el blog de reseñas de Andrés Accorsi

sábado, 3 de abril de 2021

29 de MARZO al 4 de ABRIL

Otra semana de pocas lecturas, porque con el tema de los feriados de Semana Santa me moví poco de casa, y últimamente estoy leyendo más en los viajes en colectivo y subte que en casa. Empecé con un comic editado simultáneamente en varios países de Europa a fines de 2019: El día de Tarowean, también conocido como el Vol.15 de Corto Maltés, y tercero a cargo de la dupla integrada por los españoles Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero. Para esta ocasión a los autores se les ocurrió escribir la previa a La Balada del Mar Salado, es decir, a responder cómo y por qué Corto Maltés llega a esa situación extrema en la que lo encontramos al inicio de aquella mítica historieta realizada por Pratt a partir de 1967 para la revista Sgt. Kirk. Y no sólo lograron empalmar perfectamente con La Balada (y echar luz a aquellos misterios que Pratt se guardaba para explicar andá a saber cuándo) sino que además redondearon una excelente aventura, sin duda la mejor de las tres que publicaron hasta el momento. El día de Tarowean tiene todo lo que tiene que tener un buen álbum de Corto Maltés: una ambientación exótica, roscas entre garcas de distinta magnitud que se quiere quedar con más poder del que tiene, el incentivo medio etéreo de algún beneficio económico para el protagonista, que siempre se verá eclipsado por otro tipo de valores menos tangibles pero más nobles, un buen conflicto que dé pie a escenas de acción y aventura, algún romance que se insinúa pero no se llega a concretar o se encamina rápidamente al fracaso, diálogos ingeniosos, silencios elocuentes y (una regla con la que en algún momento Pratt se limpió el orto) una trama 100% verosímil, sin elementos fantásticos. Esta además tiene un final horrible, porque desde el principio sabemos que a Corto lo van a cagar y va a terminar en esa situación tan precaria, de la que obviamente va a zafar… en la aventura cronológicamente posterior que (como ya mencioné) es nada menos que Una Ballata del Mare Salato. No sé si en algún pasaje de El día de Tarowean fui mucho más feliz que en la primera lectura de alguna de las obras de Pratt de su período más glorioso (1967-80) pero la pasé realmente muy, muy bien. La aventura y el clima me envolvieron y los diálogos de Díaz Canales y el dibujo de Pellejero me pusieron el moñito y me dejaron listo para regalo. Visualmente esto es maravilloso. Está todo el tiempo presente el fantasma de Pratt, el hilo conductor de la faz gráfica es (lógicamente) el estilo del Tano, pero además Pellejero mete cosas de su propio estilo, y de otros maestros del claroscuro, como José Muñoz, Oswal o Eduardo Risso. El resultado es una hermosa actualización de la fórmula prattiana, que respeta a muerte la tradición gráfica de esta serie y además se anima a explorar un poquito de esos otros mundos que habitan los pinceles de esos otros monstruos de la historieta. Esta sintonía entre “clonar al Tano” y darnos los frutos de su propia cosecha también es algo que Pellejero ha ido perfeccionando con el correr de los álbumes y que se agradece muchísimo. La verdad que me animo a recomendarle El día de Tarowean a cualquiera que haya leído La Balada del Mar Salado, lo cual es más o menos lo mismo que decir “a cualquiera que sea fan de Corto Maltés”. Si La Balada… no te hace fan del personaje, nada lo hará. Y si cuando la terminás necesitás con urgencia otra dosis, acá Díaz Canales y Pellejero te ofrecen una que complementa de modo magistral la seminal novela de Hugo Pratt.
Me vengo a Argentina, año 2020, para reencontrarme con la dupla integrada por Cristian Blasco y Pablo Burman, un guionista y un dibujante de los que ya vimos otras obras acá en el blog (11/12/16 y 27/08/18, por ejemplo). Esta vez los autores firman una novela de casi 100 páginas llamada La Bruja de Toska, que debe ser su colaboración más extensa. Se trata de una aventura pura y dura, con elementos de misticismo, misterio y (como ya es costumbre en las historias que abordan la caza de brujas) un mensaje muy claro y potente respecto de las distintas formas en las que las sociedades etrógradas ejercen la violencia contra las mujeres. Blasco ofrece un guion de mucha intensidad, que te hace sentir que todo el tiempo están sucediendo cosas grossas, aunque de hecho no sean tantas las cosas que suceden. Pero hay recursos muy logrados para que vos vivas cada página de La Bruja de Toska a flor de piel: la ambientación, la construcción de la protagonista y los secundarios, los diálogos, los momentos que elige el guionista para calzar los flashbacks… Todo eso contribuye a esa sensación de “aventura a todo o nada” que te caza de la garganta en las primeras páginas y te suelta recién al final. Un final que además está muy bien, porque no es ni obvio ni caprichoso, sino producto de una curva dramática muy bien lograda que lleva a la hermana Rita de un punto A muy atractivo hacia un punto B más que satisfactorio. Con el dibujo de Burman me pasó lo mismo que en las obras anteriores de este autor: me gusta que sea extremo, que se vaya al carajo todo el tiempo, que le cante quiero retruco a los planteos más vanguardistas de Carlos Nine, Philippe Druillet o Ted McKeever, y creo que sus saltos mortales no impiden disfrutar de la trama. Pero también creo que este tipo de guiones más clásicos, más lineales, más “aptos para todo público” van mejor con otro tipo de estéticas, con dibujantes cuyo grafismo no requiera tanta decodificación por parte del lector, sino que se apoye un poco más en lo que éste ya conoce y ya entiende de una, instintivamente. Al lado del dibujo de Burman, el guion de Blasco parece “careta”, fácil, como si le diera la papilla ya masticadita al lector. Y no lo es, ni en pedo. Por eso me parece que hubiese funcionado mejor con otro tipo de dibujo. Por ahí con un claroscuro bien fuerte tipo Mike Mignola, o por ahí con un abordaje más clásico onda Enrique Breccia… No sé, se me ocurren varias alternativas. Pero también me doy cuenta de que Blasco y Burman se entienden muy bien y se saben potenciar el uno al otro. Si no te jode el dibujo barroco, sobrecargado, con varias técnicas de entintado mezcladas y una tendencia descontrolada hacia el expresionismo más grotesco, en La Bruja de Toska vas a encontrar una muy buena lectura, que trasciende la aventura para aportarte algo más. No mucho más, por hoy. Gracias por el aguante, gracias a todos los que descargan la Comiqueando Digital de https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y nos reencontramos el próximo finde con nuevas reseñas, acá en el blog.

sábado, 27 de marzo de 2021

22 al 28 de MARZO

Vamos cerrando el primer trimestre, y me toca hacerlo con otra semana de poquitas lecturas, porque le estoy metiendo horas también a la literatura, que la tenía un poquito abandonada. Y necesito tiempo también para leer textos sobre historietas que tengo ahí, pidiendo pista. Arranco en Argentina con la antología Fantástica Violeta, publicada en 2020. Se trata de una colección de historietas breves centradas en la temática de género, con una mirada claramente feminista. Y a pesar de mis esfuerzos, no la pude leer entera. Varias de las historietas me resultaron absolutamente impenetrables, ya sea porque el dibujo me pareció abominable, o porque la tipografía me pareció ilegible, o porque la narrativa me pareció catastrófica. Hecha esa aclaración, me embarco en un repaso (parcial) del material que ofrece el libro. “Gorda”, de Alejandra Benz y Malena Guerrero, es una historieta aceptable, que se podría haber publicado sin mayor inconveniente en cualquier fanzine de los ´80 o ´90. En un libro cheto, con muchas páginas a todo color y un diseño precioso, desentona un poquito. Pero no es un desastre. “Tatuaje” de Paula Sosa Holt no tiene la intención de contarnos nada ni plantea ningún tipo de conflicto, pero los dibujos están muy bien. Por el contrario, “La Nona”, de Angie Cornejo, muestra unas limitaciones muy notables en el dibujo, pero se juega a contar una historia fuerte, con varios recursos bien empleados para conmocionar y emocionar al lector. Le sigue “Afuera es Carnaval”, donde la guionista Paula Ferraro cuenta una historia autobiográfica bastante bien lograda, y la dibujante Lucía Vera le suma unas imágenes muy bellas, con mucho vuelo, que casi nunca se ponen al servicio del relato, pero aún así muestran un nivel encomiable. La mejor historieta del libro, para mi gusto, es “Soñar el Género”, escrita y dibujada por Rouse en un estilo minimalista realmente exquisito. Se nota que ahí hay alguien que sabe lo que quiere contar, que maneja el timing del relato, que entiende cómo potenciar sus ideas con sus dibujos y con la puesta en página. Estoy atento a futuros trabajos de estx chique. “La Entrega Final”, de Juana de Marco, no me interesó en lo más mínimo, pero el dibujo tiene su indudable encanto, por eso la quería mencionar. Y las dos últimas historietas también están muy bien: Estrella Mergá la rompe con la osada “Odisea en el Orgasmo” y Pepita Sandwich baja la línea correcta (y dibuja bárbaro) en la muy breve “Tigresa”. El resto, realmente impublicable. Pero bueno, me doy cuenta que el criterio para incluir o no las historietas en este libro no es el que uno aplicaría, sino que la cosa va para otro lado.
Vamos con otra antología, en este caso publicada por DC en 2017, cuando se celebraron los 100 años del nacimiento del glorioso Jack Kirby. Acá el maestro Mark Evanier (quien fuera asistente de Kirby en los ´70) ofrece anécdotas y datos poco conocidos vinculados a las creaciones del Rey para DC, en aquellos ajetraedos años 1970-75, en los que la incontenible imaginación del prócer se volcó de lleno a generar conceptos para la editorial de Superman y Batman. Como pasa con el material de Kirby de los ´70, en este 100th Celebration Collection es mucho más fácil encontrar dibujos gloriosos que guiones legibles. Veamos qué se puede rescatar. El guion de Reginald Hudlin para la aventura que comparten Shilo Norman y el Black Racer es una falta de respeto: una trama que es la nada misma, salpicada con data acerca de la historia de estos dos personajes bastante ignotos dentro de la cosmogonía de DC. Por suerte dibuja Denys Cowan y hay varias páginas entintadas por Bill Sienkiewicz. El propio Evanier escribe una historia centrada en Darkseid y sus súbditos, que está bastante bien redondeada, y dibujada por pilas por Scott Kolins. Después hay una historia muy breve protagonizada por OMAC, muy bien dibujada por Phil Hester, sobre un guion de Paul Levitz cuyo mayor mérito son sus escasas pretensiones. Keith Giffen y Dan DiDio son los encargados de contar una aventura en la que se encuentran el Manhunter clásico y el Sandman de la Golden Age, una pelotudez que se hace larga a fuerza de un argumento débil y unos diálogos que suenan extemporáneos y ridículos. Salva las papas Mark Buckingham, que la rompe en el dibujo. Sam Humphries tiene a su cargo un breve relato protagonizado por Demon, que no esá mal, y que brilla gracias al talento infinito de un Steve Rude inspiradísimo. La segunda mitad abre con una historia aburridísima en la que Orion y Lightray se machacan contra Kalibak, escrita y dibujada por Shane Davis. Le sigue una muy cortita del maestro Walt Simonson, también con Orion, sin grandes ideas pero con bastante ritmo y un dibujo acojonante. El glorioso Howard Chaykin toma a las dos pandillas adolescentes más famosas de Kirby (la Newsboy Legion y los Boy Commandos) y arma con eso una historieta 100% personal, al punto que creés que a esos personajes los inventó Chaykin, no Kirby. Dibujo y diálogos maravillosos, y argumento dentro de todo aceptable en un punto alto del tomo. Y finalmente le toca el turno al Sandman de los ´70, Garret Sandford, que protagoniza dos historietas bastante buenas, ambas jugadas a la emoción del homenaje a Kirby por parte de los autores actuales. La primera está a cargo de Dan Jurgens y Jon Bogdanove, que creo que nunca dibujó mejor que en estas páginas (seguro que nunca lo colorearon mejor). Y la segunda es obra de Steve Orlando y Rick Leonardi, y también me gustó, es un cierre muy digno para el tributo a ese titán del lápiz que tanto le aportó al Noveno Arte. Por ahí cuando se cumplan los 200 años del nacimiento del Rey, Marvel hace algo parecido a esto, en cuyo caso les pido que levanten un toque la puntería con los guiones. Y hasta acá llegamos. Nos reencontramos el finde que viene, en plena Semana Santa, con nuevas reseñas acá en el blog. Gracias por el aguante y si quieren saber mucho más sobre Jack Kirby, su vida y su obra, no dejen de descargar (por míseros $ 290) el nº1 de Comiqueando Digital, que está disponible en https://comiqueandoshop.blogspot.com/

