el blog de reseñas de Andrés Accorsi

lunes, 28 de noviembre de 2022

EL MUNDO MUNDIAL

Justo cuando estoy re manija con el Mundial, me pongo a leer dos libros que en su título dicen "el mundo". Dos libros de autores argentinos publicados en 2022, como para cumplir con la consigna que puse la otra vez. Empiezo con La Cárcel del Fin del Mundo, de Santiago Sánchez Kutika y Kundo Krunch. Esos son relatos basados en la investigación que realizara en 1933 el periodista Juan José de Soiza Reilly en la cárcel de Ushuaia, en la gélida Tierra del Fuego. Luego de un breve episodio que narra la llegada de Soiza Reilly al penal, lo que tenemos son relatos breves, centrados por lo general en los diálogos entre el periodista y distintos reclusos que cumplían su condena en el lúgubre establecimiento. Casi todos los relatos se apoyan mucho en los textos de Soiza Reilly, hay poca intervención de Sánchez Kutika, más allá de elegir qué momentos de los crímenes que narran los presos va a privilegiar. Esto hace que, a su vez, haya pocas secuencias en las que el dibujo tiene la responsabilidad de narrar las historias. Cada tanto se cuela alguna viñeta o incluso alguna secuencia sin texto, pero mayoritariamente es el texto el que narra y el dibujo el que acompaña. Y son textos un poco fríos, un poco distantes, porque son -ni más ni menos- crónicas periodísticas escritas 90 años atrás. Aún así, por la propia fuerza de los testimonios de los presos, algunas historias resultan muy impactantes y muy atractivas. La de Francisco Fumara me gustó mucho, la de Miguel Ernst me dio escalofríos y la de Hans Woll no está nada mal. El resto, me interesó menos. Sánchez Kutika tenía un problema serio a resolver: el Petiso Orejudo y Simón Radowitzky ya habían protagonizado otras novelas gráficas de autores argentinos publicadas de manera bastante reciente y había que encontrar la forma de no dejarlos afuera sin competir con esas otras obras. Con el Petiso, lo que hace Sánchez Kutika es básicamente sacárselo de encima rápido: en apenas seis páginas, se centra en una anécdota muy menor que sucede durante la reclusión del asesino serial, y chau, a otra cosa. Y con Radowitzky se luce mucho más: encuentra la manera de contar una parte de la historia que no está enfatizada en el libro de Agustín Comotto, centrada en un personaje secundario fascinante como es el pirata Pascualín. Son nueve páginas que te dejan con ganas de mucho más, de un libro entero dedicado a la vida de este personajón de la vida real. El dibujo de Kundo Krunch es tremendo de punta a punta, con unos claroscuros idos a la mierda, una síntesis magistral, un rigor implacable en decorados, vehículos y vestuarios, y una expresividad pasmosa en rostros y cuerpos de los personajes. Krunch te hace sentir la oscuridad, la sordidez, el desamparo, la resignación, el frío criminal, todas las sensaciones que viven los protagonistas de las historias. Un trabajo colosal del marplatense, que está en un nivel formidable.
Y un día volvió Rodrigo Terranova, el autor bonaerense radicado hace muchos años en San Luis. Y volvió con todo, con una novela gráfica titulada El Reino de este Mundo, que se inscribe en la tradición existencialista/ semi-autobiográfica (Diego Balza no es Rodrigo, pero tiene demasiados puntos en común con él) y que nos cuenta, sin chistes ni elementos fantásticos, momentos clave en la vida de un protagonista y un gran elenco de personajes secundarios muy, pero muy bien trabajados. El Reino de este Mundo es un comic sobre la vida de la gente común: anhelos, frustraciones, inspiración, vínculos, amores, incomprensión, solidaridad, casualidades, apuestas que salen mal... hay rock, judo, gastronomía, mucha poesía y un retrato muy hábil de la vida en una ciudad tranquila como San Luis y en un barrio heavy del conurbano como Isidro Casanova. Las anécdotas y los sucesos en "tiempo real" están perfectamente hilvanadas, no hay secuencias estiradas ni demasiado comprimidas, y además Terranova logra, ya desde la primera página, que no estemos pendientes de si la información que nos brindan los personajes va a ser crucial o no para el desarrollo de los conflictos. Un poco porque el énfasis no está puesto en los conflictos, sino en lo otro: los vínculos, las anécdotas, los recuerdos, el devenir de la vida misma, que casi sin que te des cuenta te lleva de la infancia a la adultez. A la hora de darle una identidad gráfica a todo esto, Terranova va más al límite que en La Divina Oquedad y Dos Estaciones: ahora se compromete más en los detalles, en los fondos, en la ropa y los peinados de los personajes, y recarga los rostros con unas rayitas, manchitas y líneas muy personales que quedan muy bien. Todo esto con una puesta en página absolutamente tradicional, con grillas muy sencillas, muy aptas para el lector que habitualmente no consume historietas. Lo extraño del dibujo está compensado con lo clásico de la puesta en página, con la forma asombrosamente natural en la que se desarrolla la narración. Si no te jode que no haya luchas entre malos y buenos, ni violencia de ningún tipo, ni nada que vaya mucho más allá de gente hablando en ambientaciones urbanas actuales, en El Reino de este Mundo vas a encontrar una historia entrañable, profunda, inspiradora y con la que seguro en algún punto te vas a sentir identificad@. La recomiendo mucho y ya tengo el pálpito de que el año que viene lo vamos a ver a Rodrigo Terranova levantar unos cuantos premios. Ah, por si faltara algo, el libro (una edición preciosa de Maten al Mensajero) tiene prólogo de José MunDios. ´Nuff said. Gracias por el aguante y ni bien pueda, vuelvo a postear acá en el blog.

miércoles, 23 de noviembre de 2022

CLÁSICOS Y MODERNOS

Entre los partidos del Mundial y que se me vino encima el momento de corregir y diseñar los artículos para el nº6 de Comiqueando Digital, me quedé casi sin tiempo para leer historietas. Encima estas son semanas de muchos compromisos sociales, sumados a los contenidos que habitualmente me toca generar, corregir o supervisar para el sitio web y el canal de YouTube, y se me complica encontrar huequitos para leer. Pero bueno, acá tengo dos libros leídos, ambas publicaciones editadas en Argentina en 2022, que es lo que mayoritariamente voy a leer de acá a fin de año. Empiezo con la recopilación de los 12 primeros episodios de Rocky Keegan que se mandó la editorial Duma. Estas son historietas originalmente aparecidas entre 1979 y 1980 en la revista Nippur Magnum, escritas por Ray Collins y dibujadas por Gerardo Canelo. Algo de esto yo lo leí en su momento, pero no me acordaba nada. Lo primero que me llamó la atención es la brutal desproporción entre texto e imagen que hay en cada página. Collins mete diálogos y bloques de texto en cantidades demenciales, y el dibujo no solo no encuentra espacio para contar la historia, sino que se ve reducido a estampillitas, mini-recuadritos en los que Canelo aporta lo que puede, entre esos masacotes de letras que predominan de modo contundente. En la segunda mitad del tomo, a partir del séptimo episodio, empiezan a aparecer páginas con menos viñetas. Ahora los cuadros son más grandes, y aunque Collins trate de llenarlos de texto, queda espacio para que Canelo dibuje un poco más. Ahí todo se hace un poco más llevadero, aunque la urgencia por probar cosas nuevas hace que a veces el dibujante meta cuadros que complican el orden de lectura de las secuencias. También acierta con unas viñetas widescreen muy lindas y -cuando puede- con un despliegue de cuerpos en acción muy atractivo. El dibujo de Canelo, en general, es muy bueno. Tiene la elegancia de los clásicos (un García López, ponele), pero además se nota que le gustaba mucho el Horacio Altuna de los ´70 y que lo seducía esa síntesis y esa pincelada más gruesa, más suelta, que asociamos con Alex Toth. Al sacarle el espantoso color típico de las revistas de Columba, Canelo se revela como un capo del claroscuro, hábil poseedor de un dibujo muy equilibrado, muy accesible, incluso en las ínfimas superficies que tiene para llenar en esas páginas repletas de texto. Y el texto también es muy bueno. De hecho, es mejor el guion que el argumento, que hoy se siente un poco antiguo, un poco lastrado por clichés que hace 40 años se bancaban y hoy no. En el reemplazo del rotulado mecánico de Columba por el rotulado digital se colaron algunos errores de tipeo que hubiese estado bueno detectar y corregir antes de mandar el libro a imprenta. Pero bueno, cuando el texto es tanto (y cuando el rotulado original es tan horrendo), se puede perdonar algún moquito. Rocky Keegan es una telenovela protagonizada por un boxeador en la New York corrupta de fines de los ´70. Si comprás el modelo del héroe perfecto, del tipo sencillo, solidario, altruista, respetuoso, afectuoso, incapaz de albergar el menor sentimiento negativo, temido por los hombres por su fuerza, amado por las mujeres por su porte atlético y su forma de ser tan copada, Rocky se puede convertir en tu ídolo. Pero guarda: lo vamos a ver pelear relativamente poco, por lo menos al principio. Lo que rige los destinos de la serie (por ahora) es el culebrón clásico, con romances, celos y esas cosas, por suerte condimentado con las posibilidades que brinda el submundo de los boxeadores y el contexto de una ciudad hostil y llena de gente muy hija de puta. Si bien esta vez Rocky Keegan no me emocionó tanto como cuando lo leía a los 11-12 años, me parece que tiene bien ganada la chapa de clásico. De hecho, estoy como para comprarme un Vol.2 ni bien salga.
Allá por el 01/09/19 me tocó reseñar la versión de Tomás Wortley y Franco Viglino de El Principito, el clásico de Antoine De Saint-Exúpery. Ahora la dupla reincide con otra adaptación de una obra fundamental de la literatura del Siglo XX, nada menos que Peter Pan y Wendy, de James Matthew Barrie. En poco más de 90 páginas, la dupla recrea la seminal obra de teatro, luego transplantada a todos los soportes de ficción imaginables, sin dejar nada afuera. La novela gráfica tiene acción, introspección, algo de romance, algo de humor... todo lo que puede llegar a entusiasmar a lectores de 9 a 12-13 años. El carisma de los personajes de Barrie se traslada a la perfección a la historieta: Wortley cuida mucho ese aspecto y logra que todo el elenco, buenos, malos y secundarios, nos resulten queribles. Al igual que la obra original, la novela gráfica está regida por la lógica de la fantasía y no tiene mucho sentido discutir ciertos baches o caprichos argumentales que orientan la trama para donde al autor le conviene llevarla. Lo importante es divertirse, emocionarse, maravillarse con lo imposible y vibrar con las aventuras que -para nenes y nenas de 9 años- pueden ser un poquito extremas. Viglino demuestra una vez más su enorme talento como dibujante y su gran solvencia como narrador gráfico. Tanto las escenas intimistas como las grandilocuentes están planificadas y ejecutadas con gran eficacia, y si lo importante (como decíamos recién) es divertirse y emocionarse, esto sucede en buena medida por el gran desempeño de Franco en estas páginas. Pero además se pone un desafío extra: rediseñar todo el mundo de Peter Pan para que los personajes, sin traicionar la esencia de la obra original, se parezcan lo menos posible a la adaptación más popular, más reconocible, que es la película de Walt Disney de los años ´50. Para eso echa mano a su notable manejo de la estética pseudo-ponja, hoy tan aceptada entre los pibes y pibas de las edades a las que apunta el libro. Y no, no es un manga, ni pretende serlo. Pero de alguna manera, ciertos rasgos de los shonen más populares aparecen en el diseño y la forma de moverse de estos personajes que, claramente, están en las antípodas históricas y geográficas respecto de un manga actual. Lo que más lo despega de la estética pseudo-ponja es el color, que es realmente excelente y aporta muchísimo. Comparás esto con muchas de las adaptaciones de clásicos de la literatura o la mitología que otras editoriales le tratan de vender a este mismo segmento etáreo, y la verdad que la diferencia es monstruosa en favor de Wortley y Viglino. Acá se nota que los autores ponen el corazón, no salen a chorear ni a sacar el trabajo con fritas. Lo recomiendo mucho, sobre todo para pegarle una leída y regalárselo a hij@s, sobrin@s, ahijad@s o mascotas bípedas. Y tengo otro trabajo de la dupla en la pila de los pendientes, que espero leer pronto. Gracias por el aguante de siempre, gracias a tod@s l@s que se acercaron a saludar y sacarse fotos conmigo en los últimos eventos en los que estuve (Pergamino, Concordia, San Luis, etc.) y ni bien pueda, vuelvo a postear nuevas reseñas acá en el blog.

