el blog de reseñas de Andrés Accorsi

domingo, 10 de octubre de 2021

4 al 10 de OCTUBRE

Bastante escasa la lectura de esta semana, porque me enganché con un libro muy power SOBRE comics, que me absorbió muchas de mis pocas horas libres. Nunca había intentado la locura de empezar a leer una serie en el cuarto TPB, pero con Rumble hice la excepción. Esta creación de John Arcudi para Image tiene tres tomos dibujados por James Harren que nunca leí (ni siquiera vi) y que probablemente no lea nunca. Pero en el Vol.4 (de 2017) llega como dibujante David Rubín y ahí sobran los motivos para sumarse a la lectura de esta serie. Me da la sensación que Arcudi sabía muy bien que Rubín le iba a traer un nuevo flujo de público a Rumble, porque a lo largo de los episodios que recopila este TPB se esfuerza por brindarnos a los recién llegados la información indispensable para entender lo que había pasado en los primeros tomos. Y lo hace de manera muy piola, con la data bien dosificada como para no aburrir ni entorpecer el ritmo de la aventura. La faceta más épica de Rumble realmente me interesó poco. Las luchas ancestrales entre guerreros infinitamente poderosos, la intriga palaciega en esa especie de infierno… no me encontré con nada que me llamara demasiado la atención. Pero me enganchó mucho la faceta más mundana, la forma en que Rathraq (el protagonista) se vincula con sus aliados humanos y cómo estos se vinculan entre sí y con la comunidad en donde viven. Y si bien el dibujo de Rubín explota mucho más cuando dibuja batallas a todo o nada entre dioses y guerreros antiquísimos, también brilla y deslumbra cuando la acción se sitúa en un contexto actual y urbano. Ahí las batallas que se libran son otras, más chiquitas, más íntimas, y ahí emergen los momentos que más me gustaron del guion de Arcudi. Por supuesto, esto hay que tenerlo porque lo dibuja Rubín, un tipo cuyo talento para la narración gráfica pulveriza todos los límites, obra tras obra, sin importar para qué mercado trabaja. Apuntalado por la magia cromática de Dave Stewart, el gallego de Galicia arma un kilombo visual fascinante cuando el guion va para el lado del impacto, y la rompe en las expresiones faciales y corporales del vasto elenco de personajes cuando la historia avanza a través de las conversaciones, negociaciones y enrosques por vía oral. Si sos fan de David Rubín, no lo dejes pasar. El ídolo se queda hasta el final de la serie (el Vol.6), así que hay muchas páginas maravillosas por descubrir. Lo único choto es que, una vez terminada la historieta, el TPB se extiende más de 30 páginas, rellenadas con bocetos, portadas alternativas, pin-ups y demás boludeces que visualmente son muy lindas pero no aportan nada a nivel de la narración.
Y me queda por mencionar brevemente a Carolo, un librito con chistes escritos por Alejandro Farías y dibujados por Leo Sandler (ya vimos varios trabajos anteriores de esta dupa), publicados en blanco y negro y de a uno por página. Todos los chistes giran en torno al mundo de los insectos y sus particularidades, y algunos encuentran la vueltita graciosa en el juego de palabras. No recuerdo haberme reido mucho de ninguno, y el dibujo tampoco me generó lo mismo que otros trabajos previos de Sandler. A lo largo de los 64 chistes que ofrece el librito, Farías amplía todo el tiempo el elenco de la tira, sin la intención de desarrollar a los personajes ni indagar en las relaciones entre ellos. Simplemente están ahí porque las arañas, hormigas,moscas o lombrices habilitan chistes que no se podían hacer con los caracoles, que son los únicos protagonistas de las primeras tiras. Al tener un único dibujo por entrega, las tiras de Carolo no ofrecen ningún tipo de juego narrativo y tampoco está la intención de compensar este déficit con un laburo a destajo en fondos, o en texturas o juegos de iluminación que adornen un poquito a los dibujos. Estamos ante una tira cómica casi minimalista, en la que Farías y Sandler tratan de reducir todo a su mínima expresión. No digo que no esté bien hecha, pero a mí no me cautivó. Nada más, por ahora. Si quieren leer más, ya saben. Entran al sitio web de Comiqueando o se bajan la Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com . Gracias y hasta pronto.

sábado, 2 de octubre de 2021

27 de SEPTIEMBRE Al 3 de OCTUBRE

No tengo muchas ganas de escribir, pero como creo que mañana voy a tener menos ganas que hoy, pongo primera y arranco. Juliet e Gengis es el Vol.33 de la colección de novelitas gráficas de 96 páginas de Cybersix, secuela directa de la última que leí y que me pareció brillante. Esta tiene muy buenos bloques de texto (sospecho que escritos por Viviana Centol), pero la trama no me enganchó ni a palos como la del tomito anterior. Abusa un poco del recurso (muy típico de Trillo) de rellenar páginas con los sueños de los personajes, le da mucha bola al insportable Joseph (el hijo de Von Reichter) y lleva la idea de “el villano es un bebé de un año con chupete y pañales” a un extremo en el que la misma pierde la sutileza y el dramatismo que tenía la primera vez. Queda solo el impacto emocional de que Cybersix tenga que combatir a su propio hijo, pero se va diluyendo con el correr de las páginas. Era una idea excelente, pero para usarla menos veces, me parece. Por si faltara algo, Centol nos da los primeros indicios de que Gengis se le puede llegar a dar vuelta a Von Reichter y dejar de lado el objetivo de matar a su madre. Ojalá eso no suceda en las próximas entregas. El dibujo está a cargo de Gustavo Mazali, por supuesto alienado al estilo de Carlos Meglia, con fondos y personajes diseñados por el prócer quilmeño. Y si bien no está mal, le falta la magia de Meglia y se ven algunas limitaciones que no se veían en las historietas a cargo de Alejandro Santana o Ricardo Vispo. Era poco probable que este episodio estuviera al excelente nivel del anterior, pero yo me había hecho ilusiones…
Tenía sin leer otro librito de Jorge Quien, el Vol.2 de Anoche, un recopilatorio de 40 tiras en las que el autor cuenta e ilustra sus sueños. Son apenas tres o cuatro viñetas por tira, en las que los textos se hacen cargo de “contar la historia” mientras que los dibujos le agregan despliegue visual a lo que cuentan los textos. Libres del peso de llevar adelante la narrativa, los dibujos de Quien cobran vuelo y se prodigan en texturas alucinantes y claroscuros poderosos. No recuerdo haber visto otros trabajos de Jorge dibujados a este nivel. Y los sueños… sueños son, diría Calderón de la Barca. No les pidas coherencia, ni desarrollo de personajes, ni una evolución razonable hacia un final satisfactorio. En tres o cuatro viñetas hay, como mucho, una idea más o menos interesante, impactante o bizarra y hasta ahí llegamos. La edición del librito (publicado en Chile en 2017) es impecable y el texto con el que abre (tomado de un ensayo de Eric Fromm) es brillante. Allá por el 22/06/17 me tocó ver al enorme Matthieu Bonhomme cabalgar por las praderas del Lejano Oeste, en una excelente serie escrita por Lewis
Trondheim. Esta vez no solo escribe él mismo el guion, sino que además tiene la posibilidad de trabajar con Lucky Luke el cowboy más icónico del comic franco-belga. El Hombre que Mató a Lucky Luke tiene más páginas que los álbumes clásicos del solitario justiciero del Oeste, una narrativa mucho más jugada, que se anima a dejar de lado el esquema de páginas divididas en cuatro tiras, y una paleta de colores intencionalmente acotada, fiel a la estética de Morris. Visualmente es un trabajo intachable, que no defrauda en lo más mínimo ni al fan de toda la vida de Lucky Luke ni a los que alucinamos con cada obra que dibuja el bueno de Bonhomme. Pero el riesgo fuerte, la apuesta que si te sale bien te propulsa a la estratósfera y si te sale mal te hunde en la ignominia es la de contar una aventura de Lucky Luke sin pantomimas, sin bizarreadas como la de hacer hablar a Jolly Jumper y casi sin humor. O con un humor más sutil y más ácido que el de la mejor época de René Goscinny en la famosa serie. Y a Bonhomme le sale MUY bien. La mirada más cruda, menos ingenua (similar a la que Emile Bravo le aportó a Spirou), al universo y a la estructura narrativa de Lucky Luke resultan un aporte magnífico a la serie, y un mimo al alma de cualquier adulto que haya flasheado de pendejo con las aventuras del carismático cowboy. Sin dudas, un paso adelante, un nuevo hito en la mitología de un personaje que ya acumula 75 años de gloria. Y nada más, por hoy. Gracias a tod@s l@s que descargaron la Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y será hasta el finde que viene.