sábado, 20 de marzo de 2021

15 al 21 de MARZO

Otra semana de escasas lecturas, ya que le dediqué muchas horas a participar en notas y entrevistas en distintos medios, para promocionar el lanzamiento de la Comiqueando Digital. Ojalá muchos de ustedes la hayan descargado de https://comiqueandoshop.blogspot.com/, y a los que todavía no lo hicieron, les pido una vez más que hagan ese mínimo esfuerzo, que será ampliamente recompensado por muchas horas de excelente lectura. Empezamos en Argentina, año 2020, cuando se publica Welcome to the Machine, una novela gráfica escrita por Juan Bertazzi (fanático de ponerle a sus obras los títulos en inglés) y dibujada por Gabriel Rearte. Se trata de una historia de ciencia-ficción con mucho componente socio-político y muchas referencias a Rogers Waters y Pink Floyd. Me da toda la sensación de que los autores pensaron la obra como una miniserie de cuatro episodios para el mercado de EEUU, porque cada 24 páginas hay cortes muy marcados, e incluso algunos cliffhangers que le ponen impacto a esos cortes y a la vez no tienen una relevancia real en términos del desarrollo global de la trama. Son esos típicos cliffhangers engaña-pichanga que ponen los guionistas yankis para que creas que tu vida no tiene sentido si no leés pronto el siguiente número de la serie, o miniserie. Lo que más me gustó del guion de Bertazzi es la evolución de Gabriel, el protagonista, que es bastante extrema y a la vez muy coherente. El mundo en el que transcurre la historia está muy bien pensado, pero sobre-explicado. Son muchas páginas recontra-cargadas de texto, que exploran minuciosamente esta realidad distópica como si la aventura fuera a durar 15.000 páginas, no 96. Me pareció que eran buenas ideas que se podrían haber presentado de manera más dinámica, en una de esas a lo largo de más páginas. Y el conflicto más fuerte, el que motoriza sobre todo la segunda mitad de la obra (una vez que Bertazzi termina de presentarnos el contexto socio-político, económico, tecnológico, ecológico, etc.) está bien, va para el lado de The Man Who Was Thursday, la gloriosa novela de G.K. Chesterton que nunca está de más recomendar. A cargo del dibujo me encuentro como de costumbre con un Gabriel Rearte sobrio, correcto,también muy alineado con una estética de mainstream yanki, sin asumir riesgos ni saltos al vacío ni en el dibujo ni en la narrativa. No noto que haya un mayor esfuerzo ni más ganas de lucirse en aquellas páginas (no demasiadas) en las que el texto en vez de abundar, escasea. Es como que Rearte entendió que las reglas del juego eran esas, y jugó de la misma manera a lo largo de toda la obra. No está mal. Welcome to the Machine no tiene ni pifias notables ni esos momentos de gloria en los que no podés creer lo que estás leyendo de tan genial que es. Aprueba tranquila, pero sin descollar.
Salto a Japón, a 1972-73, cuando Yoshihiro Tasumi produce a lo bestia breves historias urbanas que retratan el lado B de esa veloz y definitiva expansión económica que vivía la isla del Sol Naciente. Felizmente el sello Gallo Nero retomó la senda iniciada hace muchos años por La Cúpula, y en este tomo llamado Pescadores de Medianoche compila nueve de esos relatos creados por este maestro indiscutido del gekiga. Son historias de perdedores, pajeros, putas, timberos, ladrones de poca monta, oportunistas en busca del mango fácil en la jungla de cemento, cazadores de sueños imposibles que por un minuto creen que le van a ganar a un sistema que se los va a comer crudos a todos. El dibujo es siempre excelente, con la alquimia perfecta entre el realismo que requiere la ambientación urbana y esa soltura, esa plasticidad, esa síntesis típica de los grandes mangakas clásicos. Tatsumi va a fondo con las expresiones y con los climas, sobre todo cuando estos son sórdidos, agobiantes, desoladores. Y los guiones… hay de todo. Algunos son anécdotas redonditas, bien cerradas, otras son historias que se diluyen, como las de la gente común, y otras (pienso en Apropiación Indebida) podrían ser el disparador, el primer capítulo, de una excelente novela gráfica… que no existe. Dentro de este universo de borrachos, yiros y violadores también hay margen para el amor y para el humor, no como recontra-mearse de risa, pero sí para distender un poco con tonos más cercanos a la comedia, como el de El Amanecer del Porno. Sorprende también El Palacio de la Mujer, porque es la única historia que incorpora elementos de ciencia-ficción, algo poco común en la obra de Tatsumi. De todos modos, lo principal de esa historia es su vuelo poético, su discurso metafórico y su clima crepuscular, sumamente emotivo. Hacía muchos años que no leía mangas de Yoshihiro Tatsumi y fue un verdadero placer reencontrarme con este prócer y vivir estas historias jodidas y cercanas, reales y urgentes, amargas y zarpadas. Muy recomendable, de verdad, para cualquier fan de la historieta para adultos de fuerte perfil autoral y sin concesiones. Y hasta acá llegamos esta semana. Nos reencontramos el finde que viene, con nuevas reseñas acá en el blog.

