el blog de reseñas de Andrés Accorsi

lunes, 5 de agosto de 2013

05/ 08: 3, CALLE DE LOS MISTERIOS

Me reencuentro con el maestro Shigeru Mizuki para recorrer una serie de relatos breves, todos con la participación de algún elemento fantástico: mundos paralelos, seres sobrenaturales, fantasmas, esa onda que tanto le gusta al veterano mangaka. Arrancamos con la que le da nombre al libro, una de realidades alternativas bastante atrapante, a cuyo final por ahí le falta una última vueltita, un cierre un poquito más impactante. La segunda historieta (Al Otro Lado del Aro) es una joya absoluta de sólo 14 páginas, una cátedra de sutileza por parte de Mizuki realmente bellísima.
El Licor de la Inmortalidad tiene un planteo alucinante, un desarrollo fuerte, con escenas zarpadísimas y perturbadoras, y se cae un poquito al final, como si Mizuki no se hubiese calentado demasiado en darle un cierre grosso a una historia que venía levantando en truculencia, bizarreada y crueldad hasta alcanzar niveles dignos de Hideshi Hino. De todos modos la pongo entre las historietas muy, muy atractivas que ofrece el libro. Los Remolinos del Mar se me hizo eterna. Tiene 45 páginas dibujadas como la hiper-concha de Dios, repletas de imágenes fastuosas, casi inverosímiles de tan perfectas y tan elaboradas. El guión, sin embargo, va lento, se repite bastante y no está a la altura del tratamiento gráfico que propone el sensei. No es horrible ni mucho menos, de hecho tiene momentos muy grossos. Pero le falta algo, no sé qué, para terminar de cerrar con más onda.
Las Tres Calaveras parece una de esas típicas historias que aparecían en las antologías de misterio setentosas de DC: un avechucho se zarpa y después, algo sobrenatural aparece en escena para pasarle factura. Está bien, es una historia con muy buen ritmo y que te logra poner bastante nervioso. La única contra es que son más de 20 páginas, casi todas con muchas viñetas, para contar algo que se podría haber contado tranquilamente en seis u ocho páginas. El tomo cierra con la brevísima Los Monstruos Massmedia, una comedia desopilante, pasada de rosca, a la que Mizuki elige terminar en cualquier parte, justo cuando al protagonista le cae la ficha de que está en el horno y mucho antes de que se le ocurra cómo zafar del kilombo en el que se metió.
Y me queda la historia más extensa, La Chica del Ultimo Tren, una novela gráfica en sí misma, con más de 70 páginas y una notable complejidad en la construcción del argumento y de los protagonistas. Esta es una historia de suspenso inquietante, que avanza a un ritmo pausado por un sendero que nunca podés prever. Tiene escenas dramáticas, escenas cómicas, escenas de descontrol místico con poderes sobrenaturales zarpados y hasta una explicación perfectamente coherente para absolutamente todo lo que sucede. Por si faltara algo, el protagonista es un mangaka de la B Metropolitana, así que Mizuki aprovecha para retratar con aguda mala leche al circuito de las editoriales crotas, siempre al borde de la quiebra, por el que se mueven los autores con escasas chances de pegar un hitazo en la siempre competitiva industria del manga.
A nivel dibujo, Mizuki está prendido fuego. Los personajes están dibujados en su estilo funny, sumamente caricaturescos y hasta grotescos. Los fondos, en cambio, son mucho más reales y están laburadísimos. En la novela gráfica de Hitler (ver reseña del 10/08/10), Mizuki copiaba fotos a lo loco para recrear los escenarios reales de la vida del genocida. Esta vez hay poquísimos dibujos basados en fotos y mucha más imaginación por parte del artista, inclusive en las historietas que transcurren en la actualidad, en las grandes ciudades. Y por supuesto, estas historias le permiten a Mizuki dibujar lo que más le gusta: los yokais, es decir, las criaturas fantásticas del folklore japonés. Fantasmas, seres espectrales, monstruos míticos... Nadie supera a Mizuki en ese rubro y acá el maestro está a sus anchas, aunque sin descontrolar. Lo que más sorprende es el uso (en los fondos, nunca en los personajes) de una amplísima gama de texturas, logradas con esfumados, cepillados, puntitos puestos a mano, tramas mecánicas, cross-hatchings imposibles... muchísimas técnicas para lograr efectos asombrosos, de esos que aparecen todo el tiempo en los mangas de Hideshi Hino. Visualmente, esto es mil veces mejor que la novela de Hitler.
Y sí, lo recontra-recomiendo a los fans de Mizuki, del manga de misterio, o de las historias cortas con climas ominosos y elementos sobrenaturales. Habrá más Shigeru Mizuki en el blog, dentro de unos meses.

miércoles, 31 de julio de 2013

31/ 07: LOS MAS VENDIDOS DE JULIO

Julio fue un mes de excelentes ventas para mi mini-distribuidora, obviamente impulsado por la cantidad de novedades que salieron y por el impacto que produjeron tres de ellas. Sin embargo, hubo varias novedades que no entraron al Top Ten y las que sí lo hicieron, no lograron apoderarse del primer puesto. Así quedó la cosa:
1) Bife Angosto Vol.3 (De la Flor)
2) Macanudo Vol.10 (Común)
3) Términus Vol.3 (Términus)
4) Perramus Vol.1+2 (De la Flor)
5) Bife Angosto Vol.2 (De la Flor)
6) Gaturro Vol.21 (De la Flor)
7) ¿Dónde está el Polaco? (Fabio Zurita)
8) Términus Vol.2 (Términus)
9) Peter Kampf lo Sabía (Ojo de Pez)
10) El Sabio de Sión (Noviembre)

Cinco novedades entre los 10 más vendidos, está muy bien. De los cinco puestos restantes, el Vol.2 de Términus entró por el “efecto arrastre” del Vol.3, el Vol.2 de Bife Angosto es casi una novedad (porque estaba agotado y se reeditó), Gaturro resiste hace ya varios meses pero todavía no alcanza las cifras que vendimos del Vol.20, Peter Kampf sigue tan insumergible como siempre (mientras los editores se obstinan en no publicar otras obras de Trillo y/o Mandrafina) y el más vendido, el Vol.3 de Bife Angosto, ya llevaba varios meses ahí, peleando la pole position con otros lanzamientos de la misma editorial. Esta vez vendió una brutalidad de ejemplares y se le dió.
Hablando de brutalidad, imposible enumerar todos los lanzamientos que prometen las editoriales para Agosto. Preparate para un tsunami de novedades pocas veces visto. Esto tiene que ver con que mañana arranca Crack Bang Boom, y todas las editoriales quieren tener alguna papa fina para presentar en el mega-evento rosarino. Es lógico y me parece perfecto. Veremos cómo responden los consumidores.
Y también a causa de Crack Bang Boom, el blog hace una pausa de cuatro días para retomar nuestros encuentros diarios el lunes 5. Si vas a Rosario, nos vemos allá (junto a los ídolos Paul Pope, David Lloyd y miles más) y si no, aprovechá estos días de paréntesis para leer más comics, que de eso se trata este blog.
En Agosto vamos a tener otra pausa de unos poquitos días, porque el 24 y 25 voy a estar con stand y charlas en la cuarta edición de Dimensión Comics, la convención de Comics, Cine, Anime y Cultura Pop que se realiza en Salta, ciudad a la que voy a viajar por primera vez. Allí estaremos junto a los maestros Eduardo Risso, Quique Alcatena, Darío Brizuela, Rubén Meriggi, Jorge De los Ríos y la legión tucumana de la UNHIL. La convención se realizará en tres espacios en simultáneo: Casa de la Cultura (Caseros 460), Plaza 9 de Julio y Centro Cultural América (Mitre 23). Si andás por la zona Norte (Olivos, San Isidro, esa onda) no dejes de sumarte.
Buenas ventas en comiquerías, muchos lanzamientos editoriales y eventos grossos en varias ciudades del país. Y la gilada se sigue quejando...