sábado, 25 de septiembre de 2021

KRAZY KAT: THE COMIC ART OF GEORGE HERRIMAN

Esta vez me tomé toda la semana para leer un solo libro… pero qué libro, maestro. 224 páginas de las cuales… más de 70 son textos y el resto, todo historietas. Y además historietas anteriores a 1945, algunas con más de 100 años de antigüedad. La selección de las historietas y la redacción de los textos corrieron por cuenta de Karen O´Connell, Georgia Riley de Havenon y el maestro Patrick McDonnell, el genial creador de Mutts. Es una selección alucinante, pensada para ampliar nuestra comprensión del universo gráfico y mágico de George Herriman. Hay planchas de casi todas las obras del maestro anteriores a Krazy Kat, y una vez que nos centramos en su obra magna, hay tiras diarias, planchas dominicales en blanco y negro, planchas dominicales a color y hasta unas cuantas planchas e ilustraciones que originalmente se publicaron en los diarios en blanco y negro, pero que Herriman coloreó con acuarelas y tintas para regalárselas a amigos suyos. Todo esto reproducido con una calidad incuestionable y acompañado de textos muy completos, redactados de modo muy dinámico, que nos aportan datos valosísimos acerca de la vida de Herriman y su familia, y del contexto histórico en el que le tocó trabajar. De la mano de McDonnell, O´Connell y Riley de Havenon me enteré de muchísimas cosas que desconocía, especialmente acerca de los trabajos de Herriman anteriores a Krazy Kat. Pero no quiero caer en la tentación de transcribir la información que aparece en el libro, ni de usarlo como machete a la hora de contar qué impresión me causó volver a leer Krazy Kat después de muchos años. Esta es una historieta sobre la que se ha escrito muchísimo, y no es fácil ir por otro lado, sin repetir ideas o conceptos que uno ya leyó en otro lado. Creo que (además de la calidad de la historietas) lo que más me llamó la atención es que Krazy Kat es intraducible. No solo por la manera en que Herriman deforma las palabras, en esa búsqueda de que suenen más graciosas y más parecidas a la fonética que a la ortografía. Algo de eso también vimos en el Popeye de Elzie Segar, y no es fácil de traducir, pero se puede. El tema es que Herriman jamás aclara si Krazy Kat es macho o hembra, y de hecho ese dato va variando, es una identidad de género tan fluida que no se queda quieta. A veces se establece que es gato, a veces que es gata y a veces los propios chistes ironizan acerca de esta indefinición. Se supone que si los dos personajes que se vinculan afectivamente con Krazy son varones, Krazy debería ser mujer, pero no está para nada claro y no son pocas las tiras en las que se denomina al personaje como “he” (él). Entonces, si Krazy dice “I´m in love” y el traductor pone “estoy enamorada”, está mal. Y si pone “estoy enamorada”, también está mal. Cualquier indicio que rompa esta ambigüedad, va en contra de lo que quiso hacer Herriman, que era precisamente mantener al lector desorientado, sin saber nunca si Krazy era una gata heterosexual o un gato homosexual. Por supuesto, en ninguna de las historietas reproducidas en el libro aparece la palabra “homosexual”. Te regalo tener que traducir esta historieta al castellano. Otra cosa que me llamó mucho la atención es cómo incluso en las planchas de los años ´30 y ´40 Herriman se resiste a incorporar planos en los que los personajes no se vean de cuerpo entero. A veces los enfoca más de cerca, a veces más de lejos (para que se luzcan esos paisajes majestuosos basados en los desiertos de Arizona), pero prácticamente nunca nos muestra solo las cabezas de los personajes, ni siquiera cuando estos largan extensos globos de diálogo- Algo que para los años ´30 ya estaba completamente naturalizado en las historietas que aparecían en los diarios de EEUU, en Krazy Kat se vio poquísimo, y muy sobre el final de la tira. Y el otro elemento (este sí, más abordado por varios textos que leí sobre la serie) es esa relación absolutamente promiscua entre humor y poesía. Poesía humorística o humor poético. No importa, llamalo como quieras. Acá tenemos situaciones 100% en joda (que rara vez motivan carcajadas, pero siempre te sacan sonrisas) en las que se ven involucrados todo el tiempo recursos poéticos e incluso una mirada poética del mundo, de los personajes, su entorno y la forma en que se vinculan. Sobre el dibujo de Herriman también se escribió muchísimo, y es realmente increíble. Durante muchos años, es un típico dibujante humorístico de aquella época, muy suelto, muy plástico, con gran manejo de los sombreados y los detalles. Y en algún punto, encuentra una síntesis imposible, que le hace pegar un salto cualitativo brutal y que logra que en sus últimos años Krazy Kat adopte una estética totalmente moderna, o por lo menos atemporal. Si te dicen que esas planchas de 1942 son de 1972, te lo creés sin ningún problema. Y si te dicen que son de 2002… por ahí desconfiás un toque, pero no lo descartás de plano. Y nada más. Krazy Kat es una historieta que se publicó casi todos los días entre 1913 y 1944, que perduró más por el prestigio del autor que por su popularidad entre los lectores, y que estaba obviamente adelantada a su época. Hoy, por suerte, tiene el status que se merece, de Obra Maestra, de genialidad absoluta, de joya vanguardista difícil de explicar en el contexto de 1913 e incluso en el de hoy. También por suerte hay muchas reediciones, como para descubrirla como y cuando quieras. Esta en particular me encantó, por la calidad de los textos y la posibilidad de ver material de las otras obras de Herriman. Gracias por el aguante y hasta el finde que viene.

sábado, 18 de septiembre de 2021

13 al 19 de SEPTIEMBRE

Esta semana pude leer un poco más, por suerte. Arranco con el Vol.32 de Cybersix, una historieta de hace 25 años que nunca había leído y que superó todas mis expectativas. Escrita por Fer Calvi (bajo la atenta mirada de Carlos Trillo) y dibujada por Ricardo Vispo (con fotocopias de fondos y personajes dibujados por Carlos Meglia), esta aventura le pega un giro impresionante al plot que esta serie arrastraba hacía tiempo, que era el secuestro del bebito de Cybersix (y Lucas Amato) por parte de Von Reichter, el principal villano de la saga. El guion ofrece una alquimia perfecta entre peleas, emociones fuertes, pinceladas de un humor ácido, incluso toques de humor más inocente o más absurdo, y esa cuota de desolación que aporta Lori (Maura, para los italianos) en esa lucha contra la drogadicción, que todo el tiempo sabemos que va a perder. En estas 96 páginas no hay relleno: pasa de todo y todo es importante, conmovedor y potencialmente disparador de más y mejores episodios. Espero que entre los tomos que me falta leer haya… dos o tres guiones a un nivel similar al de “Un figlio di nome Gengis”. El dibujo de Vispo está muy logrado, muy bien acoplado al relato que propone Calvi y muy respetuoso del estilo de Meglia. Sin estridencias, por ahí sin la magia del maestro quilmeño, pero muy eficaz a la hora de transmitir la intensidad arrolladora de todo lo que sucede en estas páginas. Parecía mentira que, entrega tras entrega, Trillo y sus colaboradores siguieran estirando la saga de Cybersix sin meterse a fondo con el mejor subplot que tenía la serie, y bueno, acá queda claro lo mucho que se puede impactar al lector cuando esa punta argumental se coloca en el centro de la escena y se desarrolla con huevos y talento. Me encantó.
Uno por ahí no se daba mucha cuenta, pero hace 10 años este blog estaba muy adelantado a su época. Entre otras cosas, porque hablábamos de autores y obras que mucho después se empezaron a publicar y a hacerse más o menos populares por los lectores del habla hispana en general, y de Argentina en particular. Un caso emblemático es el de Inio Asano, y un testimonio elocuente de esto es que este año se pubicó en nuetsro país un tomo con todas las historias de What a Wonderful World, que yo reseñé en este espacio los días 2 y 11 de Febrero de 2010. Como el tomo de Ivrea trae material que las ediciones yankis no traían, me deshice de ellas y ahora tengo la hermosa edición nacional. Felizmente, me acordaba poco y nada de las historietas que leí hace más de 11 años, así que volví a disfrutar un montón eta nueva lectura. Como ya opiné acerca de los dibujos y los guiones, esta vez quiero hacer hincapié en la traducción de Pablo Tschopp, que en general me pareció buenísima. Le encontré un problema, que aparece cuando los personajes (que supuestamente hablan en argentino) dicen cosas tipo “fuimos amigos por 15 años”, “te esperé por tres horas” o “viví en ese barrio por ocho años”. Eso es horrible, parece una mala traducción del inglés, donde se dice “I lived in that neighborhood for eight years”. En Argentina, ese “por” está totalmente de más a la hora de medir el tiempo. Acá decimos “fuimos amigos 15 años”, “te esperé tres horas”, etc. El resto, funciona muy, muy bien. No hay un abuso de las puteadas argentas, ni nada que obstaculice la sensación de realidad que transmiten las historietas de Asano. Y está esa última historieta de 16 páginas, que yo no conocía y que me pareció bellísima. Así que, una vez más, recomiendo fuerte este hermoso trabajo de un Asano primerizo pero devastador, esta vez en su exquisita edición nacional y popular.
Hacía bastante que no leía trabajos de Jorge Quién, y esta vez me toca comentar el que más me gustó (hasta ahora) de las obras de este extrañísimo autor. Bestinta es una novela gráfica de 64 páginas, realizada íntegramente por Jorge con la mano izquierda, su mano menos hábil. Entre un argumento que parece a todas luces improvisado sobre la marcha y la dificultad de trabajar con la mano que habitualmente no usa, se podría hablar casi de un suicidio artístico por parte del argento-chileno. Y sin embargo Bestinta es una obra atrapante, divertida, ingeniosa, impredecible, que llega (por caminos poco convencionales) a una muy buena resolución. Jorge Quién combina introspección y machaca, bizarreada y reflexiones profundas, dibujos a mano alzada con imágenes muy logradas, y siempre con la mano izquierda, con la que consigue resultados asombrosos. Lo único que no me cerró es el tema del rotulado, con letras muy grandes (también escritas con la zurda), que a veces ocupan demasiado espacio dentro de las viñetas. Cuando llegan las páginas más habladas, o con más bloques de texto, estas letras enormes (y las tachaduras) cobran una centralidad desmedida, en detrimento del dibujo y esas páginas se deslucen bastante. El resto, una delicia. Una historieta 100% experimental sin fisuras, que cualquier fan de las obras anteriores de Quién va a aplaudir de pie, y que además le puede cosechar nuevos fans a este autor siempre inquieto. Esta es una edición de Fadel&Fadel de 2018, que no sé si será fácil de encontrar, pero aún así me animo a recomendar que la busquen y la lean. Ahora sí, nada más. Gracias y hasta el finde que viene.