sábado, 19 de noviembre de 2022

OTRA VEZ DE A TRES

Bueno, tengo tres libritos leídos y es hora de reseñarlos. Empiezo en Alemania, año 1992, cuando el maestro Andreas Martens se despacha con Azteca, una obra poco conocida, pero que tuvo edición en España, prologada nada menos que por Eduardo Galeano. Andreas se propone la difícil tarea de contarnos en solo 46 páginas un complejo entramado de historias, todas ambientadas en el Imperio Azteca más o menos en el momento de la caída de Moctezuma. El álbum va saltando de un protagonista a otro, incluso en la misma página, lo cual hace que haya que prestar bastante atención para entender lo que está pasando. Además todos los personajes tienen contexturas y edades similares, y viven en la misma época en la misma civilización, con lo cual no es tan sencillo distinguir a unos de otros. La más fácil de distinguir es Malinalli, la única protagonista femenina, y quizás por eso la historia de esta chica haya sido la que más me enganchó. Andreas además ensaya puestas en página arriesgadísimas, mete un montón de secuencias mudas, algún que otro flashback, alguna secuencia onírica... o sea que entender todo lo que nos cuenta resulta todo un desafío. Pero no es un caos, ni un mamarracho: simplemente hay que prestar atención y no dejarse distraer por esos dibujos gloriosos, repletos de belleza y expresividad. Y de rigor histórico, porque se nota que el alemán estudió a fondo la cultura del Imperio Azteca. Lo único choto es el final: en la última viñeta, mediante dos bloques de texto, Andreas nos cuenta qué fue de la vida de cada uno de los cinco personajes principales, cómo terminó la historia de cada uno de ellos. Maestro, ¿no hubiera sido mejor elegir UN protagonista y dedicarle las 46 páginas, con principio, desarrollo y final narrado en historieta y no en dos líneas de texto? El desenlace que imagina el autor para Malinalli, e incluso para Chimalhuatl, es tan interesante que ameritaba narrarlo en forma de comic, aún si esto requería dejar afuera del álbum las historias de los otros personajes. Una pena que la ambición por crear una obra enorme, de protagonismo coral, haya nublado el juicio del autor. Así como está, Azteca es un gran álbum, sobre todo por la magia que tira Andreas en el dibujo. Pero podría haber sido mucho mejor, ya sea si se desarrollaba en más páginas o si se centraba en menos personajes. Esta es una obra rara, semi-oculta, del creador de Rork, Arq, Capricornio y Cromwell Stone, que vale la pena descubrir porque -más allá de alguna decisión criticable- acá Andreas dejó el alma en cada secuencia.
Me voy a EUU, año 1998, cuando se recopilan en libro nueve historias cortas de Daniel Clowes, casi todas publicadas originalmente en la revista Eightball. Este es un punto de quiebre en la carrera del ídolo: acá vemos cómo abandona todos esos elementos fantásticos, bizarros y davidlyncheanos que metía en sus primeras historias y se sumerge en el mundo del slice of life. Las historias de Caricature cuentas pedacitos de la vida, anécdotas de personajes retorcidos, que rara vez nos generan cariño o empatía. Son historias con MUCHÍSIMO texto: cada historia corta (de no más de 16 páginas) requiere el mismo tiempo de lectura que un trade paperback de cualquier serie actual de Marvel. El esfuerzo de Clowes está puesto en darles a los protagonistas de estas anécdotas una voz, una personalidad interesantes. Y le sale bien: la construcción de personajes es sin dudas el punto más alto de los relatos que recopila Caricature. El problema es cómo Clowes incorpora los conflictos y cómo los resuelve (las pocas veces que lo hace). Por momentos parece como si el ídolo acabara de descubrir a Adrian Tomine y se propusiera hacer algo parecido: historias comunes de gente chota, medio trastornada y bastante mediocre que terminan en cualquier lado, sin una estructura narrativa de introducción/ nudo/ desenlace. Lo cual no está necesariamente mal, si no fuera porque Tomine lo hizo antes y mejor. Donde nadie le moja la oreja a Clowes es en el dibujo. Acá el talento del creador de Wilson y Ghost World te avasalla, te lleva puesto como un tren bala japonés. Incluso cuando el dibujo se limita a ilustrar un cachito de lo que Clowes cuenta en los omnipresentes y abultados bloques de texto, ese trazo, esas texturas, esas expresiones, esa forma de meter las masas de negro te ponen la piel de gallina. La historieta mejor dibujada es MCMLXVI, la menos narrativa de todas (se podría considerar un manifiesto, una declaración de principios), y paradójicamente la que más me gustó. Son apenas seis páginas en las que Clowes trabaja el color de una manera novedosa, con una técnica que le permite sugerir volúmenes, y además no hace "la Gran Columba" de pintar todo el fondo rosa, o violeta, sino que le pone tonalidades a todos y cada uno de los elementos que se ven atrás de los personajes. En el paso de las historias delirantes y bizarras a las anécdotas urbanas y tristonas, de perdedores y consuetudinarios y abanderados de la mala leche, me parece que Clowes salió perdiendo... hasta que le encontró la vuelta en David Boring, que es brillante. Pero siempre está el dibujo, como gancho irresistible para comprar cualquier cosa que produzca este asombroso prócer del plumín.
Tengo muchos libros de autores yankis y europeos en la pila de los pendientes, pero me quiero poner al día con el material argentino, que tengo leídos pocos libros de los que salieron en 2022. Y hasta me quedaba sin leer uno de fines de 2021: Cabeza de Dibujante. Este es un recopilatorio de la historieta que Gustavo Sala realizaba para la versión digital de Fierro, poco más de 60 páginas en las que el ídolo marplatense se mete en la vida y la profesión de un dibujante de historietas cuyo nombre desconocemos. Esta vez hay pocos chistes de pija y concha, aunque abundan los de culos y soretes. La serie mejora mucho, se abre mucho, cuando Sala abandona el formato de cuatro tiras por página y adopta el de tres. Ahí se lo ve más libre, más a gusto, con la posibilidad de que el dibujo se vea mejor e impacte más cuando Gustavo se va a la mierda dibujando bizarreadas atroces e imposibles. Por motivos que desconozco, Sala elige una paleta de colores muy acotadas, en la que no existen -por ejemplo- ni el rojo ni el naranja. Y no me parece que esto sume en lo más mínimo, de hecho me gustaría tener estas mismas historietas en blanco y negro. No te digo que es el libro más gracioso de Sala, ni a palos, pero me reí bastante, sobre todo cuando el autor jode con cosas vinculadas a la historieta: el tutorial en joda con el que cierra el libro es brillante, el juego con los diálogos en off, los personajes rechazados, la parodia a los cursos de Domestika... eso me causó mucha más gracia que otro tipo de chistes con otra estructura más similar a la que usa Sala en otras historietas suyas. Si sos fan de Gustavo y (como yo) tenés todos sus libros, no te pierdas este, aunque esté editado por Deux. Y ya está. A partir de la semana que viene, le empiezo a dar con todo a los libros argentinos editados en 2022. Veremos hasta dónde aguanto sin que se cuele alguna otra lectura, pero le quiero dar prioridad a ese material. Gracias y hasta pronto.