martes, 30 de julio de 2013

30/ 07: SHARAZ-DE

Alberto Breccia, Jorge Zaffino, Quique Alcatena, Lucho Olivera, Dave McKean, Bill Sienkiewicz... en algún momento, todos estos genios del dibujo, todos estos inclasificables, confluyen en Sergio Toppi. También dibujantes que no pertenecen al palo de la historieta, como Carlos Alonso, por ejemplo. Toppi fue un faro vanguardista inagotable, un tipo que hasta el último día se esforzó para hacer todo distinto de como lo habían hecho todos los demás. Y lo logró. Hoy ves una página de Toppi y no te cabe la menor duda de que es obra de este monstruo italiano que nos dejó hace menos de un año. Toppi jugaba todo el tiempo a sobredibujar, a recargar la figura con las más inverosímiles texturas, cross-hatchings, sombras y efectos de todo tipo en un despliegue barroco, desmesurado, de un impacto arrollador para el ojo del lector. Y a la vez, se cuidaba de que toda esa sobrecarga de información visual ocupara sólo una parte de la viñeta. El maestro cuidaba como pocos la composición y el equilibrio y en sus alucinantes viñetas se luce también el espacio blanco, esas vastas zonas vacías, en virtuoso contrapunto con esos dibujos abigarrados, repletos de rayitas y detallitos microscópicos.
En los trabajos a color de Toppi, de los que este fastuoso libro ofrece dos, vemos toda otra gama de recursos increíbles (algunos que lo emparentan al enorme Fernando Fernández) y el mismo talento inconmensurable para el dibujo y la composición. Entre el color y el blanco y negro, esta edición nos bombardea con casi 200 páginas de Sergio Toppi y esa es una experiencia totalmente alucinante, sin ninguna posibilidad de retorno. En total son 11 historias, todas ellas basadas en los cuentos (menos conocidos) de Las Mil y Una Noches, y realizadas por el italiano a lo largo de muchos, muchos años. Las primeras son de 1979 y las últimas de 2005. En ningún momento se nota la evolución: el Toppi de 1979 ya hacía gala de la solvencia y la magia que conservó hasta sus últimos días. Si no buscás en la web las fechas, jamás te imaginás que Toppi no dibujó las 11 historietas una atrás de otra.
¿Y qué onda las historias? Casi todas son muy buenas. Hablan de honor, de lealtad, de humildad, de respeto, de no dejarse llevar por el poder o la ambición, de mantenerse fiel a los sueños... todo esto con los textos bien sintetizados, de modo que no se haga para nada densa la lectura. Está claro que Toppi planeó adaptar muchos cuentos más, porque en el último no hay ni el menor indicio de que pueda cambiar ese status quo que se impone cuando el sultán decide no matar a Sharaz-de a cambio de que esta le narre nuevas historias.
El problema (porque vos que me leés todos los días sabías que en algún punto nos íbamos a topar con un problema) es que Toppi elige no narrar con sus dibujos. Estos están ahí, majestuosos y omnipresentes, y sin embargo todo el peso del relato recae sobre los textos. Si leés los textos sin mirar los dibujos, las historias se entienden perfectamente. Si mirás los dibujos sin leer los textos, vas a tener varios orgasmos, pero no vas a entender una chota. Yo soy de los que creen que, por más virtuoso que seas a la hora de dibujar, si se pueden omitir tus dibujos y aún así entender las historias, estás haciendo algo mal. Si la imagen y el texto van cada uno por su lado, si no se frotan, la magia de la historieta no se produce. Y lamentablemente Toppi eligió ese camino: el de las imágenes superlativas, que te detonan las retinas, pero que funcionan apenas como ilustración medio fumada de algún pedacito del texto.
Por supuesto, corrí a buscar otras historietas de Toppi de principios de los ´80, y me quedé tranquilo al ver que en otras obras, el maestro ponía su formidable grafismo al servicio de los relatos, hilvanaba secuencias complejas, manejaba una amplia gama de planos y angulaciones, y aún así no descuidaba ni la identidad de su dibujo ni esa forma tan personal de componer las viñetas y las páginas. Así me convencí de que esto que sucede en Sharaz-de no es un error ni una torpeza por parte del ídolo, sino una elección, que yo particularmente no comparto.
Si sos dibujante o te gusta el dibujo, supongo que ya tenés una o varias historietas de Toppi en tu biblioteca. Si todavía no capturaste ninguna, este libro te propone una sobredosis devastadora de una droga jodida de verdad. Ahora, si sos fan de las historias, si te copa más la narrativa visual que el despliegue de virtuosismo de un dibujante (o incluso de un genio del dibujo), seguro vas a encontrar obras de Sergio Toppi más logradas en ese sentido. Como sea, siempre está bueno deleitarse con el talento descomunal de esta bestia legendaria. La edición yanki (de Archaia), sencillamente inmejorable.

lunes, 29 de julio de 2013

29/ 07: SHOWCASE PRESENTS THE HOUSE OF MYSTERY Vol.1

Empecé esta colección con el Vol.3, seguí con el Vol.2 y termino con el Vol.1, que es donde tendría que haber empezado. Este Showcase recupera en magnífico blanco y negro los n°s 174 al 194 de House of Mystery, es decir que arranca justo cuando llega Joe Orlando (glorioso veterano de la EC) a hacerse cargo de la coordinación de esta longeva serie. Después de varios años con historias del Martian Manhunter y Dial H for Hero (que andá saber qué carajo tenían que hacer en una revista llamada House of Mystery), Orlando trae de vuelta el formato de antología, y las historias cortas autoconclusivas, sin personajes recurrentes, que tratarán de enmarcarse en el género del terror sin irritar a los nefastos censores del Comics Code Authority, todo esto en 1968, cuando dicho organismo todavía tenía bastante peso. Eso explica que –como vimos en los tomos ya reseñados- las historias sean bastante livianitas, con poca sangre, cero gore, cero vampiros, cero muertos vivos, cero sexo, etc. Y ahí fueron un puñado de guionistas a remar contra todas esas limitaciones. Veremos quiénes salieron bien parados.
El primer grosso es, sin dudas, Sergio Aragonés, quien se luce con sus viñetas humorísticas en casi todos los números, a veces con chistes que tienen más filo y más mala leche que las historietas supuestamente “dramáticas”. Genio y figura Aragonés.
Marv Wolfman (por entonces un borreguito) firma varias historias más que dignas, algunas con ideas que hoy servirían para bancar series de 60 episodios. La mejor es The Roots of Evil, bien dibujada por Jack Sparling, que habitualmente dibujaba para el orto. Mike Friedrich mete una sóla historia, pero está muy buena y además el protagonista es... Gil Kane, que además es el dibujante. Otto Binder logró ponerme nervioso con su Sir Greeley´s Revenge, aunque los dibujos del mediocre Frank Springer no ayudan para nada.
El mítico Robert Kanigher me sedujo con The Siren of Satan, dibujada como los dioses por Berni Wrightson. El final es choto, pero la historia es sumamente atrapante y muy al límite de lo que se podía publicar en el mainstream de 1969. También en la misma veta, está bastante buena su Secret of the Egyptian Cat, de nuevo con hermosos dibujos de Wrightson. Otra de gatos, Eyes of the Cat, logró incomodarme bastante a pesar de ser predecible. Esta está bien dibujada por Jerry Grandenetti. Y la extraña Fright se apoya mucho en la magia claroscurística del genial Alex Toth, pero además el guión se la banca bastante.
E. Nelson Bridwell, el tipo que escribía los comics de Superman más chotos de los ´70 (y la revista de los Superfriends!) me sorprendió gratamente con una historia atípica para este tipo de antologías: The Eyes of the Basilisk, de nuevo con Gil Kane en los lápices, entintado como los dioses por otro grande, Wally Wood. Joe Gill, el pulpo que escribía 150 series en las revistas de la Charlton, también mete una sóla historia, pero muy linda: The Beautiful Beasts, con unos dibujos majestuosos de Al Williamson, otro artista de lujo con pasado en la EC.
De todas las historias que juegan con la dicotomía entre sueño y realidad, la más finoli, la más sutil es Nightmare, escrita por Jack Oleck (abonado a estos títulos) y con unos dibujos de Neal Adams demasiado buenos para ser reales. Otra muy digna de Oleck, potenciada a full por los dibujos de Toth, es Born Loser, una historia con más de un giro impredecible en sólo 10 páginas. Finalmente, Len Wein da cátedra con la perturbadora No Strings Attached!, donde además logra algo casi imposible: que Bill Draut parezca un dibujante virtuoso y no uno del montón. Muy notable.
Acá tenemos, además, la primera aparición de Cain (n°175), el primer trabajo profesional de Wrightson (n°179) y el primer trabajo para EEUU de Tony de Zuñiga (n°188), que luego habilitaría el desembarco masivo de los dibujantes filipinos en las antologías de misterio de DC. Y por si faltara algo, historietas con guiones medio chotos, pero dibujadas por animales como Jim Aparo, Néstor Redondo, Russ Heath y Gray Morrow. Si a esto le sumamos las dibujadas por Wrightson, Adams, Kane, Toth, De Zuñiga y Williamson (y reproducidas en blanco y negro, sin coloristas que las masacren), vamos a coincidir en que de estas 552 páginas cerca de un tercio están a cargo de un All-Star Squadron de próceres del lápiz y la tinta. Con eso y los chistes de Aragonés y los guiones que pudimos rescatar, nos sobran los motivos (diría el poeta) para atesorar este Showcase.

domingo, 28 de julio de 2013

28/ 07: PERIODICIDADES DE UN TIEMPO LOCO

Fabián Mezquita es un dibujante muy conocido en el medio, principalmente por sus muchos años de trabajo en el Museo de la Caricatura Severo Vaccaro y por su incansable labor por la historieta infantil desde las filas de Banda Dibujada. Paradójicamente, mucha gente conoce a Mezquita pero no a su obra, que hasta ahora abarca dos libros publicados en nuestro país: la adaptación de El Diario de Ana Frank (realizada junto a Diego Agrimbau) y esta extraña compilación de dibujos (con algo, muy poquito, de historieta) editada por Llanto de Mudo.
Periodicidades... es un buen libro para descubrir a Mezquita en su faceta más libre, más suelta, en la que despliega un dibujo virtuoso, riquísimo en detalles y climas, de modo mucho más natural, menos afectado que en sus trabajos más “caretas”. El problema es que casi no hay historietas, son casi todos dibujos con algún texto alusivo, pero sin narrativa. A veces Mezquita echa mano a algún recurso historietístico, como insertar entre las ilustraciones una viñeta chiquita, en la que aparece él mismo aportando algún comentario sobre el dibujo. Los bloques de texto que acompañan a varias de las ilustraciones también, están colocados como para dar la sensación de que estamos frente a una página de historieta, obviamente con pocas viñetas. Pero no. La única historieta propiamente dicha es una joyita muda de cuatro páginas, que aparece cerca del final del primer tramo del libro. En esa secuencia sin textos y CON narrativa, Mezquita despliega un talento muy notable para el relato gráfico, y además la sana intención de llegarle al lector, de conmoverlo con una historia chiquita, basada en los sentimientos y las frustraciones de un tipo común, que podría ser cualquiera de nosotros.
El resto del libro no funciona como un relato, sino más bien como un manifiesto. En la primera parte, denominada Postales Porteñas, Fabián se cuelga en una aguda y acertada observación de Buenos Aires, sus calles, su gente, su ritmo. Su pluma capta rostros, climas, situaciones y paisajes de la gran ciudad y sus textos bajan línea acerca de contradicciones, injusticias, olvidos, recuerdos, amores y desamores vinculados a la Ciudad de la Furia. La segunda parte (Postales de un Mundo en Crisis) nos invita a recorrer mediante imágenes una larga serie de conflictos que estallaron en distintas partes del planeta entre 2008 y 2012. Mezquita apoya las ilustraciones (algunas realmente descarnadas, fuertes) con textos en los que explica brevemente –y sin escatimar sus opiniones- el núcleo de cada uno de estos conflictos. Y en el epílogo, titulado Postales de Esperanza, el autor nos cuenta (también con hermosos dibujos) hacia dónde cree él que va el mundo y qué cambios hacen falta para que la paz y la fraternidad le ganen a la violencia y la depredación de unos sobre otros. Esto es 100% bajada de línea, pero Mezquita baja línea de frente, con honestidad, sin pretender venderte otra cosa más que SU visión del mundo.
Tanto en los tramos a color como cuando se vuelca por el blanco y negro, Mezquita hace gala de una increíble solidez en el estilo académico-realista, además de ese notable sentido de la observación que destacábamos hace un ratito. Es raro, porque Fabián fue asistente de Carlos Meglia y acá no se ve nada ni remotamente parecido al estilo del ídolo. Pero se ve (y resalta a ocho cuadras) un gran manejo de la línea, de las texturas, de las aguadas, del cross-hatching, de la iluminación, y de la composición en cada uno de estos cuadritos, que tienen nivel de sobra para ser cuadros, para enmarcarse y exhibirse por sí solos.
No lo pongo en la categoría de los indispensables, porque casi no tiene historietas. Si eso no te quita el sueño y te ceba más la idea de descubrir a un dibujante de gran talento para traducir en imágenes la realidad que lo rodea, Periodicidades... te va a resultar una experiencia sumamente placentera. Si además amás a la ciudad de Buenos Aires como la ama Fabián Mezquita, seguro vas a flashear.

sábado, 27 de julio de 2013

27/ 07: CHECKMATE Vol.1

Este es un título decididamente menor de DC, muy típico del período 2006-2011, ese en el que la editorial probó suerte con 150.000 conceptos y la pegó con tan pocos, que terminó por rebootear el universo. Por lo menos lo intentaron, porque no se puede negar que la cantidad de series que lanzó DC entre Infinite Crisis y Flashpoint es impactante. Y cuando nos cansemos de buscarle sustancia al humo y la oquedad que nos quieren vender en estos últimos años, seguramente vamos a terminar por reivindicar a series de esta etapa a las que no les dimos bola: ni la que se merecían, ni menos, ni más.
Checkmate tiene un gancho irresistible: Greg Rucka. No sé cómo DC dejó ir a Rucka, porque este tipo la rompió prácticamente en todo lo que hizo para la editorial. Creo que lo único choto son esas historias de Renée Montoya como Question que enganchan con Final Crisis. El resto es todo de dignísimo para arriba. En Checkmate, además, a Rucka le dejan hacer algo que le sale muy bien: una de espionaje internacional con tono realista y con mucho énfasis en el procedimiento. Por supuesto, no logra transplantar al Universo DC la onda de Queen & Country, porque acá, para que la serie venda, tiene que meter mucha más machaca y personajes con disfraces coloridos. Aún así, se acerca bastante a la onda de las gloriosas aventuras de Tara Chace (ver reseña del 06/03/12), con mucho peso para los jetones de saco y corbata que negocian con embajadores y ministros antes de poner en marcha o abortar las misiones de los agentes, muchos muertos, mucha runfla, etc.
Esta encarnación de Checkmate, totalmente reformada tras los eventos de The OMAC Project, depende del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Acá vemos cómo el Consejo aprueba la creación de este nuevo Checkmate, a pesar del voto negativo de dos miembros y la abstención de uno sólo (Argentina, canejo!). Por supuesto, para que las cosas importantes se aprueben, hay que rosquear. Y en ese rubro, Rucka juega con 40 anchos de espada en el mazo, porque –a pesar de sus esfuerzos por darle chapa a Sasha Bordeaux- el personaje central será, sin discusión posible, Amanda Waller, la reina de la rosca. Amanda, ex integrante del gabinete de ministros de Luthor y experta en operaciones encubiertas ejecutadas por super-villanos (ver reseña del 10/05/11), llevará a cabo su propia agenda, no alineada con la ONU, sino siempre leal al gobierno de los EEUU. Y todos los demás miembros de la cúpula de Checkmate (“los reales”) tendrán que cambiar su juego para descubrir de qué juega Waller.
El primer arco está apenitas estirado y nos narra la opereta que arma Checkmate para “convencer” a China de que apruebe la creación de la agencia. Hay un episodio de transición en el medio y cierra una aventura de dos capítulos en la que Waller reactiva al Suicide Squad (con Rick Flag y todo) para resolver una crisis en Myanmar (Guy Delisle nos contó bastante sobre ese páis en el libro que vimos el 15/11/11) en la que la ONU prefieren no meterse. Si –como yo- sos fan del Squad, con estos dos numeritos vas a flashear mal.
El dibujante titular es español Jesús Sáiz (el de Manhunter), muy correcto, sin pifias y sin mayores despliegues de virtuosismo. Sáiz cuida la narrativa y logra una muy buena integración entre su grafismo y la referencia fotográfica. El suplente (con tres de estos siete episodios, incluyendo los del Suicide Squad) es Cliff Richards, al que no conocía. Y no es malo, por suerte. De hecho, se luce bastante cuando lo complementan las tintas del veterano Dan Green. O sea que visualmente, esto se la banca, sin descollar ni emocionar demasiado.
Y sí, para que esto fuera un comic de espionaje posta, había que sacar a Alan Scott (que por suerte está sólo en el primer arco), a los superhéroes chinos (algunos con pinta... interesante) y a los villanos y demás personajes del Suicide Squad. Al meterlos a todos, Rucka logra que uno se tome menos en serio el tono circunspecto y protocolar de “las partidas de ajedrez” entre la cúpula de Checkmate, ese aspecto más realista, del toma-y-daca entre intereses muy fuertes, muy encumbrados a nivel del poder mundial. Algo que, en una de esas (y sobre todo en manos de guionistas menos talentosos) podría ser un embole, y que acá se hace muy entretenido porque Sasha, Mr. Terrific, Fire, los “amiguitos” de Waller y varios personajes más vinculados al palo metahumano le ponen picante a la runfla cada vez que estalla la acción. Si sos fan de Greg Rucka o extrañás al DCU pre-reboot, no dejes de darle una oportunidad.

viernes, 26 de julio de 2013

26/ 07: ZEBITA

Hoy de nuevo muy cortito.
Esta es una tira que sale en ese horror de la gráfica, esa tragedia para el periodismo conocida como el diario MUY, obviamente parte del oligopolio que controla el prócer inmaculado de la patria, el Señor Héctor Magnetto. Por suerte, entre tanta mentira, tanto amarillismo y tanta mierda, este medio (medio choto) le da espacio a J.J. Rovella para que todos los días juegue en el espacio de una tira, muy bien reeditada en libro por Comiks Debris.
El protagonista de la tira es un chico, pero no estoy muy seguro de que se trate de una historieta infantil. Me parece que Rovella apunta a un público más amplio. Como siempre, sus recursos a la hora del humor son muy, muy amplios. Puede jugar con el lenguaje de la historieta, con el slapstick, con la clásica comedia costumbrista, con el absurdo, con una mirada más social, con juegos de palabras, con el siempre fértil recurso de meterse con la imaginación de los chicos (y contraponerla con la chatura de los grandes)... Rovella no deja timbre sin tocar ni veta sin explorar a la hora de crear los chistes, y casi siempre logra el efecto deseado.
Hasta pasada la mitad del tomo, Zebita es una family strip bastante convencional, con ese vuelo extra que le da la vasta gama de recursos humorísticos que enumeraba recién, pero no muy disinta de cientos de otras. Ahora, cuando faltan seis páginas para el final, Rovella le pega un sacudón heavy al status quo de la tira: los pades de Zebita deciden separarse! Y se separan! Y hay CHISTES basados en eso, que encima SON GRACIOSOS! Eso sí, nunca se lo había visto hacer a ningún humorista y la verdad que acá está muy, muy bien manejada la situación. El autor la viene cocinando a fuego lento desde el principio y cuando detona, lo hace de una manera muy inteligente, muy bien pensada, sin restarle dramatismo (a pesar de ser presentada en el contexto de una tira cómica) y sin convertirla en un hecho trágico, imposible de sobrellevar. Un volantazo muy, muy notable, que despega a esta tira del pelotón, rápido y bien.
El dibujo de Rovella es prolijo, correcto, pensado para gustarle a un público lo más amplio posible. Casi siempre logra una síntesis, un dibujo que funciona con pocas líneas y casi sin fondos, y ese es –para mí- el mejor Rovella. El que no sobrecarga las viñetas con información. Cuanto más despojado sea su dibujo (o sea, cuanto más se acerque a lo que hace en Dante Elefante), más me gusta. El color está muy bien, muy sobrio, aunque yo le sacaría las tonalidades y los sombreados para utilizar sólo colores planos, como en las historietas más antiguas.
Si te jugás a comprar y leer el libro de Zebita, te vas a encontrar algunas genialidades. No muchas. No estamos hablando de Mafalda, ni de Calvin & Hobbes. Pero sí de una tira más que competente, donde se nota la mano de un tipo que conoce perfectamente el oficio y que -si bien hizo su debut en el mundo de la publicación diaria con esta historieta- se mueve con muchísima solvencia en un terreno muy complicado, como es el del humor en los diarios. Habrá más J.J. Rovella en los próximos meses, acá en el blog.

