viernes, 2 de octubre de 2026
VIERNES JAPONÉS
Empezó Octubre y yo encontré un ratito para leer y reseñar dos libros. Ahí vamos.
Me aburrí bastante con Shimura, un extenso recopilatorio (más de 220 páginas) publicado por DC Comics, con historietas de esta serie que supo aparecer en las páginas del Judge Dredd Megazine a partir de 1993. Todo el material que aparece en el libro está escrito por Robbie Morrison, un guionista que nunca me llamó mucho la atención y al que en este tomo, por momentos, me tocó padecer y maldecir. Lo mejor que tengo para decir de Morrison es que muy temprano en la carrera de Shimura, decide pegar un volantazo fuerte, y así es como el protagonista pasa de ser un policía más (en el futuro de Judge Dredd, donde la cana te puede ajusticiar sin el menor prurito) a ser un ronin, un samurai sin amo. Un tipo busca justicia por fuera del sistema y no tiene ningún problema en ir contra quien haya que ir, e incluso en desafiar complejas redes de impunidad que hacen que la propia ley proteja a los corruptos y a los criminales. Lo que arranca como "el Judge Dredd de Japón" pronto va para otro lado totalmente distinto... lo cual no garantiza que las historias estén buenas, que aparezcan buenos personajes secundarios, o buenos villanos, o conflictos bien armados, o que lo que hace Shimura conserve algún tipo de verosímil.
¿Por qué compré un libro de un personaje al que desconocía, escrito por un guionista que no me suele atrapar? Porque está lleno de buenos dibujantes. Veamos.
El primer arco (24 páginas) lo dibuja un muy temprano Frank Quitely, en el que probablemente sea su primer trabajo profesional. Y sí, está lejos de su mejor nivel, pero aún así es MUY bueno. Después viene Colin McNeil, un dibujante más clásico, de una línea más cercana a Brian Bolland y Dave Gibbons. Tiene algunas fallas en la narrativa, pero visualmente, es fascinante. Le sigue una aventura muy cortita, dibujada por Duke Mighten, capo absoluto. Enseguida llega el dibujante más flojo de la serie, Robert McCallum, que hace la Gran Kevin Eastman: confundir cualquier cosa más o menos japonesa con lo que hizo Frank Miller en Ronin, y copiarlo sin el menor reparo. Esto está mejor dibujado que aquellas primeras historietas de las TMNT, pero muy por debajo de lo que veníamos viendo. Pero tranqui, que llega una saga larguísima, toda dibujada por otro prócer: Simon Fraser. Bruta bestia influenciada por Sergio Toppi que también tiene algún tropezón en la narrativa (sobre todo cuando el guion pide escenas dinámicas, con los personajes en acción), pero a nivel estético levanta mucho la vara. Cyril Julien dibuja un puñado de páginas (el encuentro con Judge Dredd) en un estilo bien clásico, donde por momentos se filtran cositas de Timothy Truman. La mejor historieta del libro es un chiste largo (9 páginas) en el que Shimura no aparece y Frank Quitely vuelve absolutamente recargado, ya en su estilo más reconocible y más espectacular. Y para el final aparece Dylan Teague, otro dibujante muy clásico, de la línea de Bolland y Gibbons, pero que dibuja minitas muy sensuales, entonces mete muchos primeros planos de minitas, no te digo a lo Terry Dodson, pero casi.
Tengo más material de la 2000 A.D. y aledaños en el pilón de los pendientes. Ojalá me enganche más.
Y cómo me divertí con el Vol.2 de Mujina Into the Deep, qué lo parió. La nueva serie de Inio Asano es realmente una fiesta. Este tomo tiene menos machaca que el anterior, y más espesor dramático, más construcción de este futuro cercano y más desarrollo de los conceptos idos al choto con los que Asano lleva adelante las aventuras de Ubume y los personajes que de a poco la empiezan a rodear.
El tema de laburar con fondos que son fotos mínimamente retocadas le da al manga ese contraste alucinante entre un entorno 100% realista y personajes muy caricaturescos, pero la verdad que no sé si me copa que Asano solo dibuje seres humanos y se machetee todo lo demás. Los dibuja bárbaro, con una expresividad descomunal y una atención por los detalles que te hace verlos como reales, pero me gustaría más si dibujara más cosas.
Mujina Into the Deep tiene violencia, introspección, sexo, momentos de comedia muy graciosos y diálogos como este que se manda Tenko, uno de los personajes más interesantes de la serie: "Mi instinto me ordena que despierte a la gente de esta pesadilla tan chota. Esperan que trabajemos hasta los 85, controlados por el gobierno y hundidos en la depresión. Para pasar nuestros últimos años esperando la muerte en una zona especial para personas mayores. ¿Qué clase de sociedad es esa? Nos hacen vender nuestro tiempo, nuestras vidas, a cambio de dinero. Y desangran a la gente para hacer girar la economía. Es la triste ruina del capitalismo". No son pocos los tramos en los que el futuro cercano de Mujina intersecta a la perfección con el que imaginó hace más de 40 años Horacio Altuna, cuando creó Ficcionario. Y lo más heavy: toda ese aspecto distópico de ambas obras, toda esa sátira/ advertencia acerca del rumbo nefasto que lleva nuestra sociedad, intersecta a la perfección con el mundo en el que nos toca vivir en la actualidad.
Le pongo muchas fichas a Mujina Into the Deep, en buena medida por lo poco que se parece a las obras anteriores de Asano. Al ídolo no le costaría demasiado seguir luqueando a sus fans hasta el infinito y más allá con clones mínimamente camuflados de Oyasumi Pun Pun, o de algún otro de sus mangas más populares, pero elige el camino del riesgo y de la originalidad. Y encuentra nuevas maneras de entretenernos, emocionarnos, shockearnos y calentarnos mientras -al mismo tiempo- nos invita a reflexionar sobre un montón de temas mil veces más profundos que los que toca el manguita promedio. Quiero más Mujina, lo antes posible.
Nada más, por hoy. Nos reencontramos pronto por acá, y el miércoles tenemos el regreso de Opiniones Meméticas, como siempre en simultáneo en los canales de YouTube de La Batea y Comiqueando. Buen finde para todes.
Etiquetas:
Inio Asano,
Robbie Morrison,
Shimura
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