el blog de reseñas de Andrés Accorsi

viernes, 10 de junio de 2011

10/06: GIRL COMICS


Otra vez me toca una antología y esta tiene que ver con un fenómeno que felizmente crece: cada vez hay más chicas que trabajan en el mundo del comic, y muchísimas más que quieren hacerlo. Para festejarlo, Marvel armó esta colección compuesta por historietas 100% a cargo de dibujantes, guionistas, coloristas y hasta letristas de sexo femenino. Con gran criterio, no sólo convocaron a las autoras más destacadas del mainstream superheroico, sino que también le dieron cabida a varias mujeres que se volcaron a otro tipo de historias y de estéticas en otras editoriales, y que -a priori- nada tienen que ver con lo que uno se imagina cuando le dicen “comics de Marvel”. Y otro bonus track importantísimo -para no pocos, motivo definitivo para la compra del libro- es que, entre las historietas, vienen salpicados artículos biográficos sobre mujeres que tuvieron roles destacados en la historia de Marvel, ya sea en la parte editorial, creativa, o lo que fuera. Heroínas de la vida real, que dejaron su marca en una editorial donde -a tono con la industria del comic en Occidente- siempre hubo olor a huevo y donde -a diferencia de DC- nunca hubo mujeres en cargos realmente importantes.
Pero vamos a las historietas, que hay algunas muy buenas. La de Venus de Stephanie Buscema es un pastiche atrapante y muy bien hecho, con guiños al lector que sabe de la brecha cultural que se produjo en EEUU entre mediados de los ´50 y fines de los ´60. Por supuesto en joda, con mucha onda y muy, muy buenos dibujos. La de los hijos de Reed y Sue Richards no es una idea super-original, pero está bien ejecutada por Robin Furth y Agnes Garbowska, a quienes nunca había escuchado nombrar. Devin Grayson explora el triángulo Cyclops-Jean Grey-Wolverine en una historieta que combina muy bien la machaca con la introspección. El dibujo es de Emma Ríos (a quien nos cruzamos en una antología de Los Reyes Elfos), que sigue tan gélida y falta de onda como aquella vez, pero ahora muy mejorada por los colores de Barbara Ciardo.
Jill Thompson, obviamente, la rompe en su breve historieta de los Inhumans, también en joda y también demasiado bien dibujada para ser real. La Colo está en un momento increíble y todo lo que toca últimamente brilla como nunca, excepto la pelada de su marido, Brian Azzarello. Colleen Clover no es una virtuosa del dibujo, pero tiene un estilo lindo y narra muy bien. Le toca dibujar una historia de Kathryn Immonen, menor pero muy decorosa.
El descubrimiento más notable de este libro es Faith Erin Hicks, autora de la historia mejor escrita y una de las mejor dibujadas del tomo. Hicks es una especie de Brian Lee O´Malley, pero con el re-aguante para dibujar superhéroes y un guión muy bien pensado, protagonizado por Boom-Boom. La historia del Dr. Strange sufre de un dibujo poco inspirado, pero encuentra en Christine Boylan una guionista muy capaz, sin duda otra grata sorpresa. Y otra de las historietas fundamentales del libro es la de Wolverine y Jubilee a cargo de Marjorie Liu (que escribió varias joyitas para la ninguneada y extinta línea Minx de DC) y Sara Pichelli, a la que descubrí hace un par de semanas cuando la premiaron en Inglaterra y realmente promete muchísimo.
La de Power Pack (obviamente a cargo de Louise Simonson y June Brigman) no pasa de la boludez simpática, la de Lea Hernandez es un chiste largo, y a Ann Nocenti (que pela un guión fuerte y perturbador con Typhoid Mary como protagonista) la cagaron mal: le pusieron como dibujante a Molly Crabapple, que dibuja bárbaro, pero que no tiene nada que ver con la onda del guión. Y la última historieta, la de Carla Speed McNeil, es la típica comedia de bar de borrachos, pero con un montón de superhéroes, entre los que se lucen Kitty Pryde y Wolverine. No es el tipo de historias que uno quiere que cuente Carla, porque ya demostró que está para cosas más jugadas, pero tampoco está nada mal.
Se vienen la chicas, muchachos. Y cuando vienen las chicas, todo cambia. Ya llegará el día en que no haga falta crear una antología sólo de minas, porque vamos a tener -como en Japón- tantas minas como tipos trabajando en el mundo del comic. Y ahí no sé si las historietas van a ser mucho mejores, pero seguro nos vamos a divertir mucho más. Amigo viñetófilo: acá hay papa fina, creada por varias chicas que merecen nuestra admiración. Amiga viñetófila: hacele el aguante a este libro, que a primera vista puede parecerse al enésimo comic de superhéroes pasado de testosterona, pero es un merecido tributo a muchas minas muy grossas y poderoso manifiesto en favor del argolla-power.

jueves, 9 de junio de 2011

09/06: MARIA LIONZA


Este es el tercer tomo de la colección Mitos Urbanos, gestada en Venezuela y dedicada a explorar mediante una antología de historietas la vida y la leyenda de algún personaje de la mitología popular del país hermano. Los dos primeros tomos habían venido muy bien, y prometían realmente mucho, aunque -como no me canso de señalar- Venezuela es un país con una cultura comiquera incipìente, con poco desarrollo hasta la fecha.
Este tercer tomo, lamentablemente, no está a la altura de los predecesores. María Lionza es una especie de deidad pagana, cuya leyenda viene desde los tiempos de la conquista por parte de los españoles. El libro la enfoca desde cuatro ópticas. Primero, el Mito. Y, además de buenos textos, tenemos a cuatro o cinco historietistas... que nos narran todos el mismo mito! La leyenda de la princesa aborígen Yara, que bla-bla-bla... todo muy bien, pero cinco veces la misma historia, no hacía falta. Como si esto fuera poco, ninguno de los dibujantes es ni remotamente bueno.
La segunda parte se llama El Símbolo, y me parece que los historietistas no entendieron bien la consigna, porque los trabajos de esta sección no tienen pies ni cabeza, nada se termina de explicar, ni nada cierra. Los dibujos también son flojos. La tercera parte se titula El Culto y ahí por lo menos hay un dibujante que, si se esfuerza, puede ser bueno. Se llama Yili Arana y es de los más rescatables del libro. La parte final, La Urbe, es lejos la mejor de todas: acá está la historieta más sólida del libro (de los invitados mexicanos Francisco Arce y Rubén Darío) y dos con buenas intenciones y resultados... casi buenos: la de Anselm Holmes y la de Iván Santiago, dos autores que también, con tiempo y esfuerzo, se pueden llegar a asentar en un estilo atractivo y eficiente.
Por entre medio de las historietas, textos que nos brindan muchísima información sobre María Lionza, y algunas ilustraciones (varias muy buenas) que andá a saber qué hacen en un libro de historietas.
No me quiero extender mucho más, porque no da. La edición está bárbara, con páginas a color, un formato copado, todo bárbaro, pero faltan dibujantes de calidad. Ni siquiera los colombianos del Clan Nahualli, a los que ya vimos en varias antologías con aportes bastante dignos, zafan del pobre nivel general. La historieta venezolana necesita urgente escuela: maestros (seguramente de otros países) que le enseñen a los aspirantes a profesionales del comic los rudimentos del guión y el dibujo. Mientras tanto, proliferan los clones de Michael Turner y J. Scott Campbell, los guiones débiles, las carencias en materia de narrativa y hasta torpezas que en otros países no vemos ni siquiera en el under.
Ojalá el cuarto tomo de este interesante proyecto reúna a autores de mejor nivel, porque la idea detrás de la colección (creada por la especialista Carolina Rodríguez) es realmente buena.