jueves, 17 de noviembre de 2022

ESSENTIAL DEFENDERS Vol.6

Bueno, ahora sí, me leí completa la etapa de J.M. DeMatteis en Defenders y no, no me convenció. Los episodios de este sexto Essential (nºs 107 al 125) son un poquito mejores que los del quinto, pero no son gran cosa. Es historieta por kilo, hecha para llenar una revista más todos los meses, y en un contexto de nivel promedio alto (como fue el de Marvel entre 1980 y 1985) esto queda bastante atrás de los títulos realmente grossos. Lo mejor que tiene el libro es el nº119 de Marvel Team-Up, un unitario donde el rol de Spider-Man es mínimo y DeMatteis aprovecha para darle mucho protagonismo y alta onda a Gargoyle, un personaje que él mismo creó en el tomo anterior. Y encima está maravillosamente dibujado por Kerry Gammill, a años luz del castigo a nuestras retinas que nos impone el resto del Essential. Esta vez casi no aparecen las tintas del maestro Joe Sinott y no hay quien nos salve del dibujo tosco y sin alma del muerto de Don Perlin. Recién sobre el final llegará Kim DeMulder, quien a lo largo del Vol.7 logrará que esto se vea un poco mejor. Pero durante todo este tomo los entintadores cambian número por medio y nadie pone lo que hay que poner para compensar la escasísima calidad de los lápices de Perlin. Otros momentos rescatables de este Essential: acá finalmente pasa lo que queríamos que pasara en el Vol.5: el querido Beast reformula a los Defenders para que sean un equipo al estilo X-Men y jubila a Dr. Strange, Hulk, Namor y el Silver Surfer. La nueva formación estable se arma recién al final, pero la idea de Beast se desarrolla a lo largo de muchos episodios. También está bastante buena la saga con el Squadron Supreme, y los episodios centrados en un único personaje. Sobre todo ese en el que DeMatteis se saca de encima al goma de Devil Slayer. El de Son of Satan también está muy bien, el de Hellcat zafa y el de Gargoyle (como ya vimos) apareció en Marvel Team-Up. Pero LA escena más grossa, que jamás me vi venir y sin embargo es totalmente lógica, está en el nº116 y es esa en la que Valkyrie le tira los galgos a Namor y el príncipe atlante se va al mazo. Después, el resto, bastante intrascendente: peleas con demonios, duendes y criaturas místicas del Ascenso, excusas chotas para que cada tanto reaparezcan Hulk, el Surfer y el resto, mucha lágrima derramada al pedo por personajes que parecen morir pero no mueren (el único que sigue bajo tierra es Nighthawk, pero aparece un Nighthawk de otra realidad) y boludeces así. Esto no solo aporta poco, sino que obstaculiza lo que a DeMatteis más le interesa hacer, que es desarrollar a los personajes, convertir a este rejunte de segundones y tercerones en un grupo de personajes con los que el lector se sienta cercano, empatice, la pase bien. En ese sentido, los mejores resultados los obtiene con Beast y Gargoyle, los personajes que resultan más queribles, más entrañables. Sobre el final, DeMatteis se canta "quiero retruco" a sí mismo, cuando se pone la meta de hacer querible (o al menos fumable) a Moondragon, la irascible sacerdotisa que alguna vez fue heroína, alguna vez fue villana y siempre fue más altiva que Namor, más distante que Dr. Strange y más temible que Hulk enojado. Pero para ver cómo le fue hay que leer el Vol.7, cosa que yo ya hice el 24/12/17. Ahí también vamos a ver crecer y cobrar sentido a Cloud, que acá tiene una muy olvidable primera aparición. Repito: nada de esto está a la altura de los buenos títulos que tenía Marvel en esta época, ni de lo que hacía el propio DeMatteis en Captain America. Por supuesto, con dibujantes dignos incluso las aventuras más adocenadas resultarían más pasables, pero lamentablemente Jim Shooter había decretado que Don Perlin tenía que tener trabajo todos los meses y fue en Defenders donde lo tuvimos que sufrir. Esto se puede leer solo si sos muy fan de DeMatteis, o de los Defenders, o si (como yo) le tenés un gran cariño a Hank McCoy y a sus ex-compañeros de los X-Men, que se van a sumar al elenco en los episodios finales del tomo. Si no, te va a resultar casi imposible digerir estas 528 páginas. Menos mal que lo encontré en un estado medio baqueta y lo pagué chauchas... Nada más, por hoy. Ni bien pueda, vuelvo a postear. Gracias y hasta pronto.

martes, 15 de noviembre de 2022

HOY SON DOS

Hoy tengo para reseñar dos novelas gráficas autoconclusivas, que no son parte de ninguna serie y que aparecieron hace relativamente poco. Empiezo a mitad de camino entre Inglaterra y Brasil, con un autor que me pareció muy, muy capo: David Jesús Vignolli, notable historietista e ilustrador brazuca radicado en Londres. Me cuesta entender cómo esta obra (por calidad y por temática) no se dio a conocer en toda Sudamérica el mismo día que la publicó Archaia en EEUU (2019), o cuando la publicó Kraken en España (2020). Nuevo Mundo cuenta una historia ambientada en el norte de Brasil, en la que época que chocan tres culturas: los pueblos originarios de esa región, los colonizadores portugueses que vienen a quedarse con esas tierras inmensas e inexploradas, y los africanos a los que los portugueses traen a América de prepo, para hacerlos trabajar en condiciones infrahumanas. Vignolli tiene la viveza de presentar este contexto de una manera muy fluida, sin aburrir al lector, sin pretensiones didácticas de competir con los libros de Historia. Sin restarle importancia, este momento clave en la historia de Brasil se va a ser integrado a la aventura y la va a nutrir, del mismo modo en que Nuevo Mundo se nutre también de elementos fantásticos, que tienen que ver con la cultura y la religión de las tribus indígenas que habitaban el país vecino antes de que llegaran los europeos. El resultado es vibrante, conmovedor y muy, muy ganchero. Vignolli construye a una protagonista (Iracema) decidida, cabezadura, que no se detiene ante nada en su cruzada por la justicia, y que con tal de ayudar a Amakai, ese esclavo negro cuyo lenguaje no entiende, va a encender la chispa de un conflicto que estallará y alcanzará niveles épicos. A la crueldad y la abyección de casi todos los europeos, Vignolli contrapondrá el espíritu indómito y solidario de Iracema. Pero el elenco de la obra es vasto y diverso, y también habrá garcas y cobardes entre los aborígenes, un portugués copado y solidario, niños, ancianos, animales, monstruos mitológicos, un subplot protagonizado por Amerigo Vespucci y secuencias donde el mar y la selva son tan protagonistas como los personajes humanos. El dibujo de Vignolli es sintético, dinámico, con un trazo muy suelto y un manejo brillante de las masas negras. Como los personajes hablan distintos idiomas y no se entienden, hay muchas secuencias mudas, resueltas con talento y con un recurso muy bien utilizado, que es el de meter en cada página muchas viñetas chiquitas. Vignolli también narra sin textos las secuencias oníricas y los combates, así que la cantidad de diálogos que vamos a leer en estas casi 150 páginas no es demasiada. El color es espectacular y contribuye mucho a esta atmósfera de exotismo, en la que conviven luchas zarpadas con criaturas fantásticas y momentos muy emotivos, donde lo que se pone de manifiesto es la humanidad de los personajes. Nuevo Mundo es una obra muy, muy hermosa, muy recomendable para los lectores e incluso para los editores: el que se anime a publicar esto en Sudamérica, seguro tiene un éxito en sus manos.
Y otra de autores latinoamericanos transplantados al Hemisferio Norte: desde los hermosos bosques de Vermont, al noreste de los EEUU, Liniers y su esposa, Angélica Del Campo, nos ofrecen El Fantasma del Faro, una novela gráfica originalmente escrita en inglés y traducida al castellano para su edición argentina. Sí, es raro pero es así: Angie Del Campo es argentina y toda su obra literaria (y ahora historietística) está escrita en inglés. El Fantasma del Faro no solo es la primera novela gráfica de Del Campo, sino que es el primer trabajo de Liniers con un guion que no le es propio. Así que solo por lo atípico, merece una lectura. Del dibujo casi ni tiene sentido hablar. Como siempre, Liniers se revela sin ningún esfuerzo como un virtuoso del plumín, capaz de dibujar lo que se le dé la gana con total naturalidad. Acá, además, tiene la limitación de trabajar en una obra apuntada a un público de unos 9 a 12 años, con lo cual no se puede ir al carajo en la narrativa, ni experimentar como lo hizo hace unos años en Bola Negra. Tiene que ir a lo tradicional: trazo simple, paleta de colores amistosa, puesta en página prolija y diáfana. Y por supuesto, eso a Liniers le sale de taquito. El resultado son casi 180 páginas de una calidad gráfica asombrosa, que cuentan la historia de modo accesible, y que encierran toda esa magia visual que solemos disfrutar los seguidores de esta bestia inhumana del Noveno Arte. La trama que propone Del Campo funciona muy bien. No está comprimida ni estirada, no se pasa de naïf ni de oscura, y abre el juego desde temprano a elementos fantásticos que van a resultar un muy buen complemento para la aventura de misterio. Un misterio que va a cambiar para siempre la relación entre Cristina, Martha, su papá, las memorias de su mamá y el entorno geográfico extremo y fascinante donde están virtualmente aisladas del mundo. Del Campo nos dice entre líneas que la reconstrucción de un hecho trágico por medios científicos, de los que utilizaría cualquier historiador, está muy bien, pero también hace falta lo otro: la conexión emocional, el factor humano (o post-humano), la capacidad de empatizar con el otro que -en este caso- aflora sobre todo en las niñas protagonistas, mientras que los adultos -lógicamente- descartan buena parte de lo que las nenas afirman que sucede, por considerarlo fantasioso o descabellado. La novela tiene las dosis adecuadas de ternura, humor, travesuras infantiles, rebeldía pre-adolescente, suspenso, tragedia, investigación detectivesca y un marcado amor por la naturaleza, sus paisajes, sus ritmos y la forma en que se impone por sobre las veleidades del ser humano. Si a mí me entretuvo y hasta por momentos me entusiasmó, sospecho que si le das El Fantasma del Faro a borreguit@s de 9 a 12 años, van a flashear zarpado. Nada más, por hoy. Seguramente esta semana habrá más reseñas y el domingo nos encontramos en Frikimanía, el evento que se hace en Concordia, Entre Ríos. Y además empieza el Mundial.

