
De esta saga se podría escribir un libro entero, no? 365 Días de Artículos sobre Crisis… En parte por lo que pasa en estas 350 páginas y en parte por cómo repercutieron, para atrás y para adelante, en la historia del Universo DC, y del comic de superhéroes en general. Pero bueno, veremos hasta dónde llegamos en 4000 caracteres…
Qué grossa dupla la de Marv Wolfman y George Pérez. Cómo se nota que entre ellos hay cariño, onda, casi telepatía. Hoy, ninguno de los dos está en su mejor momento artístico, pero si hacen algo juntos, seguro vibra de la onda que le ponen.
Otro maestro, Jerry Ordway. Es impresionante cómo después de varios números a los tumbos, con Dick Giordano y sus esbirros tratando sin éxito de hacerle justicia a los lápices de Pérez, cae Ordway y la majestad del dibujo se potencia al infinito.
Ovación también para Bob Greenberger, coordinador del proyecto cuando salió originalmente, en 1985. Esta serie no sólo generaba kilombo a nivel editorial: era un kilombo en sí misma. Y sin un coordinador que remara para sacarla adelante, corríamos serios riesgos de que no condujera a nada.
Obvio que DC en buena mediad desaprovechó el hiper-impacto que generó esta serie. ¿Te imaginás si al mes siguiente hubiesen reiniciado todas las revistas desde el n°1, todas ya ambientadas en la continuidad post-Crisis? Habríamos visto una nueva Golden Age, mínimo. Pero no. Crisis, como artefacto de continuidad, no podía arreglar todo por sí sóla y dependió de otros autores y otros coordinadores, menos comprometidos con el cambio que proponía Wolfman. Así es como DC tardó AÑOS en reacomodar su línea editorial a los “revolucionarios” sucesos de Crisis.
Pero leer Crisis sólo como artefacto de continuidad es trampa. La onda es leerla como historieta, a ver qué pasa, a ver si se banca los 26 años transcurridos. Y la respuesta es “casi”. El argumento está MUY bien pensado. Los orígenes de los Monitores, Pariah, Lyla, Alexander Luthor, la explicación de la anti-materia, todo está muy bueno. El guión, no tanto. En un montón de escenas pasan cosas que giran en torno a estos personajes y los héroes y villanos del DCU están ahí, boyando, medio de adorno, porque no tienen la más puta idea de qué hacer ni cómo. Excepto en la lucha final, cuando el Anti-Monitor se lleva la Tierra al universo de anti-materia, los héroes no tienen chapa, no hacen nada decisivo. Van, siguen instrucciones, tiran alguna piña, pelean al pedo contra una horda de villanos retobados (en ese infausto noveno episodio que ya no tenía razón de ser en 1985 y menos ahora) y cada tanto mechan algún diálogo ingenioso, o un acto heroico y noble. Pero como la trama es atractiva y hay muchas escenas fuertes, y a la hinchada le encanta el hiper-team-up de todos los personajes juntos, el trámite se hace llevadero.
Y hago un hincapié en lo de las escenas fuertes. Mientras muchos apuestan a la gradilocuencia, Wolfman apostó a la emotividad. Los momentos más power de Crisis son escenas donde gobierna la emoción, lo humano por sobre lo sobrehumano. Tal vez por eso Wolfman le da tan poca bola a cómo se vive la Crisis en los otros planetas (no aparece New Genesis, sin ir más lejos): al tipo le interesa mostrar el cataclismo del multiverso como un drama -ante todo- humano. Lo mejor es que lo logra.
Lo de Pérez, ciclópeo. No sé si alguien alguna vez dibujó tanto en un comic como Pérez en Crisis. Y más allá de lo cuantitativo, lo más notable es la calidad, que acá sobra. Los quiero ver a los pecho frío de ahora dibujar todas esas páginas con 15 cuadritos y 40 ó 50 personajes (algunos de ellos absolutamente ignotos) en cada cuadrito.
Después de Crisis, vinieron chotocientas mil saguitas llenas de crossovers que amagaron con cambiar “para siempre” al Universo DC y a todos los demás. Ninguna se le arrima siquiera a Crisis, ni en ambición, ni en resultados.
Ah, y lo más lindo de todo: no aparece ni en una sóla viñeta el pelotudo de Hal Jordan, hoy figurita archirrepetida y ultra-sobre-explotada en el DCU.