miércoles, 8 de junio de 2011

08/ 06: HELLBLAZER: PANDEMONIUM


Hace un tiempo prometí ponerme al día con Hellblazer y acá estoy de nuevo, hechizado por la magia de este personaje inagotable, creado por Alan Moore, pero convertido en grosso por un montón de otros guionistas (algunos, ni siquiera ingleses).
Uno de los tipos que más hizo para que John Constantine tuviera hordas de fans y pueda protagonizar una serie mensual hace más de 20 años (que en un par de meses será la que tenga la numeración más abultada de toda la DC!) es el maestro Jamie Delano, bastante relegado en el gusto de los fans, pero autor de muchas obras de excelente nivel. Delano fue el encargado de lanzar la ongoing de Hellblazer allá por 1987, cuando Vertigo no existía ni en los sueños de Karen Berger. El fue el primero en explorar el pasado de Constantine, en darle amigos, familiares y lo más importante, lo que ninguno de los guionistas posteriores se atrevió a ningunear ni a barrer abajo de la alfombra: la sangre de Nergal. Todo genial lo de Garth Ennis, Jenkins, Azzarello, Carey, Milligan… pero el autor que le dio forma al personaje fue Jamie Delano.
Lo mejor que hizo Delano en Hellblazer fue dotar a las aventuras de misterio sobrenatural de un fuerte trasfondo socio-político. Varios de los guionsitas posteriores también lo hicieron, pero eso es otro invento de Delano y un terreno en el que siempre logró excelentes resultados. Pandemonium no es la excepción, para nada. De hecho, esta vez el principal atractivo reside en el contexto socio-político en el que se desarrolla la historia: la guerra en Irak. Epa! Buena idea, no? Delano encontró un infierno al que Constantine no había descendido nunca, y ahí lo manda para esta extensa novela gráfica. Es muy loco, porque SE NOTA que es una novela gráfica y no un recopilatorio de episodios originalmente serializados. En Pademonium no está ni a palos esa necesidad por crear tensión y dejar a los personajes en un momento de mierda cada 22 páginas. De hecho, hay tramos de… 40 páginas en los que no hay momentos tensos, ni peligros, ni nada. El formato le permite a Delano contar a otro ritmo y, si bien la misma historia se podría resumir en 90 páginas (contra las 124 de Pandemonium), todo ese espacio extra le sirve al autor para meter climas, diálogos, silencios y para presentar de modo claro, creíble y bien dosficado un masacote de información sobre las heroicas gestas de George W. Bush y sus aliados en Medio Oriente.
Como en la bochornosa película con Keanu Reeves, acá John tiene una co-protagonista femenina, la misteriosa Aseera, a la que –lo sabés desde el primer minuto- no va a parar hasta bajarle la caña. Aseera es un personaje complejo, muy bien construído, que aporta mucho sin opacar nunca al ídolo máximo. Por ahí Delano se zarpa un poco y la hace tan enigmática, que los misterios de Aseera (y los esfuerzos de John por sacarle la ficha) nos distraen un poquito de la trama central de la novela. Pero prefiero eso a una boluda que no corte ni pinche. De todo esto sale un guión intenso, con mucha crueldad y muy mala leche, con unas 28 páginas finales absolutamente brillantes e inolvidables, grandes diálogos y una bajada de línea devastadora acerca de la guerra, la religión y los negocios (todo muy mezclado, obviamente) en el siempre conflictivo Medio Oriente. Cátedra de Delano, una vez más.
Y el dibujo es una exquisitez, cortesía del maestro Jock, quien ya nos deleitara en aquel tomo de Losers. Jock inventó la forma de meter fotos a ocho manos y no parecerse a los típicos Juan Carlos Flicker. De algún modo deforma las fotos, les mete texturas, manchas, cositas de su estilo expresionista, cercano al de Sean Phillips, pero más extremo. Además, el propio Jock colorea la historieta, o sea que ahí tiene una herramienta más, no sólo para hacer menos obvio el laburo con fotos, sino para darle más fuerza a los climas sórdidos y agobiantes de la historia. El resultado por ahí no es super-personal, pero sí muy atractivo y muy idóneo para el tono que Delano le quiere dar a la novela.
Si sos fan de Hellblazer, seguro ya tenés Pandemonium en tu biblioteca. Si todavía no te enganchaste con el hechicero más jodido y peor hablado de la historia del comic, te recomiendo leer primero All His Engines (la otra novela gráfica, la de Mike Carey y Leo Manco) y después sí, embarcarte rumbo a Irak para sufrir y gozar en este Pandemonium.

martes, 7 de junio de 2011

07/ 06: EL RELANZAMIENTO DE DC


Por si vivís en un iglú, te lo trato de sintetizar: en Septiembre DC saca los números uno de 52 colecciones, en un relanzamiento total de su línea heroica que incluye, entre otras cosas: cambios en la continuidad, personajes nuevos, retoques visuales (y no tanto) a los personajes clásicos, la incorporación al DCU de los personajes de WildStorm y el regreso al DCU de todos los personajes que alguna vez se cruzaron para la vereda de Vertigo. Día a día, DC va soltando data, y además se filtra información por el lado de los autores implicados, o sea que llevamos ya una semana de tormenta informativa en la que casi no me queda tiempo para leer historietas, de tantos anuncios y comentarios sobre los anuncios.
¿Ya se sabe cuáles son los 52 títulos? No, hasta ahora se dierona conocer poco más de 40. ¿Todos los títulos empiezan de nuevo desde el Número Uno? Sí, hasta Action y Detective. ¿Todas van a ser series regulares? No, nunca se aclaró cuáles de los 52 títulos están pensados para ser ongoing y cuáles para durar uno o dos arcos de seis episodios. ¿Se van a respetar muchos o pocos elementos de la continuidad anterior? No se sabe, dependerá mucho de los autores y de cada serie en particular.
¿Ya están confirmados todos los equipos creativos? No, ni en pedo, pero ya se tiraron varios nombres importantes, como Grant Morrison en Action Comics, George Perez en Superman, Brian Azzarello en Wonder Woman, Peter Milligan en dos series medio extrañas, Jeff Lemire en otras dos más extrañas todavía, Paul Cornell en otra aún más extraña, los clásicos jugadores de toda la cancha Keith Giffen y Dan Jurgens, el infaltable Geoff Johns en tres series, Jim Lee en la Justice League, J.H. Williams III en Batwoman, el ascendente Scott Snyder en dos series, Paul Jenkins en el arco inaugural de una serie con protagonismo rotativo… y de los autores fundamentales, merecedores de legiones de fans, por ahora no hay mucho más. También hay una legión de verduleros de los ´90, fiel reflejo del cargo importantísimo que ocupa Bob Harras, uno de los abanderados de la bosta noventosa: Tony Daniel, Greg Capullo, David Finch, Ed Benes, Brett Booth, Ron Marz, tres títulos con Scott Lobdell (que cuando se esmera es bueno, pero cuando no… agarrate fuerte)… después, varios chicos y chicas que vienen remando duro y parejo en los últimos años, tipo Gail Simone, Peter Tomasi, Judd Winick, JT Krul… Ninguno me da náuseas, pero ninguno me tiene entre sus fans. Y algunos dibujantes muy buenos, como Doug Mahnke, Patrick Gleason, Rags Morales, Alberto Ponticelli, Yannick Paquette, Amy Reeder, Iván Reis…
Se vienen tiempos raros para los fans del Universo DC, que tendrán que decidir si le dan una oportunidad al relanzamiento, o si aprovechan el fin de todas las series para bajar la persiana con el último número de Flashpoint y decir “bueno, hasta acá llegamos”. Como esta movida incluye también la decisión de subir a internet los comics el mismo día que se editan en papel, mucho público nuevo, acostumbrado a pagar unos mangos para descargar buenos contenidos digitales, accederá a los comics, a los que antes no se acercaban porque les daba paja ir a una comiquería. La comiquería ya no es el límite: ahora cualquiera que tenga acceso a la web, unos pesos y un modesto manejo del inglés puede pasar a ser un lector fiel y consuetudinario de los comics de DC. O sea que, potencialmente, hay consumidores de sobra para reemplazar a los que se bajen de las revistas impresas aprovechando la renumeración. La timba está buena: si nos va mal, perdemos 40.000 compradores. Si nos va bien, sumamos no menos de 500.000. Y para eso es fundamental la campaña publicitaria fuerte y agresiva, que DC está emprendiendo por primera vez en su historia y que –aunque sea de rebote- va a llevar gente nueva también a las comiquerías.
Faltan como seis meses para saber si la timba funcionó, o si el barco se termina de hundir. Mucho antes que eso, sabremos qué impacto tendrá esto en las comiquerías, cómo responde Marvel y –lo más importante- cuáles de las 52 nuevas series están buenas (como para esperar los TPBs) y cuáles son más de lo mismo, o incluso algo mucho peor.

