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viernes, 17 de julio de 2026
DOS DE 2019
De pura casualidad, hoy se me juntaron para reseñar dos libros publicados el mismo año: 2019, año inolvidable porque salió campeón Racing y porque el caradura de Mauricio Macri se presentó a la reelección y se comió una paliza histórica.
Empiezo con el Vol.6 de Paper Girls, así cerramos de manera lo más prolija posible esta serie de seis reseñas (una por TPB) que empezó allá por el 25/03/19. Voy a extrañar mucho a estas cuatro pibas, me hice muy fan de las cuatro. Brian K. Vaughan y Cliff Chiang me hicieron quererlas y bancarlas incluso cuando se mandan alguna cagada. En este tomo, la intrincada odisea espacio-temporal de KJ, Erin, Tiffany y Mac llega a su fin de un modo... un poquito anticlimático. Los autores no nos regalan esa secuencia de tensión insostenible, en la que TODO está en juego y en la que cada segundo puede ser decisivo. El final resulta más conversado, menos épico y menos explosivo de lo que yo por lo menos me imaginaba.
Lo que sí tenemos son dos episodios memorables, muy por encima del resto. El tercero de este último TPB (originalmente el nº28) es una cátedra de historieta formal: Vaughan y Chiang dividen cada página en cuatro tiras, y en cada tira desarrollan una secuencia protagonizada por una de las pibas. A lo largo de 22 páginas, vemos cómo avanzan cuatro historias en paralelo, cada una en una franja de la página. Pero además los textos de cada una de las franjas conectan de alguna manera sutil (y "alanmooresca") con los que le siguen, aún cuando los que le siguen tiene que ver con una protagonista, una locación y hasta una época totalmente distinta. Malabares asombrosos, ejecutados con maestría para atrapar al lector que ya tiene mucha historieta de aventuras y ciencia ficción a sus espaldas y quiere algo más.
El otro episodio increíble es, predeciblemente, el último. Con la trama aventurera ya resuelta, la normalidad reestablecida, las protagonistas de regreso en 1988 y con los recuerdos alterados para que lo vivido en tiempos futuros no condicione su vida de nenas de 12 años de un pueblito de EEUU, quedan por delante 44 páginas exquisitas. Acá Vaughan vuelve a apostar fuerte por el costumbrismo, y ahora los diálogos (en vez de explicar complejas paradojas temporales) vuelven a hablarnos de las chicas, a profundizar en la personalidad de cada una, e incluso a hacernos reir con algún que otro chiste, sumado a las referencias retro a la cultura infanto-juvenil de 1988. Hay también una leve dosis de aventura, pero es un final donde ganan la ternura, el afecto, la amistad, los sueños, la esperanza. Muy hermoso y muy disfrutable, de punta a punta. Y el dibujo de Chiang, también, precioso, dinámico, sin pasarse de rosca con detalles que distraen al ojo, bien concentrado en la acción y las emociones, que son las que llevan adelante la trama. Llego tardísimo, porque ya medio mundo recomendó Paper Girls... con toda justicia, porque es un muy buen comic.
Hace poco menos de un año, el 31/08/25, vimos en este espacio una obra de Fabrizio Dori, increíble historietista italiano con mucho más reconocimiento en Francia que en su país natal. Y hete aquí que en 2020, apenas unos meses después de aparecida en Francia, su novela gráfica El Dios Vagabundo se editó en España, así que hasta me di el gusto de leerla en nuestro idioma (no como la de Gauguin, que la tuve que leer en inglés).
El Dios Vagabundo conecta bastante con el Bacchus de Eddie Campbell y con el Sandman de Neil Gaiman. Es una extensa aventura (casi 150 páginas) centrada en un sátiro de la mitología griega, integrante de la corte del dios Dionisio, que por circunstancias que no tiene sentido revelar acá, fue rebajado a vivir como un mortal. La única ventaja que conserva Eustis es que no envejece, y que puede tomar todo el vino que quiera sin ponerse en pedo. Pero eso lo puede hacer también Wolverine, no jodamos... Entonces, la trama del libro lleva a Eustis a recorrer distintos lugares y rodearse de otros personajes (algunos fantásticos, otros más ordinarios que viajar en subte en hora pico) para tratar de encontrar pistas que lo llevarán a conseguir un objeto, con el que eventualmente podrá negociar con otro dios para que lo "indulte". Así se suceden situaciones muy atractivas, resueltas por Dori con ingenio y siempre atento para sacarles el máximo jugo en materia visual. Cada elemento que Dori pone en juego, detona nuevas posibilidades narrativas y gráficas, una más bella que la otra.