sábado, 11 de septiembre de 2021

6 al 12 de SEPTIEMBRE

Otra semana de pocas lecturas, pero bueno, ustedes ya saben… Mucho trabajo, complicaciones, la sanata de siempre. Y también saben que si quieren leer mucho más, se pueden descargar la Comiqueando Digital nº3 en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y disfrutar horas y horas de artículos, secciones, columnas y contenidos audiovisuales exclusivos. Hoy tengo para reseñar dos libros antiguos, y arranco con el Vol.2 de Yugurta, editado en España en 1981, pero realizado por Jean-Luc Vernal y Hermann mucho antes, a fines de los años ´60 para la revista Tintin. Este es el último tomo que dibuja Hermann, pero la serie continuará 14 álbumes más, que no creo que lea nunca. Esta segunda entrega no se separa en nada de la anterior (ver reseña del 21/08/21), pero a mí me atrapó bastante menos, se me hizo más pesada. Me encantó ver a Hermann romper varias veces la grilla de las cuatro tiras por página, para lucirse con viñetas más grandes. Pero si bien visualmente este álbum es más poderoso que el anterior, el relato me resultó más previsible y menos emocionante. Por ahí porque ya conocía a los personajes y a la situación, y la verdad que lo único que podía sacudir ese estado de cosas que planteaba Vernal en el Vol.1 era la confrontación directa entre Yugurta y el Imperio Romano… cosa que sucede, pero de modo intermitente, con escaramuzas, más que con una guerra posta. En el medio, en el tira y afloje entre el orgulloso príncipe númida y los corruptos senadores romanos, la trama se hace protocolar, muy conversada al pedo. Ojo, me parece loable que en una historieta juvenil el guionista se juegue a explicar el “lado B” de los conflictos bélicos, la trama de ambición, poder y codicia que casi no deja espacio para la epopeya. El tema es que no lo hace con la fluidez ni con la pericia que la situación (a mi juicio) requería. Así que me sorprendí “pidiendo la hora” varias veces. Me quedo con el Vol.1, como testimonio de lo más cercano que encontré a un “Year One” del maestro Hermann, y si bien acá el dibujo está un poquito mejor, no me resultó una lectura para nada imprescindible ni algo que se deba recomendar enfáticamente a los fans del maestro belga que siguen este blog.
Me vengo a Argentina, año 1989, porque felizmente conseguí el libro que más me calentaba de los que me faltan de la colección de Grandes Humoristas Argentinos que publicó Hyspamérica en aquellos días hiperinflacionarios. “No le veo la gracia” recopila una enorme cantidad de chistes de una sola viñeta y unas poquitas historietas de una sola página del maestro Manuel Peirotti, más conocido como Peiró. A diferencia de otros libros de esta colección en la que se agrupaba material de distintas épocas, que nos permitían ver distintos estadíos en la evolución del autor, el de Peiró ofrece un contenido muy, muy homogéneo. No hay un solo chiste que te haga suponer “esto es mucho más antiguo que el resto, esto es de los inicios de la carrera de Peiró”, o cosas por el estilo. Si te dicen que Peiró dibujó todos estos chistes en el mismo año, te lo creés, tranquilo. Obviamente no es así: el material está realizado a lo largo de (aventuro yo) toda la década del ´80. Pero arranca en un nivel altísimo y se mantiene así, durante todo el libro. Son casi 160 páginas, algunas con un solo chiste, otras con cuatro chistes, o sea que la cantidad de gags es brutal. Y la efectividad, altísima. Me reí fuerte muchas veces. Lógicamente, algunos chistes hoy atrasan un poco (por ejemplo, los del cuarentón pusilánime que la juega de pirata para “escaparle” o para burlar a una esposa gigantesca y con cara de déspota, ya quedaron muy atrás), pero no son muchos. Tampoco hay una gran cantidad de chistes anclados a una coyuntura que hoy no se entienda: en general casi todos los temas de los que se reía Peiró en los ´80 hoy siguen bastante vigentes (para bien y para mal). Y donde mejores resultados obtiene el cordobés es en el humor negro, macabro, filoso, con exquisita mala leche. Esos chistes, y los que juegan a extremar por medio del grotesco las miserias económicas y morales de los argentinos, me causaron mucha gracia. Por supuesto que aunque no me hubiese reído nunca en todo el libro, igual lo recomendaría, por la calidad desorbitada de los dibujos. Peiró es un dibujante perfecto, dueño de un trazo preciso, personal, brillante, que le permite descollar tanto en el humor gráfico como en historietas de corte más dramático. Su manejo de las manchas, las arrugas de la ropa, los detalles que observa y reproduce, las expresiones de las caras, el trabajo en fondos y objetos… todo está muy por encima de la media de los típicos cuadritos que cuentan un chiste en una única viñeta. Si tenés Córdoba Blues (y si no, compralo hoy mismo), ya tenés la mitad más aventurera del Peiró más grosso, que fue el de los ´80. Y con No le veo la gracia, completarías la otra mitad, la mitad más volcada al humor. No te digo que cierro ahí, porque faltan recopilar varias historietas humorísticas realizadas por el ídolo en los ´80. Pero con estos dos libros, me armé un combo devastador. Nada más, por hoy. Será hasta el finde que viene. Gracias por el aguante.