lunes, 6 de junio de 2011

06/ 06: EL RESENTIDO


El Resentido ya era un clásico raro en los ´90, y ahora que Juaco Vizuete le agregó casi 40 páginas para la recopilación en libro de 2009, es más raro todavía. Originalmente salió en cuatro comic-books de 32 páginas, que Vizuete dibujó a ritmo muy lento entre el´95 y el ´98. Y también hay una especie de episodio piloto de 1993, que salió en El Víbora y que descubrí gracias a esta recopilación.
Lo cierto es que entre el tercer y el cuarto episodio de 32 páginas, la historia pegaba un vuelco bestial. De la comedia desenfrenada, visceral, con mala leche al estilo South Park y un ritmo kilombero y sacado, nos vamos a una onda tranqui, intimista, reflexiva, mucho más realista, mucho más parecida a un comic de Adrian Tomine. El dibujo también cambia, para acompañar el salto de la comedia trash adolescente al slice of life con tintes dramáticos: al principio Vizuete parece una cruza entre Jhonen Vasquez y Evan Dorkin, con algunos trucos expresionistas heredados de Peter Bagge. Para el cuarto episodio caza el pincel y empieza a dibujar más para el lado de David Mazzucchelli, no el de Asterios Polyp, sino el anterior, el de City of Glass y Rubber Blanket. Pero sin clonar, para nada. De hecho ese episodio es el que muestra a Vizuete en un estilo más personal, menos tributario de otros dibujantes.
Y por si ese salto al vacío fuera poco, en 2008 el autor retoma la serie, diez años después, para un epílogo que sólo existe en este tomo y cuyas 39 páginas tampoco se parecen nada a todo lo anterior. Sí, vuelve el slice of life con ribetes tominescos, pero también vuelven las situaciones de comedia (aunque sin exabruptos) e irrumpe otro elemento novedoso: el protagonismo coral. Hasta ahora, todo pasaba por el Resentido (nunca nos enteramos cómo se llama) y desde el segundo episodio ganaba bastante terreno su novia (también anónima). En el epílogo, la novia no figura, y el Resentido comparte el spotlight con varios de los secundarios de los primeros capítulos. De hecho, Vizuete nos cuenta muchísimas cosas sobre estos personajes que antes no teníamos forma siquiera de intuir, y tampoco nos importaba mucho, porque el foco de la trama estaba puesto en la relación entre el Resentido y su novia. Acá es donde Vizuete más se exige (y mejores resultados logra) a la hora de escribir el guión. Se las ingenia para que estos segundones cobren vuelo y además para contar muchas historias a la vez, porque en ningún momento el epílogo es la excusa para reunir al elenco original.
El dibujo también cambia radicalmente. Vizuete sigue firme junto al pincel, pero ahora domina también las tramas mecánicas y sintetiza mucho más el dibujo. Sigue ahí la sombra de Mazzucchelli, a la que ahora se suman Dupuy y Berberian, alguito de Manel Fontdevilla, alguito de Craig Thompson y bastante de los dibujantes humorísticos yankis de los ´50.
Entre tantos saltos temáticos y estilísticos, se pierden algunos intentos de tramas y sub-tramas, pero no importa, porque es todo parte del caos, sobre todo en los primeros episodios, donde la onda es cagarse en la mayor cantidad de cosas posibles. Después el guión se encarrila hacia la relación (un poquito más madura) entre el protagonista y su novia y al final, la onda es explorar la vida de estos ex-pendejos kilomberos, granulientos, losers y alzados. Por suerte, el autor se mueve con gran solvencia en todos los registros y logra que esto, en vez de un producto errático y con demasiados saltos al vacío, parezca un testimonio de la evolución de Juaco Vizuete, que seguro era un pendejo kilombero a principios de los ´90 y hoy es un señor grande, maduro, respetable y dueño de un estilo sólido y personal.
Si te bancás los volantazos, si no te asusta ver una peli que cambia tres veces de director, El Resentido te va a hacer pasar un gran momento (y por ahí sentirte identificado) de la mano de un grosso del comic alternativo español.

