Me propuse terminar la colección de Tarzan antes de fin de año y acá estoy, a un sólo tomo del final.
El Vol.17 trae la conclusión de la saga que empezó en el tomo anterior, la de los lathianos, y sí, para mi sorpresa, los ignotos guionistas se hacen cargo de que Tarzan había sido llevado en submarino a la Polinesia y la aventura culmina con el viaje de vuelta a Africa en el mismo medio de locomoción. ¿Por qué digo “para mi sorpresa”? Porque esa aventura no se diferencia EN NADA de las que transcurren en la jungla donde Tarzan juega de local. La Polinesia de Burne Hogarth está poblada por los mismos animales, la misma vegetación, las mismas tribus nativas y hasta las mismas civilizaciones perdidas que su Africa. En todas partes pasa lo mismo: Tarzan es capturado, se libera, salva a alguien (a veces a sus propios captores) de alguna fiera descontrolada, se gana la confianza de algunos, se erige en líder y pone en marcha la caída de algún rey o dictador, generalmente muy turro.
Lo más gracioso es cómo el puñal de Tarzan aparece y desaparece como por arte de magia. Cada vez que lo capturan y lo atan, le afanan, primero que nada, el arco y las flechas. Y después el puñal, ese que Tarzan suele llevar atado sobre la nalga derecha. En la siguiente secuencia, el rey de los monos se libera de sus ataduras sin la ayuda del puñal, porque se lo chorearon sus captores. A esa secuencia suele seguirle otra de combate entre Tarzan y un león, un tigre o una pantera. Y ahí, cuando el grosso se lanza sobre la (otra) bestia asesina, ¿quién aparece?. El viejo y querido puñal, que se hundirá centelleante en la carne de la fiera enardecida por el hambre, para darle a Tarzan una nueva victoria, que se celebra con un nuevo grito y nuevos golpes en su pecho. Algún día alguien explicará cómo aparecía y desaparecía el puñal. Por ahí Tarzan se lo escondía por adentro del calzoncillo de leopardo, andá a saber.
La segunda aventura que ofrece este tomo, cuyo final queda pendiente para el próximo, trae algo así como una innovación: la aparición de un elemento 100% fantástico como es esa raza de humanoides redondos, los ononoes, súbditos del Rey Molo sin piernas, ni torso, ni genitales. El contraste entre la anatomía perfecta de Tarzan y estas pelotas grotescas, con dientes, cejas y orejas desmesuradas, se pasa un poco de bizarro, pero por lo menos da un respiro después de tantas civilizaciones de pseudo-vikingos, pseudo-árabes, pseudo-chinos y pseudo-aborígenes africanos. Ah, ¿y te acordás de Jane? Parece que Hogarth no, porque hace dos tomos que ni la nombran...
Y acá viene ese párrafo en el que me deshago en elogios para con el dibujo del inmortal Burne, elogios que –si venís siguiendo este blog hace un tiempo- ya te sabés de memoria. Además de todas las maravillas de siempre, esas que se potenciaron hace un par de tomos cuando la grilla de las planchas de Tarzan cambió para permitirle al maestro dibujar menos viñetas por página, ahora hay que sumar una decena de imágenes 100% icónicas. Esas que definen al Tarzan de Hogarth, esas que ilustran los (muchísimos) textos que se han escrito sobre esta historieta. Esas que se te quedan impregnadas en las retinas, esas que si sos dibujante o fan del estilo académico-realista vas a estudiar como si fueran una revelación divina. Belleza, fuerza, elegancia, majestad, dramatismo, emoción... los dibujos de Hogarth transmiten todo eso y mucho más y son –sin dudas- lo que elevaron a clásico a esta serie. Como siempre digo, sólo por esos dibujos, uno se banca sin chistar (o casi) la lectura de estos “guiones”, realmente arduos, muy lejos de las exigencias del viñetófilo del Siglo XXI. Vamos, que falta un sólo tomo!
domingo, 9 de diciembre de 2012
sábado, 8 de diciembre de 2012
08/ 12: 40 CAJONES
Una conocida técnica narrativa, aplicada por cientos de guionistas buenos, mediocres y chotos, consiste en arrancar una historia no donde empieza, sino en su climax, en su punto crítico, ese en el que la tensión dramática llega a su máximo nivel. Si eso no engancha al lector, nada lo hará. Y si lo engancha, siempre habrá tiempo para calzar un flashback que recuente los hechos más relevantes que llevaron a la historia a ese punto crucial, definitivo. En esta obra, originalmente realizada para el mercado italiano, el prolífico guionista uruguayo Rodolfo Santullo elige llevar este recurso al extremo: la historia de 40 Cajones empieza exactamente por el final.
Basada libremente en un capítulo de Drácula, la seminal novela de Bram Stoker, 40 Cajones narra el fatídico viaje de la goleta Demeter, desde Rumania hasta el puerto inglés de Whitby. Y empieza cuando la Demeter ariba a este puerto! Las seis primeras páginas nos muestran la sorpresa y el desconcierto de las autoridades portuarias, ya que la goleta se había dado por perdida semanas atrás. Cuando suben a cubierta se encuentran con un ominoso cuadrúpedo mezcla de perro, lobo y criatura del Averno, que rápidamente se da a la fuga. También encuentran al cadáver del capitán Strogoff y por supuesto, a su bitácora, que narrará con lujo de detalles todo lo sucedido hasta la muerte del capitán.
De ahí en más, sólo la última página nos traerá de regreso al “presente” en el puerto de Whitby. Las 38 páginas restantes funcionan como un extenso flashback en el que el capitán nos narra los padeceres de la tripulación de la Demeter, en un viaje plagado de horror y muerte. O sea que hay un salto al vacío por parte del guionista, ya que va a ocupar casi toda la novela contándonos cómo sucedió lo que los lectores ya sabemos que sucedió. Es obvio que todos los tripulantes van a morir y es obvio que esa criatura infernal tiene mucho que ver con las muertes.
Por suerte, y a pesar de lo complicado del brete en el que se metió, Santullo pilotea (o timonea, en este caso) la historia con oficio, principalmente a partir del manejo de los personajes, a los que logra dotar de humanidad y tridimensionalidad. Esto, combinado con el innegable atractivo del clima (una onda Alien en la que una amenaza cuasi-invisible e invencible se va cargando de a uno a todos los tripulantes de una nave) logran mantener alta la tensión y lograr unas cuantas secuencias impactantes, aunque ninguna pega tanto como la de la llegada de la Demeter al puerto. Santullo se da incluso el lujo de meter flashbacks dentro del flashback! En su bitácora, el capitán rememora cuándo y cómo fue que aceptó la misión de trasladar esos 40 cajones con tierra desde Transilvania a Inglaterra, lo cual funciona muy bien para romper la monotonía que presuponen casi 40 páginas arriba de un barco.
A la hora de buscar dibujante, Santullo no arriesgó en lo más mínimo: le puso todas las fichas a Jok, un dibujante de probada solvencia, al que le encantan las historias de terror y los climas oscuros. El trabajo de Jok es impecable y logra lucirse a pesar de la gran cantidad de páginas con ocho o más cuadritos. Acá hay un tipo que sabe componer la viñeta, cuidar los detalles de la narrativa, prestar atención a la iluminación, a los fondos, al vestuario, a las expresiones faciales. Jok no es un virtuoso: es una máquina de absorber conocimientos, un autor que nunca para de evolucionar ni de sorprender. Lástima la impresión del libro, que nos presenta los colores muy lavados, muy diluídos. Las masas negras (importantes en todo comic de terror) acá son grises, como si faltara un poco de contraste, y eso desluce un poco una faz gráfica impecable. Ojalá haya una segunda edición en la que esto se corrija, o mejor aún, una edición de 40 Cajones en blanco y negro, para que se aprecie aún más el gran dibujo de Jok, vibrante y crepuscular.
Si te gustan los vampiros, o las historias de terror, o sos fan del guionista uruguayo o del dibujante argentino, embarcate en esta aventura truculenta y llena de riesgos que –felizmente- llegan a buen puerto.
Basada libremente en un capítulo de Drácula, la seminal novela de Bram Stoker, 40 Cajones narra el fatídico viaje de la goleta Demeter, desde Rumania hasta el puerto inglés de Whitby. Y empieza cuando la Demeter ariba a este puerto! Las seis primeras páginas nos muestran la sorpresa y el desconcierto de las autoridades portuarias, ya que la goleta se había dado por perdida semanas atrás. Cuando suben a cubierta se encuentran con un ominoso cuadrúpedo mezcla de perro, lobo y criatura del Averno, que rápidamente se da a la fuga. También encuentran al cadáver del capitán Strogoff y por supuesto, a su bitácora, que narrará con lujo de detalles todo lo sucedido hasta la muerte del capitán.
De ahí en más, sólo la última página nos traerá de regreso al “presente” en el puerto de Whitby. Las 38 páginas restantes funcionan como un extenso flashback en el que el capitán nos narra los padeceres de la tripulación de la Demeter, en un viaje plagado de horror y muerte. O sea que hay un salto al vacío por parte del guionista, ya que va a ocupar casi toda la novela contándonos cómo sucedió lo que los lectores ya sabemos que sucedió. Es obvio que todos los tripulantes van a morir y es obvio que esa criatura infernal tiene mucho que ver con las muertes.
Por suerte, y a pesar de lo complicado del brete en el que se metió, Santullo pilotea (o timonea, en este caso) la historia con oficio, principalmente a partir del manejo de los personajes, a los que logra dotar de humanidad y tridimensionalidad. Esto, combinado con el innegable atractivo del clima (una onda Alien en la que una amenaza cuasi-invisible e invencible se va cargando de a uno a todos los tripulantes de una nave) logran mantener alta la tensión y lograr unas cuantas secuencias impactantes, aunque ninguna pega tanto como la de la llegada de la Demeter al puerto. Santullo se da incluso el lujo de meter flashbacks dentro del flashback! En su bitácora, el capitán rememora cuándo y cómo fue que aceptó la misión de trasladar esos 40 cajones con tierra desde Transilvania a Inglaterra, lo cual funciona muy bien para romper la monotonía que presuponen casi 40 páginas arriba de un barco.
A la hora de buscar dibujante, Santullo no arriesgó en lo más mínimo: le puso todas las fichas a Jok, un dibujante de probada solvencia, al que le encantan las historias de terror y los climas oscuros. El trabajo de Jok es impecable y logra lucirse a pesar de la gran cantidad de páginas con ocho o más cuadritos. Acá hay un tipo que sabe componer la viñeta, cuidar los detalles de la narrativa, prestar atención a la iluminación, a los fondos, al vestuario, a las expresiones faciales. Jok no es un virtuoso: es una máquina de absorber conocimientos, un autor que nunca para de evolucionar ni de sorprender. Lástima la impresión del libro, que nos presenta los colores muy lavados, muy diluídos. Las masas negras (importantes en todo comic de terror) acá son grises, como si faltara un poco de contraste, y eso desluce un poco una faz gráfica impecable. Ojalá haya una segunda edición en la que esto se corrija, o mejor aún, una edición de 40 Cajones en blanco y negro, para que se aprecie aún más el gran dibujo de Jok, vibrante y crepuscular.
Si te gustan los vampiros, o las historias de terror, o sos fan del guionista uruguayo o del dibujante argentino, embarcate en esta aventura truculenta y llena de riesgos que –felizmente- llegan a buen puerto.
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viernes, 7 de diciembre de 2012
07/ 12: FRIENDS WITH BOYS
El otro día Mark Kalesniko, ayer Jeff Lemire, hoy Faith Erin Hicks. Sigo coleccionando canadienses talentosos, que saben ponerle su impronta personal a las historias en las que trabajan.
A esta chica oriunda de Halifax ya me la había cruzado en alguna antología, pero era hora de sumergirme en una de sus novelas gráficas más extensas y personales. Friends with Boys (que debería traducirse como “Amiga de los Varones”) fue pensada originalmente para la malograda línea Minx, de DC, esa que ofrecía novelas gráficas en formato chiquito, blanco y negro y con chicas jóvenes como protagonistas. Minx bajó la persiana antes de que Friends with Boys viera la luz, y felizmente First Second la rescató del cajón de los proyectos inéditos de Hicks.
La historia nos cuenta, básicamente, los primeros días en la secundaria de Maggie McKay, una chica que cursó la primaria en su casa, bajo la tutela de su madre, y ahora tiene que –por primera vez- ir a la escuela e interactuar con otra gente, que no son ni sus padres ni sus tres hermanos varones. Esto no sería tan traumático si no fuera porque a) poco después de que Maggie terminó de cursar la primaria su madre se fue, abandonó a su familia y nunca más se supo de ella y b) hay un fantasma en el cementerio más cercano que se le aparece a la jovencita y no la deja en paz.
