el blog de reseñas de Andrés Accorsi

lunes, 16 de mayo de 2022

VAMOS CON TRES MÁS

Acá estamos con nuevas reseñas, nada menos que tres libritos. En el año 2003, el diario italiano Repubblica armó su colección de Clásicos de la Historieta, no muy distinta en formato y concepto a la Biblioteca de Historieta que publicó Clarín. El Vol.11 es un tomo de 240 páginas íntegramente dedicado a Ken Parker, la magnífica creación del guionista Giancarlo Berardi y el dibujante Ivo Milazzo. Además de varios textos muy interesantes, el libro ofrece dos historias unitarias cortas que aparecieron en distintas antologías: la primera es una gema, 20 páginas de una belleza apabullante; y la segunda está buena pero es muy rara porque Milazzo cambia por completo su registro gráfico y parece dibujada por otro autor. Y después viene la paponga: dos novelas gráficas de 96 páginas cada una, demasiado buenas para ser reales. La primera, Diritto e rovescio, explora el tema de la homosexualidad en las décadas finales del Siglo XIX y es tremenda. El guion es brillante, aunque por ahí le sobran 15 ó 20 páginas. La segunda, Sciopero, es simplemente perfecta. Una historia desgarradora, de una crueldad atroz, que da testimonio de los abusos que sufrían los obreros a manos de los dueños de las fábricas también sobre el final del Siglo XIX, cuando Estados Unidos vivía una expansión tecnológica y económica sin precedentes, aunque la prosperidad que esta generaba iba a manos de muy pocos. Berardi no disimula en lo más mínimo su militancia de izquierda, y por momentos Sciopero es una versión ilustrada de El Capital, de Karl Marx. Pero en ningún momento la bajada de línea va en detrimento del asfixiante espesor dramático que propone la historia. Son 96 páginas a puro dolor, donde la aventura se tiñe de una desazón y una amargura pocas veces vistas. Ya derramé hectolitros de baba hablando del dibujo de Ivo Milazzo en la reseña del 01/09/16, pero no me canso de repetir lo hermoso que es el trabajo de este prócer italiano. Es como un amalgam glorioso de Oswal, Hugo Pratt, Gustavo Trigo, Alfonso Font, por momentos algunas sombras extremas al estilo Jordi Bernet... Nunca sabés qué nueva fatality te va a tirar Milazzo, pero todas son letales. Estamos ante un narrador impecable, asombroso, que trabaja con la puesta en página más clásica posible para después elegir con enorme criterio cuando suprime los fondos y cuando deja la vida en la recreación de estos ambientes, perfectamente retratados. Envidio mucho a la gente que sigue hace años a Ken Parker y tiene todas (o casi todas) las aventuras de esta especie de Corto Maltés de los Estados Unidos que empezó como un western y terminó como una cátedra de historieta adulta, comprometida y emotiva hasta el tuétano.
Y ya que menciono a EEUU, sigo con el one-shot publicado por DC Comics en 2018, titulado Swamp Thing Winter Special. Acá hay dos historietas: una es casi una bizarreada. Son las 20 páginas que iban a componer el nº1 de una serie de Swamp Thing escrita por Len Wein y dibujada por Joe Kelly, pero que quedó en nada por la inesperada muerte del guionista. Acá vemos la historia completa dibujada y coloreada, pero sin los textos, porque Wein no llegó a escribirlos. Esto es secuela de una miniserie anterior a cargo del mismo equipo, que tengo en la pila de las lecturas pendientes. Ya llegaremos. Pero lo grosso es lo de adelante, la historieta de 40 páginas con la que Tom King y Jason Fabok se llevaron un muy merecido premio Eisner. Seguramente se podría haber narrado lo mismo en 24 páginas, pero el dibujo de Fabok es tan grosso que mejor dame 140 páginas de esto. Fabok es un dibujante no tan original, pero capaz de tomar lo mejor de los dibujantes que lo influencian. Cuando tuvo que dibujar Justice League como continuador de Iván Reis, conservó intacta la magia del astro brazuca. Cuando tuvo que dibujar Three Jokers basado en la estética de Brian Bolland se la bancó con una altura y una solvencia impresionantes. Y acá, tiene algunas secuencias en las que nos tira guiños a los fans de John Totleben y Stephen Bissette y le salen perfecto. Visualmente, es un trabajo realmente exquisito, con un aporte acertadísimo del colorista Brad Anderson. El guion de King está todo basado en el giro totalmente inesperado y brillante que pega en la página 30. Es un recurso de alto impacto, que te detona la cabeza en una doble splash innecesaria, pero memorable. Y si hasta ahí la historia era emotiva, el final te conmueve, te estrangula el alma aunque seas un monolito de piedra sin el menor rastro de sensibilidad. La muerte de Len Wein hizo que este one-shot se vinculara mucho al tributo de DC a uno de sus próceres, pero la verdad que el trabajo de King y Fabok es una maravilla que merece ser atesorada por todos los fans, no solo de Swamp Thing, sino del buen comic en general.
Y cierro con una breve mención a Mini Mundo, recopilatorio de historietas muy cortitas, realizadas por Mariana Ruiz Johnson para alguna publicación infantil. Esto es material para chicos muy chiquitos, con conflictos también muy chiquitos, hábilmente vinculados a situaciones que los chicos de tres a seis años viven en su realidad cotidiana. Los relatos tienen poquísimo texto, para que los padres se los puedan leer a sus hijos sin perder dos horas de sus vidas, y los dibujos son muy lindos, de muy fácil comprensión. Ruiz Johnson viene más del palo de la ilustración, pero acá demuestra que entiende perfectamente cómo armar secuencias y llevar adelante la narración con los dibujos. Con personajes simpáticos y con tramas muy simples, las historietas de Mini Mundo tienen todo para acompañar a las nenas y nenes que están dando sus primeros pasos en la lectura. Y leídas por un adulto tienen algo de gracia, sobre todo porque el trazo de Ruiz Johnson es, además de muy agradable, muy original. Nada más, por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

jueves, 12 de mayo de 2022

JUEVES OCHENTOSO

Tengo otros dos libritos leídos, listos para reseñar, y son dos historietas creadas en los gloriosos años ´80. Empezamos en Inglaterra, con una gema del underground de ese país, que tiene a Hunt Emerson como uno de sus maestros emblemáticos. Emerson tiene varias obras grossas, y un personaje muy popular, que fue Calculus Cat (acá apareció en algunos números de Puertitas, a principios de los ´90), paradójicamente surgido en 1982 en revistas de Estados Unidos. Este álbum recopila 54 planchas originalmente realizadas para distintas publicaciones, y que componen una "saga", o mejor dicho, están atravesadas por una temática común: la relación entre Calculus y su televisor. Que en realidad es la forma que encuentra Emerson para hablar de la relación entre nosotros y los medios masivos de comunicación. El resultado es demencial, arrebatado, furibundo, tremendamente gracioso y sobre todo incómodo, porque por debajo del humor, la violencia y el absurdo, hay un mensaje muy potente, que tiene que ver con la idiotización de las masas, el bombardeo de la publicidad y el vínculo adictivo que genera la tele. Calculus es un gato como podría ser un caballo, un pájaro carpintero o una cucaracha. Emerson lo dibuja en forma de gato, pero las actitudes y aptitudes del personaje son las de un ser humano común y corriente. En las pocas escenas que transcurren en la calle, vemos que este mundo está poblado de criaturas extrañas, y que el único personaje con rasgos de ser humano más o menos "real" es el locutor que le habla a Calculus desde la pantalla del televisor. Ese locutor es lo más parecido a un antagonista, o incluso a un personaje secundario, que vamos a encontrar en estas páginas. En las escenas que no son mudas, Calculus habla solo, o con este personaje al que (muy a su pesar) no puede tocar (ni atravesar con armas blancas). Hunt Emerson es un dibujante bestial, desaforado. El tipo depuró el estilo del Robert Crumb de los ´70, lo combinó con algo de la magia y la idiosincrasia deforme de George Herriman y con ese ritmo hiperkinético de los mejores cortos animados de los Looney Tunes. Sus figuras son plásticas, hiper-expresivas. Su blanco y negro es vibrante, de un impacto gráfico apabullante, su manejo del timing narrativo es impecable, sus pantomimas son hipnóticas, sus diálogos filosos y muy cómicos. Acá vemos a un autor con una imaginación desbordante, abocado a hablarnos de algo absolutamente cotidiano y real como es el consumo acrítico de lo que nos ofrece la tele. Una combinación explosiva, a la que le sobran recursos humorísticos de toda clase para llegar a donde Emerson quiere ir, que es a que nos caguemos de risa de algo que nos debería generar una reflexión profunda y (en una de esas) amarga. No creo que este sea un álbum fácil de conseguir, pero realmente vale la pena buscarlo.
Me vengo a Argentina, año 1986, cuando Lucho Olivera retoma (una vez más) la extensa saga de Gilgamesh el Inmortal en las páginas de la revista D´Artagnan, ahora en dupla con el prolífico guionista Ricardo Ferrari. Ya reseñamos varios de los álbumes de Gilgamesh que van antes de esta etapa e incluso uno que va después. Pero bueno, acá se edita así, mezcladito y sin la etapa de Robin Wood (que va entre la original y esta), que es lejos la mejor. Como ya había hecho el prócer paraguayo, Ferrari se toma la atribución de desconocer parte de la historia narrada por sus antecesores, como para poder llevar la saga a donde a él le interesa ir. Por lo menos en estos primeros episodios, Gilgamesh es una serie claramente enrolada en la ciencia-ficción clásica, fría, cerebral, con énfasis en la vida cibernética, las naves espaciales y los viajes interestelares. Como en las etapas anteriores, el inmortal habla solo, no para de lamentarse por su condición, y cada tanto cambia angustia por violencia. Acá incluso se convence de que se está volviendo loco. La acción es bastante escasa: a Ferrari pareciera interesarle más el conflicto interno del personaje que mandarlo a combatir con villanos o monstruos alienígenas. El ritmo es respetuoso de la ciencia-ficción dura, o sea, va muy lento: Gilgamesh se da cuenta de que está en la luna al final del cuarto capítulo, y para el final del séptimo todavía no logró poner un pie en la Tierra. No es algo incoherente, pero sí raro, si pensamos a la velocidad que narraban Olivera y Sergio Mulko cuando estaban a cargo de los guiones. Los bloques de texto de Ferrari están muy logrados, y sobre todo bien dosificados. No agobian para nada, ni sentimos que la voz en off le dispute el protagonismo a Gilgamesh o a sus peripecias. Los diálogos... son un poquito más arduos, porque repiten mucho las palabras. En una misma página, por ejemplo, encontré estas gemas: -"No hay más terrestres... no hay más". -"Estoy solo... absolutamente solo". -"Una nave... una nave... una nave para volver a la Tierra". El dibujo de Lucho Olivera es -una vez más- muy desparejo. Los dos primeros episodios están a un nivel no precario, pero muy inferior a lo que vimos en la etapa junto a Robin Wood. Después mejora un poco y para el final ya estamos cerca del Lucho que a mí más me gusta, que es el que trabajaba con Alfredo Grassi, Eduardo Mazzitelli o Emilio Balcarce para Skorpio. Pero claro, en Skorpio no le pedían páginas de 10 viñetas y acá sí. Hay varias de esas, donde no hay verdadero espacio para que se luzca el dibujo. Algunos planos se repiten bastante, pero en la segunda mitad del libro, cuando Lucho dibuja mejor, eso pasa a ser irrelevante. En esos episodios finales, el correntino empieza a tirar magia y te vuelve loco con esas texturas, esos detallitos y sobre todo con su manejo demoledor del claroscuro, que acá finalmente podemos apreciar porque no lo opacan los horrendos colores de las revistas de Columba. Estoy casi seguro de que Doedytores publicó algún tomo más de Gilgamesh a cargo de Lucho y Ferrari, que yo no me compré por las dudas de que este me pareciera muy choto. Y la verdad que este, si bien no me divertí demasiado, no puedo decir que sea choto. El dibujo va mejorando, el guion tiene buenas ideas y buenos textos... le falta solo un poco más de onda al personaje y de ritmo a los relatos. Si más adelante Ferrari mete buenos personajes secundarios, buenos villanos o buenos conflictos, se puede hablar de una buena época para el mítico héroe. Veremos si me decido a entrarle a esas historias posteriores. Y hasta acá llegamos. Nos vemos mañana viernes en la Biblioteca Nacional, en la entrega de los Premios Cinder.O en unos días, con nuevas reseñas acá en el blog.