domingo, 5 de junio de 2011

05/ 06: FOUR EYES


“Si volvieran los dragones a poblar las avenidas de un planeta que se suicida…”, cantaron alguna vez dos de los más grandes cantautores que dio el Siglo XX. ¿Y si nunca se hubieran ido? Esa es otra historia y nos la cantan en el lenguaje de las viñetas el siempre sorprendente Joe Kelly y nuestro compatriota Max Fiumara (gemelo fantástico de Sebastián), a quien vimos hace poquito en la antología basada en los cuentos de Horacio Quiroga.
El planteo de la serie es excelente, la ambientación histórica (en la New York de principios de los ´30, todavía hundida en la Gran Depresión) está muy bien investigada, pero sobre todo muy bien aprovechada, y –como en todas las obras de Kelly- hay un trabajo monumental en la construcción de los personajes. Lo mejor es cómo el guionista se las ingenia para conservar intacto el verosímil: a las pocas páginas nos parece no sólo aceptable, sino incluso totalmente normal que los humanos (bue, los newyorkinos, que son casi humanos) convivan con los dragones, los cacen, los alimenten, los crien, y ganen guita haciéndolos pelear entre sí en el llamado “deporte de los emperadores”. Todo esto, que a priori parece una limadura de un comic hiper-fantasioso (onda El Mercenario, de Vicente Segrelles), acá no. Acá se integra sin mayor drama a la cotidianeidad de los personajes, una cotidianeidad dolorosa y aciaga para los más pobres, que son –cómo no- la mayoría.
Eso –retomo- es lo mejor. Lo peor es que este tomo es un gigantesco prólogo. La historia de Four Eyes propiamente dicha empieza cuando faltan 15 ó 20 páginas para el final. Por supuesto, Kelly transpiró la camiseta lo suficiente como para que uno se encariñe a full con Enrico, se sienta intrigado por lo poco que se sabe de su padre, se haga hincha incondicional del enigmático y mal llevado señor Fawkes y quiera ver para dónde va a virar el señor Boccioni cuando Four Eyes aparezca en escena. O sea que cuando salga el segundo tomo, es poco probable que alguien que leyó esto no se tire de cabeza sobre él. Pero la verdad es que la verdadera saga acá ni se intuye. Esto es todo siembra, construcción, armado a futuro.
Por suerte es un prólogo dinámico, en el que pasan muchas cosas, lleno de escenas fuertes, intensas, memorables. La muerte del papá de Enrico, la lucha entre dragones, la incursión de los esbirros de Boccioni en la gruta, todos esos momentos impactantes se combinan con escenas más intimistas, en las que Kelly nos cuenta con maestría cómo viven (en realidad, cómo sobreviven) los pobres en esa ciudad empobrecida ética y económicamente. Y todo pega fuerte.
Buena parte de esa fuerza proviene del dibujo de Fiumara. Max entiende de una que Kelly está jugando a crear un comic raro, para nada convencional, donde los climas tienen mucho protagonismo, y el dibujante acompaña con un estilo expresionista, bastante más jugado que lo que suele mostrar cuando labura para Marvel. Lo más notable de Fiumara es su reconstrucción de la época, sus autos, edificios y trajes. Pero además la rompe en la narrativa, en las expresiones faciales y en los propios dragones, que meten miedo de verdad y están dibujados en un estilo más dark, más Leo Manco. Un gran trabajo de Max, complementado a la perfección por Néstor “Nano” Pereyra, uno de los mejores coloristas argentinos, que trabajó con casi todos los grossos que dio este país (si los nombro a todos, esta reseña dura hasta el miércoles). Si Max cuida y potencia los climas de la historia, Nano se va al carajo y más allá y aporta –además de grandes climas- efectos, texturas, luces y contraluces realmente espectaculares, para terminar de redondear una propuesta visual de primerísimo nivel.
Four Eyes tiene todo para ser una gran serie, sobre todo si Kelly no la estira más allá de lo necesario. Veremos hasta dónde llega. Por ahora, es una promesa muy atractiva, y una nueva demostración de que cuando Image apuesta a los guionistas (o sea, cuando juega de visitante), saca buenos resultados.

sábado, 4 de junio de 2011

04/ 06: ISLAS


No, no es la biografía del recordado arquero de Independiente y la Selección Nacional. Es una novela gráfica de Rodrigo La Hoz, uno de los grandes exponentes de la historieta latinoamericana actual, que es peruano pero –si leés su obra- parece marciano. La Hoz tiene menos de 30 años y cuenta casi orgulloso que leyó muy poca historieta y que no se siente influenciado por ninguno de los maestros del medio, porque no los conoce.
En Islas TODO es muy raro: el protagonista es Cornelio, que está en pareja con Guillermo, pero hace un tiempo se acostó con Hilda y tienen un bebé en camino. Cornelio tiene serios desbalances psicológicos y recibe atención psiquiátrica. Pero además de los medicamentos, consume hongos psicotrópicos que él mismo cultiva en su huerta. Vive en un suburbio de Lima, cerca de un aeropuerto, donde el ruido de los aviones es parte de un ecosistema bizarro en el que conviven apicultores, mentalistas con conexión a internet y chicos que viven drogados. La historia se desarrolla mitad en ese páramo extraño, ensimismado, con sus propias reglas casi dignas del mundo en el que vive Krazy Kat, y mitad en la alterada mente de Cornelio, cuya percepción de las cosas muchas veces no coincide con la realidad y da pie a los más diversos cuelgues.
Cornelio se está por mudar y a la vez está por nacer ese hijo que va a tener con una mina que no le importa en lo más mínimo. Con esos conflictos, ya se podía nutrir dignamente a las 65 páginas de la novela. Pero La Hoz va más allá y hace que Cornelio se involucre con los chicos que consumen miel de avispa mezclada con drogas alucinógenas y ahí logra hilvanar algo así como una aventura, muy loca, porque Cornelio –además de estar con la mente en la mudanza y en el nacimiento del bebé- está chapa-chapa. Los otros personajes están bien planteados (aunque menos desarrollados) y completan un combo atractivo, que ayuda mucho a que la trama avance con bastante coherencia hacia un final imprevisto, pero satisfactorio, que te descoloca y te perturba tanto como el resto de la novela.
La Hoz maneja tres estilos narrativos: uno normal, con cuadros y secuencias convencionales, uno sobrecargado, con muchísimas viñetas por página y dibujos muy chiquitos, tipo Chris Ware, y un tercero que consiste en ilustraciones, dibujos que rompen la lógica de la trama y nos invitan a meternos en la mente deforme de Cornelio a contemplar figuras distorsionadas, a veces pesadillescas y a veces hermosas, con un dibujo mezcla de Charles Burns y Jorge Pérez Ruibal, el otro gran autor sugido del under peruano en los últimos años. En el resto de las secuencias hay algo de Ware, pero hay mucho más de Paul Hornscheimer, o de Pedro Vera, o de Álex Fito. La Hoz es un virtuoso de la composición de las viñetas: logra cuadros realmente difíciles con un excelente manejo de los espacios y un equilibrio infalible entre las áreas blancas y la línea (y la mancha) negra. Pela recursos novedosos todo el tiempo y eso también contribuye a la sensación de estar leyendo algo muy, muy extraño.
Si me pongo ortiva, tengo que decir que el guión es más ganchero que bueno. Pero el pibe dibuja tan bien y arriesga tanto tantas veces, que simplemente por su osadía, sus ganas de innovar, su compulsión a saltar sin red, recomiendo ampliamente la lectura de Islas y espero ansioso el próximo trabajo de Rodrigo La Hoz, un monstruito a medio domesticar que de principante tiene sólo la biografía.