Varios de estos elementos provienen de la propia biografía de Hicks, quien también tiene tres hermanos varones y cursó la primaria en su casa. Seguramente esas vivencias son las que le permitieron a la autora darle tanta carnadura, tantas aristas tan interesantes a las personalidades de Maggie y sus tres hermanos mayores. Es poco probable que Hicks haya interactuado con fantasmas, e incluso que su padre sea (como el papá de Maggie) el comisario del pueblo en el que creció. Pero todas esas sensaciones y emociones que tienen que ver con su relación con sus hermanos y con el proceso de adaptación a un lugar donde en vez de cuatro chicos hay 400, seguro son el correlato de cosas que la autora experimentó en carne propia.
Además de Maggie, su padre y sus tres hermanos, están muy bien trabajados otros dos personajes: Lucy y Alistair. Y un poquito menos Matt, que vendría a ser algo así como “el villano”. Dentro de ese elenco muy bien desarrollado, sobresale Daniel, el más grande de los McKay, que por momentos amaga con robarle el protagonismo a Maggie de tanta chapa que acumula. Hay conflictos muy humanos, hay mucha comedia, pero además hay una especie de aventura, un misterio a resolver que –obviamente- tiene que ver con el fantasma de esa mujer que atormenta a Maggie. O sea que los chicos, además de cagarse de risa, enamorarse, enojarse o hacerse mala sangre por boludeces y demás gansadas de adolescente, investigan, deducen y –llegado el caso- se juegan el pellejo para desentrañar una trama que tiene que ver con el pasado del pueblo y con la historia de la familia McKay.
No quiero contar más del argumento para no spoilear, pero realmente está muy bien llevado. No sobra ni falta nada. Al dibujo, si bien está muy bueno, le falta un poquito de originalidad. El estilo gráfico de Faith Erin Hicks está bastante pegado al de Bryan Lee O'Malley (otro canadiense muy grosso) y eso se nota mucho. Ojo, también se ve que Hicks se ceba con Jamie Hewlett, con algunas cositas de Michael Avon Oeming, Andi Watson, Paul Pope y Evan Dorkin, por ahí algo de Marc Hempel... Donde se la ve más original y auténtica es cuando aplica los grises con el photoshop. Ahí hay mucho criterio, muchos aciertos y poca deuda con los maestros. Y si bien todavía le falta encontrar una voz más personal, al dibujo de Hicks le sobra solidez, fuerza expresiva y sutileza para captar estados de ánimo, climas, o incluso detalles mínimos del lenguaje gestual y corporal.
Friends with Boys es una muy buena historieta, que banca hasta donde puede el realismo y el costumbrismo, que se mete sin tambalear en un género fantástico y que además es sumamente ganchera para la gente (especialmente chicas adolescentes) que no suele leer comics. Con este trabajo, Faith Erin Hicks queda a milímetros de entrar en la lista de autores imprescindibles, a los que se justifica comprarles absolutamente todo lo que editen. Blame Canada.
A esta chica oriunda de Halifax ya me la había cruzado en alguna antología, pero era hora de sumergirme en una de sus novelas gráficas más extensas y personales. Friends with Boys (que debería traducirse como “Amiga de los Varones”) fue pensada originalmente para la malograda línea Minx, de DC, esa que ofrecía novelas gráficas en formato chiquito, blanco y negro y con chicas jóvenes como protagonistas. Minx bajó la persiana antes de que Friends with Boys viera la luz, y felizmente First Second la rescató del cajón de los proyectos inéditos de Hicks.
La historia nos cuenta, básicamente, los primeros días en la secundaria de Maggie McKay, una chica que cursó la primaria en su casa, bajo la tutela de su madre, y ahora tiene que –por primera vez- ir a la escuela e interactuar con otra gente, que no son ni sus padres ni sus tres hermanos varones. Esto no sería tan traumático si no fuera porque a) poco después de que Maggie terminó de cursar la primaria su madre se fue, abandonó a su familia y nunca más se supo de ella y b) hay un fantasma en el cementerio más cercano que se le aparece a la jovencita y no la deja en paz.
Varios de estos elementos provienen de la propia biografía de Hicks, quien también tiene tres hermanos varones y cursó la primaria en su casa. Seguramente esas vivencias son las que le permitieron a la autora darle tanta carnadura, tantas aristas tan interesantes a las personalidades de Maggie y sus tres hermanos mayores. Es poco probable que Hicks haya interactuado con fantasmas, e incluso que su padre sea (como el papá de Maggie) el comisario del pueblo en el que creció. Pero todas esas sensaciones y emociones que tienen que ver con su relación con sus hermanos y con el proceso de adaptación a un lugar donde en vez de cuatro chicos hay 400, seguro son el correlato de cosas que la autora experimentó en carne propia.
Además de Maggie, su padre y sus tres hermanos, están muy bien trabajados otros dos personajes: Lucy y Alistair. Y un poquito menos Matt, que vendría a ser algo así como “el villano”. Dentro de ese elenco muy bien desarrollado, sobresale Daniel, el más grande de los McKay, que por momentos amaga con robarle el protagonismo a Maggie de tanta chapa que acumula. Hay conflictos muy humanos, hay mucha comedia, pero además hay una especie de aventura, un misterio a resolver que –obviamente- tiene que ver con el fantasma de esa mujer que atormenta a Maggie. O sea que los chicos, además de cagarse de risa, enamorarse, enojarse o hacerse mala sangre por boludeces y demás gansadas de adolescente, investigan, deducen y –llegado el caso- se juegan el pellejo para desentrañar una trama que tiene que ver con el pasado del pueblo y con la historia de la familia McKay.
No quiero contar más del argumento para no spoilear, pero realmente está muy bien llevado. No sobra ni falta nada. Al dibujo, si bien está muy bueno, le falta un poquito de originalidad. El estilo gráfico de Faith Erin Hicks está bastante pegado al de Bryan Lee O'Malley (otro canadiense muy grosso) y eso se nota mucho. Ojo, también se ve que Hicks se ceba con Jamie Hewlett, con algunas cositas de Michael Avon Oeming, Andi Watson, Paul Pope y Evan Dorkin, por ahí algo de Marc Hempel... Donde se la ve más original y auténtica es cuando aplica los grises con el photoshop. Ahí hay mucho criterio, muchos aciertos y poca deuda con los maestros. Y si bien todavía le falta encontrar una voz más personal, al dibujo de Hicks le sobra solidez, fuerza expresiva y sutileza para captar estados de ánimo, climas, o incluso detalles mínimos del lenguaje gestual y corporal.
Friends with Boys es una muy buena historieta, que banca hasta donde puede el realismo y el costumbrismo, que se mete sin tambalear en un género fantástico y que además es sumamente ganchera para la gente (especialmente chicas adolescentes) que no suele leer comics. Con este trabajo, Faith Erin Hicks queda a milímetros de entrar en la lista de autores imprescindibles, a los que se justifica comprarles absolutamente todo lo que editen. Blame Canada.
jueves, 6 de diciembre de 2012
06/ 12: ANIMAL MAN Vol.1
Mi segundo TPB de los New 52 y se repiten dos elementos respecto del anterior: 1) otra vez escribe Jeff Lemire y 2) otra vez la lectura me deja gusto a poco. A ver... Animal Man no es choto, ni mucho menos. Al lado de otros títulos de los New 52, esto es Watchmen. Y aún así, le encuentro varios problemas.
En primer lugar, la extensión. Casi 130 páginas para contarnos quién es Buddy Baker, cómo está compuesta su familia, algo de su historia, un poquito de indagación en sus motivaciones y sí, una aventura intensa, con bastante machaca, truculencia y escenas muy impactantes, que no son otra cosa más que un prólogo a una saga grossa que acá no está. Ni bien la aventura se encamina, ni bien los personajes empiezan a entender mínimamente a qué se tienen que enfrentar, Lemire nos aclara a) que Buddy no va a poder solo y b) que ese combate definitivo se va a dar más adelante. Con eso reduce toda la tensión dramática de este tomo a un mero foreplay, a un jugueteo previo, lo cual obviamente le resta trascendencia al peligro que viven Buddy y su familia.
En segundo lugar, ¿cuál era la necesidad de arrancar la primera saga planteando el crossover con Swamp Thing? ¿No era más piola dejar que Buddy desarrollara más chapa propia, conflictos propios, victorias propias? No. Para ganarle al Rot va a ser imprescindible el team-up con Swampy, que veremos (creo) en los Vol.2 de ambas series.
Tercero, okey, es un reboot. La historia vuelve a empezar de cero, todo tiene que ser accesible para los nuevos lectores y demás. ¿Y los que leímos lo anterior de Animal Man? A comerla. Nos tenemos que fumar DE NUEVO el plot de los poderes de Maxine (con cambios ínfimos, cuasi impercetibles) que ya había desarrollado Jamie Delano hace 20 años. Y hablando de ideas recicladas de la época en la que estos títulos tenían menos éxito que un Silver Solarium en Nigeria, la trama de “The Rot” se presenta idéntica a la de Matango y el Gris, un concepto que introdujo Stephen Bissette en un anual de Swamp Thing allá por 1988 y luego desarrolló a pleno Doug Wheeler en la revista del Elemental del Verde uno o dos años después. Y sin crossover con Animal Man.
Entre una cosa y otra, tenemos una historia que avanza muuuy lento y por carriles que –para los que leíamos estas series a principios de los ´90- son absolutamente predecibles. Por ahí a la hora de los bifes, Lemire (o Scott Snyder, el guionista de Swamp Thing) pega un volantazo y cambia todo. Hasta ahora, es un permamente déja vu, que se hace soportable sólo porque hay buenos diálogos, buena caracterización y bastante acción.
El dibujo de Travel Foreman es muy raro. Tiene secuencias enteras donde se notan a 15 cuadras las fotos mínimamente retocadas y momentos en los que explota con secuencias jugadísimas, muy originales, con un grado de imaginación increíble. Muchas de esas escenas están logradas con lápiz sin entintar, reventado en el photoshop y probablemente coincidan con las páginas en las que mete mano Steve Pugh, un grosso de aquellos, que dibujó a Animal Man en la época en que escribía Delano. El color no es gran cosa. De hecho, uno de los grandes hallazgos a nivel visual que ofrece este tomo es esa secuencia publicada en blanco, negro, grises y alguna mancha roja. La cosa oscila, entonces, entre las enésimas aventuras de Juan Carlos Flicker (con angulaciones muy piolas y demás, pero muy pendiente de la foto) y momentos zarpados, con monstruos grotescos, gore y elementos fantásticos que no se pueden chorear de ninguna foto. Ah, y el episodio en el que nos obsequian 17 páginas de John Paul Leon aporta poco a nivel argumental, pero es una golosina deliciosa para los ojos.
Veremos cómo evoluciona esta serie. Le doy un TPB más para resolver la saga de The Rot, a ver qué pela Lemire. Hasta ahora viene conservador, pecho frío, apostando siempre sobre seguro. Lo quiero ver poner toda la carne al asador (carne es lo que sobra en este comic) y agarrar para el lado que a mí más me interesa, que es el de un superhéroe que milita activamente por los derechos de los animales. Hasta Grant Morrison, al que obviamente le interesaba explorar otras cosas con Animal Man, logró grandes historias cuando enfiló para ese lado. A ver si Lemire se la banca. Espero que sí.
En primer lugar, la extensión. Casi 130 páginas para contarnos quién es Buddy Baker, cómo está compuesta su familia, algo de su historia, un poquito de indagación en sus motivaciones y sí, una aventura intensa, con bastante machaca, truculencia y escenas muy impactantes, que no son otra cosa más que un prólogo a una saga grossa que acá no está. Ni bien la aventura se encamina, ni bien los personajes empiezan a entender mínimamente a qué se tienen que enfrentar, Lemire nos aclara a) que Buddy no va a poder solo y b) que ese combate definitivo se va a dar más adelante. Con eso reduce toda la tensión dramática de este tomo a un mero foreplay, a un jugueteo previo, lo cual obviamente le resta trascendencia al peligro que viven Buddy y su familia.
En segundo lugar, ¿cuál era la necesidad de arrancar la primera saga planteando el crossover con Swamp Thing? ¿No era más piola dejar que Buddy desarrollara más chapa propia, conflictos propios, victorias propias? No. Para ganarle al Rot va a ser imprescindible el team-up con Swampy, que veremos (creo) en los Vol.2 de ambas series.
Tercero, okey, es un reboot. La historia vuelve a empezar de cero, todo tiene que ser accesible para los nuevos lectores y demás. ¿Y los que leímos lo anterior de Animal Man? A comerla. Nos tenemos que fumar DE NUEVO el plot de los poderes de Maxine (con cambios ínfimos, cuasi impercetibles) que ya había desarrollado Jamie Delano hace 20 años. Y hablando de ideas recicladas de la época en la que estos títulos tenían menos éxito que un Silver Solarium en Nigeria, la trama de “The Rot” se presenta idéntica a la de Matango y el Gris, un concepto que introdujo Stephen Bissette en un anual de Swamp Thing allá por 1988 y luego desarrolló a pleno Doug Wheeler en la revista del Elemental del Verde uno o dos años después. Y sin crossover con Animal Man.
