La consigna de este segundo post es hablar bien de la última New York Comic Con, resaltar los aspectos positivos, que también los tuvo.
Así como me quejaba de la desorganización y el caos que produce la proliferación de cosplayers (que no van a las charlas, no compran en los stands de las editoriales y los dealers y no acechan a los autores para pedirles firmas ni dibujos), hay que destacar la increíble calidad de los disfraces. Acá se ven producciones sumamente impactantes, al punto que por momentos uno cree estar realmente rodeado de superhéroes y villanos. Dentro de ese rubro, los personajes más elegidos por los cosplayers fueron Harley Quinn, Poison Ivy, el Joker, Captain America y Deadpool. También había muchos Green Arrow y Black Canary, supongo que por efecto de la serie de TV, porque eran muchísimos más que los Aquaman o los Green Lantern, que eran muy pocos. Por suerte los muchachos aflojaron un poco con Bane, y también con Star Trek y Adventure Time, que en 2012 eran multitud. Y siguen a full con Star Wars y Dr. Who. Esta vez también vi mucho Tortugas Ninja y mucho Saga, muchos pibes y minas caracterizados como Marko y Alana. Lo más asombroso, sin embargo, es el tema de las edades: en Sudamérica estamos acostumbrados a que el cosplay sea un juego para el público infanto-juvenil, digamos hasta los 25 años máximo. En EEUU, en cambio, hay un porcentaje muy importante de cosplayers mayores de 30 y hasta unos cuantos veteranos que ya pasaron los 40, luciendo disfraces que van de lo glorioso a lo impresentable. Pero reitero: en general, el nivel es altísimo.
Ahora supongamos que en vez de la gente disfrazada de personajes de comics, te interesan los comics. ¿Qué te podía ofrecer la NYCC en ese sentido? Creo que para nosotros, los argentinos, que hace años padecemos la tremenda escacez de comic en inglés en las comiquerías, lo más power es recorrer los stands de los dealers y las editoriales. Ahí se podían encontrar cientos, miles, capaz que millones, de revistas, TPBs y hardcovers, algunos a precios realmente irrisorios. Una vez más, faltaban las editoriales del palo alternativo (lo más parecido eran First Second y el cachito dedicado a Top Shelf en el stand de IDW) y encima los dealers tenían poco material de Fantagraphics, Drawn & Quarterly y demás. O sea que la hegemonía de los superhéroes, zombies y jedis se hacía sentir mucho.
Ahora bien, si te gusta el main-
stream, las mesas de los dealers te ofrecían TONELADAS de merca de Marvel, DC, Vertigo, Dark Horse, Valiant, bastante Image e IDW y algo de BOOM!, Oni y otras editoriales más chicas. Desde interminables bateas de back issues (desde 75 centavos) hasta Omnibus de esos que parecen muebles y hay que ser fisiculturista para levantarlos. Ojo, no todos se bajaban los lienzos. Image, IDW, Dark Horse y First Second te cobraban todo a precio de tapa, sin la menor chance de rosquear un descuento. Otros se mostraban más flexibles, sobre todo el domingo, cuando los atormentaba el fantasma de “tengo que garpar un flete carísimo para llevarme todo esto de vuelta a mi ciudad”. Y en los puestos de los dealers, las ofertas zarpadas empezaron temprano y ya para el domingo había comics (y muñecos, pero de merchandising vamos a hablar en otro post) a precios muy accesibles, que siempre se podían redondear para abajo haciendo compras importantes.
Cierro con una idea más, y prometo retomar mañana: Para los que hace años militamos a favor de comprar todo en libro, es increíble (por no decir frustrante) ver cómo un enorme porcentaje del público yanki le sigue fiel a las revistitas. Compran lo nuevo, lo viejo (incluso cuando se sobre-cotiza y pasa a valer fortunas) y hasta entran en esa trampa mortal de las variant covers, por las que se paga bastante más que por una revistita normal. Felizmente las mujeres, que en los últimos años se incorporaron con bastante fuerza al consumo de nuestra droga favorita, no cayeron en esa variante: siempre que tuve que combatir por un TPB contra alguien que me lo quiso primerear, fue contra chicas. La verdad que, después de tantos años de asociar a estos eventos con el olor a huevo, da gusto decirle a una mina “Todo bien, llevate vos el TPB de Iron Fist que me falta, ya lo conseguiré en otro lado”…
Mañana hay más NYCC.
domingo, 18 de octubre de 2015
sábado, 17 de octubre de 2015
17/10: NEW YORK COMIC CON, 2015 (parte 1)
La que se desarrolló el finde pasado fue la décima edición de la New York Comic Con. O sea que la primera a la que asistí, la de 2012, fue la séptima. Aquella vez, me fue imposible no comparar al evento con las San Diego Comic Con de los ´90. Esta vez, me resulta imposible no comparar a la NYCC de 2015 con la de 2012, por lo cual recomiendo releer los posts del 7, 13, 16 y 19 de Noviembre de ese año.
La primera diferencia está en la cantidad de gente. En 2012, el jueves era el día tranqui, en el que se podía recorrer el predio sin mayores apretujes, avechuchear en los stands, pasear de modo distendido, y evitar los auditorios donde se hacían las charlas, simplemente porque la programación era poco atractiva. Este año, el evento explotó desde el jueves. Para las dos de la tarde de ese primer día, la horda de asistentes había hecho intransitable buena parte del predio, y el Artists´s Alley era casi el único resquicio donde podías colgarte a charlar con alguien sin que te llevara la marea humana.
El viernes, ni eso. Pasé por el Artists´s Alley a saludar amigos y para volver al pabellón de los stands, me encontré atrapado en un embotellamiento humano, una masa de gente trabada en un pasillo, que no era chico, pero estaba totalmente desbordado. Los pibes de la organización y gente de seguridad terminó “dirigiendo el tránsito”, pidiéndole a los que iban para un lado que se tiraran a su derecha, y lo mismo a los que iban para el otro lado, de modo de formar dos “carriles” por los que se pudiera avanzar. Imaginate el kilombo, hasta que esto se pudo organizar. Y no te imagines las agresiones táctiles y olfativas que sufrí en ese amontonamiento de gente, que durante muchos minutos era una cosa compacta, que casi no se movía.
Buena parte del kilombo lo genera el tema de los cosplayers. Había tantos, y algunos eran tan grossos, que la gente paraba a sacarles fotos en cualquier lado. Si la foto era en medio de un pasillo, mala leche: se cortaba la circulación de cientos de personas que trataban de avanzar, para que el pibe o mina le pudiera sacar la foto a su cosplayer favorito. Y eso que en el hall central había espacios especialmente preparados para sacarle fotos a los cosplayers… El tema es que, como ya dije, había demasiada gente y dentro de esa gente, muchísimos disfrazados. Cualquier espacio previsto para casi cualquier cosa se vio desbordado por la brutal cantidad de gente que copó las instalaciones del Javits Center.
Ese fue el principal punto débil del evento. Posta, los organiza-
dores deberían tomar conciencia de que, con esa cantidad de gente, es casi imposible disfrutar de la convención. O venden menos entradas, o venden menos stands y habilitan esos metros cuadrados para zonas de descanso, como para evitar la triste imagen, típica de las dos últimas horas, en las que los pibes se sentaban a descansar en el piso (en cualquier parte, junto a las columnas, en las escaleras, en el medio de los pasillos) y complicaban aún más la circulación del público por el predio. O habilitan más zonas donde los cosplayers se saquen fotos con la gente que viene sin d¡sfraz, para evitar que esto congestione el tránsito por los pasillos.
Lamentablemente, me parece que acá el negocio es tan grande, la cantidad de guita que se mueve entre stands y entradas es tan brutal, que va a tener que suceder una tragedia de proporciones cromañónicas para que alguien ponga freno a esta tendencia de meter cada vez más cosas y más gente en el espacio que ofrece el predio. Me acuerdo que la última vez que hablé (por chat, no personalmente) con Mike Mignola, yo ya sabía que este año iba a ir a la NYCC y le pregunté si él iba a estar, ya que en 2012 nos habíamos encontrado allá. Me respondió algo así como “No, ni en pedo. No voy más a Nueva York. Se fueron al carajo con la cantidad de gente que meten, es un evento totalmente colapsado, en el que no hay lugar ni para respirar”. Yo me imaginé que el prócer estaba exagerando un toque, pero hoy le doy la razón. Así no se puede.
Y no quiero que todo quede en la crítica y el comentario bajón, así que prometo para mañana un repaso por las cosas copadas que me dejó la NYCC 2015, la décima convención yanki a la que tuve el privilegio de asistir.
La primera diferencia está en la cantidad de gente. En 2012, el jueves era el día tranqui, en el que se podía recorrer el predio sin mayores apretujes, avechuchear en los stands, pasear de modo distendido, y evitar los auditorios donde se hacían las charlas, simplemente porque la programación era poco atractiva. Este año, el evento explotó desde el jueves. Para las dos de la tarde de ese primer día, la horda de asistentes había hecho intransitable buena parte del predio, y el Artists´s Alley era casi el único resquicio donde podías colgarte a charlar con alguien sin que te llevara la marea humana.
El viernes, ni eso. Pasé por el Artists´s Alley a saludar amigos y para volver al pabellón de los stands, me encontré atrapado en un embotellamiento humano, una masa de gente trabada en un pasillo, que no era chico, pero estaba totalmente desbordado. Los pibes de la organización y gente de seguridad terminó “dirigiendo el tránsito”, pidiéndole a los que iban para un lado que se tiraran a su derecha, y lo mismo a los que iban para el otro lado, de modo de formar dos “carriles” por los que se pudiera avanzar. Imaginate el kilombo, hasta que esto se pudo organizar. Y no te imagines las agresiones táctiles y olfativas que sufrí en ese amontonamiento de gente, que durante muchos minutos era una cosa compacta, que casi no se movía.
Buena parte del kilombo lo genera el tema de los cosplayers. Había tantos, y algunos eran tan grossos, que la gente paraba a sacarles fotos en cualquier lado. Si la foto era en medio de un pasillo, mala leche: se cortaba la circulación de cientos de personas que trataban de avanzar, para que el pibe o mina le pudiera sacar la foto a su cosplayer favorito. Y eso que en el hall central había espacios especialmente preparados para sacarle fotos a los cosplayers… El tema es que, como ya dije, había demasiada gente y dentro de esa gente, muchísimos disfrazados. Cualquier espacio previsto para casi cualquier cosa se vio desbordado por la brutal cantidad de gente que copó las instalaciones del Javits Center.