viernes, 3 de junio de 2011

03/ 06: THOR: THE DEATH OF ODIN


La extensa etapa de Dan Jurgens como guionista de Thor, iniciada en 1998, es una de las mejores cosas que le pasó al Dios del Trueno en su historia. Empezó bárbaro, tuvo algún momento en que se pasó de pochoclera, pero acá, justo acá, pega un salto cualitativo alucinante. Tanto que, cuando Marvel empezó a recopilar esta serie en trade paperbacks, arrancó por acá. Y no es que lo anterior ameritara ser barrido bajo la alfombra, para nada. Pero acá Jurgens pega un golpe de timón y pone proa hacia una de las mejores sagas en la historia del personaje, por supuesto a tono con muchas otras grossitudes que se veían en el mainstream de Marvel en los primeros años de este milenio.
Este tomo, además de infinita machaca, ofrece la resolución de dos plots importantes: el de Tarene (conocida también como Thor Girl o “la Designada”) y el de la relación entre Thor y Jake Olson, el mortal con el que compartía cuerpo desde su regreso. Y por otro lado, abre dos puntas. Una es la aparición de Desak, que pinta para villano pulenta de la próxima saga y otra (la grossa) es la muerte de Odín, el padre creador, quien se sacrifica para impedir que Surtur haga mierda a la Tierra. Su trono, vacante por enésima vez, tiene un sucesor indiscutido: nuestro rubio melenudo favorito, Thor (si estuviste a milímetros de decir “Bret Michaels”, retirate urgente de este blog ;). Y ahí te quiero ver. Una cosa es revolear martillazos al grito de “I say thee nay!” y otra es gobernar, y de eso se trata precisamente la hiper-saga que arranca casi donde este TPB se termina.
Pero hasta ese episodio final en el que todavía ni siquiera vimos el funeral de Odín, pasan muchas, muchas cosas. Machaca sin cuartel contra el Destroyer, toda la saga de Surtur, y un montón de revelaciones más que tienen que ver con Loki, Karnilla, Amora, el Executioner, Marnot, el propio Odín… y una misteriosa profecía sobre el futuro de Thor que Jurgens va a llevar hasta las últimas consecuencias. El guionista abusa mal de un sólo recurso: los personajes asgardianos que adoptan identidades mortales y se mudan a New York. Todos terminan por rodear (a propósito o de casualidad) a Jake Olson, lo cual resulta poco creíble. Pero bueno, es el intento de Jurgens por conservar ese equilibrio (tradicional en esta longeva serie) entre las escenas en Asgard y las escenas en Midgard (la Tierra).
En materia de dibujantes, arrancamos con un Tom Grummett muy inspirado para dibujar machaca palo-y-palo, en ese Annual donde debuta Desak y se lucen Hercules y Beta Ray Bill. Después viene un Walther Taborda medio irregular, que deja la vida en algunas viñetas y se saca otras de encima como apurado por zafar. Le sigue un episodio dibujado por el otrora glorioso Jim Starlin, que para 2001 ya había decaído ostensiblemente, por lo menos como dibujante. Al Milgrom rema desde la tinta para levantarlo, pero no hay con qué. Y el último episodio le toca a un mediocre Joe Bennett, dibujante sin onda, sin alma, sin ideas y anclado en lo peor de la infausta década del ´90.
Pero este un TPB de los grossos, con muchas páginas, y además de esos episodios, hay cinco (115 páginas!) dibujadas como los dioses (nórdicos) por el maestro Stuart Immonen. No sé si es el mejor trabajo de su vida, porque después se fue a Hulk y la mega-rompió. Pero lo que dibuja acá el canadiense es de un nivel devastador. Todo está perfecto: las escenas más tranqui, los combates grandilocuentes (ya sea en la Tierra, en Asgard o en el Infierno), todo ostenta power, todo es majestuoso, emocionante y –lo más loco- casi creíble. Hay muchas páginas sin fondos, es cierto, pero cuando tienen que aparecer, aparecen y te impactan tanto como los intercambios de rayos y trompadas entre héoes y villanos. Como fan de Kirby, Buscema, Simonson y Romita Jr., me siento más traidor que Starscream por decir esto, pero lo pienso de verdad: Immonen es el dibujante definitivo de Thor. Quisiera leer nuevas versiones de todas las sagas del personaje (o de las buenas, al menos) dibujadas por Immonen. Y en lo posible, con el traje actual de Thor, no con el clásico, que es un desastre. Y la barba, que un vikingo sin barba es como un flogger pelado (¿siguen existiendo los floggers? ¿o ya son una referencia retro, como el peronismo federal?).
Si sos fan de los superhéroes, el Thor de Jurgens te va a cebar mal, empieces de donde empieces. Y si te gusta el dibujo realista fuerte, elegante, con power y sutileza en dosis parejas y una narrativa infalible, tenés que tener este tomo por las 115 páginas de Immonen. Más la leo y más reivindico a la Marvel de Jemas y Quesada.

jueves, 2 de junio de 2011

02/ 06: LOS MAS VENDIDOS DE MAYO


Como suele suceder, en Mayo se vende mucho mejor que en Abril, porque la Feria del Libro genera una avalancha de novedades y eso infla los pedidos de las comiquerías. De hecho, entre los diez más vendidos del mes, las novedades tuvieron el predominio absoluto. Veamos cómo quedó el Top Ten:
1) Comiqueando Extra n.16 (Freakshow)
2) Gaturro Vol.17 (De la Flor)
3) Fantagas (Moebius)
4) El Libro del Génesis (De la Flor)
5) Komikku n.10 (Freakshow)
6) La Murcielaga Vol.6 (MacPulenta)
7) Funeral (Historieteca)
8) Metrópolis (Fan)
9) ¿Quién es Montt? (De la Flor)
10) Acero Líquido (Loco Rabia/ Belerofonte)

Y sí, arrasaron las novedades. Casi no quedó espacio para los long-sellers (los libros que venden siempre, que son éxito a largo plazo), de los cuales entró sólo Acero Líquido, y con lo justo.
Dos lanzamientos de Abril se impusieron también en Mayo: la Komikku n.10 (impresionante lo que está pasando en todo el país con esta publicación) y Funeral (la novela gráfica de Emilio Balcarce y Jok), que en Abril no entró a la lista de los más vendidos porque salió muy sobre fin de mes, pero que de a poco arrimó a las cifras que se esperaban de un trabajo tan interesante. Ya llegará la hora de reseñarlo acá en el blog…
Los otros siete lugares los ocuparon algunos de los lanzamientos de Mayo, que fueron muchos. Y el primer puesto se lo quedó la Comiqueando Extra n.16, a la que no le calienta salir sobre fin de mes. De hecho, se empezó a distribuir el martes 24, o sea que sin el finde ni el feriado del 25, en apenas 5 días hábiles hizo una hecatombe. Era predecible, porque no salía desde Octubre y la hinchada la esperaba ansiosa desde Marzo, pero la verdad que tanto furor en tan pocos días asusta un poco. Y no cesa, eh? En Junio de nuevo la vamos a tener muy bien ubicada en este mismo listado.
También volvió La Murciélaga, que no salía desde Diciembre, y lógicamente le fue muy bien. La revista cordobesa ya está asentadísima en el circuito de comiquerías y ya se armó un público fiel en todo el país. Volvió a editar Moebius, después de más de un año, y se encontró con un éxito, de la mano del glorioso Carlos Nine. Fantagas ya debe ser el tercer o cuarto título de autores argentos que cuando se reseñó en el blog no tenía edición nacional y ahora sí. Eso está más que bien.
Ediciones De la Flor armó el combo Nik-Crumb-Montt (parece un aviso de papas fritas, no?) y se adueñó de tres puestos, uno muy predecible (el de Gaturro) y los otros dos, gratas sorpresas, sobre todo el Génesis, que vale $ 120.
Y la rareza sin duda es Metrópolis, el libro en el que el gran especialista en cine Fernando Martín Peña cuenta la odisea que terminó con el descubrimiento (acá en Buenos Aires) de tramos perdidos durante décadas del mítico film de Fritz Lang. Es un libro de texto, sobre cine y de $ 58, o sea que no daba para apostarle fuerte. Y sin embargo pegó y pegó fuerte, seguramente por la chapa de Peña… o por ahí algún gil creyó que se trataba de la ciudad donde vive Superman!
Che, ¿y Gustavo Sala? No está ni décimo! No importa, sus libros siguen vendiendo bien, pero esta vez el alud de novedades los sepultó a todos. Y sí, al libro de este blog también, aunque sigue vendiendo decorosamente.
Para Junio se anuncian libros de Diego Parés, Carlos Meglia, Rodolfo Santullo, Dash Shaw, Diego Agrimbau, Kwaichang Kráneo, Horacio Lalia y hasta de mi croata favorito, Danijel Zezelj. Veremos quiénes trepan a la lista de los más vendidos…

miércoles, 1 de junio de 2011

01/ 06: ESPAÑA UNA, GRANDE Y LIBRE


A cualquiera que te diga que la historieta es una cosa menor, pasatista, que sirve para contar boludeces livianitas y entretener un rato a la gilada, te pido por favor que le introduzcas este voluminoso hardcover en el orificio que menos asco te dé. Pero asegurate de que le duela.
Entre 1976 y 1977, en las páginas del semanario satírico El Papus, el maestro Carlos Giménez creó, semana a semana, la crónica más desgarradora y visceral de la transición democrática española. Historietas de clarísimo contenido político, con una bajada de línea absolutamente manifiesta y jugadísimas en la barricada, en la denuncia, en la bronca contra un fascismo que, después de 40 años en el poder, hacía sentir su aguante incluso en tiempos (casi) democráticos.
A veces con guión del recordado Ivá (el creador de Makinavaja y otros clásicos del humor español), a veces con tintas de Alfonso Font y casi siempre en solitario, Giménez se dedicó a narrar, pero también a describir, a estremecernos con testimonios tremendos de una sociedad en la que el cambio parecía posible, pero los obstáculos a sortear eran inconmensurables. Por la crudeza de los temas que toca, Giménez casi no recurre al humor, aunque sí utiliza el recurso del dibujo humorístico para caricaturizar ciertos estereotipos, o para narrar algunas secuencias con más simpleza. De todos modos, predomina su estética más oscura, su dibujo más realista, más abigarrado, y por supuesto su gran expresionismo. También, al tener sólo dos páginas semanales, abundan las páginas con millones de viñetas, apretaditas, casi pensadas para producir claustrofobia en el lector. Como siempre, las herramientas de Giménez son muchas más que las del autor promedio y a todas les saca el máximo provecho. El mensaje tremendo, filoso, por momentos satírico pero casi siempre pesimista, como si supiera que la lucha se perdía antes de librarla, llega con fuerza e impacta con más fuerza todavía. Imaginate, lo estoy leyendo 35 años tarde y en otro continente, y aún así me hizo mierda…
Me resulta inevitable comparar esto con las historietas que uno (que era chico, pero entendía casi todo) leyó durante la transición argentina, allá por el ´82-´83, cuando se estaban por ir los milicos y volvía la democracia. Y la verdad, nada que ver. En la revista Hum® , por ejemplo, no había historietas tan crudas, tan descarnadas. Había sátira, sí, nos reíamos de que Galtieri era un choborra, o de que Bignone no cortaba ni pinchaba… pero no había historietas sobre la represión policial en los actos políticos o sindicales, por ejemplo. Todo era más velado, más metafórico. Se hablaba de secuestros, torturas, censuras y represiones, pero por ahí sin decirlo tan abiertamente. Creo que recién en las películas tipo La Historia Oficial o La Noche de los Lápices vimos un testimonio del horror más o menos realista en una obra de ficción. Los españoles no. Lo tenían a Giménez contando esas atrocidades (bue, no tan atroces como las que se vivieron acá) nada menos que en historietas.
Y lo otro que no tiene nada que ver con la transición argentina es el hecho de que Giménez toma partido, ya no a favor de las instituciones democráticas, o en contra de los golpistas… El tipo se ponía la camiseta del Partido Comunista y además de explicarte por qué el capitalismo era una mierda, te decía claramente que votaras al PC para terminar con esa trampa maligna. Por eso tantas de las historietas giran en torno a la lucha obrera, porque en Europa los obreros y los sindicatos… son de izquierda! Acá eso nos resulta tan inexplicable como que nunca nadie haya ido en cana por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura de Franco (y la de Pinochet, y tantas otras). Pero Giménez leía claramente a la política (que para su generación era algo nuevo, como la pornografía) como una expresión de la lucha de clases y se embanderaba en la causa del PC de un modo que yo no vi nunca en los historietistas argentinos de esa época, ni siquiera en la revista Feriado Nacional, que era abiertamente peronista.
Hoy, las calles de España vuelven a ser centro de manifestaciones y protestas y –parece que no aprendieron nada, la puta que los parió- de nuevo la cana reprime salvajemente a los salieron a reclamar un cambio. No sé si los chicos de hoy saben lo que estaba en juego en aquellas marchas y aquellas plazas de los ´70 que tan bien retratara Giménez en sus comics. Quisiera suponer que sí, que estudiaron esa época extraña y violenta de la historia de su país y que leyeron –en las escuelas y universidades- estas historietas urgentes, jodidas, valientes y brutalmente honestas. Pero claro, aquella vez resultó bastante cierto aquello de que con la democracia se come, se cura y se educa… y ahora es bastante obvio que no, que hay que dar un paso más. Aguante España!

martes, 31 de mayo de 2011

31/ 05: ASTROBOY Vol.5


Ay, ay, ay… Osamu Tezuka se retuerce en su tumba. No se puede creer cómo de un tomo a otro, el incorregible Muñones se las ingenió para bajar TANTO la calidad del papel y la impresión de este manga. Los primeros tomos no eran de lujo, ni mucho menos, y tenían varios problemas en la impresión. Pero este ya es una inmundicia. El papel es asquerosamente trucho y las páginas en las que en vez de negros plenos hay grises arratonados son… demasiadas. La cartulina de las portadas tampoco puede ser más berreta: la mirás fijo y se resquebraja. Que no le caiga una gota de agua a tu tomito de Astroboy, porque te lo desintegra como si fuera un ácido hiper-corrosivo desarrollado en las profundidades de Apokolips.
Por suerte las tres historietas del tomo zafan dignamente. Las tres tienen cosas en común: acción grandilocuente, elementos de ciencia-ficción, un ritmo muy salvaje, de palo y palo, en el que todo el tiempo pasan miles de cosas, y mucho protagonismo para los personajes secundarios, que eclipsan casi por completo a Astroboy. La primera es la más acelerada, en la que los villanos tienen el plan más zarpado y en la que el peligro se siente más inminente. Acá los malos (todos viejos conocidos para el asiduo lector del Manga no Kamisama) se roban el spotlight, aparecen más que los buenos y –por supuesto- no falta el que apuesta a la redención. También tiene mucho peso en la trama Puk, otro chico robot, que rivaliza con Astroboy hasta que recibe poderes mil veces más copados que los del titular de la serie. Y el otro que se morfa la aventura y protagoniza muchísimas secuencias fundamentales para el guión es el ídolo, Shunsaku Ban, a quien en tomos anteriores llamaban “Mostachio” y ahora alguien (no se sabe quién traduce los mangas de Deux, se ve que es gente que está muy orgullosa de su trabajo) rebautizó como “Mustacchio”.
En la segunda aventura, de nuevo Mustacchio tiene un rol destacado, pero ahora también participa el Profesor Ochanomizu, que en la primera estuvo pintado al óleo. Esta es la más fumada de las tres historias, en la que Tezuka se caga más veces en mantener algo así como un verosímil. Hay explicaciones pseudo-científicas, pero pasan cosas tan increíbles (y a un ritmo tan frenético), que terminan por no explicar nada.
Y la tercera por ahí es la menos original, pero es la que tiene el guión más redondo, con menos giros argumentales limados o traídos de los pelos. Hay peligros grossos, hay muertes, destrucción, un plan maligno por parte del villano (que es el más malo de los de la primera aventura) y si bien no aparece Shunsaku Ban, hay otro co-protagonista que se lleva buena parte de los laureles: Tezuka usa a Sherlock Holmspan para bajar línea en su clásico argumento de “los robots son seres vivos como cualquier otro y no hay que despreciarlos ni discriminarlos”, pero lo hace tan bien, que Un Sol Artificial termina por ser una aventura de Sherlock Holmspan en la que participa Astroboy.
En la primera secuencia de esta historia, el Manga no Kamisama habla del proceso por el cual re-adapta, a principios de los ´80, estas aventuras originalmente creadas varias décadas antes. Por lo que da a entender, él mismo es el responsable de que muchas páginas estén armadas en cuatro tiras de viñetas y de pronto irrumpan páginas armadas en tres tiras, esas en las que el dibujo se aprecia muchísimo más. Ojalá sea así. Sería un bajón que esas idas y vueltas entre las tres y las cuatro tiras fueran fruto del capricho de algún editor occidental.
Lo bueno es que, entre tantos retoques que Tezuka le hizo a las historietas, logró que el dibujo alcance la calidad del de las grandes obras con las que el maestro nos deleitó en los ´70. En este tomo no se ven ni asistentes, ni clones chotos de Tezuka, sino el estilo más maduro del ídolo, desplegado con onda, con ingenio, con osadía, y siempre al servicio de la narración. Como siempre, abundan las secuencias exageradamente humorísticas, que hacen ruido en el contexto de peligro y tensión que crean los guiones, pero sería un delirio pretender que Tezuka convirtiera en obras 100% adultas (y bastante dark) a las historietas que creó en los ´50 y ´60, cuando su público principal eran los más chicos.
Lo que también parece una exigencia desmedida e imposible de cumplir es que este material se edite en Argentina como corresponde. Al problema principal de casi todas las ediciones locales de manga (que es la periodicidad entre errática e irrespetuosa), Deux aporta su granito de arena que es –repito y me indigno, como los manifestantes españoles a los que les mando toda mi solidaridad- una estrepitosa caída en la calidad del papel y la impresión, que dificulta el disfrute de las historietas del Más Grande. Ni olvido ni perdón.