Entre una cosa y otra, tenemos una historia que avanza muuuy lento y por carriles que –para los que leíamos estas series a principios de los ´90- son absolutamente predecibles. Por ahí a la hora de los bifes, Lemire (o Scott Snyder, el guionista de Swamp Thing) pega un volantazo y cambia todo. Hasta ahora, es un permamente déja vu, que se hace soportable sólo porque hay buenos diálogos, buena caracterización y bastante acción.
El dibujo de Travel Foreman es muy raro. Tiene secuencias enteras donde se notan a 15 cuadras las fotos mínimamente retocadas y momentos en los que explota con secuencias jugadísimas, muy originales, con un grado de imaginación increíble. Muchas de esas escenas están logradas con lápiz sin entintar, reventado en el photoshop y probablemente coincidan con las páginas en las que mete mano Steve Pugh, un grosso de aquellos, que dibujó a Animal Man en la época en que escribía Delano. El color no es gran cosa. De hecho, uno de los grandes hallazgos a nivel visual que ofrece este tomo es esa secuencia publicada en blanco, negro, grises y alguna mancha roja. La cosa oscila, entonces, entre las enésimas aventuras de Juan Carlos Flicker (con angulaciones muy piolas y demás, pero muy pendiente de la foto) y momentos zarpados, con monstruos grotescos, gore y elementos fantásticos que no se pueden chorear de ninguna foto. Ah, y el episodio en el que nos obsequian 17 páginas de John Paul Leon aporta poco a nivel argumental, pero es una golosina deliciosa para los ojos.
Veremos cómo evoluciona esta serie. Le doy un TPB más para resolver la saga de The Rot, a ver qué pela Lemire. Hasta ahora viene conservador, pecho frío, apostando siempre sobre seguro. Lo quiero ver poner toda la carne al asador (carne es lo que sobra en este comic) y agarrar para el lado que a mí más me interesa, que es el de un superhéroe que milita activamente por los derechos de los animales. Hasta Grant Morrison, al que obviamente le interesaba explorar otras cosas con Animal Man, logró grandes historias cuando enfiló para ese lado. A ver si Lemire se la banca. Espero que sí.
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miércoles, 5 de diciembre de 2012
05/ 12: TRES SOMBRAS
Era inevitable. Tantos amigos y colegas me hablaron bien de Cyril Pedrosa que en algún momento iba a terminar internado en alguna de sus obras. Me quemaron la gorra mucho, durante mucho tiempo, y aún así creo que no estaba preparado para tanta magia.
La historia de Pedrosa no es muy original: un dibujante entrenado y curtido en las lides de la animación que un día decide probar suerte en la historieta y la rompe. Hasta ahí, es un cuento muy repetido. Lo distinto, lo impredecible, lo inexplicable, es el virtuosismo de este francés que cumplió hace poquitos días los 40 años. Pedrosa viene de la factoría Disney y le sobra el oficio para dibujar en esa onda amistosa, sencilla, en un punto careta. El tema es todo lo demás que esta bestia sabe hacer. En Tres Sombras, Pedrosa opta por el blanco y negro y muestra su dominio apabullante de todas las técnicas que se pueden explorar en blanco y negro: lápiz sin entintar, tinta, plumín, pincel seco, carbonilla, hojas negras raspadas con gilette, texturas logradas con esponjas y cepillos... todo vale para ponerle imágenes a esta historia. Por momentos, el dibujo es tan, pero tan alucinante, que el guión pasa completamente a un segundo plano.
Es increíble cómo un tipo tan, pero tan dotado para el dibujo, se aviene a contar algo, a poner todo ese talento desmesurado al servicio de un relato, en vez de simplemente dibujar. Pero bueno, si cuenta historias Lorenzo Mattotti, si contaba historias el Viejo Breccia, quiere decir que estas tienen una magia a la que no se pueden resistir ni siquiera las máximas deidades del lápiz y el pincel.
Con ese trazo fantástico, versátil, fresco, atento a los climas y a los detalles, Pedrosa se embarca en una extensa aventura de casi 270 páginas. Que se leen como si fueran 100, porque la narrativa está muy descomprimida y el autor elige ser muy escueto a la hora de los textos. Tres Sombras es la historia de Louis, un padre dispuesto a todo con tal de salvar a su hijo Joachim de un peligro fatal. Es un hombre que decide hacer todos los sacrificios que hagan falta para enfrentar, para torcer a un destino siniestro que amenaza, ominoso, el futuro de su hijito. No quiero dar ninguna precisión acerca del guión, porque me parece que se disfruta mil veces más si uno no tiene la menor idea de qué puede pasar ni por qué. Digamos simplemente que si la querés leer como una “de aventuras” también se la banca, si bien tiene un mensaje, un trasfondo infinitamente más profundo, más trascendental.
El clima de Tres Sombras rápidamente te atrapa, te envuelve, te intoxica. Cuando te querés dar cuenta, estás adentro de esta fábula alucinante y vivís y sufrís y te reís con Louis y Joachim, que son los personajes mejor trabajados dentro de un elenco en el que abundan los hallazgos. La historia avanza con un ritmo impecable hacia un final totalmente impredecible, impactante, conmovedor. Si esto no te pega, si no te sensibiliza, si no te deja boquiabierto aunque sea 15 segundos, difícilmente pertenezcas a la raza humana. Estamos ante una Historieta Perfecta, un torbellino de talento puesto al servicio de un relato cautivante y emotivo, imposible de olvidar. Repito algo que ya dije: Pedrosa es un dibujante imbatible, un genio, un monstruo, un poeta del lápiz, el pincel y la carbonilla. Y aún así, eligió poner su dibujo al servicio de una historia. Una historia que, felizmente, le hizo justicia a tanta maravilla visual. Cyril Pedrosa, amigo viñetófilo. Otro autor al que conviene seguir hasta las entrañas mismas del Averno...
La historia de Pedrosa no es muy original: un dibujante entrenado y curtido en las lides de la animación que un día decide probar suerte en la historieta y la rompe. Hasta ahí, es un cuento muy repetido. Lo distinto, lo impredecible, lo inexplicable, es el virtuosismo de este francés que cumplió hace poquitos días los 40 años. Pedrosa viene de la factoría Disney y le sobra el oficio para dibujar en esa onda amistosa, sencilla, en un punto careta. El tema es todo lo demás que esta bestia sabe hacer. En Tres Sombras, Pedrosa opta por el blanco y negro y muestra su dominio apabullante de todas las técnicas que se pueden explorar en blanco y negro: lápiz sin entintar, tinta, plumín, pincel seco, carbonilla, hojas negras raspadas con gilette, texturas logradas con esponjas y cepillos... todo vale para ponerle imágenes a esta historia. Por momentos, el dibujo es tan, pero tan alucinante, que el guión pasa completamente a un segundo plano.
Es increíble cómo un tipo tan, pero tan dotado para el dibujo, se aviene a contar algo, a poner todo ese talento desmesurado al servicio de un relato, en vez de simplemente dibujar. Pero bueno, si cuenta historias Lorenzo Mattotti, si contaba historias el Viejo Breccia, quiere decir que estas tienen una magia a la que no se pueden resistir ni siquiera las máximas deidades del lápiz y el pincel.
Con ese trazo fantástico, versátil, fresco, atento a los climas y a los detalles, Pedrosa se embarca en una extensa aventura de casi 270 páginas. Que se leen como si fueran 100, porque la narrativa está muy descomprimida y el autor elige ser muy escueto a la hora de los textos. Tres Sombras es la historia de Louis, un padre dispuesto a todo con tal de salvar a su hijo Joachim de un peligro fatal. Es un hombre que decide hacer todos los sacrificios que hagan falta para enfrentar, para torcer a un destino siniestro que amenaza, ominoso, el futuro de su hijito. No quiero dar ninguna precisión acerca del guión, porque me parece que se disfruta mil veces más si uno no tiene la menor idea de qué puede pasar ni por qué. Digamos simplemente que si la querés leer como una “de aventuras” también se la banca, si bien tiene un mensaje, un trasfondo infinitamente más profundo, más trascendental.
El clima de Tres Sombras rápidamente te atrapa, te envuelve, te intoxica. Cuando te querés dar cuenta, estás adentro de esta fábula alucinante y vivís y sufrís y te reís con Louis y Joachim, que son los personajes mejor trabajados dentro de un elenco en el que abundan los hallazgos. La historia avanza con un ritmo impecable hacia un final totalmente impredecible, impactante, conmovedor. Si esto no te pega, si no te sensibiliza, si no te deja boquiabierto aunque sea 15 segundos, difícilmente pertenezcas a la raza humana. Estamos ante una Historieta Perfecta, un torbellino de talento puesto al servicio de un relato cautivante y emotivo, imposible de olvidar. Repito algo que ya dije: Pedrosa es un dibujante imbatible, un genio, un monstruo, un poeta del lápiz, el pincel y la carbonilla. Y aún así, eligió poner su dibujo al servicio de una historia. Una historia que, felizmente, le hizo justicia a tanta maravilla visual. Cyril Pedrosa, amigo viñetófilo. Otro autor al que conviene seguir hasta las entrañas mismas del Averno...
martes, 4 de diciembre de 2012
04/ 12: WOLVERINE/ NICK FURY: SCORPIO
Este libro reúne dos novelas gráficas y un prestige, originalmente publicados entre 1989 y 1994 y con un elemento en común: en las tres historias se cruzan el mutante canadiense y el capo de SHIELD. Y realmente, eso es lo UNICO que tienen en común. Veamos:
Arrancamos con Wolverine/ Nick Fury: The Scorpio Connection, la graphic novel en la que debuta el nuevo Scorpio, Mikel Fury, quien parece ser sobrino del viejo Nick, pero en realidad... no te lo puedo contar. El guión de Archie Goodwin es potente, con muchos momentos de alto impacto, una vuelta de tuerca muy grossa sobre el final, muchos diálogos de gran nivel y unos bloques de texto de lujo, de los que no abundan en los comics de tiros, trompadas y garras de adamantium. Sin ser una joya imprescindible, es definitivamente un muy buen guión.
Que empalidece por completo frente a la faz gráfica, en la que nos encontramos con el maestro Howard Chaykin prendido fuego, en el que seguramente debe ser su mejor trabajo para Marvel. En equipo con el glorioso colorista Richard Ory, Chaykin detona su mejor arsenal a la hora de darle imágenes a los textos de Goodwin. Se nota un cachito que no le gusta tanto dibujar a Wolverine (sobre todo enmascarado), pero ese Fury es quintaesencial, casi tan definitivo como el de Jim Steranko. Sólo por lo que dibuja Chaykin en esas 62 páginas, se justifica todo el libro.
Después tenemos Bloody Choices, otra graphic novel, pero del ´91, escrita por Tom DeFalco y dibujada por otro grande, John Buscema. Lamentablemente, este prócer tiene menos suerte con los coloristas: le toca Gregory Wright, quien se vuelca hacia una paleta sombría, llena de marrones y grises, que a veces se empastan y deslucen el dibujo. No sé si es uno de los mejores trabajos de Buscema. Por ahí no. Pero seguro que en blanco y negro se vería mucho mejor.
El guión de DeFalco no tiene nada que ver con la saga de Scorpio. Están Wolvie y Fury y de hecho se cruzan más feo que en las otras historias, pero la cosa va por otro lado. Este es el típico guión sórdido, oscuro, repleto de desesperanza y de excusas para que los héroes se saquen y empiecen a actuar como los villanos. No es ni bueno ni malo, es simplemente producto de una época muy marcada en la que se confundía a la madurez con la sangre, la violencia y la crueldad.
Y hablando de épocas, Wolverine/ Nick Fury: Scorpio Rising es de 1994, una de las peores épocas de la historia de Marvel, en la que –salvo honrosas excepciones, como el Hulk de Peter David- toda la línea editorial despedía hedores nauseabundos, dignos de una cripta lovecraftiana. En ese contexto aparece este guión de Howard Chaykin simplón, por momentos burdo, en el que Wolverine podría tranquilamente no estar, ya que con un héroe sobraba y todo lo importante que pasa, le pasa a Scorpio. Está claro que esto iba a vender mejor si se lo mostraba como una secuela a The Scorpio Connection y por eso está ahí Logan, esta vez con su traje amarillo con las hombreras de metal, esa cosa asquerosa cuyo diseñador merece morir en cana.