sábado, 12 de noviembre de 2022

BLACK PANTHER: WAKANDA FOREVER

En el último tiempo, los cerebros del Universo Fílmico de Marvel venían desarrollando un plan a mediano plazo para reemplazar a los actores "de la primera camada", que ya están un poco mayores, o que se quieren concentrar en otros proyectos, y así vimos finales bastante consistentes y dentro del meta-relato para Steve Rogers, Tony Stark y Natasha Romanoff. Lo cual, como cualquier comiquero sabe, no significa el final de Captain America, Iron Man o Black Widow, sino un desplazamiento del foco narrativo hacia nuevas iteraciones de los mismos personajes. Y de pronto, un actor al que le quedaba todavía bastante margen para seguir identificado con uno de los personajes centrales del MCU, se muere de cáncer. ¿Qué hacemos en este caso? La opción más fácil habría sido buscar a un actor más o menos parecido al malogrado Chadwick Boseman y ponerlo bajo la máscara de Black Panther. Sin embargo, se eligió el camino difícil: adelantar unos cinco o seis años ese momento en el que iba a hacer falta un argumento que permitiera que alguien más interpretara a Black Panther, porque Boseman ya estaba cansado. Como sucediera alguna vez en los comics, Wakanda Forever le otorga el rol de protector de la nación africana a Shuri, hermana menor de T´Challa, un personaje que en el Universo Fílmico había tenido muy poquito desarrollo. Una jugada muy arriesgada, porque nos fuimos de un tipo de 40 y monedas muy carismático y con muchos partidos ganados en el MCU a una chica que aparenta 15 ó 16 años y que hasta ahora no había mostrado casi nada. Milagrosamente, la apuesta garpó. Letitia Wright (la actriz que interpreta a Shuri) se pone al hombro los 131 minutos de Wakanda Forever y nos brinda una actuación formidable, apoyada en un guion muy sólido, que nos invita a seguirla en un rito iniciático en el que le pasa de todo. Angela Bassett, una vez más en el rol de la reina Ramonda, también impacta por el nivel de su labor actoral. Y Lupita Nyong´o, que en la primera peli de Black Panther tenía un rol chiquito, acá se erige en cuasi-protagonista, también a fuerza de una notable actuación y una belleza inexplicable. Los otros roles importantes también se los llevan mujeres afroamericanas: Danai Gurira vuelve a ponerle garra a Okoye y Dominique Thorne sienta las bases para que Ironheart se convierta en una incorporación promisoria de esta versión del Universo Marvel. ¿Y no hay varones? Sí, hay tres con roles importantes: vuelven Winston Duke y Martin Freeman (ninguno es realmente protagonista de la peli, pero tienen su participación en la trama) y debuta José Tenoch Huerta, el actor mexicano elegido para interpretar a Namor. Y acá hago un alto para comentar lo mucho que me sorprendió el rol de Namor. Yo pensé que el mutante submarino aparecía un toque en la película, que era un elemento más, un complemento de la trama. Sin embargo, el rol de Namor es totalmente central: no solo son sus acciones las que impulsan el argumento del film, sino que en sus contrapuntos con Shuri y Ramonda están los mejores momentos del largometraje. El origen y la onda del personaje están bastante cambiados respecto de lo que conocemos los que leemos comics, pero todo está en consonancia con esa pica entre Namor y Black Panther que se desarrolló en las páginas de New Avengers, Avengers vs. X-Men y otras series. ¿Es una película de superhéroes? Apenitas. Yo creo que es una historia de drama familiar, atravesada por la política (como la primera peli de Black Panther) y por la guerra, que es la que provee las excusas para las escenas más épicas y más grandilocuentes. La acción propiamente superheroica es bastante escasa, otra apuesta arriesgada del director Ryan Coogler que -por lo menos para mí- dio buen resultado. Al igual que la reciente Black Adam, Wakanda Forever prescinde por completo de una trama romántica: no vemos un solo beso entre personajes y ninguna de las puntas argumentales tiene que ver con Tal se siente atraíd@ por Cual. Ojalá esto de no meter tramas románticas con forceps se convierta en una sana costumbre. ¿Te acordás hace 30 años cuando en los comics mataron a Superman y bancaron cuatro series regulares (más miniseries y especiales) solo con la chapa de los personajes secundarios? Bueno, en Wakanda Forever pasa exactamente eso, con la dificultad extra de que el mayor protagonismo recae en Shuri, que tenía acumulada una chapa ínfima. Estamos ante una gran película de desarrollo de personajes, pensada para potenciar a todo ese elenco de secundarios que se había armado alrededor de T´Challa y que en la peli anterior (y en otras apariciones en otras series y películas del MCU) habían insinuado que estaban para más. La conexión con las tramas "globales" del MCU esta vez no es tanta (apenas las escenas con Valentina Allegra de Fontaine) pero la profundidad que le otorga el guion a los personajes (especialmente femeninos) de Wakanda, la carnadura, la dimensión humana de los conflictos, hacen que la película resulte muy atractiva. Incluso la forma en que (de la nada, sin franeleo previo) aparece en el mapa otra civilización hiper-avanzada e hiper-poderosa desconocida para el mundo entero, se siente como algo coherente, no como un capricho del guion o una bizarreada. Así que me gustó Wakanda Forever. Le sobra (como suele suceder) la persecución de autos y el resto está muy bien. Pocos chistes, muy buenas actuaciones, un diseño de trajes, decorados y vehículos soberbio, muy buena banda de sonido y una solución valiente y eficaz al problema que planteó la inesperada muerte de Chadwick Boseman. ¿Habrá gente que no quiera ir a verla porque le molesta que el foco esté puesto en las mujeres afroamericanas? Y bue, puede ser. Ellos se lo pierden...

jueves, 10 de noviembre de 2022

OTRA VEZ DE A TRES

Otros tres libritos leídos, como para retomar un ritmo razonable de reseñas en este espacio. Le entré a Serie B, la novela gráfica escrita y dibujada por Andrés G. Leiva en 2014, con expectativas muy altas, porque venía recomendada enfáticamente por varias personas cuya opinión suele coincidir con la mía. Y no, no me mintieron. Serie B es una obra maestra, de la que me sorprende no haber oído hablar mucho antes. Es insólito, inaudito, inverosímil que Leiva no haya levantado premios a lo pavote con este homenaje al Hollywood más trucho, más precario y a la vez más genuino. El dibujo está muy en la línea de Joann Sfar, Blutch y Christophe Blain, con ese trazo muy suelto, muy expresivo, una línea generalmente fina y con un cierto tembleque, un color puesto con acuarelas, muy jugado a los climas... Por momentos aparece también la estética retro de Ben Katchor, pero la influencia principal son los autores franceses ya mencionados. Y está buenísimo, porque uno asocia a Sfar, Blutch y Blain con grillas muy tradicionales, de viñetas regulares, y Leiva elige un rumbo diametralmente opuesto para su puesta en página. Hay páginas de cuatro o seis viñetas de idéntico tamaño, pero también páginas llenas de cuadros horizontales (en formato widescreen) o verticales, cuadros enormes, páginas splash, variaciones en la forma de delimitar los contornos de las viñetas... Serie B está llena de sorpresas en materia visual, y tiene la extraña virtud de no parecerse en nada a los trabajos anteriores de Leiva, donde la impronta gráfica era radicalmente distinta. El guion es exquisito y también, está lleno de sorpresas. Tiene un truco muy ingenioso para hilvanar pedacitos de historias que parecían totalmente inconexas, tiene personajes muy bien desarrollados, y dos relatos en dos niveles distintos: uno de ficción (un director, una guionista y un equipo de actores filman un largometraje con dos mangos) y uno de ficción dentro de la ficción, en el que vemos como "reales" las aventuras que imaginan los autores del film. Los mejores momentos tienen que ver con el carisma de algunos personajes (un elenco magistral donde no hay ni buenos ni malos) y con ese contraste entre lo que narra el film y lo que sucede en el backstage. Cuando Leiva explora este lado de la cámara y revela cuáles de todos esos elementos fantásticos y bizarros existen en el mundo "real", Serie B levanta un vuelo alucinante. No puedo contar nada más sin spoilear, así que dejo acá. Me sumo a la recomendación para que más gente consiga y lea esta obra y redoblo esfuerzos para conseguir otros trabajos de Andrés G. Leiva.
Me voy a Estados Unidos, año 2016, cuando el recordado maestro Len Wein se reencuentra con Swamp Thing, el personaje que había co-creado en 1971 con Berni Wrightson para una miniserie llamada The Dead Don´t Sleep, a la que le fue bastante bien en ventas. Como ya no estaba Wrightson, DC consiguió a su mejor imitador, el gran Kelley Jones, que tiene estudiado el Swamp Thing de los ´70 al milímetro. Jones reproduce situaciones, climas, gestos, y hasta enfoques que habíamos visto en la etapa original de Swamp Thing, y después pone mucho de su propia cosecha: oscuridad, grotesco, músculos desproporcionados, rostros desfigurados y todas esas cosas que lo hacen tan querido por sus fans. Lo que no me cerró es que a la hora de dibujar a Deadman no respetara su propio diseño, el de principios de los ´90, que era glorioso. Pero el trabajo gráfico está muy bien, la narrativa fluye sin tropiezos y Jones logra un equilibrio bastante potable entre las viñetas en las que pela virtuosismo y las que saca con fritas, con lo justo para zafar. El color de Michelle Madsen también está muy en sintonía con una historia de horror al límite. Además de Deadman, Swampy interactúa con Zatanna, el Phantom Stranger, el Spectre y hasta hay un cameo de Demon. Por ahí nada de esto era 100% necesario para el desarrollo de la trama, pero está bien, no molesta. El argumento es muy interesante, tiene varios giros lindos y está apenas estirado, seguramente para darle espacio a todas estas estrellas invitadas. Mi problema, lo que no me cerró para nada, es cómo Wein escribe los diálogos de Swamp Thing: no solo el monstruo habla muchísimo... también tira chistes, retruques sarcásticos y expresiones groseras al filo de la puteada. Hay momentos en los que le falta el sobretodo y el pucho, y es John Constantine, más que Alec Holland. Obvio que, al ser el creador del personaje, Wein tiene derecho a hacerlo hablar como se le canten las bolas, pero a mí personalmente me hizo mucho ruido y me distrajo de la trama central. Fuera de eso, The Dead Don´t Sleep es una aventura entretenida, efectiva, con muchos elementos pensados para cebar al fan del rincón místico/ dark del Universo DC.
Y termino en Argentina, año 2022, con una breve mención al Vol.6 de Manta, escrito una vez más por Jonathan Crenovich y Martín Mazzeo y dibujado y coloreado por Nicolás Brondo. Esto leído así, de a 60 páginas por año, es un palo en el orto. Me costó muchísimo entender qué pasaba, porque claro, leí el Vol.5 el 31/10/21 y no me acordaba casi nada. Después, con el correr de las páginas, recompuse en mi mente algo de la trama, compleja y sofisticada, que sostiene a esta saga de misterio, suspenso, venganza y violencia. Y me encontré con diálogos (muchos) que indagan en la lógica de los vengadores enmascarados, de los justicieros que no tienen reparo en responder a la crueldad y la atrocidad con más crueldad y más atrocidad. Como siempre, la trama avanza lento, los personajes están muy bien desarrollados y cobran verdadera tridimensionalidad, tanto a través de los diálogos como de las secuencias mudas. Y en esta entrega puntual, tenemos el final más tremendo, más impactante, más hijo de puta de toda la saga, como para que esperemos el Vol.7 más manija que nunca. La verdad que pensaba aguantar el Vol.7 hasta que saliera el 8, como para leer los dos juntos, pero se va a complicar. Y nada más, por hoy. Nos encontramos el domingo a la tarde en la Pergamino Comic Fest, y si no, la semana que viene con nuevas reseñas, acá en el blog.