Incluso si el guion no te interesa en lo más mínimo, si no te enganchás con los personajes, sus peripecias y sus conversaciones, El Dios Vagabundo te va a masacrar desde el dibujo. Fabrizio Dori es un dibujante de un talento descomunal, inexplicable. El tipo maneja recursos que aprendió de Lorenzo Mattotti, de Max, de dibujantes humorísticos, de grabados orientales, por supuesto todas las referencias a la mitología griega nos remiten también al arte de la antigua Hélade, las paletas de colores van de Alberto Breccia a Teddy Kristiansen, pasando por el arte pop de los ´60, las clásicas ilustraciones de cuentos de hadas... Visualmente esto es un delirio absolutamente genial, que incluye (por si faltara algo) un magnífico homenaje a Vincent Van Gogh, cuya historia intersecta en un punto con la de Eustis. Para ser un autor tan diestro en la utilización de recursos propios de la ilustración y las artes plásticas, Dori resulta ser un narrador formidable, que nunca se olvida que en la historieta las imágenes (por hermosas o impactantes que sean) están para contar una historia. Y eso no falla. Sea con puestas clásicas o rupturistas, el relato fluye con naturalidad, aún mientras uno se babea con los dibujos. Banco a full a Fabrizio Dori y espero conseguir más trabajos suyos, en el idioma que sea.
Y nada más, por hoy. Muchas gracias por el aguante y reencontramos pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.
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domingo, 31 de agosto de 2025
DOMINGO DE LLUVIA
Por ahí me equivoco, pero tengo la sensación de que hacía mil años que no posteaba en el blog un domingo... como si importara, no?
Hoy empiezo con una obra maestra: edición británica de una obra realizada para el mercado francés por uno de los mejores autores italianos de la actualidad. La verdad es que los ingleses publican muy bien, en tamaño un toque más chico y tapa blanda, esas obras que los franceses te sacan en formatos enormes, pesadísimos y demasiado chetos para mi gusto. Así que, gracias a la editorial Self Made Hero, pude acceder por poca plata a Gauguin: The Other World, esta increíble biografía de Paul Gauguin realizada en 2016 por el indescriptible Fabrizio Dori.
Cuestión fundamental, sin la cual no podemos seguir adelante con la reseña: ¿Hay alguna chance de que esta novela gráfica atrape a alguien que no es fan de Gauguin, que no sabe o no le interesa saber quién fue Gauguin? Yo creo que muy pocas. Obviamente, al estar dibujada con semejante virtuosismo, el solo de hecho de pegarle un vistazo a las imágenes, la hace atractiva. Porque vas a ver a un Dori distinto al de sus obras más conocidas, que no se va al carajo con la puesta en página sino que se ajusta a grillas más tradicionales (porque sabe que la figura de Gauguin va a traer lectores que no están muy curtidos en esto del relato secuencial) y porque el italiano ensaya una maravillosa mixtura entre su estilo y el del famoso pintor francés de fines del Siglo XIX. El resultado es visualmente bellísimo, si bien tanto el estilo pictórico (no necesariamente de este pintor en particular) como el de Dori tienden un poco hacia figuras estáticas, sin esa dinámica típica de las historietas, sobre todo aquellas enfocadas en la acción.