El dibujo cayó en manos de Shawn McManus, en el peor momento, en ese breve período en que este excelente dibujante se había pasado al lado oscuro de la Fuerza y se zarpaba dibujando esos cuerpos deformes, pasados de esteroides, con músculos imposibles, y esas caras aún más deformes, llenas de rayitas espantosas al estilo Rob Liefeld, dientitos apretados, crosshatchings innecesarios en los pómulos... una abominación, una cosa realmente desagradable. Lo único redimible es que, a diferencia de Liefeld y sus simios amaestrados, McManus no falla en la narrativa. Y si Buscema tuvo mala suerte con el colorista, pobre McManus, fue sumergido en una pileta con meo de todas las especies caninas del planeta. Lo que hace Gloria Vazquez en estas páginas no tiene ninguna explicación racional excepto “tuve que colorear las 46 páginas en un fin de semana en el que me la pasé borracha, drogada y enfiestada con tres chongos del Golden, dos travas, un burro y un enano”. Posta, la cantidad de errores y tiradas a chanta que se ven en el color de este comic es realmente un bochorno.
En fin, te recomiendo esto si sos muy fan de Wolverine, o de Fury, o (como yo) de Chaykin. O si querés ver cómo el grim´n gritty de fines de los ´80 y principios de los ´90 a veces funciona bárbaro y a veces se cae a pedazos.
Arrancamos con Wolverine/ Nick Fury: The Scorpio Connection, la graphic novel en la que debuta el nuevo Scorpio, Mikel Fury, quien parece ser sobrino del viejo Nick, pero en realidad... no te lo puedo contar. El guión de Archie Goodwin es potente, con muchos momentos de alto impacto, una vuelta de tuerca muy grossa sobre el final, muchos diálogos de gran nivel y unos bloques de texto de lujo, de los que no abundan en los comics de tiros, trompadas y garras de adamantium. Sin ser una joya imprescindible, es definitivamente un muy buen guión.
Que empalidece por completo frente a la faz gráfica, en la que nos encontramos con el maestro Howard Chaykin prendido fuego, en el que seguramente debe ser su mejor trabajo para Marvel. En equipo con el glorioso colorista Richard Ory, Chaykin detona su mejor arsenal a la hora de darle imágenes a los textos de Goodwin. Se nota un cachito que no le gusta tanto dibujar a Wolverine (sobre todo enmascarado), pero ese Fury es quintaesencial, casi tan definitivo como el de Jim Steranko. Sólo por lo que dibuja Chaykin en esas 62 páginas, se justifica todo el libro.
Después tenemos Bloody Choices, otra graphic novel, pero del ´91, escrita por Tom DeFalco y dibujada por otro grande, John Buscema. Lamentablemente, este prócer tiene menos suerte con los coloristas: le toca Gregory Wright, quien se vuelca hacia una paleta sombría, llena de marrones y grises, que a veces se empastan y deslucen el dibujo. No sé si es uno de los mejores trabajos de Buscema. Por ahí no. Pero seguro que en blanco y negro se vería mucho mejor.
El guión de DeFalco no tiene nada que ver con la saga de Scorpio. Están Wolvie y Fury y de hecho se cruzan más feo que en las otras historias, pero la cosa va por otro lado. Este es el típico guión sórdido, oscuro, repleto de desesperanza y de excusas para que los héroes se saquen y empiecen a actuar como los villanos. No es ni bueno ni malo, es simplemente producto de una época muy marcada en la que se confundía a la madurez con la sangre, la violencia y la crueldad.
Y hablando de épocas, Wolverine/ Nick Fury: Scorpio Rising es de 1994, una de las peores épocas de la historia de Marvel, en la que –salvo honrosas excepciones, como el Hulk de Peter David- toda la línea editorial despedía hedores nauseabundos, dignos de una cripta lovecraftiana. En ese contexto aparece este guión de Howard Chaykin simplón, por momentos burdo, en el que Wolverine podría tranquilamente no estar, ya que con un héroe sobraba y todo lo importante que pasa, le pasa a Scorpio. Está claro que esto iba a vender mejor si se lo mostraba como una secuela a The Scorpio Connection y por eso está ahí Logan, esta vez con su traje amarillo con las hombreras de metal, esa cosa asquerosa cuyo diseñador merece morir en cana.
El dibujo cayó en manos de Shawn McManus, en el peor momento, en ese breve período en que este excelente dibujante se había pasado al lado oscuro de la Fuerza y se zarpaba dibujando esos cuerpos deformes, pasados de esteroides, con músculos imposibles, y esas caras aún más deformes, llenas de rayitas espantosas al estilo Rob Liefeld, dientitos apretados, crosshatchings innecesarios en los pómulos... una abominación, una cosa realmente desagradable. Lo único redimible es que, a diferencia de Liefeld y sus simios amaestrados, McManus no falla en la narrativa. Y si Buscema tuvo mala suerte con el colorista, pobre McManus, fue sumergido en una pileta con meo de todas las especies caninas del planeta. Lo que hace Gloria Vazquez en estas páginas no tiene ninguna explicación racional excepto “tuve que colorear las 46 páginas en un fin de semana en el que me la pasé borracha, drogada y enfiestada con tres chongos del Golden, dos travas, un burro y un enano”. Posta, la cantidad de errores y tiradas a chanta que se ven en el color de este comic es realmente un bochorno.
En fin, te recomiendo esto si sos muy fan de Wolverine, o de Fury, o (como yo) de Chaykin. O si querés ver cómo el grim´n gritty de fines de los ´80 y principios de los ´90 a veces funciona bárbaro y a veces se cae a pedazos.
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Howard Chaykin,
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Nick Fury,
Wolverine
lunes, 3 de diciembre de 2012
03/ 12: EL SECRETO DEL UNICORNIO
Difícil releer esta historieta después de haber visto la peli de Tintín de Steven Spielberg, pero bueno, vamos a intentarlo.
Esta es una historia rara. Se trata del undécimo álbum de la serie, originalmente publicado entre 1942 y 1943 en un diario, a razón de una página por día y en blanco y negro. Hergé coloreó la historieta para la edición en libro (también del ´43) pero se resistió a modificar los dibujos, que tienen una diferencia importante con otros tomos de Tintín. Al estar hecha de a una página por día, El Secreto del Unicornio es una historieta bastante mezquina en uno de los aspectos más notorios del estilo de Hergé, que son esos fondos laburadísimos. Acá, en cambio, los fondos escasean como los artistas en los eventos que organiza Muñones. Bueno, no tanto. Hay algunos, que están muy bien, y se hace bastante conspicua la ausencia de otros.
También llaman la atención algunos globos de diálogo inmensos, interminables, en los que los personajes se mandan unos monólogos larguísimos mientras sus cabecitas aparecen chiquititas, en el rinconcito de la viñeta que no está ocupado por el texto. Esto es raro en Hergé, no se ve en los otros álbumes. Acá sospecho que tuvo algún problema con la planificación de la obra, porque sobre las últimas páginas empiezan a proliferar estos choclos de texto en los que –sin motivo aparente- el señor Pájaro (Loiseau, en el original) le explica minuciosamente a Tintín miles de cosas importantes (y no tanto) para la trama que ni el protagonista ni los lectores tenían forma de deducir. Pájaro es lo más parecido a un villano que tiene la historia y cuando llega esta escena ya está arrestado y bajo custodia (de dos ineptos como Hernández y Fernández, pero bueno, es lo que hay). ¿Qué lo motiva a explicar todo eso? ¿Qué gana avivando a Tintín de cómo viene la mano con los barcos, los pergaminos y demás? No tiene lógica. Se nota demasiado que Pájaro no le está hablando a Tintín, sino a los lectores que seguían (seguíamos) perplejos una trama por momentos un poquito rebuscada.
Por suerte, eso es lo único que no tiene lógica. Acá Tintín no cambia de país ni de idioma, no vence él sólo a una banda de matones armados, no se enfrenta a animales salvajes (le sueltan un gran danés, pero corre)... Zafa, por supuesto, de varios peligros, pero dentro de un contexto más o menos verosímil. En ese mismo contexto, no hacen demasiado ruido los gags (generalmente a cargo de Milú o de los gemelos detectives), creo que porque están bien intercalados. A diferencia de los álbumes anteriores, este tiene el protagonismo mucho más repartido entre Tintín y el Capitán Haddock, que se come entre 16 y 17 páginas con la historia de su antepasado, que resulta clave para entender el misterio del Unicornio y además le permite a Hergé dibujar las mejores escenas de acción que tiene el tomo. Y hablando de secundarios, es importante mencionar que acá hacen su primera aparición el mayordomo Néstor y la mansión de Moulinsart.
Si bien no está exenta de algunos problemas, El Secreto del Unicornio tiene méritos para ser el álbum más vendido de la historia de Tintín. Acá el maestro Hergé muestra ambición, hambre de gloria, ganas de ampliar el espectro de la serie. Mucho de lo más importante se resolverá en el álbum siguiente (El Tesoro de Rackham el Rojo, que no se entiende una chota sin haber leído antes El Secreto...) y aún así, el final de este álbum resulta plenamente satisfactorio. La versión fílmica se parece bastante poco a la historieta: toma la base del argumento y algunos elementos puntuales, pero los mezcla a piaccere con material de otros álbumes. Los puristas se desgarrarán las vestiduras y a otros nos reconfortará pensar que la peli seguramente servirá para que mucha gente entre por ese lado a las aventuras de Tintín, y a este álbum en particular. El sólo hecho de que una historieta escrita hace 70 años conserve algún tipo de atractivo para los lectores de hoy, habla con elocuencia de la chapa y la vigencia de esta obra.
Esta es una historia rara. Se trata del undécimo álbum de la serie, originalmente publicado entre 1942 y 1943 en un diario, a razón de una página por día y en blanco y negro. Hergé coloreó la historieta para la edición en libro (también del ´43) pero se resistió a modificar los dibujos, que tienen una diferencia importante con otros tomos de Tintín. Al estar hecha de a una página por día, El Secreto del Unicornio es una historieta bastante mezquina en uno de los aspectos más notorios del estilo de Hergé, que son esos fondos laburadísimos. Acá, en cambio, los fondos escasean como los artistas en los eventos que organiza Muñones. Bueno, no tanto. Hay algunos, que están muy bien, y se hace bastante conspicua la ausencia de otros.
También llaman la atención algunos globos de diálogo inmensos, interminables, en los que los personajes se mandan unos monólogos larguísimos mientras sus cabecitas aparecen chiquititas, en el rinconcito de la viñeta que no está ocupado por el texto. Esto es raro en Hergé, no se ve en los otros álbumes. Acá sospecho que tuvo algún problema con la planificación de la obra, porque sobre las últimas páginas empiezan a proliferar estos choclos de texto en los que –sin motivo aparente- el señor Pájaro (Loiseau, en el original) le explica minuciosamente a Tintín miles de cosas importantes (y no tanto) para la trama que ni el protagonista ni los lectores tenían forma de deducir. Pájaro es lo más parecido a un villano que tiene la historia y cuando llega esta escena ya está arrestado y bajo custodia (de dos ineptos como Hernández y Fernández, pero bueno, es lo que hay). ¿Qué lo motiva a explicar todo eso? ¿Qué gana avivando a Tintín de cómo viene la mano con los barcos, los pergaminos y demás? No tiene lógica. Se nota demasiado que Pájaro no le está hablando a Tintín, sino a los lectores que seguían (seguíamos) perplejos una trama por momentos un poquito rebuscada.
Por suerte, eso es lo único que no tiene lógica. Acá Tintín no cambia de país ni de idioma, no vence él sólo a una banda de matones armados, no se enfrenta a animales salvajes (le sueltan un gran danés, pero corre)... Zafa, por supuesto, de varios peligros, pero dentro de un contexto más o menos verosímil. En ese mismo contexto, no hacen demasiado ruido los gags (generalmente a cargo de Milú o de los gemelos detectives), creo que porque están bien intercalados. A diferencia de los álbumes anteriores, este tiene el protagonismo mucho más repartido entre Tintín y el Capitán Haddock, que se come entre 16 y 17 páginas con la historia de su antepasado, que resulta clave para entender el misterio del Unicornio y además le permite a Hergé dibujar las mejores escenas de acción que tiene el tomo. Y hablando de secundarios, es importante mencionar que acá hacen su primera aparición el mayordomo Néstor y la mansión de Moulinsart.
Si bien no está exenta de algunos problemas, El Secreto del Unicornio tiene méritos para ser el álbum más vendido de la historia de Tintín. Acá el maestro Hergé muestra ambición, hambre de gloria, ganas de ampliar el espectro de la serie. Mucho de lo más importante se resolverá en el álbum siguiente (El Tesoro de Rackham el Rojo, que no se entiende una chota sin haber leído antes El Secreto...) y aún así, el final de este álbum resulta plenamente satisfactorio. La versión fílmica se parece bastante poco a la historieta: toma la base del argumento y algunos elementos puntuales, pero los mezcla a piaccere con material de otros álbumes. Los puristas se desgarrarán las vestiduras y a otros nos reconfortará pensar que la peli seguramente servirá para que mucha gente entre por ese lado a las aventuras de Tintín, y a este álbum en particular. El sólo hecho de que una historieta escrita hace 70 años conserve algún tipo de atractivo para los lectores de hoy, habla con elocuencia de la chapa y la vigencia de esta obra.
domingo, 2 de diciembre de 2012
02/ 12: LIQUIDACION DE FIN DE TEMPORADA
El domingo pasado di por finali-
zada la temporada de eventos. Ya está, ya no viajo más a ninguno hasta Marzo o Abril de 2013. El año que se está por termi-
nar me vio recorrer miles y miles de kilómetros para participar de ferias, convenciones y festivales y esta es una breve síntesis de lo que sucedió:
A fines de Marzo supuestamente se hacía de nuevo el Encuentro del Humor y la Historieta en Lobos. Inexplicablemente, el evento arrancaba un viernes a la mañana y el lunes a la noche nos dijeron “no vengan, no se hace”. Al final se hizo en Octubre, pero yo estaba en otro lado, así que no pude ir.