sábado, 13 de marzo de 2021

8 al 14 de MARZO

Otra semana en la que leí muy poco, porque estoy a full con el tema de la Comiqueando Digital, sobre todo concentrado en la difusión en los distintos medios de habla hispana. La revista está realmente increíble y, como les dije la semana pasada, estaría muy bueno que tod@s l@s que durante mil años disfrutaron de los contenidos gratuitos que ofrecemos tanto acá como en YouTube y en el sitio web de Comiqueando, hicieran el ínfimo esfuerzo de entrar a https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y comprar el nº1 de la revista, o suscribirse a los cuatro números que van a salir este año. No tengo dudas de que es un esfuerzo que se va a ver ampliamente recompensado por el material que se van a encontrar en esas brutales 208 páginas.
En cuanto a las lecturas, empiezo en EEUU, año 2016, cuando Image lanza el primer TPB de Black Magick, una serie escrita por el maestro Greg Rucka y dibujada por la hermosa australiana Nicola Scott. Me llamó muchísimo la atención la diferencia de calidad entre estre trabajo de Scott y lo que suele hacer cuando dibuja comics de superhéroes en DC. Acá hay un cuidado muy, pero muy superior en todos los detalles: decorados, paisajes, ropa, peinados, escenas multitudinarias, expresiones faciales… Menos la puesta en página, que es muy clásica y no muestra la menor intención de inventar cosas nuevas, en todo el resto el dibujo de Scott levanta un vuelo que nunca había visto en sus otros trabajos. Ayuda mucho el hecho de que toda la historieta esté pensada en tonalidades de grises, con esas irrupciones cromáticas que coinciden con ciertos momentos clave de la trama. En ese manejo de los grises también, Scott me sorprendió muy gratamente. Visualmente este es un comic muy interesante, muy original y realmente muy logrado. El guion, sin ser la maravilla absoluta del Noveno Arte, está muy bien. Todo gira en torno Rowan Black, una chica que trabaja como inspectora de policía en Portsmouth, pero además tiene una vida secreta como integrante de un aquelarre de brujas posta. No es una farsa, ni un chamuyo New Age, ni nada: son mujeres que dominan la magia negra y que pueden hacer cosas que en el mundo real en el que se ambienta la serie parecen imposibles. Con ese elemento fantástico, muy bien dosificado a lo largo de los cinco episodios que incluye el TPB, Rucka le agrega tensión y suspenso a algo que si no, podría parecer un remedo de Gotham Central con personajes menos queridos por los lectores. Por suerte no se queda en eso y además de transpirar la camiseta para que Rowan nos caiga bien, el guionista arma un laberinto sobrenatural bastante sutil, para nada obvio, que la portadora de la chapita y la reglamentaria deberá recorrer para salvar el pellejo, y seguramente algo más. No tengo los tomos siguientes, pero la lectura de este Vol.1 me convenció como para querer leer más Black Magick.
Salto a Argentina, plena pandemia de 2020, cuando se publica Feliz, el tercer libro de Roberto, un tipo de mierda, la creación de Marcelo Dupleich cuyas entregas anteriores vimos el 15/10/18 y el 30/07/19. Esta vez, para el cierre de la trilogía, Dupleich opta por contar una historia extensa en lugar de varios relatos breves hilvanados por la aparición de Roberto y algún otro personaje. Feliz se puede considerar tranquilamente una novela gráfica, breve, porque no son muchas páginas y en cada una hay pocas viñetas, pero novela gráfica al fin. De nuevo se repite el problema de la gran cantidad de páginas sin historieta con las que Dupleich infla artificialmente un libro que podría ser bastante más flaquito, sin sacrificar ninguno de los contenidos que nos interesan a los que nos acercamos a los libros para leer historietas. El resto, muy parecido a lo anterior: una estética feista, muy jugada al impacto que produce el blanco y negro extremo, una puesta en página donde predomina el apilado de dos viñetas grandes sobre fondo negro, sin zanjas y sin bordes para las viñetas, diálogos muy afilados, con un humor negro y revulsivo, a tono con un argumento que nos propone (una vez más) el descenso a las fosas de la abyección moral más neuseabunda. En esta última entrega Roberto ya no es sólo un crápula o un garca sin escrúpulos: es lisa y llanamente un criminal. Y probablemente el principal logro de Dupleich sea que aún así nos caiga bien, y nos guste verlo salir impune de las fechorías que comete. Destaco también un elemento bastante importante dentro de la faz gráfica, que son esas tomas de Mar del Plata en las que Dupleich parte de una foto y llega a imágenes mucho más realistas que las de los personajes, muy bien logradas y bien incorporadas a la estética general de la obra. La saga de Roberto es transgresión pura, en todos los sentidos en los que una historieta puede ser transgresora. Desde los chistes de pedofilia y zoofilia hasta un planteo visual y narrativo totalmente personal, sin olvidar ese criterio tan extraño con el que se decide cuántas páginas ocupa la historieta dentro de las 84 que ofrece el libro. Y hasta acá llegamos. Gracias y hasta la semana que viene.

sábado, 6 de marzo de 2021

1 al 7 de MARZO

Nuevo mes y nuevas lecturas, que procedo a comentar de manera muy sintética. Leí el Vol.4 de Las Águilas de Roma, la gran saga histórica de Enrico Marini. Es un tomo espectacular, donde los conflictos avanzan hasta el punto en el que la resolución queda ahí, a la vuelta de la esquina, y no le queda más remedio que ser explosiva y demoledora. Seguramente lo comprobaré cuando consiga el Vol.5, cosa que todavía no sucedió. El único problema que le veo a este álbum es que, de verdad, si no leíste los anteriores no hay forma de que entiendas NADA. Hay una breve síntesis del argumento antes de la primera página, pero es la nada misma y supongo que el que entra a la historia conociendo sólo esa síntesis, también se sentirá prácticamente en bolas. El resto, todo maravilloso. El desarrollo de los personajes, el aprovechamiento que hace Marini de las circunstancias históricas, el equilibrio entre la acción y las escenas más tranquilas (que incluyen rosca política, romance, sexo, dramas familiares, etc.) y por supuesto el dibujo, están a un nivel inmejorable. Excelente trabajo de este autor suizo hijo de italianos que dejó todo en esta serie. Si el quinto y último tomo no es un bochorno impublicable, Las Águilas de Roma pasará a la historia como una obra maestra de la aventura histórica.
Salto a Argentina, año 2020, y me encuentron una nueva aventura de El Ultimo Recurso, titulada Un Cuento de Navidad. Venía muy bien predispuesto, porque allá por el 28/11/19 había leído la primera entrega de esta serie creada por Lubrio y Kundo Krunch y me había gustado mucho. Esta segunda aventura está al mismo (y muy destacable) nivel que la primera, y hasta creo que un poquito por encima. Me atrapó la aventura, me gustó mucho la forma en que los autores se las ingenian para indagar un poco en el pasado y en la personalidad de los distintos personajes y por supuesto me reí muchísimo con los chistes y los diálogos, repletos de guarangadas y retruques de exquisita mala leche. Me encanta ver a Lubrio desencadenado, con libertad y osadía para joder con temas ásperos e invitarnos a reirnos de cosas horribles, que deberían causarnos estupor. Y me fascina intuir que hay un plan a largo plazo, que cada una de estas excelentes aventuras es un pedacito de un mosaico más complejo, realmente interesantísimo. El dibujo y el color de Kundo están igual de bien que en la primera entrega de El Ultimo Recurso, y en todo caso noto una mejora en la planificación de la secuencia, como si el marplatense fuera encontrando un pulso narrativo propio más jugado, más canchero como para probar cosas nuevas. Recomiendo muchísimo este libro, recomiendo también el primero y espero con ansias más historietas de estos personajes, en lo posible editadas por Libera la Bestia, que lo hace realmente muy bien.
Y ahora sí, algo MUY importante. Estamos iniciando un nuevo proyecto, llamado Comiqueando Digital. Se trata de una nueva iteración de la mítica revista de información sobre historieta y dibujo animado (que no se publica en papel desde la primavera de 2011), ahora en formato digital, con periodicidad trimestral y un nº1 que ofrece más de 200 páginas de material 100% inédito. Me tocó capitanear un equipo impresionante, del que forman parte también Diego Accorsi, Mariela Acevedo, Ignacio Alcuri, Ariel Avilez, Roberto Barreiro, Caba, Martín Casanova, Sebastián De Caro, Daniel Divinsky, Norman Fernández, Lucas Ferrero, Fernando “Dr. Sax” Festino, Luis Gantus, Fernando Ariel García, Javi Hildebrandt, Marcelo Iglesias, Hernán Khatchadourian, Francisco Lobo, Juan Navarrete, Grisel Pires Dos Barros, Gonzalo Ruiz, Laura Vázquez y Fede Velasco. La revista ofrece 10 nuevas secciones y –entre otros- artículos acerca de Jack Kirby, Mort Cinder, Kimetsu no Yaiba, Benjamin Marra, Largometrajes de Animación Argentinos, cowboys europeos y editoriales míticas como Novaro, Columba, Charlton o E.C. Comics. Además, agregamos códigos QR para acceder a contenidos audiovisuales exclusivos. La revista se puede descargar en .pdf o .cbr por sólo $ 290 en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ También se puede comprar a sólo $ 1000 la suscripción a los cuatro números previstos para 2021. Nuestra tienda virtual incluye además un sector de descargas gratuitas con números de las etapas anteriores de Comiqueando. Nunca les pedimos nada, hace mil años que brindamos todos los días contenidos gratuitos en este blog, en el sitio web de Comiqueando, en el canal de YouTube… No hace falta subrayar demasiado esto, porque ustedes ya lo saben. Esta vez les pedimos que apoyen la Comiqueando Digital, que es muy barata y trae TONELADAS de material alucinante, a cargo de un equipo repleto de referentes grossísimos. Se puede comprar y descargar desde cualquier lugar del planeta, y cualquiera que sepa leer castellano la puede disfrutar de punta a punta. Mil gracias y los esperamos en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ Yo vuelvo la semana que viene con nuevas reseñas, acá en el blog.

