el blog de reseñas de Andrés Accorsi

domingo, 6 de febrero de 2022

NUEVAS LECTURAS

Bueno, sí, lo confieso: compré un libro de Deux, la editorial del delincuente de Muñones. Bueno, está bien, está bien. No fue uno... fueron tres. Pero fue sin querer, una tentación, un desliz. Vi un librito con historietas unitarias de las que salían en Skorpio, y como fan de Eduardo Mazzitelli y amigo del inolvidable Rubén Meriggi, no me pude resistir. ¿Hay baja de penas si logro demostrar que lo pagué con descuento? ¿No? Bueno, ¿y si juro vendérselo barato a alguien más que lo quiera y no lo tenga? Porque la verdad que, fuera del cariño que uno tiene por la memoria de Rubén y lo lindo que es que se reedite el material de aquella época tan copada de Skorpio, Fantasías no es un libro imprescindible. De movida, de las 56 páginas que ofrece, DIEZ no son historietas sino pin-ups, carátulas y rellenos varios. Una proporción muy superior a la recomendada. Después, si te lo comprás por ser muy fan de Mazzitelli, vas a descubrir que uno de los cuatro relatos que incluye el libro NO lo escribe Eduardo, sino Walter Slavich, su amigo y socio de aquel entonces. Ojo: el de Slavich es un muy buen guion, pero por ahí vos te comprás los libros de Mazzitelli para leer historietas de Mazzitelli. Y si sos muy fan de Meriggi sí, este libro te cierra por todos lados, porque las páginas que no tienen historietas son dibujos e ilustraciones del recordado co-creador de Crazy Jack, en las que deja la vida. En cuanto a las historietas, la primera de Mazzitelli se basa en una muy buena idea, que se estira un poquito más de la cuenta. Seguramente se podía contar lo mismo en menos de 10 páginas, quizás con más fuerza. Después tenemos la de Slavich, una gran historia sobre la codicia, que funciona muy bien. En la tercera vuelve Mazzitelli, pero no logra que la idea (piola, interesante) se plasme en un gran guion. Y la última, también fruto de la hábil pluma de Eduardo, es una historia atrapante e ingeniosa, en la que se luce su prosa florida, pero sin eclipsar a la trama, que es muy buena. En el apartado gráfico, se nota cómo a Meriggi no le resultaba del todo cómoda esta narrativa compacta, que muy rara vez le permitía meter menos de cinco viñetas por página. Yo creo que, a medida que avanzó su carrera y se afianzó su estilo (repleto de rayitas, con esos cross-hatchings alucinantes), Meriggi se fue haciendo menos historietista y más ilustrador. Cada vez más se lo veía más a sus anchas en páginas de poquísimos cuadros, o directamente en pin-ups bien zarpados, que en páginas donde tuviera que poner el dibujo al servicio de un relato. Sobre todo en la tercera historia, la trama ofrece varias instancias en las que vendría bárbaro una splash-page devastadora, a todo o nada, y me lo imagino a Meriggi mordiéndose los dedos para no dibujarla, porque los editores italianos no querían páginas de menos de cuatro viñetas. Y aún así, “preso” de un formato que lo restringía muchísimo, Rubén le ponía el alma a estas historias para Skorpio y hay excelentes fondos, un equilibrio muy personal entre blancos y negros, buenas expresiones faciales… Falta por ahí un poco más de variedad de planos en las historias de Mazzitelli, no así en la que escribe Slavich. Pero visualmente esto es grosso para los fans de Meriggi y de la fantasía épica en general. Bueno, me parece que no se lo vendo a nadie. Me lo quedo y a la mierda. No todos los días se edita material de Meriggi y Mazzitelli y yo lo celebro, aunque lo edite un garca que en un país más normal sería la novia de todo un pabellón de reclusos en un penal de máxima seguridad.
Le entré al Vol.3 de 20th Century Boys, la obra maestra del inmenso Naoki Urasawa… que se volvió completamente loco. El tomo (doble) arranca con 110 páginas de lo que hasta ahora era la trama central, con Kenji y sus amigos enfrentados a la tétrica conspiración del enigmático Amigo, en la bisagra entre el Siglo XX y el Siglo XXI. Y ahí, de pronto, sin previo aviso, la narración salta 14 años para adelante, al 2014, y se mantiene el clima de lo que veníamos viendo, pero ahora el manga cambia totalmente de protagonistas. Urasawa centra el resto del tomo en Kanna, una chica que en el 2000 tenía tres años y ahora tiene 17, que interactúa con personajes 100% nuevos, algunos vinculados con distintos niveles de sutileza a los que aparecían en el tramo situado en el 2000. Entonces, las secuencias del “futuro” nos spoilean (también con bastante sutileza) lo que pudo haberle pasado a Kenji y sus amigos, del los cuales prácticamente no vamos a volver a oir hablar en lo que queda del tomo. Y también vamos a ver cómo entran en escena varios personajes nuevos (algunos de ellos son mangakas, basados en el propio Urasawa y en los legendarios Fujio Fujiko) para protagonizar largas secuencias que, muchas páginas después, van a conectar de alguna manera con la trama central. Sobre el final del tomo, tenemos un nuevo segmento ambientado en el pasado. ¿Retomamos la trama que había quedado colgada en el 2000? No, nos vamos a 1971, cuando los protagonistas eran chicos de escuela primaria. Urasawa va y viene, nos muestra la puntita, la esconde, nos enloquece en el camino del misterio y explora nuevas formas de generar suspenso y tenernos totalmente enganchados con una trama que se hace mucho más compleja tomo a tomo y capítulo a capítulo. Es increíble cómo se toma el tiempo y el esfuerzo para definir perfectamente a todos los personajes que va sumando al elenco, por pequeños que sean sus roles. Todo contribuye a generar tensión y a dotar a la saga de un mayor realismo y una mayor humanidad. Lo del realismo se ve también en el dibujo: son pocos los personajes que respetan la estética tradicional de los héroes y heroínas de los mangas. La mayoría de las creaciones de Urasawa se parecen mucho más a los seres de carne y hueso que pueblan el país del Sol Naciente, y a unos y otros el autor les permite expresarse a sus anchas con un dibujo fastuoso, con una atención devastadora a todos los detalles que me hace acordar a los mejores trabajos de Horacio Altuna. Sumémosle las grandes escenas de acción, los distintos climas que ofrecen los distintos tiempos y locaciones en los que transcurre la historia, y tenemos un manga que solo un genio podría dibujar. Esto es una demencia, es llevar todo al extremo más zarpado. No sé cuánto voy a aguantar sin zambullirme en el Vol.4. Y hasta acá llegamos. Muchas gracias y aprovecho para invitarlos a las presentaciones de ¿Quién quiere ser superhéroe? en Claromecó (el jueves 10 en el parador Orilla Gurú) y en Mar del Plata (el viernes 11 en el bar El Argentino). Nos reencontramos pronto, acá en el blog.

3 comentarios:

Milo Garret dijo...

Hola Andrés! Pregunta offtopic
Leyendo Quién quiere ser superhéroe, me dieron ganas de leer Savage Dragon. Pero dónde se pone buena, más o menos? Porque agarre los primeros números y mmmmm
Gracias!

Andrés Accorsi dijo...

Sí, por ahí los ocho o nueve primeros números no son los mejores. Pero para el 15-20 la serie ya está en un nivel increíble y lo banca por lo menos hasta el nº75, que es donde pega el primero de varios sacudones MUY bizarros.

Milo Garret dijo...

Ah genial, persisto entonces. Gracias!