Ese fue el principal punto débil del evento. Posta, los organiza-
dores deberían tomar conciencia de que, con esa cantidad de gente, es casi imposible disfrutar de la convención. O venden menos entradas, o venden menos stands y habilitan esos metros cuadrados para zonas de descanso, como para evitar la triste imagen, típica de las dos últimas horas, en las que los pibes se sentaban a descansar en el piso (en cualquier parte, junto a las columnas, en las escaleras, en el medio de los pasillos) y complicaban aún más la circulación del público por el predio. O habilitan más zonas donde los cosplayers se saquen fotos con la gente que viene sin d¡sfraz, para evitar que esto congestione el tránsito por los pasillos.
Lamentablemente, me parece que acá el negocio es tan grande, la cantidad de guita que se mueve entre stands y entradas es tan brutal, que va a tener que suceder una tragedia de proporciones cromañónicas para que alguien ponga freno a esta tendencia de meter cada vez más cosas y más gente en el espacio que ofrece el predio. Me acuerdo que la última vez que hablé (por chat, no personalmente) con Mike Mignola, yo ya sabía que este año iba a ir a la NYCC y le pregunté si él iba a estar, ya que en 2012 nos habíamos encontrado allá. Me respondió algo así como “No, ni en pedo. No voy más a Nueva York. Se fueron al carajo con la cantidad de gente que meten, es un evento totalmente colapsado, en el que no hay lugar ni para respirar”. Yo me imaginé que el prócer estaba exagerando un toque, pero hoy le doy la razón. Así no se puede.
Y no quiero que todo quede en la crítica y el comentario bajón, así que prometo para mañana un repaso por las cosas copadas que me dejó la NYCC 2015, la décima convención yanki a la que tuve el privilegio de asistir.
viernes, 16 de octubre de 2015
16/10: LAS AGUILAS DE ROMA Vol.2
Empecé a recorrer esta saga creada por Enrico Marini un ya lejano 15/12/13 y recién ahora le entré al segundo tomo. Y no porque el primero no me hubiese dejado satisfecho, sino porque hubo que esperar a que Norma lo reeditara, porque este Vol.2 se agotó muy rápido.
Estamos ante un tomo raro. Hasta la página 43, la trama es muy clásica: Marco Valerio Falco está comprometido con una mina a la que no quiere, en un matrimonio por conveniencia, y lo mismo le pasa a la joven y hermosa Priscilla, con la diferencia de que su prometido es un poderoso político en la antigua Roma. Marco va con todo a tirarle los galgos a Priscilla y rápidamente surgen los obstáculos en la relación, desde la novia despechada de Marco hasta muchachones que responden al novio de Priscilla y lo quieren cagar a palos al lanzado legionario. Para terminar de complicar las cosas, mete la cola Morfea, la meretriz más famosa de Roma, que además es… bueno, no se puede contar sin spoilear un giro argumental realmente impactante.
La acción es más carnal que bélica, pero también hay unas cuantas peleas, como para matizar. Marini es un gran dibujante de escenas de sexo, y acá nos ofrece muy lindos garches y hasta una orgía memorable. El personaje de Marco es, lejos, el más trabajado, el que más protagonismo tiene y el que más consigue la identificación del lector. El otro personaje central de la saga, el rústico (y también muy ganador) Ermanamer queda bastante relegado a un segundo plano y tiene muchas menos escenas importantes que Priscilla. Ojo, no me animo a sacarlo de la discusión. Es muy probable que Ermanamer recupere protagonismo en los tomos posteriores, pero esta vez es claramente un personaje secundario.
Las Aguilas de Roma se reconcilia con su género, el peplum, en apenas tres páginas (44 a 46), donde Marini pela unas escenas de batalla impresionantes. Y de la 47 a la 56, el autor dedica el último tramo del álbum, ambientado cinco años después de la frustrada historia de amor, a sembrar el argumento para el tercer tomo. Se trata de largas escenas de diálogo, signadas por la rosca política y la intriga palaciega, que van tirando al fuego (para que se cocine despacito) una nueva trama de perfil mucho más bélico. Por supuesto, hay un artilugio del guión para que en el próximo tomo, entre combate y combate, Marco se pueda reencontrar con Priscilla, y obviamente con Ermanamer.
Al poder decidir cuántas viñetas van en cada página, Marini opta por cuadros más grandes y se da a sí mismo la comodidad que no tiene en El Escorpión. También ayuda el hecho de tener 56 páginas en vez de 44 ó 46. Lo cierto es que Marini trabaja con páginas que –en general- no tienen más de siete cuadros, con más secuencias mudas, con más espacio para desarrollar la acción y también algunas páginas muy sobrecargadas de texto, sobre todo cuando la machaca y los garches le dejan su espacio a la intriga política.
El dibujo es exquisito y nos invita a disfrutar de un Marini muy afianzado en su estilo, con algunas cositas de Chris Sprouse, de Carlos Pacheco y hasta efectos en el color muy típicos de Milo Manara. A diferencia de aquellos primeros trabajos de los ´90, el Marini de este siglo tiene un repertorio gráfico muy propio, y en Las Aguilas de Roma tanto el tratamiento del color como el manejo de la referencia y la documentación no hacen más que realzar la calidad e incluso la identidad del dibujo del autor.
Con este tomo, tan centrado en la historia de amor y tan alejado de la consigna del Vol.1, Enrico Marini nos está diciendo que en esta serie puede pasar casi cualquier cosa, obviamente dentro de los confines de la historieta realista con ambientación histórica. Esto puede causar que alguno se vaya a las puteadas, sintiéndose estafado porque casi no hay combates, y que otros nos quedemos muy cebados por la destreza con la que el autor abrió el espectro y se animó a sumar romance, runflas y perversiones sexuales a una saga que venía para el lado de la machaca y algún toque de comedia muy sutil. Vamos por el Vol.3, ni bien lo vea a un precio razonable.
Estamos ante un tomo raro. Hasta la página 43, la trama es muy clásica: Marco Valerio Falco está comprometido con una mina a la que no quiere, en un matrimonio por conveniencia, y lo mismo le pasa a la joven y hermosa Priscilla, con la diferencia de que su prometido es un poderoso político en la antigua Roma. Marco va con todo a tirarle los galgos a Priscilla y rápidamente surgen los obstáculos en la relación, desde la novia despechada de Marco hasta muchachones que responden al novio de Priscilla y lo quieren cagar a palos al lanzado legionario. Para terminar de complicar las cosas, mete la cola Morfea, la meretriz más famosa de Roma, que además es… bueno, no se puede contar sin spoilear un giro argumental realmente impactante.
La acción es más carnal que bélica, pero también hay unas cuantas peleas, como para matizar. Marini es un gran dibujante de escenas de sexo, y acá nos ofrece muy lindos garches y hasta una orgía memorable. El personaje de Marco es, lejos, el más trabajado, el que más protagonismo tiene y el que más consigue la identificación del lector. El otro personaje central de la saga, el rústico (y también muy ganador) Ermanamer queda bastante relegado a un segundo plano y tiene muchas menos escenas importantes que Priscilla. Ojo, no me animo a sacarlo de la discusión. Es muy probable que Ermanamer recupere protagonismo en los tomos posteriores, pero esta vez es claramente un personaje secundario.
Las Aguilas de Roma se reconcilia con su género, el peplum, en apenas tres páginas (44 a 46), donde Marini pela unas escenas de batalla impresionantes. Y de la 47 a la 56, el autor dedica el último tramo del álbum, ambientado cinco años después de la frustrada historia de amor, a sembrar el argumento para el tercer tomo. Se trata de largas escenas de diálogo, signadas por la rosca política y la intriga palaciega, que van tirando al fuego (para que se cocine despacito) una nueva trama de perfil mucho más bélico. Por supuesto, hay un artilugio del guión para que en el próximo tomo, entre combate y combate, Marco se pueda reencontrar con Priscilla, y obviamente con Ermanamer.
Al poder decidir cuántas viñetas van en cada página, Marini opta por cuadros más grandes y se da a sí mismo la comodidad que no tiene en El Escorpión. También ayuda el hecho de tener 56 páginas en vez de 44 ó 46. Lo cierto es que Marini trabaja con páginas que –en general- no tienen más de siete cuadros, con más secuencias mudas, con más espacio para desarrollar la acción y también algunas páginas muy sobrecargadas de texto, sobre todo cuando la machaca y los garches le dejan su espacio a la intriga política.
El dibujo es exquisito y nos invita a disfrutar de un Marini muy afianzado en su estilo, con algunas cositas de Chris Sprouse, de Carlos Pacheco y hasta efectos en el color muy típicos de Milo Manara. A diferencia de aquellos primeros trabajos de los ´90, el Marini de este siglo tiene un repertorio gráfico muy propio, y en Las Aguilas de Roma tanto el tratamiento del color como el manejo de la referencia y la documentación no hacen más que realzar la calidad e incluso la identidad del dibujo del autor.
Con este tomo, tan centrado en la historia de amor y tan alejado de la consigna del Vol.1, Enrico Marini nos está diciendo que en esta serie puede pasar casi cualquier cosa, obviamente dentro de los confines de la historieta realista con ambientación histórica. Esto puede causar que alguno se vaya a las puteadas, sintiéndose estafado porque casi no hay combates, y que otros nos quedemos muy cebados por la destreza con la que el autor abrió el espectro y se animó a sumar romance, runflas y perversiones sexuales a una saga que venía para el lado de la machaca y algún toque de comedia muy sutil. Vamos por el Vol.3, ni bien lo vea a un precio razonable.
Etiquetas:
Enrico Marini,
Las Aguilas de Roma
jueves, 15 de octubre de 2015
15/10: ULTRAMAR Vol.1
Esta es una publicación gestada en Mar del Plata, con una calidad técnica impecable. Papel de excelente calidad, lomito, 96 páginas (algunas de ellas a color), un tamaño óptimo… pero claro, eso significa tener que cobrar $ 150 el ejemplar y dejar afuera a un montón de potenciales interesados. Con $ 150 hoy te comprás un libro con una historia completa, algo que –a priori- es mucho más que 96 páginas de historias cortas de distintos autores, donde existe la posiblidad de que no te gusten todos. Veamos qué argumentos tiene Ultramar (además de la lujosa presentación) para seducirte y que la elijas por sobre un libro de $ 150.
La portada de Diego Ridao (capitán del proyecto) es excelente. Ridao también tiene a su cargo guión y dibujo de una historieta de 12 páginas con un misterio bien llevado, personajes fuertes, un giro final un poquito predecible, una narrativa muy cuidada y un dibujo al que le falta ajustar un poquito (no mucho) la anatomía.