sábado, 27 de febrero de 2021

21 AL 28 DE FEBRERO

Dos meses, ya, de este año que pareciera que empezó anteayer. Y es hora de comentar el material que leí esta semana que fue predeciblemente poco, porque estoy hasta las manos con otras cosas, de las que seguramente hablaremos en unos días. Hoy tenemos reseñas cortitas, pero bueno, prometo compensar más adelante con textos más extensos. En 2017, cuando Netflix salió a robar con la serie de Iron Fist (que nunca vi, porque me dijeron que me iba a desgarrar el alma), Marvel consiguió que Kaare Andrews regresara al personaje, luego de aquellos intensos 12 episodios que dieron origen a los brolis reseñados acá el 16/10/17 y el 04/02/19. Esta vez el canadiense se encargó sólo de los guiones y el dibujo fue a las habilidosas manos de Afu Chan, que no sé si es varón o mujer, pero dibuja muy bien, con un estilo muy potente y muy personal. No me imagino a esta historia dibujada por el propio Andrews, porque el guion pide cosas que (sospecho) al canadiense no le debe gustar dibujar, como todas esas escenas de nenas de 14 años en la escuela secundaria. Por suerte Afu Chan resuelve todos esos segmentos con gran destreza, con diseños de personajes tan lindos como verosímiles, en esa línea rarísima para un comic de Marvel, que por ahí tiene más que ver con el material autobiográfico de Bob Fingerman, ponele. Y felizmente, a la hora de dibujar los combates de artes marciales y superpoderes a todo o nada, también cumple más que decorosamente. El guion de Andrews propone un ingenioso juego de inversión de roles. Hace muchos años, Daniel Rand era un nene cheto de New York que fue entrenado en K´un-Lun para convertirse en Iron Fist. Ahora Danny es el adulto que entrena a Pei, la nueva Iron Fist, y lo hace jugando de local, en su propia ciudad. Del contrapunto entre Danny y Pei deberían salir las escenas más ricas y más divertidas, pero finalmente estan surgen del choque cultural entre Pei y las otras nenas de la secundaria, para las que una chica de 14 años criada en una ciudad mística para convertirse en una guerrera perfecta, en un arma humana infalible, es un bicho completamente alienígena. Si Danny se sentía medio descolocado en K´un-Lun, el desconcierto que le produce a Pei la vida actual de los newyorkinos lo supera ampliamente. Por suerte las excusas que se le ocurren a Andrews para que Pei y Danny tengan que repartir piñas y patadas no están mal, y si bien sobran algunas peleas sumamente innecesarias, la trama se hace entretenida y llegás al final pensando “qué cagada que se terminó”. No sé si los guionistas posteriores se hicieron cargo de Pei y su preparación para ser la nueva Iron Fist, pero estas 120 páginas centradas en eso (sin ser una gema indispensable) están bastante bien.
Para festejar la nueva edición a todo color, volví a leer 78 Km/h, la saga escrita por Mauro Mantella y dibujada por Tomás Aira, cuya edición original (con grises en lugar de color) había leído unos… ¿15 años atrás, puede ser?. Puede ser, porque no acordaba una chota. Esta vez me gustó mucho el dibujo y el color de Aira: no parece que fuera uno de los primeros trabajos de este dibujante que en aquel entonces era realmente muy, muy pibe. Está bien la anatomía, bien las expresiones faclales, bien la puesta en página, muy sólida la narrativa, muy bien plasmadas en la página las sensaciones que transmiten los textos de Mantella… gran laburo, consistente y potente de punta a punta. El guion me gustó a medias. Me pareció muy atractiva la premisa, el mundo que nos describe Mantella, la situación acuciante en la que pone a los personajes, me gustaron bastante los diálogos y el desarrollo que recibe el protagonista… Lo que no me convenció es el conflicto en sí, la forma en que Mantella manipula la trama para que haya buenos, malos y combates a muerte entre ellos. No es una cagada, no está totalmente traída de los pelos, pero yo esperaba un poco más en ese rubro. Una motivación más interesante para el villano, no sé… Algo más, como para que la inevitable presencia de la aventura interesectara mejor con ese panorama tan extremo, tan rico y tan ganchero que describe el guionista en las primeras páginas. Pero bueno, tengo presente que este es un trabajo que ya tiene unos cuantos años y que hoy Mantella está mucho más curtido y afianzado en lo suyo. Probablemente no haya una horda de lectores que ponga a 78 Km/h allá arriba, al lado de El Hombre Primordial, pero entre los fans de la ciencia-ficción y la aventura, es una obra que no pasa papelones, ni hoy, ni hace 15 años cuando fue concebida por Mauro y Tomás. Nada más, por hoy. Nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.

sábado, 20 de febrero de 2021

14 al 20 de FEBRERO

Nueva tanda de reseñas, y esta vez se me juntaron historietas de tres personajes icónicos del Noveno Arte. Me regalaron el Vol.30 del coleccionable de Nippur, ese que yo leía de prestado, gracias a mi hermano que había comprado hasta el Vol.28. Con un mínimo saltito en el medio, retomé la lectura de este clásico de Robin Wood, ahora con episodios del año 1980, todos muy tristes, muy bajoneros, en los que Nippur pierde hasta cuando gana. Los guiones transmiten una sensación de derrota, de desolación, de gran oscuridad. Y eso se refleja muy bien en la prosa de Wood que, como siempre, cobra vuelo en los bloques de texto. Al respecto de esto, dos curiosidades: la sexta aventura empieza con bloques narrados en off por Netpaht, por supuesto en primera persona, pero para la última página, el texto pasa a manos de un narrador omnisciente que relata en tercera persona. Y en la séptima historia, pasa algo similar, pero al revés: en las primeras dos páginas leemos textos a cargo de un narrador omnisciente, y de golpe empieza a narrar el propio Nippur en primera persona. Nada, me llamó mucho la atención, por eso lo comento. En cuanto a las tramas, creo que las mejores son la cuarta, la quinta y la séptima, la historia con la que cierra el tomo, en la que Robin parece urdir el inicio de una saga ambiciosa. La cuarta recordaba haberla leído de pibe, y me había impactado el mensaje, pero sobre todo el nivel de violencia. Es la única historieta de este tomo dibujada por Jorge Zaffino, y acá ya se ve un poquito más de lo que años más tarde va a ser el estilo definitivo de este monstruo sagrado, acá todavía muy pegado a la línea de Ricardo Villagrán. El propio Villagrán dibuja los seis episodios restantes, con su trazo elegante, con la influencia siempre presente de Harold Foster y una generosa variedad de enfoques. Por supuesto, tanto Villagrán como Zaffino se fuman muchas páginas de nueve y diez viñetas, a veces muy cargadas de texto, pero las pilotean con bastante decoro y además el color no les clava ninguna puñalada trapera. En ese rubro, este tomo es bastante mejor que los anteriores. No estoy como para retomar en serio la colección de Nippur donde la dejó mi hermano, pero si aparece el Vol.29 por ahí, seguro lo compro para completar el huequito que quedó.
Me voy a EEUU, a leer un voluminoso TPB de 320 páginas, que recopila unos cuantos números (y un Annual) de Shadow of the Bat, todo escrito por Alan Grant. Algo de esto había leído en su momento, y me acuerdo lo mucho que odié toda esa etapa de KnightQuest y demás secuelas de KnightFall, con Azrael disfrazado de Batman, en esas historias ultraviolentas y amargas al extremo del vómito. Esta vez las volví a padecer, pero algo pude rescatar. El episodio autoconclusivo que dibuja Vince Giarrano, en el que la Bruja Grant se mete con el tema recontra-áspero de la compra-venta de bebés, me pareció muy logrado. Hasta me gustó el dibujo de Giarrano, que habitualmente me resulta detestable. Los dos numeritos con la historia de los Clayface que forman una familia tienen un pibe, giran en torno a una idea interesante, pero el conflicto, lo que inventa Grant para que haya acción y peleas, es medio pelotudo. El número que engancha con Zero Hour es un bochorno, el número cero sólo zafa por algunos apuntes copados que tira Grant en los flashbacks, y el tomo cierra con una obra maestra, el Annual de Elseworlds. No te digo que esas 56 páginas rediman todo el dolor y la desolación que te inglige el resto del libro, pero The Tyrant es de esas historias definitivas de Alan Grant, repleta de bajada ideológica, ideas osadas, la posibilidad que dan los Elseworlds de llevar la trama hacia un final para nada obvio, y además la cuota habitual de machaca y buenos diálogos. El dibujo es desparejo, pero todo el tramo dibujado por Joe Staton y entintado por nuestro compatriota Horacio Ottolini se ve realmente MUY bien. El dibujante de casi todo el tomo es Bret Blevins, acá bastante alejado de ese trazo sutil (y por momentos incluso emotivo) que nos mostrara en sus primeros años en Marvel. Este es un Blevins que no resigna su plasticidad ni su dinamismo, pero que exagera al punto del grotesco la violencia, la acción y cualquier recurso que le sirva para sugerir que los personajes son todos muy heavies, muy jodidos y están muy enojados. No puedo decir que esté mal dibujado, ni mucho menos, pero obviamente me gusta mil veces más el Blevins de New Mutants, o de la graphic novel de los Inhumans. En síntesis, me parece que Alan Grant es, fue y será un gran guionista para Batman, pero justo esta etapa, lastrada por sagas grandilocuentes como las secuelas de KnightFall y Zero Hour, no es el mejor momento para disfrutar del talento del otro gran guionista escocés. Me guardo el Annual (tengo la revistita desde 1994) y el TPB lo regalo.
Finalmente, le di otra oportunidad a Astérix y los Pictos, un álbum que leí en digital en 2013, ni bien se publicó, y nunca reseñé acá en el blog, porque en el blog no hablo de las cosas que leo en digital. En aquel momento, este primer intento de Jean-Yves Ferri y Didier Conrad por recuperar la magia de esta serie emblemática me había parecido un fracaso, mucho más cercano a los álbumes chotos de Albert Uderzo como solista que a la época dorada de René Goscinny. Esta vez me pareció lo mismo. Por ahí valoré un poco más el esfuerzo de Ferri por remar desde el guion las falencias del argumento. Chistes, guiños, juegos de palabras, todas esas sutiles referencias al rock & roll de las islas británicas… Eso me causó una cierta gracia, en medio del embole soso y predecible que me resultó la trama. Por suerte Ferri se iba a reivindicar con su segundo álbum, que hasta ahora es el mejor de los creados por esta nueva dupla autoral. Del dibujo de Conrad no voy a hablar, porque no tengo nada para agregar a lo ya expresado en la reseña de El Papiro del César (publicada acá el 22/08/17). La conclusión es que se tacha a Astérix y los Pictos de la lista de álbumes del héroe galo que cada tanto ameritan una relectura. Y así se termina este encuentro semanal. Retomamos el finde que viene, con nuevas reseñas, acá en el blog. Gracias por el aguante y a estar atent@s, que se vienen novedades grossas.