lunes, 30 de mayo de 2011

30/ 05: OUTLAW TERRITORY Vol.2


Al final Mayo resultó un mes rico en antologías. Esta en particular me enganchó mucho y me dejó muy satisfecho. Bien por el coordinador, Michael Woods, y por los muchachos de Image que la editaron.
El tomo es una aplanadora de casi 250 páginas en las que encontramos nada menos que 30 historietas, ninguna con menos de 8 páginas. O sea que está todo dado para combinar diversidad con calidad, siempre dentro de la temática que engloba a todas las historias, que es el western. Si no te gusta el western, cagaste, porque acá todos respetaron la consigna a rajatabla y todas las historias de este territorio forajido están ambientadas en el violento oeste de los EEUU en la segunda mitad del no menos violento Siglo XIX. En una palabra, todos los autores aportaron “una de combóis”.
La verdad es que hay poca basura. Algunos guiones no tienen nada para aportar, o son demasiado predecibles, o se terminan en cualquier lado. Pero también hay muchos buenos y algunos buenísimos. El primero, del crítico Rich Johnston es magistral, digno de Will Eisner. El de Len Wein también está bueno, al igual que el de Michael Woods, la comedieta de Pete Doree, el extraño thriller de Jeremy Barlow, el de Freeman y Bernardin (muy mal dibujado, pero intenso y perturbador), el de D.K. Stockton, el de Jan Napiorkowski, muy copado también el de Robert Kirkman (ídolo máximo de la Image actual), bien el de Greg Pak (aunque parece ser parte de una serie), muy grosero pero atractivo el de Sean McManus, correcto el de Shay, digno el de Mark Kauffman (lejos, el peor dibujado por un impresentable Leigh Kellogg) y muy grosso el de Joshua Dysart. 14 sobre 30, no está mal.
Y de los 16 restantes, no hay muchos desastrosos. El de Mike Baron (prócer de los ´80, hoy algo deslucido) casi zafa. El de Kathryn Immonen se pasa un poquito de vanguardista, pero tiene buenas intenciones. El de Joshua Fialkov está ahí de ser bueno… y además hay tres (sí, sólo tres) guiones escritos por dibujantes, o sea, historietas con un único autor. Y si bien los tres se destacan mucho más como dibujantes que como guionistas, tanto Connor Willumsen, como Franceso Francavilla, como Moritat (sobre todo el segundo) se la bancan decorosamente en el doble desafío.
Por el lado de los dibujantes, hay tres o cuatro crotos y algún mediocrón, pero también hay unos asesinos seriales que ma-mita… Tom Fowler, Rafael Albuquerque, el siempre correcto Joe Staton, un Sean Phillips prendido fuego y en un registro atípico, el imparable Dustin Weaver (seguro el mejor dibujante que dio el mainstream yanki en los últimos cinco años), el maestro Stuart Immonen, Andy Kuhn con un muy buen trabajo, el también correcto Sean Chen, el argentino Diego Tripodi bizarreando de lo lindo, el ídolo Jeff Lemire (más Angel Mosquito que nunca) y el versátil Paul Azaceta, acá en un estilo que combina al típico Juan Carlos Flicker con las genialidades claroscurísticas de Alex Toth. Más los ya mencionados Willumsen (un derivado de Paul Pope con narrativa europea), Francavilla (gran dibujante clásico, entre Eduardo Barreto y Paul Gulacy) y Moritat, que se juega todo al homenaje (merecidísimo, claro) al maestro Jean Giraud, creador del mejor western de la historia del comic (no me digas que hace falta que lo nombre, porque me ofendo).
Si te llaman mínimamente la atención los ladrones de bancos, los caza-recompensas, los tahures de saloon, los bravíos aborígenes norteamericanos, los duelos en la calle de tierra, los disparos de winchesters y colts, las caravanas que atraviesan desiertos, y los más variopintos personajes (casi todos carentes de la menor ética) que en esa época extrema y anómala tratan de subsistir, de hacerse ricos, de ponerla, o simplemente de no ser traicionados por avechuchos más inescrupulosos que ellos, internate en el violento territorio forajido, a cabalgar con unas cuantas luminarias del comic. Hay que jugarse la vida cada ocho o diez páginas, pero realmente vale la pena.