Después, nos esperan muchos nombres conocidos por el lector de historieta argentina. Emilio Balcarce y Gonzalo Ruggieri nos ofrecen seis páginas muy atractivas, desarrolladas a partir de una muy buena idea de ciencia-ficción. Ricardo Ferrari y Diego Aballay llevan a 12 páginas una idea que hubiese impactado más en 8. El giro de que los humanos son las armas más letales de la historia no es en absoluto novedosa y la vi venir mucho antes de que la dupla la graficara. Por suerte el dibujo está bueno y la machaca te mantiene entretenido.
Julio Falkenhagen tiene apenas cuatro páginas para desarrollar un misterio policial con tintes lovecraftianos… y no le alcanza, termina por contar de modo muy apretado una historia que casi seguro daba para más. Las ilustraciones a todo color de Burda son impactantes, no tengo dudas, pero no es lo que uno viene a buscar cuando se compra una antología de historietas. Lo mismo se aplica a los breves cuentos del maestro Jorge Morhain. Son cosas que en otro contexto están bárbaras y acá parecen páginas de relleno.
Bosalvia, de Hiorsh, me pareció la historia más floja del tomo. El dibujo (rarísimo, con serios problemas para ponerse al servicio de la historia) logró que me dejara de interesar la trama en la tercera o cuarta página y son 12. Hay algunas imágenes lindas, pero parecen metidas medio a presión en un relato poco claro, poco fluído, muy marcado por el capricho. Emilio Balcarce aporta una segunda historia, seis páginas muy bien dibujadas por Silvio Kiko. Lamentablemente, no entendí qué quiso contar, parecía una de guerra, pero el giro del final fue para otro lado y quedé pagando como un salame.
El genial Enrique Breccia, hoy radicado en Italia pero con fuertes lazos con nuestra costa atlántica, quiso estar presente en Ultramar, y mandó… el primer episodio de la segunda saga de El Sueñero, esa que se empezó a publicar en la Fierro en Noviembre de 2006 y rápidamente fue abandonada, sin ninguna explicación ni del autor ni de la editorial. Son seis páginas muy raras, en las que Breccia conecta un artificio narrativo con otro con tal de no mostrarnos nunca la cara del Ñato, el protagonista de la historia. Y dejo para el final la historia que más me gustó, la más redondita, las 12 páginas de Peor que la Muerte, escritas por Roberto Barreiro y dibujadas por Edu Molina, dos nombres importantes de la movida under o alternativa de los ´90. Poniéndose en ortivas, lo mismo se podría haber contado en dos o tres páginas menos, pero en 12 se logra un equilibrio muy atractivo entre caracterización, clima, machaca y giro sorpresa para el final.
En fin, hay cosas para ajustar y para mejorar, pero como primera entrega me pareció muy interesante, por la magnitud de los nombres convocados y por la calidad de las historietas, que en general es satisfactoria. ¿Da para pagar $ 150 por esto? Lo dejo a tu criterio…
La portada de Diego Ridao (capitán del proyecto) es excelente. Ridao también tiene a su cargo guión y dibujo de una historieta de 12 páginas con un misterio bien llevado, personajes fuertes, un giro final un poquito predecible, una narrativa muy cuidada y un dibujo al que le falta ajustar un poquito (no mucho) la anatomía.
Después, nos esperan muchos nombres conocidos por el lector de historieta argentina. Emilio Balcarce y Gonzalo Ruggieri nos ofrecen seis páginas muy atractivas, desarrolladas a partir de una muy buena idea de ciencia-ficción. Ricardo Ferrari y Diego Aballay llevan a 12 páginas una idea que hubiese impactado más en 8. El giro de que los humanos son las armas más letales de la historia no es en absoluto novedosa y la vi venir mucho antes de que la dupla la graficara. Por suerte el dibujo está bueno y la machaca te mantiene entretenido.
Julio Falkenhagen tiene apenas cuatro páginas para desarrollar un misterio policial con tintes lovecraftianos… y no le alcanza, termina por contar de modo muy apretado una historia que casi seguro daba para más. Las ilustraciones a todo color de Burda son impactantes, no tengo dudas, pero no es lo que uno viene a buscar cuando se compra una antología de historietas. Lo mismo se aplica a los breves cuentos del maestro Jorge Morhain. Son cosas que en otro contexto están bárbaras y acá parecen páginas de relleno.
Bosalvia, de Hiorsh, me pareció la historia más floja del tomo. El dibujo (rarísimo, con serios problemas para ponerse al servicio de la historia) logró que me dejara de interesar la trama en la tercera o cuarta página y son 12. Hay algunas imágenes lindas, pero parecen metidas medio a presión en un relato poco claro, poco fluído, muy marcado por el capricho. Emilio Balcarce aporta una segunda historia, seis páginas muy bien dibujadas por Silvio Kiko. Lamentablemente, no entendí qué quiso contar, parecía una de guerra, pero el giro del final fue para otro lado y quedé pagando como un salame.
El genial Enrique Breccia, hoy radicado en Italia pero con fuertes lazos con nuestra costa atlántica, quiso estar presente en Ultramar, y mandó… el primer episodio de la segunda saga de El Sueñero, esa que se empezó a publicar en la Fierro en Noviembre de 2006 y rápidamente fue abandonada, sin ninguna explicación ni del autor ni de la editorial. Son seis páginas muy raras, en las que Breccia conecta un artificio narrativo con otro con tal de no mostrarnos nunca la cara del Ñato, el protagonista de la historia. Y dejo para el final la historia que más me gustó, la más redondita, las 12 páginas de Peor que la Muerte, escritas por Roberto Barreiro y dibujadas por Edu Molina, dos nombres importantes de la movida under o alternativa de los ´90. Poniéndose en ortivas, lo mismo se podría haber contado en dos o tres páginas menos, pero en 12 se logra un equilibrio muy atractivo entre caracterización, clima, machaca y giro sorpresa para el final.
En fin, hay cosas para ajustar y para mejorar, pero como primera entrega me pareció muy interesante, por la magnitud de los nombres convocados y por la calidad de las historietas, que en general es satisfactoria. ¿Da para pagar $ 150 por esto? Lo dejo a tu criterio…
miércoles, 14 de octubre de 2015
14/10: MUTTS Vol.10
Qué loco que en tantos años de blog nunca haya reseñado un tomo de Mutts, la tira diaria de Patrick McDonnell que se mantiene hace 20 años allá arriba, en un nivel al que muy pocas tiras pueden aspirar, y menos después de tanto tiempo. Lo cierto es que conseguí en oferta un tomo de los que me faltaban con tiras que -sospecho- salieron en los diarios en 2004.
Una vez más, me encontré con 120 páginas de una tira maravillosa, que enseguida te mete en su mundo y te hace sentir parte de él. McDonnell maneja a la perfección varios registros distintos para su humor: hay slapstick, hay juegos de palabras, hay chistes basados en los silencios, hay ternura, hay delirio, está el clásico juego de opuestos entre las mascotas y sus dueños, y además hay chistes que toman como disparador situaciones más bien trágicas: el maltrato animal, la extinción de algunas especies, la vida triste de las mascotas abandonadas, que terminan en refugios espantosos a la espera de que alguien los adopte... Sin llegar nunca a la mala leche de Pearls Before Swine, Mutts pela cada tanto chistes filosos, jodidos, ya sea porque te dejan pensando o porque directamente impactan desde el dolor o la incomodidad.
Este libro corresponde al décimo año de la tira, con lo cual McDonnell ya amplió bastante el elenco respecto de los iniciales Mooch y Earl. Los nuevos personajes traen nuevas temáticas, nuevas situaciones para explorar y nuevas variantes para los chistes. Algunos se quedan apenas un puñado de tiras y otros se integran definitivamente al elenco de la tira, aunque sea para aparecer de vez en cuando, como el cangrejo, las nenas o los pajaritos. El libro incluye varias "sagas", varias seguidillas de chistes con la misma temática, de las cuales la que más me gustó fue la parodia a American Idol. Tan bien pensada está la sátira que resiste incluso el recurso de que el remate de los chistes sea básicamente siempre el mismo.
No quiero ahondar mucho en los chistes, porque -como siempre digo- tiene mucha más gracia leer eso que una reseña. Me voy para el lado del dibujo, donde McDonnell nos regala un estilo gráficamente perfecto. El autor busca el minimalismo, elimina los fondos cada vez que no son estrictamente necesarios. Y cuando los pone, se luce con una calidad de fondos que sólo los grandes dibujantes pueden intentar. El trazo de McDonnell es muy suelto, parece hecho a los santos pedos, sin ningún tipo de boceto previo. Pero se nota que debajo de esa aparente simplicidad hay mucha planificación y sobre todo, mucha sabiduría. Este tipo no tira trazos a la marchanta. Con poquísimas líneas, logra que los personajes (humanos y animales) transmitan todo tipo de expresiones, en los movimientos, en los rostros o simplemente estando ahí, inmóviles dentro de una viñeta.
Es obvio que a McDonnell le encantan las tiras clásicas. Cuando dibuja seres humanos, mete infinitas referencias a Bringing Up Father, The Gumps, Polly & Her Pals, Barney Google... y toda esa magia vintage aparece increíblemente aggiornada, integrada sin fisuras a una tira bastante atemporal, pero definitivamente moderna. Las referencias visuales de McDonnell no se terminan ahí. Cada plancha dominical (acá reproducida en blancon, negro y grises) abre con una ilustración en la que el dibujante reinterpreta cuadros clásicos (de pintores de todas las épocas, tanto occidentales como orientales), afiches de películas, avisos publicitarios famosos y portadas de sus comic-books favoritos. La tapa de este recopilatorio, por ejemplo, es un guiño al primer número de Flash Comics, de la Golden Age. Así es como, además de deleitarnos con su propio estilo, McDonnell muta una vez por semana su grafismo (y hasta el logo de la tira) para disfrazarse de alguna otra cosa y sorprender al lector. Un lujo más de una tira que ya de por sí es un lujo.
Obviamente amo a Mutts, la recomiendo a full y espero que no se termine nunca. No es Calvin & Hobbes, claro, pero tampoco se plantea serlo. Mutts es una tira mucho más distendida, con un ritmo más suburbano, más pachorro, donde la inacción y el silencio tienen tanto peso como los diálogos y las tropelías de Mooch y Earl. Si todavía no la descubriste, nunca es tarde para hacerlo, y para enamorarse de los carismáticos cuadrúpedos creados por el inmenso Patrick McDonnell.
Como habrás visto, hoy volvieron las imágenes (el viejo truco de garronear computadoras en las bibliotecas públicas), y mañana vuelven las reseñas desde mi Buenos Aires querido. La seguimos allá.