O sea que mi debut posta este año fue en Montevideo Comics, en Mayo. La venta fue buena, me divertí mucho con un montón de amigos, conocí al maestro Alfonso Azpiri (y a Nacho Alcuri!)... pero todo en el marco de un evento muy pobre, un circo freak sobredimensionado, copado por los cosplayers (no entiendo por qué no se llama “Montevideo Cosplay”), con entradas muy caras y muy poca historieta.
En Junio mejoramos notablemente la puntería con Lima Comics, en la capital de Perú, donde la propuesta –si bien era amplia y excedía por mucho al palo netamente comiquero- estaba mucho más cuidada. Ahí la venta fue excelente y además de reencontrarme con amigos de siempre, conocí a un montón de gente nueva y alucinante.
En Agosto tuvimos un nuevo Crack Bang Boom, por ahí con menos figuras rutilantes que en años anteriores, pero con una organización cada vez más aceitada, más profesional, más acorde con la magnitud que –merecidamente- cobró el gran evento con sede en Rosario. Esta vez vino más gente que nunca y –de nuevo- la venta fue tan espectacular como la onda que se generó con fans, expositores e invitados.
En Septiembre festejé el Día de la Historieta en Mar del Plata, invitado al evento Historieta a Toda Costa, una movida 100% cultural, sin stands ni cosplay, ni nada. Simplemente una muestra de la San Puta, talleres y un montón de charlas con un elenco impresionante de grandes autores argentinos. Una sorpresa gratísima.
En Octubre rompí el chanchito y me fui a la New York Comic Con, después de 12 años de no visitar EEUU. Acerca de ese evento escribí bastante acá en el blog, así que no vamos a ahondar en el tema.
Noviembre empezó con una nueva edición de Unicomix, en Mendo-
za, un evento que buscaba recuperarse de una edición 2011 plagada de problemas. Y cómo se recuperó! Integrado a una feria del libro en un centro cultural majestuoso, el Unicomix salió perfecto. Los invitados la pasamos bárbaro, la venta en los stands fue excelente y la onda de la gente, inmejorable.
Poquitos días después, me tocó ir a poner stand (y a dar una charla) a la Feria del Libro de Santiago del Estero. Acá rescato más que nada la onda y el empeño de los organizadores, porque la feria era... del montón, y las ventas estuvieron por debajo de lo esperado. Nos tocaron días de un calor asesino, un temporal que casi destruye las carpas en las que estaba montada la feria... hubo que remar muy de atrás.
Y terminé el finde pasado en la San Luis Comic Con, un evento MUY logrado que –por ser la primera edición- mostró poquísimos detalles a corregir para la próxima. Excelente onda, inmejorable trato a los invitados, muy buenas ventas, un lugar increíble... la verdad que San Luis tiene todo para sumarse a los eventos fundamentales del Interior del país.
¿Y Buenos Aires? Bueno, acá me tocó participar en dos ediciones de Dibujados (a esta altura, un favorito personal, 100% centrado en la historieta), meter mano en la organización del cierre de Viñetas Sueltas en Tecnópolis (donde también remamos de atrás, pero con resultados que habilitan una proyección muy interesante para 2013), conducir algunas charlas en la Feria del Libro Internacional y asistir como público a otras tantas en la Feria del Libro Infantil. Entre laburo y compromisos previos, seguro me perdí un montón de presentaciones de libros, inauguraciones de muestras y demás. Pero bueno, dentro de mis posibilidades, me moví bastante para apoyar todas estas movidas que por suerte cada vez son más.
Para el año que viene, ya estoy contando los días para el 8 de Agosto (que arranca Crack Bang Boom) y planificando un regreso a Chile, a donde no voy desde 2008. Si las fechas me lo permiten, le vuelvo a jugar fichas a Lima, a Mendoza, a Mar del Plata, a San Luis... Incluso a Lobos, que creo que ya está confirmado para el último finde de Marzo. Veremos cómo se arma el calendario comiquero de 2013 y en base a eso, trazaremos el itinerario. Lo seguro es que, como ya es costumbre, los posts que nutren día a día este blog llegarán desde varias ciudades y países distintos. Y eso hay que celebrarlo.
zada la temporada de eventos. Ya está, ya no viajo más a ninguno hasta Marzo o Abril de 2013. El año que se está por termi-
nar me vio recorrer miles y miles de kilómetros para participar de ferias, convenciones y festivales y esta es una breve síntesis de lo que sucedió:
A fines de Marzo supuestamente se hacía de nuevo el Encuentro del Humor y la Historieta en Lobos. Inexplicablemente, el evento arrancaba un viernes a la mañana y el lunes a la noche nos dijeron “no vengan, no se hace”. Al final se hizo en Octubre, pero yo estaba en otro lado, así que no pude ir.
O sea que mi debut posta este año fue en Montevideo Comics, en Mayo. La venta fue buena, me divertí mucho con un montón de amigos, conocí al maestro Alfonso Azpiri (y a Nacho Alcuri!)... pero todo en el marco de un evento muy pobre, un circo freak sobredimensionado, copado por los cosplayers (no entiendo por qué no se llama “Montevideo Cosplay”), con entradas muy caras y muy poca historieta.
En Junio mejoramos notablemente la puntería con Lima Comics, en la capital de Perú, donde la propuesta –si bien era amplia y excedía por mucho al palo netamente comiquero- estaba mucho más cuidada. Ahí la venta fue excelente y además de reencontrarme con amigos de siempre, conocí a un montón de gente nueva y alucinante.
En Agosto tuvimos un nuevo Crack Bang Boom, por ahí con menos figuras rutilantes que en años anteriores, pero con una organización cada vez más aceitada, más profesional, más acorde con la magnitud que –merecidamente- cobró el gran evento con sede en Rosario. Esta vez vino más gente que nunca y –de nuevo- la venta fue tan espectacular como la onda que se generó con fans, expositores e invitados.
En Septiembre festejé el Día de la Historieta en Mar del Plata, invitado al evento Historieta a Toda Costa, una movida 100% cultural, sin stands ni cosplay, ni nada. Simplemente una muestra de la San Puta, talleres y un montón de charlas con un elenco impresionante de grandes autores argentinos. Una sorpresa gratísima.
En Octubre rompí el chanchito y me fui a la New York Comic Con, después de 12 años de no visitar EEUU. Acerca de ese evento escribí bastante acá en el blog, así que no vamos a ahondar en el tema.
Noviembre empezó con una nueva edición de Unicomix, en Mendo-
za, un evento que buscaba recuperarse de una edición 2011 plagada de problemas. Y cómo se recuperó! Integrado a una feria del libro en un centro cultural majestuoso, el Unicomix salió perfecto. Los invitados la pasamos bárbaro, la venta en los stands fue excelente y la onda de la gente, inmejorable.
Poquitos días después, me tocó ir a poner stand (y a dar una charla) a la Feria del Libro de Santiago del Estero. Acá rescato más que nada la onda y el empeño de los organizadores, porque la feria era... del montón, y las ventas estuvieron por debajo de lo esperado. Nos tocaron días de un calor asesino, un temporal que casi destruye las carpas en las que estaba montada la feria... hubo que remar muy de atrás.
Y terminé el finde pasado en la San Luis Comic Con, un evento MUY logrado que –por ser la primera edición- mostró poquísimos detalles a corregir para la próxima. Excelente onda, inmejorable trato a los invitados, muy buenas ventas, un lugar increíble... la verdad que San Luis tiene todo para sumarse a los eventos fundamentales del Interior del país.
¿Y Buenos Aires? Bueno, acá me tocó participar en dos ediciones de Dibujados (a esta altura, un favorito personal, 100% centrado en la historieta), meter mano en la organización del cierre de Viñetas Sueltas en Tecnópolis (donde también remamos de atrás, pero con resultados que habilitan una proyección muy interesante para 2013), conducir algunas charlas en la Feria del Libro Internacional y asistir como público a otras tantas en la Feria del Libro Infantil. Entre laburo y compromisos previos, seguro me perdí un montón de presentaciones de libros, inauguraciones de muestras y demás. Pero bueno, dentro de mis posibilidades, me moví bastante para apoyar todas estas movidas que por suerte cada vez son más.
Para el año que viene, ya estoy contando los días para el 8 de Agosto (que arranca Crack Bang Boom) y planificando un regreso a Chile, a donde no voy desde 2008. Si las fechas me lo permiten, le vuelvo a jugar fichas a Lima, a Mendoza, a Mar del Plata, a San Luis... Incluso a Lobos, que creo que ya está confirmado para el último finde de Marzo. Veremos cómo se arma el calendario comiquero de 2013 y en base a eso, trazaremos el itinerario. Lo seguro es que, como ya es costumbre, los posts que nutren día a día este blog llegarán desde varias ciudades y países distintos. Y eso hay que celebrarlo.
sábado, 1 de diciembre de 2012
01/ 12: LOS MAS VENDIDOS DE NOVIEMBRE
A pesar de haber estado apenas uno de los tres findes de Noviembre en Buenos Aires (y eso muchas veces implica también viernes y/o lunes), este mes la Distri laburó un montón y tuvimos ventas... no maravillosas, pero sí muy buenas, bastante por encima de la tristeza de Octubre.
Ayudó, por supuesto, que las editoriales se pusieran las pilas y sacaran unas cuantas novedades. Veamos qué fue lo que más vendió:
1) Cieloalto (Agua Negra)
2) Dora Vol.2 (Común)
3) Términus Vol.1 (Términus)
4) Macanudo Vol.9 (Común)
5) Viñetas Sueltas (Agua Negra)
6) Merci (De la Flor)
7) Ordinario (Llanto de Mudo)
8) Shankar (Loco Rabia/ Belerofonte)
9) Paranoia Normal (Llanto de Mudo)
10) La Baba (Llanto de Mudo)
Tal como yo suponía, a Cieloalto (incluso con esa tapa amarga y pecho frío) le sobraba potencial para ser best-seller y este mes, con más días de rodaje, lo concretó con un primer puesto, muy peleado, pero primer puesto al fin. Otra novedad de Agua Negra, el catálogo del Festival Viñetas Sueltas, también obtuvo excelentes cifras. Atenti a esta editorial, amigo viñetófilo, que está marcando rumbos muy interesantes.
Común, que el mes pasado se quedó con el primer puesto, esta vez logró el segundo, con un lanzamiento esperadísimo como era el Vol.2 de Dora (de Ignacio Minaverry), más el cuarto, con un hitazo insumergible como es el más reciente tomo de Macanudo, que ya tiene segunda edición.
Hablando de segunda edición, Llanto de Mudo reeditó Ordinario, el librazo de Gustavo Sala, y rápidamente se subió (una vez más) a la lista de los más vendidos. También lanzó tres títulos nuevos, de los cuales sólo uno (Paranoia Normal, del increíble Pedro Mancini) se coló en el ranking. Y La Baba sigue ahí, aguantando a fuerza de humor zarpado y excelentes dibujos.
De la Flor figura con un sólo libro (Merci en el sexto puesto), pero ya se relame pensando en la pole position que va a ostentar en Diciembre, porque estamos a poquitas horas del lanzamiento del Vol.20 de Gaturro. Loco Rabia también aguanta con su hit de 2012 (Shankar, de Alcatena y Mazzitelli) y también promete linda merca para Diciembre.
Y la revelación, el batacazo, lo dio Términus, la nueva antología gestada en Rosario por un grupo de jóvenes historietistas. Lo digo hoy, antes que nadie: guarda con Términus. Que nadie se sorprenda si con esta publicación pasa lo mismo que pasó con La Murciélaga. Le vaticino un 2013 de inmenso crecimiento, a lo largo y a lo ancho de todo el país.
No me queda tiempo para repasar los títulos que –supuestamente- salen el mes que viene, pero seguro hay papa fina. Feliz mes 36 del blog para todos!