sábado, 4 de septiembre de 2021

30 de AGOSTO al 5 de SEPTIEMBRE

Si leés esto el sábado 4 de Septiembre, Feliz Día de la Historieta. Si no, no calienta. Vamos con las reseñas del escaso material que pude leer esta semana. Empiezo con una historieta hecha por autores argentinos para Italia, e inédita en nuestro país: el Vol.31 de la colección de novelas gráficas de Cybersix, publicado en 1996. Esta vez el guion aparece firmado por Carlos Trillo “con la collaborazione” de Fernando Calvi, mientras que Alejandro Santana aparece acreditado como colaborador de Carlos Meglia en el dibujo. Me atrevo a asegurar que, salvo algún otro fondo, todo en esta historieta está dibujado por Santana, que para 1996 era un clon impecable de Meglia, sin la magia, sin el desparpajo del que hacía gala el maestro, pero de gran solidez gráfica y narrativa. O sea que en el apartado visual tenemos un producto más que digno. El guion tiene un solo problema, y es que está muy estirado. Una historia que podría contarse en 40 páginas, se cuenta en 96. El resto está muy bien. Habitualmente, en los episodios en los que se presentan nuevos personajes, Trillo y su equipo desarrollan mucho a estos, y poco a Cybersix. Esta vez se nota que Trillo y Calvi quieren darle mucho relieve a Hard Boiled, pero también trabajan a fondo al villano y hay espacio para que Cybersix tenga un rol interesante en la trama, y hasta se mecionan un par de los subplots de largo aliento que para este momento estaban sin resolver. Hay muchos homenajes a los clásicos de la novela negra norteamericana, a Titanes en el Ring (de hecho aparece Martín Karadagián) y a Hulk. No me lo imagino a Trillo fan de Hulk o de los Titanes, con lo cual sospecho que eso vino de la mano de Calvi. En general, la trama fluye de manera lógica y si bien está un poquito forzado el tema de que Adrián Seidelman quede al frente de una agencia de detectives, el relato está bien llevado, te logra atrapar. Además, el buen nivel de los textos y la forma en que se dosfican las revelaciones acerca de Hard Boiled y los villanos hacen que el interés no decaiga pese a lo extenso de la narración. Así que el balance general es bastante positivo. Sin ser la gloria ni mucho menos, “Un vendicatore per amico” es una historieta correcta, sin fisuras y entretenida, lo cual no es poco.
Me voy a EEUU, año 2017, cuando se publica el primer recopilatorio de Snotgirl, una creación del consagrado Bryan Lee O´Malley junto a la notable Leslie Hung. Snotgirl es un comic de doble filo: utiliza una estética que puede parecer cool o frivola, precisamente para satirizar el mundo cool y frívolo que habitan las protagonistas. Redes sociales, moda, maquillaje, reuniones top, cafés con condimentos raros, noches de música y tragos… El mundo de la gente joven y hermosa de Los Angeles se parece bastante al del resto de las grandes ciudades, y O´Malley nos los muestra sin filtros de Instagram. Por debajo de todo eso, incluso por debajo de la comedia (que tiene momentos muy eficaces), hay una historia de vínculos, o de cómo el cálculo y la especulación pueden deteriorar los vínculos. Y también una subtrama de misterio, como para manchar con un poco de sangre tanto glamour. Es un combo extraño, pero funciona bien a varios niveles. No te digo que es lo más genial que leí en años, ni que mi vida carece de sentido hasta que consiga y lea los tomos posteriores, pero me encontré con un comic que atrapa por motivos distintos a la mayoría, con los cheap thrills pensados y mostrados de un modo muy original. El dibujo no es hiper-original pero sí muy bueno, el color es maravilloso, y lo único que tengo para criticarle es que Leslie Hung parece confiar poco en su capacidad para “narrar de lejos” y abusa de los planos cerrados, donde se ven las cabezas de los personajes y muy poco más. Esto le permite dibujar muy pocos fondos, pero la verdad que este comic quedaría mucho mejor con más fondos, con más atención a paisajes y decorados. Dudo mucho que O´Malley pueda estirar esta historia más allá de las 250-300 páginas sin que esta pierda atractivo, pero por ahora Snotgirl me resulta un título fresco, inteligente y bastante recomendable. Nos reencontramos por acá el finde que viene, pero este lunes no dejen de pasar por https://comiqueandoshop.blogspot.com/ a descargar el monumental nº3 de Comiqueando Digital. Y si quieren conocer en persona a los más grandes autores de la historieta argentina, se pueden acercar el viernes 10 a las 16:30 a la explanada de la Biblioteca Nacional, donde vamos a estar realizando la ceremonia de entrega de los Premios Cinder. Nada más. Gracias y hasta pronto.

martes, 31 de agosto de 2021

SHANG-CHI AND THE LEGEND OF THE TEN RINGS

Como fanático talibán del Shang-Chi de los ´70 y ´80, y feliz propietario de la colección completa de Master of Kung-Fu, entré al cine cagado de miedo. Temblaba como una piba de 18 años flaquita y petisa que sale a la cancha a dirigir una final de futbol americano. No había visto trailers, ni sabía nada del argumento, ni de los actores, ni del director, pero por los afiches, y por comentarios de conocidos que siguen la previa de las pelis de Marvel, llegué a la función convencido de que iba a ver una especie de Dragon Ball Z del Universo Marvel: una comedia con chistes y luchas de artes marciales imposibles, combates a muerte con hiper-poderes entre personajes cada vez más zarpados. Y sí, hay muchos más elementos fantásticos de los que yo quería ver, y hasta un personajes meciona que otro tiró un kame-hame-ha, pero por suerte no es el Dragon Ball Z del Universo Marvel. No es una película del Shang-Chi clásico, ni está apuntada al geronte que se bajó los 125 números de Master of Kung-Fu, pero funciona. De aquella majestuosa revista escrita por Doug Moench solo queda una idea: el protagonista es un pibe chino entrenado para ser el perfecto asesino, y se le da vuelta a su padre, que es el capo cuasi-inmortal de una mega-organización criminal. El resto va totalmente para otro lado. A lo largo de 132 minutos, Destin Daniel Cretton ofrece una buena aventura repleta de acción, con una cantidad bastante aceptable de chistes, muchas peleas al límite, momentos épicos que aspiran a emocionar a los fans de Lord of the Rings y –como ya dije- un exceso en materia de elementos fantásticos, que no desentonan con el Universo Marvel en su conjunto, pero que se llevan a Shang-Chi muy lejos de la versión que a mí más me gusta. Es como si me contaran en los flashbacks la vida de Shang-Chi y en el presente una aventura de Iron Fist. Y ya que menciono a los flashbacks, estos son muy emotivos y le dan muchas oportunidades para brillar a varios de los miembros del elenco (especialmente a Tony Leung, al pibito Jayden Zhang y a la diosa Fala Chen), pero hay un par más de los que hacían falta. Llega un punto, sobre todo en el último tercio de la cinta, que ya no quería ver más flashbacks a la infancia de Shang-Chi, que además están narrados a un ritmo mucho más pachorro, además de hablados en chino. Esto último no me molesta, eh? Está bueno que la película grite todo el tiempo “¡puta que vale la pena ser chino!”, así como Black Panther agitaba todo el tiempo las banderas de los nativos africanos. Pero por ahí con un par de flashbacks menos, se podía contar lo mismo sin caer en esos pozos de alta densidad. El flaco que hace del Shang-Chi adulto es el clásico héroe de acción de Hollywood: a nivel actoral no descolla demasiado, pero la tiene atada a la hora de revolear patadas de kung-fu. La sorpresa más grata me la dio Awkwafina, una chica a la que no conocía y (me entero googleando) es actriz y rapera. Le tocó un personajón, que evoluciona muchísimo a lo largo de la película y al que Awkwafina dota de un carisma arrollador, como para que aplaudamos fuerte la próxima vez que la hagan aparecer en alguna otra película o serie del MCU. Obviamente no reemplaza a Black Jack Tarr ni a Clive Reston ni a Leiko Wu, pero funciona muy bien en la dupla “bromántica” con Shang-Chi porque es la que mantiene los pies sobre la tierra cuando el argumento adquiere niveles de fantasía rayanos en el delirio psicotrópico. El resto muy bien, bien la música, los trajes, los efectos especiales, las criaturas fantásticas, y sobre todo la coreografía de las peleas, que es electrizante. La escena en los andamios del edificio de Macao, excedida en duración y todo, es una cátedra de cómo se filma cine de acción. Y la lucha en el bondi con Razorfist (único villano de la gloriosa cosecha de Doug Moench que llegó al celuloide) también es increíble. Lo único que me pareció muy choto es que en las peleas practicamente no se ve sangre. Tenés hiper-ninjas que se tiran con todo, armas ultra-letales, violencia para tirar al techo… y una sequía de sangre comparable a la que atraviesa hoy la zona del Paraná. Finalmente, el hecho de que esta aventura transcurre en el Universo Marvel es durante casi toda la cinta entre menor e irrelevante. Pero los epílogos abren varias puntas para que Shang-Chi y sus personajes secundarios puedan integrarse fácilmente a este maravilloso tapiz que Kevin Feige y sus huestes están hilvanando entre películas y series. Si Jonathan Hickman pudo sumar al capo del kung-fu a las filas de los Avengers, los dementes de Hollywood no van a ser menos.