Una vez más, me encontré con 120 páginas de una tira maravillosa, que enseguida te mete en su mundo y te hace sentir parte de él. McDonnell maneja a la perfección varios registros distintos para su humor: hay slapstick, hay juegos de palabras, hay chistes basados en los silencios, hay ternura, hay delirio, está el clásico juego de opuestos entre las mascotas y sus dueños, y además hay chistes que toman como disparador situaciones más bien trágicas: el maltrato animal, la extinción de algunas especies, la vida triste de las mascotas abandonadas, que terminan en refugios espantosos a la espera de que alguien los adopte... Sin llegar nunca a la mala leche de Pearls Before Swine, Mutts pela cada tanto chistes filosos, jodidos, ya sea porque te dejan pensando o porque directamente impactan desde el dolor o la incomodidad.
Este libro corresponde al décimo año de la tira, con lo cual McDonnell ya amplió bastante el elenco respecto de los iniciales Mooch y Earl. Los nuevos personajes traen nuevas temáticas, nuevas situaciones para explorar y nuevas variantes para los chistes. Algunos se quedan apenas un puñado de tiras y otros se integran definitivamente al elenco de la tira, aunque sea para aparecer de vez en cuando, como el cangrejo, las nenas o los pajaritos. El libro incluye varias "sagas", varias seguidillas de chistes con la misma temática, de las cuales la que más me gustó fue la parodia a American Idol. Tan bien pensada está la sátira que resiste incluso el recurso de que el remate de los chistes sea básicamente siempre el mismo.
No quiero ahondar mucho en los chistes, porque -como siempre digo- tiene mucha más gracia leer eso que una reseña. Me voy para el lado del dibujo, donde McDonnell nos regala un estilo gráficamente perfecto. El autor busca el minimalismo, elimina los fondos cada vez que no son estrictamente necesarios. Y cuando los pone, se luce con una calidad de fondos que sólo los grandes dibujantes pueden intentar. El trazo de McDonnell es muy suelto, parece hecho a los santos pedos, sin ningún tipo de boceto previo. Pero se nota que debajo de esa aparente simplicidad hay mucha planificación y sobre todo, mucha sabiduría. Este tipo no tira trazos a la marchanta. Con poquísimas líneas, logra que los personajes (humanos y animales) transmitan todo tipo de expresiones, en los movimientos, en los rostros o simplemente estando ahí, inmóviles dentro de una viñeta.
Es obvio que a McDonnell le encantan las tiras clásicas. Cuando dibuja seres humanos, mete infinitas referencias a Bringing Up Father, The Gumps, Polly & Her Pals, Barney Google... y toda esa magia vintage aparece increíblemente aggiornada, integrada sin fisuras a una tira bastante atemporal, pero definitivamente moderna. Las referencias visuales de McDonnell no se terminan ahí. Cada plancha dominical (acá reproducida en blancon, negro y grises) abre con una ilustración en la que el dibujante reinterpreta cuadros clásicos (de pintores de todas las épocas, tanto occidentales como orientales), afiches de películas, avisos publicitarios famosos y portadas de sus comic-books favoritos. La tapa de este recopilatorio, por ejemplo, es un guiño al primer número de Flash Comics, de la Golden Age. Así es como, además de deleitarnos con su propio estilo, McDonnell muta una vez por semana su grafismo (y hasta el logo de la tira) para disfrazarse de alguna otra cosa y sorprender al lector. Un lujo más de una tira que ya de por sí es un lujo.
Obviamente amo a Mutts, la recomiendo a full y espero que no se termine nunca. No es Calvin & Hobbes, claro, pero tampoco se plantea serlo. Mutts es una tira mucho más distendida, con un ritmo más suburbano, más pachorro, donde la inacción y el silencio tienen tanto peso como los diálogos y las tropelías de Mooch y Earl. Si todavía no la descubriste, nunca es tarde para hacerlo, y para enamorarse de los carismáticos cuadrúpedos creados por el inmenso Patrick McDonnell.
Como habrás visto, hoy volvieron las imágenes (el viejo truco de garronear computadoras en las bibliotecas públicas), y mañana vuelven las reseñas desde mi Buenos Aires querido. La seguimos allá.
martes, 13 de octubre de 2015
13/10: MPH
Definitivamente, el comic da revancha. Allá por... 1997, a Mark Millar le tocó escribir algunos numeritos de Flash, y la verdad es que fueron bastante medio pelo. 18 años después, el mismo Millar firma el mejor comic acerca de supervelocistas que recuerdo haber leído.
Como tantas otras obras del escocés, MPH tiene un fuerte tinte realista, diálogos gloriosos y ritmo de blockbuster hollywoodense. Además, en MPH tenemos una notable bajada de línea socio-política, con Millar decidido como nunca a subrayar la exclusión y la pobreza que trae aparejadas el modelo capitalista salvaje tal como se aplicó durante décadas en EEUU. Las ganas de torcer su destino, de no ser toda la vida pobres, es lo que motiva a los protagonistas y lo que los pone todo el tiempo al filo de la cornisa. Cuando comiste tanta pija tantos años (dice Millar y yo suscribo) hablar de buenos y malos, de ética y moral, es medio pelotudo.
Al elemento socio-político (con el que a mí me sedujo en pocas páginas) hay que sumarle uno más, muy bien manejado por Millar: la explicación de la supervelocidad en términos de ciencia-ficción. Y cuando se juega con la velocidad, de alguna manera se juega también con el tiempo, algo que el guionista aprovecha al máximo para sorprendernos con unas paradojas temporales tan brillantes como impredecibles.
Los personajes están muy bien trabajados, con verdadera carnadura, verdadera tridimensionalidad, y esto hace que en ningún momento MPH se reduzca a una pelea entre buenos y malos. Hay machaca, obvio, y tiene mucho impacto y hasta bastante peso en la trama. Pero el espesor del conflicto va mucho más allá y eso es sin dudas un hallazgo.
El dibujo de Duncan Fegredo es excelente, sobrio, para nada estridente. Pareciera como si el británico se estuviera aguantando las ganas de explotar, de irse al carajo como se iba en Hellboy. Acá vemos a un Fegredo más tranquilo, con sus rasgos estilísticos menos enfatizados. Por momentos se parece mucho a Chris Weston, tiene cositas de Bryan Hitch, de Phil Winslade, y hasta en alguna viñeta me hizo acordar a Horacio Lalia. Pero la impronta de Fegredo es inconfundible y acá está muy presente en las expresiones faciales, en las escenas de acción y sobre todo en la composición de las viñetas, en cómo acomoda en el cuadro los distintos elementos que le marca el guión. Peter Doherty (dibujante que nunca me convenció y al que nos cruzamos hace no mucho en aquel TPB de Superman y Batman) acá oficia de colorista y letrista y está muy bien en ambos rubros. Al final no hacía falta pegarle un tiro y arrojar su cadaver a las hienas.
Con ideas muy atractivas y con mucha menos mala leche de lo habitual, Millar volvió a pegarle una vuelta interesantísima al eterno tema de los superpoderes. Después de leer MPH, no vas a poder mirar de la misma manera a Flash, Quicksilver y demás velocistas recubiertos de spandex.
Como tantas otras obras del escocés, MPH tiene un fuerte tinte realista, diálogos gloriosos y ritmo de blockbuster hollywoodense. Además, en MPH tenemos una notable bajada de línea socio-política, con Millar decidido como nunca a subrayar la exclusión y la pobreza que trae aparejadas el modelo capitalista salvaje tal como se aplicó durante décadas en EEUU. Las ganas de torcer su destino, de no ser toda la vida pobres, es lo que motiva a los protagonistas y lo que los pone todo el tiempo al filo de la cornisa. Cuando comiste tanta pija tantos años (dice Millar y yo suscribo) hablar de buenos y malos, de ética y moral, es medio pelotudo.
Al elemento socio-político (con el que a mí me sedujo en pocas páginas) hay que sumarle uno más, muy bien manejado por Millar: la explicación de la supervelocidad en términos de ciencia-ficción. Y cuando se juega con la velocidad, de alguna manera se juega también con el tiempo, algo que el guionista aprovecha al máximo para sorprendernos con unas paradojas temporales tan brillantes como impredecibles.
Los personajes están muy bien trabajados, con verdadera carnadura, verdadera tridimensionalidad, y esto hace que en ningún momento MPH se reduzca a una pelea entre buenos y malos. Hay machaca, obvio, y tiene mucho impacto y hasta bastante peso en la trama. Pero el espesor del conflicto va mucho más allá y eso es sin dudas un hallazgo.
El dibujo de Duncan Fegredo es excelente, sobrio, para nada estridente. Pareciera como si el británico se estuviera aguantando las ganas de explotar, de irse al carajo como se iba en Hellboy. Acá vemos a un Fegredo más tranquilo, con sus rasgos estilísticos menos enfatizados. Por momentos se parece mucho a Chris Weston, tiene cositas de Bryan Hitch, de Phil Winslade, y hasta en alguna viñeta me hizo acordar a Horacio Lalia. Pero la impronta de Fegredo es inconfundible y acá está muy presente en las expresiones faciales, en las escenas de acción y sobre todo en la composición de las viñetas, en cómo acomoda en el cuadro los distintos elementos que le marca el guión. Peter Doherty (dibujante que nunca me convenció y al que nos cruzamos hace no mucho en aquel TPB de Superman y Batman) acá oficia de colorista y letrista y está muy bien en ambos rubros. Al final no hacía falta pegarle un tiro y arrojar su cadaver a las hienas.
Con ideas muy atractivas y con mucha menos mala leche de lo habitual, Millar volvió a pegarle una vuelta interesantísima al eterno tema de los superpoderes. Después de leer MPH, no vas a poder mirar de la misma manera a Flash, Quicksilver y demás velocistas recubiertos de spandex.
lunes, 12 de octubre de 2015
12/10: EL AMO DE LA NOCHE
Esta especie de novela gráfica de principios de los 80 es en realidad la secuela de otra anterior, llamada El Hombre del Tridente, serializada en su momento en las páginas de la Metal Hurlant española. Esa historia terminaba con la aparente muerte de un peligroso criminal, y la consigna que dispara a esta secuela tiene que ver con la reaparición (en un rol distinto) del trastornado Balthazar Saint-Paul.
A lo largo de casi 60 páginas, la afianzada dupla de Rodolphe y Ferrandez plantea un thriller sin concesiones, basado sobre todo en la intriga y en el ritmo, que es intenso del principio hasta el final. Recién en la página 31 le vemos la cara al verdadero villano y empezamos a descubrir sus motivaciones. Todo lo anterior es un in crescendo en el clima ominoso, en el misterio a la antigua, a medida que el Inspector Raffini y sus aliados exploran y descartan pistas que podrían ayudarlos a resolver el misterio de las siniestras pesadillas que miles de personas sueñan a la vez.