jueves, 3 de noviembre de 2022

TRES DE UN SAQUE

Como no podía ser de otra manera, me abalancé sobre el Vol.2 de Crónicas de la Era Glacial para enterarme cómo termina esta epopeya creada por el maestro Jiro Taniguchi y serializada a ritmo muy lento entre 1987 y 1991. Bueno, la sorpresa es que no termina. Hay una especie de final, pero deja muchísimas puntas abiertas. El propio Taniguchi nos cuenta en un postfacio que su idea original era que este manga fuera muchísimo más largo, y que por cuestiones editoriales lo tuvo que terminar ahí, con este mundo increíble a medio explorar. Es notable lo mucho que cambia el tono de Crónicas de la Era Glacial de un tomo a otro. El primero es mucho más claustrofóbico, opresivo, amargo. El segundo es un tomo todo al aire libre, que transmite una sensación de maravilla y de libertad, de posibilidades infinitas. Por supuesto hay peligros extremos para Takeru y sus amigos, pero las reglas son otras. Por momentos me hizo acordar mucho a esas historietas de Moebius en las que Atan y Stel recorren el mundo de Edena: hay un bosque que está vivo, un montón de bichos que componen una fauna y una flora desaforadas y fantásticas, hay una bajada de línea ecológica muy clara, y en un momento cobra fuerza otro elemento muy presente en la obra del Genio Infinito: la metafísica. De alguna manera muy limada (pero que no desentona con el tono de la obra) Takeru logra conectar su mente y su espíritu con el de un dios gigante que vive desde tiempos ancestrales y dialogar con el corazón del bosque viviente, penetrar en su sistema nervioso, ser testigo de sus memorias. Todas cosas imposibles siquiera de imaginar a lo largo de la lectura del Vol.1, que era mucho más tradicional y más prosaico. Acá de pronto hay una especie de lirismo místico que cambia el registro, la forma de presentar la aventura. Para cuando llegué a la mitad del Vol.2, empecé a sospechar que, por la propia ambición de lo que estaba narrando Taniguchi (nada menos que el nacimiento de una humanidad 2.0 manipulada por una inteligencia artificial de infinito poder, que se pone a sí misma en el rol de Dios), las páginas que faltaban para llegar al final no iban a ser suficientes para darle un cierre consistente a la saga. Y lamentablemente, mi pálpito fue acertado. Crónicas de la Era Glacial termina con el conflicto central sin resolverse, con los personajes casi en medio de una misión a todo o nada, y no hay ni dos viñetas de epílogo, de "bajemos un cambio, que el peligro grosso ya aflojó". Pero bueno, son unas 600 páginas de aventura trepidante, en las que Taniguchi dibuja (como los dioses) muchas cosas que nunca había dibujado antes y que no volvería a dibujar después. Inconclusa y todo, es una saga entretenida, cautivante, impactante y con un montón de ideas desparramadas por ahí, que el ídolo no llegó a cerrar, pero que hacen que el manga valga mucho la pena.
Y un día retomé Saga. Había leído el Vol.5 allá por el 09/04/19 y la verdad que me acordaba muy poco. O en realidad me acordaba bastante del contexto global de la serie, pero no me acordaba en qué punto había quedado el relato cuando se me terminó el Vol.5. Así que estuve algunas páginas a la deriva hasta que le volví a encontrar el pulso a esta extraña serie de Brian K. Vaughan y Fiona Staples. Al toque me acordé cómo funciona Vaughan en las series largas: todo es una gigantesca acumulación de peripecias que después muy probablemente no tengan ningún peso en la resolución de las tramas principales. Esa es -muy evidentemente- la lógica de Saga. Por eso es imposible de leer de a un episodio por mes, o cada vez que los autores tienen listo un numerito de 20-24 páginas. Incluso en tandas de seis numeritos (que son los que recopila cada TPB) es casi imposible no entrar en la trampa y sentir con intensidad dramática todas estas escenas, toda esta entrada, salida, muertes y reapariciones de personajes que seguramente en el contexto global de la historia van a ser menos que una nota al pie. ¿Por qué pasa eso? Porque Vaughan y Staples son buenos narradores, por eso pisamos el palito y sentimos que estamos leyendo algo relevante, cuando en realidad es todo 90% relleno, boludeces para estirar. Claro, cuando las boludeces para estirar incluyen diálogos notables, muy buen desarrollo de personajes y momentos shockeantes que te dejan helado, tiene sentido y hasta está bueno comerse el amague de que pasan cosas importantes. Cuando los personajes que se incorporan al ya muy vasto elenco tienen onda, y son distintos, y miran la trama desde una óptica distinta, también está bueno verlos entrar y cambiarle la "composición química" al menjunje. Y si encima está todo bien dibujado y bien coloreado, y hasta el rotulado es precioso... ¿qué apuro tenés, no? Dejá todo así, estiren todo lo que quieran y si la serie termina en el nº240 y son 40 TPBs, me chupa un huevo y la cáscara del otro. De última, Saga es la historia de Hazel, y mientras viva Hazel, se puede seguir. Hasta ahora, en seis TPBs, creo que no cumplió ni cinco años, así que es cuestión de relajarse y disfrutar de los bizarros sacudones que Vaughan y Staples le pegan a esta serie. El único peligro real es que se aburran, o se mueran, y la dejen inconclusa en cualquier lado. Mientras eso no suceda, tenemos la diversión garantizada, porque en todos los episodios pasan cosas y la sensación (mentirosa) de que los personajes crecen y la trama avanza, está, se vive y se disfruta. Tengo uno o dos tomos más de Saga sin leer, así que no falta tanto para que nos reencontremos con Hazel, Alana, Marko y familia.
Me vengo a Argentina, año 2022, para leer La Madriguera, nuevo trabajo de Femimutancia (o Julia Inés Mamone), autora con la que ya nos habíamos encontrado allá por el 01/02/19. De nuevo me deleité con un excelente trabajo en materia de dibujo, color y rotulado. Y además me encontré con unas secuencias mudas realmente hermosas y unos diálogos cuidadísimos, que me sonaron sumamente reales. La trama me resultó un tanto extraña. Las primeras 35 páginas son fascinantes. Femimutancia plantea una situación realista, la vida conflictuada de una chica normal, y la empieza a retorcer con elementos fantásticos alucinantes: ese ángel perverso que irrumpe desde la primera página, el gato que habla, la caída a una especie de limbo/ vacío metafórico (o no) onda Alice in Wonderland, el "chiste" de los poderes imaginarios con los que la protagonista "mata" gente... No se entiende del todo lo que pasa, pero te engancha a full, porque es todo muy raro y está muy bien amalgamado con el slice of life. Pero a partir de ahí, de cuando Rebecca se despierta en el hospital, la trama retrocede tres casilleros y se vuelve a quedar en el slice of life clásico. Bien escrito, con personajes interesantes, con el condimento extra de la pandemia de COVID-19, pero anclado en conflictos reales, en vínculos familiares, afectivos y sexuales no muy distintos a los que nos conectan a los lectores con nuestro entorno cotidiano. Me da la sensación de que Femimutancia utiliza esta obra para hablar acerca de su relación con su madre, pero por ahí me equivoco y es todo ficción, y nada de lo que le pasa a Rebecca con su mamá está basado en las vivencias reales de la autora. En cualquier caso, la historieta es un vehículo tan válido como cualquier otro para exorcizar ese tipo de fantasmas. El tema es que la relación entre Rebecca y su mamá lastra un poco el desarrollo de la trama, que finalmente llega a un desenlace muy lindo, muy satisfactorio, pero que -para mi gusto- desaprovecha un poco ese tinte bizarro e hipnótico que le daban los elementos fantásticos en el primer tramo. La Madriguera se trata, básicamente, de crecer. De no escaparse de los problemas, afrontarlos, buscarles la vuelta, reflexionar... Rayo, la novia de Rebecca, lo dice con toda claridad, por si alguien no lo entendió. Y por ese lado la historia funciona y hasta conmueve. Si sos fan de Femimutancia ni hace falta que te la recomiende. Y si no, probablemente esta sea la puerta de entrada ideal al universo de esta autora siempre dispuesta a arriesgar un poco más. Nada más, por hoy. Nos encontramos el sábado y el domingo en la San Luis Comic Con y el miércoles 9 a las 16 hs en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, en la ciudad de Mendoza. Y la semana que viene, seguro estaré de vuelta con nuevas reseñas, acá en el blog.

