el blog de reseñas de Andrés Accorsi

jueves, 7 de mayo de 2015

07/ 05: CUBA, 1898

Este álbum de 1979 se publicó originalmente en Italia dentro de la colección Un Uomo un'Avventura, la misma en la que apareció El Aventurero del Caribe, aquel trabajo de Hugo Pratt que vimos el 13/05/13. La consigna de la colección era narrar una historia autonclusiva, con un protagonista masculino al frente de una aventura en algún lugar exótico, en lo posible en alguna época interesante a nivel histórico. El maestro Fernando Fernández (uno de los dos artistas españoles convocados para el proyecto), entendió todo para el orto: Cuba, 1898 es un libro de historia disfrazado mínimamente de historieta, en el que el hombre y la aventura casi no tienen ningún protagonismo.
Fernández arranca con un interesantísimo texto que narra todo el proceso de las luchas por la independencia en Cuba, los intentos fallidos por romper las cadenas con el ya baqueteado imperio español. El relato llega hasta 1898, con lo cual el autor daba por entendido todo el contexto de lo que iba a suceder en las 48 páginas de historieta. Y sin embargo, de punta a punta de esas 48 páginas, Fernández se dedica a contarnos la historia de aquella última lucha, la que enfrentó a los rebeldes cubanos con las fuerzas españolas, esta vez con los yankis metidos en el medio. El tono es didáctico, detallado, lleno de fechas y datos. Claramente, Fernández quiere que aprendamos la lección. Y de hecho lo logra, porque la data –además de ser abundante- está bien presentada. Pero, ¿y el hombre? ¿y la aventura?
Como el encargo le llegó de una editorial italiana, Fernández decidió que el protagonista sea Sergio Masetti, un médico italiano ya cuarentón o cincuentón, que está en Cuba por motivos totalmente frutihortícolas. El rol de Masetti en la trama es básicamente el de un testigo: cura heridos de los tres bandos, se solidariza más con los cubanos, pero su accionar jamás define nada y son pocos los momentos en los que percibimos que su vida puede correr peligro. En las extensas secuencias que Fernández dedica a narrar desembarcos, avances de tropas, discursos de militares y políticos y demás, Masetti no aparece ni de adorno.
Lo más interesante que le sucede al protagonista es enamorarse perdidamente de una chica cubana mucho más joven que él. No hace ni cuatro horas que Sergio y María se conocen y ya se están declarando amor eterno, con frases trilladas y melosas, que felizmente desembocan en un garche light, pero garche al fin. Este artificio, totalmente forzado, le servirá a Fernández para darle a Sergio una especie de meta: volver a reunirse con María en una ciudad que se encuentra sitiada por las distintas fuerzas que forman parte de la contienda. Entonces, se podría argumentar que Sergio no está al pedo durante casi toda la historieta, sino que está esperando el momento propicio para volver en busca de María. En fin… como argumento, se cae a pedazos. Y el desarrollo del personaje –fuera del romance express- es ínfimo a lo largo de las 48 páginas de la novela.
La faz gráfica tiene un gran problema, que es el color. El virtuosismo de Fernández se luce cuando lo dejan trabajar a color directo, o en blanco y negro. Y esto no es ni una cosa ni la otra: está todo coloreado con colores planos, básicos, casi sin matices, sin caer en las atrocidades de Columba, pero a milenios luz de lo que haría Fernández poco después en Drácula o Zora y los Hibernautas. El dibujo en sí tampoco está tan perfecto como en las obras que consagrarían a Fernández, si bien tiene muchos hallazgos, especialmente en la planificación de las páginas, en la recreación histórica y en la forma en que Fernández dibuja las selvas, las mujeres y los caballos. La iluminación también está muy bien y la narrativa se resiente un poco por las brutales cantidades de texto que aparecen en las páginas que el autor le dedica a la data histórica, a los discursos de militares y políticos y a los diálogos en general. Las escenas con menos texto son –sin duda- las que mejor funcionan.
En fin, un álbum al que se le nota muchísimo el paso del tiempo. Lo rescato porque me encanta Fernández y porque baja la línea correcta: No se copa ni con los españoles que se aferran a las ancestrales prácticas imperiales, ni con los yankis que mandan tropas a cualquier lado con la excusa de defender la libertad y la democracia cuando en realidad vienen a defender y a expandir sus negocios. Mozo, un Cuba Libre!