martes, 10 de mayo de 2022

ESSENTIAL ANT-MAN

Uh, qué difícil este libro... Entré como un caballo porque vi en la portada los nombres de Stan Lee y Jack Kirby, y adentro de dieron para que tenga. Ant-Man fue uno de los primeros superhéroes de Marvel que empezó a aparecer con regularidad, en la mitad de la revista Tales to Astonish allá por Septiembre de 1962. Primero compartió cartel con monstruos bizarros ignotos, después con Hulk, y en 1965 le dieron salida para que ese espacio lo ocupara Namor. En el medio, Stan Lee probó con varios enfoques distintos para esta serie, pero nunca le encontró la vuelta. Las primeras aventuras, si bien son obra de Lee y Kirby, parecen publicadas por DC, en cualquier revista de las que coordinaba Julius Schwartz. Hank Pym era un señor aburrido, sin rasgos de personalidad, que resolvía casos con sus poderes, y sobre todo con formas ingeniosas de aplicar su vasto conocimiento científico. Los villanos son invariablemente patéticos (al principio había mucho espía ruso) y los ayudantes de Lee (entre ellos su hermano Larry Lieber) no se esmeraba en lo más mínimo por ponerle onda a diálogos o textos. Recién cuando aparece Wasp, levanta un poco la puntería, porque se arma el contraste entre una chica de 16-17 años a la que le gusta la joda y la emoción de la aventura, y este tipo de más de 30, viudo, formal y medio amargo. Pero dura poco: Stan se olvida rápido de que le había puesto una esposa (muerta en flashbacks) a Pym, y para avanzar con el romance entre él y Wasp (que le empieza a tirar onda desde su primera aparición), achica la brecha etárea, supongo yo que para que no pareciera un pedófilo. Así que en un par de números, Janet y Hank ya parecen tener casi la misma edad, o por lo menos andar por los veintipico. Cuando Pym deja de ser Ant-Man y pasa a ser Giant-Man, las historias pierden ese cariz más científico y se enrolan más en la típica aventura con machaca super-power que asociamos con la Marvel de esa época. Y cuando finalmente aparece un subplot copado (el del stress físico y mental que provocan en Pym los constantes cambios de tamaño), ya la serie no le interesaba a nadie y a los dos números la vuelan de Tales to Astonish para no volver. O sea que a nivel de los argumentos, guiones, etc., no es mucho lo que tienen para ofrecernos estas 576 páginas. En cuanto a los dibujos, esta serie sufre una inestabilidad atroz, poco frecuente en la Silver Age, no solo de Marvel, sino en general. Acá vemos todas las combinaciones de dibujantes y entintadores posibles, casi siempre con flojísimos resultados. A saber: Lápices de Jack Kirby y tintas de Dick Ayers: Bastante bien. Lápices de Jack Kirby y tintas de Sol Brodsky: Más que aceptable. Lápices y tintas de Don Heck: en los primeros episodios, cuando lo dejan entintarse a sí mismo, Heck me sorprendió muy gratamente. Está apenas un pasito por debajo de los dibujantes clásicos de DC de esta época, tipo Mike Sekowsky, Dan Barry o Gil Kane, y dos o tres por debajo de Alex Toth. La narrativa no es derivada de la de Kirby, mete planos variados, no carga demasiado las tintas, no pone en los rostros esos rasgos con los que causará espanto en los ´70 y ´80... la verdad que dignísimo. Después se va a relajar, y aparecen episodios que parecen dibujados directamente en tinta, sin lápiz previo, bastante más flojos, pero sin llegar al horror de los ´70. Lápices de Kirby y tintas de Heck: Acá ya me gusta menos el trabajo de Heck. Tiene algunas hermosas, en las que se complementa muy bien con los lápices del Rey y otras medio fuleras. Lápices de Jack Kirby y tintas de Steve Ditko: El horror. Juntás a dos monstruos gloriosos y en vez de algo genial, sale una bazofia. Estas páginas están entre las peores del libro. Lápices de Larry Lieber y tintas de George Bell: Otra abominación. El hermano de Stan escribió y dibujó algunas historias cortitas de Wasp, y la verdad que son horrendas. Nada para rescatar. Lápices y tintas de Dick Ayers: No, tampoco. Muy aburrido y por momentos muy feo, también. Banco a Ayers en comics de guerra y de cowboys, pero dibujando superhéroes era durísimo. Lápices de Larry Lieber y tintas de Don Heck: Menos mal que son solo cinco páginas, porque me quería arrancar las retinas para no sufrir más. Lápices de Larry Lieber y tintas de Sol Brodsky: Horrible. Lápices de Larry Lieber y tintas de Paul Reinman: Una falta de respeto absoluta. Lápices de Dick Ayers y tintas de Paul Reinman: Un tormento para los ojos pocas veces visto. Por momentos se hace realmente ilegible. Juicio y castigo. Lápices de Larry Lieber y tintas de Chic Stone: Muy flojo. Lápices y tintas de Larry Lieber: Bastante mejor que esas historietas en las que los entintadores le estropeaban los dibujos sin piedad, pero lejos de un nivel disfrutable. Lápices de Carl Burgos y tintas de Dick Ayers: Apenas correcto, pero infinitamente aburrido. Lápices de Carl Burgos y tintas de Chic Stone: Atrasa 25 años, parecen páginas de principios de la Golden Age. Un embole. Lápices de Carl Burgos y tintas de Paul Reinman: Bochornoso es poco. Lápices de Bob Powell y tintas de Heck: Un poquito más de onda en la narrativa, pero el pincel de Heck ya se va al carajo y tira bastante para atrás al dibujo. Lápices de Bob Powell y tintas de Frankie Ray: Acá huelo un pseudónimo de un dibujante grosso, porque estas páginas son realmente lindas de mirar. Hay viñetas que parecen entintadas por Gene Colan, por ejemplo, y son hermosas. Lápices de Bob Powell y tintas de Chic Stone: La nada misma. Lápices de Bob Powell y tintas de Vince Colletta: El abismo. Lápices de Bob Powell y tintas de John Giunta: Si creías que no había nada peor que Reinman o Colletta, acá aparece Giunta a terminar de lesionarte los ojos. En fin, no se puede decir que no hayan probado. El tema es que no funcionó. En general, los críticos veneramos toda esa etapa de Marvel que va de 1963 a 1968, y nos olvidamos que había títulos flojos (Daredevil), títulos decididamente malos (Iron Man y Hulk) y material al filo de lo ilegible como la serie de Hank Pym y Wasp en Tales to Astonish. Pero bueno, de todo se aprende. Gracias por el aguante y hasta pronto.