sábado, 13 de febrero de 2021

7 al 13 de FEBRERO

Otro sábado, y otro rato para repasar las lecturas de la semana. Empiezo con Fantastic Four 1234, una miniserie publicada por Marvel hace exactamente 20 años, cuando el glorioso cuarteto festejaba sus primeros 40 años de publicación. El guion de Grant Morrison es bastante decente, sin ser maravilloso ni mucho menos. Lo mejor que tiene es la chapa que le da a Reed Richards y sobre todo la calidad de los diálogos, que es impresionante. Podés leer todo el comic tapando los dibujos, y siempre te vas a dar cuenta por los diálogos si el que habla es Reed, Doom, Ben o Namor. El argumento en sí es más promisorio que bueno. El plan del Dr. Doom, que Morrison te trata de vender como el más audaz y genial de la historia de este icónico villano, es en el fondo bastante ramplón, aunque me gusta cómo eligió torturar al querido Ben Grimm. Lo bueno que tiene este aspecto de la trama es que subraya (una vez más, por si alguno todavía no lo entendió) que el único y verdadero Super Clásico del Universo Marvel es Reed vs. Doom, y que al lado de esta pica, todas las demás son Excursionistas vs. Defensores de Belgrano. Y ya en el terreno de la conjetura, me dio la sensación (por el rol lamentable que le otorga en la miniserie) que Morrison coincide conmigo y con la mayoría de los fans de los Fantastic Four en que Johnny es el personaje menos interesante, y que si lo sacás de ecuación, el resultado no varía demasiado. Por el lado del dibujo tenemos a Jae Lee, en un estilo bastante similar al que le vimos en la miniserie de Inhumans (ver reseña del 21/05/16), un estilo vistoso, original (atrás quedó esa etapa aciaga en la que Lee le copiaba páginas enteras a Leo Manco) y acompañado de un atractivo despliegue a la hora de la puesta en página. Y por supuesto, con el típico problema de Lee, que es cierta torpeza en la narrativa, en parte producto de esas figuras estáticas que siempre parecen no estar en movimiento, sino posando para un cuadro o una escultura. Entre que el estilo de Morrison es bastante menos obvio que eld el guionista promedio, y estos desaciertos de Lee que le restan claridad y fluidez al relato, seguro que te vas a encontrar con alguna secuencia en la que te vas a preguntar qué carajo está pasando. Aún así, Fantastic Four 1234 no es para nada un mal comic, porque hay un par de ideas grossas, imágenes potentes y esos diálogos y bloques de texto sumamente logrados. Si sos fan del cuarteto, o del siempre inquieto demiurgo escocés, este es un lindo librito para sumar a tu biblioteca.
El humor gráfico está de fiesta porque se empieza a recopilar en libros el chiste que Alejandra Lunik publica todos los días en la contratapa del diario La Nación. Bajo el título genérico de Andá a Lavar los Platos, la talentosa historietista e ilustradora demuestra que también la tiene muy clara a la hora de hacer humor. O por lo menos lo que hoy se entiende como humor, esa búsqueda de la sonrisa cómplice, o de la reflexión piola, que con los años se llevó a “los chistes del diario” hacia un terreno bastante distinto de aquel humor de cuando éramos chicos, que tenía como única meta hacer reir. Lunik tira, de vez en cuando, algún misil de esos que te hacen estallar de risa, pero son los menos. En general, te atrapa con la habilidad para buscarle un costado humorístico a situaciones cotidianas, mediante diálogos sencillos y un gran poder de observación. Los temas que aparecen una y otra vez en Andá a Lavar los Platos son la inestabilidad de las relaciones afectivas, la injerencia de las redes sociales y la tecnología en nuestras vidas y la dinámica entre mujeres y varones, por supuesto desde una óptica feminista. Entre una legión de minitas enamoradizas, más alguna chica separada que tiene que criar a una hija, la creación de Lunik que más me sorprendió es una anciana que ya cruzó la barrera de los 80 y que tiene una forma de vincularse a las problemáticas de la tira totalmente distinta a la de las mujeres más jóvenes. Me encantó porque me pareció un personaje muy real, muy genuino, escrito desde el cariño pero además desde una especie de comnocimiento “real” de lo que es ser una vieja de 80, lo cual es muy meritorio para una autora que todavía no llegó a los 50. Imposible no nombrar a Maitena si hablamos de viñetas humorísticas creadas por mujeres para el diario La Nación y sí, otro gran mérito de Lunik es haber logrado que dejemos de extrañar las épocas en las que todos los días nos encontrábamos en el diario con las Mujeres Alteradas. A diferencia de Maitena, la impronta visual de Lunik tiene mucho que ver con la línea clara clásica: es fan del efecto máscara (ese que consiste en dibujar a fondos y objetos con rasgos mucho más realistas que los que se utilizan para los personajes) y con su trazo finito despliega una prolijidad apabullante, un poder de síntesis brillante y rostros de gran expresividad, todo realzado por un excelente trabajo con el color. O sea que aunque no te interese el humor gráfico (o el tipo de humor gráfico que cultiva Lunik), esto te puede atrapar por el lado del dibujo, que es realmente superlativo. Visualmente, Lunik no tiene nada que envidiarle a ningún dibujante (o dibujanta) de los que publican viñetas diarias a nivel global.
Finalmente, después de muchos años, me volví a internar en el mundo bizarro y crepuscular de Hideshi Hino, para viajar junto al Circo de Monstruos y vivir de la mano de estos freaks estos siete relatos originalmente publicados en 2009 en Japón. Del dibujo de Hino ya ni tiene sentido hablar, porque mantiene ese nivel increíble de las obras anteriores suyas que vimos alguna vez en este espacio. Es uno de esos tipos que indudablemente hacen lo que quieren con el dibujo, y suben todo el tiempo la apuesta para llevar a la página imágenes, ideas y sensaciones cada vez más extremas, en un estilo que por su complejidad y el grado de destreza técnica que requiere, es imposible de imitar. Y después, en todo caso, se puede discutir si los guiones son mejores o peores, si logra llevar a buen puerto los relatos que encara, o si las ideas se le deshilachan por el camino. Circo de Monstruos tiene un poco de todo: ideas geniales cuyo desarrollo no está a la altura de la premisa, historias que se quedan en el mero impacto y no llegan a profundizar, personajes atractivos que crecen de modo asombroso hasta darse de lleno contra un final abrupto… y por supuesto alguna historia ya bastante remanida, que cualquiera con mucha historieta de terror a cuestas ya sabe cómo va a terminar. Pero entre las atracciones del circo también hay un par de relatos muy sólidos, muy emotivos, bien desarrollados, en los que nada (ni la violencia fuera de control ni la ternura que generan algunos de estos freaks) eclipsan los aciertos de Hino a la hora de construir estos dramas bizarros y retorcidos. De todos modos, cuando el dibujo y la narrativa alcanzan niveles tan sublimes como los que alcanza Hino en este libro, no hace falta que en las 228 páginas haya genialidades en materia de guion. Con que no salgamos convencidos de que el autor le está faltando el respeto a nuestra inteligencia, alcanza y sobra para atesorar el libro y hasta para recomendarlo, por lo menos a los fanáticos del terror, y de este exponente fundamental, ineludible, que tiene ese género en Hideshi Hino. Nada más por hoy. Nos reencontramos el finde que viene, con nuevas reseñas acá en el blog.

sábado, 6 de febrero de 2021

31 de ENERO al 6 de FEBRERO

Bueno, al final estoy leyendo bastante, a pesar de todo. Vamos a recorrer el material que me devoré esta semana. Lo primero fue H-E-R-O, una serie que editó DC allá por 2003, que duró 22 episodios de los cuales sólo los seis primeros están recopilados en libro. Una lástima, porque estas primeras historias, escritas por Wil Pfeifer, están bastante bien. El enfoque no es novedoso, es el clásico “superhéroes en el mundo real”, si bien la historia está ambienada en el Universo DC. El énfasis está puesto en cómo la posibilidad de acceder a un vasto repertorio de superpoderes le cambia la vida a un pibe común y corriente, bastante loser, al que las cosas le suelen salir mal. Pfeifer nos cuenta que se puede aprender a controlar los poderes, a pilotear el tema de la identidad secreta, a encontrar un tiempo para dedicarse a combatir el crimen… pero lo que no se puede aprender es la ética del superhéroe, el criterio de responsabilidad, de ser siempre no sólo un protector sino además un ejemplo para sus semejantes. De las tres personas que acceden a los superpoderes gracias a este extraño artefacto (la explicación acerca de su origen y su funcionamiento estará, me imagino, en los episodios que no salieron en TPB), las tres actúan por afuera de los códigos de los superhéroes, es decir, sin dejar nunca de lado su propio beneficio. Y ese pareciera ser el conflicto central de esta serie. Hasta dónde los superpoderes te cambian la forma de entender el mundo y la forma de vincularte con tu entorno. Es un planteo interesante y está bien llevado. Las historias duran lo que tienen que durar, hay una exploración acertada de la psiquis de los personajes, las cosas que hacen tienen consecuencias… No es una boludez atómica como eran en los ´60 y ´70 las aventuras de Dial H for Hero. El dibujo de Kano está bastante bien, con algunos momentos realmente excelentes, pero me confundió un poco con tanta indecisión a la hora de jugarse por una línea. Por momentos parece querer pegarse a lo que hacía Michael Avon Oeming en Powers, de pronto se corre hacia una estética más tipo Paul Pope, después busca una síntesis casi cercana a un Jason Pearson… Me tuve que fijar a ver si era que le cambiaban varias veces los entintadores, pero no. En todo el tomo Kano se entinta a sí mismo, con lo cual estos sacudones gráficos son producto de la decisión del dibujante. Y bueno, respeto sus elecciones, porque la verdad que a nivel narrativo no jode para nada que cambie un poco el estilo de dibujo. En síntesis, no te digo que H-E-R-O sea la Gloria Suprema del Noveno Arte, pero arranca muy bien, con una consigna original, atractiva, apoyada en dilemas morales complejos, giros impredecibles y una mirada inteligente al tan trillado tema de los superhéroes.
Después le entré a Mega, la última novela gráfica de Salvador Sanz, en la que su autor trabajó casi tres años. Sí, posta. Eso que yo leí en menos de 25 minutos, a Sanz le tomó (y me consta, porque lo conozco y charlamos del tema muchas veces durante la realización de la obra) casi tres años de trabajo. Un despropósito. El resultado de tanto esfuerzo es desparejo. Magnífico en el apartado visual (dibujo, puesta en página, color) y no muy convincente en lo que se refiere al argumento. El guion en sí está bien, los diálogos son muy buenos, el ritmo del relato está muy bien pensado, los cortes de las secuencias están puestos en los lugares adecuados, y la verdad es que, si te cierra el argumento, Mega te lleva sin saltos al vacío del principio hasta el final. En todo caso, mi problema es que no me cerró el argumento. O en realidad no me cerró la forma en la que Sanz vincula una trama muy impactante pero muy chata (dos monstruos gigantes de origen ancestral se machacan en la ciudad de Montevideo) con otra trama más compleja, más intimista, más sutil, que es el misterio de la nena y el flaco que (de alguna manera) tienen conexión con los monstruos. Me parece que el enganche entre estas dos facetas de la historia (la más violenta y la más tranquila) no está bien logrado, y eso hace que si te comprás Mega para ver un combate a todo o nada entre monstruos zarpados te quede la sensación de que Sanz te los muestra poco, y le dedica demasiadas páginas a la historia de la nena, su papá y su abuelo, que por ahí no te atrapa en lo más mínimo. Y lo mismo sucede al revés: si lo que te interesa es el misterio sobrenatural, estos objetos arcanos que están en manos de gente que parece común pero evidentemente no lo es, probablemente te frustre un poco llegar al final sin que haya una resolución a esos enigmas, simplemente porque el autor se distrajo con una batalla épica entre kaijus que no le aporta ninguna pista al que se enganchó con la intriga de los marinos desaparecidos y demás. Pero bueno, me quedo con el dibujo, que es fastuoso. Y con la narrativa, que es hipnótica. Y con detalles copados, como que la nena protagonista tenga la cara de la hija de Salvador, o que en las escenas que transcurren en Montevideo veamos a gente con los rasgos de los guionistas y dibujantes más famosos de Uruguay. Como ya mencioné, el tratamiento del color es espectacular, perfectamente ajustado a los distintos climas por los que transita la obra, y agrego –ya que estoy- que hay un puñado de páginas con una única viñeta que son devastadoras: imágenes que se te clavan en las retinas y te las detonan para siempre. Mientras esperamos que los guiones de Sanz vuelvan al altísimo nivel que mostraron en la segunda parte de Angela Della Morte, podemos seguir flasheando con un autor cuya destreza gráfica y narrativa no para nunca de crecer y de marcar nuevos hitos en la historia de la historieta argentina.
Y finalmente, breve glosa para Atlanta ´96, un álbum de Mortadelo y Filemón escrito y dibujado por Francisco Ibáñez, al que le entré 25 años tarde. Nada, en una de esas, hace 25 años era gracioso que TODOS los chistes se basaran en el gran tamalo y el exceso de peso de la señorita Ofelia, pero hoy se me hizo un poco reiterativo. Hay otros chistes, claro, y también está bueno ver cómo Ibáñez modifica un poco el esquema de sus aventuras para darle un marcado protagonismo a Ofelia, que hasta ahora siempre aparecía en cinco o seis viñetas por álbum. El grotesco y el slapstick funcionan tan bien como siempre, porque la verdad es que Ibáñez es un maestro indiscutible en ambos rubros. El tema es que la sucesión furibunda de gags violentos que estamos acostumbrados a ver en esta serie se hacen predecibles cuando van menos de 15 páginas: acá están TODOS los chistes que te puedas imaginar con la combinación deportes/ gente con sobrepeso, por supuesto potenciados por el dibujo dinámico y naturalmente gracioso de Ibáñez. Pero no hay mucho más que eso. Al final del tomo, tenemos algunas historias de Pepe Gotera y Otilio que repiten el mismo yeite que las aventuras de Mortadelo y Filemón, pero ahora con dos tipos que se dedican a reparar cloacas, conexiones eléctricas, electrodomésticos y demás. Es el mismo nivel de violencia, pero con meno imaginación, menos descontrol y con el obstáculo que significa meter seis tiras por página, de modo que las viñetas se vean muy chiquitas y no se luzca el trabajo del dibujante. Bueno, nada más, por ahora. La semana que viene nos reencontramos con nuevas reseñas acá en el blog.

