el blog de reseñas de Andrés Accorsi

jueves, 7 de mayo de 2026

INFIERNOS FORMALES

Las dos historietas que tengo para leer hoy tienen poco que ver y mucho en común. Las dos están dibujadas por autores que me parecen GENIOS, a los que les compro cualquier cosa que hagan. Las dos tienen algo que remite a un Infierno en la Tierra, de maneras muy distintas. Y las dos son obras en las que probablemente te llame más la atención el cómo se cuenta que lo que se cuenta. Son historietas en las que las decisiones de los autores en materia de narrativa son tan extremas, que se cobran un protagonismo inusitado y en un punto opacan a todos los otros aspectos de la obra. En 1985, Keith Giffen adapta al comic (con la colaboración de su habitual secuaz Robert Loren Fleming) Hell on Earth, un relato de Robert Bloch originalmente publicado en 1942. El ídolo lo convierte en una historieta de 46 páginas en formato muy cheto, y lo dibuja de la manera más rara y más expresionista que te puedas imaginar. Para la inmensa mayoría de las páginas, propone una grilla de 16 viñetas iguales, chiquitas, que muestran solo primeros planos y planos detalle. Muuuuy de vez en cuando un plano medio, nunca un plano general. A medida que la tensión de la trama crece, Giffen empieza a delirar con los bordes de las viñetas, hasta que un punto tira a la mierda la grilla de 16 cuadros. Greg Theakston (legendario entintador de Jack Kirby) y Bill Wray respectivamente se ocupan de tintas y color, y le dan a los trazos del maestro una impronta muy original, muy sugestiva, que despegan (un poco) a Giffen de su principal influencia de aquellos años, que era -de manera obvia y grotesca- José Muñoz. Visualmente, Hell on Earth es una joya absoluta, con unos estallidos de creatividad y con unas ganas de experimentar e irse a la mierda que ponen a Giffen ahí donde muy pocos autores del palo superheroico se animarían a llegar. Pero claro, adaptar literatura nunca es fácil, y llega un punto en que Giffen y Loren Fleming se dan cuenta de que 46 páginas no alcanzan para contar todo lo que contó Bloch en su versión. Y ahí, en esas páginas finales, cuando los autores tienen que decidir qué cosas NO mostrar en los dibujos y simplemente "explicar" con los textos, entramos en el terreno del WTF?!?. La página 44 tiene, en los bloques de texto, una cantidad de imágenes zarpadas, hermosas para dibujar, pero Giffen traiciona y no las dibuja. Y queda todo medio ahí, en un terreno un toque ambiguo. Lo cual no está del todo mal, porque el cuento de Bloch también juega de modo ambiguo con esos dos planos de realidad, entre lo que escribió el protagonista en sus novelas y lo que sucede a raíz de los experimentos prohibidos del Profesor Keith (no Giffen, otro Keith, que es el principal personaje secundario de Hell on Earth). Seguramente, con algunas páginas más para esparcir todo ese texto de manera más armónica, el resultado final sería todavía mejor. Pero así como está, Hell on Earth te masacra, te emociona, te intriga y te hace cagar en las patas con una fuerza increíble.
La segunda historieta que tengo para comentar también es impactante desde lo formal, desde las decisiones y los riesgos narrativos que toma el autor. Estamos a fines de 2022 y el siempre asombroso David Rubín vuelve a lanzar una obra con guion propio, en este caso titulada El Fuego. El resultado es una novela gráfica de unas 240 páginas, con un argumento que podría haberse contado en 64, u 80 a lo sumo. Rubín opta por un ritmo hiper-descomprimido, que incluye, por ejemplo, viñetas que ocupan dos páginas y largas transiciones entre una secuencia y la siguiente. Y flashbacks, y secuencias oníricas y un montón de recursos narrativos que consumen páginas pero que no impulsan la trama hacia adelante. De nuevo, estamos ante una obra visualmente alucinante, con experimentos formales que yo jamás en mi vida había visto en un comic, como esos polípticos ambientados en dos momentos distintos del tiempo que vemos en las páginas 194 y 195. El uso del color, las texturas, la iluminación, el trabajo en los fondos... Excepto la puesta en página, que es bastante tradicional, todo lo demás está pensado para que El Fuego nos sorprenda incluso a los que tenemos leído mucho comic, y mucha obra de David Rubín. Por debajo de todo este despliegue visual y este complejo andamiaje narrativo, el autor nos ofrece una historia triste, introspectiva, crepuscular. El Fuego es una larga cuenta regresiva hacia un final fatídico, tanto para el protagonista (Alexander Yorba) como para el planeta Tierra, que está por ser destruido por una bola gigante de piedra y fuego que parece imposible de detener. Sí, ya sé: está muy forzada la coincidencia de que Yorba y la Tierra tengan su fin pautados para el mismo momento. Pero créanme que Rubín utiliza esa casualidad no solo para lesionar el verosímil, sino para potenciar el efecto dramático de todo lo que le pasa (por fuera y por dentro) al protagonista. Al final, que la Tierra se destruya es un hecho casi anecdótico: el autor se encarga de que nos metamos tan adentro del personaje, que participemos de un modo tan activo de los cuestionamientos que le formulan los demás y que él se formula a sí mismo, que nos hace sentir ese vacío, esa desazón, esa mierda que debe ser la vida cuando uno se caga en los vínculos afectivos para apostarle todo a una ilusión de gloria que resulta ser... ni siquiera una ilusión. Así, El Fuego se convierte en un relato existencialista, amargo, incluso admonitorio, de una magnitud que opaca (sin convertir en superficiales o en triviales) a los elementos de ciencia ficción que impulsan la trama. Todo el tiempo se nota lo mucho que Rubín pensó este trabajo, página a página, encuadre a encuadre. Coincidas o no con las decisiones narrativas que toma, te vas a chocar de frente con una planificación exhaustiva, casi obsesiva, y con una ejecución que lo confirma a David como uno de los autores más completos y más talentosos que tiene hoy el comic a nivel global. Perdón por no explayarme más en la trama, pero quiero que todo el mundo lea El Fuego sin saber qué catzo se va a encontrar, como hice yo. Ojalá los conmueva tanto como a mí. Y nada más por hoy. Ya estoy sumergido en el frenesí de la Comiqueando Digital, así que sepan disculpar si de acá a fines de Junio no posteo con tanta frecuencia acá en el blog. Y muchas gracias a tod@s l@s que ya vieron el tercer episodio de Opiniones Meméticas en el canal de YouTube de La Batea. Será hasta pronto.

No hay comentarios: