
Una vez más, un libro aparecido hace muy poquito me obliga a transgredir mi disciplina, que consiste en leer el material en el orden en que lo voy consiguiendo. Pero esta vez el cebamiento es más fuerte. Y la objetividad más frágil que nunca, porque se trata del libro del Niño Rodríguez, de quien soy amigo hace más de 20 años, cuando los dos éramos niños de verdad.
Allá por 1987, cuando tanto el Niño como yo hacíamos nuestras primeras armas en el mundo de los fanzines, este animal rosarino ya daba cátedra. Resolvía con total solvencia todo tipo de desafíos historietisticos, clonaba cualquier estilo (incluso algunos difíciles, como el de Bilal o el de Juan Giménez), demostraba un talento alucinante para la sátira y cuando lo veías dibujar, te convencías de que dibujar (y bien) era lo más fácil del mundo. Y esto con 18 años, mucho antes de empezar a publicar profesionalmente en medios de alcance nacional, o de hacerse conocido fuera del under rosarino… Imaginate ahora, que lleva más de 20 años de laburo constante, que egresó de Bellas Artes, que la rompió en la historieta, la ilustración, la animación y hasta en el diseño de decorados para programas de TV (Ver Para Leer y RSM).
Y bueno, cuando en 2008 le llegó la oportunidad de hacerse cargo de una tira diaria (desafío jodido si los hay), el Niño respondió con la categoría de los grandes. Lucha Peluche es, por afano, lo mejor que apareció en los diarios argentinos durante los dos años y monedas que duró el recién extinto diario Crítica. Las tiras que componen este tomo recorren aquellos tumultuosos meses de la famosa crisis que enfrentó al campo con el Gobierno, pero además de cubrir ese suceso de modo desopilante y genial, el Niño habló de todo eso con una altura tal, que quedó más allá de la coyuntura. Hoy lo leés, y por ahí ni te acordás de todo ese kilombo, pero las tiras son excelentes igual.
Lucha Peluche tiene todo: personajes tiernos e ingeniosos como Mafalda, personajes jodidos y grotescos como La Nelly, comentarios irónicos sobre la realidad nacional como Clemente, reflexiones inteligentes como la tira de Rep, y un dibujo personal e hipnótico como el de Macanudo. Y además chistes geniales, para reirse en serio, con carcajada posta. ¿Cuánto hacía que una tira diaria nacional no me arrancaba una carcajada? La última debe haber sido en el… tercer o cuarto tomo de Macanudo…. Acá hay un montón de momentos que te parten de la risa. El mejor, o el que a mí más me hizo reir, fue la aparición de Brazuca Joe, el indigente brasileño que se encuentra con Morta Dela, uno de los protagonistas. Pero hay un montón de momentos graciosísimos y frases geniales (“el capitalismo es un chancho vendiendo jamón”).
Aunque están ambientadas en un lugar neutro, al que sólo se nombra como “el culo del mundo”, las tiras de Lucha Peluche tienen muchas referencias a nuestra realidad política. El Niño sorprende al repartir los palos para todos lados, con notable criterio y ecuanimidad. Hay palos para todas las ideologías, para el Gobierno, para la oposición, para el campo y hasta para Dios. Pero la peor parte se la llevan los medios de comunicación, representados por Tony Torres, un periodista abyecto, genuflexo, sensacionalista y ventajero, que manda cualquier fruta por un punto de rating o por algún beneficio para él o para el multimedio en el que labura. Hoy que tanto se cuestiona el rol de los medios y del “periodismo independiente”, esta tira tiene muchísimo para aportar al debate.
Los demás personajes también tienen momentos magistrales y todos contribuyen a que leer la tira recopilada resulte una experiencia 100% gratificante, incluso para el que ya las leyó de una por día, ya sea en el diario o en la web. El universo de Lucha Peluche es absoutamente seductor y entre sus viñetas se respiran dos sensaciones: la de un caos perfectamente ordenado por un autor que sabe lo que quiere y cómo transmitirlo, y una enorme libertad que le permite el Niño zarparse a gusto y piaccere ya sea con el humor negro, la sátira sociopolítica o el lenguaje subido de tono. Lucha Peluche gana por puesta de espaldas, por knock-out, por afano y por si acaso. Ojalá que el cierre del diario en el que se publicaba no sea óbice para que De la Flor edite más recopilaciones de esta maravilla del Noveno Arte.