sábado, 28 de agosto de 2021

23 al 29 de AGOSTO

Semana complicada, por muchísimos motivos, pero igual pude leer un par de cosas. Gracias a la nueva y magnífica edición de Ivrea, me volví a sumergir en 20th Century Boys, una serie que había empezado hace muchos años, en inglés y de prestado, y que en algún momento dejé de leer. Me acordaba muy poquito de la trama, por suerte, y eso ayudó a que me volviera a atrapar por completo. En este manga hay una cantidad brutal de elementos gancheros, y es casi imposible de enumerarlos a todos. Para sintetizar, creo que acá Naoki Urasawa termina de dominar lo que ya había ensayado en Monster, que es el manejo molecular del suspenso. Esa capacidad asombrosa para dosificar la información, dejarte siempre con ganas de saber más, cortar cada escena en el momento justo, en el que el impacto dramático de lo que se cuenta está en su cénit. Además de todo eso, Urasawa complementa una trama muy espesa de misterio y conspiraciones con secuencias ambientadas en la infancia de los protagonistas, en las que el humor y la ingenuidad rompen un ratito con el clima ominoso del resto de la historia. También hay pasos de comedia muy logrados en las escenas que transcurren en el presente, que supongo que desaparecerán gradualmente, a medida que se tense cada vez más el conflicto principal. No quiero contar nada de la trama, pero sí señalar que estamos en manos de un maestro absoluto de la narrativa. Urasawa se da todos los lujos, todos. Hasta construir perfectamente, como si fueran los protagonistas de toda la obra, a personajes a los que va a utilizar menos de 20 páginas. Quiero que esto dure para siempre, que 20th Century Boys sea hasta el final un gran manga de misterio, narrado en clave muy realista, con personajes muy humanos, con situaciones cotidianas, perfectamente reconocibles, que eventualmente se van a enroscar en torno a esto que está sucediendo. Ojalá no aparezcan elementos fantásticos ni sobrenaturales, ojalá Urasawa no amplíe demasiado el elenco protagónico, ojalá haya más secuencias ambientadas en la infancia de Kenji y sus amigos, más pinceladas que nos permitan vislumbrar cómo se vivió en Japón el estallido del rock anglófono a fines de los ´60 y principios de los ´70… Así como está, esto es mágico e insuperable. Y encima está dibujado como los dioses por un autor que brilla sobre todo en las expresiones faciales, pero al que le sobra solidez en todos los rubros. Tengo un par de tomos más de 20th Century Boys y haré fuerza para no devorármelos esta semana que arranca el lunes.
Me vengo a Argentina, año 2021, para hablar un poquito de Lo Que Ya Pasó, un recopilatorio de cuatro historias cortas, escritas por Brian Janchez y dibujadas por Pablo D´Alio. Son historias tan fieles a la impronta de Janchez, tan imbricadas (con perdón de la palabra) en el estilo de este autor, que resulta extraño verlas dibujadas por alguien que no sea él mismo. No es que D´Alio dibuje mal. Para nada, el dibujo es muy bueno, se complementa bien con los climas que evocan los guiones y tiene momentos de gran belleza plástica. Pero las historias son tan Brian que me pasó algo similar a lo que viví cuando Darwyn Cooke dibujó Twilight Children (ver reseña del 16/03/18). En cuanto a las historias, creo que la que más me gustó fue la primera, pero las cuatro están muy bien. Creo que a “La ametralladora” le faltó una vueltita de tuerca más en el final, como para bancar un poco el clima tenso que se genera a la mitad del relato, y no más que eso. Son historias atractivas, distintas entre sí y con muy buen nivel en los diálogos y los bloques de texto. Si sos fan de Brian Janchez, seguro te van a encantar, y además vas a conocer a Pablo D´Alio, un dibujante que todavía no explotó, pero que tiene varias historietas publicadas y en todas sorprende con su manejo del pincel y las aguadas. Nada más, por hoy. Gracias y hasta el finde que viene.

sábado, 21 de agosto de 2021

16 al 22 de AGOSTO

Bueno, esta semana leí bastante, no sé si mucha cantidad, pero seguro bastante variado. Empecé con Yugurta, una serie de aventura histórica realizada por Jean-Luc Vernal y el maestro Hermann para la revista Tintin, allá por 1967. Es una historieta clásica, con mucho sustento en la historia real de los pequeños reinos del norte de África en los tiempos del Imperio Romano y las Guerras Púnicas. Una historia de honor, lealtad y coraje, contada de manera muy tradicional, con páginas que nunca bajan de las 10 u 11 viñetas, mucho rigor en la documentación histórica, sin chistes, sin tramas románticas, sin personajes femeninos, con bastante acción pero poco énfasis en la sangre. No me aburrió principalmente porque me encontré con unas cuantas secuencias mudas, en las que estos príncipes, caudillos y dignatarios imperiales se callan un poco la boca y dejan que el dibujo conduzca el hilo de la narración. Y el dibujo es muy bueno. Hermann está todavía muy verde, le falta muchísima sopa para ser el Hermann de Comanche, o sea que está a años luz del Hermann de los ´80 en adelante, que es el que a mí más me gusta. Pero la jerarquía se le nota más que la inexperiencia. El belga sabía que estaba haciendo sus primeros palotes, y para asegurarse de no pifiar, optaba por el camino más seguro: chorearle al maestro Jijé, al capo indiscutido de aquella época al que copiaban todos los muchachos que se volcaban a los estilos vinculados a la aventura realista. El resultado es ese: un Hermann embrionario que se disfraza de Jijé y le da a Yugurta una impronta para nada personal, pero sí muy efectiva. Tengo el segundo álbum, también pendiente de lectura, y creo que Hermann solo dibujó esos dos. Cualquier garrón que haya que comerse en materia de guiones, está ampliamente justificado por el atractivo de ver en primera fila los inicios de este monstruo sagrado del dibujo y la narrativa, que hoy sigue vigente con sus 81 enormes años.
Me voy a Italia, al año 1996, cuando se publica el 30º tomito de 96 páginas de Cybersix, con una nueva novela gráfica completa de la superheroína-androide-vampiro-transexual. Esta entrega tiene la particularidad de que en los créditos solo figuran Carlos Trillo y Carlos Meglia, con lo cual se puede suponer que esta vez la dupla produjo estas 96 páginas sin asistentes, ni en el guion ni en el dibujo. Eso hace a “Bella Senz´Anima” una historieta 100% atractiva… hasta que la leés. Ojo, no es chota. Comparada con muchas de las que vimos hasta ahora, es una buena novelita de Cybersix. Pero sigue sin acercarse al nivel que tenía la serie cuando Trillo y meglia producían solo historias cortas de 12 páginas. Acá el principal problema es que el argumento daba para… una historia corta de 12 páginas, 16 con la mejor voluntad. Y la decisión de estirarla a 96 hace que Trillo le agregue un sinnúmero de escenas muy predecibles, que están narradas con onda y oficio, pero que podrían tranquilamente no estar. ¿Qué logra con esta estirada brutal? Que los verdaderos protagonistas de la aventura, que son el ángel Azrael y el demonio Shaitan (ambos de infinito poder), no se ajusten al clásico estereotipo y ganen en complejidad y profundidad. Y nada más que eso. El conflicto central, en el que ambos se disputan la afiliación de Cybersix a un bando o al otro, se resuelve en menos de 10 páginas, que ni siquiera son las más divertidas. O sea que, de verdad, la estirada del argumento daño seriamente al guion. Por suerte el dibujo es espectacular como pocas veces, con Meglia desencadenado, prendido fuego, dispuesto a demostrar quién es el dueño de la magia visual que tantos otros dibujantes trataban de reproducir en los episodios que el quilmeño “tercerizaba”. En algún momento, el tedio le gana a Meglia y el nivel de descontrol baja un poquito. Pero las primeras 30-35 páginas son un despliegue de talento e imaginación al filo de la maravilla. Solo por eso, “Bella Senz´Anima” entra entre los mejores libritos de esta colección, eternamente inédita en castellano.
Y termino en España, donde entre 1996 y 1997 el gigantesco Carlos Giménez se relaja un toque y produce las siete historietas contenidas en Sexo y Chapuza Vol.6: Talla Especial. Estas son comedias costumbristas, sin elementos fantásticos, sin política, sin pathos. Es simplemente Giménez en plan de joda, dedicado a narrar con su línea versátil y preciosa breves anécdotas que le cuentan sus amigos, ya sea Enrique Ventura, Miguel Fuster, o algún otro. Las anécdotas de Fuster las cuenta a través de un personaje llamado Miguel, un loser al que su mujer lo abandonó y desde entonces se dedica al escabio y al sexo con prostitutas. Y para las otras, crea a los amigos Edu, Pablo y Leo, tres jóvenes alzados dispuestos a casi todo con tal de ponerla. Obviamente no todos los guiones son igual de buenos. Hay un par MUY buenos y un par meh. Y el título no es humo: en todas es importante el sexo y la joda. Hay diálogos muy graciosos, personajes bien delineados, situaciones al límite, y en general se hace todo muy llevadero porque las historias son cortas, como deben ser las anécdotas para que funcionen. Y –ni hace falta decirlo- está todo tan pero tan bien dibujado, que las historias podrían ser infinitamente más pedorras, y aun así estaríamos hablando de un libro que vale la pena tener. El dibujo de Giménez y su intuición para armar las escenas, elegir los encuadres y ponerle un tempo narrativo a cada uno de estos relatos son sencillamente perfectos. No hay fisuras, no hay “peros”, no hay improvisación. Hay un maestro totalmente afianzado en un oficio que domina como nadie, y que no tiene problema en dar el 100% de su talento incluso para contar historias “menores” de borrachos patéticos y borregos alzados. Genio absoluto. Y nada más, por hoy. Sigo laburando con tutti para que pronto puedan descargar el nº3 de Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/. Gracias y hasta el finde que viene.