lunes, 31 de octubre de 2022

ESSENTIAL DEFENDERS Vol.5

Allá por el 24/12/17 me clavé el Essential Defenders Vol.7 y me encontré con unos guiones de J.M. DeMatteis, o en realidad con una forma de encarar la serie por parte del guionista, que me justifica ir un par de tomos para atrás a rastrear la transformación de aquel grupo integrado básicamente por Dr. Strange, Hulk, Namor y el Silver Surfer en otra cosa totalmente distinta. Así caí en el Vol.5, que arranca justo cuando DeMatteis asume como guionista titular de la serie, en el nº92 (1981) y llega hasta el nº106, que marca un quiebre porque ahí muere Nighthawk, otro de los personajes emblemáticos de la primera década de los Defenders. El Essential también incluye varias historias de Marvel Team-Up escritas por DeMatteis, en las que Spider-Man forma equipo con personajes que por este entonces eran miembros del "equipo". De hecho, buena parte de los plots que veremos desarrollarse en este tomo se desprenden del nº101 de MTU, donde Nighthawk es co-protagonista. ¿Cuál es el plan de DeMatteis para esta serie? Sacarse de encima lo más prolijamente posible a Hulk, Namor y el Surfer y convertirla en una segunda revista del Dr. Strange, con amenazas que tienen que ver sobre todo con el palo místico, y con héroes y heroínas que apuntalen un poco esa onda. Así, en estos números de Defenders tenemos como protagonistas al Tordo y a Nighthawk, que son los personajes a los que más cosas les pasan. Y en segunda línea a Hellcat, a Son of Satan y a Valkyrie. Todos personajes a los que DeMatteis logra incorporar a esta temática vinculada a demonios, magia y demás. Por si faltara algo, Clea también tiene un rol bastante importante, tenemos la incorporación de un nuevo personaje también de origen místico (el copadísimo Gargoyle) y el rescate de otro personaje de ese mismo palo, Devil-Slayer, que tenía muy poquitas apariciones. En realidad era una creación de Rich Buckler para la editorial Atlas, que cuando ese efímero proyecto naufragó, cambió su nombre de Demon Hunter a Devil-Slayer y se incorporó al rincón más dark del Universo Marvel. O sea que en la mayoría de los arcos argumentales Dr. Strange está rodeado de personajes a los que el mundo del misticismo no les resulta del todo ajeno. Recién sobre el final empieza a aparecer un personaje que viene claramente de otro palo y que eventualmente va a tener un rol importantísimo en esta serie: el ídolo, el más grande, el querido Hank McCoy. Un especialista en dinámica de equipos que le va a traer una impronta más de cooperación entre pares que de "rejunte de tercerones que hacen lo que les ordena el Dr. Strange". Y en el Vol.6 nos vamos a enterar cómo DeMatteis lleva más allá su plan de renovación y se saca de encima también al Capo de las Artes Místicas. Dicho todo esto, aclaremos lo más importante: las aventuras en sí no están muy buenas. Son bastante del montón y están muy lejos de lo que se veía en las series realmente grossas que publicaba Marvel en 1981-82. Más allá de sus buenas intenciones, en esta época J.M. DeMatteis no era un guionista infalible ni mucho menos, y todavía falta un poco para que alcance el nivel que lo consagraría. O sea que mucho de lo que ofrece este Essential en materia de guiones pasa sin pena ni gloria y dista de ser memorable. Y en materia de dibujo, no estamos mejor, para nada. El dibujante titular de Defenders en toda esta etapa es Don Perlin, acerca de cuyas limitaciones y torpezas ya hablé bastante en la reseña del Vol.7. Acá en la mayoría de las páginas lo vemos entintado por el siempre elegante Joe Sinnott, ante cuya mención cualquier fan de Marvel debe ponerse de pie. La magia de Sinnott no alcanza para que el dibujo de Perlin se vea bien, porque los cuerpos son estáticos, la planificación de las secuencias es aburrida y la falta de imaginación para dibujar casi todo es más que evidente. Pero por lo menos Sinnott le da un pulido a la superficie, a los primeros planos de los personajes, que en los números donde no entinta él, o en las páginas que les habilita a sus asistentes, se extraña muchísimo, porque deja muy al descubierto lo choto que era Perlin. Por suerte hay un numerito dibujado por Jerry Bingham y un numerazo (de Captain America) dibujado por Mike Zeck. Ahí el Essential nos permite sacar la cabeza del pantano, respirar un toque y deleitarnos con historietas mucho mejor dibujadas y narradas. Y bueno, me comí un tomo duro de digerir. Hay que ser fan de Defenders para bancarse estos números (yo nunca lo fui), o muy talibán de J.M. DeMatteis. Me lo quedo porque la etapa del ídolo empieza acá y sospecho que mucho de lo que pasa en el Vol.6 va a hacer referencia (o incluso va a sumarle relevancia) a las historias de este tomo. Pero la verdad que ni los guiones ni los dibujos están como para que se lo recomiende a nadie. Ah, antes que me olvide: en 1998 alguien nos va a revelar que Nighthawk en realidad no murió un carajo en el nº106 de Defenders. O sea que -una vez más- vamos a ver a los héroes llorar al pedo por un compañero caído al que algún guionista falto de ideas eventualmente va a hacer volver. Nada más, por hoy. Prometo entrarle pronto al Vol.6, así ya completo el repaso por la Era DeMatteis en Defenders. Gracias y hasta el mes que viene.

sábado, 29 de octubre de 2022

SÁBADO DE SUPER CIENCIA FICCIÓN

Para hoy se me juntaron dos obras de un mismo género, la ciencia ficción. Y las dos me gustaron mucho. Empiezo en la bisagra entre los ´70 y los ´80, con Ricardo Barreiro y Juan Giménez en plena aventura europea. A veces coincidían en el mismo país, a veces no, pero durante unos cuantos años trabajaron juntos en historias cortas de ciencia ficción (o "machine fiction", como le gustaba decir a Juan) que finalmente aparecen todas recopiladas en un único libro, War III, al que realmente no le falta nada. Creo que lo más impactante de War III es cómo nos invita a redescubrir y revalorizar los trabajos de Giménez en blanco y negro. Tanto acá como en Ciudad (ver reseña del 03/12/15) queda muy claro que el maestro mendocino no solo era un capo a nivel mundial cuando le ponía color a sus historietas, sino que también cuando trabajaba en blanco y negro hacía gala de un trazo exquisito y de una cantidad de recursos expresivos francamente pasmosa. En algunas historietas se vuelca a las rayitas de rotring típicas de Moebius de los ´70, pero en general, en esta época de Giménez vemos a un autor versátil, sólido, que no solo deja la vida en cada máquina y en cada nave espacial, sino que además le sabe poner a los personajes unas expresiones faciales que poco tienen para envidiarles a las del mejor Solano López. Además, el armado de las secuencias siempre funciona, no hay tropiezos sino aciertos en la elección de los ángulos, las escenas mudas son apoteóticas y las páginas en las que Barreiro se excede un toque con la cantidad de texto también se ven bien. Este libro se puede comprar tranquilamente para flashear con los dibujos de Giménez, aunque los guiones no te interesen en lo más mínimo. ¿Y qué onda los guiones? Desparejos, como en cualquier compilado. La última aventura, por ejemplo (la extensa Puesto Avanzado), se toma 30 páginas para llegar a un remate irónico que se parece mucho a un chiste malo. El argumento es una excusa para que Giménez dibuje muchas páginas de batalla entre naves espaciales, y no mucho más. En cambio, en Adiós, Soldado y Nosotros los Héroes, tenemos al Loco Barreiro mucho más inspirado, con relatos muy eficaces, que además de la inevitable dosis de violencia, explosiones, armas y drogas, tienen una bajada de línea dura, desoladora, por momentos conmovedora, acerca del tema de la guerra. Y después hay tres historias que no son ni gemas ni choreo: guiones cortos, correctos, que cumplen sus dos funciones primarias: 1) llenar un puñado de páginas en una antología donde aparecían 10 ó 12 historietas distintas; y 2) permitir el lucimiento del dibujo de Juan Giménez. Me da la sensación de que en ninguno de estos trabajos Barreiro buscó crear una obra maestra, ni establecer un hito en su carrera como guionista. Por el contrario, me lo imagino muy distendido, dispuesto a pasarla bien junto a su amigo "el Pelado" que se cebaba tanto como él con el tema de las guerras ambientadas en el futuro. Siempre el mejor de los recuerdos para ambos.
Salto a Estados Unidos, año 2019, cuando la ignota editorial TKO publica Sentient, una saga de ciencia ficción originalmente serializada en seis comic books, con guion del maestro Jeff Lemire y dibujos de Gabriel Hernández Walta. Sentient tiene la complejidad suficiente como para que te la puedan vender de dos formas totalmente distintas. Por un lado, te la puedo recomendar como una obra que transmite unos valores lindísimos de solidaridad, de coraje, de responsabilidad, de jugarse todo para proteger a los seres queridos. Desde ese lado, vas a encontrar una obra muy emotiva, en la que Lemire logra que nos encariñemos con una inteligencia artificial tanto como si fuera un ser humano, lo cual no es poco. El hecho de que casi todos los protagonistas sean niños también refuerza esa mirada familiera, tierna, de "caricia al alma". Pero también podemos hacer énfasis en la otra faceta de Sentient, una obra con un nivel de violencia tremendo, en la que los niños terminan más de una vez salpicados de sangre, envueltos en una runfla política de la que no entienden nada, pero que hace aflorar en los adultos una mala leche atroz. La obra hace equilibrio todo el tiempo entre esos dos polos opuestos. Para hacerla apta para todo público o "family-friendly" habría que limpiarle toda esa faceta más extrema y más sangrienta, y para profundizar un poco más en la faceta más oscura y ominosa los protagonistas tendrían que tener 10 o 15 años más. Lo realmente notable es que, así como está, apoyada en esa ambigüedad que la convierte en un bicho rarísimo dentro del comic yanki reciente, Sentient funciona perfecto. Está apenitas estirada (seguramente con 20-30 páginas menos pegaría más fuerte) pero logra sorprender incluso al lector más curtido, porque nunca te ves venir las guachadas que Lemire tiene bajo la manga para sacudir a la tripulación (humana y no tanto) del U.S.S. Montgomery. La lectura de este comic me retrotrajo a la semana pasada, cuando el maestro Gipi me hizo emocionar con esos adolescentes desamparados, librados a su suerte en un mundo devastado, precario y extremo. Sentient va medio por ese lado, es un poco un El Último Recreo en el espacio, pero con un personaje que modifica de lleno la ecuación como es Valarie. Un guion muy fuerte, muy impactante, donde Jeff Lemire demuestra una vez más que, sin salir de los géneros más transitados, es una usina inagotable de ideas novedosas y arriesgadas. El dibujo de Gabriel Hernández Walta es excelente, bien expresivo, dinámico, con gran atención por los climas opresivos, de altísima tensión, que se viven a bordo de la nave, y perfectamente realzado por un trabajo sublime en el color. De aca en más, cada vez que vea una historieta de Walta donde no lo dejan colorearse a sí mismo, voy a putear en no menos de 15 idiomas. Tengo sin leer otro libro (sí, ese libro) dibujado por este gran autor nacido en Melilla, así que no falta demasiado para que se venga una reseña por acá. El ensamblaje entre Walta y Lemire en estas páginas es tan potente que ojalá se reúnan pronto para una nueva colaboración. Si sos fan de cualquiera de ellos, o de la ciencia ficción, o del buen comic en general, no tengo dudas de que Sentient te va a encantar. Y hasta acá llegamos, por hoy. En una de esas hay nuevas reseñas el lunes, y si no, nos reencontramos el mes que viene, acá en el blog.

