el blog de reseñas de Andrés Accorsi

lunes, 18 de mayo de 2015

18/ 05: SUPERMAN Y LA BOMBA DE LA PAZ

Esta es una historieta rarísima, que yo nunca había leído, a pesar de que se editó en 1990 en Dinamarca y al año siguiente en España (es decir, en algo más parecido a un idioma humano). Originalmente se llamó Superman og Fredsbomben y pasó a la historia por ser la primera historieta de Superman desarrollada oficilamente en Europa, sin supervisión de DC. Nunca supe muy bien por qué DC accedió a darle luz verde a un proyecto que no pudo controlar. Sospecho que habrá sido por expreso pedido de una editorial que tenía la licencia para publicar DC en Dinamarca y que debería desembolsar cifras muy convincentes. Dinamarca es un mercado en el que a DC le va muy bien hace muchísimos años, así que puede ser. Lo cierto es que el guionista Neils Sondergaard tuvo total libertad para contar una historia de Superman en un formato bien europeo: un álbum 100% autoconclusivo, de 46 páginas, tamaño grande, pintado a color directo… Y la timba, la extraña cruza entre un álbum europeo y un comic de superhéroes, le salió bastante bien.
Dos datos curiosos: primero, esta historia nunca se editó en EEUU. Segundo, esta historia está integrada casi perfectamente al Universo DC. Sondergaard no mandó fruta, no mezcló elementos de distintas versiones, no agarró para el lado de los Elseworlds. Este es el Superman posta de la continuidad oficial (de 1990), con la Lois Lane de esa época y el Lex Luthor de esa época. Incluso se menciona a los Global Guardians y hace un cameo Ice, en el que deja en claro que es una heroína noruega que forma parte de la JLI. La única libertad que se toma el guionista es la de inventarle una hermana a Ice, una fisiculturista agresiva, una marimacho con poderes sobre el hielo que parece una caricatura mitad graciosa y mitad grotesca de Brigitte Nielsen. El resto, podía pasar tranquilamente como un Annual o un prestige editado oficialmente por DC en EEUU.
Bueno, no… hay un pequeño detalle. El comic tiene un marcado matiz político. Sondergaard aborda el tema del desarme nuclear y lo hace desde una postura muy crítica del doble discurso de EEUU y Rusia, muy lejos de la ingenuidad política con la que los guionistas yankis suelen abordar este tema. Acá hay una visión muy europea, de países que hicieron muy buena letra en el ámbito de la lucha por la paz (si se me permite el oxímoron) y que tienen la autoridad moral suficiente para decirle en la cara a los yankis “Paren de vender humo y tomen medidas EN SERIO para frenar la carrera armamentista”. Sondergaard podría haber aprovechado la presencia de Luthor para cargar las tintas sobre el villano y no salpicar al gobierno de EEUU, y sin embargo elige el camino más arriesgado, que es el de cuestionarlo duramente.
¿Y qué hace Superman en una historia que se mete con los tapones de punta a discutir temas de política internacional? La última vez que lo habíamos visto envuelto en una trama que agarraba para ese lado (The Dark Knight Returns), cumplió un rol lamentable, reducido por Frank Miller a un títere de Ronald Reagan, crédulo y fácil de manipular. Acá el rol de Superman está mejor pensado y el ensamblaje entre la bajada de línea y la aventura superheroica funciona bastante bien. La machaca no abunda, pero siempre está bien justificada, con amenazas que casi están al nivel de poder del Hombre de Acero.
De todos modos, lo más lindo que tiene este álbum es el dibujo, del ídolo danés Teddy Kristiansen. Ojo, no es el Kristiansen de ahora, el que venera a Egon Schiele. Es el Kristiansen anterior a Grendel Tales, el que miraba muchísimo a Pasqual Ferry y a Fernando De Felipe, el que aprendió narrativa yanki copiándole los yeites a Matt Wagner y en menor medida al Dark Knight de Miller, Janson y Varley. Es un Kristiansen mínimo, vital y móvil: Mínimo porque tiene un trazo muy despojado, muy claro, casi sin manchas, con el que define todo en pocas pinceladas y recién en el color le agrega tonalidades; vital porque son dibujos frescos, amistosos, llenos de onda, a los que se le nota una gran libertad; y móvil porque las figuran tienen un gran dinamismo, una plasticidad alucinante. Un hermoso trabajo de este gran danés que más tarde se reinventaría como un artista mucho más complejo.
Y bueno, obviamente me gustó y recomiendo esta extraña aventura de Superman. No es la mega-maravilla definitiva pero como intento de mestizaje entre comic europeo y comic yanki, funciona realmente muy bien. Ojalá hubiera más proyectos de este tipo, más cruces entre estas formas tan distintas de pensar y producir historietas.

5 comentarios:

Juan Pablo dijo...

Uhhhhh, la puta madre que lo parió! Donde mierda tendré esa revista!!!
Vos sabés que la tuve, Andrés!
Todavía me la acuerdo.
Unos dibujos preciosos, que ni se parecen a los que después vería de ese autor.
Una alegría reencontrarme con ella de este modo!

Damián dijo...

Que linda portada.

Ted Kord dijo...

La bomba de la Paz fue publicada en los 90tas por zinco y se conseguía más facil que los tomos de las TMNT de Deux en un momento.
Tiraste un poco de luz sobre los autores con este informe Andrés, gracias, siempre me encanto este experimento raro de comic.

Adrián Montini.- dijo...

Yo la tuve, la había conseguido en saldos de la Libertador de Corrientes y Talcahuano!!
Después le perdí el rastro... Snif!

Me acuerdo de una secuencia chiquita y genial, donde Clark se quedaba mudo durante 3 o 4 viñetas, porque Lois le había preguntado algo, y él saltaba con una respuesta cortita, luego de haber carburado mentalmente "¿qué le digo, qué le digo, qué le digo...?" (y que en realidad ocurría durante la secuencia muda)
Esa escena me hacía cagar de risa, y sería inencontrable en el Superman oficial.

Voy a intentar recuperarlo, por Tutatis y por Jimmy Olsen!

Abrazos!
Adrián.-

oenlao dijo...

bien por el oximoron