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viernes, 11 de abril de 2025
VIERNES ATP
Después de la última incursión en el porno, hoy tengo para reseñar dos libros aptos para todo público en los que no se ve ni una teta.
Empezamos con el cuarto y último tomo recopilatorio de The Batman Adventures, un masacote de casi 300 páginas donde tenemos los últimos ocho episodios de la primera serie regular (esos nunca los llegué a traducir para Perfil), más el Annual 2 y el glorioso Holiday Special.
El Holiday Special es un verdadera delicia. Una antología con cinco historias cortas, todas escritas por Paul Dini y ambientadas entre el 1º de Diciembre y el 1º de Enero. Esta vez, en vez de ir a buscar a grandes figuras del comic para que dibujaran sus guiones, Dini trajo a los directores de la serie animada. Ya tenía clarísimo que con Bruce Timm formaba una dupla insumergible, y lo trae de vuelta para aventura de Batgirl contra Clayface muy divertida, con un ritmo infernal. También trae a Ronnie Del Carmen para una disparatada comedia de acción centrada en Harley Quinn, Poison Ivy y Bruce Wayne, en la que Batman aparece recién al final. Glen Murakami tiene a su cargo la historia más seria, más triste incluso, en la que Batman confronta con Mr. Freeze. En la serie animada, los episodios con Mr. Freeze solían tener un tinte más dramático, y estas 13 páginas van en esa misma línea. Timm y Dini co-escriben la infaltable aventura de Batman contra el Joker, que cuenta con los dibujos de Butch Lukic y Kevin Altieri, otros dos tremendos directores de animación. Y para el epílogo, Dini consigue a otro prócer de BTAS: Dan Riba. Esto no tiene desperdicio, realmente, y vale lo que pagues por todo el libro.
Después tenemos más números de la serie mensual: el nº28 es un regreso muy divertido para el Joker y Harley Quinn, gran guion de Kelley Puckett dibujado con la habitual categoría de Mike Parobeck. En el nº29 tenemos al correcto Dev Madan como dibujante suplente, y lo vamos a ver en todos los números impares que nos quedan hasta llegar al 36. Puckett se manda un unitario intenso y sorprendente con Talia y Ra´s al Ghul. Ahora con Rick Burchett de dibujante suplente, el nº30 es un episodio centrado en Mastermind, mr. Nice y The Perfesser, en el que no aparecen los justicieros de Gotham. Otro hallazgo de Puckett, que se va a tomar unas vacaciones para volver más cerca del final de la serie.
El nº31 es un unitario de Robin contra Anarky, un personaje que (lógicamente) nunca apareció en los dibujos animados. Tiene la particularidad de estar escrito por el creador de Anarky, el querido Alan Grant, y lleno de frases que ningún otro guionista se animaría a poner en boca de un superhéroe. En el nº32 vuelve Parobeck para dibujar un guion bastante menor de otro guionista invitado, Dan Raspler, al que le fue mucho mejor como coordinador o director de colecciones. El 33 es un excelente unitario, en el que pela chapa quien va a quedar como guionista titular en la siguiente serie mensual basada en BTAS: el canadiense Ty Templeton, otrora dibujante, en aquellos primeros números que vimos el 20/02/25.
Y en el nº34 arranca una trilogía (la primera y única en esta serie) en la que se reúnen Puckett y Parobeck, más Templeton que colabora en algunos guiones. Los villanos son Hugo Strange y Catwoman, y pasan cosas tan locas que no se pueden creer. Pero es todo en serio, y está narrado de una manera muy emotiva. Gran cierre para una serie mensual que sostuvo una calidad notable entre 1992 y 1995, años poco felices para el mainstream superheroico.
Pero al libro le queda una gema más. El Annual 2, con un plot obra de Paul Dini, Bruce Timm y Glen Murakami, guion del primero y dibujo y color de los otros dos. Podría ser tranquilamente un unitario de 22 páginas pero lo estiran a 44 y está bien, porque los dibujos son majestuosos. Es todo un gigantesco tributo a Jack Kirby, con Demon y Ra´s al Ghul en roles que eclipsan al propio Batman, con momentos muy oscuros, muy violentos, que en una de esas no podrían haber tenido cabida en una serie animada. Creo que este Annual y el Holiday Special es lo único que en esta lectura ya de cuasi-anciano me gustaron más que cuando las leí originalmente, con veintipico de años.