domingo, 8 de mayo de 2022

UN DOMINGO EN EL FAR WEST

Hermoso domingo para hacer cualquier cosa menos escribir reseñas de comics. Pero bueno, esto es un sacerdocio... Empezamos en Italia, año 2013, cuando se publica Alaska!, una novela gráfica de Tex de más de 320 páginas. Un despropósito, un ejercicio extremo de estirar un argumento para hacerlo infinito, obra de Mauro Boselli, que acá hace temblar las convicciones de quienes lo consideramos uno de los mejores guionistas de Tex (si no el mejor). Esta vez Boselli imagina un relato bastante interesante ambientado en Alaska, en peligrosos bosques habitados por varias tribus aborígenes, siempre al borde de la guerra entre ellas y con los colonos blancos, y con una presencia importante de los elementos místicos y religiosos típicos de la cultura de los nativos de Norteamérica. Hay un par de personajes bien trabajados, incluso buenos personajes femeninos, que es algo que escasea bastante en las historietas de Tex, misterios, tensión, algo de acción... pero no hay forma de que lo que sucede en este libro ocupe 320 páginas. Solo se puede hacer incorporando unas dosis brutales de escenas de relleno, que no aportan absolutamente nada al desarrollo del argumento, y estirando de manera grosera las escenas que sí contribuyen al devenir de la trama. Así es como el atractivo que podía tener el planteo inicial de Boselli se licúa, se diluye, como si tiraras un shot de tequila en un bidón de cinco litros de agua. Lo más interesante de Alaska! es la ínfima participación de Tex y su amigo Kit Carson en el desarrollo de la historia. Los personajes pensados para aparecer en este único tomo hegemonizan por completo la acción y reducen a los protagonistas a roles muy menores. Claramente se trata de una historia que se podría contar sin Tex ni Carson, sin perder ni un ápice de su esencia. Con los indios y un par de los personajes blancos que Boselli crea para este álbum, alcanza y sobra. ¿Cómo caí en esta trampa mortal? Fácil: el dibujo es de Lito Fernández y eso hizo las veces de anzuelo. Quería ver al maestro metido en el mundo del western (género del que Lito jamás fue fan y al que esquivó con éxito durante décadas) y acceder al trabajo más extenso de los muchos que realizó para la editorial de Sergio Bonelli a lo largo de diez años de colaboración con la editorial milanesa. El resultado es muy raro. En todas y cada una de las páginas se aprecia el talento narrativo de Fernández, el dinamismo de sus figuras, su virtuosa aplicación de los negros a través de manchas de pincel que rescatan lo mejor de la tradición de Milton Caniff y Frank Robbins, el gran trabajo en fondos, vestuario, objetos y armas... El problema es que buena parte de las cabezas de los personajes parecen haber sido re-entintadas, o incluso re-dibujadas por manos menos hábiles. La gran mayoría de los primeros planos que se ven en Alaska! no tienen la impronta de Lito, sino que parecen obra de un típico dibujante del montón, de los que habitualmente producen "con fritas" el material que publica Bonelli. La verdad que contratar a Lito para después tener que contratar a otro dibujante que le redibuje las caras es otro despropósito inexplicable. Es como tener al Dibu Martínez en el arco y cambiarlo por un suplente cuando llega la definición por penales. Estéticamente, además, es chocante. Es como si cada vez que les toca aparecer en primer plano los personajes se pusieran una máscara, con otros rasgos, que no son los que vemos cuando Lito los enfoca de lejos. Por ahí la idea era que todo fuera más consistente con los otros comics de Tex, pero en ese caso, la editorial siempre tiene a su disposición a dibujantes que entienden a la perfección cómo quieren ver los lectores a este clásico personaje. Y si no le toquetearon las caras a dibujantes de estilo más extremo, como Enrique Breccia, o José Ortiz, la verdad que toqueteárselas a Fernández es una pelotudez atómica. Así que nada: el magnífico trabajo de Lito se desluce cada vez que un obrero de lápiz que no da la cara le redibuja (encima con rotring, no con pincel) los rostros de los personajes, y el planteo argumental de Boselli, que no estaba nada mal, terminó por tener gusto a muy poco al licuarlo en una cantidad inhumana de páginas que solo le suman espesor al libro, no a la trama.
Me vengo a Argentina, año 2021, cuando la editorial Cápsula publica El Sheriff Científico, con guion de Lubrio y dibujos de Maco Pacheco. Esta es una historieta fresca, dinámica, muy divertida, apuntada al público infanto-juvenil pero con sutiles guiños que la hacen atractiva también al lector adulto. Otro western (como Tex), pero con humor y con elementos fantásticos que van para el lado de la ciencia-ficción clásica, muy bien integrados a la época de los cowboys. Lubrio maneja muy bien la estructura episódica: cada tramo de la obra es una aventura de 12 o 14 páginas con principio, nudo y desenlace, y además se va armando episodio a episodio una masa crítica que desembocará en el tramo final. Los chistes son ingeniosos, el personaje central es sumamente carismático y disfruté mucho viendo cómo se hace el dolobu mientras todas las minitas le tiran onda. Un solo detalle a criticar: los irlandeses se llaman "O´Algo", no "McAlgo". Los "McAlgo" son los escoceses. Pero bueno, es un error mínimo. El dibujo de Maco es en buena medida responsable del dinamismo, la frescura y la gracia de estas historias. E incluso del carisma y la onda de los personajes. Los fondos están cuidadísimos, el color es excelente, el cameo de Lucky Luke es precioso, y acá también, una sola cosa a criticar: a Maco le pidieron que dibuje un irlandés y dibujó a Irish Coffee sin la barbita. O sea, una cosa es ser fan de Carlos Meglia (todos somos fans de Carlos Meglia) y otra es no poder dibujar un irlandés sin clonarle un personaje a Meglia. Me da bronca porque, a lo largo de libro, Pacheco demuestra tener una imaginación zarpada, como para no tener que recurrir a un trabajo de su ídolo a la hora de resolver el aspecto del protagonista. Una lástima. Fuera de estos dos moquitos puntuales, El Sheriff Científico logra mezclar western, ciencia-ficción y comedia con una cancha notable y le garantiza un rato de muy bienvenida diversión a quien le quiera dar una chance. Y nada más, por hoy. Nos vemos el viernes en la Biblioteca Nacional, en la entrega de los Premios Cinder, o muy pronto acá en el blog, con nuevas reseñas.

miércoles, 4 de mayo de 2022

DR. STRANGE AND THE MULTIVERSE OF MADNESS

Esta película es la némesis perfecta de los que intentamos reseñar sagas cinematográficas sin spoilear. De verdad, esta vez no se puede decir una sola palabra acerca del argumento sin arruinarle buena parte de las sorpresas a quienes todavía no la vieron. No se puede ni siquiera mencionar contra quién pelean "los buenos" a lo largo de casi todo el largometraje. Si viste algún afiche por la calle, sabés que están el Dr. Strange (que viene de su aparición en Spider-Man: No Way Home) y Scarlet Witch (que viene de su propia serie, Wandavision). Y obviamente está también Wong, a quien vimos por última vez en la secuencia final de la película de Shang-Chi. Aparecen muchos más personajes, algunos con roles muy destacados, pero no se pueden mencionar. Incluso aparece uno que no se puede mencionar ni siquiera en la propia película, porque Marvel no tiene los derechos sobre su nombre. Así que no lo nombran, y si hay gente que no se da cuenta quién es ese monstruo con tentáculos y un ojo gigante, tampoco cambia mucho el desarrollo de la trama. Probablemente ese sea el punto débil de la película: le dedica muchos minutos a secuencias que no hacen avanzar la trama. La aventura en sí no es perfecta, ni mucho menos. Pero esto se compensa con el punto fuerte de la película: el espesor de los dilemas morales. Sabemos que el uso de los poderes mágicos requiere, además de responsabilidad, pagar un costo. En un punto, si te vas de mambo con la magia, algo vas a tener que pagar. Y de eso se trata The Multiverse of Madness. De hasta dónde está dispuesto a llegar cada uno para lograr lo que quiere, qué precio acepta pagar, cuándo y cómo lo paga, cómo se banca haber perdido aquello que tuvo que perder y qué pasa cuando alguien siente que ya no le queda nada por perder. En ese combate interior contra el dolor de la pérdida y la tentación de ir más allá de los límites, la película encuentra sustento y conjura la otra magia, la de tener al espectador agarrado a la butaca, tenso como en una definición por penales, preso del asombro que genera ver a los personajes de siempre hacer cosas que no nos imaginamos nunca. A pesar de las infinitas criaturas mágicas, almas condenadas, muertos resucitados, portales entre universos y héroes, heroínas y villanos de inconmensurable poder, probablemente este sea uno de los flims de Marvel más humanos, más centrados en las emociones de los personajes. Y la escena más fuerte, más conmovedora, la que define todo, lo tiene a Dr. Strange como un mero espectador. Sí, llega un momento en que la trama convierte al Tordo en un personaje secundario de su propia película. Y te juro que es un momento que no te vas a olvidar nunca jamás. Tampoco te vas a olvidar nunca jamás que acá finalmente aparecen personajes que siempre quisiste ver (o volver a ver), pero la verdad es que toda esa secuencia es larga al pedo, no contribuye mucho al desarrollo del argumento, y apenas sirve para subrayar el tremendo poder de la amenaza a la que tendrán que vencer los buenos. Aún así, no se puede decir que el tema de los universos alternativos esté mal manejado. El guion lo introduce de manera clara, sin paradojas bizarras ni contradicciones de esas que generan decenas de videos en YouTube donde algún capo de las realidades espacio-temporales nos explica lo que en la película no se entiende. Pero no es lo más importante. La película se apoya más (como ya dije) en los dilemas humanos, y obviamente en la exploración de todos los recursos fantásticos (a veces terroríficos) que le habilita el tema de la magia y la brujería a niveles inenarrables. ¿Qué onda Sam Raimi, en su regreso al cine de superhéroes? ¿Cuánto de la impronta del legendario director se ve en estos 126 minutos, más allá del excelente gag protagonizado por Bruce Campbell, su actor fetiche?. La gente que sabe de cine seguro puede responder esa pregunta mejor que yo, pero me parece que sí, que es una película fiel al espíritu de Raimi. El tipo sabe cuándo tiene que aflojar con los chistes para que el dramatismo de las escenas no se desplome por su propio peso, y eso en este film es fundamental, por lo mucho que está en juego todo el tiempo. Los actores captan esa sintonía, por eso acá tenemos una actuación de Benedict Cumberbatch muy por encima de lo que vimos en las películas anteriores, una Elizabeth Olsen magnífica, un Chiwetel Ejiofor también por encima de lo visto en la peli anterior de Dr. Strange, y hasta se luce Rachel McAdams, quien no desaprovecha el rol destacado que le otorga el guion a (una) Christine Palmer. Por ahí desentona un poquito Xochiti Gómez, pero bueno, es una actriz muy joven a la que le sobra tiempo para mejorar. Los rubros técnicos están muy, muy bien, con unos efectos especiales impresionantes y un despliegue visual de ilimitada imaginación, al nivel de los mejores historietistas que pasaron por los comics del Tordo. Nada más. Vos ya sabés que para entender todo lo que pasa hay que haber visto todas las películas y series anteriores integradas a este universo narrativo, así que si te falta alguna, ponete al día antes de sumergirte en este multiverso de la locura. Y si vas al cine, quedate hasta el final a ver las escenas post-créditos. Que el Vishanti te proteja.