sábado, 14 de agosto de 2021

9 al 15 de AGOSTO

Sepan disculpar si la sreseñas de hoy no están muy inspiradas, pero la verdad es que tengo la cabeza 100% en otra cosa. Bah, en realidad 85% en llegar con las fechas a la salida del nº3 de Comiqueando Digital, y el 15% en otras cosas. Allá por 2010, en los albores de este blog, me tocó comentar el primer tomo de la antología Flight, publicado en su momento por Image. Después de ese enorme éxito, Kazuo Kibuishi siguió al frente de la antología, pero se la llevó a la editorial Villard, que publicó varios tomos más. Hace poco conseguí muy barato el Vol.6, también compuesto de historias cortas de autores poco conocidos, y ahí me quiero meter hoy. La primera historia, a cargo de Michel Gagné tiene dos problemas: es muda y es muy larga. Pero lo que cuenta está bueno y el dibujo es hermosísimo, así que no jode que ocupe muchas páginas, ni tampoco hacía falta el texto para entender y disfrutar la trama. Por ahí era más lindo contarlo con movimiento y sonido, en un dibujo animado. Pero así como está, está muy bien. La segunda historieta, a cargo de JP Ahonen, tiene un dibujo correcto, un color excelente y diálogos y situaciones muy graciosas. Es una comedia costumbrista, con pinceladas de delirio y mala leche, muy lograda. La historieta que aporta Kazuo Kibuishi está mejor dibujada que muchas de las páginas que nos ofreció en la saga de Amuleto, y con el color al mismo y espectacular nivel. El guion es una aventurita menor, no exenta de una cierta onda pulp. Después tenemos otra comedia disparatada y con un humor original y eficaz, a cargo de Graham Annable, un muchacho que curte la misma estética que Ernán Cirianni, pero un poco más prolijo. Dead at Noon es otra historieta 100% muda, esta vez un western narrado y dibujado como los dioses por Rodolphe Guenoden, seguramente el más grosso de los autores cuya existencia descubrí gracias a este tomo. La de Phil Craven está buena, pero es muy cortita, no llega a sacarle provecho al clima que trata de crear. Después tenemos ooootra historia muda y muy jugada a los climas, a cargo de Cory Godbey. Se me hizo larga, pero el dibujo es realmente maravilloso. Andrea Offerman también aporta una historia muda muy bien dibujada, y lo mismo se aplica a Rad Sechrist, con la diferencia de que este es MUY capo en el armado de las secuencias y el manejo del timing. La de Bannister y Grimaldi es otra comedia con buen ritmo y no mucha sorpresa, bastante bien dibujada. Justin Ridge propone una comedia bizarra con elementos de terror y romance, protagonizada por animalitos, que no está mal. Me gustó mucho también la de Richard Pose, una historieta 100% apuntada al público infantil, pero con un dibujo y un guion impecables. La más flojita del tomo es la historieta de Kean Soo, que procedo a saltearme, y me voy a las dos últimas: una de superhéroes mitad en serio/ mitad en joda a cargo de Steve Hamaker, bastante digna aunque poco novedosa. Y una última historieta para chicos, donde el guion y el color están bastante por encima de los dibujos, todo obra de Mike Dutton. Bastante buen promedio, por suerte. Si encuentro más tomos a buen precio, seguiré acumulando más Flight en la biblioteca.
Y me queda poco espacio para hablar de otra antología, en este caso de un único autor: El Hombre Tótem y otros héroes extraordinarios recopila varias historietas cortas escritas, dibujadas y coloreadas por Quique Alcatena, originalmente aparecidas en la web en Tótem Comics (aunque hay una que creo haber visto en Fierro). En estas aventuras, Alcatena se queda con un pedacito de la estructura de los comics de superhéroes: la forma en que se plantea el conflicto entre buenos y malos. Y todo lo demás lo recrea a su imagen y semenjanza: los personajes, los poderes, las ambientaciones y hasta la forma que se resuelven estos conflictos, no tienen nada que ver con las fórmula tradicionales de DC, Marvel, etc.. Acá hay referencias literarias, musicales, pictóricas… claramente lo que menos le interesa a Alcatena son las peleas entre héroes y villanos. La emoción pasa por otro lado: por la imaginación sin límites, el homenaje a los maestros del género (muy emotivo el que Quique le hace a Steve Ditko) y por la magia desenfrenada del dibujo y el color, que lo muestran al prolífico maestro argentino en un nivel apabullante. No solo la imaginación de Alcatena no tiene límites, sino que tampoco los encuentra cuando tiene que llevar al papel estos desbordes, porque la mano logra plasmar a la perfección todas y cada una de sus ocurrencias, con una exhuberancia y una belleza difíciles de describir y de comprender. Seguramente los guiones no tienen la profundidad ni la gravedad de las sagas más extensas que Quique crea junto a Eduardo Mazzitelli, pero la idea también es esa: ir para otro lado, descontracturar, largar la piña en otra dirección, como cantaba Virus. En este libro, Alcatena demuestra que también con historias más simples se puede inspirar para crear universos complejos, tanto en lo visual como en el menú de símbolos, guiños y referencias para el lector más culto. Lo único que no me gusta es que las letras y los globos son enormes y tienen mucho peso gráfico en cada página. No llegan a eclipsar ni el impacto ni el placer que causan los dibujos, pero un poquito más chicos, quedarían mejor. Y nada más, por hoy. Gracias por tanto, perdón por tan poco, y será hasta el finde que viene.

sábado, 7 de agosto de 2021

2 AL 8 DE AGOSTO

Una semana bastante productiva, por lo menos en materia de lecturas para comentar en este espacio. Por motivos insondables, nunca había leído Western Circus, un álbum de Lucky Luke de 1970, o sea, del período clásico en el que René Goscinny escribía y Morris dibujaba las aventuras del icónico cowboy franco-belga. Lo único que puedo decir en contra de Western Circus es que no es un álbum definitivo. No es parte de esa peuqeña elite, de esos álbumes que si no los tenés en tu Top Tres es porque no entendiste de qué se trata Lucky Luke. Fuera de eso, estamos ante una aventura exquisita, con un argumento atrevido, pensado para disparar situaciones atípicas para esta serie, y explotarles la veta cómica hasta los límites más insospechados. Western Circus te descoloca con su trama, mantiene la intriga hasta el final (repleto de situaciones disparatadas, pero resuelto con una lógica inapelable) y nos presenta a unos cuantos personajes secundarios de impecable factura, a los que estaría bueno retomar en algún punto, auqnue sea más de 50 años después. Goscinny acierta una y otra vez en la construcción de estos excéntricos personajes, al punto de que Lucky Luke casi se convierte en una figura de segundo orden dentro de la trama. Pero sin dudas lo mejor llega al final. Esas últimas cinco páginas en las que los autores te embocan una sorpresa atrás de otra, y llevan el delirio a un nivel tan genial como consecuente con lo que venían narrando a lo largo de toda la aventura. El dibujo de Morris (escueto, sobrio, atento a los detalles, siempre funcional sobre todo al timing que necesita el relato para ser aún más cómico) potencia desde el contraste el disparate. Ese recurso de algunos actores cómicos que te hacen reir porque dicen unas animaladas atroces con su mejor cara de piedra, Morris lo lleva al plano de la historieta, con un resultado magnífico. Un comic realmente brillante, para leer y releer de grande o de chico, da lo mismo.
Me leí otra novelita de 96 páginas de Cybersix, en este caso “Un pezzo di notte”, de 1996. El guion de Trillo cuenta con la colaboración de un muy joven Fernando Calvi, que se asomaba a la historieta como asistente del mítico autor. Y en el dibujo, quien se encarga de llevar adelante la estética creada por Carlos Meglia es Alejandro Sanatna, uno de los asistentes que mejor entendía al maestro quilmeño. Visualmente esto está muy logrado, y si no sabés que Meglia para esta altura era más supervisor del laburo de sus colegas que quien realmente dibujaba las historietas, acá no vas a encontrar demasiadas pistas. Como ya vimos en otras entregas de esta colección, esta vez hay un segmento de ocho páginas en las que en vez de ver la historia de Cybersix vemos un manga que estaba leyendo un alumno de Adrián Seidelman, y acá sí, el trazo es 0% Meglia y (supongo) 100% Santana. ¿Engancha bien con la trama? Y, la verdad que no, que parece más relleno que otra cosa. El guion en general me pareció flojito, menor, bastante predecible. Está la sana intención de sumar al elenco una nueva villana importante, pero la verdad es que la liquidan 26 páginas antes del final, y de ahí en más es todo un epílogo largo, innecesario y aburrido. Sigo sin encontrar en las novelas de 96 páginas la magia que me cautivó en las primeras historias cortas de Cybersix. Pero no me doy por vencido.
Y termino en Japón, en 2012, cuando Jiro Taniguchi se decide a adaptar una segunda novela de Itsura Inami protagonizada por Taku Ryumon, el taciturno “detective” especializado en encontrar perros de caza perdidos. Otra vez la trama lo va a obligar a buscar otro tipo de cuadrúpedos (en este caso un caballo de carreras) y a eso se dedicará junto a su inseparable Joe. Así como la vez pasada se ahondaba en el vínculo entre un perro lazarillo y una chica ciega, esta vez todo pasa por la relación entre este caballo de carreras y su cuidador (me enteré que la palabra exacta es “palafrenero”). Pero además, en este tomo de El Sabueso el misterio y la investigación estarán condimentados con una aventura más jugada, más intensa, que por momentos nos llevará a la confrontación violenta y a todo o nada entre buenos y malos. Las sesudas deducciones y los dilemas morales (que están, y funcionan muy bien) le cederán el protagonismo un ratito a la acción, y eso le permitirá a Taniguchi impactarnos con unas escenas vertiginosas y alucinantes, con cuerpos humanos y animales en un despliegue formidable de violencia. Esta también es una historia totalmente autoconclusiva, que retoma en roles muy secundarios a personajes que ya habían aparecido en la anterior, y me atrapó aún más que la primera, así que la recomiendo a pleno. No sé si poner a El Sabueso entre las obras fundamentales del glorioso Jiro Taniguchi. Me parece que no califica para el podio. Pero sin dudas es un manga de una belleza gráfica aplastante, y con una trama muy interesante, un desarrollo atípico y un final muy satisfactorio. No es poco. Nada más, por esta semana. Veremos cuánto puedo leer la próxima. Gracias y hasta pronto.