Y me voy a España, año 2008, cuando Dib-buks recopila en un hermoso álbum 44 planchas de Zorgo, la historieta que Luis Bustos publicaba todas las semanas en la recordada revista infanto-juvenil Mister K. Esto es brillante. Los guiones son ingeniosos, los personajes son queribles, los chistes son tremendos, hay diálogos bastante zarpados, las tramas no se repiten, Bustos nunca llega a la última viñeta obligado a rematar "en una baldosa" porque se le terminó el espacio de golpe, ni tampoco estira una idea mínima para llenar las (por lo menos) ocho viñetas que dibuja en cada entrega.
El protagonista es un genio del crimen, un supervillano irredimible que quiere sojuzgar a la humanidad con sus máquinas diabólicas y sus mega-robots destructores. Sí, te va a hacer acordar todo el tiempo a los protagonistas de las películas Megamind y Despicable Me (o "Mi Villano Favorito")... pero ambas son de 2010, y esto es bastante anterior.
Las aventuras (y a veces desventuras) de Zorgo dialogan con el comic clásico de superhéroes, de cuando los villanos eran genios científicos que construían artefactos imposibles para destruir ciudades, pero también con las pelis de agentes secretos tipo James Bond (rara vez en esta serie salen bien parados los agentes secretos) e incuso con las de monstruos gigantes, kaijus y demás bichos bizarros. Y Bustos juega además con el Lado B del supervillano: la vida cotidiana de Zorgo cuando no está tripulando mega-robots ni lanzando ultimatums contra los gobiernos del planeta. De acá también salen grandes momentos.
Recomiendo mucho Zorgo a lectores de todas las edades y tengo entendido que hay más tomitos recopilatorios, así que intentaré conseguirlos. Bustos me parece un autor fenomenal, y ahora que descubrí la magia que tira en su vertiente infanto-juvenil, lo admiro más que antes.
Hasta acá llegamos, por hoy. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.
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miércoles, 19 de marzo de 2025
MÁS AVENTURAS
Allá por 1981, el glorioso Atilio Micheluzzi estaba en busca de su Corto Maltés. Tenía muy dominado el estilo gráfico de Hugo Pratt, podía clonar a la perfección su tempo narrativo, y hasta se daba el lujo de florearse un poco más en el dibujo, con angulaciones más arriesgadas y texturas más complejas, que remiten enseguida a las de otro capo de esta época como era Sergio Toppi. En este álbum de Rosso Stenton no hay el menor indicio del salto mortal que va a pegar Micheluzzi pocos años después, cuando se ponga la camiseta de la línea clara y adopte los yeites del Moebius más elegante. Por el contrario, todo permite suponer que el viraje de Micheluzzi iba a ser hacia el lado de un claroscuro más extremo, más hacia el estilo de José Muñoz.
La ambientación de la aventura (Shanghai, mediados de la década del ´30) nos remite de inmediato a Corto Maltés, la página dividida en cuatro tiras también (aunque Micheluzzi no la va a bancar durante todo el álbum) y el ritmo al que avanza la trama durante las primeras... 20 páginas también, es muy de Corto Maltés. Pero después, Rosso Stenton impone su propia impronta, su propio ritmo. La trama se vuelca hacia una dinámica más de "palo y palo", con mayor énfasis en la acción y un vértigo en el que no hay lugar para esos silencios, esas pausas y esas reflexiones filosófico/ existenciales que caracterizan al personaje de Hugo Pratt. Se suceden, entonces, 30 páginas finales en las que hay saltos temporales de meses entre escena y escena, y en las que los protagonistas acumulan peripecias extremas, condimentadas con algunas pinceladas de humor y de romance. De a poco, Rosso Stanton pasa de ser un personaje prattiano a ser un personaje que le hubiese gustado imaginar a Robin Wood.
Este álbum (titulado "Shanghai") tiene varias ediciones y la que conseguí yo (L´Isola Trovata, 1984) presenta la historieta a todo color, coloreada por el propio autor. Sospecho que alguna otra edición habrá conservado las planchas de Micheluzzi en blanco y negro, pero no lo puedo afirmar. No suma demasiado, el color. Son pocos los momentos en los que molesta, pero me parece que Micheluzzi no supo potenciar el dibujo con el color, sino -como mucho- acompañarlo decorosamente. Excepto en la portada, claro, donde la técnica utilizada es otra, y el resultado es mucho más atractivo.
