el blog de reseñas de Andrés Accorsi

sábado, 31 de julio de 2021

ESSENTIAL X-MEN Vol.8

Esta semana pude leer un solo libro, pero es un masacote de casi 550 páginas, así que está muy bien.
Y sí, llegué a ese momento que yo siempre señalo como el punto ideal para bajarse de X-Men y X-Factor, por lo menos hasta que llegue Grant Morrison a New X-Men. Si sos muy fan de los X-Men clásicos (tanto los de Stan Lee y Jack Kirby como los de Chris Claremont, Len Wein, Dave Cockrum, John Byrne y familia), acá está ese punto clave (la saga de Inferno) en la que Claremont y Louise Simonson cierran un montón de puntas argumentales, atan cabos y le ponen un moñito precioso a los primeros 25 años de este concepto segundón de los ´60 ascendido a franquicia en los ´80. Lo que viene después es ostensiblemente inferior a lo que nos ofreció Claremont hasta este punto, y si bien en su momento lo seguí leyendo, no es algo que me interese tener o releer. Post-Inferno banco a Louise Simonson en New Mutants, alguna saguita de Claremont en Excalibur, y por ahí alguna aventura de la revista solista de Wolverine. Pero sin dudas con Inferno se cierra la Era de Oro de los mutantes, y cuanto más nos acercamos a 1990, más avanzamos hacia una caída muy marcada en la calidad de Uncanny X-Men y X-Factor, y al viraje bestial de New Mutants hacia la ilegible X-Force. Ojo, este tomo tampoco está al nivel demoledor del anterior. Hasta que llegamos a Inferno, Claremont nos inflige un par de sagas que sin ser chotas, ya muestran signos de estiramiento al pedo y de un cierto desgaste por parte del veterano guionista. Sobre todo en esa trilogía contra los Brood, que no tiene pies ni cabeza. El arco contra los Reavers dentro de todo zafa, excepto por ese final absurdo en el que los X-Men se proponen devolver TODO lo que habían robado estos criminales a sus dueños originales, en un operativo al estilo Papá Noel, en la noche del 24 de Diciembre. Un argumento pueril, e insostenible. Pero como siempre, Claremont te entretiene con el buen manejo de los vínculos entre los personajes, diálogos copados y un gran nivel en los bloques de texto. También antes de Inferno tenemos un Annual con dos historias, una en la Savage Land con el High Evolutionary (también con los diálogos y los vínculos como principal atractivo) y una muy graciosa contra Mojo, totalmente en joda, que no es genial, pero casi. Y también la saga de Genosha, oscura, intensa y un toque estirada. El final es apoteótico. Cinco números de Uncanny y cuatro de X-Factor contra los demonios del limbo, los Marauders, N´astyrh, el enigmático Mr. Sinister y la mismísima Madelyne Pryor, ahora transformada en Goblyn Queen. Son muchas páginas y la verdad es que los malos desaprovechan demasiadas oportunidades de hacer boleta a los buenos. Pero es una narración atrapante, todo el tiempo pasan cosas fuertes, y los guionistas te convencen de que lo que está en juego es realmente grosso. Al pobre hijito de Scott y Madelyne lo revolean como al guantelete del infinito en Avengers: Endgame, los buenos se pelean entre ellos y hasta hay cosas que no se entienden si no leés los episodios de New Mutants que este libro no incluye (por suerte tengo las revistitas). Pero lo realmente importante es que acá se pasan en limpio un montón de temas pendientes, acerca de Madelyne, Jean Grey, el Phoenix, los hermanos Summers… y además tenemos machaca a gran escala contra villanos de inconmensurable poder, algún que otro giro imprevisto y un final bien orquestado, donde no te sentís estafado sino satisfecho a tal punto que –repito- podés decir “chau, hasta acá llego”, sin sentir que quedan cuentas por saldar. En el primer número de este Essential (Uncanny nº 229) la diosa Roma les propone a los X-Men atravesar el portal Siege Perilous y empezar una nueva vida. Le dicen que no, y se quedan a protagonizar estos 15 episodios (y el Annual) que acabamos de comentar. Un par de meses después de Inferno le van a decir “bueno, dale” y el resultado va a ser muy negativo. Pero no vamos a entrar en esa etapa. En cuanto a los dibujantes, hasta el momento de Inferno tenemos una alternancia entre Marc Silvestri (que me resultó bastante más limitado que cuando leí este material en los ´80) y Rick Leonardi, mejor que Silvestri, más suelto, más plástico, pero todavía lejos de su mejor nivel. En el Annual tenemos un montón de páginas dibujadas como los dioses por el siempre brillante, sutil y exquisito Arthur Adams. Y en la saga de Inferno vemos a Silvestri esforzarse un poco más en las páginas de Uncanny (de hecho, hay un número en el que el dibujo realmente me gustó, quizás porque en vez de Dan Green lo entinta Hilary Barta), y perder por goleada en la comparación con el dibujante de X-Factor, que no es otro que el maestro Walt Simonson. Con la posibilidad de dibujar poquísimos fondos, Simonson nos brinda un trabajo sublime en los cuerpos y los rostros, al nivel de trabajos monumentales onda X-Men/ Teen Titans. Las tintas de Al Milgrom complementan a la perfección el trazo dinámico del maestro, que le impone emoción a la acción y una profundidad genuina a las escenas más introspectivas. Por supuesto, la posibilidad de disfrutarlo en blanco y negro también potencia el impacto del dibujo de Simonson. Si no tenés la menor idea de quiénes son los X-Men, o de por qué personajes como Wolverine, Storm, Colossus, Nightcrawler, Cyclops o Jean Grey se ganaron un lugar en la cultura de masas a nivel planetario, los primeros ocho Essentials de X-Men te explican todo de un modo magnífico. A lo largo 14 años, Chris Claremont y sus dibujantes pusieron la vara tan alta que ni ellos la volvieron a alcanzar. Y en el medio redefinieron el concepto de qué es y cómo funciona un grupo de superhéroes. Una gloria. Nada más, por esta semana. Nos reencontramos el finde que viene, acá en el blog.

sábado, 24 de julio de 2021

19 al 25 de JULIO

Esta semana pude leer un poco más, por suerte. Se me ocurrió releer Charlie Moon, la gema de Carlos Trillo y Horacio Altuna de principios de los ´80. Nada, se escribió mucho sobre esa obra, no es mucho lo que yo pueda aportar. Me quedo con lo que más me sorprendió. Primero, no puedo creer que Charlie Moon no sea una obra mucho más conocida de lo que es, por lo menos en Argentina. Segundo, el dibujo de Altuna es sublime. De verdad, está más allá de toda exégesis. Esto es una cátedra de historieta como pocas veces se vio. Los climas, los silencios, los enfoques… visualmente esto es insuperable. Tercero, me parece loquísimo que no haya más episodios de esta serie. Cinco son muy pocos, 49 páginas es muy poco. Obvio que si Trillo y Altuna hubiesen continuado con Charlie Moon, en una de esas no tendríamos obras como Merdichesky o El Último Recreo, y sería un garrón. Pero es lo que hay, y en parte eso es lo que la hace mítica. Cuarto, la calidad de los guiones. El más flojo de los cinco (el de la cita con las dos chicas) es muy, pero muy bueno. Y los otros cuatro, son perfectos. Quinto y último, ¿me podés creer que esta obra en nuestro país solo se editó en la revista SuperHum® en 1980-81? ¿Cómo puede ser que no haya una edición argentina de Charlie Moon en libro? La verdad que no me alcanzan las palabras para recomendar esta historieta. Es una emoción atrás de otra, casi siempre para el lado de la tristeza, pero con una sensibilidad, una profundidad y un talento muy poco frecuentes.
También me leí el Koyoharu Gotouge Short Stories que (como su nombre lo indica) es un compilado de cuatro historias cortas realizadas por la autora de Kimetsu no Yaiba antes de iniciar el manga que la consagraría a nivel global. Ella misma se da cuenta de que estos trabajos son muy primerizos, precarios en muchos aspectos, y agrega textos en los que pide disculpas y ofrece excusas por algunas de estas falencias, muchas de las cuales osn muy, muy evidentes. Desde ideas que fueron pensadas para una serie de infinitos tomos y luego condensadas en 40 ó 50 páginas, hasta dibujos a los que les falta solvencia y secuencias que directamente no se entienden. El tomo tiene todas las demostraciones posibles de que Gotouge no nació sabiendo y que hizo camino al andar. Recién en la cuarta y última historia de la antología (Haeniwa no Zigzag) se ve un nivel que nos permite imaginar que esta chica podía llegar a hacerse un nombre en la hiper-competitiva industria del manga. Ahí es donde el dibujo adquiere mayor plasticidad, el argumento es más claro, las secuencias de acción más impactantes y los personajes más creíbles. No es una gloria, pero por lo menos se ve que la historia tiene una dirección y va para donde Gotouge quiere que vaya. El resto, muy por debajo de la expectativa que me había generado descubrir el “secret origin” de la autora que rompió todo con Kimetsu no Yaiba. Una pena.
Y cierro con El Golpe de la Cucaracha una novela gráfica realmente excelente, ópera prima de la autora argentina Gato Fernández. Tengo una sola cosa para criticarle, y es lo mismo que le marqué a Gato el día que me mostró los originales, antes de darles el color: el dibujo de la protagonista no es consistente. Por momentos parece tener 8 o 9 10 años, por momentos 11 o 12, como si su cuerpo fuera cambiando de manera aleatoria, y nunca parece tener los 5 o 6 años que los textos dicen que tiene. Es un detalle bastante menor, eclipsado por lo mucho que mejora el dibujo de Gato entre las primeras páginas y las últimas. Pero lo que realmente hace intrascendente cualquier “pero” respecto del dibujo es la historia que narra la autora en El Golpe de la Cucaracha. Una historia tremenda, descarnada, dolorsamente real, de abusos y violencia, de un hogar que se convierte en infierno y de vínculos que se tensionan hasta explotar, dejando heridas por todas partes. En ese contexto se mueven Lucía, su hermano y su mamá, y el gran hallazgo de Gato Fernández es no morigerar ni edulcorar lo trágico de los sucesos que narra, pero además combinarlos con esa ingenuidad, esa fantasía, esa magia, esa hermosa nube de pedos en la que viven l@s niñ@s a los 5 años. La autora abre una puertita a la ternura, al humor y a la ilusión de que su vida no va a ser solo sufrimiento, y lo hace con mucha agudeza, con mucho talento, sin restarle dramatismo a la trama y sin que esas secuencias más alegres, o más lúdicas parezcan un injerto fuera de lugar. Víctima de abusos intrafamiliares en la vida real, a Gato Fernández le llevó varios años poder contar esta historia, sacar afuera y compartir con los lectores vivencias y situaciones que aún duelen. El resultado es una obra valiente, intensa, cautivante, por momentos shockeante y sumamente emotiva. Sin dudas, una de las grandes historietas que nos trajo el 2021. Nada más por hoy. Sigo escribiendo y corrigiendo artículos para el nº3 de Comiqueando Digital, que sale a principios de Septiembre. Gracias y hasta el finde que viene.