domingo, 1 de mayo de 2022

AVENTURAS + HUMOR = MAGIA

Qué garcha que el 1º de Mayo caiga domingo... Uno de los feriados más feriados, justo se festeja un día que ya de por sí es feriado. En fin, vamos a las reseñas. Empezamos en EEUU, año 2016, cuando Image publica el segundo recopilatorio de I Hate Fairyland, la maravillosa creación de Skottie Young. La reseña del Vol.1 estuvo acá el 16/03/20 y es un tsunami de elogios para con esta historieta... que me veo obligado a repetir en esta ocasión, porque la verdad que Young no baja un milímetro la vara y nos ofrece, una vez más, cinco episodios de una calidad superlativa, desbordantes de aventuras disparatadas, humor grosero, violencia desmedida y una mala leche quintaesencial. Hay un episodio (el nº8) en el que Young dibuja poquitas páginas, pero lo reemplaza Jeffrey "Chamba" Cruz, y no solo este muchacho hace un trabajo exquisito, sino que además el guion propone una excusa más que lógica para que la estética de la serie cambie radicalmente a lo largo de esas páginas. Si Skottie Young es grosso cuando le dicen lo que tiene que dibujar, descontrolado es un prodigio del Noveno Arte. Los diálogos son geniales, la acción no para un minuto, la narrativa es perfecta, el color de Jean-François Beaulieu es de una belleza inverosímil, y cada vez que aparece un personaje nuevo, Young se sube la apuesta a sí mismo con unos diseños gloriosos, con criaturas de una expresividad y una onda que pocos autores de historietas pueden plasmar en un papel. I Hate Fairyland es un comic en el que puede pasar literalmente cualquier cosa, un torbellino de creatividad, furia y talento que te vuelve loco a fuerza de impactos uno más tremendo que el otro. No me canso de recomendarlo. Y sí, confieso que me hubiese gustado que la historia de Gertrude en Fairyland se terminara en este segundo tomo, porque tengo miedo de que se estire innecesariamente y el chiste pierda la gracia. Pero le tengo fe a Young, no creo que pierda la brújula a mitad de camino. Y además, el hecho de que la serie tenga por lo menos dos tomos más dibujados por este asesino serial me parece motivo suficiente para festejar en vez de putear o fruncir el ceño. No tengo los tomos posteriores, pero ni bien los consiga, volveremos a visitar Fairyland de la mano de Skottie Young.
Nos vamos a Francia, año 2021, para leer (traducido al castellano por una editorial argentina) Astérix y el Grifo, la más reciente entrega de esta serie, y el álbum más vendido en Francia (y algunos países más) el año pasado. A mí, en general, me gustan más las aventuras de Astérix en la aldea que aquellas en las que un puñado de galos emprenden viajes a tierras lejanas. Y la verdad que los dos álbumes de la dupla hoy a cargo de la serie (Jean-Yves Ferri y Didier Conrad) que narran aventuras lejos de la aldea, son tirando a flojos. No horribles como la mayoría de los álbumes de Uderzo "solista", pero bastante poco convincentes. Esta vez, Ferri y Conrad aplastaron mis prejuicios contra las aventuras "de viajes", con un álbum realmente muy, muy bueno. Y muy raro. Los autores se toman MUY a pecho el tema de "nos toca desarrollar una aventura fuera de la aldea": en todo el álbum hay UNA SOLA viñeta ambientada en la aldea, que es justamente la última. O sea que los únicos galos que llegan a meter un bocadillo de diálogo son los tres que participan del viaje: Astérix, Obélix y Panoramix que, pobre, tiene un rol bastante menor. Pero este no es el único salto al vacío: acá por primera vez el barco de los piratas NO es atacado, también por primera vez Idefix tiene un rol destacadísimo en la resolución del conflicto, por primera vez NO vemos el viaje, sino que la acción empieza cuando los galos entran en contacto con quienes serán sus anfitriones, y también por primera vez, NADIE toma ni un sorbo de poción mágica. No sé si Ferry y Conrad estaban esperando que se muriera Uderzo para cometer todas estas "herejías", pero lo cierto es que las aplaudo de pie. Los chistes que complementan la aventura son muy buenos, y (como en los buenos álbumes de Astérix) se nutren bastante de la realidad de nuestro presente. Ferri se ríe de los terraplanistas, mete gags relacionados con las fake news y el poder de la desinformación, con la distancia social y el confinamiento (este álbum está íntegramente realizado durante la pandemia), con los abusos monopólicos de Amazon que perjudican a las librerías, con el empoderamiento de las mujeres... y por supuesto hay buenos chistes atemporales, como el del traductor que le hace decir lo que le conviene a la prisionera sármata cuya lengua no entienden los romanos. Y en el rubro "embocándola de pedo", quiso la casualidad que el álbum publicado apenas cuatro meses antes del estallido de la guerra en Ucrania, esté ambientado precisamente en las estepas del noreste europeo que hoy conocemos como Ucrania. El dibujo de Conrad es excelente, y lo único que se puede decir en su contra es lo que ya dijimos varias veces: en vez de mostrar su propio estilo, se esfuerza por ocultarlo, como si nos quisiera convencer de que el dibujante en realidad es Uderzo. Yo encontré apenas dos puntitas como para distinguirlo del maestro: de a poquito, Conrad va llevando a Astérix a su aspecto más de fines de los ´60, a como lo dibujaba Uderzo no sobre el final de su etapa, sino en álbumes como El Escudo Arverno o Los Juegos Olímpicos. Y además cuando Uderzo tenía que meter más de tres o cuatro personajes en una viñeta, esta era generalmente más grande que las normales. Conrad, en cambio, hace la Gran George Pérez, y en una viñeta de tamaño normal, o incluso pequeña, hace entrar a cinco, seis o más personajes sin que se le enkilomben ni la composición ni la claridad del relato. Muy notable. Recomiendo mucho este álbum de Astérix. Está muy cerca del excelente trabajo que hicieron Ferri y Conrad en El Papiro del César y no tiene casi nada que envidiarle a los buenos "álbumes de viajes" de René Goscinny. Y lo más importante: me divertí, me sacó varias risas y la pasé muy bien, incluso jugando de visitante y "extrañando" a todo ese maravilloso elenco de galos secundarios a los que solo nos muestran (y desarrollan) álbum por medio. Ah, un lujo tener este material editado en Argentina en Abril de 2022, apenas seis meses después de su aparición en Francia. El martes temprano voy a ver la peli nueva de Dr. Strange, así que después se vendrá reseña acá en el blog. Gracias y hasta entonces.

viernes, 29 de abril de 2022

ULTIMAS RESEÑAS DE ABRIL

Ahora que tuve que frenar la gira de presentación de ¿Quién quiere ser superhéroe? (por un tiempo, hasta que se pueda imprimir una segunda tirada), me quedan unas cuantas horas libres para leer, que estoy repartiendo entre textos sobre historieta (algo que me apasiona desde siempre) y las historietas propiamente dichas. Me devoré en minutos el Vol.4 de 20th Century Boys, la obra maestra de Naoki Urasawa. Este tomo es absolutamente fundamental, porque acá se nos narra -por fin- la verdad acerca de los sucesos de "la Nochevieja Sangrienta". Dónde estaba y qué hizo cada uno de los personajes durante el ataque del robot maligno a la ciudad de Tokyo en la noche del 31 de Diciembre del 2000. Todo ese tramo del manga es hermoso, te atrapa, te asfixia, te hace bailar a un ritmo frenético de emociones y sacudones, sin llegar a darte todo lo que le pedís, porque claro, Urasawa todavía no nos reveló quién carajo es el enigmático Amigo. La extensa secuencia del escape de "Shogun" y el mangaka de la prisión de máxima seguridad también es memorable, y entra a la lista de grandes momentos que han aparecido hasta ahora en este thriller conspiranoico y genial. Después, cuando Urasawa desplaza el foco de la historia hacia Kyoko Koizumi, la trama se hace no más predecible, pero sí más tradicional. Por supuesto es impactante la reaparición de Yoshitsune, pero el resto, la parte de las pruebas que debe sortear Koizumi para no entrar en esa especie de campo de concentración disfrazado de Disneyworld, no me pareció tan atractivo. Pero de todos modos Urasawa sigue hablando de lo mismo, de lo que parece ser el tema central de esta parte del manga: la grieta entre la realidad y el relato. Lo que los poderosos quieren que creamos, frente a lo que en realidad sucedió, o está sucediendo. En ese contraste, 20th Century Boys crece en potencia discursiva y va más allá de "la obra maestra del suspenso". Hay otros dos ases de espadas en el mazo de Urasawa. Uno es el juego constante, el ida y vuelta entre tres momentos del tiempo: 1971-72, 2000-01 y 2014-15. Si agarrás la serie por la mitad, o por este cuarto tomo, es algo imposible de entender, pero si la venís siguiendo, llega un punto en que te resulta natural identificar a los personajes en esas tres etapas. Además, Urasawa mete muchas referencias al contexto histórico de cada momento como para que, si no identificás a los personajes, por lo menos entiendas que estás viendo una secuencia de 1972 y no de 2014. El otro as de espadas es (obviamente) el dibujo. Este es un rubro en el que todo elogio que uno le pueda propinar al autor queda chico. Esto es demasiado perfecto para se real. No hay nada que no esté perfectamente dibujado, no hay un encuadre mal elegido, una viñeta mal compuesta, una página mal equilibrada entre imagen y texto... Esto es una cátedra, de un maestro superlativo. Se puede no estar de acuerdo con la extensión de algunas escenas (me pasa casi siempre que leo manga), pero Urasawa se mata que que cada una tenga un clima propio y hasta le pone el alma al diseño de personajes muy menores, de esos pensados para aparecer en apenas dos o tres páginas. El resultado es un manga que respira realidad, que te convence de que todo lo que pasa es posta, aunque aparezcan elementos claramente fantásticos como el monstruo mecánico que esparce un virus letal. 20th Century Boys es una aventura de un nivel apabullante, un manga que cualquier adolescente y cualquier adulto debería leer y estudiar en detalle.
Me vengo a Argentina, año 2021, cuando se publica La Calle de los Sonrientes que (si no me equivoco) es la primera obra escrita por Pablo Stanisci, quien habitualmente trabaja como corrector para varias editoriales del medio local. Este comic parte de una premisa atractiva, logra generar un clima inquietante y tocar un tema áspero de manera bastante original. Perdón que no sea más específico, pero es una historia que, si la spoileo, pierde toda la gracia. El problema que tiene la obra es el contraste brutal entre el ritmo descomprimido que elige el autor para narrarla y la cantidad de páginas que dura. Contar la historia así, en plan película de Miyazaki, con largas secuencias mudas, con ese ritmo pachorro (que encaja bien con la ambientación geográfica y temporal de la trama), está bueno si tenés 250 páginas. Si tenés 48, te pasa lo que le pasa a La Calle de los Sonrientes, que termina en cualquier parte. O más precisamente, cuando parece que el villano ya no tiene quién lo detenga. ¿Es una primera parte y no nos avisaron? No sé, pero ese punto final de la página 48 es una patada en la garganta, una falta dentro del área digna del Cabezón Ruggeri. A cargo del dibujo y el color tenemos a Florencia Paccela, una autora cuya obra anterior (publicada hace ya unos cuantos años) se me hizo imposible de leer por lo precario que me resultaba el dibujo. Acá el dibujo está bastante mejor, lejos de lo ideal, pero también lejos de aquellos primeros palotes. Paccela también debe ser fan de las películas de Miyazaki, porque su grafismo trata de ir para ese lado. Se nota una fuerte influencia del manga, incluso cuando después le agrega color a los dibujos. Lo más flojo son los fondos, desprolijos, descuidados, sin ninguna gracia. Ni el color soslaya la poca atención que Paccela le prestó a ese rubro. En las figuras humanas también hay algo de desprolijidad, pero no hace tanto ruido, porque está todo exagerado en función de la expresividad, del impacto que transmite el dibujo desde las poses y los rostros de los personajes. Lo que nos narran Stanisci y Paccela en estas 48 páginas podría reescribirse tranquilamente en 24, y publicarse junto a otras 24 páginas en las que La Calle de los Sonrientes llegue a un final menos abrupto y más consistente con el desarrollo de los personajes y los conflictos. Así como está, no me terminó de cerrar. Y nada más, por hoy. Si andan por la Feria del Libro, pasen por el stand de Comic.ar y llévense los pocos ejemplares que quedan de ¿Quién quiere ser superhéroe?. Nosotros mientras tanto, activamos un nuevo número de Comiqueando Digital que va a estar listo para Agosto. Gracias y hasta pronto.