Y claro, Gauguin: The Other World no está centrada en la acción. No vuela un sopapo en más de 120 páginas. Dori cuenta de manera muy personal la vida y las pasiones del artista francés, con un ritmo muy pachorro, más jugado a la introspección, a la reflexión, con momentos oníricos, porque todo está teñido de un cierto misticismo, e incluso en un momento la mitología de los nativos de Tahití copa la parada y se convierte en el eje del relato durante varias páginas. Pero básicamente te tiene que interesar la vida de Gauguin para engancharte con la trama. No hay otros personajes que aporten carisma o intriga, no hay aventuras (a pesar de las locaciones exóticas), no hay tiros ni piñas, el sexo no está enfatizado, los diálogos no juegan a ser picantes... Es la vida de un tipo que eligió un camino atípico, que se vinculó con el arte, con la gente, con su propia familia, de un modo atípico, y que -lógicamente- se chocó con los obstáculos típicos de quien opta por vivir a contramano de su entorno y de su tiempo. Dori le agrega una fina pátina de elementos fantásticos, de manera muy sutil, muy elegante, lo cual le permite esas instancias en las que el protagonista dialoga (prácticamente) consigo mismo, con sus fantasmas y sus obsesiones, lo cual nos permite a nosotros entender un poquito mejor qué lo motiva a pegar esos volantazos tan osados en su vida.
Si sos fan de Paul Gauguin, te recomiendo enfáticamente este libro. Y atenti, que habrá más Fabrizio Dori en el blog, en un futuro no muy lejano.
Me voy a Brasil, año 2019, para encontrarme con un autor al que no conocía y me voló la peluca: Camilo Solano. Una bestia, un historietista con un talento descomunal. La portada de O fio do Vento te desorienta por completo, porque el estilo que vas a ver adentro del libro no se parece en nada al de la portada. A lo largo de unas 90 páginas, este monstruo del claroscuro va a desplegar un estilo que en la base, en la forma de plantear la viñeta y de pensar y mover a los personajes, parece una especie de John Kricfalusi, un demente, un alucinado, un pasado de rosca total. Pero después, en la etapa de la tinta, Solano abraza otro tipo de excesos y se sube a la tendencia de los europeos que meten mucha mancha negra, mucha rayita y le ponen todo a los efectos de iluminación. Ahí aparecen Frederik Peeters, Blutch, Christophe Blain... Y sí, un comic dibujado por Kricfalusi y entintado por Blutch es una bizarreada, pero también una genialidad. Y eso es lo que nos ofrece la faz gráfica de O fio do Vento: una estética underground, atrevida, grotesca, combinada con un trabajo impresionante en la incorporación de la línea y la mancha negras.
El guion es divertido, está repleto de escenas impactantes y de diálogos muy graciosos. Los personajes son copados, las situaciones son originales... el problema de O fio do Vento es el argumento, es cómo y en base a qué hilvana Solano todas estas situaciones. Y acá es donde la novela gráfica flaquea como tal. Porque arranca con una situación (la del tipo que hace transmisiones amateurs de radio), después agarra para otro lado (este tipo resulta ser músico y empiezan a aparecer otros integrantes de la banda en la que toca), después para otro, y el foco del relato se desplaza una y otra vez sin mucha lógica. Cuando parece que el protagonismo lo va a acaparar "Labios de Miel" (apodado así porque silba bárbaro), Solano lo desactiva para contar una historia centrada en su padre, pero sobre el final arranca otra mini-historia, de nuevo con "Labios de Miel" en el rol central.
Por ahí, en vez de forzar una única historia de 90 páginas, Solano debió haber pensado este libro como un compilado de historias cortas, con cuatro o cinco principios y cuatro o cinco finales. Esta forma que encontró para llevarnos de una trama a la otra sin clavar un "fin" hasta la última página, es bastante torpe, bastante fallida. Una pena, porque el dibujo es excelente, la narrativa tiene una intensidad y una polenta impresionantes y los personajes daban para más. Me encantaría encontrarme con un comic en el que Camilo Solano solo esté a cargo de los dibujos, o con un libro de historias cortas de este autor. Pero me pareció tan genial toda la parte visual de O fio do Vento que me voy a terminar por comprar cualquier garcha que me cruce por ahí y que lleve su firma.
Nada más, por hoy. Nos reencontramos el mes que viene, con nuevas reseñas acá en el blog. Gracias y hasta entonces.
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