el blog de reseñas de Andrés Accorsi

domingo, 21 de junio de 2015

21/ 06: RUSIA EN LLAMAS

Sigo mi recorrida por algunos títulos interesantes de la legendaria colección Un Uomo un'Avventura, gestada en Italia a fines de los ´70, en pleno auge del comic de autor, innovador y prestigioso, que se extendería hasta pasadita la mitad de los ´80.
Rusia en Llamas se editó en Italia en 1977 con el nombre de “L'uomo di Pskov”, un título bastante mentiroso si consideramos que se trata de un álbum de protagonismo claramente grupal. El maestro Guido Crépax nos lleva al pueblo ruso de Pskov en 1919, cuando arden los combates entre el ejército rojo (que responde a los líderes de la revolución soviética) y el ejército blanco, bancado por los terratenientes que quieren recuperar sus prebendas y por algunas potencias extranjeras que no ven con buenos ojos la instauración del comunismo en el gigante de Europa Oriental. La historia se centra en un comando de siete hombres del ejército rojo, en una lucha desigual para destruir los cañones que los poderosos generales blancos tienen emplazados en Pskov. O sea que a lo largo de estas 48 páginas predomina claramente la temática bélica. No hay espacio para recapitular, para bajar data histórica más concreta (eso lo hace muy bien el texto que se publica a modo de introducción), no hay escenas dedicadas a la introspección, no hay una trama romántica... sólo acción, tiros y explosiones, a la usanza de las viejas historietas de guerra.
No hace falta decir que esto es MUY raro en la biblografía de Crépax, que siempre se las ingenió para que sus historias tuvieran mucha introspección, bastante bajada de línea política y –en los últimos 20 años de su carrera- una dosis de erotismo cercano al de las películas porno. Por supuesto, la impronta autoral del maestro subsiste a pesar de tratarse de una historieta “de género clásico”, principalmente en la puesta en página y en el manejo del tempo narrativo. Crépax cuenta esta historia a su ritmo, con páginas de pocos cuadros, páginas en las que despliega su clásico “montaje analítico”, páginas con una planificación de viñetas alucinante, totalmente atípica para una historieta tradicional, y muy poco texto. Rusia en Llamas tiene un problema principal y es que se lee muy rápido. Por un lado eso está bueno, porque enfatiza el vértigo de la acción. Y por el otro, te deja un poco en bolas: si no leés la introducción, no se termina de entender quiénes son estos tipos, contra quién pelean y por qué.
El principal atractivo, entonces, es ese terreno que Crépax logra explorar desde el dibujo gracias a su elección de este ritmo basado en la acción y no en el diálogo ni en la introspección. Una aventura de “palo y palo” dibujada en el estilo del maestro es, de por sí, una rareza y un deleite. Y como si fuera poco, Rusia en Llamas está coloreada por el propio Crépax con unas acuarelas logradísimas, con las que realza climas, incorpora texturas y le suma dramatismo, furia y salvajada a la tremenda historia que nos cuenta desde el guión.
Es probable que Rusia en Llamas no se recuerde hoy como una obra clave dentro de la abultada producción de Crépax (sobre todo en los ´60 y ´70), porque no tiene los elementos que más identifican desde siempre al autor, básicamente esa impronta erótica, recubierta de una cierta pátina de prestigio por tratarse de aventuras de corte experimental, con ribetes psicológicos y subtextos políticos. Acá, con buena voluntad, se puede encontrar el subtexto político, porque está claro que –en el fragor del combate- Crépax se pone del lado de los bolcheviques. El resto, te lo debo.
Y sin embargo tengo que decir que me gustó mucho descubrir a un Crépax distinto, capaz de abordar otra temática, de “caretearla” un poco para ofrecer una aventura más clásica, más lineal, y aún así mucho más zarpada y rupturista que las otras aventuras que ofrecía esta colección. Entre esa grata sorpresa y la magia que pela el creador de Valentina desde la faz gráfica, redondeamos un álbum más que interesante, que se puede leer (junto con la intro, para no quedar pagando) en pleno Siglo XXI sin sentirle en lo más mínimo el olor a naftalina, a fórmula gastada que se quedó en el tiempo. Revolucionario en todo sentido.