jueves, 25 de julio de 2013

25/ 07: A1 Vol.5

Sí, me tuve que saltear el Vol.4. Me encantaría tenerlo, pero no, es de los tres que no conseguí. Tampoco tengo el Vol.6, así que esta es mi última reseña de A1 por un largo tiempo. Por lo menos me tocó un tomo gordito, con casi 100 páginas de historieta. Acá no hay ninguna que te haga decir “Ah, bueno. Esto es la joya superativa y me parece increíble que nunca se haya reeditado, porque merece ser descubierta y reivindicada por las nuevas generaciones de lectores”. Y sin embargo, hay buen material. Veamos.
Arrancamos con grandes ambiciones: ocho páginas en las que se reencuentran Neil Gaiman y Kelley Jones, que acababan de romperla en Season of Mists, una gloriosa saga de Sandman. Acá el guión plantea una compleja ucronía, un mundo bastante distorsionado respecto del real (con Betty Page presidenta de los EEUU!), pero le falta espacio para desarrollar al personaje y a los conflictos. Es el gen de una posible gran historieta a la que no vimos cristalizarse nunca. Y el dibujo es espectacular, con un Jones prendido fuego, que nos recuerda en cada viñeta que en blanco y negro es un tanque demoledor, como su admirado Berni Wrightson.
Glenn Fabry nos trae otro episodio de su Bricktop, con otro argumento medio frutero y un dibujo exquisito, cada vez más puntilloso, más cerca de Arthur Adams que de la cosa anatómico-cabeza de Simon Bisley (que me encanta, aclaro). Peter Milligan forma equipo con Brett Ewins (como en Skreemer) para destripar un relato de Franz Kafka en algo que más que una adaptación parece un ensayo dibujado sobre el cuento en cuestión. Son ocho paginitas, repletas de hallazgos gráficos y de textos brillantes.
Dos personajes creados en los ´50 dicen presente: El maestro Joe Kubert mete una historia de 5 páginas de Tor, sin textos, pero con unos dibujos bellísimos y una narrativa impecable. Y el piloto británico que surcó el espacio exterior, Jeff Hawke, tiene una aventura de 7 paginitas, bien escrita por su creador (Sydney Jordan) y correctamente dibujada por unos autores ignotos, a los que nunca había oído nombrar. El genio neozelandés Roger Langridge mete una de tres paginitas de Knuckles, la Monja Malévola, que combina humor con patetismo y bajada de línea, por supuesto muy bien dibujada.
Dos autores icónicos del comic independiente británico aportan sendas historietas que clavan muy arriba, entre lo mejor del tomo: Illya y Nick Abadzis, dos nombres a los que vale la pena seguir, hagan lo que hagan. El ya fallecido/a Jeff Jones (antes de convertirse en Catherine) aporta tres paginitas muy aburridas, en las que ni siquiera se luce su dibujo. La que escribe Bruce Jones tiene un guión remanido, medio traído de los pelos, y zafa más que decorosamente gracias al excelente dibujo de un tal Jim Sullivan, entintado con jerarquía por William Stout, el autor de la impactante portada.
La historieta más larga del tomo es una adaptación de un cuento. El maestro David Lloyd (a quien manosearemos la semana que viene en Rosario) convirtió en historieta de 12 páginas a un relato de Ramsey Campbell, con un guión que no me terminó de cerrar y unos dibujos que me emocionaron hasta las fibras más íntimas del alma. Magnífico trabajo en el que Lloyd, as del lápiz y la tinta, hace magia con las aguadas. ¿Lo tenías a Steve Leialoha dibujando bien? Acá la rompe en una historia corta y en joda escrita por Bill Mumy y el actor Miguel Ferrer, en la que mete muy buenos enfoques y excelentes tramas mecánicas. Y cerramos con una de cinco paginitas escrita y dibujada por Steve Dillon, que deja la vida en cada viñeta y nos regala un laburo que visualmente le pasa el trapo a TODO lo que hizo para las editoriales yankis en los últimos 25 años. El guión es un slice of life melancólico, con ritmo pachorro, una de “jóvenes a la deriva”, pero con protagonista de 30 ó 35. En cinco páginas está perfecto. Eso mismo, en 8 páginas, era para pegarse un corchazo.
A1 sirve para descubrir historias cortas raras y copadas y además para armarse un mapa mental de quiénes eran los nombres más destacados de la historieta británica allá por 1989-1991. Por supuesto, hay varias colaboraciones de autores yankis y hasta de Moebius, pero el énfasis de los coordinadores (Dave Elliott y Garry Leach) estaba puesto en el gran momento por el que atravesaba en esos años el comic del Reino Unido, en todas sus vertientes: desde los autores más comerciales hasta los más under. Y la mezcolanza les salió tan bien, que los comiqueros del 2013 seguimos tras la pista de esos seis míticos tomos de A1.

miércoles, 24 de julio de 2013

24/ 07: EDEN HOTEL Vol.1

Si estás siguiendo esta historia en su versión blanco y negro y cortada en fetas por la Fierro, dos cosas: 1) te compadezco enormemente, y 2) no sigas adelante, por las dudas de que te tire algún spoiler.
En esta novela gráfica, Diego Agrimbau pone a funcionar una fórmula infalible: toma algunos datos verídicos de la realidad y sobre eso empieza a moldear un “what if...?”, una ucronía sutil, finita, MUY factible, en la que el verosímil no se rompe nunca. De todo lo que nos narra Eden Hotel, son verdades históricas estas tres: 1) El hotel existió en La Falda y albergó a muchos jerarcas y partidarios nazis, 2) el Che Guevara y su familia llegaron una vez hasta las puertas del hotel (aunque decidieron hospedarse en otro lado) y 3) el papá de Ernesto y el General Jurado militaban en una agrupación llamada Acción Argentina, que investigaba y denunciaba el accionar de los nazis en nuestro país. El resto, lo inventó todo el guionista. Bah, también hay varios teóricos que afirman que Adolf Hitler logró escapar con vida de Alemania, vivió muchos años en Córdoba y falleció en Mendoza. El día que eso se compruebe fehacientemente, serán cuatro los episodios reales que se ven trasladados al guión de Agrimbau.
La idea de que Hitler y el Che hayan vivido un tiempo en la misma provincia argentina es – ya de por sí- riquísima. Los que leemos bastante historieta sabemos que los villanos nazis garpan a full y enfrentarlos nada menos que a un Ernesto Guevara adolescente es un golazo, de acá a Berlín. Lo más lindo que tiene el guión es cómo nos muestra en este borreguito rebelde muchas cosas que después caracterizarán al Che adulto, el Che mítico. Acá, además de sufrir por el asma, lo vemos enamorarse, discutir, soñar, tomar un arma de fuego por primera vez, tener que aguzar el ingenio para enfrentar a un ejército mucho más poderoso que el suyo... En EEUU te venderían este comic como el “Year Zero” del Che. Como Ernesto todavía es chico, lógicamente tiene que apoyarse en varios personajes más grandes que él: dos son reales (su padre y el General Jurado) y uno es ficticio, Helena Werner. Los tres están muy bien desarrollados por el guionista, pero obviamente es Helena a quien Agrimbau trata mejor, dota de más personalidad y más carnadura humana. Le sacás a Helena y el guión no avanza para ningún lado.
En 70 páginas no se pueden hacer milagros, por lo cual la madre y los hermanos del Che están apenas esbozados y los villanos... son simplemente villanos, no hay intentos serios por darles profundidad, ni siquiera a los que más escenas protagonizan. Pero hay un personaje relevante más, también tomado de la Historia real: Fritz Mandl, un mercader especializado en armas que, efectivamente, vivió muchos años en La Falda, en una finca cerca del Hotel Edén. Agrimbau aprovecha los contactos que este señor tuvo con los nazis (perfectamente documentados) para convertirlo en una pieza importante en la trama, encargado principalmente de que Ernestito Guevara y los suyos no alteren el curso de la historia que todos conocemos. O sea que las escenas con Mandl son importantísimas.
En la faz gráfica, tenemos a un inspiradísimo Gabriel Ippóliti, que vuelve a superarse a sí mismo. Este es el trabajo donde se lo ve más suelto, donde los personajes actúan mejor, donde todos (sobre todos los niños) se mueven con más plasticidad. Si las viñetas de Ippóliti te parecían algo estáticas, o por momentos pecaban de excesiva solemnidad, acá el maestro rosarino sorprende con su búsqueda de otra dinámica, más fresca y más ganchera. Y en todo lo demás está tan afianzado, tan imbatible como en sus trabajos anteriores. Una maravilla.
Esto no es historieta histórica, no es ciencia-ficción, no es un thriller, no hay erotismo, no hay persecuciones y vuelan –como mucho- media docena de trompadas y un tiro. Es una historia redondísima, intensa, que te atrapa desde el planteo y no te suelta hasta el final y que, además de jugar con los años mozos de un personaje icónico como el Che, nos invita a pensar en serio en un tema medio barrido abajo de la alfombra, que es la estrecha relación entre el nazismo y nuestro país durante la década del ´40. ¿Está al nivel de los grandes clásicos de la dupla Agrimbau-Ippóliti? Sí, totalmente. Eden Hotel no desentona para nada al lado de genialidades como La Burbuja de Bertold y El Gran Lienzo. Y demuestra, de paso, que se puede pegarla en Francia con una historieta recontra-argenta inmersa como pocas en las temáticas que nos tocan más de cerca. Muy notable, de verdad.

