el blog de reseñas de Andrés Accorsi

jueves, 4 de junio de 2015

04/ 06: JERONIMO PUCHERO Vol.5

El maestro François Boucq se tomó su tiempo para volver a escribir y dibujar una aventura de Jerónimo Puchero (Jerome Moucherot, en francés): una pausita breve, de 13 años. El Vol.4 había salido en 1999 y el Vol.5 apareció en 2012 en Francia y el año pasado en nuestro idioma, a través de Norma, que nos empomó y lo editó sólo en tapa dura, mientras que los otros cuatro tomos sólo están en tapa blanda. No me extrañaría que pronto reediten los cuatro primeros en tapa dura y un montón de nabos se los vuelvan a comprar, para tener toda la colección en el mismo formato…
¿Qué sumó Jerónimo Puchero en esta nueva entrega? Cantidad de páginas. Boucq se animó a un álbum más extenso, con 84 páginas de historieta. Y para agilizar el trámite, no las coloreó él, sino su hijo Alexandre. ¿Y qué perdió la serie tras el prolongado paréntesis? Algo de la sorpresa inicial. Yo creo que Jerónimo Puchero arrancó como una aplanadora porque era una idea fresca, originalísima, un delirio genial que te sorprendía desde la primera viñeta hasta la última. Pero claro, eso fue hace más de 20 años. Después uno se fue acostumbrando al planteo disparatado de esta serie y al volver a leerla hoy, no es “más de lo mismo”, pero algo del impacto ya no está.
Esta tendría que ser frase de cierre de la reseña, pero la mando ahora: si nunca leiste Jerónimo Puchero, empezá por ESTE tomo. Sí, ya sé que dice “Vol.5”, pero arrancá por acá. Boucq lo pensó como un álbum totalmente atípico, en el que el propio argumento le da una excusa perfecta para explicar quién es Puchero, cómo funciona el mundo en el que vive y por qué hace lo que hace. Y el título obviamente es una joda: no es un manifiesto, es una especie de parodia a un documental en la que un científico se mete en la jungla urbana de Puchero para analizar “seriamente” a este especímen y su habitat.
Entre equívocos y bizarreadas, el libro ofrece una buena cantidad de momentos logradísimos en términos de comedia, con pasos más de slapstick (como cuando Puchero tiene que domesticar a su traje para poder usarlo) y otros más de humor verbal. El tramo que sucede en el edificio en el que conviven personas de toda la historia de la humanidad es breve y también inolvidable por lo genial de la idea y lo efectivo de los chistes que llega a meter Boucq en esas seis páginas. La comedia de enredos con los esquimales también, tiene apenas tres páginas pero está resuelta con una gracia increíble.
El dibujo es tan alucinante como siempre. Boucq baja un poquito la sobrecarga de líneas cuando dibuja a los seres humanos, pero sigue tan zarpado como siempre a la hora de dibujar a los animales, con infinitos detalles, pero además con plasticidad, con expresiones graciosas, aunque sin llegar a humanizarlos. En los edificios y los paisajes lo que hace este ídolo es inconmensurable. La jungla de Boucq es definitiva, cobra vida, te envuelve, te enrosca, la sentís latir, la olés. Y cuando dibuja edificios o interiores no se queda atrás. Esa escena en el supermercado… te juro que nunca viste un supermercado tan bien dibujado en tu fuckin´vida. La verdad que son muchísimas las imágenes pensadas para detonarte las retinas. Tantas, que aunque no te interesen ni el personaje ni la trama, o no te causen gracia los chistes, este libro te va a maravillar sólo por la faz gráfica.
Ahora se puso de moda traer de vuelta a personajes que hacía mucho que no tenían nuevas aventuras. Este año vuelven el Metabarón, Corto Maltés, ya volvió Las Siete Vidas del Gavilán… en cualquier momento vuelven Torpedo y Ranxerox y estamos todos. Por suerte, este regreso de Jerónimo Puchero fue mucho más allá del mimo a los viejos nostálgicos que lo recordábamos de los ´90. Si sos fan del glorioso François Boucq o de su carismático personaje, sabés que este libro vale lo que te pidan. Y si nunca te enganchaste con las demenciales peripecias de Jerónimo Puchero, te repito: arrancá con este tomo y después entrale a los álbumes de los ´90. Puchero es un viaje de ida y cada vez que Boucq se proponga recorrer un nuevo tramo, sabe que cuenta conmigo.