viernes, 9 de enero de 2026
VIERNES DE DIBUJANTAZOS
El lunes me hice el banana por publicar nuevas reseñas dos días seguidos, y acá estamos: recién ahora logré terminar dos libros más y encontrar un rato para sentarme a escribir...
Entre 2019 y 2023, el maestro Taiyo Matsumoto produjo a un ritmo muy pachorro la serie Tokyo Days, que en 2025 se editó en Argentina, de la mano de Ivrea, cuyos huevos aplaudo de pie. Este no solo es un manga para adultos, sino que además es un manga sin acción, sin garches, casi sin conflictos. Un manga introspectivo, melancólico, en el que el personaje principal es completamente inexpresivo, y que encima está dibujado en un estilo que parece mucho más europeo que japonés. Lo único que tiene Tokyo Days (por lo menos en el Vol.1) que le puede resultar mínimamente atractivo al consumidor promedio de los típicos mangas de Ivrea es que se trata de una historia ambientada en el mundo del manga. Los personajes son mangakas, o editores que supervisan a los mangakas en la realización de sus trabajos para una editorial. Y todo el tiempo se habla de manga, de los pormenores de la profesión, y de cómo la pasión por el manga a veces te incendia el alma y a veces se va para no volver.
El protagonista es Shiozawa, un señor circunspecto, amargo, con menos onda que un renglón, que ya anda por los 50 años y trabaja como editor de manga. La historia empieza justo cuando decide renunciar a su trabajo, sin demasiada explicación. Matsumoto nos va a contar (también a un ritmo muy pachorro) el proceso interno de Shiozawa, que hasta la mitad del tomo parece no querer saber más nada con el mundo de las historietas, y en un momento algo le hace ¡clic! y decide volver. Pero no a la editorial donde trabajaba. Ahora su plan es coordinar una antología y publicarla él mismo, de manera independiente. Entonces vuelve a entrar en contacto con mangakas con los que trabajó a lo largo de su carrera, en su mayoría autores y autoras ya mayores, que o bien "sacan con fritas" mangas a los que no le ponen el alma, o bien dejaron el medio para dedicarse a otra cosa. Shiozawa viaja para encontrarse con ellos y charlar, los convence de sumarse al proyecto, y mientras tanto aconseja a una editora más joven, que se hizo cargo de los mangakas a los que él dejó cuando renunció a su cargo en la editorial. De alguna manera (fría, desapasionada) el amor de Shiozawa por el manga prevalece y lo impulsa a generar esta nueva movida.
Y no hay nada más para contar acerca del argumento. Matsumoto llena 220 páginas con esto, y con anécdotas menores protagonizadas por los mangakas que trabajaban con Shiozawa en el momento en el que renuncia. Lo más parecido a una escena de acción es cuando un auto esquiva a un gato que cruza la calle, para no pisarlo. El resto son charlas (muy bien traducidas por Adrián Schwarzfischer) o escenas mudas. Por supuesto, todo dibujado como los dioses por un Matsumoto inspiradísimo, que deforma la perspectiva de los edificios como si fuera Ben Katchor, elige los planos como si fuera Jacques Loustal y mete crosshatchings como si fuera Etienne Davodeau. Más allá de lo bello que es el trabajo de Matsumoto en blanco, negro y grises (más un par de páginas a color para enchastrarse la ropa interior), es sumamente placentero leer a un mangaka tan original, que se parece tan poco a todos los demás, y que incluso deja que su trazo mute de obra a obra, porque esto se parece muy poco a -por ejemplo- Ping-Pong o Tekkon Kinkreet. Incluso con ese tono pecho frío y ese ritmo parsimonioso, Tokyo Days me atrapó como para querer entrarle cuanto antes al Vol.2.
Como ya es costumbre, cierro con un comic argentino editado en 2025, en este caso El Khidr, una obra escrita por Abdul Wakil Cicco y dibujada por el maestro Quique Alcatena, que tuvo un 2025 zarpado, con una cantidad brutal de publicaciones entre reediciones de sus clásicos y material inédito. Sin dudas lo más destacable de El Khidr son los dibujos de Alcatena, que deja la vida en cada página. Casi todas las secuencias le exigen documentación histórica para recrear con rigor la Estambul de fines de los años ´40, y Quique se la banca como un duque, como si fuera un autor francés. Y cuando el guion le permite dar rienda suelta a la fantasía... bueno, ahí ya sabemos que Quique es simplemente imbatible.
El guion es raro, porque tarda unas 50 páginas en presentar a los personajes y las situaciones, y recién ahí empieza la acción propiamente dicha, y se establece de alguna manera más o menos evidente cuál es el conflicto y quiénes son los antagonistas con los que deberá confrontar Halima, la librera, que es la "heroína" de la historia. En las 20 páginas finales, Cicco cambia el ritmo y empiezan a pasar más cosas, algunas de las cuales no entendí, probablemente porque tienen que ver con elementos de la tradición religiosa, o mística del Islam, que yo desconozco y que el guionista no explicita en las viñetas. En algún momento, una trama que viene para el lado de la conspiración, con tesoros de los sultanes ocultos y cierta tensión política, deriva en secuencias más extrañas, con magia, fantasmas y otros elementos sobrenaturales que irrumpen -de nuevo- sin demasiada explicación. Mi sensación es que todo sería más claro y más directo con menos personajes en escena.
No me quiero extender mucho más, porque es un trabajo reciente, que está bueno que cada lector descubra por sí mismo, lo lea y saque sus propias conclusiones. Supongo que para quienes estén familiarizados con la cultura islámica, El Khidr deber tener un atractivo que a mí me pasó por encima. Y obviamente, si sos militante de Alcatena y tenés un sector de tu biblioteca consagrado a las obras del prócer, no dejes escapar este librito, porque acá hay 70 páginas dibujadas a un nivel sublime.
Nada más, por hoy. Tengo leído un tercer broli, pero no me queda tiempo para reseñarlo. Ni bien acumule alguna lectura más, nos reencontramos en este espacio para comentarlas. Gracias y hasta pronto.
Etiquetas:
Abdul Wakil Cicco,
Quique Alcatena,
Taiyo Matsumoto
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