lunes, 24 de octubre de 2022

GENIOS EN BLANCO Y NEGRO

Hoy, tres obras en blanco y negro a cargo de un verdadero Olimpo de autores de historietas. Empiezo con New York Blues, una reedición apócrifa de las historias cortas que habían hecho Carlos Trillo, Guillermo Saccomanno y Horacio Altuna para las revistas de Ediciones Record, allá por fines de los ´70, antes de concentrar lo mejor de su producción en las páginas de la revista SuperHum®. Este libro, publicado de manera ilegal por una runfla entre varios piratas bastante conocidos en nuestro medio, tuvo -lógicamente- varios problemas legales para circular en España, mientras que los pocos ejemplares que se distribuyeron en Argentina se vendieron rápido, por eso poca gente lo tiene. Y a pesar de sus casi 100 páginas a gran tamaño, trae apenas seis historietas, ninguna de las cuales supera las 14 páginas. O sea que hay muchas páginas despilfarradas en carátulas, prólogos, o simplemente dejadas en blanco. Las primeras cuatro cuentan con guiones de Trillo, a pura ironía, con la mala leche a flor de piel. No son historias cómicas, para nada, pero aportan una mirada inusual, un Lado B cínico y desangelado al clásico género de mafias, policías y asesinos a sueldo en la gran ciudad. Los diálogos son breves, concisos, filosos. Y los finales, invariablemente desoladores. Los dos relatos de Saccomanno, en cambio, se ajustan un poco más a las convenciones del género, como si buscaran más respetarlas que subvertirlas. El primero (el único que "traiciona" a New York para llevar la acción a las afueras de Memphis) probablemente sea el mejor del libro, en parte porque Saccomanno se florea con unos bloques de texto impresionantes, con un nivel literario digno de la mejor época de H.G. Oesterheld o Robin Wood. Y de punta a punta del libro, brilla en todo su esplendor el trazo de un Horacio Altuna inspiradísimo, bien jugado a una ilimunación extrema basada en las manchas negras, con un trabajo formidable en rostros, en decorados urbanos, en el armado de las secuencias (sobre todo las mudas), un Altuna realmente impactante. Me detonó la cabeza ese fragmento de la segunda historieta en la que Horacio reproduce yeites del maestro Sergio Toppi, en el trazo y sobre todo en la composición de las viñetas. Nunca me imaginé que iba a ver algo así. Por el tamaño en el que están publicadas las historietas, llama mucho la atención el rotulado: los globos ocupan mucho espacio y las letras están enormes. Por eso también se nota mucho que las últimas historietas no están rotuladas por Altuna, sino por un letrista mucho menos ducho en esos menesteres. Ojalá algún día este material reaparezca en una edición mejor, más cuidada, en tamaño más chico, con menos páginas, o con más material. Porque -aunque parezca mentira- todavía hay historietas de Trillo y Altuna que nunca se recopilaron en libro.
En 2016 nos enteramos gracias a la editorial Planeta Cómic de España que en 2002 el inmortal Jiro Taniguchi había incursionado en la ciencia ficción. Una revelación tremenda, como si te dijeran que Ingmar Bergman filmó tres películas porno y una de Porcel y Olmedo. ¿Y cómo le fue a Taniguchi de visitante en los pagos de Yokinobu Hoshino, Keiko Takemiya o Masamune Shirow? Hasta ahora voy por la mitad de Crónicas de la Era Glacial, todavía me falta entrarle al Vol.2. Pero va muy bien, a pesar de que en 270 páginas no es tanto lo que sucede. Lo único que no me convence es la fórmula (ya muy gastada) de "el héroe a pesar suyo", el goma al que lo tienen que convencer a sopapos de que se haga cargo de las responsabilidades que tiene, le gusten o no. El resto está bárbaro. Hay una trama principal en la que la ambición desmedida de una empresa minera pone en riesgo la vida de muchísima gente, hay un mensaje admonitorio acerca del daño al medio ambiente que produce este modelo extractivista sin control, y sobre el final, la aventura se vuelve más compleja e impredecible gracias a la aparición de unos gigantes milenarios a los que uno de los pueblos del glaciar veneran como si fueran dioses. Ahí aparece, además, el choque de culturas y la contraposición entre miradas distintas a la realidad, presente y pasada, de este planeta que alguna vez fue verde y hermoso y hoy es un páramo cubierto de hielo y poblado por criaturas mutantes de extrema peligrosidad. Como suele suceder, el nivel del dibujo de Taniguchi es tan bestial, tan glorioso, que el argumento podría no estar e igual habría que recomendar este manga, y todos los demás que dibujó. Crónicas de la Era Glacial no ofrece grandes sorpresas en este rubro para los que seguimos al ídolo hace décadas, pero siempre es un placer verlo dibujar (además de las clásicas escenas de alpinismo, o esos animales hermosos) cosas que habitualmente no dibuja, como por ejemplo, un hiper-complejo minero del futuro, enclavado a muchos kilómetros debajo de la superficie de un planeta helado. Uno asocia a Taniguchi mucho más con la naturaleza que con las máquinas, más con los puestitos callejeros de comida que con las naves espaciales. Y acá está a full mostrándonos que también la rompe cuando dibuja un futuro amargo, ominoso y jodido como el que se nos viene si el año que viene vuelve a ganar la derecha. Prometo entrarle pronto al Vol.2, que parece tener más acción y menos franela.
Y me quedo en 2016, año en el que el maestro italiano Gipi publica la fundamental La Tierra de los Hijos. ¿Su mejor obra hasta la fecha? Puede ser. Son casi 280 páginas dibujadas a un nivel sublime, monumental, demoledor. Como con Taniguchi, ni tiene sentido tratar de entender la magia que tira Gipi con su trazo. Pero además están los climas, los silencios, las miradas, todo eso que se oye cuando los personajes no hablan, aunque Gipi no use onomatopeyas. La Tierra de los Hijos es una historia desgarradora de supervivencia, un viaje iniciático centrado en dos hermanos y en un mundo devastado, convertido en un cúmulo de carencias, ausencias y peligros espeluznantes. También como Taniguchi, Gipi sale de su zona de confort y se arriesga a adentrarse en un terreno bastante aventurero para lo que es el resto de su bibliografía. El tramo final de La Tierra de los Hijos es una aventura hecha y derecha, con mucho ritmo y altas dosis de violencia de las que no abundan en las historietas de este autor. Pero lo más tremendo de esta obra es la omnipresencia del dolor, físico y psíquico, del sufrimiento por el que pasan los personajes. Desde el hambre y las enfermedades a los golpes, las mutilaciones, los asesinatos, el maltrato y las humillaciones. Nadie se la lleva de arriba en esta historia en la que no existen los buenos. En algún momento, Gipi te trata de dar una tregua, de contarte escenas en las que -en una de esas- te despierta algún tipo de ternura hacia Lino y su hermano, pero ya los viste cometer tantas atrocidades, y van a cometer tantas más que, aunque queda claro que son tan víctimas como el resto de los personajes, no te podés terminar de identificar, ni de solidarizar con ellos. Los únicos personajes que no entran en la categoría de soretes, de escoria humana, son las dos mujeres: la bruja y la esclava. De los varones, no se redime ni uno solo. Recomiendo a full La Tierra de los Hijos. La edición española de Salamandra es excelente y -por lo menos hace unos meses- se conseguía a un precio más que razonable en las librerías de Buenos Aires. No sé si es el punto ideal por donde ingresar al universo de Gipi, pero sin dudas bajo esa portada pecho frío te espera una obra descomunal, atrapante, tensa, profunda, pensada para cagarte a patadas en el alma y dibujada como la hiper-concha de Dios. Nada más, por hoy. Me llevo un par de libros power metal para leer en el viaje a General Roca, así que seguro a la vuelta pintan reseñas, acá en el blog. Hasta pronto.

