el blog de reseñas de Andrés Accorsi

martes, 13 de enero de 2015

13/ 01: FOLA, EL HOMBRE QUE FUE UNA BIBLIOTECA

Este libro ofrece una selección de historietas orginalmente realizadas entre 1931 y 1993 por el legendario Fola (Geoffrey Edward Foladori), el prolífico dibujante nacido en Inglaterra en 1908 y fallecido en Uruguay (donde vivió casi toda su vida) en 1997.
En Argentina, la gran mayoría de los lectores mayores de 35 años lo recordará por Pelopincho y Cachirula, y alguno que leía La Razón se acordará de Don Gumersindo, la tira que publicó durante 45 años en aquel vespertino, hoy convertido en una especie de volante promocional de la Corpo. Pero claro, la obra de Fola es muchísimo más voluminosa y arranca mucho antes de que Billiken comenzara a publicar las historietas de Pelopincho y Cachirula, que después pasaron a Anteojito. La obra temprana de Fola podría haber aparecido tranquilamente en el libro La Historieta Salvaje (reseñado el 06/07/13), porque comparte muchísimos rasgos de los historietistas argentinos de la era pre-Patoruzú: desde la fuerte influencia de los primeros comics británicos y norteamericanos (acá se notan mucho las lecturas de Frederick Burr Opper, Rudolph Dirks, Lionel Feininger, Sidney Smith, Cliff Sterrett y Billy DeBeck) hasta ese ritmo bastante bestial, bastante visceral que hoy desentona bastante con lo que uno se imagina de una comedia familiar.
El dibujo de Fola evoluciona mucho, y en sus comienzos era muy sobrecargado, muy complejo, como el de la mayoría de los historietistas de esa época. Y se parecía poco a lo que conocemos los que lo descubrimos en los ´70. Lo que más envejeció es el tema de la grilla de 12 viñetas, con el dibujo muy chiquito, muy abigarrado, y el rotulado manual, que también se parece mucho al de muchas otras historietas de los años ´30, pero es medio arduo para leer. El resto se la re-banca: las historias son muy locas y sobre todo no son reiterativas, no giran siempre en torno a lo mismo. Tienen chistes en el medio de la página (no sólo en el final) y están respaldadas por un dibujo muy gracioso, con mucho ángel y mucha plasticidad.
Creo que lo que más me gustó del tomo fue La Radio de Gumersindo, una serie muy cómica, de cuando la radio era como hoy la Playstation, más o menos. Hay sólo ocho páginas de eso, pero las disfruté a full. Y después me pareció interesantísimo descubrir que “Pelopincho y Cachirula” fue el nombre que le pusieron en Argentina a Ciengramos y Viola, una historieta que ya era my conocida en Uruguay, porque Ciengramos era personaje habitual de la otra tira de Fola, la más “quinternesca” Don Tranquilo y Flia.
En cuanto a la edición, me resultaron muy útiles los textos a cargo de Matías Castro, que le dan al lector muchísima data acerca del contexto en el que Fola produjo su obra. El papel, en cambio, me pareció muy finito, muy berreta, al punto de permitir que las masas de negro se transluzcan de una página a la otra. La reconstrucción digital de un material del cual –supongo- no había originales, está bastante bien lograda, aunque algún error se deslizó.
En fin, no te digo que si leés a Fola ens 2015 te vas a cagar de risa como si leyeras a Diego Parés o a Gustavo Sala, porque este material está generado con códigos de otra época totalmente distinta a la nuestra, cuando la historieta la leía otra gente, a la que le causaban gracia otras cosas. Lo lindo de este libro es poder apreciar la variedad de la producción del maestro, el vuelo, la imaginación tan típica de estos pioneros, y sobre todo la habilidad para meter mucho detalle en espacios muy chiquitos, como esas tiras del Profesor Pistacho que siempre están resueltas en cuatro viñetas idénticas, repletas de rayitas microscópicas. Con el absurdo, con la comedia, con el slapstick y hasta con tenues atisbos de sátira social, Fola dejó una marca en la historieta humorística en ambas orillas del Río de la Plata. Por eso está bueno que se reediten aunque sea algunos de sus muchísimos trabajos, para que lo descubran los que en su momento no lo hicieron y para que lo podamos analizar más a fondo los que sólo lo habíamos leído con ojos de niño y cero herramientas para un abordaje crítico.

5 comentarios:

Anibal Berrey dijo...

Hace 25 años mi abuela me dejó ponerle nombre a la perrita que habían encontrado, y yo, con 4 años, decidí ponerle cachirula.
right in my childhood.

Pablo Zambrano dijo...

yo tengo menos de 35 (30 de hecho) y lo tengo bien ubicado a fola xq se seguia publicando pelopincho y cachirula hasta el cierre de la anteojito, allá por el dosmil y poco

osvaldo laino dijo...

Excelente nota a un genio del humorismo universal, un tanto olvidado.
Osvaldo Laino.

Balaoo dijo...

hola, ese libro que salió en Uruguay, ¿se consigue en alguna parte? Porque no lo pueden encontrar. Y hablando de Fola, ¿hay novedades del lanzamiento de Pi-pío? Gracias!

Andres Accorsi dijo...

Este libro se daba de regalo a la gente que pagaba la entrada para asistir a Montevideo Comics. Nunca salió a la venta y tengo entendido que se entregó toda la tirada.
Pi-Pío... supongo que el Vol.1 saldrá para la Feria del Libro, en Abril. Pero no te lo puedo confirmar, tendrías que consultar con la gente que lo edita.