sábado, 30 de enero de 2021

24 al 30 de ENERO

Termina la cuarta semana del año, y es hora de repasar las últimas lecturas. Me gustó mucho Nadie, esa obra semi-oculta de Carlos Trillo y Alberto Breccia, realizada entre 1976 y 1978 y publicada en Argentina en la revista Tit-Bits. Es una historieta muy accesible, muy aventurera, “de batalla”, como le decía el Viejo a las historietas que realizaba en los ´70 sin más pretensiones que las de ganar guita vendiéndolas a tres o cuatro editoriales de distintos países. Después, ya en los ´80, centró su producción en obras apuntadas más claramente al público adulto, más exigente, y ahí sí, con la mira puesta más en el prestigio y la experimentación que en la facturación. Nadie nos muestra algo raro, que es un Viejo Breccia imitable. Cuando el Viejo limaba y experimentaba, era imposible copiarlo, porque tenía un vuelo y nivel de delirio absolutamente únicos. Pero este Breccia más tranqui, más tradicional, más careta, es un poco más fácil de copiar y en estas páginas me encontré con un montón de recursos que vi más tarde en todos los dibujantes que uno asocia con la línea del Viejo: cositas que más tarde tomaron Cacho Mandrafina, Leopoldo Durañona, Horacio Lalia, incluso Enrique Breccia. Es muy loco y muy lindo disfrutar del estilo del Viejo, reconocerle todos los tics de siempre, pero además verlo hacer lo que en las historietas más experimentales no hacía: muchísimas escenas de piñas, tiros, persecusiones y explosiones, fondos, paisajes y vehículos perfectamente tomados de referencias fotográficas, onomatopeyas clásicas… Está muy bueno ver cómo todo eso convive con un universo gráfico oscuro, complejo, extraño y ominoso como el que había desarrollado el Viejo a esta altura de su increíble carrera. Y comprobar que, incluso cuando tenía ganas de ser más laburante que artista, de generar un producto comercial más que de romper todos los cánones establecidos, el genio también la descosía. Los guiones de Trillo están bien, lástima que la serie queda inconclusa y varias cosas no se llegan a resolver. Me gustaron mucho los primeros argumentos, los que son casos vinculados al espionaje internacional en los que Nadie simplemente interviene. Después, la serie muta y se centra en las cosas que le pasan a Nadie, con lo cual Trillo tiene que darle relieve y profundidad al mundo interior de un personaje que –me parece- fue pensado para funcionar mejor como tábula rasa, como deus ex machina sobre el cual, cuanto menos sepamos, mejor. Los diálogos arrancan medio flojelli, sin esa chispa típica de los diálogos de Trillo, y mejoran con el correr de los episodios. Sin dudas, un libro que cualquier fan de la historieta de aventuras va a disfrutar, y que por ahí sirve para que descubran a Trillo y Breccia los lectores más tradicionales, a los que en una de esas cuesta seducir con obras como Un Tal Daneri, Buscavidas o las versiones limadas de los cuentos de hadas.
Salto a Europa y al Siglo XXI, cuando David Proudhomme se suma a la colección de álbumes de historieta producida por el museo del Louvre. Y lo hace con un relato de 70 páginas… en las que no pasa absolutamente nada. Lo más parecido a un conflicto es que David (que además de autor es protagonista) se desencuentra con su novia en medio del paseo por el Louvre y se reencuentran horas después en la casa de uno de ellos. El resto del álbum se apoya en algo que no llega a ser una trama, pero que dentro de todo se disfruta bastante: Proudhomme observa y transmite con mucho ingenio el vínculo que se crea entre las obras exhibidas en el museo y la gente que se acerca a verlas. El autor se anima a imaginar no sólo qué pasa por la cabeza del tipo o la mina que queda frente al ataúd de un faraón egipcio, o frente a un lienzo de Delacroix, Cezanne o Da Vinci, sino incluso a pensar qué sienten las obras de arte frente a ese constante desfile de personas. O sea que el núcleo del álbum es eso: el juego entre obra y espectador. Ideas, teorías fumadas, y hasta ironías con cierta mala leche acerca de cómo, para qué y por qué la gente común se mete en un museo y entra en contacto con esos tesoros de épocas pretéritas. Pero todo apenas sugerido, o presentado de modo muy liviano, con muy poco texto, como si Proudhomme se propusiera respetar el silencio que se recomienda guardar durante las visitas a los museos. Sin embargo, logra activar esos planteos en el lector, que termina por preguntarse lo mismo que el autor. Como en toda historieta extensa en la que el texto es más bien escaso, en La Travesía del Louvre se luce tremendamente el dibujo. Acá abundan las páginas con una o dos viñetas, en las que Proudhomme deja la vida para reproducir fielmente las obras que pueblan el museo. A veces reinterpreta los cuadros clásicos en su estilo, a veces se esfuerza más por lograr una imitación convincente de los autores originales, y cuando reproduce objetos corpóreos (estatuas, bustos, ataúdes, etc.) realmente te hace sentir que además de verlos, los podés tocar. Como lectura, La Travesía del Louvre puede dejar cierto sabor a poco. Pero lo recomiendo como una forma alternativa de recorrer el museo, sobre todo para los crotos a los que nos gusta el arte pero nunca fuimos a París, o para aquellos que no se bancan las colas y los lugares llenos de gente que habla boludeces y saca fotos sin entender bien qué carajo tiene ante sus ojos. Y por supuesto para disfrutar del depliegue de técnicas que ofrece un David Proudhomme inspiradísimo, que da cátedra con sus lápices, sus tintas, sus efectos logrados con carbonilla… una bestia cuyas páginas también merecen ser enmarcadas y exhibidas en el más prestigioso de los museos. Y por ahora, nada más. El próximo sábado, reseñas del material que lea en la semana que ya está por empezar.