sábado, 17 de julio de 2021

12 al 18 de JULIO

Esta semana sostuve la marca de los tres libros, pero dos son de esos que se leen a los santos pedos. Una grata sorpresa fue descubrir que en 1977 las librerías Fausto publicaron en Argentina tres libritos de humor gráfico del maestro francés Sempé, que yo jamás había visto. Conocía a Sempé por sus ilustraciones para la maravillosa novela infanto-juvenil (en realidad, apta para todo público) Le Petit Nicolás, escrita por un tal René Goscinny ;), y había visto páginas de humor de las que publicaba en distintas revistas de Francia. Pero nunca un libro que recopilara unos cuantos de estos chistes. Todo se Complica se parece bastante a un libro de Quino: hay chistes resueltos en una sola imagen y otros desarrollados a lo largo de varias viñetas, los chistes están agrupados por temáticas y el uso de la palabra es muy esporádico. No hay globos de diálogo, pero sí muchísimo juego con los otros recursos gráficos típicos de la historieta. El dibujo se apoya en un trazo sencillo, despojado y muy expresivo, pero cuando quiere, Sempé deja la vida en unos fondos hiper-trabajados, pletóricos de detalles, de una sofisticación barroca. Hasta ahí, todo bastante similar a cualquier libro de Quino, o incluso de Sergio Aragonés, Caloi, Viuti o algún otro clásico del humor gráfico muy dotado para contar casi sin textos. La diferencia es que con Sempé me reí mucho menos. Algunos chistes me causaron gracia, pero la verdad que fueron muy pocos. Por ahí alguno donde asoma la puntita de un humor más negro. Pero la mayoría me dejó bastante frío. Me encantaron los dibujos, la forma de componer las viñetas y esos fondos deslumbrantes a los que ya hice mención. Lo que no me llegó con la fuerza que esperaba es el humor de Sempé. Que en su concepción “filosófica” no es muy distinto al de Quino, pero que –claramente- no tuvo en mí el mismo efecto. Me lo guardo como curiosidad, porque lo conseguí regalado y porque Sempé es una bestia del lápiz, que sabe esconder detrás de esa línea ágil y sintética un conocimiento del dibujo que te hiela la sangre.
Me voy 25 años al pasado, a 1996, cuando en Italia se publica el Vol.28 de la colección de novelas gráficas de 96 páginas de Cybersix. Estamos en la etapa de pleno auge del personaje creado por Carlos Trillo y Carlos Meglia, quienes ya derivaban buena parte del trabajo a otros autores. El guion de esta novela, por ejemplo, está firmado por Trillo “con la collaborazione di Viviana Centol”, lo cual significa que probablemente Trillo haya tirado una idea muy básica y que el desarrollo posta del guion haya sido responsabilidad de Centol. Y el dibujo se le atribuye a Meglia “con la collaborazione di Ricardo Vispo”, que es la forma elegante de decir “Meglia supervisó cómo Vispo dibujaba a todos los personajes y los pegaba sobre las fotocopias de los fondos que diseñó Meglia para las aventuras anteriores”. La verdad que si todo está dibujado por Vispo imitando a Meglia, estamos frente a una imitación muy bien lograda, por ahí sin la magia desbocada del genio de Quilmes, pero más que ajustada a los requerimientos de la historia. El guion es totalmente autoconclusivo, no tiene ni la menor referencia a las aventuras anteriores, y presenta a Cybersix y a la ciudad de Meridiana casi como si fuera la primera aparición de ambas. Los bloques de texto están narrados por la propia ciudad, con una prosa de gran lirismo, y sirven para que el argumento (bastante menor, con un asesino serial que se viste parecido a nuestra heroína y merodea una iglesia en busca de víctimas) ocupe las 96 páginas que tiene la novela. Lo más loco es que acá llegan a Meridiana tres turistas, que tendrán roles menores (subtítulos: “ayudan a estirar”) en la trama, y todos provienen de otras historietas creadas por Trillo, como si Meridiana se convirtiera en el epicentro, en el nexo de un hipotético TrilloVerso: uno es Francesco “Frank” Centobucchi (que aparece siempre dibujado por Mandrafina), otra es Clara de Noche (que aparece siempre dibujado por Bernet) y el otro es Roberto “el Negro” Blanco (que aparece siempre dibujado por García Seijas). Un delirio que hace que esta historia no caiga en el pilón de la intrascendencia y que uno, que es fan a muerte de Trillo, la quiera conservar para siempre.
Y lo más actual que leí esta semana es un álbum de 2002, escrito y dibujado por el glorioso Matthieu Bonhomme: L´age de raison. Es una serie de historias cortas, todas con un mismo protagonista, que es uno de los primeros homo erectus, es decir, de los primeros hombres que caminan en dos patas, obviamente en la prehistoria. Los únicos textos que aparecen en toda la obra son sonidos guturales y gritos que profieren estios homínidos y los animales con los que comparten el territorio, con lo cual si no sabés francés, no importa. Se entiende todo igual, simplemente mirando los dibujos. ¡Y qué dibujos, ma-mita! Hace 20 años, Bonhomme ya era un capo absoluto, con un dominio descomunal del trazo, una expresividad tremenda en rostros y cuerpos, y un timing para la narrativa demoledor. Como en toda historieta sin textos, en L´age de raison vemos cómo el autor descompone la secuencia en muchas viñetas chiquitas, para regular el tempo del relato y para darle más relevancia a la acción, que es la que nos va a contar las historias. Y si bien los argumentos son bastante sencillos (por momentos me hicieron acordar a los de Gon, de Masashi Tanaka), los recursos que despliega Bonhomme para que nos compenetremos con las peripecias de este homo erectus sin nombre (ni ropa, ni armas, ni cultura, ni buena suerte) son complejos y fascinantes. Lo único que tengo para criticarle es que se lee muy rápido, como cualquier historieta de 55 páginas donde solo hay dibujos, y que sobra el color, que no está bueno y no aporta nada. Tengo otro libro de Bonhomme sin leer, así que prometo volver a visitarlo pronto. Y nada más, por hoy. Será hasta la próxima, y como siempre, recomiendo darse una vuelta por https://comiqueandoshop.blogspot.com/ para aprovechar las descargas gratuitas, o contribuir con unos manguitos y llevarse la devastadora Comiqueando Digital, que explota de artículos y contenidos audiovisuales exclusivos.