martes, 23 de julio de 2013

23/ 07: THE WOLVERINE

La primera peli de Wolverine fue definitivamente mediocre. Después de una primera hora más que digna, cuando Logan se escapa del laboratorio donde le engrampan el adamantium la cosa empieza a derrapar hacia el abismo y parece no encontrar fondo. Esta, lejos de ser perfecta, está mil veces mejor que aquel bodrio irreivindicable. Trataré de spoilear lo mínimo indispensable.
The Wolverine dura 126 minutos, pero no la sufrís, no se hace larga en ningún momento. En algunos pasajes, hasta logra sumergirte por completo en la historia, compenetrarte a full y hacer que sufras cuando los personajes sufren. Un ratito, nomás, no toda la película. El director James Mangold encontró un equilibrio entre machaca e introspección que funciona bastante bien. La machaca abunda, pero no es la única pata en la que se apoya la película que –sorprendentemente- ofrece un muy buen planteo argumental, capaz de atrapar y satisfacer incluso al que no es fan de Wolverine.
El principal hallazgo es –me parece- todo ese tramo en el que a Logan le funciona para el orto el factor curativo. Ahí lo vemos más vulnerable, más humano, más creíble, incluso con alguna chance de fracasar en su misión, que es impedir el asesinato de una bellisima Mariko Yashida, muy bien interpretada por Tao Okamoto. Logan tiene que echar mano a otros recursos, apoyarse un poco más en otro personaje con mucha onda (Yukio, interpretada por Rila Fukushima) y hasta usar la cabeza para deducir pistas. Por supuesto hay saltos al vacío totalmente inverosímiles, como la lucha arriba del tren bala o la escena en la que Wolverine se opera a sí mismo del corazón. Y varios momentos jodidos de verdad, en los que no se te ocurre cómo va a zafar el canadiense de los peligros que enfrenta. La runfla empresario-político-criminal que rodea a los Yashida desde aquella mítica miniserie de Frank Miller y Chris Claremont está muy bien aprovechada y es un caldo de cultivo muy fértil para... dos villanos y medio, a los que no se puede nombrar para no spoilear. La vuelta de tuerca que llega cerca del final, cuando se nos revela la identidad de... uno de los villanos, es totalmente impredecible y está muy, muy bien. Lo único medio choto es cómo se sacan de encima a la villana, a la que le habían logrado dar mucha chapa a lo largo de la película. Daba para propinarle un mejor final.
A la atractiva base de “Wolverine en Japón metido en una rosca espinosa por la sucesión de un industrial multimillonario, con villanos y ninjas”, el guión le agrega un tramito inicial tomado levemente de Logan, el comic de Brian Vaughan y Eduardo Risso, en el que Wolvie sobrevive al ground zero de la bomba de Nagasaki. Eso está bellamente contado por Mangold en una escena muy, muy notable. Sin ser una maravilla, la peli tiene poco para envidiarle a las tan ovacionadas producciones de la “línea Avengers”. Tiene acción, aventuras, runflas, honor, amor y hasta algún chiste bien calzado. Le falta la sangre, claro. Pareciera que la gente sólo sangra DESPUES de cagarse a espadazos o a tiros, cuando los médicos les curan las heridas. En las peleas no vuela una sóla gota de sangre y eso que se dan de lo lindo.
A diferencia de la primera peli, ambientada mucho antes de que Wolverine se uniera a los X-Men, esta va claramente después de X-Men III y se hace cargo de TODO lo sucedido en esa trilogía. De hecho, un personaje importante es el fantasma de Jean Grey, interpretada de nuevo por una Famke Janssen ya más viejita, pero igual de hermosa que hace 10 ó 12 años. Y la secuencia entre los créditos está pensada para cebar a los fans de los X-Men a niveles cósmicos, inconmensurables. Salís del cine y empezás a tachar los días que faltan para X-Men: Days of the Future Past, como si fueras un preso.
La verdad que Hugh Jackman hizo bien en insistir con SU versión de Wolverine en la pantalla grande. Esta vez remó con creces el bajón del film anterior y nos obsequió dos horas y puchitos de diversión al palo, bien actuada, bien filmada y con pocos momentos frutihortícolas en el guión, que no logran empañar un argumento bastante más sólido que el del comic promedio de Logan. A mí no me apasionó la trilogía de X-Men, ni soy fan de Wolverine, ni me excita ver a Jackman en cuero y todo chivado. Pero si reuniera alguna de esas tres condiciones, creo que esta película tendría grandes chances de ser mi nuevo totem personal. Aguante el kusuri.