Ese primer tramo, el más difícil, está muy bien manejado y quizás lo único que le falta es meterle rasgos de personalidad más fuertes a Raffini, Thompson y Alfred Saint-Paul. El segundo tramo, con las pistas más claras y el plan del villano más cerca de concretarse, adopta un perfil mucho más aventurero, con persecuciones, tiros, piñas y un círculo que se empieza a cerrar en torno a la misteriosa casa en las montañas. La resolución es verosímil, el costo que pagan los buenos para frenar a los malos no es barato, y el rulito del final es brillante. Sin tetas, sin excesos a la hora de mostrar sangre y muertes medio escabrosas, esta podría haber sido tranquilamente una gran aventura de Blake & Mortimer.
El dibujo de Ferrandez toma como base la línea clara de Edgar-Pierre Jacobs, a la que le agrega toda una serie de maravillosos recursos gráficos que tienen que ver con el hecho de que esta historieta está pensada para blanco y negro, y con otro hecho muy notable, que es que la mayoría de las secuencias transcurren de noche. Ferrandez demuestra cómo un autor de línea clara la puede romper aplicando masas negras, sugestivas, potentes, por momentos más cerca de José Muñoz que de Herge. Aún con esta fuerte presencia de la mancha y las sombras, el equilibrio entre blancos y negros está logradisimo. Para las caras, y sobre todo para las expresiones faciales, Ferrandez se aleja un poco más de Jacobs para encolumnarse detrás de Jacques Tardi. La combinación funciona sorprendentemente bien.
Realmente fue muy placentero reencontrarse con esta dupla y con esta forma de contar historias, muy clásicas desde lo formal, pero con espacio para la sorpresa y para que los autores muestren su impronta personal.
A lo largo de casi 60 páginas, la afianzada dupla de Rodolphe y Ferrandez plantea un thriller sin concesiones, basado sobre todo en la intriga y en el ritmo, que es intenso del principio hasta el final. Recién en la página 31 le vemos la cara al verdadero villano y empezamos a descubrir sus motivaciones. Todo lo anterior es un in crescendo en el clima ominoso, en el misterio a la antigua, a medida que el Inspector Raffini y sus aliados exploran y descartan pistas que podrían ayudarlos a resolver el misterio de las siniestras pesadillas que miles de personas sueñan a la vez.
Ese primer tramo, el más difícil, está muy bien manejado y quizás lo único que le falta es meterle rasgos de personalidad más fuertes a Raffini, Thompson y Alfred Saint-Paul. El segundo tramo, con las pistas más claras y el plan del villano más cerca de concretarse, adopta un perfil mucho más aventurero, con persecuciones, tiros, piñas y un círculo que se empieza a cerrar en torno a la misteriosa casa en las montañas. La resolución es verosímil, el costo que pagan los buenos para frenar a los malos no es barato, y el rulito del final es brillante. Sin tetas, sin excesos a la hora de mostrar sangre y muertes medio escabrosas, esta podría haber sido tranquilamente una gran aventura de Blake & Mortimer.
El dibujo de Ferrandez toma como base la línea clara de Edgar-Pierre Jacobs, a la que le agrega toda una serie de maravillosos recursos gráficos que tienen que ver con el hecho de que esta historieta está pensada para blanco y negro, y con otro hecho muy notable, que es que la mayoría de las secuencias transcurren de noche. Ferrandez demuestra cómo un autor de línea clara la puede romper aplicando masas negras, sugestivas, potentes, por momentos más cerca de José Muñoz que de Herge. Aún con esta fuerte presencia de la mancha y las sombras, el equilibrio entre blancos y negros está logradisimo. Para las caras, y sobre todo para las expresiones faciales, Ferrandez se aleja un poco más de Jacobs para encolumnarse detrás de Jacques Tardi. La combinación funciona sorprendentemente bien.
Realmente fue muy placentero reencontrarse con esta dupla y con esta forma de contar historias, muy clásicas desde lo formal, pero con espacio para la sorpresa y para que los autores muestren su impronta personal.
Etiquetas:
El Amo de la Noche,
Ferrandez,
Rodolphe
miércoles, 7 de octubre de 2015
07/10: QUIMERA Vol.3
La verdad, no me acuerdo si leí el Vol.2 de esta antología gestada en Rosario. Pero seguro leí el Vol.3 y quiero compartir sintéticamente mis impresiones.
La primera historieta, escrita por César Libardi y dibujada por José Ballester, me dejó más dudas que certezas. El guión me pareció algo obvio, pero disfrazado de algo complejo y sofisticado, que a la larga no se sostiene. Y el dibujo tiene técnica, tiene un buen manejo de algunos efectos gráficos, pero le falta una base más sólida.
El Mago se engalana con el dibujo sobrio y elegante de Sergio Tarquini, que sin ser perfecto, está muy bien. El guión de la dupla Barreiro-Ferrua arriesga bastante al no explicar exactamente cómo se resuelve el conflicto y hace un buen uso (casi al limite del abuso) de la ambientación elegida. En promedio, me parece que está bien.
En las 9 páginas siguientes, el guionista Ariel Grichener ensaya un burdo pastiche de Scalped, llevado a un futuro no muy lejano para disimular mínimamente los amaños. A años luz de las glorias de Jason Aaron, esto naufraga en una mala leche tibia, con gusto a poco, a la que no redime ni por casualidad el dibujo tosco de Nicolás Zuliani. Ojo, no es irredimible. Tiene un buen equilibrio entre Blas, negros y grises y en general el entintado está bien. Pero le falta mucho, no tengo dudas.
La siguiente historia es muy breve (solo cuatro páginas) y está bien, porque el guión no lo entendí y el dibujo me pareció calamitoso. Pesquisa Criminal, en cambio, tiene una buena idea bien desarrollada por Gastón Flores, y el dibujo de Pablo De Bonis no desentona, de hecho tiene unos cuantos puntos altos. Atenti a este muchacho, que tiene pasta para despegar en cualquier momento y pasar a las ligas mayores.
Y quedó para el final la mejor historia de la antología, la de Walter Koza y OsoZeth, que es la que logra la mejor combinación entre guión consistente y dibujos atractivos. Tiene un problema que es la sobrecarga de información, de detalles y de texto que ofrece cada viñeta. Acá leemos en 13 páginas lo que se podría haber contado en 16 o 20. Pero bueno, es un defecto muy menor, que queda opacado por los logros de la dupla.
No mucho más. Ojalá este proyecto siga creciendo y ajustando tuercas hasta convertirse en una de esas publicaciones que uno no puede darse el lujo de desconocer.
La primera historieta, escrita por César Libardi y dibujada por José Ballester, me dejó más dudas que certezas. El guión me pareció algo obvio, pero disfrazado de algo complejo y sofisticado, que a la larga no se sostiene. Y el dibujo tiene técnica, tiene un buen manejo de algunos efectos gráficos, pero le falta una base más sólida.
El Mago se engalana con el dibujo sobrio y elegante de Sergio Tarquini, que sin ser perfecto, está muy bien. El guión de la dupla Barreiro-Ferrua arriesga bastante al no explicar exactamente cómo se resuelve el conflicto y hace un buen uso (casi al limite del abuso) de la ambientación elegida. En promedio, me parece que está bien.
En las 9 páginas siguientes, el guionista Ariel Grichener ensaya un burdo pastiche de Scalped, llevado a un futuro no muy lejano para disimular mínimamente los amaños. A años luz de las glorias de Jason Aaron, esto naufraga en una mala leche tibia, con gusto a poco, a la que no redime ni por casualidad el dibujo tosco de Nicolás Zuliani. Ojo, no es irredimible. Tiene un buen equilibrio entre Blas, negros y grises y en general el entintado está bien. Pero le falta mucho, no tengo dudas.
La siguiente historia es muy breve (solo cuatro páginas) y está bien, porque el guión no lo entendí y el dibujo me pareció calamitoso. Pesquisa Criminal, en cambio, tiene una buena idea bien desarrollada por Gastón Flores, y el dibujo de Pablo De Bonis no desentona, de hecho tiene unos cuantos puntos altos. Atenti a este muchacho, que tiene pasta para despegar en cualquier momento y pasar a las ligas mayores.
Y quedó para el final la mejor historia de la antología, la de Walter Koza y OsoZeth, que es la que logra la mejor combinación entre guión consistente y dibujos atractivos. Tiene un problema que es la sobrecarga de información, de detalles y de texto que ofrece cada viñeta. Acá leemos en 13 páginas lo que se podría haber contado en 16 o 20. Pero bueno, es un defecto muy menor, que queda opacado por los logros de la dupla.
No mucho más. Ojalá este proyecto siga creciendo y ajustando tuercas hasta convertirse en una de esas publicaciones que uno no puede darse el lujo de desconocer.
martes, 6 de octubre de 2015
06/10: DAGO: AMAZONAS
Sigo sin encontrarle la vuelta al tema de las imágenes,pero ya lo voy a solucionar. Mientras tanto, sigo con las reseñas, acá cerquita del Central Park.
En este libro, Robin Wood y Carlos Gómez nos muestran las peripecias de Dago posteriores a su paso por Perú, que vimos en el tomo anterior (no me acuerdo cuando lo reseñamos, pero podes hacer click en la etiqueta de Dago y te aparece al toque). Por primera vez, el guacho-winner está totalmente descolocado. Un europeo solo en la América joven, casi sin armas, sin brújula, sin comida, sin caballos, mucho no puede durar. Y Dago se da cuenta. Eso me pareció lo más interesante a nivel guión:la instancia de profunda vulnerabilidad de un personaje al que vimos ganar demasiadas veces, de local, de visitante, de taquito y hasta de ojete.
En cuanto a las aventuras en sí, me cerró bastante la segunda,la de las amazonas bravas e inclementes, donde hace su primera aparición Joao, el portugués que acompañará al veneciano en varias sagas posteriores. La verdad es que Dago hace poco; más que nada lo vemos esforzarse por seguir vivo, sin un plan ni una esperanza para modificar la realidad tremenda que le toca presenciar. En definitiva,Wood nos ofrece más climas y más descripciones que peripecias,y ese cambio de registro cada tanto viene bien.
La otra parte del libro, en la que Dago interactúa con esos indios rubios y pelirrojos que descienden de los vikingos,me pareció un disparate sin pies ni cabeza; de hecho me hizo acordar a esas aventuras frutihorticolas de Tarzan, en las que se topaba con civilizaciones pérdidas en la jungla, siempre integradas por blancos. La historia arranca bien, pero cuando aparece ese drakkar navegando por el Amazonas, el verosímil se desploma como nunca antes se había desplomado en una historieta de Dago.
