el blog de reseñas de Andrés Accorsi

viernes, 5 de julio de 2013

05/ 07: RESET

Casi 1250 reseñas en el blog y esta es la primera que lleva la etiqueta de uno de los ídolos máximos de todos los tiempos: el glorioso Peter Bagge. Es que tuve mala suerte: DC anunció la edición en tapa blanda de Other Lives (la novela gráfica que hizo hace unos años para Vertigo) y finalmente no la sacó. Y jamás la encontré barata en tapa dura. Menos mal que cuando Dark Horse anunció Reset en tapa dura no me hice la estrecha. Si no, habría pasado un año más (como mínimo) sin leer obras nuevas de esta bestia que tan feliz nos hizo en los ´90 con su Hate.
Reset es una obra de bajísimas pretensiones. 88 páginas, una historia lineal, fácil de seguir, enrolada en un género indefinido, con bastante comedia costumbrista, algo de espionaje, un elemento medio de ciencia-ficción, varios chistes muy cómicos y un garche que sucede fuera de cámara. Es obvio que Bagge quiere que te rías varias veces a lo largo de la novela, pero no sé si es una obra humorística. Por ahí no.
El argumento arranca sencillo: Guy Krause es un cómico de stand-up y actor venido a menos, al que toda la industria del entretenimiento le da la espalda por cagadas grossas que se mandó y proyectos que fracasaron. Divorciado y sin un mango, acepta una propuesta para ser sometido a un experimento científico, una especie de terapia psicológica mezclada con realidad virtual, que le permitirá revivir su vida y –aunque sea en su mente- cambiarle el curso para corregir sus errores. Krause es cínico, incrédulo, mal llevado, y por supuesto esto del casquito y la realidad virtual no le causará la menor gracia. Entre una cosa y otra, tardará 30 páginas en entregarse realmente al experimento, cuando le cae la ficha de que no tiene mejores opciones.
Y ahí la historia no va hacia atrás, sino hacia los costados, porque Krause cambia muchas cosas. Interrumpe sus recuerdos, “resetea” su vida y vuelve a arrancar, con volantazos que lo llevan a ser –por lo menos en la realidad virtual- un tipo grosso y exitoso. Y en la página 50, es Bagge el que pega el volantazo: de pronto reaparece en la vida de Guy una minita a la que que le tenía ganas en la secundaria y su presente empieza a cobrar otra dirección. También para este momento, empiezan a verse las manos negras, los verdaderos titiriteros de esta farsa. ¿Quiénes inventaron esta terapia? ¿Con qué fines? ¿Por qué eligieron a Krause como conejito de indias? Sin llegar al thriller y sin descuidar la comedia, Bagge explora esta runfla sombría a través de Angie y Ted, los personajes secundarios con más peso en la trama. Y en las últimas cinco páginas, todo cierra de modo lógico, aunque para nada predecible.
No hay moraleja, no hay bajada de línea socio-política, no hay un intento por retratar a una generación, no hay nada. Apenas una aventura lo-fi que transcurre en buena medida en la mente de este personaje complejo, enroscado, al que Bagge no trata ni por un segundo de presentarnos como “el bueno”. Seguramente ahí está el principal acierto del ídolo: en la construcción (y deconstrucción) de Guy Krause, un prócer de la mala leche.
En el dibujo, sin embargo, Bagge parece haber bajado un cambio respecto del expresionismo visceral de sus obras más conocidas. Por supuesto, mantiene su fuerte impronta autoral, los rasgos característicos de su trazo y su impresionante fluidez narrativa. Pero se zarpa un poco menos, se va menos a la mierda en esas secuencias extremas, en las que Buddy Bradley y sus amigos prácticamente estallaban de bronca, mientras que el elenco de Reset las atraviesa de modo más tranqui, más convencional. Incluso un cambio más abajo, Bagge mantiene intacto su dominio de las expresiones faciales y el lenguaje corporal, así como su inigualable timing para la comedia. El regreso al blanco y negro (con grises, aplicados por su esposa Joanne) me dejó con gusto a poco: extrañé mucho esas magníficas páginas a color (casi siempre obra de Eric Reynolds) y ni siquiera me reencontré con el Bagge clásico, el de los ´80 y principios de los ´90, ese que se jugaba la vida en el claroscuro y se limpiaba el orto con el color, porque lo suyo era el under y el under era en blanco y negro. Esto no es ni una cosa ni la otra, y si bien no está mal, me parece que por la onda de la historia, el color habría sumado muchísimo. Ojalá Dark Horse le ponga más presupuesto a los próximos proyectos de Bagge.
Y ojalá HAYA próximos proyectos de Bagge, porque hace ya varios años que el ídolo produce historietas de modo muy irregular y baja siempre una línea de desencanto, de pesimismo frente al mercado, como si estuviera a punto de bajar la persiana. El comic yanki necesita de muchos tipos con el talento de Bagge, así que ojalá esa despedida nunca sea definitiva.

2 comentarios:

Sucubo dijo...

Aguante Hate: Yo compro todos mis muñequitos a precio sobrevaluado en el paraiso del coleccionista B&J

Juan Pablo López dijo...

Buenas Andres, muy bueno el sitio, gracias por mantener la paciencia y seguirlo, es una referencia.
Te hago una consulta, existe alguna edición de Hate tipo ómnibus? Encontre 2 TPB, pero prefería comprar 1 solo tomo completo.
Gracias, saludos
JP