martes, 26 de abril de 2022

LA VUELTA OLÍMPICA

Ahora sí, terminé el quinto y último tomo de los que recopilan todo el paso de Walt Simonson por la revista de Thor. Un quinto tomo un poquito ladri, porque incluye solo ocho episodios, uno de los cuales es doble, y una extensa sección de bocetos y pin-ups... que están geniales. Yo suelo putear cuando en los libros me meten 20 ó 30 páginas que no son historieta, pero acá el material extra es realmente hermoso, sobre todo porque (a diferencia de las historietas) está todo dibujado por el propio Simonson. El ídolo acá aporta el plantado a lápiz de la historieta visualmente más impactante del tomo (la de Thor contra la serpiente Jormungand), casualmente la más floja a nivel argumental. Esto hay que leerlo como un experimento: un comic de 26 viñetas extra-large, en las que Simonson deja la vida y Sal Buscema trata de no estropearlo todo con su entintado. Por suerte lo logra. En el resto de los episodios, Buscema se hace cargo también de los lápices con resultados que no me convencen demasiado. Y hay un episodio en el que el hermano de John solo aporta los lápices y le deja las tintas a otro veterano de enorme producción, muy identificado con Marvel: el maestro Joe Sinnott, quien mejora muchísimo los lápices de Buscema. Nada se ve tan alucinante como las viñetas-página (y las portadas) que dibuja Simonson, pero el combo Buscema-Sinnott levanta un poco el promedio en materia gráfica. Por suerte los guiones mejoran mucho respecto del tomo anterior. Simonson escribe mejor, sus soliloquios se lucen mucho más y casi tiene sentido que Thor hable solo, como si le relatara las peleas al lector mientras las protagoniza, y sobre todo que hable MUCHÍSIMO. Estos son comics MUY hablados, con una cantidad de diálogos que a los lectores de hoy les parecería un disparate. Por todos lados hay globos de diálogo, y no, no todos ayudan a que las tramas avancen, ni a profundizar en la caracterización de los personajes. Unos cuantos son redundantes con la acción que nos muestran los dibujos. Pero aún así, las tramas avanzan de manera lógica, armónica, y todo el tiempo se nota que Simonson sabe lo que quiere hacer con cada uno de los personajes. Thor atraviesa momentos dificilísimos en estas páginas, y sale airoso de maneras que sorprenden al lector, por lo originales y por lo bien escritas. Finalmente, Simonson se despide con un número doble, el 382, que conmemora 300 apariciones del Dios del Trueno al frente de esta revista, que originalmente era Journey into Mystery y más tarde adoptó el nombre del héroe. Y la verdad que todas esas páginas extra vienen bárbaro, porque Simonson se propone dejar todo cerradito y prolijo para quienes continúen la serie, y había 8000 puntas argumentales para cerrar. Lo único que no llega a resolver acá (el plot de Iceman) lo va a resolver junto a su esposa Louise en las páginas de X-Factor. Pero la saga de Thor cierra perfectamente, te da la opción de nunca en tu vida volver a leer un comic ambientado en Asgard posterior al nº382 de Thor, sin sentir que te quedó nada pendiente. Por suerte esta serie tendrá nuevas épocas de gloria, pero para eso faltan más de diez años.
Me voy a Francia, al año 1998, cuando el país del champagne y la bande dessinée no solo organiza un Mundial, sino que además se queda con la Copa (Brasil, decime qué se siente). Para coincidir con semejante hito, la revista L´Echo des Savanes publica un especial de 96 páginas, todo con historietas de temática futbolera. La lista de autores es un verdadero seleccionado: Philippe Vuillemin, François Boucq, Frank Margerin, Philippe Druillet, Baru, Georges Wolinski, Edika, Jean-Claude Denis, Tramber, Jean-Marc Rochette, Tronchet, Jacques Ferrandez, la dupla Stan & Vince, Philippe Bercovici... un escándalo. Y las historias, si bien en su mayoría padecen el hecho de ser muy breves, y de no contar con los personajes más conocidos de estos monstruos del Noveno Arte, en general zafan. La mejor es la de Boucq, porque aparece Jerome Moucherot, y porque es un delirio brillante. La de Baru también es muy buena. La de Vuillemin es un chiste gracioso, que podría contarse con futbolistas, con bomberos, con soldados, o con repositores de supermercado. Fiel a su estilo, Wolinski se va al carajo metiendo sexo en cualquier parte (esta vez aparecen pelotas de futbol a las que les crecen porongas). La de Rochette me gustó bastante, la de Ferrandez y Tronchet también, la de Stan & Vince también, pero todas se apoyan en ideas que daban para varias páginas más. La de Druillet es una fumanchereada sin pies ni cabeza, por supuesto dibujada como la hiper-concha de Dios. Las de Denis y Bercovici están muy bien porque no parecen comprimidas para entrar en cuatro páginas. Son buenas ideas, desarrolladas en el espacio que necesitaban para contar algo piola sin apretar ni estirar. Y de los autores que no conocía, hubo dos que me gustaron mucho. Uno es Luz, bien del palo del humor gráfico mudo, con un trazo muy atractivo y un gran timing para la comedia. Y el otro es Arnon, una especie de hijo de Jean-Claude Mézieres y Jack Kirby, con un dibujo muy expresivo, muy dinámico, ideal para comics de acción y machaca. Nada, esto es una rareza, con el atractivo de que es poco probable que estas historietas se hayan republicado en tomos de historias cortas de Boucq, Margerin, Tronchet, Vuillemin, Baru y demás ídolos. Si sos muy fan de estos autores y querés tener todas sus historias cortas, o si so muy fan del futbol y te copa la idea de juntar a los historietistas más grossos de Francia para dejarlos jugar libremente con este tema, el Special Foot de L´Echo des Savanes tiene que estar en tu vitrina, al lado de la Libertadores y la Sudamericana. No hay ninguna historia que te cambie la vida ni que te detone la capocha, pero la vas a pasar mejor que viendo esos Super-Clásicos inflados que terminan 0-0. Nada más, por hoy. Nos vamos al vestuario a putear al arquero que se comió 18 de los 19 goles que nos hicieron, y nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas, acá en el blog.