sábado, 23 de enero de 2021

17 al 23 de ENERO

Llegó ese momento del finde en el que me siento a reseñar los libros que leí durante la semana. Arranqué tranqui, con un masacote de 560 páginas. El Essential X-Men Vol.7, con altas papongas de los años 1986-88. En materia de dibujantes, esta etapa de Uncanny X-Men muestra cómo de a poco Marc Silvestri evoluciona de clon apenitas más moderno de John Buscema hacia un dibujante más personal, más influenciado por Arthur Adams. Se ve que Dan Green (el entintador titular de esta serie) entendía perfectamente a dónde quería ir Silvestri, porque lo complementa muy bien. Y también se ve que la coordinadora (Ann Nocenti, genia y figura) no dejaba que el dibujante se jugara todo a la espectacularidad y dejara en segundo plano la claridad y la fluidez del relato. Además, hay varios números con suplentes de muy buen nivel, como Kerry Gammil, Bret Blevins. Rick Leonardi o Jackson Guice, y un par realmente de lujo, como Alan Davis y Barry Windsor-Smith. El tomo también incluye dos Annuals, uno dibujado por Davis (que se luce infintamente más en blanco y negro) y otro por el ya citado Art Adams, también infernal, con un entintado preciosista de Terry Austin. Y además tenemos los cuatro números de la miniserie Fantastic Four vs. X-Men, donde Austin entinta a Jon Bogdanove. No es un mal combo, pero en el contexto del resto de los dibujantes, queda un poco atrás. Los guiones de Chris Claremont están muy bien, llevan hacia adelante la serie de modo muy armónico, con una dirección clara, en la que no se notan volantazos bizarros. El gran defecto es que, al igual que en el tomo anterior, Claremont ya no cuenta la historia de los X-Men, sino la de Storm, Wolverine y sus amiguitos. Esta es la etapa en la que, tras las bajas sufridas en la Mutant Massacre, el grupo salea buscar refuerzos, y entran casi de golpe cuatro personajes nuevos. Ninguno llega a opacar en lo más mínimo a Logan y Ororo, incluso cuando esta última se aleja del equipo para vivir una extensa aventura que va a terminar con la recuperación de sus poderes, justo a tiempo para Fall of the Mutants. Claremont narra la historia de Storm a modo de un sub-plot de largo aliento, y me da la sensación de que se disfrutaría más si fuera una novela gráfica o un one-shot por afuera de la serie, en vez de diluída, cortada en fetas entre tantos números. Fall of the Mutants es lo más flojo del tomo. El villano no tiene mucha explicación, la resolución es medio frutera (como cada vez que Claremont recurre al personaje de Roma), y por ahí lo más atractivo es ver a Colossus de nuevo en acción. Ah, no, pará: el guión del Annual 11 (el que dibuja Alan Davis) es groseramente peor que el de Fall of the Mutants. Un verdadero delito a mano armada. El resto está muy bien, con algunos momentos sobresalientes. Varios de ellos están en la miniserie con los Fantastic Four, que me volvió a impactar como la primera vez, primero porque casi no hay machaca, y segundo por lo bien que escribe Claremont a los FF, sobre todo a Reed, Sue, Ben y Franklin. Estuvo muy bueno el reencuentro con todo este material, que había leído numerito a numerito en mi ya lejana adolescencia, cuando era un adicto a los títulos mutantes que todos los años se clavaba 15 o 16 dosis de Uncanny X-Men. Este año le entro seguro al Vol.8.
Y también leí el Vol.3 de Ryuko, el manga de Eldo Yoshimizu que acá publica Buen Gusto. De nuevo, me masacró con el dibujo, con la cantidad de técnicas que emplea sin salir nunca del blanco y negro, cómo cambia de estilo según la secuencia, cómo te va del dibujo despojado y lineal a una sobrecarga de rayitas, rayones, manchas y texturas totalmente barroca, y de un poder expresivo devastador. Yoshimizu es un virtuoso del dibujo que no para de sorprenderme, desde la puesta en página y los ángulos que elige, hasta cómo dibuja las onomatopeyas. Todo es cada vez más extremo, más personal, más genial. El guion… creo que se enroscó demasiado, que le sobran personajes, que está mucho más pensado como novela gráfica que como serie, con lo cual se debe disfrutar mil veces más leído todo de un saque que cortado en cachos y con las largas pausas que estoy clavando yo entre tomo y tomo. Hay personajes realmente atractivos, pero la runfla se espesó demasiado, me parece. Y ya desde la primera vez que los enemigos de Ryuko la rodearon con varios chumbos y en vez de matarla se pusieron a conversar, perdí un poco el interés. De todos modos, hasta prestándole poca atención, el manga te scaude con algunos momentos de acción de tremenda potencia y con algunos momentos intimistas (como el de Ryuko y su mamá cuando caminan bajo la nevada) resueltos con gran destreza narrativa. Eldo Yoshimizu es uno de los tantos mangakas a los que les vendría bárbaro trabajar con guionistas, pero su labor en la faz gráfica es tan hipnótica, salta al vacío tantas veces, que creo que le compro cualquier garcha que le editen. Nada más, por hoy. La semana que viene, nuevas reseñas. Gracias y hasta entonces.

sábado, 16 de enero de 2021

9 al 16 de ENERO

Vamos con las reseñas del material que leí esta semana. Me terminé el masacote casi 500 páginas que había empezado la semana anterior: nada menos que The Compleat Moonshadow, el libro que trae toda la serie original de Moonshadow (la de los ´80), más el librito que J.M. DeMatteis y Jon Muth agregaron a modo de epílogo unos diez años después de finalizar la serie. Moonshadow es, como suele decirse, la gran perdedora de 1986. Se trata de una obra colosal, magnífica, profunda, conmovedora, arriesgada en muchísimos aspectos, hermosa de punta a punta… que quedó tristemente eclipsada porque tuvo la mala suerte de salir al mismo tiempo que Dark Knight, Watchmen y Maus. Con el podio ocupado por esas tres obras, que repercutieron a nivel mediático como nunca antes habían repercutido las historietas en EEUU, no quedó mucho lugar para hablar maravillas de otras gemas que se publicaron en ese mismo momento, entre las cuales Moonshadow probablemente sea la más gloriosa, la que más méritos hizo por subirse a ese podio poblado de obras fundamentales. Moonshadow es un comic acerca de descubrirse a uno mismo, de madurar, de sobreponerse a la adversidad, de aprender a tomársela de un modo más liviano, de mirar para adelante, de aprender de cada cagada, de cada traición, de cada decepción, de cada vínculo. Es una obra que te envuelve en un clima aventurero, pero habla de la vida, la muerte, el amor, el sexo, la política, la literatura, la fantasía, la locura, la libertad… Si te ponés en choto (o sea, si no sintonizás la onda de lo que DeMatteis trata todo el tiempo de hacer en esta obra) probablemente llegues a la conclusión de que Moonshadow está estiradísima y que se podía contar lo mismo sin todas esas peripecias que se acumulan episodio tras episodio. Yo creo que no, que el atractivo está en ese viaje, en todas las cosas bizarras y/o extremas que le suceden al protagonista, y que son las que le dan rumbo y sentido a su camino hacia la madurez. El epílogo de los ´90 (lo único que no había leído nunca) es hermoso, pero con la salvedad de que no es una historieta: es un texto con ilustraciones. Un texto en el que la prosa de DeMatteis cobra un vuelo, una dimensión, una belleza que bien quisieran para sí tipos que han hecho fortunas escribiendo literatura como Neil Gaiman. Y las ilustraciones de Muth se lucen como –lógicamente- no se podían lucir en el contexto de una historieta. De todos modos, en el tramo original, el de los ´80, hay muchísimos momentos en los que DeMatteis reduce al mínimo la cantidad de texto para que Muth pueda desplegar su arsenal pictórico y detornarle las retinas al lector con su formidable manejo del lápiz, las acuarelas y demás técnicas analógicas. Creo que cuando leí Moonshadow en los ´80 la faz gráfica me gustó más que ahora, probablemente porque no estaba acostumbrado a la historieta de estilo pictórico. Hoy, ya más curtido, me gustó pero no me deslumbró tanto. Y lo único que tengo para criticar es el rotulado (del maestro Kevin Nowlan) que a veces, cuando las letras aparecen en blanco sobre fondos oscuros, no se entienden una chota. El resto es todo belleza, una verdadera Obra Maestra que difícilmente DeMatteis pueda superar en los años que le quedan a su carrera como guionista. Absolutamente recomendado.
Hacía más de cinco años que tenía abandonada Las Águilas de Roma, la serie de aventura histórica del maestro suizo Enrico Marini, y ahora sí, me sumergí en las 56 páginas del tercero de los cinco libros que componen la obra. Estoy justo en el momento en que pasa de todo: Marini le pega un upgrade al guion tan notable, tan impactante, que hace que todo lo que había leído en los dos primeros tomos se convierta en un prólogo mínimo, una mera presentación de personajes que (a la luz de lo que pasa en el Vol.3) se podría haber sintetizado en 16 páginas, siendo muy generosos. No quiero decir con esto que si empezás a leer la serie desde el Vol.3 vayas a entender todo, pero la gran mayoría de lo que cuenta Marini en estas páginas sostiene su fuerza dramática en sí mismo… y en lo que va a venir, porque el tomo termina en un punto crítico, picante, incómodo como tampón de virulana. Por suerte tengo el Vol.4 en la repisa de los pendientes, como para entrarle pronto. Además de un dibujo demasiado bueno para ser real, en el que se destacan la documentación histórica, la acción y el color por sobre la expresividad de los rostros masculinos (que es donde a Marini se lo ve más frío), este tramo de Las Águilas de Roma ofrece runfla política de gran calidad, mucha data histórica, mucho enrosque entre personajes de dudosas lealtades, secretos, traiciones, lujuria, ambición y el clásico debate entre someterse a un imperio para vivir un poquito mejor, o seguir enchastrándose en el fango de la precariedad para conservar impolutas la autonomía, la libertad y la dignidad. Los personajes de Marco y Arminio (extensamente presentados en los primeros tomos) ya están en un punto en el que los consideramos personas 100% reales, hay una cantidad importante de buenos personajes secundarios, buenos diálogos… Posta, lo único que no me gustó de este tomo es que me hizo sentir que los dos primeros son una estirada grosera de una introducción a la trama principal de la serie. Si los dos tomos que quedan mantienen este nivel, vamos a estar hablando de un recontra-clásico verdaderamente indispensable.
Ya para distender un poquito, me leí (muy rápido, no me duró ni medio viaje en bondi) Yonky el Zombi: El Crucero del Terror, la primera aventura de este popular personaje de Marko Torres que se publica en Argentina. Repito que se me hizo muy cortito, son 72 páginas de historieta pero muchas de ellas tienen dos o tres viñetas. Y lo más bajonero: el dibujo me gustó bastante menos que en Mutant Boyz o Ninja Kururo. Es como si Torres intentara subirse a la estética de Ren & Stimpy, pero se quedara a medio camino, como si a último momento dijera “no, es mucho kilombo, hay que laburar demasiado para que te quede parecido a un dibujo de Kircfalusi”. Y entonces tenemos una estética que no se ve original, y un intento de subirse a un estilo alucinante que no llega a buen puerto. Ojo, no es un horror. A los pibes que no saben qué es Ren & Stimpy les va a encantar. Y el guion es divertido, pasan muchas cosas, y sobre todo me transmitió una sensación de vértigo, de descontrol, de fiesta pasada de rosca, de absoluta libertad por parte del autor, decidido a todo con tal de sorprender, entretener y arrancarla una risa a los lectores. Tengo el tercer librito del Ninja Kururo esperando pista, que a nivel dibujo se ve mucho mejor que Yonky el Zombi. Ojalá el guion esté a la altura. Y nada más. Veremos qué llego a leer durante la semana para comentar acá el finde que viene. ¡Hasta entonces!