sábado, 31 de julio de 2021

ESSENTIAL X-MEN Vol.8

Esta semana pude leer un solo libro, pero es un masacote de casi 550 páginas, así que está muy bien.
Y sí, llegué a ese momento que yo siempre señalo como el punto ideal para bajarse de X-Men y X-Factor, por lo menos hasta que llegue Grant Morrison a New X-Men. Si sos muy fan de los X-Men clásicos (tanto los de Stan Lee y Jack Kirby como los de Chris Claremont, Len Wein, Dave Cockrum, John Byrne y familia), acá está ese punto clave (la saga de Inferno) en la que Claremont y Louise Simonson cierran un montón de puntas argumentales, atan cabos y le ponen un moñito precioso a los primeros 25 años de este concepto segundón de los ´60 ascendido a franquicia en los ´80. Lo que viene después es ostensiblemente inferior a lo que nos ofreció Claremont hasta este punto, y si bien en su momento lo seguí leyendo, no es algo que me interese tener o releer. Post-Inferno banco a Louise Simonson en New Mutants, alguna saguita de Claremont en Excalibur, y por ahí alguna aventura de la revista solista de Wolverine. Pero sin dudas con Inferno se cierra la Era de Oro de los mutantes, y cuanto más nos acercamos a 1990, más avanzamos hacia una caída muy marcada en la calidad de Uncanny X-Men y X-Factor, y al viraje bestial de New Mutants hacia la ilegible X-Force. Ojo, este tomo tampoco está al nivel demoledor del anterior. Hasta que llegamos a Inferno, Claremont nos inflige un par de sagas que sin ser chotas, ya muestran signos de estiramiento al pedo y de un cierto desgaste por parte del veterano guionista. Sobre todo en esa trilogía contra los Brood, que no tiene pies ni cabeza. El arco contra los Reavers dentro de todo zafa, excepto por ese final absurdo en el que los X-Men se proponen devolver TODO lo que habían robado estos criminales a sus dueños originales, en un operativo al estilo Papá Noel, en la noche del 24 de Diciembre. Un argumento pueril, e insostenible. Pero como siempre, Claremont te entretiene con el buen manejo de los vínculos entre los personajes, diálogos copados y un gran nivel en los bloques de texto. También antes de Inferno tenemos un Annual con dos historias, una en la Savage Land con el High Evolutionary (también con los diálogos y los vínculos como principal atractivo) y una muy graciosa contra Mojo, totalmente en joda, que no es genial, pero casi. Y también la saga de Genosha, oscura, intensa y un toque estirada. El final es apoteótico. Cinco números de Uncanny y cuatro de X-Factor contra los demonios del limbo, los Marauders, N´astyrh, el enigmático Mr. Sinister y la mismísima Madelyne Pryor, ahora transformada en Goblyn Queen. Son muchas páginas y la verdad es que los malos desaprovechan demasiadas oportunidades de hacer boleta a los buenos. Pero es una narración atrapante, todo el tiempo pasan cosas fuertes, y los guionistas te convencen de que lo que está en juego es realmente grosso. Al pobre hijito de Scott y Madelyne lo revolean como al guantelete del infinito en Avengers: Endgame, los buenos se pelean entre ellos y hasta hay cosas que no se entienden si no leés los episodios de New Mutants que este libro no incluye (por suerte tengo las revistitas). Pero lo realmente importante es que acá se pasan en limpio un montón de temas pendientes, acerca de Madelyne, Jean Grey, el Phoenix, los hermanos Summers… y además tenemos machaca a gran escala contra villanos de inconmensurable poder, algún que otro giro imprevisto y un final bien orquestado, donde no te sentís estafado sino satisfecho a tal punto que –repito- podés decir “chau, hasta acá llego”, sin sentir que quedan cuentas por saldar. En el primer número de este Essential (Uncanny nº 229) la diosa Roma les propone a los X-Men atravesar el portal Siege Perilous y empezar una nueva vida. Le dicen que no, y se quedan a protagonizar estos 15 episodios (y el Annual) que acabamos de comentar. Un par de meses después de Inferno le van a decir “bueno, dale” y el resultado va a ser muy negativo. Pero no vamos a entrar en esa etapa. En cuanto a los dibujantes, hasta el momento de Inferno tenemos una alternancia entre Marc Silvestri (que me resultó bastante más limitado que cuando leí este material en los ´80) y Rick Leonardi, mejor que Silvestri, más suelto, más plástico, pero todavía lejos de su mejor nivel. En el Annual tenemos un montón de páginas dibujadas como los dioses por el siempre brillante, sutil y exquisito Arthur Adams. Y en la saga de Inferno vemos a Silvestri esforzarse un poco más en las páginas de Uncanny (de hecho, hay un número en el que el dibujo realmente me gustó, quizás porque en vez de Dan Green lo entinta Hilary Barta), y perder por goleada en la comparación con el dibujante de X-Factor, que no es otro que el maestro Walt Simonson. Con la posibilidad de dibujar poquísimos fondos, Simonson nos brinda un trabajo sublime en los cuerpos y los rostros, al nivel de trabajos monumentales onda X-Men/ Teen Titans. Las tintas de Al Milgrom complementan a la perfección el trazo dinámico del maestro, que le impone emoción a la acción y una profundidad genuina a las escenas más introspectivas. Por supuesto, la posibilidad de disfrutarlo en blanco y negro también potencia el impacto del dibujo de Simonson. Si no tenés la menor idea de quiénes son los X-Men, o de por qué personajes como Wolverine, Storm, Colossus, Nightcrawler, Cyclops o Jean Grey se ganaron un lugar en la cultura de masas a nivel planetario, los primeros ocho Essentials de X-Men te explican todo de un modo magnífico. A lo largo 14 años, Chris Claremont y sus dibujantes pusieron la vara tan alta que ni ellos la volvieron a alcanzar. Y en el medio redefinieron el concepto de qué es y cómo funciona un grupo de superhéroes. Una gloria. Nada más, por esta semana. Nos reencontramos el finde que viene, acá en el blog.