viernes, 22 de abril de 2022

LECTURAS DE LARGA DISTANCIA

Aproveché unas cuantas horas de viaje a Córdoba para leer un par de libritos más, y estas son las reflexiones surgidas de esas lecturas. Los Locos del Gekiga es una novela gráfica autobiográfica de Masahiko Matsumoto, serializada muy de a poco entre mediados de los ´80 y principios de los ´90, obviamente en Japón. Matsumoto cuenta básicamente el período de incubación y el surgimiento del movimiento renovador del manga conocido como gekiga, con el foco puesto en los años 1956 y 1957, y en el grupito que formó él junto a Takao Saito y Yoshihiro Tatsumi. Por supuesto que esto se pisa por momentos con A Drifting Life, el manga autobiográfico de Tatsumi que cuenta su vida desde que descubre el manga hasta... fines de los años ´60, más o menos. La obra de Tatsumi abarca muchos más años en las vidas de los "locos del gekiga", pero claro, tiene muchas más páginas que la obra de Matsumoto. Al ser más específica, Los Locos del Gekiga es mucho más incisiva, tira más data y más precisa, y te da un panorama mucho más completo de esa etapa puntual. E incluso brinda respuestas a preguntas ineludibles, como por qué el gekiga prescinde de los chistes y de los elementos fantásticos. Matsumoto se abstiene (con buen tino) de meterse con la interna entre Tatsumi y su hermano, pero se embarra hasta la cintura en las miserias y mezquindades de los editores y expone situaciones de la vida familiar de varios personajes secundarios. Al igual que en A Drifting Life, el secundario al que más atención le presta Matsumoto, el que más le disputa el protagonismo a los tres mangakas centrales, es el sensei Takigawa, una especie de mentor del trío, al que en un punto no entendés cómo no le hacen la cruz y se lo sacan de encima, porque se convierte en un tipo de buenas intenciones pero pésimas actitudes. Y si bien la narración de Matsumoto es prolija, y en general está todo muy bien explicado, en un momento aparece de la nada un nuevo personaje (Uki) que cobra bastante protagonismo, pero al que el autor no se toma ni un bloquecito de texto para contarnos quién es, de dónde sale y por qué los "locos del gekiga" le dan tanta pelota. Como suele suceder en el comic documental, o pensado para recrear situaciones de la vida real, el dibujo no es lo más importante. Sin embargo, y sobre todo después de haber leído la autobiografía de Tatsumi, acá el dibujo es tan choto que molesta. No sé cómo hizo Masahiko Matsumoto para convertirse en un mangaka importante en los años ´50, a la par de Tatsumi o Saito. Por ahí era bueno en ese entonces y fue empeorando en las décadas posteriores, ni idea. Lo cierto es que llega al momento de dibujar Los Locos del Gekiga en un nivel muy precario, no carente de cierta chispa o de cierta expresividad, pero muy limitado a la hora de dibujar personas, objetos, decorados... y ni siquiera lo compensa con ideas novedosas en materia de puesta en página, onomatopeyas, aplicación de los grises o algo que ayude a decir "no, pará, tan malo no es...". Al que viene en busca de dibujos deslumbrantes, no le puedo recomendar este manga, ni a palos. Pero al que le interesa la historia del comic japonés y quiere conocer a fondo el "secret origin" de la corriente estética y temática conocida como gekiga, ver cómo se gesta ese embrión que años más tarde explotaría en la revista Garo y sus sucedáneas, o sufrir y gozar con los primeros éxitos y sinsabores de autores tan icónicos como Takao Saito y Yoshihiro Tatsumi, esta novela gráfica seguramente lo va a atrapar, pese a lo croto de la faz gráfica.
Me vengo a Argentina, año 2021, para leer Spectro S.A., un trabajo de Diego Arandojo, Luis Santamarina y Alfredo Retamar que se esfuerza por presentarnos a personajes y situaciones claramente pensados para seguir más allá de estas páginas. La consigna es medio pobretona: "una joven y su hermano resuelven casos paranormales medio de pedo, usando objetos mágicos que no saben bien cómo funcionan". Pero a partir de ahí, Arandojo y Santamarina se van a deslomar para que las aventuras sean entretenidas, para que uno se deje cautivar por esta extraña guerra entre entidades sobrenaturales que tiene como escenario a nuestro país, y sobre todo para que nos caigan bien estos personajes. A través de un gran trabajo en los diálogos y en el timing de comedia que atraviesa toda la obra, uno rápidamente se encariña con Ismael y Merlina y quiere ver y saber más acerca de lo que está sucediendo. El libro está estructurado en cuatro episodios de 22 páginas, y el único que tarda un poquito en arrancar es el primero. Después las tramas encuentran un ritmo muy ágil, que las hace divertidas sin renunciar al impacto que tienen los elementos vinculados al terror. Al final aparece una historia un poco más breve, que es la única que me resultó totalmente predecible. Para cuando termina el cuarto episodio, todavía quedan muchos objetos mágicos sin usar, y sigue en marcha la ominosa conspiración que involucra a seres demoníacos y que busca eliminar a los poseedores de estos objetos. Así que seguramente habrá nuevas aventuras de Ismael y Merlina en futuros tomos de Spectro S.A. En cuanto al dibujo, en la historia más breve tenemos a J.C. Thomas, que no se luce demasiado. Lo más lindo a nivel visual es la aplicación de las tramas, que está a cargo de Alfredo Retamar. Y el propio Retamar dibuja los cuatro episodios más extensos, en un estilo que busca acercarse al de Salvador Sanz, con un éxito relativo. De nuevo, en las páginas de Retamar lo más destacable es la aplicación de las tramas, un rubro en el que este artista despliega un verdadero talento. El resto es cumplidor, pero no deslumbrante. Las imágenes de la tapa y contratapa prometen un nivel que adentro del libro, lamentablemente, no vamos a encontrar. Pero este trabajo de Retamar es bastante mejor que otros que habíamos visto antes (me acuerdo sobre todo de La Sombra de Alec Foster), así que se puede confiar en que siga evolucionando y depurando su estilo hasta convertirse en un referente del estilo realista. Nada más, por hoy. Ya empecé el Vol.5 de Thor para clavar reseña de eso y alguna otra gilada en los próximos días. Gracias y hasta pronto.

lunes, 18 de abril de 2022

AVANZAN LAS LECTURAS

De a poquito me voy encontrando con espacios y momentos para leer comics y el humilde resultado son las reseñas que posteo a continuación. Le entré al Vol.4 de la colección de TPBs que recopilan toda la etapa de Walt Simonson en Thor. Acá ya se empieza a imponer la sensación de que esto se estiró más de la cuenta. Primero y principal porque de los 10 episodios que ofrece el libro, Simonson solo dibuja cuatro, y el resto se los deja a Sal Buscema, que es un dibujante para mi gusto MUY inferior a Simonson. Ni el nuevo coloreado de Steve Oliff ni los entintadores que le ponía Marvel le sientan bien al dibujo de Buscema, y si bien se nota que se esfuerza por darnos las que hasta ese momento (1986) eran las mejores páginas de su carrera, la diferencia con los números que dibuja Simonson son muy, muy pronunciadas. De jugar la Champions contra el Real Madrid, la faz gráfica de Thor pasó a pelear el descenso a la B Nacional con San Lorenzo y Huracán. Y sin salir de este mismo tomo, lo cual es más doloroso. La calidad de los guiones también decae bastante. El tomo arranca con la saga en la que Thor se convierte en sapo, muy divertida, donde se nota que Simonson la estaba pasando bomba. El último episodio que dibuja el ídolo es una especie de venta de humo, un amague de que van a pasar cosas que finalmente no pasan, y de ahí en adelante la venta de humo se va a hacer cada vez más frecuente. Los cuatro primeros episodios que dibuja Buscema son, sin duda, los guiones más flojos que escribió Simonson para esta serie. Estirados, predecibles, muy sobrecargados de personajes que no aportan nada... Sin ser desastrosos, bajan bastante el listón respecto de lo que veníamos viendo. Y los dos últimos episodios del libro son los que empalman con la Mutant Massacre, que yo tenía bastante fresca por haber leído el sexto Essential X-Men allá por el 10 de Agosto de 2020. Esto también es medio delictivo: son 45 páginas en las que tenemos UNA sola secuencia importante, de alto impacto, que es cuando Thor impide que los Marauders maten a Angel, a quien tienen cautivo en las cloacas de New York y están torturando sin compasión. Este momento puntual está narrado de manera magistral, pero decorado con páginas y páginas de subplots poco atractivos o escenas de pelea que no aportan nada. Me falta un último tomo, donde Sal Buscema dibuja todas las historias, y donde creo que lo único realmente potente debe ser el momento en que Thor deja su clásica malla negra con los botones plateados para empezar a lucir una armadura majestuosa que, lamentablemente, va a durar muy poco. Ya veremos con qué me encuentro cuando lo lea, pero por ahora mi fe va en caída libre.
Por el contrario, cada día banco más a Roque & Gervasio, pioneros del espacio, la serie de comedia ci-fi creada por Federico Reggiani y Ángel Mosquito. El segundo librito de la colección, "El lado de afuera del cosmos", es una joya del humor, con momentos de una aventura bastante intensa, con peligros, traiciones y peripecias espesas. Hay un trabajo exquisito en la construcción del universo, y sobre todo brillan los diálogos, en los que Reggiani está afiladísimo. Pocas veces vi historietas escritas "en argentino" donde las voces de los personajes suenen tan creíbles al oído vernáculo, y a la vez tan graciosas. La aventura tiene ritmo, sorpresas, un final notable (con una aparición de Dios, caracterizado por los autores por afuera de cualquier predicción que uno pudiera hacer), los flashbacks están bien insertados y duran lo que tiene que durar, los personajes secundarios entran y salen de escena de modo armónico... Reggiani y Mosquito integran una dupla autoral muy afianzada que acá demuestra que, a pesar de los muchos años de trabajo conjunto, se estaban guardando bajo la manga algunas de sus mejores ideas. El dibujo es excelente, con el grado exacto de síntesis en los personajes, un gran laburo de aplicación de grises y esa capacidad que tiene Mosquito "acomodar" en la viñeta algunos globos de diálogo bastante superpoblados de palabras. Incluso hace que algo que habitualmente juega en contra, como es la reiteración de planos, Mosquito sabe cómo hacer para que le juegue a favor, al convertir la reiteración en un efecto cómico que se potencia con la gracia que tiene lo que sucede y lo que dicen los personajes. Obviamente estas mismas páginas se verían mejor si las viñetas estuvieran separadas por zanjas blancas y no por líneas negras, pero así están muy, muy bien. Recomiendo a full las aventuras de Roque & Gervasio, creo que es la mejor serie "ongoing" que tiene hoy la historieta argentina. Ya salió el tercer librito (prometo reseñarlo antes de fin de año) y los autores están trabajando en un cuarto. Recorrer los confines del cosmos y cagarse de risa al mismo tiempo no es tarea fácil, pero Reggiani y Mosquito encontraron la fórmula y, por ahora, funciona 10 puntos. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.