lunes, 22 de julio de 2013

22/ 07: CAPITAN PATAPALO Vol.2

Me enteré de que existía un Vol.2 de Capitán Patapalo el día que vi este libro en la batea de una comiquería. Para mí, la serie lanzada por el español Enrique Sánchez Abulí y el francés Christian Rossi en 2000 había sido un fracaso (injusto, pero fracaso al fin) y ni me imaginaba que en 2007 se había editado un segundo tomo. Como me acordaba que el primero me había divertido bastante, me compré este sin dudarlo.
La fórmula básica es la misma: historias cortas, de 7 u 8 páginas, autoconclusivas, y que pueden leerse en cualquier orden. La ambientación nos lleva a las aguas del mar Caribe, donde los clásicos piratas hacen de las suyas y tienen en jaque a los galeones que se llevan el oro a España, a los barcos ingleses que se dirigen a los territorios del norte, o a los navíos portugueses que vienen a América a vender esclavos arrancados de Africa. El maestro Sánchez Abulí reduce el elenco protagónico a cuatro o cinco piratas que son los que aparecen en casi todas las historias y le otorga la voz cantante al más joven, al rubio grumete apodado Blondín. El Capitán Patapalo rara vez es la estrella. Las historias o bien están protagonizadas por toda la tripulación del barco, o bien se centran en el propio Blondín, que además de narrar las historias, las protagoniza con frecuencia. Pero claro, seguro es más atractivo que la portada diga “Capitán Patapalo” y no “Grumete Blondín”.
En general las historias son livianitas, con bastante humor negro, eso sí, pero sin mayor ambición. Abulí nos muestra las tropelías de estos piratas abominables, en clave de comedia, de modo que nos resulte gracioso ver cómo roban, matan y violan a gente que –generalmente- no les hizo nada. Por momentos, el guionista desliza algún dilema moral que los piratas deben resolver y, para sorpresa de ellos mismos, por ahí se cuela un rayito de esperanza, algún código, algún gesto honorable que no los redime de sus crímenes, pero los hace un poquito menos hijos de puta. Igual, la maldad de Patapalo y los suyos está planteada en son de joda, como hacía Alan Grant con Lobo, ponele. Y como Lobo en los buenos comics de la Bruja, los piratas de Abulí varias veces pierden y a veces se tienen que esforzar para arañar un empate.
La historia de este tomo que más me gustó es la que se centra en Carabín, un loser consumado de quien nadie sabe demasiado, hasta que una noche Blondín lo encara, y Carabín cuenta su estremecedor “secret origin”. Esta es una historia triste, por momentos escabrosa (Carabín mata a la mujer a la que amó toda la vida y luego tiene sexo con su cadáver), con alguna secuencia más distendida, o más cómica, pero impregnada de un clima muy heavy, muy desolador. Una timba brava, que sin dudas garpó.
El dibujo de Christian Rossi muestra la sana intención de despegarse del estilo de Jean Giraud, que es el que se ve todo el tiempo en casi todos sus trabajos, especialmente en los álbumes de Jim Cutlass en los que dibuja guiones del maestro. El primer tomo de Capitán Patapalo tenía dibujos perfectamente clonados de los de Giraud y ahora se lo ve felizmente afianzado en un estilo más personal. O en realidad, más amplio: ya no me recuerda TODO EL TIEMPO a Giraud, sino que también hay dibujos, enfoques y detalles que me recuerdan a Enrico Marini, François Boucq o Regis Loisel. Y muchos momentos muy originales, también, que no me recordaron a ningún otro dibujante, ni europeo, ni de ninguna otra nacionalidad. Rossi pilotea con éxito los desafíos narrativos, se banca como un duque todas esas páginas de 9 y 10 viñetas, se luce cuando dibuja fondos, le pone mucho huevo a las expresiones faciales y se complementa muy bien con el color, que no sé si lo pone él mismo, o si trabaja con un colorista que no aparece acreditado en la edición española de Norma.
Para hacerla corta, Capitán Patapalo es un comic de entretenimiento más que correcto, con una faz gráfica cuidada, linda, dinámica, y varios guiones muy filosos, repletos de esa alquimia entre humor, mala leche y aventuras que el glorioso Sánchez Abulí llevara a los extremos más geniales cuando escribía Torpedo 1936. No es un comic que te vaya a cambiar la vida ni mucho menos, principalmente porque no se lo propone. Y está muy bien.

domingo, 21 de julio de 2013

21/ 07: THOR: SPIRAL

Ah, bueno. Esto es impresionante. Dan Jurgens se vuelve a superar a sí mismo, pero demasiado. Se pinta la jeta a sí mismo, convierte a todas las proezas del tomo anterior en boludeces intrascendentes. Si cerré el tomo anterior asombrado por los huevos del guionista, esta vez tengo que decirte que lo de Jurgens no son huevos, sino planetas ovalados. No hay límites que el autor no esté dispuesto a cruzar en su indagación acerca de la faceta divina de Thor, su vertiente de deidad viviente, palpable, su efecto en los mortales, en la repartija del poder, en la concepción de la fe y la religión.
El TPB abre con un episodio muy descolgado, más raro que bueno (aunque no malo) a cargo de Christopher Priest y Trent Kaniuga, más basado en el mito de Thor que en el propio pelilargo, que ni aparece. Y después volvemos a la extensa saga de Dan Jurgens, esa que arrancó con la muerte de Odín y fue cobrando un rumbo cada vez más extremo, más jugado, más hipnótico. En este tramo se hace más manifiesto lo que veíamos en el anterior: casi no hay machaca, porque Thor no tiene contra quién pelear. Las escenas más violentas las protagonizan los propios humanos, divididos entre los que reconocen a Thor como legítimo dios y los que se aferran a las religiones clásicas y consideran herejes a los “thoristas”. Acá hay dilemas morales maravillosos, escenas y diálogos magníficos (el contrapunto entre Thor y el cura católico en el n°64 no tiene desperdicio, es de los mejores que leí alguna vez en un comic) y cuando se ve la mano negra que manipula a las facciones en pugna, todo cierra y se hace aún más atractivo. Sobre el final, hay un arrebato de machaca, un “todos contra Thor”, que termina mal para todos menos para Thor. Ahí se cruzan varios rubicones y queda claro que la cosa va a cambiar a partir del próximo tomo y se va a poner bastante más dark.
En cuanto a los secundarios, Jurgens manda al banco de suplentes a Thialfi y Balder (que tuvieron bastante protagonismo en el tomo anterior), le da consistencia de a poco al rol de Zarko (un viejo villano de la época de Stan y Jack), vuelve a acordarse de Tharene (que en el tomo anterior ni figuraba) y le pega un sacudón importante a Jake Olson, el personaje que él mismo creó en el n°1 de esta serie. Esto que pasa con Jake es tan impactante, que seguro tendrá graves consecuencias a futuro. Y en los distintos episodios, el guión se centra bastante en personajes humanos, comunes y corrientes, a medida que explora este difícil proceso de adaptación de la gente normal a la presencia muy tangible del Señor de Asgard y sus huestes de guerreros. Ahí también hay hallazgos por parte de Jurgens, que escribe personajes muy reales, afectados de modo muy creíble por este tsunami de elementos fantásticos entre los cuales el hecho de que Asgard flote sobre Manhattan es casi una nimiedad.
¿Por qué esto no es un clásico de clásicos, venerado por generaciones enteras de viñetófilos? Porque el pobre Jurgens tuvo mala suerte con los dibujantes. En este tramo le tocaron dibujantes no sólo mediocres, sino además inconsistentes, incapaces de dibujar varios episodios consecutivos. Después de ese laburito raro de Kaniuga (con onda grafitti urbano), hay un episodio más del muerto de Joe Bennett, a quien ya sufrimos en el tomo anterior. Con tres de los nueve episodios a su cargo, los dibujantes con más presencia son Ben y Ray Lai, una dupla de crotos sin imaginación que en los primeros planos tratan sin éxito de imitar a Travis Charest. Y hablando de imitadores, tenemos dos numeritos a cargo de Paco Medina, que clona milimétricamente el estilo de Humberto Ramos, con tristes resultados, porque no tiene ni un décimo del talento del ídolo mexicano. En la superficie, lo de Medina se ve lindo. Pero no profundices en composición, narrativa o manejo del lenguaje facial y corporal, porque se hunde en cuestión se segundos. La cosa levanta bastante con un capítulo que cae en manos del siempre solvente Tom Mandrake, con excelentes trucos narrativos y una perfecta integración de la referencia fotográfica. Después tenemos un numerito a cargo de nuestro Max Fiumara, en el que probablemente sea su primer trabajo para una editorial de EEUU, y donde se ven limitaciones y falencias que hoy no vemos ni de casualidad en las historietas de este joven maestro. No es una garcha, pero comparado con lo que hace Max hoy en día, es un poquito precario. Para el postre, una historia corta, también muy rara, escrita por el ignoto Marlan Harris y dibujada por el astro japonés Kia Asamiya... en un estilo irreconocible, a años luz de sus mangas más conocidos y totalmente jugado a la splash page, sin la menor intención narrativa.
Imaginate si para esta etapa de Thor se hubiesen quedado Andy Kubert o Stuart Immonen... Hoy –que hace frío- estaríamos por tirar al fueguito de la estufa los números de Walt Simonson, y aquella hermosa saguita de Warren Ellis y Mike Deodato ya sería un bollito de ceniza, negro y retorcido como el corazón de Loki. Vuelvo pronto a la carga con un nuevo TPB de Jurgens, porque este me dejó cebadísimo!

