el blog de reseñas de Andrés Accorsi

viernes, 8 de mayo de 2015

08/ 05: CATWOMAN Vol.4

Después de la epopeya devenida en tragedia del tomo anterior, era lógico que Ed Brubaker quisiera pegarle un volantazo grosso a la serie, y eligió uno muy inteligente: sacar a Selina de Gotham, a ver qué pasa. El libro arranca con una historia cortita de Slam Bradley, rescatada de aquel generoso Secret Files & Origins, que no suma gran cosa pero está muy bien dibujada y narrada con bloques de texto muy bien escritos.
Y después sí, arranca el road trip de Selina y Holly, cuya primera parada será en una granja. Allí vive Ted Grant (cuando no está en misiones junto a la JSA), quien accederá a entrenar a Holly, como lo hizo hace tantos años con su felina amiga. Como están cerca de Nueva York, ambos enmascarados gatunos se darán una vuelta por los tejados de la Gran Manzana y se machacarán con unos extraños adversarios, pero lo realmente interesante es la interacción entre ellos, los diálogos filosos, los pases de facturas viejas, los flirteos. Después, el guionista se las ingeniará para que esa pelea no haya sido meramente decorativa, pero en el contexto de esta historia básicamente autoconclusiva, daba esa sensación.
La siguiente etapa del viaje lleva a Catwoman a Keystone City, donde vivirá una trepidante aventura junto a Captain Cold, básicamente un choreo audaz y peligrosísimo, del que Selina saldrá bien parada y Lenny Snart… no tanto. Le sigue el mejor episodio del tomo, una verdadera gema: Selina y Holly, solas en un comedero típico de las rutas de EEUU, contra tres malvivientes armados. Es una historia chiquita, intensa, con un dilema moral muy bien pensado, que Brubaker resuelve con jerarquía (y violencia) en apenas 10 páginas. El resto del episodio lo rellena con una secuencia en Gotham, en la que Batman lo aprieta a Slam para saber dónde está Catwoman, y lo que debería haber sido una charla apacible entre caballeros se pone espesa y termina con un festival de piñas un poco excesivo. Hay muy buenos diálogos, buenos bloques de texto narrados por el veterano detective y la acción está bien llevada. Lo que no sé es si hacía falta tanta machaca.
Nueva parada de Selina y Holly, esta vez en Opal City, y ahora sí, más allá de los guiños a los lectores de Starman, lo que le interesa a Brubaker es empezar a encauzar la historia en torno a los extraños cultistas de vestimenta arábiga con los que se cruzaron Catwoman y Wildcat en New York. El subplot principal (la búsqueda de alguien que no sabemos quién es) también empieza a ganar peso en la trama, aunque falta para que se resuelva.
Y para el final, la visita a St. Roch, donde reaparecerá Wildcat, también jugando de visitante en la ciudad de Hawkman y Hawkgirl. El erudito en culturas antiguas Carter Hall será de gran ayuda para deducir de qué juegan los zarpaditos del turbante, pero no llegarán a machacarse: el combate contra este culto quedará para más adelante, para cuando Selina regrese a Gotham. El plot que sí se cierra en St.Roch es el de la búsqueda de ese muchacho perdido, que resulta ser… nah, mejor no te lo cuento.
Los dos episodios y el breve unitario que dibuja íntegramente Cameron Stewart son una belleza. La evolución gráfica del británico desde el tomo anterior a este es espectacular. Sin embargo, en los tres episodios restantes, pareciera que Cameron sólo entinta, o le da el toque final, a páginas que dibujan otros artistas: Nick Derrington (al que vimos suplir a Mike Allred en algún tomo de X-Force) y el maestro Guy Davis. Ninguno de los dos logra reproducir la magia de Stewart y la historieta se resiente un poco, sobre todo en las expresiones faciales, que es donde más se nota la incompatibilidad gráfica entre Stewart y sus colaboradores. No tengo dudas de que si lo dejaban a Davis dibujar y entintar todo en su estilo, tendríamos un mejor resutado, y a la vez entiendo que se haya decidido priorizar una cierta coherencia estética, disimulando de algún modo los cambios de estilo con un entintado que los trata de uniformar. La jugada no salió diez puntos, pero tampoco es una abominación.
Y bueno, no me quedan más TPBs de Catwoman. Me falta ese mega-broli de 312 páginas donde se recopilan todos los episodios que me faltan para tener completa la inolvidable etapa de Ed Brubaker al frente de esta serie en la que, incluso cuando jugó a integrarla a full al Universo DC, dio cátedra de “comic de autor adentro del mainstream”.