No conocía a Rosso Stenton. Caí en este álbum simplemente porque vi la firma de Atilio Micheluzzi y porque estaba muy barato. Pero me gustó el personaje, y el día que encuentre alguna otra de sus aventuras, trataré de sumarla a mi biblioteca. Esto es tan accesible, tan clásico y tan ganchero que además funciona como un inmejorable punto de entrada al universo de Micheluzzi para aquellos que todavía no descubrieron la obra de este increíble autor italiano.
Sigo adelante con los tomos recopilatorios de The Batman Adventures y me toca repasar el Vol.3, que empieza con el Annual 1. Este annual es muy importante, porque es la primera vez que se involucran con el comic los Padres Fundadores de la serie animada: Paul Dini y Bruce Timm. Dini aporta un puñado de historias muy centradas en los villanos, donde además se presenta a Roxy Rocket. Esa secuencia, la más extensa del annual, es la que dibuja Timm en un nivel superlativo. Pero además entran en escena otros dibujantes. Mike Parobeck, que ya demostró que podía generar un gran combo entre su propio estilo y la estética de BTAS, dibuja la historia del Ventriloquist, que no es gran cosa. Dan DeCarlo, legendario dibujante de los comics de Archie, tiene a su cargo la historia centrada en Harley Quinn, que está muy buena. El glorioso John Byrne modifica apenitas su icónico estilo para dibujar la mejor historia del annual, que es la que protagoniza el Joker. Y el que menos tiene que ver con la onda de BTAS, y que encima se fuma un guion medio pelo, es el enorme Klaus Janson, acá desubicado como chupete en el orto, porque lo meten en una publicación que claramente va para un lugar muy distinto al que uno asocia con este artista.
Y después tenemos siete episodios autoconclusivos de los que aparecieron en la revista mensual de Batman Adventures, todos a cargo de Kelley Puckett y Mike Parobeck. El primero (nº21) es el más flojo, un kilombo sin pies ni cabeza, al que le meten una cantidad de personajes que no se pueden aprovechar ni a palos en las 22 páginas que dura la historia. El nº22 (como no podía ser de otra manera) tiene como protagonista a Two-Face, y es brillante. Probablemente lo mejor del tomo. Pero el 23 (con Poison Ivy) tampoco está nada mal. Es un muy lindo unitario, con un mensaje muy interesante, y que le da mucha chapa a la villana invitada.
El nº24 está MUY bien dibujado, pero el guion es poco atractivo, una secuela muy predecible de un episodio menor de la serie animada. El nº25 trae el encuentro de Batman con Superman y Lex Luthor, en un episodio de 30 páginas. Más allá de algún que otro diálogo copado, el argumento es la nada misma, me despertó cero interés. El nº26 es una de misterio bien planteada y bien resuelta, con Batgirl y Robin en los roles protagónicos. Y el nº27 es un episodio raro, muy intenso, que nos invita a reflexionar acerca de la venganza, o en realidad acerca del rol que cumple la venganza en la identidad y en la vida de Batman. Y lo hace de un modo tan interesante, que el rol del propio Batman en la trama es muy menor, casi accesorio.
Me falta un solo tomo para completar el repaso por esta serie que -de nuevo- creo que me gustaba más en los ´90, cuando descubría estas historias por primera vez, que ahora. Ojo, ahora me gustan. Pero antes me volaban la cabeza todos los meses, y cada relectura (sobre todo cuando me tenía que meter a fondo con cada diálogo y traducirlo para la edición argentina) era un placer inconmensurable. Hoy es un entretenimiento, no mucho más. Pero claro, me ponés dibujantes como Timm, Byrne o el propio Parobeck, y no me puedo resistir.
Hasta acá llegamos. Nos reencontramos por acá ni bien tenga más libros para reseñar, o el sábado y domingo en Vuela el Pez, para compartir el evento de los Premios Cinder.
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viernes, 7 de marzo de 2025
VIERNES DE AVENTURAS
Para comentar hoy tengo dos libros bien aventureros.