sábado, 20 de julio de 2013

20/ 07: HISTORIAS DE BOSQUENEGRO

Hoy. sintético, porque si no no llego.
Este segundo tomo de Bosquenegro nos muestra a Fernando Calvi otra vez inmerso en su mundo de criaturas fantásticas, a las que mueve con maestría por historias cortitas, simples, ideales para los más chicos.
La historia más larga tiene 24 páginas y está escrita de tal modo que hay un mini-remate al final de cada página. Detrás de su aparente simplicidad, la historieta tiene una estructura dramática clásica perfectamente respetada y sortea con creces la dificultad de resolver el conflicto sin recurrir a la violencia.
La historieta que a mí más me gustó es Merienda Accidentada, de cinco páginas, un relato decididamente humorístico, pero con las vueltas de tuerca suficientes para no ser un chiste largo que desemboca en (y le juega todas las fichas a) un remate gracioso.
Las últimas siete páginas del libro exploran un nuevo formato: historietas muy breves, de apenas media página, con bastantes viñetas, a veces con bastante texto, y acá sí, con la conisgna de desarrollar un breve argumento humorístico y rematarlo en la última viñeta.
En este formato, el de muchas viñetas chiquitas, casi abigarradas, es donde más me impactó el dibujo de Calvi, que es sin dudas el atractivo principal que le ofrece este librito a los lectores adultos. Ahí se ven más claros los planteos estéticos del autor, que me remitieron al A.L.I.E.E.E.N. de Lewis Trondheim, mezclado con las obras más sofisticadas de Miguel Calatayud. En las historias largas, las de viñetas grandes, se ve más Trondheim, mientras que en las últimas, las de las viñetas chiquitas, se ve más Calatayud, especialmente en la que cierra el tomo, que además es la mejor de esta última tanda. Visualmente, esto es un deleite irresistible. Los juegos que propone Calvi con las formas y los colores no sólo ceban infinitamente a los más chicos, sino que sorprenden a los más grandes, porque obligan al cordobés a plantearse una composición de las viñetas y una relación entre figuras y fondos muy, muy complejas, en la que se nota un laburo colosal para que todo se acople de manera armónica y funcional al relato.
Gran trabajo de este narrador virtuoso y versátil, que a veces se pasa de críptico en sus trabajos para los más grandes y que a la hora de crear historietas para chicos peló la magia que nos cautiva a todos: la de las historias chiquitas, muy controladas en cuanto a la extensión y a las pretensiones, y muy descontroladas a la hora de la imaginación y del despliegue de talento gráfico en cada página. Un librito ideal para comprar, leer en 15 minutos y regalar a un niño o niña con quien quedaremos como un duque, y a quien –en una de esas- ayudaremos a cebarse con la historieta sin tirarlo a esa picadora de carne tipo The Wall, pero con cara de gatito cachetón.

viernes, 19 de julio de 2013

19/ 07: PLASTIC MAN ARCHIVES Vol.3

Otra vez me animé a leer historieta yanki pre-1960, pero esta vez no me hizo falta juntar coraje, porque ya había leído los Vol.1, 2 y 4 de esta lujosa colección editada por DC. El nunca bien ponderado maestro Jack Cole creó a Plastic Man en pleno boom de los superhéroes, cuando estos brotaban como hongos, vendían fantastillones de ejemplares y se parecían demasiado entre sí, y sin embargo se las ingenió para que -70 años más tarde- esto se lea como historieta de autor. En 1944, seguramente los pibes lo leían como una marcianada, como un comic totalmente atípico e inclasificable, porque realmente Plastic Man no se parecía a nada. Y lo bien que hacía.
Plas vivía en una ciudad imaginaria (Capital City), pero trabajaba para una organización muy real, el FBI. Se enfrentaba a criminales peligrosos, sin abandonar nunca el clima festivo, de joda, más en joda todavía que el Spirit de Will Eisner. Para esto, Cole tenía un ancho de espadas: Woozy Winks, un personaje de enorme potencial cómico, que en varias historias opaca incluso al protagonista. Plas es, en principio, un criminal reformado, pero para este tomo ya nadie se acuerda de eso. No se repasa nunca el origen, no hay flashbacks a aventuras anteriores, ni villanos recurrentes, ni menciones a ningún otro héroe de los que en este entonces publicaba la Quality. En una palabra: no hay continuidad. Las historias de este tomo (13 en total) pueden barajarse y leerse en cualquier orden (por eso me animé a leer el Vol.4 once años antes de conseguir este), como las aventuras de Lucky Luke.
En la estructura, las historias de Plastic Man no son tan distintas de las de otros justicieros de la Golden Age. Lo que es totalmente atípico es el desarrollo, plagado de villanos estrambóticos (aunque sin poderes), juegos de palabras muy graciosos en los diálogos y sobre todo de toneladas de slapstick, es decir, humor físico, de brocha gruesa, ese en el que los personajes constantemente se tropiezan, se chocan contra paredes y se les caen pianos en la cabeza. Y hay un segundo elemento, muy bizarro para los comics de superhéroes de hoy e inaudito hace 70 años, que también emparenta a estas historietas con los violentos y gloriosos dibujos animados de Bugs Bunny, Daffy Duck y compañía: Plastic Man se disfraza mucho de mina! Mucho! Cada vez que necesita desorientar a sus enemigos, cambia sus facciones por las de una chica sexy, con tetas y culo prominentes, y rápidamente los rodea con sus brazos elásticos. No lo vemos pegarles chupones como los que le pegaba Bugs Bunny a Elmer Fudd, pero casi.
Entre estas 13 historias, no sé si hay alguna joya de esas que decís “Esta es la mejor historieta de Plastic Man de todos los tiempos”, pero casi todas son muy divertidas. Y hay una que tiene una idea tan brillante que le hubiese encantado escribirla a Borges: The Gay Nineties Nightmare, la de la ciudad que desapareció de los mapas en 1890 porque el tipo que fue a hacer el censo perdió los papeles. El argumento es la enésima batalla de Plas contra una banda de chorros, pero la idea, el disparador, es una genialidad.
El dibujo de Cole sufre, por supuesto, por el hecho de tener que meter ocho viñetas en casi todas las páginas. El trazo del ídolo, por lo menos en esta época, no deja ver un virtuosismo como para arrancarse las mechas. Está lejos de Eisner (a quien asistió tanto en las tiras diarias como en las aventuras semanales del Spirit) y a años luz de lo que 10 años más tarde pelarían Bill Elder, Wally Wood o Jack Davis en las páginas de MAD. Donde realmente se luce Cole es en la narrativa (impecable, dinámica e hipnótica incluso en las páginas donde se zarpa con los diálogos) y en la composición de las viñetas, donde prueba muchas cosas que nunca se habían visto en el comic y le salen todas demasiado bien.
Extraña cruza entre comedia salvaje y aventura policial, Plastic Man es la única historieta de superhéroes de los ´40 que me atrapó. No sé si como para seguir comprando Archives (las reediciones siguen hasta el Vol.8), pero sí como para estudiarla como una obra de vanguardia, en la que Jack Cole se concentró en darle onda a su mundo sin “mirarle la hoja al compañero”, y se convirtió –supongo que sin querer- en precursor en esto que es hacer comic de autor dentro del mainstream. Ahora quiero los libros de Plas de Kyle Baker, que nunca los conseguí.