sábado, 10 de julio de 2021

5 al 11 de JULIO

Tres libritos esta semana, no está mal… Una de las obras menores de Carlos Trillo fue Grogro, una seie breve, dibujada por Horacio Domingues. De hecho, ni siquiera se publicó en Italia, en la época en la que Trillo colocaba toneladas de material en las antologías de la editorial Eura (veáse la mega-nota del nº2 de Comiqueando Digital). Pará… ¿estamos seguros que no se publicó en Italia? Acá está el Vol.10 de las novelas de 96 páginas de Cybersix que viene a darnos su testimonio. Y sí, de estas 96 páginas, 45 son… la serie completa de Grogro. A Trillo se le ocurrió la forma de integrar todas esas páginas a una aventura de Cybersix (bastante menor, por cierto) y la historia de Grogro quedó incorporada al universo de la serie más popular de todas las que creó el guionista para el mercado italiano. Solo por esta vez, porque nunca más volvieron a aparecer en Meridiana ni el gorila inteligente ni la doctora Chantal Steinberg. Pero como para zafar durante un mes y armar una novela de 96 páginas donde solo hizo falta dibujar la mitad, el artilugio funcionó. La aventura original de Grogro no era gran cosa, el argumento con el que se articula esta historia con la que sucede en “el presente” en Meridiana tampoco es brillante ni mucho menos, y todo se queda en la anécdota bizarra de cómo una obra que por sí sola no había concitado el interés de los editores italianos, termina por publicarse dentro de una serie de muy buenas ventas gracias a una hábil maniobra de packaging. En las páginas agregadas para esta novelita se nota muchísimo que el dibujante es Horacio Domingues (lo cual está bueno, porque le da más consistencia con las páginas de Grogro), y que la mano mágica de Carlos Meglia aparece solo en esos fondos que se repiten miles de veces a lo largo de esta extensa serie. El estilo de Domingues está muy emparentado con el de Meglia, así que cuando Horacio trata de parecerse mucho a Carlos (sobre todo en algunos primeros planos), lo logra sin ninguna dificultad. Visualmente es un lindo tomo, pero sin dudas no está entre los imprescindibles para el que quiera armarse una colección con lo mejor de Cybersix.
Salto a EEUU, año 2018, cuando la editorial AfterShock publica The Lollipop Kids, un comic escrito por Adam Glass (junto a su hijo de 13 años), al que nunca me hubiera acercado de no ser por el hecho de que el dibujante es Diego Yapur, esa bestia salvaje del lápiz oriunda de Catamarca. A lo largo de 100 páginas, el dibujo de Yapur me impactó un montón de veces, me cagó a cachetazos con su exhuberancia, su solidez, su fluidez, sus recursos narrativos, la forma alucinante en la que integra la referencia fotográfica a su trazo, los hallazgos en la iluminación… Creo que en el único rubro en el que esperaba algo más de lo que encontré es en el de las expresiones faciales. El colorista DC Alonso lo complementa muy bien, de modo que a nivel visual, este primer tomo de Lollipop Kids juega con varios anchos de espada en el mazo. El guion si bien es entretenido, no es nada que no hayamos leído ya muchas veces. Lo interesante es, por un lado, como Glass juega a construir una mitología y una mística en torno al embelmático Central Park de New York, y por el otro cómo subraya el mensaje de que los chicos con dislexia (como su hijo Aidan) tienen muy desarrollado el intelecto y la sensibilidad, y merecen el mayor de los respetos. En la historieta, Glass no explica en ningún momento qué es la dislexia, ni cómo se trata, ni en qué difiere la vida de un chico disléxico de la de cualquier otro. Algo de esa información nos la ofrece en el prólogo, y el resto la buscará por la suya el lector al que le interese indagar más a fondo en el tema. Lo cual está bien, me parece, para que The Lollipop Kids no se lea como “un comic sobre la dislexia”, sino como lo que es: una aventura repleta de elementos fantásticos, acción y magia, protagonizada por adolescentes, uno de los cuales tiene dislexia. No es una mala aventura, y supongo que si tenés 14 ó 15 años y vivís en New York te debe parecer alucinante y genial. A mí me divirtió un ratito, pero siempre, de punta a punta, lo que me mantuvo fascinado fue el dibujo de Diego Yapur.
Y termino en Argentina, ya con un título publicado en 2021 (tarde o temprano iba a suceder). Zomvikingos, el nuevo trabajo de la dupla integrada por Rodolfo Santullo y Jok, tiene una premisa hiper-ganchera, de esas que si se le ocurriera a algún guionista de Hollywood generaría una mega-franquicia con infinitas películas de altísimo presupuesto. Sin duda, combinar zombies con vikingos es una idea de enorme fertilidad, sobre todo para aventuras extremas, con estallidos de violencia y machaca al límite. Sin embargo, a la hora de plasmar esta idea en un guion, Santullo no se entrega al descontrol y el frenesí de la machaca, sino que plantea un relato donde obviamente hay peleas, sangre, decapitaciones y muertes, pero donde prima una mirada más fría, más cerebral, tanto a los vikingos como a los zombies. De alguna manera, los elementos que Santullo pone en juego para enriquecer la trama (cuestiones de honor, de amor, de creencias religiosas, etc.) le agregan profundidad a los personajes pero al mismo tiempo le restan dramatismo al conflicto. Las últimas seis páginas, además, le agregan un cierto lirismo a algo que podría haber sido absolutamente rústico y cabeza y aún así funcionado lo más bien. Y ahí creo que está el quid de la cuestión: con una idea perfecta para un comic prácticamente descerebrado, al estilo Cazador, Lobo, Conan y familia, Santullo y Jok eligieron contar una historia de Santullo y Jok: menos dramática, más reflexiva, con sutiles pinceladas de un humor muy fino, con una reconstrucción de la época más estudiada… todos ingredientes que el fan de los zombies y de los guerreros que se cagan a hachazos difícilmente vaya a valorar. El dibujo de Jok es excelente y muy parejo a lo largo de todo el libro, el color acompaña muy bien cada uno de los climas, hay una enorme variedad de planos y enfoques para que no te aburras nunca, un gran trabajo de documentación histórica y muy buenas escenas de acción. Por ahí esto mismo se podía contar de manera más grandilocuente, más shockeante, con viñetas más grandes, con más vikingos, más zombies y más sangre, tripas y cabezas volando por el aire. Jok y Santullo eligieron ser fieles a sí mismos, incluso a costa de (ojalá me equivoque) piantar a algún comprador de los que se acercarán al libro buscando otra cosa. Y esa apuesta les permitió darnos una muy buena historieta de aventura histórica a los que somos más fans de esta gran dupla que de las atroces masacres protagonizadas por muertos vivientes. Nada más por hoy. Gracias a tod@s y hasta el finde que viene.

domingo, 4 de julio de 2021

BLACK WIDOW

No me acuerdo cuál fue la última película que había visto en un cine de verdad. Me acuerdo que en 2020, antes de la pandemia, había visto la de Harley Quinn y las Birds of Prey en el microcine de Warner, que es del tamaño de mi living, o más chico. En un cine posta… la verdad no me acuerdo. También me acuerdo que el año pasado vi acá en la compu dos bofes lamentables como New Mutants y Wonder Woman 1984. Esta última, sobre todo, es tan mala que ni siquiera la quisimos comentar en el podcast de Comiqueando. Pero este viernes volví a ir a un cine de verdad: sala grande, muchos asientos, pantalla inmensa, sonido de la San Puta, oscuridad total. Como siempre, llegué a la función de prensa de Black Widow sin saber absolutamente nada acerca de la película. Bueno, sabía que la protagonista es Scarlett Johansson y que supuestamente esta era la última vez que la veríamos en la piel de Natasha Romanoff, la heroína del Universo Cinematográfico de Marvel que interpreta hace ya más de 10 años. Me encontré con 133 minutos atractivos, más que llevaderos, y con una película que –sin ser el Antes y el Después de nada- se disfruta y se puede recomendar sin miedo a perder amigos. La directora Cate Shortland juega a hacer equilibrio entre una película de espionaje, una película de machaca superheroica y una película de vínculos familiares, sin dejar de lado la bajada de línea de la sororidad y de “las mujeres todas juntas somos imbatibles”. En algunos pasajes el equilibrio se le va un poquito a la mierda, pero en general está bastante logrado. Lo más importante para señalar (dentro de lo que puedo contar sin spoilear la trama) es que el grueso de la historia transcurre en 2016, en paralelo con la segunda mitad de Captain America: Civil War. Hay algunos flashbacks que van más atrás (el primer tramo, que me pareció excelente, está ambientado en 1995, cuando Natasha tiene 12 años), y una sola escena en el presente (o sea, después de la muerte de Natasha en Avengers: Endgame), que es la que está entre los créditos. Es una escena muy interesante, que engancha de manera muy ingeniosa con lo que vimos en Falcon and the Winter Soldier, así que quedate a verla. Y lo más loco es el desfasaje histórico. Black Widow es un personaje creado por Stan Lee para hablar de la Guerra Fría… pero que resulta difícil de sacar de ese contexto para traerla al Siglo XXI. Entonces esta película nos estira la Guerra Fría hasta 1995, como para contaminar ese tránsito de Natasha de la infancia a la adolescencia con una trama de espías rusos que se infiltran en EEUU, rosquean con los cubanos y demás tópicos de los que tienen mucho más sentido en las ficciones ambientadas antes de 1985. Pero si Natasha tuviera 12 años en 1985 ahora tendría casi 50 y no dan los números. Por eso el desfasaje y la puñalada trapera al verosímil ya desde el arranque de la película. Después, el resto está bien. Mucha acción al límite, buena integración con el resto de la mitología del MCU, una excelente vuelta de tuerca para presentarnos a Yelena Belova (la segunda Black Widow de los comics), un villano con bastante tridimensionalidad… y por ahí cierto exceso en el mensaje pro-familia, que te puede llegar a romper un poquito las pelotas. Pero se sobrelleva, porque la película conserva su tensión y su espesor dramático (por momentos incluso trágico) hasta el final. Si tengo algo para criticarle es que –ACÁ VA UN SPOILER- me resultó poco creíble que los cuatro personajes principales llegaran enteros al final de la historia. Al estar ambientada años antes de la aventura final de Natasha, era obvio que ella sobrevivía. El resto, la verdad que me sorprendió verlos a todos vivos hasta la última secuencia, sobre todo por lo extremo de los peligros a los que se enfrentan. La música muy bien, los efectos especiales muy bien y las actuaciones bastante bien. Me sorprendió Florence Pugh, a quien no conocía y la descose toda. Rachel Weisz brillante, con una actuación sobria y finas pinceladas de caricatura. Y muy capo David Harbour (a quien tampoco conocía) y hace una transición de personaje serio/ dramático a un bufón pomposo y grandilocuente, parecido al Thor de Endgame pero un poquito más grotesco. Scarlett está tan hermosa como siempre, muy sólida en un papel que ya tiene perfectamente incorporado. El resto del elenco aparece poco y quizás la labor más destacable sea la de O. T. Fagbenle, que compone un personaje al que estaría bueno volver a ver en alguna otra serie o película del MCU. Ah, y Ever Anderson Jovovic (la hija de Milla) también la rompe en el rol de la Natasha de 12 años. Si sos un consumidor ocasional del MCU, y no te pusiste como meta en la vida ver TODOS los productos vinculados a este universo fímico, quizás podés NO ver Black Widow y aún así ser feliz y realizarte como persona. Para los que estamos re-adictos a este complejo y fascinante artefacto narrativo, la película es simply irresistible (diría Robert Palmer) y, a grandes rasgos, más que satisfactoria. Y es para ver en cine, porque tiene momentos en los que te lleva puesto con esa dimensión épica y grandiosa que Hollywood sabe vendernos con tanta cancha y que se luce mucho más en una pantalla gigante que en la de tu tele, computadora, tablet o celular. Ahora sí, nada más por este finde. Será hasta el próximo. Y si te querés ir cebando con el próximo personaje de Marvel que explota en los cines, no te pierdas la nota sobre Shang-Chi que escribí para el nº2 de Comiqueando Digital, por supuesto disponible para descargar por muy poquita plata en nuestra tienda virtual https://comiqueandoshop.blogspot.com/