Después de años y años de dibujar castillos, aldeas, catedrales, palacios y templos, había que ver cómo se adaptaba Gómez a una historia donde los verdaderos protagonistas son el río y la selva. Una vez más, el cordobés demostró estar a la altura del desafío y nos regaló un montón de páginas memorables, pobladas de recursos gráficos que no habíamos visto antes y que le sirven para resolver con categoría el notable cambio en la ambientación.
Amazonas es un tomo sumamente atípico dentro de lo que es la saga de Dago y ni drogado me animo a ponerlo entre los fundamentales. Lo cual no significa que me haya resultado flojo o decepcionante.
En este libro, Robin Wood y Carlos Gómez nos muestran las peripecias de Dago posteriores a su paso por Perú, que vimos en el tomo anterior (no me acuerdo cuando lo reseñamos, pero podes hacer click en la etiqueta de Dago y te aparece al toque). Por primera vez, el guacho-winner está totalmente descolocado. Un europeo solo en la América joven, casi sin armas, sin brújula, sin comida, sin caballos, mucho no puede durar. Y Dago se da cuenta. Eso me pareció lo más interesante a nivel guión:la instancia de profunda vulnerabilidad de un personaje al que vimos ganar demasiadas veces, de local, de visitante, de taquito y hasta de ojete.
En cuanto a las aventuras en sí, me cerró bastante la segunda,la de las amazonas bravas e inclementes, donde hace su primera aparición Joao, el portugués que acompañará al veneciano en varias sagas posteriores. La verdad es que Dago hace poco; más que nada lo vemos esforzarse por seguir vivo, sin un plan ni una esperanza para modificar la realidad tremenda que le toca presenciar. En definitiva,Wood nos ofrece más climas y más descripciones que peripecias,y ese cambio de registro cada tanto viene bien.
La otra parte del libro, en la que Dago interactúa con esos indios rubios y pelirrojos que descienden de los vikingos,me pareció un disparate sin pies ni cabeza; de hecho me hizo acordar a esas aventuras frutihorticolas de Tarzan, en las que se topaba con civilizaciones pérdidas en la jungla, siempre integradas por blancos. La historia arranca bien, pero cuando aparece ese drakkar navegando por el Amazonas, el verosímil se desploma como nunca antes se había desplomado en una historieta de Dago.
Después de años y años de dibujar castillos, aldeas, catedrales, palacios y templos, había que ver cómo se adaptaba Gómez a una historia donde los verdaderos protagonistas son el río y la selva. Una vez más, el cordobés demostró estar a la altura del desafío y nos regaló un montón de páginas memorables, pobladas de recursos gráficos que no habíamos visto antes y que le sirven para resolver con categoría el notable cambio en la ambientación.
Amazonas es un tomo sumamente atípico dentro de lo que es la saga de Dago y ni drogado me animo a ponerlo entre los fundamentales. Lo cual no significa que me haya resultado flojo o decepcionante.
lunes, 5 de octubre de 2015
05/10:SALTO LA FURIA
Esta es la primera vez que leo un trabajo de Mariano Antonelli. Las veces anteriores que tuve historietas suyas en mis manos, me fui al mazo porque los dibujos me parecieron muy crudos, muy precarios, y no lo quería masacrar. Esta vez el dibujo también me pareció precario, sobre todo en el entintado. Pero me lo fume porque la trama me resultó muy atractiva.
Saltó la Furia es una breve novela gráfica ambientada en Buenos Aires durante las protestas del 19 y 20 de Diciembre de 2001,cuando tantas cosas estaban por cambiar. Antonelli le saca buen provecho a esa ambientación y la usa para darle dramatismo y ritmo frenético a un relato muy sencillo,de una nena y un padre perdidos entre una multitud. Lo mejor que hace el autor es no tratar de explicar el conflicto. Ofrece algunas pistas acerca de qué carajo está pasando a través del recurso de la tele (otro que tiene una deuda con Howard Chaykin) y el resto no se explica en profundidad: si no sabes qué pasó en aquellos días, Antonelli no te va a desasnar (para eso está la introducción de Ricardo De Luca).
El lector incautó podría suponer que la protagonista es Romi, la nena perdida entre los manifestantes. En realidad es sólo un artificio del guión. El verdadero protagonista es Diego, el papá de la nena, que es a quien el autor hace replantearse cosas, cuestionar su propia mirada acerca de esta crisis, y en última instancia, crecer. Increíble el final que le reserva la historia al personaje que más evolucionó a lo largo de la misma.
Destaco entonces el ritmo del relato, que no decae nunca, y los diálogos, que suenan reales y afilados. Esos dos ítems, junto a la progresión en el personaje principal, hacen de este trabajo una lectura ganchera, ágil, que nos logra involucrar rápidamente en su planteo y en su devenir. En el dibujo hay más buenas intenciones que logros, pero en ningún momento esto se convierte en un obstáculo para dejarse llevar por la trama.
Sin ser la gloria, Saltó la Furia se parece poco a las obras que suelen aparecer entre los autores emergentes de nuestra historieta, por la temática y por la intensidad de un relato que no se cuelga en boludeces, ni se mira el ombligo. Se le puede dar una oportunidad, a pesar de que visualmente todavía le falta.
Saltó la Furia es una breve novela gráfica ambientada en Buenos Aires durante las protestas del 19 y 20 de Diciembre de 2001,cuando tantas cosas estaban por cambiar. Antonelli le saca buen provecho a esa ambientación y la usa para darle dramatismo y ritmo frenético a un relato muy sencillo,de una nena y un padre perdidos entre una multitud. Lo mejor que hace el autor es no tratar de explicar el conflicto. Ofrece algunas pistas acerca de qué carajo está pasando a través del recurso de la tele (otro que tiene una deuda con Howard Chaykin) y el resto no se explica en profundidad: si no sabes qué pasó en aquellos días, Antonelli no te va a desasnar (para eso está la introducción de Ricardo De Luca).
El lector incautó podría suponer que la protagonista es Romi, la nena perdida entre los manifestantes. En realidad es sólo un artificio del guión. El verdadero protagonista es Diego, el papá de la nena, que es a quien el autor hace replantearse cosas, cuestionar su propia mirada acerca de esta crisis, y en última instancia, crecer. Increíble el final que le reserva la historia al personaje que más evolucionó a lo largo de la misma.
Destaco entonces el ritmo del relato, que no decae nunca, y los diálogos, que suenan reales y afilados. Esos dos ítems, junto a la progresión en el personaje principal, hacen de este trabajo una lectura ganchera, ágil, que nos logra involucrar rápidamente en su planteo y en su devenir. En el dibujo hay más buenas intenciones que logros, pero en ningún momento esto se convierte en un obstáculo para dejarse llevar por la trama.
Sin ser la gloria, Saltó la Furia se parece poco a las obras que suelen aparecer entre los autores emergentes de nuestra historieta, por la temática y por la intensidad de un relato que no se cuelga en boludeces, ni se mira el ombligo. Se le puede dar una oportunidad, a pesar de que visualmente todavía le falta.
Etiquetas:
Argentina,
Mariano Antonelli,
Salto la Furia
domingo, 4 de octubre de 2015
04/ 10: OTRA VEZ A NUEVA YORK
Como hace tres años (y también como hace ya casi 31), me toca viajar de nuevo a la ciudad de Spider-Man y Alack Sinner. Entre el 8 y el 11 de este mes voy a estar partici-
pando de la New York Comic Con, más que nada como público. Estoy acreditado como periodista, pero no me interesa demasiado cubrir el evento. La idea es hacer sociales, charlar con autores y editores amigos, conocer a otros a los que me interesa conocer, presenciar algunas charlas y comprar comics a lo pavote, aprovechando las ofertas delirantes que suelen aparecer en este tipo de eventos.
Y para los días restantes, el objetivo es pasear un poco, comprar algunos discos, algo de ropa, visitar museos, en una de esas visitar las oficinas de Marvel (a las que no fui nunca), ir a trasnochar a un emblemático boliche ochentoso (el que conocí en 2012 gracias al maestro Will Dennis como consta en la “reseña” del 10/11/12) y en la medida de lo posible, descansar.
Somos una banda: van argentinos de varias provincias, uruguayos, chilenos, peruanos… hasta Jean-David Morvan y la profe Yuriko Fujimoto, que estuvieron de visita en Buenos Aires el mes pasado, van a estar esta semana en Nueva York. Será el momento de reencontrarse con ellos, con amigos de EEUU, y hasta con amigos de acá que viven allá, o incluso en Europa, pero para estas fechas se van a disfrutar de la Comic Con. Así que también va a estar bueno para hacer sociales y pasar por lo menos cuatro días rodeado de gente del palo comiquero, de distintas latitudes. Los días sin Comic Con, veremos. Capaz que pinta juntarse, capaz que pinta desintoxicarse un poquito de tanto comic y explorar otras propuestas. Igual hay un par de comiquerías y librerías a las que SEGURO voy a ir a depredar antes o después de la convención.
Pero si pinta explorar otras ondas, Nueva York es muy generosa: casi todo lo que se te ocurra ver, hacer o comprar, ahí lo vas a encontrar. La única cagada es la comida. Ni en pedo vamos a comer tan rico como acá, ni mucho menos como en Lima o La Paz. Y yo además tengo el problema de mi columna baqueteada, que espero no joda mucho a la hora de caminar, porque la verdad es que Nueva York es una ciudad alucinante para caminarla de punta a punta.
Lo cierto es que mañana lunes tendremos una reseña posteada a pocas cuadras del Central Park, no sé si desde una compu prestada o desde la tablet que me entregaron el viernes y a la que estoy aprendiendo a manejar. Y lo mismo sucederá el martes, el miércoles y los días 12 al 15. Entre el 8 y el 11, que voy a estar mil horas metido en el predio de la convención, no creo que haya posts.
Bueno, me voy a grabar un podcast de Comiqueando y de ahí a Ezeiza. La seguimos mañana desde allá.
pando de la New York Comic Con, más que nada como público. Estoy acreditado como periodista, pero no me interesa demasiado cubrir el evento. La idea es hacer sociales, charlar con autores y editores amigos, conocer a otros a los que me interesa conocer, presenciar algunas charlas y comprar comics a lo pavote, aprovechando las ofertas delirantes que suelen aparecer en este tipo de eventos.
