el blog de reseñas de Andrés Accorsi

jueves, 21 de marzo de 2019

TARDE DE JUEVES

Hora de bajar un cambio y escribir unas reseñitas, en este primer (y hermoso) día de otoño.
Arranco en 2000, cuando se publica en Francia y España este álbum con 45 planchas de Agrippine, de la capa máxima del humor costumbrista, Claire Bretécher. En historietas de una página con una cantidad de cuadros que fluctúa entre los 9 y los 12, Bretécher nos invita a conocer a Agrippine, una chica de escuela secundaria, de unos 15 ó 16 años, ya en edad de tener novios y darle cada vez menos pelota a los padres y a los profesores. Bretécher satiriza sin piedad a estas chicas huecas a las que sólo les interesa la música, la ropa, los chongos y la forma de conseguir guita para comprar ropa, ir a recitales y salir con chongos. Estamos hablando (como supondrás) de chicas de clase media sin sobresaltos, el target favorito de esta autora, que obviamente no desaprovecha la oportunidad de clavarle varios tiros por elevación a los padres de Agrippine, típicos burgueses a los que se les cae muy a menudo la careta. El que mejor parado sale es Tristán, el hermanito menor de Agrippine, que podría ser una especie de pre-Titeuf, un Titeuf con un par de años menos que el célebre personaje de Zep.
Con este elenco y este contexto, uno supone que las 45 planchas funcionan como un bombardeo de chistes y carcajadas que te deja las mandúbulas doloridas. Y la verdad que no, que no son pocas las mini-comedias de Agrippine que no me causaron gracia. En algunos casos esto es intencional: me queda claro que lo que busca Bretécher es invitarnos a reflexionar más que a cagarnos de risa. En otros casos, los chistes se empantanan en la traducción al castellano de España, o en la referencia a elementos y situaciones de una coyuntura que me queda medio lejos. Lo cierto es que me reí y me divertí, pero menos que con Les Frustrées o con Cellulite, que son las otras de esta autora que vimos acá en el blog.
Obviamente lo que no decae nunca es el nivel del dibujo (que acá es exquisito), el poder de observación de Bretécher y su inigualable timing para la comedia. Elementos que, lógicamente, garantizan que uno se quiera quedar con este libro y trate de conseguir otros de la misma colección.
Me vengo a Argentina donde a fines de 2018 se recopiló en libro Dr. Oscuro, una serie que Roberto Barreiro y Lucas Varela realizaron para el fanzine Kapop! entre 1999 y 2000. Esto está hecho en simultáneo con Los Hermanos Segelín (ver reseña del 09/03/17) y sin embargo no tiene NADA que ver con esa historieta, ni en el tono de los guiones, ni en la estructura del relato, ni en el planteo estético del dibujante. Donde los Segelín funcionaban como parodia a los clásicos aventureros que buscaban tesoros en parajes exóticos, el Dr. Oscuro le da a Barreiro la posibilidad de homenajear a los pulps y los seriales de los años ´30 y ´40, con justicieros enmascarados, sectas orientales, asesinatos, experimentos bizarros y hasta un zeppelin gigante.
El misterio está bueno, está bien llevado, y si bien Barreiro mete mucho diálogo, es por un lado para darle onda y gracia a los personajes y por el otro para explicitar algunas de las cosas que suceden a lo largo de la obra, que son unas cuantas y bastante retorcidas. A lo mejor, sin esa información que nos brindan los diálogos, no se entendía todo lo que pasa en este relato. El personaje del título, el Dr. Oscuro, no es exactamente el protagonista, ni el personaje que más le interesa desarrollar a Barreiro. De alguna manera elige dejarlo ahí, bajo un halo de ambigüedad, enroscado en un enigma que el resto de los personajes no tienen chances de resolver. Con buen criterio, el guionista elige darle mucha más carnadura a Jones y Steele, los personajes con los que se supone que se tienen que identificar los lectores. Lo más raro (y que también funciona sorprendentemente bien) es que los personajes se tratan de vos y usan todo el slang argento, aunque queda clarísimo que la historia NO transcurre en Buenos Aires, ni remotamente cerca.
El dibujo de Varela está ajustadísimo, más realista, con más manchas, sombras y tramas mecánicas, más cercano a lo que veríamos años después en Sasha Despierta (ver reseña del 17/06/12). Cuando faltan 13 ó 14 páginas para el final, a los autores les cae la ficha de que la única forma de resolver todas las puntas argumentales abiertas es metiendo más cuadros por página, y Varela reconfigura la planificación para pasar de una puesta más “de comic yanki” a una bien “de comic europeo”, con páginas de 9, 10 o inclusive 11 viñetas. Obviamente en estas últimas no se luce tanto, pero de todos modos el dibujo no pierde fuerza ni belleza ni claridad.
A 20 años de su primera aparición, Dr. Oscuro todavía se puede recomendar sin ningún prurito a los fans de la aventura clásica, con buenos, malos, peligros zarpados y combates a todo o nada.

Esto es todo por hoy. Prometo volver pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

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