sábado, 3 de julio de 2021

28 de JUNIO al 4 de JULIO

Esta semana (como ya casi es costumbre) leí poca historieta. Estoy bastane cebado leyendo textos SOBRE historieta, y además le estoy entrando a algunas revistas (básicamente antologías europeas de los ´80) que no suelo reseñar en este espacio. Arranco en Argentina, década del ´90, cuando en medio de la debacle de la editorial Columba a alguien se le ocurre que es un buen momento para hacer volver (una vez más) a Gilgamesh, el Inmortal, la gran creación de Lucho Olivera, que era un emblema de la editorial desde fines de los ´60. Así, Lucho forma equipo con el veterano maestro Alfredo Grassi (uno de los guionistas más prolíficos de la historia del comic sudamericano) para realizar cinco episodios que se publican entre 1997 y 1998 en la revista D´Artagnan. Probablemente por lo difícil que resultaba cobrarle a Columba en aquellos años, el compromiso de Olivera es poco y va decreciendo. Por momentos se nota y se disfruta su mano maestra, su obsesión por los detalles, su plasticidad, la originalidad de sus angulaciones, la fuerza que le ponía a las expresiones faciales… y por momentos se extraña, y mucho, porque los asistentes que dibujan lo que no dbuja el maestro exhiben un nivel muy inferior. O sea que no faltan las páginas y las viñetas gloriosas, pero también hay muchas (sobre todo en el quinto y último episodio) totalmente carentes de imaginación, vuelo y onda. Los guiones de Grassi empiezan con un salto al vacío, al plantear un reboot, un reinicio de la historia del personaje que lo habilita a dejar fuera del cánon todo lo narrado previamente por los autores anteriores. No era el primer reboot que sufría Gilgamesh, así que no es algo grave. Hay un cambio de registro respecto de lo anterior, ya que Grassi se juega menos a la ciencia-ficción y más a la mitología, con la aparición de dioses de la antigua sumeria. Pero se mantiene algo muy atractivo (sobre todo de la etapa escrita por Robin Wood) que es la posibilidad de ver a Gilgamesh en acción en distintas épocas del pasado histórico de nuestro planeta. Incluso tenemos algún que otro diálogo bien filoso (de los que Robin le haría decir a Dago) y esa otra rareza de los guiones del paraguayo, que es ir cambiando de narrador: a veces los bloques de texto los narra una entidad omnisciente, y a veces es el propio Gilgamesh el que cuenta en primera persona. En ninguno de los casos tenemos en los textos el nivel de lirismo al que nos acostumbró Robin Wood. Esta etapa de Gilgamesh quedó trunca por los despelotes internos de Columba, y artísticamente no es ni fascinante ni deplorable. Está ahí, en un punto medio.Es aceptable para cualquier consumidor de historieta industrial de aventuras y muy importante para el fan incondicional de Gilgamesh, porque acá están sus últimas apariciones, y no a cargo de Juan Carlos Nadie, sino del propio Lucho Olivera y de un guionista más que competente como era Alfredo Grassi.
Salto a Japón, año 2011, cuando el glorioso Jiro Taniguchi se decide a adaptar al manga una novela de Itsura Inami titulada “St Mary´s Ribbon”. Básicamente es la historia de un tipo solitario que la juega de detective hard boiled y se dedica a recuperar perros perdidos o robados, generalmente perros de caza. A lo largo de casi 230 páginas veremos a Ryumon aceptar a regañadientes y resolver sin despeinarse un par de casos, principalmente el del robo de un perro lazarillo, adiestrado para acompañar a una chica ciega. Además de la sublime calidad del dibujo de Taniguchi, me llamaron la atención tres cosas: 1) cómo la historia se resuelve no sólo sin violencia, sino casi sin darle protagonismo al conflicto, 2) la bola que le da Inami –y por ende Taniguchi- a la faceta didáctica de la historia, a brindarnos muchísima información, muy detallada y (sospecho) fruto de una investigación exhaustiva acerca de cómo se adiestran los perros para convertirlos en lazarillosy cómo se establecen los vínculos entre ellos y las personas ciegas a las que asistirán y complementarán. Y 3) algo que a esta altura ya no debería sorprenderme, que es la sobriedad, la parsimonia, el desparpajo con el que Taniguchi se anima a contarnos momentos de la historia en los que virtualmente no pasa nada. Tiempos muertos, conversaciones y silencios que cualquier autor occidental omitiría a través de la elipsis, Taniguchi la dibuja con su paciencia santa y su precisión apabullante, para contribuir a la sensación de que esto que estamos viendo lleva tiempo, es un proceso complejo, que por momentos parece no avanzar. Y que la vida del detective (especialmente en una zona cuasi-rural como la que eligió Inami para ambientar esta historia) no es precisamente una vorágine de acción y aventuras, sino que va a un ritmo mucho más pachorro. Hay un segundo tomo de El Sabueso, en el que Taniguchi adapta otra novela de Inami (creo que protagonizada una vez más por Ryumon), y lo tengo ahí, en el estante de las lecturas pendientes, así que pronto lo veremos por acá. Esto es todo por hoy, pero prometo para mañana la reseña de la película de Black Widow que llega el jueves a los cines. Gracias y hasta mañana.

sábado, 26 de junio de 2021

21 al 27 de JUNIO

Tras la decepción de la semana pasada, me puse a buscar entre mis librtos de Cybersix pendientes de lectura a ver si tenía traspapelado ese episodio en el que los villanos le roban a su bebé. No lo tengo, pero encontré uno que es secuela directa de ese, y que se publicó justo antes que el que vimos la semana pasada. Se llama “Vita per Vita”, el el Vol.25 de la colección italiana, y es infinitamente mejor que lo que me tocó padecer en la entrada anterior. El dibujo es excelente de punta a punta. En los créditos, además de Carlos Meglia, figura Alejandro Santana quien se integra al mundo imaginado gráficamente por el prócer quilmeño de una manera sencillamente perfecta, sin fisuras. No hay una sóla viñeta en la que puedas decir “acá Meglia no hizo nada y le dejó todo el laburo a Santana”. Dentro de lo choto que es poner a un dibujante (especialmente a uno con talento) a copiar el estilo de un colega, esto es todo ganancia, y visualmente “Vita per Vita” está a un nivel muy cercano al de los mejores episodios de Cybersix. Y el guion es muy sólido. No está estirado, no tiene injertos bizarros calzados con forceps, no saca personajes nuevos de la galera para rellenar páginas, no abusa de las secuencias oníricas… Esto es bien canónico, bien del “núcleo duro” de la saga de la criatura artificial que se le sublevó a su diabólico creador. El conflicto central es potente y perturbador: acá vemos qué límites está dispuesta a cruzar Cybersix con tal de recuperar a su hijo, en una aventura violenta y descarnada como pocas. Trillo nos presenta a la heroína como una mujer al límite, enfrentada a un Von Reichter más sorete que nunca, en una lucha en la que por momentos el fin justifica los medios y la frontera entre buenos y malos se hace difusa. También hay un rol muy importante (y mucho desarrollo) para Joseph, el hijo clónico de Von Reichter, buenos diálogos, ese clima ominoso que asociamos con las noches de Meridiana y –por si faltara algo- un final más amargo que la hinchada de Independiente. En cualquier momento voy por más Cybersix.
Vamos a Brasil, año 2015, cuando Marcello Quintanilha publica Talco de Vidrio, la novela gráfica con la que pega el salto del palo indie brazuca a las editoriales prestigiosas de España y Francia, que desde entonces le publican hasta la lista de los mandados. Talco de Vidrio es un claro ejemplo de novela gráfica existencialista, en la que nos metemos a fondo en la vida de Rosángela, una odontóloga de cuarenta y pocos, que vive una vida tranquila, organizada, sin sobresaltos… hasta que ciertos fantasmas, ciertas inseguridades se transforman en demonios que la llevan al borde del abismo. Quintanilha cuenta una historia de gente común, sin elementos fantásticos, ni aventuras, en la que los conflictos van por dentro. Y ni siquiera los enfatiza demasiado, no es tan explícita la causa de esta “evolución” en el personaje protagónico, es algo más sutil, más sugerido que subrayado. Las pistas están, ya que cada diálogo, cada bloque de texto, pasa por ahí, por bucear en la psiquis de esta mujer, por acompañarla en su crisis y en el replanteo de sus prioridades, sus actitudes y sus vínculos. Esto hace que Talco de Vidrio no sea una novela gráfica para cualquier tipo de lector. Más de uno preferirá un relato más aventurero, y es entendible. Esto va por otro lado, claramente. En el dibujo y en la narrativa, Quintanilha me enloqueció. Por momentos me hizo acordar a Stray Toasters y Big Numbers, las obras más experimentales de Bill Sienkiewicz, no en la estética, sino en la forma de armar las secuencias. Quintanilha le pone una onda increíble a una historia 100% urbana y real, y trastoca ese grafismo hiper-pendiente del realismo fotográfico para lograr efectos notables, tanto en las personas como en los objetos y los paisajes. Estamos frente a un tipo con un manejo devastador de una gran cantidad de técnicas, que engaña al lector incauto con su impronta “Juan Carlos Flicker” y enseguida lo lleva a otro terreno, en el que da cátedra. Esto es el mundo real, pero visto a través de un prisma que le permite al autor sorprender una y mil veces al lector y –lo más importante- imponer una estética propia por sobre el mero retrato de la realidad. Enorme trabajo de un autor de una madurez inverosímil, coronado por un final impactante e impredecible.
Para cerrar, sigo intentando liquidar el pilón de los libros de historieta argentina editados en 2020, y hoy le dedico una breve glosa a Roque & Gervasio, Pioneros del Espacio, protagonistas de la novelita gráfica titulada “Venganza Vegetal”. Esta creación de Federico Reggiani y Ángel Mosquito retoma la consigna de Los Visitantes del Agujero del Comedor: mezclar de la manera más divertida posible los tópicos de la cklásica aventura de ciencia-ficción con lo más prosaico y lo más grasa de la comedia barrial argenta. El resultado es muy, muy efectivo, y logró arrancarme más de una carcajada. Ni hace falta subrayar la química entre los autores, que se conocen hace décadas y en todo momento ejecutan como si fueran una sola persona, no una dupla. El estilo de dibujo engancha perfecto con el tipo de historia que se quiere contar, hay muy buenas secuencias de acción, muchos chistes, un trabajo alucinante de Mosquito a la hora de poner los grises… y en todo caso lo que tengo para criticar es la omisión de las zanjas entre las viñetas, que no deberían faltar nunca. La otra decisión medio extrema en materia de puesta en página (bancar una grilla de cuatro viñetas iguales a lo largo de casi toda la novela) no me hizo ruido para nada. Espero con muchas ganas las próximas aventuras de Roque & Gervasio. Y nada más, por hoy. Gracias por el aguante y no se olviden de descargar la Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/.