Y para los días restantes, el objetivo es pasear un poco, comprar algunos discos, algo de ropa, visitar museos, en una de esas visitar las oficinas de Marvel (a las que no fui nunca), ir a trasnochar a un emblemático boliche ochentoso (el que conocí en 2012 gracias al maestro Will Dennis como consta en la “reseña” del 10/11/12) y en la medida de lo posible, descansar.
Somos una banda: van argentinos de varias provincias, uruguayos, chilenos, peruanos… hasta Jean-David Morvan y la profe Yuriko Fujimoto, que estuvieron de visita en Buenos Aires el mes pasado, van a estar esta semana en Nueva York. Será el momento de reencontrarse con ellos, con amigos de EEUU, y hasta con amigos de acá que viven allá, o incluso en Europa, pero para estas fechas se van a disfrutar de la Comic Con. Así que también va a estar bueno para hacer sociales y pasar por lo menos cuatro días rodeado de gente del palo comiquero, de distintas latitudes. Los días sin Comic Con, veremos. Capaz que pinta juntarse, capaz que pinta desintoxicarse un poquito de tanto comic y explorar otras propuestas. Igual hay un par de comiquerías y librerías a las que SEGURO voy a ir a depredar antes o después de la convención.
Pero si pinta explorar otras ondas, Nueva York es muy generosa: casi todo lo que se te ocurra ver, hacer o comprar, ahí lo vas a encontrar. La única cagada es la comida. Ni en pedo vamos a comer tan rico como acá, ni mucho menos como en Lima o La Paz. Y yo además tengo el problema de mi columna baqueteada, que espero no joda mucho a la hora de caminar, porque la verdad es que Nueva York es una ciudad alucinante para caminarla de punta a punta.
Lo cierto es que mañana lunes tendremos una reseña posteada a pocas cuadras del Central Park, no sé si desde una compu prestada o desde la tablet que me entregaron el viernes y a la que estoy aprendiendo a manejar. Y lo mismo sucederá el martes, el miércoles y los días 12 al 15. Entre el 8 y el 11, que voy a estar mil horas metido en el predio de la convención, no creo que haya posts.
Bueno, me voy a grabar un podcast de Comiqueando y de ahí a Ezeiza. La seguimos mañana desde allá.
sábado, 3 de octubre de 2015
03/ 10: PORTUGAL
Allá por el 05/12/12 yo me prendía fuego con Tres Sombras, una novela gráfica del francés Cyril Pedrosa que me convirtió en fan de por vida de este virtuoso del dibujo y del relato gráfico. Varios años después, logré hacerme con su siguiente novela gráfica, que es la que me toca reseñar hoy.
Lo primero que impacta de Portugal es el tamaño. Parece una lápida, más que un libro. Es enorme, con tapa dura, excelente papel, tirita de tela para usar de señalador… pornografía para estanterías, como dicen los yankis. La verdad, no me copa mucho tanto lujo. Esto se podría haber editado un toque más chico, o en softcover y no hubiese sido una falta de respeto al inmenso talento de Pedrosa. Pero bueno, Norma puso toda la carne al asador y Portugal se convirtió en un libro zarpado en peso y tamaño (como esssta) que obviamente vale una fortuna.
Vamos a la historia, mejor. Cyril Pedrosa se toma más de 250 páginas para narrar un fragmento de la vida de Simon Muchat, un muchacho de treinta y pico, dibujante, que a pesar de tener algunos álbumes publicados y un talento considerable, está a la deriva, sin ganas de hacer un carajo. En algún momento, cerca de tocar fondo, se propondrá viajar a Portugal en busca de datos sobre su abuelo Abel y para el final encontrará… algo de eso, algunos testimonios sobre la vida de su antepasado, al que nunca conoció.
Todo esto, contado a un ritmo MUY pachorro, con decenas de páginas en las que no pasa nada. Simon viaja a un pequeño festival de comics en un pueblito, a la vuelta tiene un cortocircuito grosso con su esposa, después se va con su papá al casamiento de una prima en un campo de Borgoña, después se va a Portugal a investigar sobre su abuelo, conoce tías, primos lejanos, amigos de sus tíos y abuelos, a veces dibuja, a veces se cuelga, sobre el final se garcha a otra minita, viaja en tren, en avión, en auto, en micro, en bicicleta… y todo va muy lento. Pedrosa se cuelga en eternas escenas de charlas entre Simon y sus parientes (su padre es, lejos, el personaje secundario más atractivo), cenas, fiestas, borracheras, paseos… Nada de lo que pasa se presenta en forma de un conflicto. Por el contrario (y como en la vida real) todo está mezclado, diluido en esta suculenta sopa de slice of life, en este devenir de hechos que se sienten tan reales, tan genuinos, que cuesta creer que Perdosa no nos está contando un capítulo de su propia biografía.
El argumento es menos que pobre, es indigente. Lo atractivo, lo que te engancha de punta a punta es el guión, es cómo cuenta Pedrosa este cachito de historia. Las pausas, los silencios, los flashbacks, las escenas flasheras que suceden en la mente de Simon, incluso los diálogos (que son infinitos) tienen onda y ayudan a mantener el interés en esas largas secuencias en las que no pasa absolutamente nada. Está claro que Pedrosa maneja una cantidad de recursos narrativos enorme, porque la trama se arrastra a un ritmo parsimonioso, casi exasperante, por momentos incluso desaparece, y sin embargo uno lo disfruta, se identifica con los personajes, se divierte con ellos, no está todo el tiempo diciendo “bueno, ya fue la charla, el morfi y las anécdotas graciosas, ahora que pasen cosas”. Eso es lo más notable que tiene el guión de Portugal.
Pero claro, ¿a quién carajo le importa el guión cuando tenemos más de 250 páginas dibujadas por Pedrosa? Si la cantidad de recursos narrativos te ponen los pelos de punta, el arsenal que te detona Pedrosa desde la faz gráfica es sencillamente indescriptible. Si el dibujo fuera sólo la línea (esa línea vibrante, nerviosa, elegante) ya estaríamos hablando de una genialidad. Pero además están las tramas, los sombreados, las manchas y un upgrade impresionante respecto de Tres Sombras, que es el color. El color puesto al servicio de los climas, fundamental para darle su impronta propia a cada escena, presente hasta en los globos de diálogo, y además con sus propios efectos, con formas y fondos logradas con pinceladas y manchas que son 100% color, sin línea negra en los contornos.
Portugal ofrece más introspección y más poesía que aventura y confictos, con lo cual no está pensada para seducir a todos los públicos. Pero desde lo visual hay tanta magia, tanta onda, tanto virtuosismo fuera de control, tantos hallazgos, que si no te emociona la trama seguro te va a emocionar el dibujo. Y si sos de los que bancan los relatos largos, a fondo, con un tratamiento exhaustivo de los mambos y los procesos internos de un personaje, con apuntes costumbristas y autobiográficos, en los que no importa que “pasen cosas” o que nos ceben a fuerza de ritmo y sacudones imprevistos, seguramente te vas a convencer de que Cyril Pedrosa es uno de los nombres 100% imprescindibles que tiene hoy la novela gráfica.
Lo primero que impacta de Portugal es el tamaño. Parece una lápida, más que un libro. Es enorme, con tapa dura, excelente papel, tirita de tela para usar de señalador… pornografía para estanterías, como dicen los yankis. La verdad, no me copa mucho tanto lujo. Esto se podría haber editado un toque más chico, o en softcover y no hubiese sido una falta de respeto al inmenso talento de Pedrosa. Pero bueno, Norma puso toda la carne al asador y Portugal se convirtió en un libro zarpado en peso y tamaño (como esssta) que obviamente vale una fortuna.
Vamos a la historia, mejor. Cyril Pedrosa se toma más de 250 páginas para narrar un fragmento de la vida de Simon Muchat, un muchacho de treinta y pico, dibujante, que a pesar de tener algunos álbumes publicados y un talento considerable, está a la deriva, sin ganas de hacer un carajo. En algún momento, cerca de tocar fondo, se propondrá viajar a Portugal en busca de datos sobre su abuelo Abel y para el final encontrará… algo de eso, algunos testimonios sobre la vida de su antepasado, al que nunca conoció.
Todo esto, contado a un ritmo MUY pachorro, con decenas de páginas en las que no pasa nada. Simon viaja a un pequeño festival de comics en un pueblito, a la vuelta tiene un cortocircuito grosso con su esposa, después se va con su papá al casamiento de una prima en un campo de Borgoña, después se va a Portugal a investigar sobre su abuelo, conoce tías, primos lejanos, amigos de sus tíos y abuelos, a veces dibuja, a veces se cuelga, sobre el final se garcha a otra minita, viaja en tren, en avión, en auto, en micro, en bicicleta… y todo va muy lento. Pedrosa se cuelga en eternas escenas de charlas entre Simon y sus parientes (su padre es, lejos, el personaje secundario más atractivo), cenas, fiestas, borracheras, paseos… Nada de lo que pasa se presenta en forma de un conflicto. Por el contrario (y como en la vida real) todo está mezclado, diluido en esta suculenta sopa de slice of life, en este devenir de hechos que se sienten tan reales, tan genuinos, que cuesta creer que Perdosa no nos está contando un capítulo de su propia biografía.
El argumento es menos que pobre, es indigente. Lo atractivo, lo que te engancha de punta a punta es el guión, es cómo cuenta Pedrosa este cachito de historia. Las pausas, los silencios, los flashbacks, las escenas flasheras que suceden en la mente de Simon, incluso los diálogos (que son infinitos) tienen onda y ayudan a mantener el interés en esas largas secuencias en las que no pasa absolutamente nada. Está claro que Pedrosa maneja una cantidad de recursos narrativos enorme, porque la trama se arrastra a un ritmo parsimonioso, casi exasperante, por momentos incluso desaparece, y sin embargo uno lo disfruta, se identifica con los personajes, se divierte con ellos, no está todo el tiempo diciendo “bueno, ya fue la charla, el morfi y las anécdotas graciosas, ahora que pasen cosas”. Eso es lo más notable que tiene el guión de Portugal.
Pero claro, ¿a quién carajo le importa el guión cuando tenemos más de 250 páginas dibujadas por Pedrosa? Si la cantidad de recursos narrativos te ponen los pelos de punta, el arsenal que te detona Pedrosa desde la faz gráfica es sencillamente indescriptible. Si el dibujo fuera sólo la línea (esa línea vibrante, nerviosa, elegante) ya estaríamos hablando de una genialidad. Pero además están las tramas, los sombreados, las manchas y un upgrade impresionante respecto de Tres Sombras, que es el color. El color puesto al servicio de los climas, fundamental para darle su impronta propia a cada escena, presente hasta en los globos de diálogo, y además con sus propios efectos, con formas y fondos logradas con pinceladas y manchas que son 100% color, sin línea negra en los contornos.