En primer lugar, el Vol.2 de The Batman Adventures, con otros 10 episodios de la serie que alguna vez traduje para Perfil, esta vez todos a cargo del mismo equipo creativo: guiones de Kelley Puckett, dibujos de Mike Parobeck. Al igual que me pasó cuando leí el Vol.1, las historias me gustaron un toque menos que cuando las descubrí en los ´90. Veamos...
El primer episodio es contra Man-Bat, y la idea de Puckett es buenísima. El problema es que es muy ambiciosa para presentarla, desarrollarla y rematarla en 22 páginas, entonces tiene que sacrificar algo, y elige sacrificar la machaca. El combate entre Batman y Man-Bat se resuelve en poquísimas viñetas, de manera casi absurda y totalmente inverosímil. El segundo episodio está centrado en las chicas: Batgirl, Catwoman, Poison Ivy y Harley Quinn, que acá hacía su primera aparición en un comic. De nuevo, todo pasa muy rápido, pero esta vez Puckett cumple con creces su objetivo principal, que es que el lector se cope con Barbara Gordon y quiera verla más seguido en estas páginas. Ah, glorioso el cameo de las protagonistas de Love & Rockets... No sé cuánta gente lo habrá pescado, porque esta era una serie masiva y para todo público, y L&R era de culto y para adultos, pero ver a las chicas de Jaime Hernandez en un comic de Batman fue un nerdgasmo de aquellos. El nº13 (y tercero del tomo) explora el vínculo entre Batman y Talia, de manera muy inteligente y hasta se permite ponerle emoción a un personaje siempre imperturbable como es el justiciero de Gotham City. Probablemente lo mejor del libro.
Mientras Batman pelotudea por el mundo con Talia, Robin defiende a Gotham de una ola de crímenes orquestada por Scarface (y el Ventriloquist), en un episodio gracioso, pero menor. El 15 es contra la mafia de Rupert Thorne, y reparte el protagonismo entre Batman y un Jim Gordon muy bien trabajado. Es un episodio muy violento, con mucha acción. El siguiente trae de regreso al Joker, esta vez con un plan que involucra a un autor de comics, como para meter un par de chistes meta, que no están mal. Después tenemos a Batman y Robin en el desierto, en algún lugar de Asia, donde intentan (sin éxito) capturar a Ra´s al Ghul. Es una linda historia, dinámica, con sorpresas y grandes diálogos. En el nº18 Batman está de nuevo fuera de circulación y los protagonistas son Robin y Batgirl, con su primer team-up y mucho desarrollo de personajes. Otro episodio muy destacable. Para el final tenemos el guion más flojo del tomo (contra el Scarecrow) y cerramos esta tanda con el regreso de Mastermind, Mister Nice y The Perfesser, en otra historia más bien cómica en la que el rol de Batman es irrelevante.
Obviamente cualquier crítica empalidece frente a la felicidad que produce tener frente a mis ojos 220 páginas de historieta dibujadas por Mike Parobeck. Acá vemos al malogrado genio (entintado siempre por Rick Burchett) ya MUY canchero, muy suelto, no tan pendiente del estilo gráfico de la serie animada, mucho más concentrado en el ritmo de la narrativa, en esas secuencias mudas espectaculares, en esos rostros recontra-expresivos, y en hacer a este comic sumamente accesible para los nuevos lectores que se sumaban a partir del cebamiento infinito que generaba el dibujo animado en la tele. Tengo más libros de esta serie, así que volvemos pronto a Gotham.
Pero ahora acompáñenme a Argentina, año 2024, cuando se recopilan en libro los 22 episodios (de 10 páginas cada uno) de Jeny y el Post-Mundo, una serie que Hor Lang había presentado en la plataforma virtual Webcomic Mutante.
La construcción de este escenario post-apocalíptico por parte de Hor Lang está tan bien lograda, que se hubiese bancado tranquilamente ser el marco de una serie sin ningún tipo de evolución. Una especie de Judge Dredd, donde todas las aventuras son perfectamente intercambiables y pueden ser leídas en cualquier orden. Sin embargo, el autor se sube la apuesta a sí mismo, y desde temprano empieza a meterle mucha evolución a la saga de Jeny. A veces avanza muy rápido, a veces más lento, pero es obvio que Hor Lang está yendo hacia algún lugar, que lo suyo no es simplemente tirar una peripecia sobre la mesa, resolverla en 10 páginas y hacer pasar a la que sigue. De hecho, la propuesta es tan ambiciosa, que la saga de Jeny de vincula con otras dos: primero, la de El Pequeño Timy (la otra obra de este autor, que vimos el 20/10/22) y después con la epopeya argentina en ¡el Mundial de México ´86!. ¿Qué carajo tiene que ver el Mundial ´86 con una aventura post-apocalíptica? Hay que leer el libro para enterarse.