sábado, 19 de junio de 2021

14 al 20 de JUNIO

Otra semana de escasa lectura, porque estoy muy cebado leyendo otra cosa (vinculada a la historieta) y no le dediqué muchas horas a los comics que pueblan mi estante de material pendiente de lectura. Me devoré una novela gráfica de 96 páginas de Cybersix, de fines de 1995, la época de pleno auge de la creación de Carlos Trillo y Carlos Meglia. Y me pareció flojísima. El planteo no es malo: aparecen en Meridiana tres robots creados por los nazis en los años ´40, que se alimentan de Odio, Miedo y Dolor (por eo el librito se titula “Odio, Paura, Dolore”). Estas criaturas provocan un in crescendo de muertes, que va a desembocar en el choque con Cybersix, en medio de una especie de gran convención anual de sadomasoquistas, donde habrá grandes dosis de odio, miedo y dolor. Pero el desarrollo es poco interesante, a tal punto que nada de lo que sucede logra empañar al principal sub-plot que tiene en este momento la serie: Cybersix tuvo un bebé, que fue raptado por los villanos, y esto la desestabiliza emocionalmente como nunca antes. Ese conflicto eclipsa por completo al de los robots y es el que le da a la historieta buena parte de su interés dramático. Por otro lado, Trillo se da cuenta de que el argumento que se le ocurrió no soporta un relato de 96 páginas, entonces TRES VECES a lo largo de la novela, interrumpe la narración para llevarnos –con cualquier excusa- al terreno de la “ficción dentro de la ficción”. Allí encaja con forceps tres historias cortas (también vinculadas al terror), que no tienen nada que ver con la saga de Cybersix, dibujadas en un estilo totalmente distinto al de Meglia por Ricardo Vispo, uno de los integrantes de la Legión de Asistentes de Meglia. ¿Cuándo y para qué proyecto habrán realizado Trillo y Vispo esas páginas que acá aparecen a modo de relleno? Ni idea, pero se nota mucho que no se pensaron originalmente para integrarse a la trama de este librito de Cybersix. Las 70 páginas que sí están dibujadas en el estilo habitual de la serie tienen muy poco de la magia de Meglia. No me atrevo a afirmar que TODO haya sido dibujado por asistentes que imitaban la línea del prócer quilmeño, pero no lo descarto. La mano maestra de Meglia se nota en los fondos (que son los mismos en todas las aventuras de Cybersix) y no mucho más. La verdad, me lo voy a guardar sólo por el amor incondicional a Trillo y Meglia y porque al estar en italiano es difícil que alguien me la quiera comprar, o me la acepte como regalo. Tengo sin leer varias novelitas más de Cybersix en italiano, así que en los próximos meses las vamos a recorrer en este espacio.
Me fue mucho mejor con el Vol.3 de The Goon, la serie de Eric Powell, hoy casi “de moda” gracias a la edición en castellano que pulula por las comiquerías a un precio bastante amistoso. Esta vez no hay autores invitados, está todo escrito y dibujado por el ídolo. Incluso en el episodio en el que aparece Hellboy a compartir una aventura con The Goon, Mike Mignola apenas aporta un par de páginas y algunos diálogos, como para no eclipsar en absoluto a un Powell que está en un nivel increíble. Además, en este tomo, no sólo hay historias que impactan por la violencia y la guarrada. También hay historias emotivas, que te llegan al alma y demuestran que Powell es mucho más que un especialista en “chabones grandotes y monstruos que se cagan a trompadas”. La historia de la dama vampiro, y la del zombie que resucita pero quiere volver a morir, son dos joyas que le suman a la serie una capa de profundidad y hasta de lirismo. Y después, la de Hellboy y la del Hombre Lagarto, son aventuras clásicas de machaca, descontrol y delirio, con guiños irónicos, groserías y todas esas cosas que ya vimos y disfrutamos en los TPBs anteriores de The Goon. Por supuesto, el dibujo sigue tan potente y tan glorioso como siempre, repleto de esa magia heredada de los grandes cracks de la E.C. Comics y de Will Eisner, y siempre puesto al servicio de una narrativa cristalina, cautivante y efectiva como pocas. No sé cómo seguirá la evolución de la serie, porque no me quedan más TPBs sin leer. Pero lo que leí hasta ahora es realmente grosso. No es la mera suma de elementos fantásticos y bizarros + violencia al palo + chistes groseros. Hay más. Hay un espíritu, un corazón… no sé cómo definirlo, pero hay algo que está ahí, que le suma una onda alucinante y una identidad reconocible al instante a esta creación de Eric Powell cuyo aporte al mainstream yanki de este siglo sería absurdo soslayar. Y nada más, por hoy. Nos reencontramos el finde que viene, con nuevas reseñas acá en el blog. Y si quieren leer más (y mejores) textos sobre comics, siempre tienen la posibilidad de descargarse el apoteótico nº2 de Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/. Gracias y hasta pronto.