Ayudó, por supuesto, que las editoriales se pusieran las pilas y sacaran unas cuantas novedades. Veamos qué fue lo que más vendió:
1) Cieloalto (Agua Negra)
2) Dora Vol.2 (Común)
3) Términus Vol.1 (Términus)
4) Macanudo Vol.9 (Común)
5) Viñetas Sueltas (Agua Negra)
6) Merci (De la Flor)
7) Ordinario (Llanto de Mudo)
8) Shankar (Loco Rabia/ Belerofonte)
9) Paranoia Normal (Llanto de Mudo)
10) La Baba (Llanto de Mudo)
Tal como yo suponía, a Cieloalto (incluso con esa tapa amarga y pecho frío) le sobraba potencial para ser best-seller y este mes, con más días de rodaje, lo concretó con un primer puesto, muy peleado, pero primer puesto al fin. Otra novedad de Agua Negra, el catálogo del Festival Viñetas Sueltas, también obtuvo excelentes cifras. Atenti a esta editorial, amigo viñetófilo, que está marcando rumbos muy interesantes.
Común, que el mes pasado se quedó con el primer puesto, esta vez logró el segundo, con un lanzamiento esperadísimo como era el Vol.2 de Dora (de Ignacio Minaverry), más el cuarto, con un hitazo insumergible como es el más reciente tomo de Macanudo, que ya tiene segunda edición.
Hablando de segunda edición, Llanto de Mudo reeditó Ordinario, el librazo de Gustavo Sala, y rápidamente se subió (una vez más) a la lista de los más vendidos. También lanzó tres títulos nuevos, de los cuales sólo uno (Paranoia Normal, del increíble Pedro Mancini) se coló en el ranking. Y La Baba sigue ahí, aguantando a fuerza de humor zarpado y excelentes dibujos.
De la Flor figura con un sólo libro (Merci en el sexto puesto), pero ya se relame pensando en la pole position que va a ostentar en Diciembre, porque estamos a poquitas horas del lanzamiento del Vol.20 de Gaturro. Loco Rabia también aguanta con su hit de 2012 (Shankar, de Alcatena y Mazzitelli) y también promete linda merca para Diciembre.
Y la revelación, el batacazo, lo dio Términus, la nueva antología gestada en Rosario por un grupo de jóvenes historietistas. Lo digo hoy, antes que nadie: guarda con Términus. Que nadie se sorprenda si con esta publicación pasa lo mismo que pasó con La Murciélaga. Le vaticino un 2013 de inmenso crecimiento, a lo largo y a lo ancho de todo el país.
No me queda tiempo para repasar los títulos que –supuestamente- salen el mes que viene, pero seguro hay papa fina. Feliz mes 36 del blog para todos!
viernes, 30 de noviembre de 2012
30/ 11: TARZAN Vol.16
Retrocede dos casilleros... Después de un tomo bastante interesante, vuelven la chatura y el más de lo mismo.
Una vez que Tarzan se repone de la fiebre que casi lo manda al descenso, se dedica lo de siempre: descubrir civilizaciones perdidas. Acá encuentra dos: en una, hay una reina (obviamente blanca) que se lo quiere quedar de mascota sexual. En la otra, un dictador mala onda que arroja a Tarzan a una arena donde deberá pelear por su vida con bestias cuadrúpedas y bípedas. Estas dos cosas ya pasaron no menos de cinco veces en los tomos que llevo leídos y la verdad, me tienen los huevos al plato.
Como “novedad” tenemos que una de las dos civilizaciones perdidas está muy lejos de Africa, más para el lado de la Polinesia. Para llegar hasta allá, Tarzan viaja durante días y días en un submarino, al que unos tipos (y una minita) lo suben engañado. Igual, el capo de la monada va terminar por hacerse amigo de sus captores para luchar todos juntos contra tipos mucho más jodidos que ellos. En el próximo tomo me voy a enterar cómo hace Tarzan para volver a Africa... si es que los guionistas se acuerdan de que Tarzan NO está en Africa, porque en esta ciudad oculta ya aparecieron negros grandotes, tigres y selva.
Como siempre, Tarzan da cátedra de idiomas. Seguimos sumando especies animales, nuevas civilizaciones en nuevos continentes y el hombre mono se las sigue ingeniando para entender a todos y que todos lo entiendan. Un fenómeno. Lástima que un tipo tan dotado para las relaciones públicas recurra tantas veces a matar a sangre fría a sus interlocutores... Acá, Tarzan estrangula, apuñala o atraviesa a flechazos a gente de todas las razas, tigres, panteras, leones, cocodrilos y hasta un pulpo. Lo más heavy es que nadie se escandaliza.
Así, sin sorpresas y sin nada mínimamente interesante para destacar, transcurren otras 52 planchas dominicales de esta historieta que, pese a que me parece un embole, no puedo dejar de leer. ¿Me volví loco, me lobotomizaron, me afilié al club de fans de Ricardo Montaner? No, sigo cada vez más cebado con los dibujos de Burne Hogarth, que además no paran de mejorar. El maestro máximo del dibujo académico-realista ya está claramente en su mejor nivel y le prende fuego a cada viñeta de cada plancha. Cuando estalla la acción, Hogarth se deja poseer por un espíritu salvaje y su dibujo gana en plasticidad y belleza. La lucha de Tarzan contra el tigre llamado “Muerte a Rayas” es dinamita pura, un ballet descontrolado y a la vez armonioso, casi sensual. Además es el combate físico en el que Hogarth se anima a mostrar sangre en cantidades más o menos realistas. Esas dos páginas garpan todo el libro, de una.
Y hay mucho más. Esto está lleno de imágenes impactantes, majestuosas, en las que cuerpos y decorados levantan tanto vuelo y se enfiestan en una orgía tan zarpada, que poco importa la mediocridad de los argumentos. Ya me faltan sólo dos tomos para terminar el Tarzan de Hogarth (en lo que a planchas para los diarios se refiere) y prometo entrarles en Diciembre, así ya nos lo sacamos de encima para el 2013. Si los guiones siguen así, no va a ser fácil, pero –como siempre digo- Hogarth merece este esfuerzo y muchos más.
Una vez que Tarzan se repone de la fiebre que casi lo manda al descenso, se dedica lo de siempre: descubrir civilizaciones perdidas. Acá encuentra dos: en una, hay una reina (obviamente blanca) que se lo quiere quedar de mascota sexual. En la otra, un dictador mala onda que arroja a Tarzan a una arena donde deberá pelear por su vida con bestias cuadrúpedas y bípedas. Estas dos cosas ya pasaron no menos de cinco veces en los tomos que llevo leídos y la verdad, me tienen los huevos al plato.
Como “novedad” tenemos que una de las dos civilizaciones perdidas está muy lejos de Africa, más para el lado de la Polinesia. Para llegar hasta allá, Tarzan viaja durante días y días en un submarino, al que unos tipos (y una minita) lo suben engañado. Igual, el capo de la monada va terminar por hacerse amigo de sus captores para luchar todos juntos contra tipos mucho más jodidos que ellos. En el próximo tomo me voy a enterar cómo hace Tarzan para volver a Africa... si es que los guionistas se acuerdan de que Tarzan NO está en Africa, porque en esta ciudad oculta ya aparecieron negros grandotes, tigres y selva.
Como siempre, Tarzan da cátedra de idiomas. Seguimos sumando especies animales, nuevas civilizaciones en nuevos continentes y el hombre mono se las sigue ingeniando para entender a todos y que todos lo entiendan. Un fenómeno. Lástima que un tipo tan dotado para las relaciones públicas recurra tantas veces a matar a sangre fría a sus interlocutores... Acá, Tarzan estrangula, apuñala o atraviesa a flechazos a gente de todas las razas, tigres, panteras, leones, cocodrilos y hasta un pulpo. Lo más heavy es que nadie se escandaliza.
Así, sin sorpresas y sin nada mínimamente interesante para destacar, transcurren otras 52 planchas dominicales de esta historieta que, pese a que me parece un embole, no puedo dejar de leer. ¿Me volví loco, me lobotomizaron, me afilié al club de fans de Ricardo Montaner? No, sigo cada vez más cebado con los dibujos de Burne Hogarth, que además no paran de mejorar. El maestro máximo del dibujo académico-realista ya está claramente en su mejor nivel y le prende fuego a cada viñeta de cada plancha. Cuando estalla la acción, Hogarth se deja poseer por un espíritu salvaje y su dibujo gana en plasticidad y belleza. La lucha de Tarzan contra el tigre llamado “Muerte a Rayas” es dinamita pura, un ballet descontrolado y a la vez armonioso, casi sensual. Además es el combate físico en el que Hogarth se anima a mostrar sangre en cantidades más o menos realistas. Esas dos páginas garpan todo el libro, de una.
Y hay mucho más. Esto está lleno de imágenes impactantes, majestuosas, en las que cuerpos y decorados levantan tanto vuelo y se enfiestan en una orgía tan zarpada, que poco importa la mediocridad de los argumentos. Ya me faltan sólo dos tomos para terminar el Tarzan de Hogarth (en lo que a planchas para los diarios se refiere) y prometo entrarles en Diciembre, así ya nos lo sacamos de encima para el 2013. Si los guiones siguen así, no va a ser fácil, pero –como siempre digo- Hogarth merece este esfuerzo y muchos más.
jueves, 29 de noviembre de 2012
29/ 11: EL MUNDO DE EDENA: LOS REPARADORES
Los ladris de Norma editaron este libro como el “Vol.6” de El Mundo de Edena, pero no les creas nada. Dicha saga termina en el Vol.5 (Sra) y ya fue. Este tomo lo que hace es rejuntar varias historietas que interesectan (algunas muy con lo justo) con ese fantástico universo creado en los ´80 por Moebius. Veamos qué es lo que se reunió en este “hors série”, que es como le dicen los franceses a estos álbumes de historias cortas, accesorias a las sagas centrales:
La historieta que da título al libro es una muy corta, de ocho páginas, que data de 1996. Es un relato mudo, en el que Stel y Atan acuden a “reparar” o a auxiliar al mismísimo Moebius, que se dibuja a sí mismo como en los ´60, pero aparece en la casa que habitó en los ´90. El guión es mínimo y los dibujos son de un nivel apabullante. Colores y texturas, luces y sombras, toda la magia visual del Genio Eterno explota en estas ocho paginitas repletas de composiciones fastuosas y asombrosas.
La siguiente es Ver Nápoles, una historieta de 1987, aún más corta que la anterior, de sólo cuatro páginas, y la única que tiene diálogos. No tiene un choto que ver con la saga de Edena, excepto por el detalle de que acá aparece por primera vez un “Nariz Larga”, o “Pif Paf”, esos seres que tendrán mucho peso en la saga, con esas máscaras atravesadas por una especie de cilindro. El argumento no reviste mayor interés y el dibujo, si bien no tiene ni a palos la calidad (ni la dedicación por parte del autor) que vimos en Los Reparadores, sigue siendo de muy bueno para arriba.
De alguna manera, a Moebius le quedó picando el tema de Nápoles, y en 2000 realizó una nueva historia corta, ahora titulada “Morir y ver Nápoles”. Son 27 viñetas de idéntico tamaño y sin textos, que nos cuentan cómo el Mayor Grubert (otro personaje emblemático del Genio Eterno) emprende un viaje a Nápoles durante el cual es capturado, encerrado en un ataúd, lanzado a un volcán que hace erupción y lo propulsa hacia el mar, que lo lleva precisamente a las playas de dicha ciudad italiana. ¿Cómo engancha esto con Edena? Simple: los que lo capturan, encierran y arrojan al vacío son tres Pif Paf. Acá vemos al Moebius más minimalista, más frío y encima sin ganas de jugar con la narrativa. Hay imágenes hermosas, como siempre, pero nada para decir “oooooh!”.
Y guardo para el final una historieta de 1990 que Moebius realizó para un especial de Dark Horse (Concrete Celebrates Earth Day). En su momento se publicó en papel choto, con unos colores chatos, opacos. Publicadas en álbum y recoloreadas por el maestro, las 23 páginas de The Still Planet (acá traducida con dudoso criterio como “El Planeta Todavía”) rankean con comodidad entre las obras mejor dibujadas de toda la carrera de Moebius. La trama es casi anecdótica: Stel y Atán exploran un planeta que parece estático (“still”), petrificado, atávico, hacen unos ajustes en un artefacto y pronto empiezan a ver manifestaciones vitales cada vez más intensas. A pesar de ser muda, The Still Planet le canta a la vida, al caos, a lo impredecible. Las imágenes fluyen a lo largo y a lo ancho de unas páginas magistralmente planificadas, dibujadas por Moebius apenitas por debajo de las maravillas de Los Reparadores. Esto es como la cumbre de la producción ochentosa del Genio Eterno: una historieta que combina experimentación y tradición, poesía y epopeya, aventura y bajada de línea, todo dibujado y coloreado a mano, en la era pre-photoshop, por un Moebius inspiradísimo.
Lógicamente, el principal problema que tiene este álbum es que se lee demasiado rápido. Es el costo a pagar cuando un autor se entusiasma con la onda de narrar sin palabras. El otro problema, el de los guiones medio blanditos, muy virados al lirismo o a la fumanchereada críptica, la verdad que no me parece para nada grave, porque en ese terreno Moebius se desenvuelve con inmensa cancha y porque en definitiva, esas licencias son las que le permiten al grosso entre los grossos volar a full con el dibujo, que acá es la estrella definitiva. Una estrella única, inalcanzable, que brilla con un fulgor de imponente majestad y deja a su paso una estela de belleza y magia en estado puro.