Lo único que no me copó de Jeny y el Post-Mundo es que le falta profundidad a la protagonista. Es una piba joven, fanática de los videojuegos de acción y violencia, que tiene la posibilidad de vivir en carne y hueso en un mundo donde matar monstruos, alienígenas y villanos es algo de todos los días. Jeny es dura, valiente, infalible en el manejo de las armas y muy grossa en el combate cuerpo a cuerpo. ¿Por qué? ¿Quién le enseñó, cuánto tiempo entrenó, cómo llegó a ese nivel? ¿Jugando videojuegos? Hor Lang no lo explica y eso hace que Jeny por momentos sea más un deus ex machina (como Judge Dredd) que un personaje con el que nos podamos identificar. Fuera de eso, las historias son ágiles, tienen sorpresas interesantes, diálogos copados y un humor negro (también muy de la 2000 AD) sumamente efectivo.
El dibujo de Hor Lang me pareció excelente. Muy clásico, sin estridencias, como si quisiera ocultar su virtuosismo para que este no interfiera en el fluir del relato. Es un dibujo ideal para una serie como esta, que se propone como una aventura sin mayores pretensiones, en la que lo importante es la acción, los personajes y el mundo que habitan. Jeny y el Post-Mundo habita una frontera entre la ciencia ficción, el terror, la machaca cuasi-superheroica y los toques de comedia, y el dibujo de Hor Lang plasma todo eso a la perfección. Hay un gran manejo de las tramas mecánicas para aplicar grises, sutiles toques de aguadas y muchísimos recursos que tienen que ver con el blanco y negro de toda la vida. La planificación de las páginas es excelente, nunca faltan ni sobran fondos, no hay viñetas sepultadas bajo cantidades zarpadas de texto... Evidentemente estamos frente a un trabajo muy logrado de un autor con talento, creatividad y criterio por encima de la media. No te digo que Jeny y el Post-Mundo es la máxima gema del infinito, ni la obra que te va a hacer fan para siempre de la historieta argentina, pero la verdad es que se disfruta mucho y te garantiza un buen rato de diversión.
Nada más, por hoy. Disfruten el finde y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas acá en el blog.
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jueves, 20 de febrero de 2025
JUEVES A PLENO
Esta noche juega Racing por la Recopa y mañana es mi cumpleaños. Ojalá los gladiadores de Gustavo Costas me regalen un triunfo. Pero vamos a repasar las últimas lecturas...
Un lejano 30/10/17 me tocó comentar la adaptación de Romeo y Julieta realizada por el maestro italiano Gianni De Luca, que me había parecido una maravilla absoluta. Por ende, le entré con altas expectativas a otra obra de William Shakespeare llevada al comic por el mismo titán de la tinta. El Hamlet de Gianni De Luca es apenas un año anterior a su Romeo y Julieta, pero la verdad es que el resultado no se le acerca. Es cierto, es en Hamlet donde De Luca inventa los fascinantes trucos narrativos que me deslumbraron en Romeo y Julieta, pero en esta obra casi nada funciona tan bien como en la siguiente.
El dibujo sí, es fastuoso. De Luca ensaya una actualización de la línea académica elegante y sólida de próceres como Alex Raymond y le sale perfecto. Las figuras son dinámicas, los rostros son expresivos (a veces se parecen más a los de Paul Gillon que a los de Raymond) y el trabajo en decorados, paisajes y vestuario es realmente descomunal. Pero la narrativa por momentos es torpe (en la última página es directamente catastrófica) y -lo más importante- la adaptación no está bien hecha.
De Luca no le encuentra la vuelta a la obra de Shakespeare. No presenta bien a los personajes ni a los conflictos, narra con bloques de texto (bastante extensos) secuencias clave que hubiese estado bueno dibujar, subplots enteros se esbozan pero no se desarrollan... Si uno no conoce la obra de Shakespeare, se va de la adaptación sin haber entendido demasiado qué catzo está pasando en esa Dinamarca medieval gobernada por gente que se vincula con sus familiares de manera muy retorcida y obra de manera totalmente irracional (pero no promociona criptomonedas truchas).