viernes, 15 de abril de 2022

MORBIUS

Bueno, antes que nada tengo que aclarar que nunca fui fan de Morbius y lo único que conocía del personaje son aquellas primeras apariciones en Amazing Spider-Man, con esos dibujos pasados de rosca del maestro Gil Kane y guiones... creo que de Roy Thomas. Nunca leí un comic de Morbius solista, ni team-ups con otros personajes, ni me vinculé de ninguna manera con un personaje que jamás me suscitó el menor interés. Aún así, gracias a las palabras mágicas "tengo entradas gratis" de mi amigo Nico, me animé a invertir casi dos horas de mi vida en este largometraje dirigido por Daniel Espinosa. Una inversión que resultó tan fructífera como comprar seis millones de mandarinas, alquilar depósitos para guardarlas y dejar que se pudran sin venderlas ni comerlas. Hace poquito, en el vuelo de regreso de EEUU a Argentina, había visto Venom: Let there be Carnage y me había parecido una bazofia. Al lado de Morbius, es un clásico incuestionable del Séptimo Arte. Morbius arranca muy mal, a los 15 minutos se precipita aún más para castigar (a quienes no se duerman) con un tramo desolador y después trata de levantar, pero no tiene con qué. No hay personajes interesantes, no hay un conflicto atractivo, no hay buenas actuaciones... Hay cheap thrills y hay una acumulación de clichés tan burda, tan ramplona, que parece casi intencional por parte de los guionistas. Sin dudas, el principal problema es ese: un argumento endeble llevado adelante con un guion decididamente choto, sin ritmo, sin impacto, sin emoción, sin imaginación ni onda en los diálogos, pura fórmula. No funciona como película de terror, la trama policial es un embole, la trama romántica da vergüenza ajena y como película de superhéroes tampoco va a ningún lado. ¿Se puede remar con algo semejante bodoque? Y, no. Los efectos visuales están muy bien, el maquillaje de los vampiros es muy bueno, la música (si bien derivativa y poco original) tiene momentos potentes, la fotografía está muy bien, y la peli me sirvió para descubrir a una actriz bellísima, a la que jamás había visto, Adria Arjona. Ni en pedo creo que se justifique fumarse esta bazofia para admirar a esta hermosa morocha, porque ni siquiera actúa bien, pero es de lo poco que se puede rescatar. Por lo menos cuando aparece Adria en cámara no te preguntás "¿qué carajo hago viendo esta garcha?". Sobre el final, en las escenas post-créditos, a los guionistas les agarra de golpe el apuro por vincular a Morbius con personajes de otras películas, y se produce otro salto de un universo fílmico a otro (como el de Venom), de un personaje al que no voy a nombrar para no spoilear. Por supuesto esto está ejecutado del mismo modo torpe y precario que todo el resto de la película, pero por lo menos si hay una secuela, va a contar con la actuación de uno que la tiene bastante más clara que Jared Leto y el resto de los muchachos que dan lástima en esta cinta. No sé hasta dónde me tengo que remontar para encontrar una película tan chota basada en un comic de Marvel. Esto es peor que la Daredevil de Ben Affleck, peor que las Fantastic Four de los 2000... Por ahí es más fácil equipararla a las películas con personajes de DC, porque es aburrida, solemne, con pretensiones dramáticas tan mal plasmadas que te terminás cagando de risa, y con esa falta de consistencia que asociamos con bodrios tipo Batman vs. Superman. Pero es peor que Batman vs. Superman. No sé si peor que Wonder Woman 1984, o que Birds of Prey, pero anda por ahí cerca. Obviamente, al no ser fan de Morbius, ni de Jared Leto, ni de las películas de Sony con personajes de Marvel en general, fui sin la más mínima expectativa de ver algo grosso. Pero de verdad, no sospechaba que me iba a encontrar con una película tan hueca, tan fallida en tantos aspectos. No le puedo recomendar Morbius a nadie. Ni a pibes de 12 años. Ni siquiera a mis enemigos. Posta, es demasiado mala. Juicio y castigo al director, a los guionistas y al ejecutivo de Sony que dijo "hagamos una película con Morbius como protagonista".

martes, 12 de abril de 2022

DOS LIBRITOS CORTOS

Bueno, se terminaron mis vacaciones y acá estoy, listo para retomar la sana gimnasia de reseñar las historietas que leo. Estoy leyendo poco, porque le estoy metiendo mucha pata a las revistas y libros de info SOBRE comics, que se acumulan y requieren muchas horas de lectura. Pero algo tengo para reseñar. Me compré otro librito editado por Muñones. Sí, ya sé, no aprendo más. Pero era un tomo de historias cortas autoconclusivas de Juan Zanotto, con material muy lindo de los ´80, ´90 y principios de los 2000. Son unas 70 páginas sin relleno, con historietas casi de punta a punta, como me gusta a mí. Está el hermoso homenaje a Oesterheld que Zanotto había hecho con el italiano Beppi Vigna, hay varias historias cortas escritas y dibujadas por el mismísimo Juan y unas cuantas escritas por Emilio Balcarce, un guionista que se entendía muy bien con Zanotto, con quien compartía el gusto por las películas yankis de ciencia-ficción. Lo mejor del tomo es el homenaje a Oesterheld, por amplia diferencia. Pero los mejores dibujos de Zanotto están en las breves historietas a todo color, especialmente en Contra y Caerá la Lluvia. Las tres historias más o menos extensas escritas por Balcarce (Cinco, El Depredador Estelar y Tormenta) comparten un mismo problema: a todas le sobran un par de páginas y funcionarían mejor si fueran más breves. Pero las tres tienen ideas atractivas y momentos que te ponen nervioso. Tormenta es la que más sufre, tanto la estirada como la mala impresión, el empaste de los negros, algo que uno da por descontado cuando compra un libro editado por Muñones. Y hablando de negros… en las 10 historietas que componen Hipernova no hay uno solo. Ni un solo personaje tiene rasgos afroamericanos, ni orientales, ni cercanos a los aborígenes de ningún país americano. Pareciera que para Zanotto y sus guionistas solo existían los hombres y mujeres de raza blanca, desde la prehistoria hasta los futuros remotos. Me llamó mucho la atención ese detalle, que por ahí cuando leíamos las historias cortas salteadas, de vez en cuando, en medio de una revista de antología, se nos pasaba. ¿Estoy en condiciones de recomendar la compra y lectura de un libro publicado por el más funesto delincuente de la historia de la historieta argentina? La verdad que fuera de detalles como la mala impresión de algunas páginas y esa portada pechofrío y desabrida, el material está bueno y el libro es un paso en el sentido correcto, porque todo fan de la historieta argentina merece tener a su alcance la obra de Juan Zanotto, sean las historias cortas o las sagas más ambiciosas. Incluso si no te emocionan los dibujos de Zanotto pero te copa la ciencia-ficción clásica, con una vueltita de tuerca medio irónica o truculenta, en Hipernova vas a encontrar historias que te van a impactar. Y si nunca conseguiste (o no sabías que existe) el libro Oesterheld en Primera Persona (que es donde se publicó por primera vez en castellano la historieta de Zanotto y Vigna), esta es una nueva oportunidad para tener esa breve joyita en tu biblioteca. Yo ya la tengo tres veces, porque además de ese libro de HGO tengo “Donde esta Oesterheld? Il fumetto argentino desaparecido”, el libro italiano donde se publicó por primera vez esa historieta, allá por 2002. Es lo que hay; por suerte son ocho páginas, no 64.
Me voy a Francia, año 2000, cuando se recopilan varias historias de Jack Palmer, el inepto detective creado por el maestro René Pétillon, en un libro llamado El Caso de la Top Model. Allá por el 13/02/18 vimos en este espacio otro álbum de Jack Palmer, el más querido por los fans y más premiado por la crítica. Y si bien L´Enquète Corse me pareció magnífico, me quedé con ganas de más, y así caí en esta edición de Norma. La historia más extensa del álbum es Palmer & la Top Model, una sátira al mundo de la alta costura, la farándula, los desfiles de moda y demás manifestaciones de ese gigantesco culto a la superficialidad que se impuso en el tramo final del Siglo XX. La trama en sí no es brillante ni mucho menos, pero en los diálogos jocosos que aparecen sin parar a lo largo de las 20 páginas, Pétillon saca una diferencia enorme. Me llamó la atención lo bien que funcionan en castellano juegos de palabras y nombres en joda (obviamente traducidos del francés), hasta que me fijé quién había traducido este material: nada menos que el maestro Enrique Sánchez Abulí, garantía absoluta de calidad en todos los rubros. Después tenemos una segunda historieta de 20 páginas (¡Más falso que Judas!) con un argumento genial, un disparate perfecto que gana en comicidad con el correr de las páginas y la acumulación de situaciones absurdas. Esta es la mejor historieta del tomo, la más graciosa, la más original y la más delirante. Y cierra la breve “Pizza Fatale, una parodia despiadada en la que Pétillon se mofa de todas las convenciones del subgénero policial conocido como “whodunnit”, muy popular en la literatura británica y estadounidense. Acá también me reí bastante, siempre dentro de parámetros de un género que uno más o menos ya sabe para dónde puede ir. El dibujo de Pétillon me parece muy atractivo. Por momentos parece Johnny Hart dibujando a mano alzada, directo en tinta, sin bocetos previos y a los santos pedos. Por momentos parece un Edika más civilizado, menos bestial. La verdad es que el recordado autor francés hace milagros con su línea despareja, desenfadada y super expresiva. Además lo ayudan muchísimo el color plano y la puesta en página cristalina, tradicional y absolutamente funcional al timing de la comedia. Acá me encontré con tres historietas muy logradas, una de las cuales está tranquilamente al nivel glorioso de L´Enquète Corse. Así que tranquilamente El Caso de la Top Model puede funcionar como una excelente puerta de entrada para quienes quieran conocer a René Pétillon y su personaje más popular. Ni bien vea otro libro de Jack Palmer, me tiro de cabeza, sea en castellano o en francés. Nada más, por hoy. A l@s amig@s de Cördoba, les cuento que el miércoles 20 a las 19 hs vamos a estar presentando ¿Quién quiere ser superhéroe? en el Centro Cultural España Córdoba, junto al colega y amigo Iván Lomsacov. Ojalá puedan venir. Y con el resto, nos reencontramos pronto a una pantalla de distancia, acá en el blog.