sábado, 12 de junio de 2021

7 al 13 de JUNIO

Otra semana de pocas lecturas, porque por suerte estuve avanzando mucho con otro proyecto del cual en poco tiempo voy a poder contar mucho más. Empiezo con un libro que quería leer desde hace años, cuando mi amigo Lucas Ferrero me cebó hablándome maravillas y mostrándome algunas páginas. Dance! Kremlin Palace compila una serie de historias cortas realizadas por Shintaro Kago en 2003, donde da rienda suelta a una descarnada sátira política que gira en torno a la Unión Soviética y los distintos líderes que tuvo ese conglomerado de naciones durante el tiempo que duró el régimen socialista, y más allá. Kago encuentra en el régimen político de la URSS y en la cultura rusa en general un montón de elementos para exacerbar, para llevar a un extremo grotesco, disparatado y sumamente cómico. Fiel a su costumbre, se va al pasto muchas veces, con escenas de mutilaciones, violaciones, torturas y gente que vomita caca, pero todo en un contexto festivo, de joda fuera de control. Cada frase, cada gesto, cada medida política de uno de los líderes rusos (de Stalin a Putin) es tomada por Kago como disparador de una o varias secuencias en las que (como ya hizo en Compendio de la Verdadera Historia Universal) empieza el relato con un tono documental y de a poco se empieza a imponer el delirio y el zarpe cada vez más pasados de rosca. Hasta el frío que suele hacer en esa región le sirve al autor para generar ideas loquísimas, de gran impacto cómico. Kago mezcla la historia real de la URSS con alienígenas, androides, zombies, máquinas hechas con cuerpos de mujeres mutiladas, una especie de Disneylandia socialista, un partido de beisbol… Todo vale para delirar y sorprendernos con el impacto de los chistes, o de las atrocidades que nos cuenta el autor. Particularmente agudo es el episodio en el que los rusos logran que Japón se vuelva socialista. Acá queda muy claro que lo de Kago no es simplemente una burla al régimen soviético, sino que se aferra del mismo (y de la mirada que sobre el mismo se difundió en Japón, y en casi todo Occidente) paralanzar dardos envenenados también contra el sistema capitalista. El dibujo no es brillante, ni busca impactar por el lado del virtusismo, sino que apunta a otro efecto, que es el de mostrar una versión deforme, mutante y asombrosa de Rusia, sus líderes, sus paisajes y su iconografía. Y combinar todo eso con los elementos fantásticos, bizarros y extremos que surgen de la inagotable imaginación de ese genio fuera de control llamado Shintaro Kago. Libro muy recomendable, para explotar de risa y gritar muchas veces “¡no podéeesss!”.
Me vengo a Argentina, año 2020, cuando se edita El Cantar del Farsante, una novela gráfica de Juan Bertazzi y Hernán González. La consigna es muy atractiva: convertir al mítico Antonio Mamerto Gil Nuñez, más conocido como “el Gauchito Gil”, en un tipo que murió y resucitó con la misión de escupirle el asado a otras criaturas sobrenaturales y espíritus malignos vinculados a las leyendas de nuestra Litoral. Una especie de Hellblazer criollo, en la selva mesopotámica del último tercio del Siglo XIX. El guion de Bertazzi combina el “secret origin” del protagonista con un caso muy turbio, en el que el horror no viene sólo de las criaturas a las que enfrenta Nuñez, sino también de la descripción descarnada que hace Bertazzi de la precaria e injusta situación laboral a la que estaban sometidos en ese entonces los peones de las grandes estancias del Interior de nuestro país. Al principio me costó un poco entender por qué y en qué momentos el guion decide interrumpir el relato del tiempo “presente” para contarnos el pasado de Nuñez, pero con el correr de los capítulos me empezó a cerrar mucho más. Fuera de los notorios errores y omisiones en materia de signos de puntuación que exhiben los diálogos, el resto me resultó muy convincente y atractivo. El dibujo de González sigue mutando, y acá lo vemos en su trabajo más limpio, menos plástico, más funcional al relato y menos al lucimiento de sus innegables condiciones con el pincel y la tinta. De todos modos fluctúa mucho entre viñetas muy realistas, muy cargadas de detalles fotográficos, y otras más sintéticas. También entre secuencias muy jugadas a un claroscuro potente y otras en las que entran en juego varias técnicas de entintado distintas. A grandes rasgos, González sortea con éxito la prueba de trabajar en un estilo un poco más convencional, en el que se nota menos su impronta personal tan marcada en otras obras. Hay algún que otro tropiezo en la narrativa, fruto de ángulos elegidos con criterios medio raros, que hacen que el relato no fluya con la naturalidad que sería ideal, y eso que señalaba de las distintas técnicas de entintado, que distraen un poco al ojo, en esos saltos mortales de la línea clara a la mancha profunda o el festival de las tramas y los esfumados, o del recontra-realismo lleno de detallitos y el grafismo más crudo, más pelado, en los que se impone la síntesis. Estos vaivenes le impiden al dibujo de González crear climas y sostenerlos, pero también le amplían mucho el repertorio de efectos a la hora de impactar al lector, sobre todo en las escenas más escabrosas. El balance general de El Cantar del Farsante es positivo, porque la historia es atrapante, bastante original, el personaje central está muy bien tratado y la época histórica muy bien aprovechada. Si vienen nuevas aventuras de Antonio Mamerto Gil Nuñez a cargo de eta dupla y en esta misma onda, se puede armar una serie realmente potente. Y nada más, por hoy. Será hasta el finde que viene y no se olviden de pasar por https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y descargar la Comiqueando Digital. Sale muy barata y garantiza muchas horas de buena lectura, además de que es una forma de contribuir con quienes generamos tantos contenidos gratuitos sostenidamente hace tantos años.

domingo, 6 de junio de 2021

31 de MAYO al 6 de JUNIO (parte 2)

Bueno, ahora sí, más reseñas de material que leí durante estos últimos días. Me gustó mucho Viaje con Bill, una extensa novela gráfica del maestro alemán Matthias Schultheiss que data de 2010. Esto es algo muy distinto a todas las obras en la muy diversa carrera del autor, que esta vez nos propone una road movie atravesada por un realismo mágico con ciertos tintes new age. Sostenida en dos personajes muy carismáticos y uno que es una especie de cero a la izquierda, Viaje con Bill no se preocupa demasiado por explicar todo lo que sucede, y por momentos hasta te hace sospechar si algunas de las cosas que suceden están ahí porque son importantes para la trama, o simplemente porque Schultheiss tenía ganas de dibujarlas. Pero siempre ganan la tensión dramática y la profundidad emocional que el autor le imbuye a la historia y a los protagonistas (por lo menos a Bill y a Tweety), con lo cual ni siquiera las escenas más limadas, o aparentemente más inconexas, alcanzan para desengancharnos del relato. Como toda road movie, Viaje con Bill propone un ritmo lento, con trayectos en los que no pasa demasiado y en los que la contemplación predomina por sobre la acción. Y de nuevo, eso tampoco le resta atractivo a la historia ni nos invita a desengancharnos ni a pasar más rápido las páginas del libro. Esto se debe en buena medida al maravilloso trabajo que realiza Schultheiss en el dibujo, en las composiciones, en la puesta en página, en los climas que logra con su inagotable paleta de colores. Acá tenemos un retrato de la Norteamérica actual, de sus rutas, sus pueblos, su gente, sus paisajes, realmente sublime. Te dan ganas de agarrar un auto y salir a hacer el mismo recorrido que hacen los personajes en el libro, para ver con tus propios ojos ese pedazo (extenso y variado) del mundo real que Schultheiss muestra a través de su particular estilo. La verdad, no se me ocurre nada para criticarle. Por ahí ese tramo medio new age, con el chamán y el barquito, pero está todo tan bien dibujado y a nivel narrativo etsá tan bien contado, que no tiene sentido cuestionar nada. Si no te provocan rechazo las historias en las que algunos elementos fantásticos se cuelan por la ventana de una trama realista, 100% verosímil y 100% humana, no tengo dudas de que Viaje con Bill tiene altas chances de conquistarte, como me conquistó a mí. Y si sos fan de Schultheiss y amás sus dibujos al punto de comprarle cualquier cosa sin importar la calidad de los guiones, obviamente esto no te lo podés perder por nada del mundo.
Ya muy cerca de terminar la pila de libros editados en Argentina durante 2020, me sumergí en Las Nuevas Aventuras de Dugong y Manatí, la novela gráfica realizada en solitario por Quique Alcatena, en la que retoma a los personajes que ya conocíamos de aquel librito reseñado el 01/07/14. Guarda, este no es el Alcatena que trabaja para Italia, sino el Alcatena que escribe, dibuja y colorea una aventura apta para todo público, en la que se otorga a sí mismo total libertad para jugar a un juego en el que está muy canchero. La novela gráfica está poblada de personajes tomados de otras mitologías (la de Popeye, la de Corto Maltés, la de Tintín, la de Moby Dick, la del Yellow Submarine de los Beatles, etc.) y de otros inventados por Quique, en la línea de los superhéroes de la Silver Age de DC, y que no desentonarían para nada en el universo de Dr. Paradox. Como las aventuras de Paradox, esta de Dugong y Manatí no exploran demasiado en la personalidad ni las motivaciones de los protagonistas, sino que se centran en una trama de suspenso y acción, que derivará en una gran pelea final en la que (lógicamente) ganarán los buenos. El poco desarrollo de personajes que hay, se lo llevan los secundarios, mientras que el dúo protagónico funciona más como un deus ex machina que como personajes con los que el lector se pueda identificar. De hecho, ni siquiera está muy justificado que sean dos. La historia se puede contar exactamente igual sólo con Dugong o sólo con Manatí, porque parte del chiste (que a mí particularmente no me parece gracioso) es que ambos sean casi imposibles de distinguir uno del otro. Básicamente esto es Alcatena apostando a lo seguro, a lo que conoce a la perfección y le sale de taquito. Y funciona, te entretiene, te arranca varias sonrisas, por momentos te atrapa en la intriga que urden los villanos, y además está todo muy bien dibujado. Extraño un poco esa galería infinita de palacios, criaturas y ejércitos tomados de las más diversas culturas o nacidos de la inagotable imaginación de este prócer del plumín, pero también entiendo que esta historieta en particular va para otro lado y se nutre de otra iconografía... que Quique también maneja con una maestría infinita. O sea que no hay mucho riesgo, pero hay garantía de diversión, de personajes atractivos, de una trama ganchera y, si venís muy acostumbrado al Alcatena que dibuja en blanco y negro esas historias más solemnes o más reflexivas, acá vas a encontrar algo muy distinto, que te puede servir como recreo, o para descubrir otra faceta de este autor fundamental del Noveno Arte. Y ahora sí, no hay más. Será hasta la semana que viene, y no dejen de pasar por https://comiqueandoshop.blogspot.com/ a descargar la Comiqueando Digital.