Me quedo con la indescriptible calidad del dibujo, y por supuesto con las ganas de innovar, porque -fallida y todo- Hamlet ofrece una puesta en página que en 1975 no se le había ocurrido a nadie. Y me quedo también con el libro de Romeo y Julieta, que -repito- es muy superior. Este va a la pila del material para largar, porque realmente lo único que me interesa conservar es el notable prólogo del colega y referente Álvaro Pons.
Los memoriosos recordarán que el 29/01/19 hablamos en este espacio del primer tomo recopilatorio de Batman & Robin Adventures, la segunda serie de comics basada en la gloriosa serie animada de Batman estrenada en 1992. Ahora me voy para atrás, a releer (en libros, ya no en revistas) aquella primera colección, la que tuve el placer de traducir casi en su totalidad para la edición argentina de Perfil.
Lo primero que me llamó la atención es que no me acordaba prácticamente de NADA de lo que sucede en estos 10 primeros números. Recordaba -y me copaba- esa pátina de sofisticación que los guionistas le daban al Penguin, en grotesco contrapunto con su accionar violento... y no mucho más. Lo segundo que me llamó la atención es que las historias me gustaron menos que la primera vez. Vamos a repasarlas.
La primera (la del Penguin) está bien, pero es menor. La segunda (con Catwoman) levanta un poquito, pero también es bastante olvidable. Y este primer arco, escrito por Kelley Puckett, termina con un episodio contra el Joker muy pegado a la típica fórmula de los años ´40/ ´50, incluso con un final en el que el payaso parece morir. Nada del otro mundo. En los nºs 4 y 5 se desarrolla una saguita contra el Scarecrow, que parte de un planteo bastante perturbador por parte del guionista Martin Pasko. Pero la resolución no está a la altura del planteo, lamentablemente, y la aparición de Robin no suma ni resta. En el nº6 vuelve Puckett, con un episodio bastante oscuro, una de misterio policial sin villanos, a tono con los capítulos más densos de la recordada serie animada.
Y a partir del nº7, con la llegada del inolvidable Mike Parobeck a los lápices, la estética del comic se despega un poquito de la de la serie animada, y los guiones (y sobre todo el ritmo de los relatos) mejoran bastante. Puckett y Parobeck presentan primero un excelente unitario en el que el protagonista indiscutido es Killer Croc y -como pasaba a menudo en la serie de TV- Batman es un personaje menor en la trama, apenas un obstáculo para el verdadero protagonista, que es el villano. En el nº8 el protagonismo está mejor repartido entre Batman y Clayface, al que los autores desarrollan bastante, de manera muy atractiva. El nº 9 es otro episodio bastante menor, en el que el paladín de Gotham humilla a Rupert Thorne y sus matones a sueldo. Y el nº 10 parece ser un episodio centrado en el Riddler, a quien Puckett le da bastante chapa... pero lo importante resulta ser el debut de tres villanos creados para estos comics, que van a volver varias veces: Mastermind (basado en Mike Carlin), Mister Nice (una caricatura de Archie Goodwin) y The Perfesser (con los rasgos de Denny O´Neil). Con cuatro villanos en acción, el rol de Batman es mínimo, pero la aventura está muy buena (en parte porque Puckett y Parobeck logran inyectarle una sana dosis de comedia) y hubiese sido genial poder desarrollarla en 8 ó 10 páginas más.
Los tres primeros números están dibujados a un nivel superlativo por Ty Templeton, que eventualmente va a volver. Y del 4 al 6 tenemos los dibujos de Brad Rader, con un trazo muy oscuro y un protagonismo de la mancha negra que no es 100% incompatible con la estética de la serie, pero que en un comic que supuestamente iban a comprar los pibes, es medio piantavotos. Obviamente aparecer entre Templeton y Parobeck no favorece en lo más mínimo a Rader que -sin ser choto- pierde por escándalo en la comparación.
Esperaba un poquito más de este Vol.1, pero estoy seguro que en los siguientes (que están ahí, pidiendo pista junto a los que me faltaban de Batman & Robin Adventures) la vamos a ver levantar y tirar magia a un nivel cercano al de la mejor serie animada que tuvo Batman en su historia.
Nada más, por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
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