predomina en esta extensa saga es aceleradísimo, caótico, una montaña rusa fuera de control en la que todo puede pasar. Hasta que el protagonista (y su hermana melliza) cambie de bando más de una vez. Acá todos traiconan a todos, todos se encaman con todos y nadie tiene piedad de nadie. Como en los buenos comics de Howard Chaykin, pero en un clima mucho más de joda, con casi ninguna pretensión de verosimilitud. De hecho, los autores hacen muchas menciones a que esto es una historieta, no la realidad.
La saga tiene un título genérico, Luxuria, pero Fraction y Bá se esfuerzan porque cada uno de los siete episodios narre una historia más o menos autoconclusiva. Por supuesto, no se entendería nada si se las leyera en otra secuencia, pero varias se pueden leer y disfrutar por sí solas. La sensación fundamental que transmite Casanova es la de libertad: acá vale todo, en tanto y en cuanto todo suma para la diversión desaforada, la aventura llevada al extremo, el festival desenfrenado de tiros, explosiones, garches, sangre y runflas espúreas entre gente muy de mierda. Y encima, los personajes están muy bien trabajados. Sin duda, Fraction puso acá todo lo que tiene y hasta un poco más.
El trabajo de Gabriel Bá es impresionante. Casi todas las páginas están divididas en cuatro tiras, o sea que no son pocas las que tienen más de ocho viñetas. El dibujo se ve chiquito, compacto, apretadito, agazapado para estallar cuando Bá cambia la grilla. El estilo de Bá nos recuerda enseguida al del Paul Grist más sintético, mezclado con el Mike Mignola más suelto, el de los breves unitarios en joda que el ídolo se mandaba cada tanto, ya sea solo o con sus delirantes amigos Steve Purcell o Bill Wray. Pero todo se ve intencionalmente raro, como si estuviera el desafío de demostrar en cada página que esto no lo imaginó el típico dibujante yanki, sino un loco, o un alienígena, alguien que claramente no comulga con los preceptos del mainstream superheroico. De nuevo, la sensación de libertad, de vale todo, además potenciada por una paleta de colores intencionalmente limitada y por un rotulado… manual! En pleno Siglo XXI! Una verdadera bizarreada.
Bueno, cada tanto se puede confiar también en el hiper-prolífico Matt Fraction. Acá se juntó con un monstruo imparable y juntos pelaron un comic delirante, atrapante, adictivo, sensual, violento, original y muy, muy gracioso. Si hay secuelas, cuenten conmigo.

4 comentarios:

Dr. Manhattan dijo...

Pensar que Ba me regalo el primer número con una dedicatoria en el último Crack Bang Boom. Un tipo con muy buena onda (y el hermano, Gabriel Moon, tb).

Sebastian dijo...

Ya esta la continuacion, se llama Gula, y la estoy esperando desde que se publicaba por Image.

Andres Accorsi dijo...

Uh, la quiero ya!

Loris Z. dijo...

Te lo dije.

:)