el blog de reseñas de Andrés Accorsi

miércoles, 4 de marzo de 2026

MIERCOLES TRANQUI

Mientras el mundo se pone cada vez más heavy y peligroso, yo estoy acá tranquilo, en mi nube de pedos, listo para reseñar los últimos libros que leí. Empiezo con un libro escrito por un francés que vivió muchos años en Chile, dibujado por un argentino que está radicado en España, y que conseguí en la edición italiana. Un kilombo bárbaro. Pero bueno, me di el gusto de leer Maudit Allende!, una obra de 2015 con guion de Olivier Bras y dibujos de Jorge González. Al tratarse de un comic que tiene como eje el golpe de estado del genocida Augusto Pinochet contra el gobierno democráticamente electo de Salvador Allende, es inevitable la comparación con Los Años de Allende (ver reseña del 21/08/15), la novela gráfica de Carlos Reyes y Rodrigo Elgueta que funciona como crónica de aquel tiempo en el que el socialismo revolucionario gobernó Chile. Los autores chilenos se centran en todas las transformaciones sociales, políticas y económicas que produjo en el país vecino el breve gobierno de la Unidad Popular, mientras que Bras y González exploran más en profundidad el contrapunto entre las dos figuras centrales, Allende y Pinochet. De hecho, siguen al dictador incluso en sus días de reclusión en Inglaterra y su regreso a Chile, ya en las postrimerías del Siglo XX. Pero el francés y el argentino se cuelgan con estas secuencias ambientadas en los ´90, que -comparadas con las de los ´70- aportan muy poco al disfrute del álbum. Toda esa faceta autobiográfica de la obra, en la que Bras narra en primera persona su regreso a Europa tras años en Chile y demás, no tiene ni por asomo el encanto y el impacto del tramo en el que los autores siguen paso a paso la carrera política de Allende, la carrera militar de Pinochet, la consolidación del vínculo entre ambos, y el armado de la runfla que va a terminar con la caída del gobierno encabezado por el primero. Ahí esta, sin dudas, lo que hace atractiva y satisfactoria la lectura de Maudit Allende!. Y por supuesto, el trabajo de González en el apartado gráfico, que le prende fuego a las páginas del álbum. Incluso en las secuencias menos atractivas a nivel argumental, Jorge tira magia con sus lápices sueltos, expresivos, su paleta de colores sutil y su increíble técnica para incorporar texturas. Hay alguna página en la que baila al filo del mamarracho, pero en la gran mayoría del álbum vemos a un González muy comprometido con la documentación histórica, con la referencia fotográfica, y sobre todo con la fluidez del relato. No sé por qué en el país donde nació Jorge (que está al lado del país donde transcurre casi toda la obra) nadie edita esto, nadie HABLA de esto, y fingimos demencia, como si Maudit Allende! no existiera. Pero si sos fan de este monstruo del dibujo y la ilustración y querés más historietas suyas, o si te interesa el tema de la historia más o menos reciente de Chile, o el tema de los golpes de estado y las dictaduras militares en Latinoamérica, acá tenés un trabajo muy competente, tanto de González como del guionista/ periodista francés que estuvo a cargo del guion. Y si lo querés leer en castellano hay -lógicamente- una edición chilena y una española.
Nos vamos a EEUU, año 2016, cuando en el sello Icon de Marvel aparece Empress, una space opera creada por Mark Millar y Stuart Immonen. La consigna de la obra es muy buena, hay muchos personajes atractivos, la ambientación interplanetaria está muy bien aprovechada, el ritmo es muy ágil y dinámico, y los dibujos son espectaculares. Pero (sabías que venía un "pero") nada de eso justifica la extensión de la obra, que está sumamente estirada. Me imagino esto leído en las siete entregas originales en formato comic book y me quiero pegar un corchazo, porque en algunos de estos tramos de 23 páginas no pasa prácticamente nada. Son peripecias muy impactantes, narradas de modo muy ganchero por Millar e Immonen, pero que no le suman nada a la trama general de la obra. Sin dudas, esto mismo contado en 60 ó 70 páginas menos pegaría mucho más fuerte, incluso si hubiera que sacrificar a algún personaje secundario para sintetizar. Así, con esta extensión, Empress se parece bastante a un largometraje de dos horas y monedas... que no creo que se filme jamás simplemente por la fortuna que habría que poner para que todo se vea en la pantalla igual de lindo que en el comic. Empress abreva en el Fourth World de Jack Kirby y -obviamente- en Star Wars, pero le agrega a la epopeya una dimensión humana muy lograda, que nos permite sentir como cercanos a estos personajes que se pasan más de media obra saltando de un planeta a otro. En pocas páginas uno siente que conoce y quiere a Emporia, sus hijos y sus aliados, y de alguna manera, entre conquistadores cósmicos, chumbos hiper-tecno, monstruos zarpadísimos y naves espaciales, aparece una empatía, algo que nos invita a ponernos en el lugar de la heroína, incluso a los que no somos mujeres, ni estuvimos casados, ni tenemos hijos. Entre eso, y el giro sorprendente del final, alcanza para que la labor de Mark Millar resulte encomiable pese a la estirada medio brutal que le pega al argumento. Y lo que a mí más me sedujo fue el trabajo de Stuart Immonen en los lápices, secundado por las tintas del siempre sólido Wade Von Grawbadger y la paleta de colores de Ive Svorcina. Acá tenemos a un Immonen muy controlado, lejos de sus trabajos más personales (Moving Pictures, Nextwave Agents of HATE), no te digo "como si quisiera pasar desapercibido", pero sí decidido a ponerse 100% en función del relato, y sin hacer demasiada gala de su (hermoso) estilo personal. Y le queda muy bien, porque tintas y colores lo secundan a la perfección, y porque el guion no necesitaba un dibujante con un trazo muy personal. Lo de Immonen no es genérico, no es anodino, ni insulso. Por el contrario, es grandioso, espectacular, técnicamente formidable. Pero en todo ese universo que co-crea con Millar, son pocas las cosas/ personas/ lugares que solo Immonen podría haber dibujado. Si mañana hay una secuela de Empress dibujada por otro grosso del mainstream yanki de los que habitualmente colaboran con Millar (Olivier Coipel o Rafael Albuquerque, por tirar un par), nadie se va a escandalizar ni a rasgarse las vestiduras. En esta saga, aún sin sacar a relucir su impronta más personal, Immonen nos regaló algunas de las mejores páginas de su carrera. Si sos fan de esta bestia, tirate de cabeza. Y hasta acá llegamos, por hoy. Gracias por el aguante, no se pierdan el primer episodio de Opiniones Meméticas (ya en los canales de YouTube de Comiqueando y La Batea) y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas acá en el blog.

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