sábado, 5 de junio de 2021

31 de MAYO al 6 de JUNIO

Esta semana pude leer un poco más, porque ya se terminó la tarea colosal que fue armar el nº2 de Comiqueando Digital. Posta, creo que es lo más grosso que hicimos en nuestras miserables vidas. Una revista de 285 páginas, con material 100% inédito, con contenios audiovisuales exclusivos (entre ellos un podcast de TRES horas en el que participan Horacio Altuna, Enrique Breccia, Cacho Mandrafina, Eduardo Risso, Juan Bobillo, Lucas Varela, Pablo Túnica y Alejandro Dolina), y con un nivel del que estamos realmente muy orgullosos. Hay una mega-nota de 90 páginas dedicada a recorrer la vida y la obra de Carlos Trillo, una sobre Valérian, una sobre todas las historietas que escribió Frank Miller ambientadas en el universo del Dark Knight, la biografía de Hirohiko Araki, una exploración del universo de las historietas de Star Wars, notas completísimas sobre personajes grossos como Popeye, Shang-Chi y el Dr. Mortis, una sobre historietas que abordaron el tema del anarquismo, una sobre la historieta alemana durante los años en los que el Muro de Berlín partió al país en dos… De verdad, quedó un numerazo demoledor, que deja muy chiquito al nº1 y sube mucho la vara con miras al nº3. Recomiendo muchísimo que tod@s quienes quieran saber mucho más sobre historietas de todo el mundo se descarguen la revista en https://comiqueandoshop.blogspot.com/. Vale $ 380, una guita con la que hoy no te comprás ni media docena de sánguches de miga, y tiene material como para leer durante los tres meses que faltan para que salga la próxima. El lunes, en el sitio web, vamos a recorrer el índice de manera más detallada, como para que los indecisos se terminen de decidir y corran a descargarla. Como siempre, en la tienda virtual también sumamos material de descarga gratuita, que se pueden llevar sin poner un sope. Pero si pueden aportar unos pesitos, mucho mejor. Ah, y esta semana arrancamos con una nueva idea, un nuevo canal a través del cual vamos a brindar contenidos 100% gratuitos: entrevistas en vivo en el Instagram de Comiqueando, con grandes autores del habla hispana. El primer episodio es el jueves 10 a las 18 hs (de Argentina), y voy a estar conversando con el maestro mexicano Humberto Ramos.
Ahora sí, vamos con las lecturas. Me divertí mucho con Deathwest, una historieta de Luis Santamarina, que antes firmaba como “Ziul Mitomante”. Es una especie de versión deforme de La Divina Comedia de Dante Alighieri, sin trama romántica y con elementos que tienen que ver con el western, con el terror y hasta con la escatología. Y sobre todo con mucho humor. Es una trama supuestamente dramática, con pasajes épicos, pero que todo el tiempo te tira guiños, onda “tranqui, que es todo una joda y lo importante es cagarnos de risa un rato”. Sin dudas esa es la principal virtud del guion: no tomarse nunca en serio a sí mismo. Porque si lo pensamos friamente, lo que le sucede a Kowalski es bastante jodido, y hasta descorazonador. Pero la forma en que Santamarina lo cuenta, hace que uno se deje llevar por la acción, el delirio y los chistes, y la pase muy bien a lo largo de las 53 páginas que dura la historieta. En materia de dibujo, me queda clarísimo que Santamarina no es un virtuoso, pero la rema muy decorosamente. Para darme cuenta de que esa cosa cuadrúpeda era un coyote, me lo tuvo que aclarar en los textos. Pero está todo bien envuelto en un trazo original, no exento de un cierto atractivo bizarro, y muy enriquecido por la aplicación de las tramas mecánicas, que son sin dudas la estrella dentro de la faz gráfica de Deathwest. Predomina una narrativa muy clásica, muy accesible, y cuando aparece algún recurso un poco más sofisticado, está bien resuelto. El balance del librito es muy positivo, porque la edición está bien cuidada y la historieta banca con solidez la propuesta (humilde, poco pretensiosa) de contarnos una aventura extraña y grandilocuente, con situaciones y criaturas que no vimos en obras anteriores, siempre con el foco puesto en la diversión y con momentos de alto impacto, en lo que respecta tanto a la acción como a la comedia. Y hay más, pero lo dejamos para mañana. Sí, mañana domingo me voy a vacunar y a la vuelta sale otro posteo con la segunda parte. Prometido.

sábado, 29 de mayo de 2021

24 al 30 de MAYO

Desde afuera, uno podría suponer que estos días de menor actividad y más horas dentro de casa se traducirían en más lecturas de material para reseñar en el blog. Pero la verdad es que no. Aproveché el encierro para meterle pata al nº2 de Comiqueando Digital, una bestialidad de 285 páginas que va a estar disponible probablemente el jueves en nuestra tienda virtual, junto a nuevas descargas gratuitas. Y además estoy leyendo bastante sobre historietas, libros y revistas de autores y países distintos, que no suelo reseñar en este espaio (ni en ningún otro). Así que, como ya es casi costumbre, no es tanto lo que tengo leído como para comentar acá. La última vez que estuve en Córdoba (Septiembre de 2019), recibí de regalo un ejemplar de The Pub Crawl Anthology, un libro editado a todo culo, financiado a través de Kickstarter, con 12 historias cortas que sólo comparten el hecho de tener algo que ver con los pubs, tabernas o reductos consagrados al escabio. No conocía a ninguno de los autores involucrados, pero la calidad de la edición me hizo tenerle fe. Una fe que fue pisoteada y despedazada a medida que pasaba las páginas y me hundía en historietas de un nivel muy poco compatible con la hermosa factura técnica del libro. Esto es un rejunte de principiantes, de chicos y chicas que están mucho más para batallar en fanzines que en libros editados a todo culo. No me quiero regodear con lo más horrible del tomo, así que simplemente subrayo lo que me pareció más o menos rescatable. Christopher Matusiak, el guionista de la primera historieta, escribe muy bien. No es hiper-original y no sobrevive a los flagelos de tener un dibujante pésimo, pero sus textos están bien trabajados y la idea que desarrolla no está mal. Andrea Rosales es una dibujante de gran solidez, con un trazo alucinante y un excelente manejo del equilibrio entre blancos, negros y grises. Se complica sola a la hora de narrar, porque mete en cada viñeta una cantidad brutal de elementos, y encima le tocan páginas de muchas viñetas. Así, todo se ve excesivamente atiborrado y el relato fluye con dificultad. Pero son viñetas lindas de observar. Brian George es autor integral y se la banca muy decorosamente. Maura McGonagle es una genia total en el manejo de las tramas mecánicas. En todo lo demás, le fata bastante. Y finalmente, Trevor Markwart es un dibujante muy competente, cuyo estilo realista lo hace estar muy pendiente de la referencia fotográfica. Dentro de esa estética onda Juan Carlos Flicker (que no es la que a mí más me seduce, ni la que garantiza un mejor flujo narrativo en la historieta), está muy bien. Y de verdad, eso es todo lo que puedo salvar del bochorno. El resto es un naufragio jodido, muy triste porque me imagino que los pibes y pibas que participan de la antología el pusieron todo a sus trabajos, y por lo que mencionaba antes de la fastuosa calidad de la edición. Una pena.
Y me vengo a Argentina, donde el año pasado se recopiló en un librito Sangre y Oro Azteca, una aventura del glorioso Sargento Kirk, serializada en las páginas de la revista Billiken, allá por 1973. Muy loco que en Argentina no haya libros que recopilen la etapa clásica del personaje, cuando lo escribía Héctor G. Oesterheld y lo dibujaba Hugo Pratt, pero sí se recopila este material, con Gustavo Trigo en el lugar del Tano. Y otro detalle muy loco es que se publique en libro una historieta de ¡32 páginas! Hace 20 años, una historieta de 32 páginas se publicaba en comic book. Ahora, le meten 12 páginas de relleno y sale como libro. No me quejo, porque la edición está buena, pero me llama la atención. ¿Y qué onda la historieta? El argumento es absolutamente predecible, los textos de Oesterheld están buenísimos (sin nada que envidiarle a los de la época de Frontera, ni a los que en esa misma época el maestro escribía para Columba) y los dibujos de Trigo tienen muchísima fuerza, mucho más en esta versión en blanco y negro que en la publicación original, donde alguien se los coloreaba. Lo único que no me cierra es que casi toda la historieta está planteada en páginas de cuatro tiras, muy chatitas, y esto lo habilita a Trigo a hacer una especie de trampa que se nota demasiado, y que consiste en no dibujar nunca a los personajes de cuerpo entero. Todo está contado muy de cerca, con un gran predominio de los primeros planos, y casi sin viñetas que nos muestren qué tienen los personajes debajo de la cintura. Las poquísimas veces que Trigo dibuja a algún personaje de cuerpo entero, lo hace muy bien, con lo cual supongo que optó por el recurso de narrar todo muy de cerca simplemente para sacar más rápido las páginas. O sea que esto visualmente es raro, porque no estamos acostumbrados a 32 páginas seguidas contadas con planos tan cercanos. Y lo otro que me llamó la atención es cómo Trigo acomoda su estilo para parecerse bastante a Hugo Pratt. Hay varias viñetas que más de un incauto podría creer que fueron dibujadas por el Tano. Y muchas en las que se nota esa impronta más terrenal, más prosaica, más pesada incluso, que le ponía el recordado Negro Trigo a sus trabajos más personales, por lo menos en los ´70. El regreso del Sargento Kirk y sus amigos para una última aventura en Billiken fue un experimento extraño, que no tuvo continuidad. Una rareza en la bibliografía tanto de Oesterheld como de Trigo. No está mal redescrubrirla casi 50 años después, y tampoco estaría mal que se rescatara en libros a Marvo Luna, la otra serie (mucho más extensa) que realizara HGO para Billiken en esta misma época. Recuerdo esos dibujos de Solano López coloreados para el ojete en las páginas de Billiken y me encantaría tener una edición actual, en blanco y negro. Nada más por hoy. Gracias y hasta el finde que viene.