Portugal ofrece más introspección y más poesía que aventura y confictos, con lo cual no está pensada para seducir a todos los públicos. Pero desde lo visual hay tanta magia, tanta onda, tanto virtuosismo fuera de control, tantos hallazgos, que si no te emociona la trama seguro te va a emocionar el dibujo. Y si sos de los que bancan los relatos largos, a fondo, con un tratamiento exhaustivo de los mambos y los procesos internos de un personaje, con apuntes costumbristas y autobiográficos, en los que no importa que “pasen cosas” o que nos ceben a fuerza de ritmo y sacudones imprevistos, seguramente te vas a convencer de que Cyril Pedrosa es uno de los nombres 100% imprescindibles que tiene hoy la novela gráfica.
viernes, 2 de octubre de 2015
02/ 10: D.E.S. PAREJA
Hoy muy breve, porque tengo poco tiempo.
En esta historieta nos encontramos al versátil J.J. Rovella en un rol nuevo: guionista que escribe para que otro dibujante dibuje sus historias. No es un gran debut. Las primeras 23 páginas de este librito están armadas con un montón de mini-historias de dos páginas, que plantean una idea y la resuelven en pocas viñetas. En todas pasa más o menos lo mismo: el protagonista (que extrañamente no tiene nombre) es un agente de una fuerza policial del futuro en el que todos trabajan en parejas. En cada mini-historia le asignan una pareja distinta y en todas termina mal, cagado a palos o prendido fuego, como Mortadelo y Filemón, pero con menos gracia.
En las 21 páginas restantes, Rovella se juega a un sólo relato más extenso y levanta un poco la puntería. La historia nunca cobra profundidad pero por lo menos cobra un lindo ritmo, se hace más ganchera y no hay un remate forzado cada 11 ó 12 viñetas. Aclaremos que se trata de una historia apuntada claramente al público infantil, con lo cual pedirle profundidad es medio un delirio mío. Pero bueno, Rovella ya demostró que sus trabajos para chicos pueden dejarnos pensando y hasta emocionarnos a los grandes, así que uno pide, de malcriado, nomás.
El dibujo de Javier Suppa (a quien habíamos visto como colorista de Great Pacific) está muy bien, muy prolijo, dinámico, con el grado justo de síntesis como para aprovechar la ambientación atípica (una mega-ciudad del futuro) sin saturar las viñetas con información visual que podría confundir o incluso ahuyentar a los pibes. No te lo quiero vender como la gloria, porque no es así. Pero cumple ampliamente, no está para nada mal.
Calculo que a un pibe de 7-8 años esto le parecerá divertido y capaz hasta fascinante. A mí las historias no me convencieron demasiado y rescato el ritmo, los diálogos (que no pecan de querer añadir la gracia que las aventuras no tienen) y el dibujo de Suppa, que se le re-bancó, sobre todo en las primeras páginas, donde se ve un esfuerzo muy loable por darle vida y onda a este universo ficticio. Suppa y Rovella son amigos hace mil años, así que no descarto que vuelvan a compartir nuevos proyectos; si eso sucede, ojalá suban un poquito el listón, para regalarnos alguna obra realmente grossa, como Dante Elefante, Niko & Miko o algún otro hitazo de Rovella, de esos que logran que los grandes nos cebemos como si fuéramos pibes…
En esta historieta nos encontramos al versátil J.J. Rovella en un rol nuevo: guionista que escribe para que otro dibujante dibuje sus historias. No es un gran debut. Las primeras 23 páginas de este librito están armadas con un montón de mini-historias de dos páginas, que plantean una idea y la resuelven en pocas viñetas. En todas pasa más o menos lo mismo: el protagonista (que extrañamente no tiene nombre) es un agente de una fuerza policial del futuro en el que todos trabajan en parejas. En cada mini-historia le asignan una pareja distinta y en todas termina mal, cagado a palos o prendido fuego, como Mortadelo y Filemón, pero con menos gracia.
En las 21 páginas restantes, Rovella se juega a un sólo relato más extenso y levanta un poco la puntería. La historia nunca cobra profundidad pero por lo menos cobra un lindo ritmo, se hace más ganchera y no hay un remate forzado cada 11 ó 12 viñetas. Aclaremos que se trata de una historia apuntada claramente al público infantil, con lo cual pedirle profundidad es medio un delirio mío. Pero bueno, Rovella ya demostró que sus trabajos para chicos pueden dejarnos pensando y hasta emocionarnos a los grandes, así que uno pide, de malcriado, nomás.
El dibujo de Javier Suppa (a quien habíamos visto como colorista de Great Pacific) está muy bien, muy prolijo, dinámico, con el grado justo de síntesis como para aprovechar la ambientación atípica (una mega-ciudad del futuro) sin saturar las viñetas con información visual que podría confundir o incluso ahuyentar a los pibes. No te lo quiero vender como la gloria, porque no es así. Pero cumple ampliamente, no está para nada mal.
Calculo que a un pibe de 7-8 años esto le parecerá divertido y capaz hasta fascinante. A mí las historias no me convencieron demasiado y rescato el ritmo, los diálogos (que no pecan de querer añadir la gracia que las aventuras no tienen) y el dibujo de Suppa, que se le re-bancó, sobre todo en las primeras páginas, donde se ve un esfuerzo muy loable por darle vida y onda a este universo ficticio. Suppa y Rovella son amigos hace mil años, así que no descarto que vuelvan a compartir nuevos proyectos; si eso sucede, ojalá suban un poquito el listón, para regalarnos alguna obra realmente grossa, como Dante Elefante, Niko & Miko o algún otro hitazo de Rovella, de esos que logran que los grandes nos cebemos como si fuéramos pibes…
Etiquetas:
Argentina,
D.E.S.Pareja,
J.J. Rovella,
Javier Suppa
jueves, 1 de octubre de 2015
01/ 10: LOS MAS VENDIDOS DE SEPTIEMBRE
Impresionante. Con el tema de Comicópolis, no le di demasiada bola a la distribuidora durante Septiembre y aún así, una vez más batimos todos los records de ventas. Con el impulso de las novedades de Agosto, más unas cuantas papitas finas que salieron en Septiembre, se armó la mejor facturación de la historia de la Distri.
Estos fueron los 10 títulos más vendidos, en un mes en el que hubo que vender MUCHO para a aspirar a un puestito en esta lista:
1) Hexmoor (Loco Rabia/ Belerofonte)
2) Sudor Sudaca (Hotel de las Ideas)
3) Cybersix Vol.4 (Napoleones Sin Batallas + Entelequia)
4) 27 Vol.1(Szama)
5) Basura (Loco Rabia + Belerofonte)
6) Bubbles (Hotel de las Ideas)
7) Matasano (Llanto de Mudo)
8) Metallum Terra (Napoleones Sin Batallas/ Entelequia)
9) Bang(Kok) (Rabdomantes)
10) Las Andanzas Eróticas de Vlad Tepes (Ninfa)
Y sí, de nuevo a la cabeza Hexmoor, primero lejos, resistiendo el embate de las novedades, que se quedaron con los puestos 2, 3, 4, 6, 7 y 10. El insumergible Basura también aguantó, como aguanta desde Marzo (si no me equivoco), junto con dos lanzamientos más de Agosto: el Bang(Kok) de Renzo Podestá y otra gema de Mazzitelli y Alcatena, Metallum Terra. Y ya que lo nombro a Renzo, qué grosso que haya metido dos libros en el ranking y que haya impulsado a una editorial nueva (Szama Ediciones) a debutar nada menos que con un cuarto puesto, con el maravilloso primer TPB de 27, reseñado por acá el 31/01/12.
Quedaron afuera del top ten varios lanzamientos de Septiembre que arrancaron realmente bien, pero muchos se empezaron a distribuir después de Comicópolis, por eso no lograron disputarle sus lugares a las novedades que salieron a principios de mes, como Sudor Sudaca, Cybersix, 27 o Bubbles.
Para Octubre se esperan menos lanzamientos y además yo tengo vacaciones, así que no creo que haya forma de arrimar a las cifras de Septiembre. Ya está, ya empieza una etapa muy anormal del año, porque en Noviembre tengo la operación, y ahí tampoco le voy a poder poner un mes entero de laburo a la Distri. Ojalá no se desplome la facturación, así en Diciembre no tengo que salir a laburar en silla de ruedas…
Estos fueron los 10 títulos más vendidos, en un mes en el que hubo que vender MUCHO para a aspirar a un puestito en esta lista:
1) Hexmoor (Loco Rabia/ Belerofonte)
2) Sudor Sudaca (Hotel de las Ideas)
3) Cybersix Vol.4 (Napoleones Sin Batallas + Entelequia)
4) 27 Vol.1(Szama)
5) Basura (Loco Rabia + Belerofonte)
6) Bubbles (Hotel de las Ideas)
7) Matasano (Llanto de Mudo)
8) Metallum Terra (Napoleones Sin Batallas/ Entelequia)
9) Bang(Kok) (Rabdomantes)
10) Las Andanzas Eróticas de Vlad Tepes (Ninfa)
Y sí, de nuevo a la cabeza Hexmoor, primero lejos, resistiendo el embate de las novedades, que se quedaron con los puestos 2, 3, 4, 6, 7 y 10. El insumergible Basura también aguantó, como aguanta desde Marzo (si no me equivoco), junto con dos lanzamientos más de Agosto: el Bang(Kok) de Renzo Podestá y otra gema de Mazzitelli y Alcatena, Metallum Terra. Y ya que lo nombro a Renzo, qué grosso que haya metido dos libros en el ranking y que haya impulsado a una editorial nueva (Szama Ediciones) a debutar nada menos que con un cuarto puesto, con el maravilloso primer TPB de 27, reseñado por acá el 31/01/12.
Quedaron afuera del top ten varios lanzamientos de Septiembre que arrancaron realmente bien, pero muchos se empezaron a distribuir después de Comicópolis, por eso no lograron disputarle sus lugares a las novedades que salieron a principios de mes, como Sudor Sudaca, Cybersix, 27 o Bubbles.
Para Octubre se esperan menos lanzamientos y además yo tengo vacaciones, así que no creo que haya forma de arrimar a las cifras de Septiembre. Ya está, ya empieza una etapa muy anormal del año, porque en Noviembre tengo la operación, y ahí tampoco le voy a poder poner un mes entero de laburo a la Distri. Ojalá no se desplome la facturación, así en Diciembre no tengo que salir a laburar en silla de ruedas…
Suscribirse a:
Entradas (Atom)















