el blog de reseñas de Andrés Accorsi

viernes, 6 de marzo de 2026

POR FIN VIERNES

No sé por qué, pero esta semana se me hizo larga. No veía la hora de que llegara el viernes... Y bueno, no solo llegó, sino que tengo un par de libros para reseñar. A veces en estas travesías críticas a través del mundo de las historietas, en el intento de analizarlas desde un lugar intelectual, pierdo de vista lo que hizo que la historieta me resultara atractiva y me enamorara de ella a primera vista. Originalmente me enganché con las historietas y las adopté como algo importante en mi vida porque me daban algo que yo deseaba: diversión. Entiendo que el comic no tiene por qué ser simplemente diversión, y que hay autores que eligen explorar niveles más profundos de la condición humana en lugar de proponernos el imbatible "caguémonos de risa un rato". Sería miope y hasta idiota negarle a los comics algo que se les permite a los otros medios. Pero la realidad es que aún hoy, más del 90% de las historietas se produce para entretener, para brindarnos un rato de diversión. Y la mayoría de los lectores entra al comic en busca de eso. Todo esto para decir que la pasé bárbaro con SandLand, un manga de Akira Toriyama originalmente publicado en 2000, rescatado por Ivrea en una excelente edición nacional. Las pretensiones de SandLand son bajísimas. Apenas se propone contarnos una aventura con mucho ritmo, machaca y situaciones en las que pueda colarse el humor, sobre todo basado en los diálogos y en los cruces entre personajes con personalidades muy bien definidas. Hay un cierto subtexto que nos habla de honor, de respeto a la verdad por encima de los mandatos de los poderosos, porque los protagonistas desarticulan un gigantesco engaño perpetrado por un rey, su cúpula militar y los medios de comunicación. Y el resto son sacudones y peripecias típicos de los relatos de aventuras más desenfrenados, todo narrado de manera muy fluida y muy clara por un historietista prodigioso como fue Toriyama. Con personajes carismáticos, una trama lineal y ese dibujo tan perfecto, tan lleno de vida y de carisma que caracteriza al creador de Dragon Ball y Dr. Slump, SandLand me cautivó en las primeras páginas y me llevó hasta el final por el sendero de las emociones, la diversión y el disparate. Beelzebub, el príncipe diablo, es como un perfecto punto medio entre el Goku pendejito más ingenuo y caprichoso y el Goku adulto más pulenta y más orientado a la machaca. Tal vez por eso el equilibrio entre comedia y acción violenta está tan logrado en estas páginas. La traducción de Agustín Dobal está muy lograda y los extras que complementan a la historieta también tienen su atractivo, no son un simple relleno. La verdad que si todos los shonen tuvieran esta extensión, transmitieran esta sensación de juego descontrolado, y estuvieran dibujados a este nivel, yo pasaría rápidamente de no consumir shonen a armarme una biblioteca zarpada de mangas de este estilo. Con SandLand, Toriyama me invitó a viajar a un ritmo vertiginoso por las tierras de la imaginación, y fue una experiencia muy, muy entretenida.
En cambio, la pasé bastante mal con Snakeman, la aventura de Tex publicada en formato de álbum francés (48 páginas a todo color y en tapa dura) en 2021. Acá me encontré con un guion de Mauro Boselli muy precario, parecido en su estructura a los guiones que escribía Jim Shooter para la Legion of Super-Heroes en 1967, cuando tenía 16 años. Sí, acá los villanos son más hijos de puta, hay sacrificios humanos, torturas y decapitaciones, y en un momento los indios "malos" raptan a las jóvenes de la aldea de los indios "buenos" no precisamente para enseñarles pilates o nuevas técnicas de maquillaje. Pero es un guion ramplón, predecible, con un deus ex machina que requiere un "después te explico" medio grosero, y un elenco protagónico con tan escasa onda que el principal villano, con poquito, con una ínfima exploración de sus motivaciones, se convierte en el personaje más interesante del álbum. Lo de Boselli solo se explica en el contexto de una serie como Tex, en la que el personaje sin onda y las historias demasiado clásicas como para sorprender al lector curtido son el pan nuestro de cada día hace ya muchas décadas. Y lo peor es que no importa, porque nadie compró este álbum por el guion. Snakeman se gana el lugar en la biblioteca de cualquier lector de comics, sea o no fan de Tex, sepa o no leer en italiano, porque lo dibuja Enrique Breccia prendido fuego. De nuevo, venimos de dos años en los que se habla un montón de la obra de Enrique, porque de pronto dos o tres editoriales publicaron en Argentina muchos de sus trabajos que nunca habíamos visto recopilados en libro. Sin embargo, de Snakeman el único que habló fue Gregorio Guerrero en un episodio de EuroZona, en el canal de YouTube de Comiqueando. El resto de los supuestos especialistas, que se llenaron la boca hablando de otras obras de Enrique realizadas para Italia (pero con guiones propios, o de guionistas argentinos), fingen demencia y no se hacen cargo de que esto existe. Más allá de este misterio insondable, Snakeman nos invita a disfrutar de unas páginas gloriosas dibujadas y pintadas por el maestro. La técnica y la magia de Breccia le ponen a la historia la onda y el atractivo que el guion no tiene, y hacen llevadera (y por momentos maravillosa) la lectura del álbum. El manejo sutil del color ya lo pone a Enrique a años luz del dibujante promedio de Tex, pero además acá tenemos algo muy infrecuente en la obra del ídolo: escenas de acción en las que vemos a los personajes de cuerpo entero. No una mano con un hacha, no un pie, no una cara gritando, no un puño: cuerpos enteros en movimiento, hombres, mujeres, caballos. En esas secuencias, la página vibra y transmite unas sensaciones indescriptibles. Casi lo escuchás al maestro decir "¿la querés toda?, te la doy toda". Una pena que semejante nivel de talento y de entrega por parte de Enrique estén puestos al servicio de un guion tan mediocre, tan anodino. Pero bueno, Tex rara vez promete otra cosa. Y no, no pude evitar comprarme el Tex dibujado por Horacio Altuna, y en algún momento lo voy a leer. Por lo menos el guion es de Tito Faraci, no de Boselli. Y hasta acá llegamos, por hoy. Gracias a todos los que vieron el primer Opiniones Meméticas en los canales de YouTube de Comiqueando y La Batea, y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas acá en el blog.

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