La historieta que da título al libro es una muy corta, de ocho páginas, que data de 1996. Es un relato mudo, en el que Stel y Atan acuden a “reparar” o a auxiliar al mismísimo Moebius, que se dibuja a sí mismo como en los ´60, pero aparece en la casa que habitó en los ´90. El guión es mínimo y los dibujos son de un nivel apabullante. Colores y texturas, luces y sombras, toda la magia visual del Genio Eterno explota en estas ocho paginitas repletas de composiciones fastuosas y asombrosas.
La siguiente es Ver Nápoles, una historieta de 1987, aún más corta que la anterior, de sólo cuatro páginas, y la única que tiene diálogos. No tiene un choto que ver con la saga de Edena, excepto por el detalle de que acá aparece por primera vez un “Nariz Larga”, o “Pif Paf”, esos seres que tendrán mucho peso en la saga, con esas máscaras atravesadas por una especie de cilindro. El argumento no reviste mayor interés y el dibujo, si bien no tiene ni a palos la calidad (ni la dedicación por parte del autor) que vimos en Los Reparadores, sigue siendo de muy bueno para arriba.
De alguna manera, a Moebius le quedó picando el tema de Nápoles, y en 2000 realizó una nueva historia corta, ahora titulada “Morir y ver Nápoles”. Son 27 viñetas de idéntico tamaño y sin textos, que nos cuentan cómo el Mayor Grubert (otro personaje emblemático del Genio Eterno) emprende un viaje a Nápoles durante el cual es capturado, encerrado en un ataúd, lanzado a un volcán que hace erupción y lo propulsa hacia el mar, que lo lleva precisamente a las playas de dicha ciudad italiana. ¿Cómo engancha esto con Edena? Simple: los que lo capturan, encierran y arrojan al vacío son tres Pif Paf. Acá vemos al Moebius más minimalista, más frío y encima sin ganas de jugar con la narrativa. Hay imágenes hermosas, como siempre, pero nada para decir “oooooh!”.
Y guardo para el final una historieta de 1990 que Moebius realizó para un especial de Dark Horse (Concrete Celebrates Earth Day). En su momento se publicó en papel choto, con unos colores chatos, opacos. Publicadas en álbum y recoloreadas por el maestro, las 23 páginas de The Still Planet (acá traducida con dudoso criterio como “El Planeta Todavía”) rankean con comodidad entre las obras mejor dibujadas de toda la carrera de Moebius. La trama es casi anecdótica: Stel y Atán exploran un planeta que parece estático (“still”), petrificado, atávico, hacen unos ajustes en un artefacto y pronto empiezan a ver manifestaciones vitales cada vez más intensas. A pesar de ser muda, The Still Planet le canta a la vida, al caos, a lo impredecible. Las imágenes fluyen a lo largo y a lo ancho de unas páginas magistralmente planificadas, dibujadas por Moebius apenitas por debajo de las maravillas de Los Reparadores. Esto es como la cumbre de la producción ochentosa del Genio Eterno: una historieta que combina experimentación y tradición, poesía y epopeya, aventura y bajada de línea, todo dibujado y coloreado a mano, en la era pre-photoshop, por un Moebius inspiradísimo.
Lógicamente, el principal problema que tiene este álbum es que se lee demasiado rápido. Es el costo a pagar cuando un autor se entusiasma con la onda de narrar sin palabras. El otro problema, el de los guiones medio blanditos, muy virados al lirismo o a la fumanchereada críptica, la verdad que no me parece para nada grave, porque en ese terreno Moebius se desenvuelve con inmensa cancha y porque en definitiva, esas licencias son las que le permiten al grosso entre los grossos volar a full con el dibujo, que acá es la estrella definitiva. Una estrella única, inalcanzable, que brilla con un fulgor de imponente majestad y deja a su paso una estela de belleza y magia en estado puro.
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miércoles, 28 de noviembre de 2012
28/ 11: SHOWCASE PRESENTS THE SPECTRE
Otro viaje largo, otro masacote de más de 600 páginas que sucumbe bajo mis retinas. Este libro repasa varias etapas muy distintas en la trayectoria editorial del Spectre, que trataré de sintetizar.
1) Tres números de Showcase de 1966, escritos por Gardner Fox y dibujados por Murphy Anderson. Acá Fox nos lleva a la ciudad ficticia de Gateway (creo que es la misma que John Byrne retoma en su etapa al frente de Wonder Woman) y se esfuerza por repartir equitativamente el protagonismo entre el policía Jim Corrigan (intachable y atildado) y el hiper-poderoso Spectre. Bueno, le sale bastante mal. Las escenas de Corrigan no revisten el más mínimo interés al lado de las de su alter ego. Y hay otra falla: las excusas inverosímiles con las que cualquier chorro de cuarta adquiere poderes comparables a los del Spectre para hacerle el aguante unas cuantas páginas. También hay mega-hechiceros y demonios pulentosos, como para que el carapálida tenga con quién entretenerse en sus combates cósmicos y pluridimensionales.
2) De ahí sale una serie regular en la que Fox y Anderson comparten un sólo número, bastante lindo. Al toque se va el dibujante y lo reemplaza Neal Adams, que se quedará cuatro números y escribirá dos de ellos, también con villanos re-power y hampones de la B “enchulados” para bancarse al héroe. El dibujo de Adams está totalmente on fire, repleto de riesgos y hallazgos. Los guiones giran hacia el Spectre, en detrimento de Corrigan, que pasa a tener la misma (poca) chapa que Bruce Wayne en los comics de Batman de esa época.
3) Para el n°6 Fox vuelve a escribir un par de números, ahora dibujados por Jerry Grandinetti, un dibujante que intenta (con limitado éxito) rescatar la estética tenebrosa de los comics de la EC. Y los últimos tres números van muy para ese lado, el de las historias de misterio de DC, esas llenas de fantasmas y moralejas. De hecho, hasta hay un número en formato de antología, que incluye una historia corta magníficamente dibujada por Berni Wrightson. En esta etapa, Corrigan directamente ni figura.
4) Después viene todo el tramo del Spectre en Adventure Comics, la llamada Wrath of the Spectre, con el equipo integrado por Michael Fleisher y Jim Aparo. Esto es raro: transcurre en un universo donde la gente común sabe que Clark Kent es Superman, no estamos en Gateway sino en Nueva York, Corrigan ahora es un cana pesado al estilo Harry el Sucio y –lo más lindo- no hay más villanos ni amenazas sobrenaturales: ahora el Spectre se dedica a cazar y masacrar a meros ladrones, secuestradores y terroristas. Y los hace mierrrda, eh? Sin piedad para los pecadores. Hay un interés romántico para Corrigan, unos dibujos de la San Puta, y un enfoque muy arriesgado (por lo menos para los ´70) que se desactiva cuando se enciende la polémica.
5) Hay tres historias cortitas, que fueron back-ups de la revista Ghosts, en las que el Spectre comparte protagonismo con el Dr. Thirteen, como lo hiciera años atrás el Phantom Stranger. Esto está muy bien escrito por Paul Kuppeberg, pero los dibujos son abominables.
6) Y me quedan varios team-ups: uno con Flash (el guión, una fumanchereada ilógica por donde se la mire, con majestuosos dibujos de Carmine Infantino), uno con Superman (interesante, a cargo de Len Wein y Jim Starlin) y cuatro con Batman, de los cuales el único bueno es el de la Brave & the Bold n°116. Paradójicamente, uno de los team-ups con Batman se lo dejan escribir a Fleischer y el tipo mete (por primera vez en muchísimos años) una amenaza sobrenatural para enfrentar al Spectre.
¿Se puede recomendar este broli sin arriesgarse a un castigo divino? Sí, por la chapa del personaje y porque el desempeño de los dibujantes (con tanto y tan buen Aparo, bastante Adams, lindos momentos de Anderson y esa perlita de Wrightson) nivela mucho para arriba. Con los guiones, no hay cómo remarla: hagan lo que hagan estos muchachos, al lado de lo que hará John Ostrander a partir de 1992, quedarán siempre como una manga de verduleros de improbable redención.
1) Tres números de Showcase de 1966, escritos por Gardner Fox y dibujados por Murphy Anderson. Acá Fox nos lleva a la ciudad ficticia de Gateway (creo que es la misma que John Byrne retoma en su etapa al frente de Wonder Woman) y se esfuerza por repartir equitativamente el protagonismo entre el policía Jim Corrigan (intachable y atildado) y el hiper-poderoso Spectre. Bueno, le sale bastante mal. Las escenas de Corrigan no revisten el más mínimo interés al lado de las de su alter ego. Y hay otra falla: las excusas inverosímiles con las que cualquier chorro de cuarta adquiere poderes comparables a los del Spectre para hacerle el aguante unas cuantas páginas. También hay mega-hechiceros y demonios pulentosos, como para que el carapálida tenga con quién entretenerse en sus combates cósmicos y pluridimensionales.
2) De ahí sale una serie regular en la que Fox y Anderson comparten un sólo número, bastante lindo. Al toque se va el dibujante y lo reemplaza Neal Adams, que se quedará cuatro números y escribirá dos de ellos, también con villanos re-power y hampones de la B “enchulados” para bancarse al héroe. El dibujo de Adams está totalmente on fire, repleto de riesgos y hallazgos. Los guiones giran hacia el Spectre, en detrimento de Corrigan, que pasa a tener la misma (poca) chapa que Bruce Wayne en los comics de Batman de esa época.
3) Para el n°6 Fox vuelve a escribir un par de números, ahora dibujados por Jerry Grandinetti, un dibujante que intenta (con limitado éxito) rescatar la estética tenebrosa de los comics de la EC. Y los últimos tres números van muy para ese lado, el de las historias de misterio de DC, esas llenas de fantasmas y moralejas. De hecho, hasta hay un número en formato de antología, que incluye una historia corta magníficamente dibujada por Berni Wrightson. En esta etapa, Corrigan directamente ni figura.
4) Después viene todo el tramo del Spectre en Adventure Comics, la llamada Wrath of the Spectre, con el equipo integrado por Michael Fleisher y Jim Aparo. Esto es raro: transcurre en un universo donde la gente común sabe que Clark Kent es Superman, no estamos en Gateway sino en Nueva York, Corrigan ahora es un cana pesado al estilo Harry el Sucio y –lo más lindo- no hay más villanos ni amenazas sobrenaturales: ahora el Spectre se dedica a cazar y masacrar a meros ladrones, secuestradores y terroristas. Y los hace mierrrda, eh? Sin piedad para los pecadores. Hay un interés romántico para Corrigan, unos dibujos de la San Puta, y un enfoque muy arriesgado (por lo menos para los ´70) que se desactiva cuando se enciende la polémica.
5) Hay tres historias cortitas, que fueron back-ups de la revista Ghosts, en las que el Spectre comparte protagonismo con el Dr. Thirteen, como lo hiciera años atrás el Phantom Stranger. Esto está muy bien escrito por Paul Kuppeberg, pero los dibujos son abominables.
6) Y me quedan varios team-ups: uno con Flash (el guión, una fumanchereada ilógica por donde se la mire, con majestuosos dibujos de Carmine Infantino), uno con Superman (interesante, a cargo de Len Wein y Jim Starlin) y cuatro con Batman, de los cuales el único bueno es el de la Brave & the Bold n°116. Paradójicamente, uno de los team-ups con Batman se lo dejan escribir a Fleischer y el tipo mete (por primera vez en muchísimos años) una amenaza sobrenatural para enfrentar al Spectre.
¿Se puede recomendar este broli sin arriesgarse a un castigo divino? Sí, por la chapa del personaje y porque el desempeño de los dibujantes (con tanto y tan buen Aparo, bastante Adams, lindos momentos de Anderson y esa perlita de Wrightson) nivela mucho para arriba. Con los guiones, no hay cómo remarla: hagan lo que hagan estos muchachos, al lado de lo que hará John Ostrander a partir de 1992, quedarán siempre como una manga de verduleros de improbable redención.
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martes, 27 de noviembre de 2012
27/ 11: LA SAGA DE NUEVA YORK (parte 11)
Yo quería armar un poquito de suspenso, pero vino uno y me lo cagó. Al final, después de recorrer varias comique-
rías, el lugar donde más comics compré fue en The Strand, la mega-librería que –casualmente- está en la esquina del Forbidden Planet. The Strand es un paraíso terrenal para cualquiera al que le gusten los libros. Ya de movida, en la vereda, sin entrar al local, hay exhibidores con ofertas disparatadas: libros desde 50 centavos. Y hay comics, eh? Una vez que entrás, te esperan varios pisos repletos de libros. Metros y metros cuadrados de libros. Los techos son altísimos y para ver los libros de las estanterías más altas te tenés que trepar a una escalera. Hay un piso todo dedicado a libros antiguos, raros y descatalogados, esos ancestrales tomos con tapas de madera y broches de metal que uno asocia con la Edad Media. Y hay miles y miles! Ese lugar es como una alucinación. Faltaba Borges pasándole un plumerito a un ejemplar del Necronomicón, nomás.