viernes, 21 de octubre de 2022

BLACK ADAM

Bueno, sale reseña CON spoilers del film dirigido por Jaume Collet-Serra. Lo primero que tengo para decir es que la película no es horrible. En ningún momento pensé que me dormía, ni me agarré la cabeza como diciendo "no puedo creer la pelotudez cósmica que estoy viendo". O sea, al lado de Morbius es un peliculón. Pero tiene varias cosas que no me cerraron, principalmente la falta de equilibrio entre la machaca y todo lo demás. Black Adam es una película básicamente de machaca, un Titanes en el Ring en esteroides, donde todo el énfasis está puesto en las peleas y las escenas de acción lo más extremas posibles. Y cuando digo "énfasis" también digo imaginación, y en cierta medida talento, porque son escenas de acción bien filmadas, gancheras, impactantes. El tema es todo lo demás. A la película le falta un poco más de argumento, mejores diálogos (hay dos o tres buenos), mejor desarrollo de personajes, más onda, y sobre todo un subtexto, algo que trascienda el festival de trompadas y rayos mágicos. Lo más parecido a un subtexto dura un solo diálogo, cuando Adrianne cuestiona el criterio con el que los superhéroes yankis deciden cuándo y por qué intervenir en los conflictos que se dan en los países periféricos. Repito: un tema potencialmente muy atractivo, que se toca en UNA sola frase en 124 minutos de metraje. Después hay que esforzarse para buscar una reflexión, una punta de análisis, algo que mínimamente nos invite a pensar. El conflicto central de la película es claramente el clivaje entre el superhéroe tradicional (encarnado en Hawkman) que quiere resolver todo sin matar a nadie ni transgredir ningún reglamento, y un justiciero pasado de rosca (Black Adam) que se da cuenta del verdadero potencial transformador de sus habilidades sobrenaturales y no tiene ningún reparo en usarlas al máximo para beneficio de su gente, aunque haya que matar a unos cuantos hijos de puta. Nada nuevo bajo el sol para los que leímos esto mismo en la JSA de Geoff Johns, hace casi 20 años. Y como el contrapunto grosso pasa por ahí, todo lo demás queda eclipsado. La amenaza de Intergang no es más que una molestia, uno sabe desde el vamos que no le pueden hacer el aguante a Black Adam. Ponele que Sabbac mete un poquito más de miedo (excepto cuando el CGI medio berretón lo hace trastabillar cada vez que camina), pero sabés que entre Black Adam y la JSA lo van a someter. Incluso si prestás atención, es obvio quién va a morir en la batalla final. O sea que no hay mayores sorpresas, y muchas de las escenas de acción están totalmente de más. De hecho, entran en acción tantas veces los personajes 100% humanos (Amon y Adrianna) que erosionan el verosímil, porque todo el tiempo están zafando de peligros imposibles. Más allá de la violencia desmedida y la escasa profundidad, visualmente la película está bastante bien. Me hubiera gustado ver a Adam con las orejitas puntiagudas, y el casco de Dr. Fate con las ranuras en los ojos, pero son boludeces. En general hay lindos diseños de vestuarios, escenarios, naves, armas... se zarpan con el pochoclo, pero te lo condimentan bien. La banda sonora también, me pareció muy lograda. Entre las actuaciones no hay puntos muy salientes, pero me quedo con las de Pierce Brosnan y Sarah Shahi. Y se ve que Collet-Serra miró con atención las pelis de Eternals y Shang-Chi, para no repetir esa forma suicida de meter los flashbacks. Acá los flashbacks son cortitos, y están donde tienen que estar. La información que tiran los guionistas de Black Adam (a través de un relato en off) en los primeros tres minutos, en cualquiera de estas dos pelis de Marvel duraba 10 ó 15. Como enfermo que leyó demasiados comics en su vida, estuve toda la película esperando que pasaran tres cosas que no pasan: 1) la más obvia, una aparición de Billy Batson o su alter ego. 2) el momento en que Adam empodera a Adrianna y Amon, y se arma la Black Marvel Family (capaz se la guardan para una secuela). 3) el momento en que Atom Smasher le dice a Hawkman "chupame la pija, me quedo en Kandaq a soldadear a Black Adam que tiene más chapa que vos". ¿Te das cuenta lo que lograron estos tipos? Aparece la Justice Society en una película y uno en vez de flashear, babear, vociferar como un barrabrava borracho y drogado, o enchastrarse la ropa interior con todo tipo de fluídos corporales, critica las actuaciones, el guion, el CGI... Hasta en ese punto Black Adam fracasa en su intención de sacudir la modorra y la resignación de los fans de DC que ya dieron por perdida la batalla en materia de armar un universo fílmico que no pase vergüenza frente al de Marvel. Ah, y una cosa que no entendí: ¿cuándo pasó Amanda Waller de coordinar misiones encubiertas con villanos de la B y la C a manejar como títeres a héroes hiper-poderosos como Superman o Dr. Fate? Me parece lógico que le quieran dar chapa y posicionarla rápidamente como una especie de Nick Fury del DCU, pero... ¿no será mucho? Sobre todo cuando en las dos pelis del Suicide Squad las misiones se le fueron totalmente de las manos y terminaron en cualquier cosa menos lo que ella planificó... En fin, si te copa el personaje de Black Adam tal como nos lo vienen mostrando en los comics desde principios de este siglo, sospecho que la película te puede gustar. Acá está ese tipo orgulloso, implacable, que va siempre al frente y se lleva puesto a cualquiera que lo trate de frenar. Un tipo que no necesita rosquear porque se sabe imponer por su propia fuerza y que no necesita adoptar los códigos ni de los héroes ni de los villanos, porque viene de un lugar donde esa frontera se borró hace mucho. Seguramente una película tan centrada en la machaca no es el vehículo ideal para explorar esos matices o esas capas de complejidad que hacen atractivo al personaje, pero bueno, es lo que tenemos.

jueves, 20 de octubre de 2022

JUEVES HÚMEDO

Parece que en Buenos Aires se cortó esa seguidilla de días otoñales, casi invernales, con un frío del orto y un viento que te volaba a la mierda. Ahora tocan temperaturas más agradables, pero con muchísima humedad. Es así. Salimos de una y nos metemos en otra. Pero vamos con las reseñas.... En una casa de usados de Uruguay me levanté este álbum por tres motivos: 1) nunca había leído nada del maestro Cosey, 2) nunca había leído nada de Jonathan (una serie de la que el suizo lleva publicados más de 20 álbumes), y 3) y más importante: nunca había oído nombrar a la editorial española R.O., en mil años de coleccionar libros y revistas de comics procedentes de la Madre Patria. ¿Con qué me encontré? Con un trip a 1975. Este es un Cosey muy primerizo, que debutaba en las páginas del semanario Tintin con un nivel de dibujo muy por debajo de lo que mostraría más tarde. Una especie de clon muy desmejorado de Jean-Claude Mezíeres, con buen pulso para la narrativa y no mucho más. Si en 1975 te decían que este mismo autor se iba a alzar en 2017 con el Gran Premio del festival de Angouleme, te atomizabas de la risa. El argumento me pareció bastante digno, no sentí que Cosey me faltara el respeto o que se cagara en el verosímil que él mismo trata de construir. Es una aventura dinámica, no del todo predecible, bastante jugada si pensamos que apareció en 1975 en una revista infanto-juvenil. El protagonista me cayó bastante bien: no descarto eventualmente leer más álbumes de Jonathan. Y la edición de R.O., un desastre. Creo que desde que Muñones rotulaba los comics de DC/ Perfil que no veía letras tan espantosas adentro de los globitos. Posta, hay que ser mala persona para tirarse a chanta de esa manera. Por suerte existen ediciones más modernas de esta misma serie, a cargo de sellos españoles que cuidan más el material, pero falta traducir a nuestro idioma más de la mitad de los álbumes. Por ahora queda ahí, en una apuesta donde siento que salí ganando, pero no sé si me da para meterme a full en el tema Jonathan. Por ahí sí para buscar obras cortas de Cosey de los ´80, ´90, o más recientes.
Hablando de material reciente, leí el TPB que recopila el primer arco de la serie actual de Catwoman, que tiene como principal atractivo la labor de Joëlle Jones en el rol de autora integral. Más adelante se limitará a escribir los guiones, y alrededor del nº20 o 21 la dejaremos de disfrutar en estas páginas, pero para el tomo inicial la impronta de Jones tiene una presencia categórica, contundente. Lo mejor que tiene la Catwoman de Jones es que retoma de manera lineal a la versión de Ed Brubaker que (como se puede constatar leyendo reseñas publicadas anteriormente en este blog) a mí me gusta mucho. Al principio no se entiende muy bien qué hace Selina en esta ciudad que es Los Angeles pero no se llama Los Angeles, y después sí, esto se revela, tiene sentido y conecta con un momento bravísimo de la etapa de Brubaker. Lo que menos me gustó es el conflicto en sí: son personajes bastante bien delineados, los diálogos están bien, pero el conflicto, lo que lleva a Catwoman a pararse en la vereda de enfrente de los malos (o de los más malos, porque ella nunca es del todo buena) es una excusa bastante chota. Entiendo que es un primer arco, donde no podés poner a la protagonista en una situación que la cambie para siempre, pero esto suena a aventurita menor. Y por eso no tiene lógica que se extienda a lo largo de seis números. Esto que Jones cuenta en 120 paginas, se podría contar sin ningún drama en 60, a lo sumo 64. Me encontré con un comic con mucho, pero mucho relleno. Páginas y páginas, secuencias enteras que podrían omitirse sin que la trama se debilite en lo más mínimo. Jones dibuja como los dioses, pero se excede con la splash page (y la doble splash page) más que yo con la Levité de pomelo. Por suerte no son muchas las páginas en las que escasean los fondos, y el dibujante que tiene a su cargo algunos flashbacks es Fernando Blanco, que hace un muy buen trabajo. O sea que tenemos un altísimo nivel de dibujo y una versión muy atractiva de Catwoman, en un contexto de aventura flojita, con un solo giro notable (que obviamente no voy a spoilear) y estirada al límite del grotesco. La verdad, todavía no tengo decidido si sigo adelante con esta serie hasta que la abandona Joëlle Jones, o si la cuelgo acá.
Y vuelvo al mágico mundo de los libritos cuadrados para recomendarles una gema que no sé si tuvo la repercusión que se merece: El Pequeño Timy, de Hor Lang, una historieta publicada acá en Argentina en la bisagra entre 2021 y 2022. Con el confinamiento, la cuarentena y la pandemia como contexto, Hor Lang nos sumerge en una fosa séptica de paranoia y alienación para hacernos reir a un nivel digno de los capítulos más jodidos de South Park. El humor de El Pequeño Timy es desolador, te parte al medio. Acá hay una mala leche exquisita, un nivel de violencia, de enrosque, de falta total de empatía, que no se puede creer. Hor Lang te acribilla con situaciones una más extrema que la otra, en la que el discurso de los medios de comunicación deforma la realidad ya de por sí compleja de la pandemia, y sirve para terminar de hacerle mierda el bocho a un personaje increíble (el papá de Timy). Acá además del COVID hay todo tipo de enfermedades horribles, deformaciones, mutilaciones, sangre a raudales, asesinatos, explosiones, mutaciones, rituales satánicos, aliens, monstruos, un verdadero frenesí bizarro y transgresor como pocas veces vi en una historieta. El dibujo de Hor Lang es muy eficaz, bastante en la línea de Industrias Lamonicana (miembro de la recordada Liga del Mal), y repleto de referencias visuales que van de Dan Jurgens a Junji Ito, de Quino a Hideshi Hino, de los Cabbage Patch Kids a los comics de la E.C., y de cuadros clásicos del Siglo XVII a videojuegos recontra-pixelados de los ´80 y ´90. Sin romper nunca la grilla de las cuatro viñetas idénticas por página, Hor Lang impone un pulso narrativo que resulta más que idóneo para contar estas pequeñas escenas de un hogar aparentemente normal convertido en un infierno por el encierro y el miedo al contagio. Comparado con el dibujo y el color, el rotulado se ve un poquito precario, pero la verdad que no molesta para nada. El Pequeño Timy es un cago de risa, mal. Una verdadera atrocidad, pero brillante en todo sentido. Espero nuevos trabajos de Hor Lang, a quien conocía por sus colaboraciones en el sitio Alegría. Si mantiene esta calidad en sus próximos trabajos, estamos hablando de un nuevo capo de la historieta argentina, con todo para ser un nº1 y cosechar hordas de fans. Y nada más, por hoy. En una de esas me animo a ver la peli de Black Adam, y en una de esas escribo pronto una reseña para publicar pronto acá en el blog. Gracias por el aguante de siempre.