sábado, 22 de mayo de 2021

17 al 23 de MAYO

Otra semana de escasas lecturas, pero bueno, estoy muy metido en el tema de la revista digital, cuyo nº2 va a ser un bombazo nuclear que explotará en un par de semanas. Hace unos meses hice el experimento de entrar a una comiquería y agarrar un manga cualquiera, del que no supiera absolutamente nada, y que reuniera como única condición ser un tomo autoconclusivo. Así me llevé Sekiro, de Shin Yamamoto, autor al que por supuesto desconocía. Ahora lo leí, y caí en la cuenta de que esto en realidad es un gaiden. ¿Lo qué?!? Un gaiden es una historia que funciona de complemento a otra cosa más grande. En este caso, me entero a través de esta hermosa edición de Norma de que Sekiro es un videojuego de la empresa FromSoftware, del que por supuesto tampoco había escuchado hablar jamás. Me imagino que la mayoría de los lectores de este manga entraron a la primera página manejando mucha data acerca del contexto o de alguno de los protagonistas que yo no manejaba y trato de que ese handicap juegue a mi favor. Lo logro a medias. Yamamoto te explica algunas cosas como si fueras un neófito total, y otras no. Nunca me enteré qué o quién es Sekiro, por ejemplo. Tampoco me quedó muy claro cuáles de estos personajes vienen de la trama del videojuego, aunque me inclino por Hanbei, el inmortal. No saber eso no es algo que cambie mucho la experiencia de lectura del manga, por suerte. La historia que cuenta Yamamoto está bastante bien, tarda un toque en arrancar pero dentro de todo tiene sentido, en algún momento encuentra un ritmo bastante ganchero y recién en las últimas 15 ó 20 páginas se hace confusa, ambigua… o por ahí yo soy un salame que no entiende lo que le cuentan. La dudosa claridad en la narrativa no es algo que se vea sólo en el final, sino que es algo que aparece varias veces a lo largo del manga. Sin dudas ese no es el fuerte de Shin Yamamoto. Tampoco los diálogos, que son bien de fórmula, de manual. Lo más interesante, lo que mí más me llegó, es la personalidad de Hanbei. Y claro, al ser un manga básicamente de acción y combates entre samurais y criaturas recontra-power, también juega mucha el impacto de las escenas en las que vuelan litros de sangre, extremidades y cabezas. En ese rubro, Yamamoto la rompe. Y en general en todo el aspecto gráfico me encuentro con un mangaka muy sólido, muy eficaz. Está ahí, entre la elegancia de un Hiroaki Samura y la desmesura barroca de un Kentaro Miura, y sin el virtuosismo extremo de ninguno de los dos. Pero con una línea finita, un trazo preciso y preciosista que le queda muy bien y que se complementa muy bien con los grisados, las líneas cinéticas y esas cosas que (uno supone) los mangakas delegan en sus asistentes. Si andás buscando un manga autoconclusivo, con machaca violenta, elementos sobrenaturales y poderes zarpados en el contexto del Japón medieval, probablemente Sekiro te enganche. Y si no, para descubrir a Shin Yamamoto y cebarse con sus dibujos, también se la banca.
Hace poco más de tres años, allá por el 09/04/18, me tocó reseñar el primer librito que recopilaba las tiras de ¡Corré, Wachín!, la historieta de Nahuel Sagárnaga popularizada en las redes sociales. Ahora salió un tomo más power, con muchas más tiras, que por supuesto incluye todas las que yo ya había leído y comentado en este espacio. Recomiendo repasar esa reseña, a la cual no es mucho lo que tengo para agregar. Me gustó que en esta segunda tanda de tiras Sagárnaga le diera más vuelo a la imaginación, al delirio, a mezclar lo cotidiano con lo imposible, a deformarlo y dibujarlo con mucha onda. Y me reí bastante, incluso con tiras que ya conocía, sobre todo cuando entran en juego los elementos escatológicos, que es algo que Nahuel maneja muy bien, sin quitarle a la historieta ese costado tierno y apto para todo público que es el que –creo yo- convirtió al Wachín en un personaje tan querido por tanta gente. Lo recomendé en su momento, y lo vuelvo a recomendar ahora que salió esta “Super Salchichín Complete Edition”. Y esto todo por hoy. A aguantar adentro este finde extra-large, en lo posible rodeados de buenas historietas. Si no tienen nada para leer, dense una vuelta por https://comiqueandoshop.blogspot.com/ donde hay un montón de material para descargar sin poner un mango, y también está la posibilidad de llevarse las maravillosas 208 páginas del nº1 de Comiqueando Digital por míseros $ 290. Gracias y hasta pronto.

sábado, 15 de mayo de 2021

10 al 16 de MAYO

Buenas, ¿cómo va? Yo a full, trabajando muy duro rumbo a la recta final del nº2 de Comiqueando Digital. Tengo algunas cositas para reseñar, así que ahí vamos. Empezamos en 1968, el año que me vio nacer, con L´Astronave Pirata, una obra muy rara dentro de la fascinante e idiosincrática bibliografía de ese monstruo milanés llamado Guido Crépax . L´ Astronave Pirata es una aventura de ciencia-ficción muy lineal en su planteo argumental, para nada críptica, sin diálogos retorcidos, sin bajada de línea política y sin escenas de sexo. –Pará: ¿estás seguro de que es de Crépax?. Sí, incluso en aquellos álgidos años finales de la década del ´60, Crépax podía bajar un cambio y contar una aventura clásica, apta para todo público, centrada en la acción, el ritmo y las posibilidades argumentales que le brindan una extensa serie de elementos fantásticos. No encontré el dato de dónde se publicó originalmente L´Astronave Pirata, es decir, si nació como una novela gráfica de poco más de 100 páginas, o si esto es la recopilación de algo que fue serializado en varios episodios en alguna publicación semanal o mensual. Si el día de mañana alguien me dice que se serializó en una publicación infanto-juvenil (una especie de Pilote italiana), no me sorprendería para nada, porque se trata de una obra relmente muy accesible. La innovación constante, la pasión por romper siempre los límites de lo que se puede hacer en una página de historieta que uno asocia naturalmente con la figura de Crépax, acá la vamos a ver en la faz gráfica. Sin saltos al vacío, sin firuletes que compliquen la fácil lectura, con una puesta en página que prioriza siempre la agilidad del relato, acá el creador de Valentina sorprende con su virtuosismo apabullante en el manejo del blanco y negro, de la figura humana y –sobre todo- en el estallido de imaginación que pone al servicio de las naves, los decorados y la vestimenta de los personajes. Es una historieta en blanco y negro, pero tan bien puesto que te imaginás los colores, aparecen y se desarrollan atmósferas y sensaciones visuales que uno asocia inmediatamente con el color. Y me sorprendió también con el uso de las onomatopeyas, que tienen un peso enorme en la composición de las viñetas y tienen mucho más que ver con la estética de Jack Kirby que con la de Crépax, o la de cualquier otro autor europeo de los ´60. La verdad que la pasé muy bien. Me enganchó la aventura, el desarrollo de personajes funciona, los conceptos limados también, y por ahí Crépax no es el dibujante más indicado para la épica, o para las peleas cuerpo a cuerpo entre muchachos (y chicas) musculosos con super-armaduras futuristas, pero la verdad que en L´Astronave Pirata todo se ve demasiado bien como para colgarnos en ese tipo de objeciones. Un clásico a reivindicar, sin dudas.
Salto a Argentina, donde me llevé otra sorpresa con Faz, una breve historieta realizada y editada en 2020 por Scuzzo. Para mí, Scuzzo era un ilustrador y diseñador del carajo, pero no me lo imaginaba como historietista. Y acá le alcanzaron 28 páginas para subirse al vagón de los GRANDES historietistas. Faz parte de una idea genial, que está brillantemente desarrollada, en el espacio justo y con una altísima calidad en el dibujo, el color y los diálogos. Como en todo lo que hace Scuzzo, hay una utilización muy ingeniosa de la estética retro de los ´80, que acá se ve incluso en las publicidades en joda que acompañan a la historieta. Y la historieta está realmente buenísima. Scuzzo ofrece una narrativa muy ajustada, con muchos cuadros por página, todo bien compacto, sin nada librado al azar, con momentos muy graciosos, momentos shockeantes, momentos angustiantes… Un relato realmente muy logrado, que por supuesto si fuiste fan de The A Team (o Brigada A) te va a llegar mucho más. Gloriosas las referencias a películas y programas de TV, que van incluyen a Rambo, Los Simuladores, Seinfeld, El Chavo del 8 y South Park, entre varios más. Todo eso le da un plus a Faz que lo hace más memorable todavía. Ojalá que esto se venda mucho y Scuzzo se anime a producir aunque sea 28 páginas de historieta por año a este nivel.
Y termino con otra publicación argentina de 2020, el libro La Pandemia de mi Vida, que recopila historietas humorísticas de Ernán Cirianni, centradas en la vida del autor durante la extensa cuarentena que nos comimos el año pasado. El libro arranca con una historieta de cuatro páginas a todo color, que tiene un problema: es tan buena, que prácticamente nada de lo que vemos en las 96 páginas posteriores logra ese mismo impacto. De todos modos, me reí bastante, encontré situaciones muy graciosas, en las que me sentí identificado, o asqueado, o conmovido por el nivel de patetismo que Ernán le pone a este retrato de su vida cotidiana. Más allá del dibujo (del que ya hablamos bastante en otras reseñas dedicadas a los trabajos anteriores del autor), siempe aparecen esas frases explosivas que no te ves venir y que te arrancan una carcajada. ¿Hacían falta 100 páginas? Creo que no, que quizás pasando un peine más fino, se podrían haber elegido menos historietas y tener un libro que compile lo mejor, no TODO lo que produjo Ernán durante la cuarentena. Es loable el ejercicio de haber producido todo ese material a ese ritmo y en esas condiciones, pero no sé si se justifica tener todo en libro, a menos que seas MUY fanático del autor. Como crónica limada, desopilante, por momentos desgarradora de lo que fue la cuareterna, La Pandemia de mi Vida funciona muy bien. Como obra, como colección de historietas pensadas para que el lector diga “Qué capo Cirianni, le compro todo lo que publique de acá en más”, no tengo dudas de que hay otros títulos del autor que funcionan mejor. Uh, me fui al carajo. Cierro acá y la seguimos la semana que viene. No se olviden de pasar por https://comiqueandoshop.blogspot.com/. Faltan poquitos días para que se termine la oferta de los cuatro números de Comiqueando Digital por $ 1000, así que yo que ustedes la aprovecho. Gracias y hasta pronto.