martes, 22 de marzo de 2022

DOS MAS Y A LA PAUSA

Bueno, como ya comenté por acá, a partir del jueves voy a estar lejos de Buenos Aires durante unos 15 o 16 días. Hay alguna chance de que postee en el blog, ya sea desde Santiago de Chile o desde Los Angeles, pero no quiero prometer y después no cumplir. Así que, en principio, las reseñas volverán el 10 o el 11 de Abril. Por ahí hay sorpresas antes de esa fecha, por ahí no. Ya veremos. Sigo adelante con la relectura (ahora en libro y con el color moderno) del Thor de Walt Simonson, y en el Vol.3 me encuentro con que, además de varios números de la serie central, acá se recopilan los cuatro episodios de la miniserie de Balder the Brave, con guion de Simonson y dibujos de Sal Buscema. Es un agregado piola, porque la mini engancha bastante con lo que estaba narrando Simonson en la revista de Thor. Eso sí: está estiradísima. Son cuatro episodios de 22 páginas para contar DOS hechos importantes. Todo el resto es relleno, hecho a base de peleas intrascendentes contra villanos a los que uno sabe que Balder va a derrotar sin dificultad. El dibujo de Buscema está bastante mejor que en el fill-in que aportó al Vol.2, pero igual no hay forma de justificar todas esas páginas para tan poco desarrollo argumental. A menos que seas MUY fan de Balder o de Karnilla, en cuyo caso esto te puede llegar a conmover. En los números de Thor (todos dibujados a un nivel devastador por Simonson) pasan unas cuantas cosas interesantes. La bandera de "epopeya a todo o nada" flamea de principio a fin, hay buenas ideas para desarrollar a personajes como Loki, Enchantress, Frigga, Lorelei, Heimdall, Lady Sif y sobre todo al Executioner, y -por primera vez- Thor sale realmente malherido de un choque con Hela. Lo único medio flojito es esa aventura de Beta Ray Bill contra ese equipo de super-soldados rusos, que realmente no suma más que excusas para que Simonson dibuje acción al recontra-palo en su estilo explosivo y repleto de dinamismo. Otra vez, las onomatopeyas de John Workman hacen un notable aporte a que todo esto se vea definitivamente poderoso y majestuoso. El último episodio del tomo es un crossover con la infausta Secret Wars II, y ni siquiera Simonson está exento de las complicaciones que traen los cruces entre tramas que vienen y van de una revista a otra sin mayor explicación. Dentro de todo, el bolonki es comprensible, sobre todo porque lo que no se resuelve en Thor se resuelve en Power Pack, una revista que en ese momento escribía Louise Simonson, la esposa de Walter, y se nota que todo está bien conversado y planificado para no confundir a los lectores que no seguían las dos colecciones. Eventualmente le entraré al Vol.4, ya cerca del final de la serie. Paciencia.
Leí también el Vol.2 de La Guerre des Magiciens, esa serie creada por Carlos Trillo, Roberto Dal Prá y Cacho Mandrafina, que lamentablemente quedó inconclusa. Al final de este álbum nos informan que el tercero es el último, pero jamás se publicó. La trama queda ahí, a mitad de camino, con la inmensa mayoría de las puntas argumentales sin resolver. El segundo tomo apareció en 2013, bastante después de la muerte de Trillo, y está ambientado en Londres. Pasan menos cosas que en el Vol.1, porque los autores le dedican muchas páginas a flashbacks a cuando los protagonistas eran jóvenes, pero no está mal. Prefiero eso a que me rellenen el álbum con peripecias imposibles que no aportan nada al argumento global de la saga. Acá hay mucho desarrollo para los personajes, y hasta tenemos un par de escenas en las que la magia parece tener alguna relevancia en la trama. ¿Es magia, son ilusiones, qué onda? No está muy claro. Lo que seguro es magia es lo que pela Mandrafina en la faz gráfica. A pesar de que dibujar a Londres de fines de los años ´30 es un embole, a pesar de que prácticamente no hay páginas de menos de ocho viñetas, a pesar de que algunas páginas tienen una cantidad de texto grotesca, que conspira contra el disfrute del dibujo... a pesar de todo, Cacho deja el alma en cada cuadrito y nos regala una página perfecta atrás de otra. El tratamiento del color, la forma de planificar las escenas de acción, las expresiones faciales, el cuidado por la exactitud de peinados, trajes y vehículos de la época... todo es fascinante. Sobre todo ver a un referente absoluto del claroscuro convertido en un maestro del color. Un trabajo realmente brillante del co-creador de Savarese, El Condenado y Cosecha Verde. Pero no hay más guerra de los magos. La editorial Delcourt discontinuó la serie tras el Vol.2, y nunca le pregunté a Cacho si llegó a dibujar (o a leer) el guion del tercer y último álbum. No es la primera vez que un editor francés deja trunca una obra de autores argentinos (le pasó a Trillo y Horacio Domingues con La Marque du Pechée y a Gustavo Schimpp y Horacio Lalia con Belzarek), y aparentemente la chapa de Dal Prá y Mandrafina no alcanzó para sacar la serie a flote, ni siquiera como para terminarla y vendérsela a algún editor italiano, español o latinoamericano. Un bajón. Bueno, nada más. Mañana miércoles hacemos un vivo en el Instagram de Comiqueando que va a estar muy bueno, el viernes estoy presentando ¿Quién quiere ser superhéroe? en el Espacio Shazam! de Santiago de Chile, y el sábado voy a participar de la presentación del tomo integral de El Brujo, también en Shazam!. Después tengo unos días de vacaciones y el 1, 2 y 3 de Abril voy a estar cubriendo la WonderCon en Anaheim, cerquita de Los Angeles y enfrente de Disneyland. Y seguro voy a recorrer comiquerías (y librerías y disquerías y antros nocturnos) en toda esa zona de California. A la vuelta les cuento qué onda. Gracias y hasta entonces.

jueves, 17 de marzo de 2022

DOS HALLAZGOS EXTRAÑOS

Lamentablemente existe un volumen de información muy escaso acerca de la primera editorial que se llamó Image, y que funcionaba allá por 1984 con la banca de capitales neozelandeses y oficinas en Auckland y Los Angeles. No sé cuántas novelas gráficas llegaron a publicar, pero a mí me interesó Seven Samuroid, porque era una obra realizada íntegramente por Frank Brunner, el glorioso dibujante de Doctor Strange de los ´70, que llevaba un tiempo alejado de la producción periódica de historietas. La verdad que Brunner le pone empeño: en 64 páginas presenta todo un universo, lo puebla de héroes y villanos y hasta logra rematar un conflicto a gran escala. Faltaría que el universo fuera un poco más original, que los personajes tuvieran más onda y que el conflicto no fuera el enésimo choreo a Star Wars, pero eso es un detalle menor ;). No tengo dudas de que Seven Samuroid podría haber aspirado a algo mejor que el más absoluto de los olvidos si hubiese contado con un guionista, por lo menos para insuflarle un poco más de onda y agilidad a los diálogos, que por momentos son muy extensos y muy aburridos. Y seguramente también la obra se habría beneficiado si este mismo argumento se hubiese desarrollado en cuatro comic books de 24 páginas, por tirar una cantidad standard. Así, todo comprimido, con tanta dependencia del texto para explicar tantas cosas, la novela gráfica cae varias veces en unos pozos de embole difíciles de remontar. Pero dibuja un monstruo como Brunner, y eso siempre suma. Hay viñetas en las que el autor parece haberse enamorado de Enki Bilal y Philippe Druillet, y mete rayitas a lo bestia, arruguitas locas en las caras de los humanos, unos crosshatchings demenciales en los fondos… pero no es algo que se sostenga todo el tiempo. Por momentos vemos un entintado mucho más tradicional, varios cambios abajo. También por momentos la puesta en página estalla en una supernova de creatividad y riesgo, mientras que en otras secuencias tenemos puestas que van más a lo seguro. La acción es dinámica, hay grandes explosiones, plasmadas de modo muy impactante, y lo más loco que tiene Seven Samuroid (la historia de amor entre una humana y un robot) termina en la última viñeta de manera totalmente imprevista: con un garche sumamente explícito, al filo de lo publicable en magazines como Epic o Heavy Metal, pero mostrado de modo muy poético y nada pornográfico. El personaje femenino (Zeta) no es precisamente lo que mejor dibuja Brunner (sospecho que esas Cleas bellísimas que veíamos en Dr. Strange eran fruto del esfuerzo de los entintadores), pero por lo menos no es una boluda que está ahí para que los héroes la rescaten y es ella la que va al frente para consumar el romance con el imbatible Ultek. En algún momento, los villanos la violan, pero Brunner no nos muestra la escena, nos enteramos por los diálogos. En fin, una bizarreada de los ´80, solo para fanáticos de ese glorioso dibujante que fue Frank Brunner.
Otra obra oscura de la que rara vez se habla es de la única colaboración de Robin Wood con la editorial Sergio Bonelli. Durante muchos años, el editor de Tex cortejó al guionista estrella de la editorial Eura/ Aurea para que cambiara de bando, pero lo único que consiguió fue que en 1995 Robin entregara un guion de 236 páginas para un álbum especial de Dylan Dog, que fue dibujado por Giovanni Freghieri. Freghieri es un dibujante sin alma, correcto, pero frío, inerte. Se luce solo cuando afana: esas caras que copia alevosamente de John Bolton, Ricardo Villagrán o Jorge Zaffino, y esos trucos de entintado que “aprendió” de Milo Manara. Esos son los momentos en los que el dibujo hace algo más que cumplir con lo justo. Uno entiende el embole atroz que debe conllevar el dibujo de un guion de 236 páginas en las que la trama avanza con una lentitud exasperante, pero eso no justifica la notoria falta de onda en todo el aspecto visual de la obra. El guion podría haber funcionado… en 90 páginas, no mucho más. Para que abarque 236, Wood lo estira y lo licúa a niveles insostenibles. Dos veces sentí que, si el libro empezaba ahí, se entendía todo: en la página 55 se establece el conflicto de tal manera que las primeras 54 podrían no estar. Y lo mismo me pasó 100 paginas después, en la 155. La cantidad de escenas totalmente al pedo, que no aportan nada, es alarmante. Lo lento que se narran las escenas que sí tienen algún peso, hace que su potencia dramática se diluya en diálogos y silencios innecesarios, que están ahí solo para llenar páginas. La resolución es tan simplista que acentúa todavía más la sensación de haber leído algo estirado al ultra-pedo. Los diálogos están bien, Robin sintoniza de una con la caracterización de Dylan y Groucho, siempre es lindo ver al guionista paraguayo escribir escenas de sexo, de las que en Columba jamás tendrán cabida, y el álbum arranca con unos bloques de texto en los que Wood tira la chapa arriba de la mesa, como para avisarnos que él no es el enésimo clon de Tiziano Sclavi, sino un autor grosso, con una voz y una prosa propias. Después, por motivos que desconozco, elige narrar sin bloques de texto y no brillar. Una pena. Este material tiene ínfimas chances de publicarse alguna vez en Argentina, el mercado (después de Italia, obvio) donde más fans cosechó Robin Wood, por eso me parecía importante que existiera aunque sea una reseña en castellano de L´Esercito del Male, que así se llama este noveno álbum gigante de Dylan Dog. Nada más, por hoy. El jueves 24 abrimos un paréntesis de varios días sin reseñas porque me toca viajar a Chile y Estados Unidos, pero seguramente antes de esa fecha habrá nuevas reseñas, acá en el blog.