domingo, 29 de mayo de 2011

29/ 05: PEGALE QUE ME GUSTA


Hoy retomo un tema sobre el cual ya pensamos en voz alta acá en el blog, hace varios meses. Me refiero al rol del crítico, su función, su utilidad o no… esas cosas.
Una de las sensaciones que tengo, y que me alarman un poco, es que el lector que lee crítica se divierte más cuando el crítico se ensaña con un comic que le pareció abominable. A mí me pasaba, también, cuando empezaba a leer crítica (en la Comics Journal o la Amazing Heroes de fines de los ´80) y algún asesino serial prendía la motosierra y le salía a dar con tutti a las bostas inmundas que se publicaban en aquel entonces en EEUU. No sé por qué… me parecía divertido, o por ahí me parecía un gesto valiente… De pronto, Juan Carlos Nadie, un pichi que seguramente no tenía ni diez mangos en el bolsillo, “se jugaba la vida” para desemascarar el nuevo choreo de Marvel, DC, o quien fuera. Era David versus Goliat, y eso cuando sos joven te ceba mal.
Ahora lo noto en algunas reseñas del blog. Cuando me clavo y leo un comic entre mediocre e insostenible, la respuesta de los lectores suele ser poderosa. No siempre, claro, pero a veces parece que el lector disfruta más cuanto peor la pasa el crítico leyendo comics de mierda. Hay un placer morboso, algo raro, algo que a mí no me cierra mucho, que esa imagen del crítico como verdugo, como tipo que viene a “hacer justicia”, pero con métodos tipo Punisher, donde la carnicería inmisericorde está ampliamente permitida y hasta incentivada.
Yo, sinceramente, no creo mucho en el crítico-verdugo. Tampoco en el critico-policía, que impone normativas para que los autores las cumplan, ni en el crítico-juez, que decide si el autor es culpable o inocente, y qué penas le corresponden por haber terminado la historieta con el artero recurso de “era todo un sueño”. Para mí el crítico es más parecido a un forense. Nosotros llegamos cuando el acto ya se consumó, nos toca destripar la obra cuando ya está terminada. No nos toca orientar la conducta del autor hacia el cumplimiento de X normas. El tipo escribe y dibuja como se le canta, y nosotros después analizamos el producto terminado.
¿Cómo sabe un crítico, que no es un artista, si un trabajo artístico está bien o mal hecho? Lo sabe porque leyó y estudió a otros autores que lo hacían bien. No se puede decirle a nadie "Esto está mal hecho" si no tenés con qué compararlo. Yo comparo con Breccia, Eisner, Hergé o el que me resulte más idóneo según el estilo/ tema/ onda del autor en cuestión y en base a eso postulo que se podría haber hecho mejor, o no. Con lo cual, cuando digo “esto está mal”, lo que digo en realidad es "¿Leíste a Breccia, Muñoz, Caniff, Franquin y todos esos tipos que lo hacían bien? Entonces, ¿qué te cuesta aprender de ellos y tratar de hacerlo bien vos también? Y si no los leíste ¿qué esperás?". No es muy lindo, no es el camino más corto hacia la popularidad y el cariño de las masas, pero bueno, uno no hace esto precisamente para ganar amigos…
El problema es que, si no existe una crítica, o algo que logre establecer normas y standards menos efímeros que las cifras de venta de este mes, y que además intente educar al público e inspirar a los artistas en la búsqueda de metas más perdurables, la única fuerza que termina por regir a la historieta es el marketing, con resultados obviamente deplorables para cualquiera que se interese en serio por este medio.
La lógica marketinera es una especie de brújula cuyo Norte cambia una vez por mes. Preguntémosle a un gerente de Musimundo qué es lo mejor que le pasó a la música en los últimos 25 años y nos va a contestar “el nuevo disco de Shakira”, o “el nuevo disco de Green Day”, o lo que sea que esté vendiendo a lo loco este mes. Los críticos tenemos que estar ahí, porque somos la única alternativa a la lógica del marketing. Si te rompemos tu ilusión al contarte que tu autor favorito es un clon defectuoso de un viejo dibujante de los ‘60 al que casi nadie recuerda, lo siento mucho. Si creías que el nuevo relanzamiento de tu superhéroe favorito respondía a un rapto de originalidad por parte de un gran guionista y no a una abyecta maniobra editorial para vender 300 revistas más, de nuevo, te pido disculpas. Pero es esto, o consumir sólo gacetillas de prensa de las editoriales contándonos que tal comic es glorioso e imperdible porque ya agotó cuatro ediciones.
Sacar al factor calidad de la ecuación a la hora de hablar de comics es peligrosísimo. Lo hizo Lazer, durante muchos años, y las consecuencias fueron terribles. Las estamos pagando todos los lectores de manga y las vamos a pagar muchos años más. Prometo ahondar en este tema en un futuro post, pero la idea básica es esta: Sí, es una opinión y es sólo eso. Vos sabrás si la preferís o no frente a las otras alternativas: la gacetilla de prensa, el olvido y el silencio.

sábado, 28 de mayo de 2011

28/ 05: ETNICA Vol.1


A veces los sueños se hacen realidad. Desde aquel inolvidable Noviembre de 2006, cuando se realizó en Amadora (Portugal) el primer Congreso de Historieta Latinoamericana en el que tuve el honor de participar, todos los que estuvimos ahí, los delegados de los nueve países (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú, Uruguay y Venezuela) y los de los dos que estaban invitados y no pudieron llegar (Cuba y Paraguay) soñamos con una publicación que hermanara a los autores de historieta de todo el continente. Hablamos mucho, intercambiamos gigas enteros de e-mails, pero no le encontramos la vuelta. Siempre faltaba algo. En 2010, sin embargo, apareció un tipo que cambió la historia. Desde Venezuela (un país sin una tradición demasiado rica en materia de comics), un tal Edixon Rodríguez le dio forma al sueño de todos. Y salió Etnica, la antología de historietas latinoamericanas, que en su primer volúmen reunió trabajos de autores de 11 países de nuestra región, más un invitado de España, nada menos que Cels Piñol.
Como en toda antología, el nivel del material no es parejo a lo largo de las 88 páginas. Y como en todo primer intento, siempre hay un montón de cosas para mejorar. Aún así, el primer tomo de Etnica tiene algunas papongas sumamente atractivas. Por supuesto la portada de Humberto Ramos, que no puede ser más linda y ganchera. La historieta del mexicano Sebastián “Bachan” Carrillo está muy, pero muy bien dibujada. También la de los colombianos del Clan Nahualli, y la de Jorge Lucas (que nació en Uruguay, pero ya se considera argentino), en un estilo bien kirbyano, con un gran manejo de la narrativa.
También están el siempre solvente maestro paraguayo Roberto Goiriz, y el máximo exponente del buen comic boliviano, Joaquín Cuevas. Diego Tapié, de Cisplatino, le pone garra charrúa a un dibujo que combina estridencia y expresionismo. El brasileño Sandro Zamboni aporta un breve pero copada historieta cómica y el mexicano Edgar Clement también se zarpa con los dibujos. Para matizar, hay una selección de artículos sobre historieta latinoamericana, de los cuales uno no se puede evaluar (porque lo escribí yo) y otro no se puede leer, porque está demasiado mal escrito. Pero hay buenos trabajos de nuestro compatriota Fernando Ariel García, de la venezolana Carolina Rodríguez y el mexicano Luis Gantus. Muy buena la idea de integrar estos textos a las historietas, para que el panorama vaya más allá de lo superficial.
Y dentro de lo ambicioso del proyecto (y de lo grosso que es verlo concretado), hay algunos puntos que es necesario ajustar en las próximas ediciones. Empiezo con el menor: el diseño gráfico de la editorial, el índice y los artículos es muy chato, casi triste. Urgente un par de ideas nuevas y atrevidas para reforzar desde lo visual lo interesante de lo que dicen los textos. El segundo ya es un problema más complejo, aunque no exclusivo de Etnica: Faltan guionistas! ¿Dónde están los guionistas? ¿Por qué casi todas las historietas están escritas por los dibujantes, que casi nunca saben escribir? Incluso en las historietas muy bien dibujadas, encontramos fallas en los guiones, que van desde el abuso de jergas locales (los colombianos, por ejemplo, escriben en un dialecto indescifrable para los lectores de otros países) hasta los huecos lógicos o los finales anticlimáticos, apresurados o incomprensibles.
Y el tercer problema es el que más fácil se resuelve: reemplazar a algunos dibujantes mediocres o malos por otros mejores es un proceso normal, natural, una tarea que le va a resultar sencilla a Edixon Rodríguez en la medida en que Etnica salió, se dio a conocer y rápidamente se ganó el apoyo ya no de los incondicionales, sino de los mejores, de los más capacitados. Para las próximas ediciones, el pool de talentos de donde elegir es sin dudas mucho más vasto y más rico.
Con sus limitaciones y todo, con sus problemas más financieros que creativos, con países de enorme tradición y países de incipiente aparición, la historieta latinoamericana atraviesa hoy un momento muy interesante, con mucho y muy bueno para descubrir. Etnica se propone ayudarnos a conocer y disfrutar lo más destacado de nuestro continente, a todos, porque de a poco se va distribuyendo en todos los países. Con algunos ajustes y con el apoyo que sin duda va a obtener en toda la región, este sueño hecho realidad va a lograr su cometido. El camino hacia la cima empezó a transitarse. No es fácil, pero Etnica tiene todo para llegar.