el blog de reseñas de Andrés Accorsi

viernes, 20 de noviembre de 2015

20/11: ALABASTER

Osamu Tezuka no tiene límites. Es como la ciudad de Los Angeles: pateás, pateás, te tomás bondis y trenes pero no llegás nunca hasta el final. Cuando creías que ya habías leído toda la producción de Tezuka (de un cierto período, al menos) inevitablemente aparece una obra más. Es impresionante. ¿Cuántas páginas por mes dibujaba esta bestia? ¿En cuántas series trabajaba al mismo tiempo? Y lo más zarpado: Tezuka murió a los 60 años, relativamente joven. ¿Cuánto más hubiese producido de haber vivido otros 25 años?
Alabaster es de 1970, de ese período bisagra en el que el Dios del Manga empieza a volcarse a los relatos más zarpados, más jodidos. Todavía no se puede hablar de gekiga porque acá hay elementos fantásticos y algún que otro chiste, que son cosas que en el gekiga no corren. Pero sí se puede hablar de una aventura muy espesa, con violencia, con momentos shockeantes, torturas, violaciones, peleas tremendas, persecuciones, explosiones… Por momentos parece un comic de superhéroes centrado en el villano, onda el Nemesis de Mark Millar. Aunque claro, en los comics yankis siempre se cuidan de dejar vivo al protagonista (sea bueno o malo) a la expectativa de que pinte una secuela; acá Tezuka lleva la trama a un extremo tan atroz, que es obvio que el final va a ser trágico, que ninguno de los dos protagonistas van a llegar enteros a la última página. Secuela las pelotas.
A lo largo de casi 500 páginas, Tezuka encuentra huequitos por donde bajar línea acerca de lo efímero de la belleza, la dudosa probidad de los políticos, la seducción del poder, el placer irracional que causa hacer el mal y –en el primer tramo- la discriminación racial. Pero por sobre cualquier mensaje, acá hay un Tezuka que se divierte, que se regodea en los cheap thrills, que tensa la historia todo lo posible para forzar un desenlace bien épico, con sangre, corchazos, piñas y edificios enteros que vuelan a la mierda. También hay amor, lealtad, sacrificio y hasta un cierto vuelo poético para que no sea todo tan cabeza. La onda, sin dudas, es impactar al lector, sacudirlo, cagarlo a cachetazos con una historia trepidante, en la que varias veces quedamos a milímetros de hinchar por los malos, sobre todo porque el Manga no Kamisama no nos presenta al oponente de Alabaster y su banda como un héroe, sino como un representante de la ley bastante creído y, más adelante, como un auténtico sorete.
Entre tanta ambigüedad, hay una sola certeza: el dibujo del maestro Tezuka. Muy cerca de su pico como historietista y como dibujante, el ídolo nos regala páginas vibrantes, resuelve de modo increíble el tema de las persecuciones y se mata en fondos, texturas y efectos de iluminación. Todavía le faltaba bajar un cambio: el de las expresiones faciales y el lenguaje corporal. Acá se ven demasiadas similitudes con el Tezuka que trabajaba para el público infanto-juvenil: exageraciones zarpadas en la anatomía, personajes demasiado caricaturescos, gestos ampulosos, golpes y caídas puestos para generar comicidad… De todo eso se deshará el Dios del Manga a lo largo de los primeros años de la década del ´70, para ascender a la cumbre máxima de su ilustre trayectoria.
En un intento bastante precario por odenar cronológicamente las obras de Tezuka, me parece que justo después de Alabaster vendría El Libro de los Insectos Humanos, donda ya el nivel de mala leche y oscuridad es más profundo y se acaban los chistes y los elementos fantásticos. Y al mismo tiempo que Alabaster (o meses antes, o meses después, porque capaz que este asesino dibujó estas 500 páginas en dos o tres meses) ubicamos a Apollo´s Song, que tiene muchas similitudes de tono con el manga que hoy nos ocupa. Lo cierto es que, sin siquiera aspirar al sitial de Obra Maestra, Alabaster es una lectura que te atrapa, te hipnotiza, te estremece y te deja respirar recién en la última viñeta. Tengo otro libro de Osamu Tezuka sin leer, pero no me veo entrándole antes del 31 de Diciembre.