jueves, 26 de marzo de 2026
HASTA LAS PELOTAS
Qué feo es no tener tiempo para leer comics... o llegar a leerlos, pero no tener tiempo para escribir las reseñas. En eso estamos, por lo menos hasta el 6 de Abril, cuando ya haya pasado el evento de los Premios Cinder (que es el sábado 4 y domingo 5 en el Club Cultural Quetren, Olazábal 1784, ciudad de Buenos Aires, con entrada libre y gratuita). Hoy por suerte le puedo robar unos minutos a la vorágine para escribir las paparruchadas que procedo a infligirles.
Arranco con el tercer integral de El Gato del Rabino, que compila los álbumes 6 y 7 de la famosa saga de Joann Sfar (a la que le dedicamos un NOTÓN en el nº12 de Comiqueando Digital). El Vol.6 es medio la nada misma. El argumento es ínfimo: Zlabya va a tener un bebé con su marido y el gato está celoso. Con esa consigna, Sfar sale a chorear a lo largo de 52 páginas, dibujadas como los dioses y con un montón de diálogos muy graciosos. Esto es una comedia costumbrista clásica, con espacio para algunas reflexiones acerca de las instituciones religiosas y familiares, por supuesto formuladas desde la óptica irreverente del maestro Sfar. Podría ser infinitamente peor, si pensamos que casi no hay un argumento sobre el cual edificar el relato.
El Vol.7, en cambio, es mucho más extenso (80 páginas) y ambicioso. Acá, además de la comedia costumbrista, hay conflictos zarpados, acción y violencia. El álbum gira en torno al choque, al clivaje entre religiones imposibles de conciliar, en una Argelia en la que hace 100 años convivían como podían las colectividades musulmana, judía y cristiana. Rabinos, curas e imanes se disputan el protagonismo, pero el que realmente se pone al hombro la narración y hace que las cosas sucedan es el Malka, que hace su regreso triunfal a las páginas de la serie.
Ya desde el principio del álbum, Sfar se encuentra con secuencias que lo obligan a dejar de lado la grilla de seis viñetas por página en tres tiras de dos, y a medida que se acerca el final de La Tour de Bab-El-Oued (que así se llama la historia) más variedad tenemos en la forma en que las viñetas se despliegan en la página. O sea que, incluso si la trama te interesa poco, o si te resulta muy extensa la historieta, te podés entretener con los alucinantes dibujos de Sfar, los hermosos colores de Brigitte Findakly, y la magia que tira el autor cuando se permite jugar un poco con la puesta en página.
Cuando se despeja un poco el humo, te cae la ficha de que los álbumes realmente grossos de El Gato del Rabino son los tres primeros, y que lo posterior es un poco desparejo, una mezcla de álbumes interesantes con otros innecesarios y alguno que otro decididamente choto... en materia de guiones. El dibujo se la banca siempre en un nivel altísimo, y el carisma de los personajes no hace más que acrecentarse a lo largo de las entregas. Si venís enganchado con la serie, no creo que este tercer integral te dé ganas de abandonarla. Ninguna de las dos historias está entre mis favoritas, pero las dos tienen puntos altos, sobre todo en lo visual. Y también, si venís enganchado con la serie, rezale a los dioses cristianos, judíos y musulmanes para que no se corte la edición argentina de El Gato... que está muy bien hecha y llega a las librerías a un precio más que razonable.
Tras una pausa de más de 10 años, retomé Trees, la serie de Warren Ellis y Jason Howard cuyo Vol.1 tuvo una brevísima reseña allá por el 11/01/16. En su momento, definí a Trees como un comic "de ciencia-ficción, misterio, ecología, política, slice of life, violencia, traiciones, garches, poesía, amor y los mejores diálogos de toda la carrera de Ellis". Bueno, acá garche no hay ni por accidente. Violencia hay mucha, en las últimas páginas. Y poesía, olvidate, ni un verso hay. Pero sí, el nivel de los diálogos es glorioso, las ideas que derrocha Ellis son una obscenidad, el misterio está muy bien llevado y lo más importante: este segundo tomo desarrolla a dos personajes nuevos (una bióloga británica y un político que acaba de ser elegido intendente de New York) de manera magistral. Leímos apenas siete comic books, pero sentimos que conocemos a Joanne y a Vincent de toda la vida, como si hubiesen protagonizado cada uno una serie de 50 ó 60 episodios.
Lógicamente, el gran protagonismo de un tipo que (a fuerza de venta de humo y runflas espurias) llega a la intendencia de New York le abre la puerta a un elemento que no aparecía en el Vol.1, que es la política. Y Ellis nos la muestra como una especie de mugrienta y hedionda antesala a la violencia más atroz. Lo único que no me fascina de Trees es que termina en el Vol.3. Hay tantas puntas abiertas, tantos personajes y situaciones interesantes para explorar en esta Tierra "invadida" por los árboles del espacio exterior, que tengo la espantosa sensación de que para el final de la serie buena parte de las incógnitas van a quedar sin resolverse. Ellis incluso es capaz de no retomar en el Vol.3 a ninguno de los personajes y conflictos que nos presentó en los dos primeros tomos. Pero bueno, el final está ahí. Lo voy a leer muy pronto y me voy a enterar (y voy a contar acá) cómo termina esta serie que hasta ahora es una maravilla.
También me genera entusiasmo tener un librito más todo dibujado por Jason Howard, que me parece un talento a valorar mucho más. Howard deja la vida tanto en los paisajes (que tienen un peso enorme en la trama) como en las expresiones faciales, narra bien, y además se colorea a sí mismo con un criterio exquisito, que funciona tanto a nivel estético como narrativo. Este Vol.2 lo obliga a dibujar una cantidad brutal de páginas sin acción, y Howard las pilotea con un aplomo encomiable. Me mantengo firme en recomendar (mal y tarde) la lectura de Trees, y ni bien pueda le entro al Vol.3.
Nada más, por hoy. Si quieren más lectura, ya saben que pueden descargar por muy poquita plata cualquier número de la Comiqueando Digital en la tienda virtual https://comiqueandoshop.blogspot.com. Gracias por tanto, perdón por tan poco y ni bien pueda leer más material, busco un rato para volver a postear acá en el blog.
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