sábado, 24 de julio de 2021

19 al 25 de JULIO

Esta semana pude leer un poco más, por suerte. Se me ocurrió releer Charlie Moon, la gema de Carlos Trillo y Horacio Altuna de principios de los ´80. Nada, se escribió mucho sobre esa obra, no es mucho lo que yo pueda aportar. Me quedo con lo que más me sorprendió. Primero, no puedo creer que Charlie Moon no sea una obra mucho más conocida de lo que es, por lo menos en Argentina. Segundo, el dibujo de Altuna es sublime. De verdad, está más allá de toda exégesis. Esto es una cátedra de historieta como pocas veces se vio. Los climas, los silencios, los enfoques… visualmente esto es insuperable. Tercero, me parece loquísimo que no haya más episodios de esta serie. Cinco son muy pocos, 49 páginas es muy poco. Obvio que si Trillo y Altuna hubiesen continuado con Charlie Moon, en una de esas no tendríamos obras como Merdichesky o El Último Recreo, y sería un garrón. Pero es lo que hay, y en parte eso es lo que la hace mítica. Cuarto, la calidad de los guiones. El más flojo de los cinco (el de la cita con las dos chicas) es muy, pero muy bueno. Y los otros cuatro, son perfectos. Quinto y último, ¿me podés creer que esta obra en nuestro país solo se editó en la revista SuperHum® en 1980-81? ¿Cómo puede ser que no haya una edición argentina de Charlie Moon en libro? La verdad que no me alcanzan las palabras para recomendar esta historieta. Es una emoción atrás de otra, casi siempre para el lado de la tristeza, pero con una sensibilidad, una profundidad y un talento muy poco frecuentes.
También me leí el Koyoharu Gotouge Short Stories que (como su nombre lo indica) es un compilado de cuatro historias cortas realizadas por la autora de Kimetsu no Yaiba antes de iniciar el manga que la consagraría a nivel global. Ella misma se da cuenta de que estos trabajos son muy primerizos, precarios en muchos aspectos, y agrega textos en los que pide disculpas y ofrece excusas por algunas de estas falencias, muchas de las cuales osn muy, muy evidentes. Desde ideas que fueron pensadas para una serie de infinitos tomos y luego condensadas en 40 ó 50 páginas, hasta dibujos a los que les falta solvencia y secuencias que directamente no se entienden. El tomo tiene todas las demostraciones posibles de que Gotouge no nació sabiendo y que hizo camino al andar. Recién en la cuarta y última historia de la antología (Haeniwa no Zigzag) se ve un nivel que nos permite imaginar que esta chica podía llegar a hacerse un nombre en la hiper-competitiva industria del manga. Ahí es donde el dibujo adquiere mayor plasticidad, el argumento es más claro, las secuencias de acción más impactantes y los personajes más creíbles. No es una gloria, pero por lo menos se ve que la historia tiene una dirección y va para donde Gotouge quiere que vaya. El resto, muy por debajo de la expectativa que me había generado descubrir el “secret origin” de la autora que rompió todo con Kimetsu no Yaiba. Una pena.
Y cierro con El Golpe de la Cucaracha una novela gráfica realmente excelente, ópera prima de la autora argentina Gato Fernández. Tengo una sola cosa para criticarle, y es lo mismo que le marqué a Gato el día que me mostró los originales, antes de darles el color: el dibujo de la protagonista no es consistente. Por momentos parece tener 8 o 9 10 años, por momentos 11 o 12, como si su cuerpo fuera cambiando de manera aleatoria, y nunca parece tener los 5 o 6 años que los textos dicen que tiene. Es un detalle bastante menor, eclipsado por lo mucho que mejora el dibujo de Gato entre las primeras páginas y las últimas. Pero lo que realmente hace intrascendente cualquier “pero” respecto del dibujo es la historia que narra la autora en El Golpe de la Cucaracha. Una historia tremenda, descarnada, dolorsamente real, de abusos y violencia, de un hogar que se convierte en infierno y de vínculos que se tensionan hasta explotar, dejando heridas por todas partes. En ese contexto se mueven Lucía, su hermano y su mamá, y el gran hallazgo de Gato Fernández es no morigerar ni edulcorar lo trágico de los sucesos que narra, pero además combinarlos con esa ingenuidad, esa fantasía, esa magia, esa hermosa nube de pedos en la que viven l@s niñ@s a los 5 años. La autora abre una puertita a la ternura, al humor y a la ilusión de que su vida no va a ser solo sufrimiento, y lo hace con mucha agudeza, con mucho talento, sin restarle dramatismo a la trama y sin que esas secuencias más alegres, o más lúdicas parezcan un injerto fuera de lugar. Víctima de abusos intrafamiliares en la vida real, a Gato Fernández le llevó varios años poder contar esta historia, sacar afuera y compartir con los lectores vivencias y situaciones que aún duelen. El resultado es una obra valiente, intensa, cautivante, por momentos shockeante y sumamente emotiva. Sin dudas, una de las grandes historietas que nos trajo el 2021. Nada más por hoy. Sigo escribiendo y corrigiendo artículos para el nº3 de Comiqueando Digital, que sale a principios de Septiembre. Gracias y hasta el finde que viene.

sábado, 17 de julio de 2021

12 al 18 de JULIO

Esta semana sostuve la marca de los tres libros, pero dos son de esos que se leen a los santos pedos. Una grata sorpresa fue descubrir que en 1977 las librerías Fausto publicaron en Argentina tres libritos de humor gráfico del maestro francés Sempé, que yo jamás había visto. Conocía a Sempé por sus ilustraciones para la maravillosa novela infanto-juvenil (en realidad, apta para todo público) Le Petit Nicolás, escrita por un tal René Goscinny ;), y había visto páginas de humor de las que publicaba en distintas revistas de Francia. Pero nunca un libro que recopilara unos cuantos de estos chistes. Todo se Complica se parece bastante a un libro de Quino: hay chistes resueltos en una sola imagen y otros desarrollados a lo largo de varias viñetas, los chistes están agrupados por temáticas y el uso de la palabra es muy esporádico. No hay globos de diálogo, pero sí muchísimo juego con los otros recursos gráficos típicos de la historieta. El dibujo se apoya en un trazo sencillo, despojado y muy expresivo, pero cuando quiere, Sempé deja la vida en unos fondos hiper-trabajados, pletóricos de detalles, de una sofisticación barroca. Hasta ahí, todo bastante similar a cualquier libro de Quino, o incluso de Sergio Aragonés, Caloi, Viuti o algún otro clásico del humor gráfico muy dotado para contar casi sin textos. La diferencia es que con Sempé me reí mucho menos. Algunos chistes me causaron gracia, pero la verdad que fueron muy pocos. Por ahí alguno donde asoma la puntita de un humor más negro. Pero la mayoría me dejó bastante frío. Me encantaron los dibujos, la forma de componer las viñetas y esos fondos deslumbrantes a los que ya hice mención. Lo que no me llegó con la fuerza que esperaba es el humor de Sempé. Que en su concepción “filosófica” no es muy distinto al de Quino, pero que –claramente- no tuvo en mí el mismo efecto. Me lo guardo como curiosidad, porque lo conseguí regalado y porque Sempé es una bestia del lápiz, que sabe esconder detrás de esa línea ágil y sintética un conocimiento del dibujo que te hiela la sangre.
Me voy 25 años al pasado, a 1996, cuando en Italia se publica el Vol.28 de la colección de novelas gráficas de 96 páginas de Cybersix. Estamos en la etapa de pleno auge del personaje creado por Carlos Trillo y Carlos Meglia, quienes ya derivaban buena parte del trabajo a otros autores. El guion de esta novela, por ejemplo, está firmado por Trillo “con la collaborazione di Viviana Centol”, lo cual significa que probablemente Trillo haya tirado una idea muy básica y que el desarrollo posta del guion haya sido responsabilidad de Centol. Y el dibujo se le atribuye a Meglia “con la collaborazione di Ricardo Vispo”, que es la forma elegante de decir “Meglia supervisó cómo Vispo dibujaba a todos los personajes y los pegaba sobre las fotocopias de los fondos que diseñó Meglia para las aventuras anteriores”. La verdad que si todo está dibujado por Vispo imitando a Meglia, estamos frente a una imitación muy bien lograda, por ahí sin la magia desbocada del genio de Quilmes, pero más que ajustada a los requerimientos de la historia. El guion es totalmente autoconclusivo, no tiene ni la menor referencia a las aventuras anteriores, y presenta a Cybersix y a la ciudad de Meridiana casi como si fuera la primera aparición de ambas. Los bloques de texto están narrados por la propia ciudad, con una prosa de gran lirismo, y sirven para que el argumento (bastante menor, con un asesino serial que se viste parecido a nuestra heroína y merodea una iglesia en busca de víctimas) ocupe las 96 páginas que tiene la novela. Lo más loco es que acá llegan a Meridiana tres turistas, que tendrán roles menores (subtítulos: “ayudan a estirar”) en la trama, y todos provienen de otras historietas creadas por Trillo, como si Meridiana se convirtiera en el epicentro, en el nexo de un hipotético TrilloVerso: uno es Francesco “Frank” Centobucchi (que aparece siempre dibujado por Mandrafina), otra es Clara de Noche (que aparece siempre dibujado por Bernet) y el otro es Roberto “el Negro” Blanco (que aparece siempre dibujado por García Seijas). Un delirio que hace que esta historia no caiga en el pilón de la intrascendencia y que uno, que es fan a muerte de Trillo, la quiera conservar para siempre.
Y lo más actual que leí esta semana es un álbum de 2002, escrito y dibujado por el glorioso Matthieu Bonhomme: L´age de raison. Es una serie de historias cortas, todas con un mismo protagonista, que es uno de los primeros homo erectus, es decir, de los primeros hombres que caminan en dos patas, obviamente en la prehistoria. Los únicos textos que aparecen en toda la obra son sonidos guturales y gritos que profieren estios homínidos y los animales con los que comparten el territorio, con lo cual si no sabés francés, no importa. Se entiende todo igual, simplemente mirando los dibujos. ¡Y qué dibujos, ma-mita! Hace 20 años, Bonhomme ya era un capo absoluto, con un dominio descomunal del trazo, una expresividad tremenda en rostros y cuerpos, y un timing para la narrativa demoledor. Como en toda historieta sin textos, en L´age de raison vemos cómo el autor descompone la secuencia en muchas viñetas chiquitas, para regular el tempo del relato y para darle más relevancia a la acción, que es la que nos va a contar las historias. Y si bien los argumentos son bastante sencillos (por momentos me hicieron acordar a los de Gon, de Masashi Tanaka), los recursos que despliega Bonhomme para que nos compenetremos con las peripecias de este homo erectus sin nombre (ni ropa, ni armas, ni cultura, ni buena suerte) son complejos y fascinantes. Lo único que tengo para criticarle es que se lee muy rápido, como cualquier historieta de 55 páginas donde solo hay dibujos, y que sobra el color, que no está bueno y no aporta nada. Tengo otro libro de Bonhomme sin leer, así que prometo volver a visitarlo pronto. Y nada más, por hoy. Será hasta la próxima, y como siempre, recomiendo darse una vuelta por https://comiqueandoshop.blogspot.com/ para aprovechar las descargas gratuitas, o contribuir con unos manguitos y llevarse la devastadora Comiqueando Digital, que explota de artículos y contenidos audiovisuales exclusivos.