Los comics están en el primer piso y hay una diversidad enorme: material de todas las editoriales, un sector de historieta infantil, un amplio sector de ofertas… la fuckin´ gloria. Me agarré un changuito de supermercado y lo llené con merca que nunca pensé que iba a encontrar (libros descatalogadísimos de varias décadas distintas), a precios ridículos. Para que te des una idea, por ese changuito a full pagué u$ 105, con impuestos y todo. La próxima vez, arranco de una en The Strand.
Leaving New York´s never easy, decía el tema de R.E.M., pero mis amigos uruguayos igual se fueron lo más panchos el viernes 19 y yo otra vez me quedé solo en el depto de Harlem (ya era el Angel of Harlem del tema de U2, hablando de hitazos), de nuevo con la responsabilidad de entregarle llaves, frazadas y demás al manager, que a cambio me iba a devolver la guita del depósito. Todo eso sucedió en la mañana del sábado, y a la tarde enfilé (munido de morfi, para que no me vejaran con sus precios delirantes) hacia el aeropuerto John F. Kennedy. La aerolínea me habilitaba dos valijas de 23 kilos. Yo me compré en el supermercado más croto de Harlem la valija más crota que encontré (u$ 30) y llené hasta la mitad la mía, que se banca todo. Con eso y la mochila vacía, llegué al mostrador de la aerolínea antes de que abriera. Me mandé de keruza y pesé mis valijas. La crota pesaba 23,800. Perfecto. La otra estaba más excedida de peso que yo. Le saqué seis kilos, me los mandé a la mochila y quedó también con 23,800. La espalda se me partió en 26 pedazos, pero no pagué un mango de exceso de equipaje.
Ya en Buenos Aires, el avión llegó con demora. Era la una de la tarde del domingo 21, día de la Madre. Encima se superpuso con un vuelo que venía de San Pablo, hasta la chota de gente. Y se anunció como procedente de Santiago de Chile (donde hicimos escala), no de Nueva York. O sea que lo que menos les interesaba a los aduaneros era revisarnos las valijas. Los muchachos se querían ir a morfar con la vieja y apenas si nos pasaron las valijas por las máquinas de rayos para asegurarse de que no trajéramos misiles termonucleares desarmados o prostitutas tailandesas menores de edad. Así es como entré al país 50 kilos de libros, algo de ropa y algunos discos sin pagar un centavo más de lo que me cobraron en los distintos comercios.
Final feliz para esta saga en la que la pasé bárbaro junto a gente de primera, conocí más gente copada, me reencontré con viejos amigos a los que no veía hacía décadas, recorrí Manhattan hasta que los pies me quedaron como dos empanadas (y no precisamente de La Paceña), compré muchos comics que siempre quise conseguir y hasta me quedaron algunas horas para descansar. Encima gasté menos guita de la que suponía que iba a gastar. No se puede pedir mucho más realmente…
rías, el lugar donde más comics compré fue en The Strand, la mega-librería que –casualmente- está en la esquina del Forbidden Planet. The Strand es un paraíso terrenal para cualquiera al que le gusten los libros. Ya de movida, en la vereda, sin entrar al local, hay exhibidores con ofertas disparatadas: libros desde 50 centavos. Y hay comics, eh? Una vez que entrás, te esperan varios pisos repletos de libros. Metros y metros cuadrados de libros. Los techos son altísimos y para ver los libros de las estanterías más altas te tenés que trepar a una escalera. Hay un piso todo dedicado a libros antiguos, raros y descatalogados, esos ancestrales tomos con tapas de madera y broches de metal que uno asocia con la Edad Media. Y hay miles y miles! Ese lugar es como una alucinación. Faltaba Borges pasándole un plumerito a un ejemplar del Necronomicón, nomás.
Los comics están en el primer piso y hay una diversidad enorme: material de todas las editoriales, un sector de historieta infantil, un amplio sector de ofertas… la fuckin´ gloria. Me agarré un changuito de supermercado y lo llené con merca que nunca pensé que iba a encontrar (libros descatalogadísimos de varias décadas distintas), a precios ridículos. Para que te des una idea, por ese changuito a full pagué u$ 105, con impuestos y todo. La próxima vez, arranco de una en The Strand.
Leaving New York´s never easy, decía el tema de R.E.M., pero mis amigos uruguayos igual se fueron lo más panchos el viernes 19 y yo otra vez me quedé solo en el depto de Harlem (ya era el Angel of Harlem del tema de U2, hablando de hitazos), de nuevo con la responsabilidad de entregarle llaves, frazadas y demás al manager, que a cambio me iba a devolver la guita del depósito. Todo eso sucedió en la mañana del sábado, y a la tarde enfilé (munido de morfi, para que no me vejaran con sus precios delirantes) hacia el aeropuerto John F. Kennedy. La aerolínea me habilitaba dos valijas de 23 kilos. Yo me compré en el supermercado más croto de Harlem la valija más crota que encontré (u$ 30) y llené hasta la mitad la mía, que se banca todo. Con eso y la mochila vacía, llegué al mostrador de la aerolínea antes de que abriera. Me mandé de keruza y pesé mis valijas. La crota pesaba 23,800. Perfecto. La otra estaba más excedida de peso que yo. Le saqué seis kilos, me los mandé a la mochila y quedó también con 23,800. La espalda se me partió en 26 pedazos, pero no pagué un mango de exceso de equipaje.
Ya en Buenos Aires, el avión llegó con demora. Era la una de la tarde del domingo 21, día de la Madre. Encima se superpuso con un vuelo que venía de San Pablo, hasta la chota de gente. Y se anunció como procedente de Santiago de Chile (donde hicimos escala), no de Nueva York. O sea que lo que menos les interesaba a los aduaneros era revisarnos las valijas. Los muchachos se querían ir a morfar con la vieja y apenas si nos pasaron las valijas por las máquinas de rayos para asegurarse de que no trajéramos misiles termonucleares desarmados o prostitutas tailandesas menores de edad. Así es como entré al país 50 kilos de libros, algo de ropa y algunos discos sin pagar un centavo más de lo que me cobraron en los distintos comercios.
Final feliz para esta saga en la que la pasé bárbaro junto a gente de primera, conocí más gente copada, me reencontré con viejos amigos a los que no veía hacía décadas, recorrí Manhattan hasta que los pies me quedaron como dos empanadas (y no precisamente de La Paceña), compré muchos comics que siempre quise conseguir y hasta me quedaron algunas horas para descansar. Encima gasté menos guita de la que suponía que iba a gastar. No se puede pedir mucho más realmente…
lunes, 26 de noviembre de 2012
26/ 11: COCA, RAMON & FERNET
Cuando uno ya creía tener el mapa definitivo, el atlas completo del Universo Bobillo, aparece este animalito y te agrega un continente nuevo, cuya exploración resulta inmensamente placentera.
Dibujada en un estilo que no se parece en nada al que vimos en las otras obras de Juan, esta es una tira 100% cómica, enrolada en ese humor costumbrista con la mira puesta en las relaciones de pareja, y a la vez con margen para descolgarse hacia situaciones y tonalidades distintas e impredecibles. El dibujo es muy raro: a simple vista parece un trazo nervioso, casi descuidado, más fruto de la urgencia que de una búsqueda estética. Cuando lo mirás en detalle, sin embargo, te das cuenta de que ESO es lo que Bobillo buscó desde el principio: una línea chunga, suelta, de lápiz sin entintar y contrastes levantados en el photoshop, a la que manipula de modo magistral para lograr una expresividad y una frescura que se combinan a la perfección con la onda de la tira. El color acompaña sin estridencias, los fondos aparecen solo cuando son imprescindibles y –como en todas las buenas tiras humorísticas- el recurso narrativo que más protagonismo adquiere es el control del tempo narrativo, obviamente puesto al servicio del efecto cómico, algo que Bobillo nunca había hecho antes y que le sale demasiado bien.
No me voy a poner a contar los chistes, porque no da. Básicamente, la tira se alimenta de la convivencia entre Coca, una odontóloga fashion, sensual y bastante manipuladora, y Ramón, un loser con menos glamour que el Tolo Gallego, que se las da de novelista, pero termina laburando de mozo. Y en el medio están Fernet ( la mascota de la pareja, un bicho que no se sabe bien si es perro o gato), un par de amigos de Ramón y no mucho más. Con esos elementos, a Bobillo le alcanza para incursionar con éxito en el terreno de la sitcom con algún toque surrealista .
Lo único que tira un poco para atrás es la forma en la que se eligió reeditar estas tiras, originalmente aparecidas en la revisa Hecho en Bs. As.. Este es un libro de 128 páginas de impecable factura, con excelentes portadas, solapas, buen papel, óptima calidad de impresión, lindo diseño, pero con un problema fundamental: hay una sóla tira por página. En 128 páginas, tenemos 125 tiras. Lo cual no es poco, para nada. Pero uno se acostumbró a los libros de tiras cómicas que traen dos o tres tiras por página y ya una sola deja gusto a poco. Por ahí hubiese estado bueno publicar cada tira un poco más chica y meter dos por página. Lo cual acarrea, a su vez, dos efectos colaterales negativos: en el formato que a mí más me gusta, el dibujo de Bobillo se luciría menos, y además habría que esperar a tener… 200 tiras para reeditarlas en un librito de 100 páginas.
Todo eso es sumamente discutible, me hago cargo. Lo único que sí me queda clarísimo es que con su paso por la tira cómica, Juan Bobillo demostró (una vez más) que su talento va mucho más allá de los géneros y las estéticas. Si sos fan de este capo absoluto con más de 15 años de ilustre trayectoria a sus espaldas, entrale de una a Coca, Ramón & Fernet. Una verdadera delicia.
Dibujada en un estilo que no se parece en nada al que vimos en las otras obras de Juan, esta es una tira 100% cómica, enrolada en ese humor costumbrista con la mira puesta en las relaciones de pareja, y a la vez con margen para descolgarse hacia situaciones y tonalidades distintas e impredecibles. El dibujo es muy raro: a simple vista parece un trazo nervioso, casi descuidado, más fruto de la urgencia que de una búsqueda estética. Cuando lo mirás en detalle, sin embargo, te das cuenta de que ESO es lo que Bobillo buscó desde el principio: una línea chunga, suelta, de lápiz sin entintar y contrastes levantados en el photoshop, a la que manipula de modo magistral para lograr una expresividad y una frescura que se combinan a la perfección con la onda de la tira. El color acompaña sin estridencias, los fondos aparecen solo cuando son imprescindibles y –como en todas las buenas tiras humorísticas- el recurso narrativo que más protagonismo adquiere es el control del tempo narrativo, obviamente puesto al servicio del efecto cómico, algo que Bobillo nunca había hecho antes y que le sale demasiado bien.
No me voy a poner a contar los chistes, porque no da. Básicamente, la tira se alimenta de la convivencia entre Coca, una odontóloga fashion, sensual y bastante manipuladora, y Ramón, un loser con menos glamour que el Tolo Gallego, que se las da de novelista, pero termina laburando de mozo. Y en el medio están Fernet ( la mascota de la pareja, un bicho que no se sabe bien si es perro o gato), un par de amigos de Ramón y no mucho más. Con esos elementos, a Bobillo le alcanza para incursionar con éxito en el terreno de la sitcom con algún toque surrealista .
Lo único que tira un poco para atrás es la forma en la que se eligió reeditar estas tiras, originalmente aparecidas en la revisa Hecho en Bs. As.. Este es un libro de 128 páginas de impecable factura, con excelentes portadas, solapas, buen papel, óptima calidad de impresión, lindo diseño, pero con un problema fundamental: hay una sóla tira por página. En 128 páginas, tenemos 125 tiras. Lo cual no es poco, para nada. Pero uno se acostumbró a los libros de tiras cómicas que traen dos o tres tiras por página y ya una sola deja gusto a poco. Por ahí hubiese estado bueno publicar cada tira un poco más chica y meter dos por página. Lo cual acarrea, a su vez, dos efectos colaterales negativos: en el formato que a mí más me gusta, el dibujo de Bobillo se luciría menos, y además habría que esperar a tener… 200 tiras para reeditarlas en un librito de 100 páginas.
Todo eso es sumamente discutible, me hago cargo. Lo único que sí me queda clarísimo es que con su paso por la tira cómica, Juan Bobillo demostró (una vez más) que su talento va mucho más allá de los géneros y las estéticas. Si sos fan de este capo absoluto con más de 15 años de ilustre trayectoria a sus espaldas, entrale de una a Coca, Ramón & Fernet. Una verdadera delicia.
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Argentina,
Coca Ramón y Fernet,
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