sábado, 9 de enero de 2021

1 al 8 de ENERO

En estos días me bajé dos libritos completos y la mitad de un masacote de casi 500 páginas, que reseñaré el finde que viene. Vamos con las reseñas de lo que leí en forma completa. Manta Vol.4 continúa la saga escrita por Jonathan Crenovich y Martín Mazzeo, y como siempre el misterio de lo que sucedió en Iceberg (y la venganza de quienes sobrevivieron) cobra nuevas capas de complejidad. Si bien los diálogos son realmente muy buenos, Mazzeo y Crenovich juegan a ponerlos sólo cuando no queda otra. Y además son diálogos muy naturales, que no explican todo el tiempo quién es cada personaje, qué hizo en los episodios previos, qué hace ahora y por qué. O sea que para entender plenamente lo que pasa, hay que prestar bastante atención. Manta es un comic que especula con la inteligencia del lector, al que le tira flashbacks, pistas medio ambiguas, puntas de una conspiración, secuencias oníricas… Si buscás una lectura fácil, obvia y pre-masticada, acá no la vas a encontrar. El problema es que para que todos estos recursos (largas secuencias mudas, narración en varios tiempos distintos, irrupción de secuencias oníricas, etc.) sean fáciles de comprender, hay que esforzarse mucho en el dibujo, para que el lector no se confunda a los personajes (y a sus distintas versiones, porque un mismo personaje en una secuencia tiene 30 años y en la siguiente, 50). Y este es el punto flojo de este tomo de Manta. Acá se hace cargo del dibujo nada menos que Nicolás Brondo, que es un dibujante ampliamente superior a los que habían pasado por los primeros tomos de la serie. Ya desde lo más básico, desde la puesta en página y la composición de las viñetas, Brondo saca mucha diferencia. Y después la amplía con el manejo de la acción, con el color… sin dudas un gigantesco paso adelante. Donde flaquea el cordobés es con el aspecto de los personajes, que muta mucho de una viñeta a la otra: los vemos adelgazar y engordar en una misma secuencia, la barba de Manuka cambia de forma de un cuadro a otro, por momentos es casi imposible descifrar que este personaje de mediana edad es el mismo al que ya conocemos 20 años más viejo… Ahí hay que ajustar las tuercas, porque si no cada episodio (encima leído con varios meses de distancia del anterior) se va a hacer más críptico y menos accesibles para los lectores que se quieran sumar con la saga ya empezada. El resto, todo muy prolijo, muy atractivo, un lujo.
María Llovet es una autora catalana que la está pegando bastante en el mercado de EEUU. Por eso, cuando vi en oferta una de sus obras, dije “¡adentro!”. Porcelain es la versión de Llovet de la clásica historia de rito iniciático, presentada como una versión Vertigo de Alice in Wonderland o The Wizard of Oz. Una chica de pueblo, con mucho dolor acumulado y reprimido, en una encrucijada fantástica, por momentos épica, siempre muy oscura, en la que va a poder salir (no sin esfuerzo, no sin dar el salto a la madurez) de los laberintos que su propia psiquis le plantea. La novela tiene profundidad, sostiene los misterios hasta el final y tiene mucho ritmo. Se nota que Llovet leyó mucho comic y vio mucho cine y supo plasmar técnicas y recursos en sus páginas. A mí no me sucedió, pero no descarto que el guion tenga la fuerza y la magia como para detonarle la cabeza a las chicas de 14-15 años que se acerquen a Porcelain porque –incluso sin salirse de los confines de una dark fantasy convencional, apta para adolescentes que vienen de Harry Potter- está bastante jugado. El dibujo está muy bien, siempre en función de la narrativa, volcado a un claroscuro bien power, bien categórico, con unos decorados alucinantes, un gran trabajo en la ropa de los personajes, y algunas imperfecciones menores en los primeros planos de las caras. Llovet incluso copia a la perfección el clásico recurso de Enrique Breccia de cambiar la técnica de entintado para los flashbacks, con excelentes resultados. Pero a grandes rasgos, la estética que nos propone Porcelain es bastante original, y va más para el lado de mangakas elegantes como Suehiro Maruo, Minetaro Mochizuki o Taiyo Matsumoto que hacia horizontes más “comerciales” y más transitados. Y sí, claro, una vez terminada la historieta, Norma nos encaja 30 páginas de bocetos, ilustraciones sin entintar, y hasta páginas terminadas que la autora finalmente descartó. No está mal, pero no hacía falta. Siempre es más sano editar un libro 30 páginas más finito y cobrarlo un poco menos. Atenti, entonces, a María Llovet, una autora que viene haciendo las cosas muy bien hace ya 10 años y en cualquier momento explota, porque sin dudas tiene con qué. La semana que viene, más lecturas de verano acá en el blog.

sábado, 2 de enero de 2021

DUODECIMA TEMPORADA

Y sí, parece que no, pero el blog sobrevive un año más. Ya se cumplieron once años de aquel primer posteo y con este de hoy, abrimos una temporada con varios cambios respecto de lo que venía pasando en los últimos años. De modo un poco temerario, yo me metí en dos proyectos muy ambiciosos, durante la pandemia, en esos momentos en los que te sobraban miles de horas y decías que sí a cualquier cosa que te propusieran. Uno fue escribir un libro, generar cientos de páginas de textos inéditos, por primera vez en mi vida. Y ya está, ya lo terminé. Se me ocurrió una idea para seguirlo engordando, pero no sé si voy a tener tiempo para desarrollarla, así que por ahora lo cerré. Pero empieza otro laburo bastante demandante, que es el de moverlo entre las editoriales, a ver si alguna lo quiere publicar, reunirse para negociar el contrato y demás. O no. También está la posibilidad de que a nadie le interese publicarlo, o que me ofrezcan condiciones medio disparatadas, y terminemos organizando un crowdfunding, como para que tod@s l@s interesad@s en el libro puedan conseguirlo a través de una pre-venta. Sea trabajando en conjunto con una editorial ya establecida, o poniéndome las pilas para editarlo yo (con el apoyo de ustedes), a esto hay que invertirle una cantidad de horas para nada menor. Y después, obviamente, salir a presentar el libro por distintas ciudades del país y del continente. Si gracias a la vacuna nos inumizamos frente al Covid-19 y podemos volver a viajar normalmente, la idea es sumar mucho millaje para poder presentar el libro (una vez editado, obvio) en una buena cantidad de ciudades. ¿De qué se trata el libro? De orfebrería, música medieval y astrología aplicada a la crianza de abejas. Nah, mentira. Son textos que abordan desde distintas ópticas el fenómeno de los superhéroes, su historia, la lógica interna de sus aventuras, su impacto en la cultura popular a nivel global, etc.. Y estuvo muy bueno, leer, pensar y escribir acerca de esos temas. Me ayudó muchísimo a pasar todos esos meses de aislamiento. Me parece que quedó algo interesante, informativo y con ideas como para reflexionar y debatir un rato. Prometo compartir en este espacio las novedades al respecto. Del otro proyecto por ahora no puedo adelantar nada, pero va a salir a la luz el mes que viene, ya falta muy poquito. Ahí también, estoy poniendo una cantidad de horas bestial y también vamos a hacer lo imposible para que ustedes quieran apoyarlo y convertirlo en éxito. El mes que viene habrá anuncios, detalles y (espero) emociones fuertes. ¿Qué queda para este espacio? Probablemente un posteo semanal, en el que yo resuma las lecturas acumuladas entre un posteo y el anterior. Me da la sensación de que este año voy a leer menos historietas que el anterior, por esta cuestión del tiempo que empieza a hacerse escaso, así que habrá semanas en las que las lecturas a reseñar sean dos o una sola. También habrá reseñas de las películas que conecten con comics y que logre ver durante el año. Por cuestiones básicamente económicas, en los últimos… tres años bajó mucho mi ritmo de compra de libros, y hoy sería imposible llegar al 31/12/21 leyendo tres o cuatro TPBs o novelas gráficas por semana. Creo que a ese ritmo no llegaría ni a Septiembre con el canuto que tengo. Pero mis otros compromisos me hacen suponer que voy a tener que bajar forzosamente el ritmo de lectura, así que con lo que tengo pendiente, creo que llego a cubrir un año más de blog. Después, si me va bien con el libro y con el otro proyecto, prometo gastar fortunas en comics así para 2022 sobra material de lectura. Y como siempre, le agradezco enormemente a las editoriales y autores de nuestro país que me hacen llegar gentilmente sus novedades para que yo las reseñe en el blog. Por ahora, entonces, la idea es postear reseñas semanales durante los fines de semana. Cuando retomemos el tema de los eventos, habrá que ver si puedo postear sábados, domingos o algún otro día. También una vez por semana trataremos de tener nuevos videos en el canal de YouTube de Comiqueando, que va a seguir sumando novedades. Y como siempre, tenemos contenidos nuevos todos los días en el sitio web de Comiqueando, que ya es un clásico de la web. Mil gracias por el aguante a l@s seguidores del blog, a l@s “megusteadores” de Facebook, a l@s que comparten las reseñas que yo subo a este espacio, y por supuesto, a l@s artistas, sin los cuales no habría historietas para reseñar. Ojalá los 51 posteos que me faltan para completar el 2021 tengan más sustancia y menos venta de humo que este que les acabo de infligir. ¡Feliz 2021 para tod@s!