el blog de reseñas de Andrés Accorsi

miércoles, 28 de octubre de 2026

LA PREVIA DE LA AGENDA

En un rato arranca la emisión de este mes de Agenda Abierta en el canal de YouTube de Comiqueando, y milagrosamente me quedó un ratito para redactar las reseñas de los últimos libros que leí.
Empiezo en Inglaterra, a principios de los ´90, cuando el guionista John Smith crea una serie muy original llamada Indigo Prime para el semanario 2000 A.D.. La consigna es muy ganchera y sumamente fértil para contar aventuras limadas: una agencia que se dedica a emparchar la continuidad del espacio-tiempo cada vez que un viajero temporal genera alguna disrupción. A veces los agentes le aplican un "zurcido" a la realidad, como si fuera una media agujereada, y a veces hacen la Gran Men in Black y se ocupan de que la gente que vio o experimentó algo extraño simplemente se olvide de todo y siga su vida normal. Hay distintos tipos de agentes, lo cual permite desarrollar distintos personajes, y lo más divertido: para que estos tipos y minas puedan meter mano en la realidad espacio-temporal sin agravar aún más los kilombos que tratan de arreglar, la condición es que estén muertos. A partir de esas premisas, Smith crea historias de distintas extensiones, que no son exactamente en serio. El humor está muy presente, en los diálogos y en el corazón mismo de muchas de las tramas, que de tan disparatadas causan más risa que tensión o suspenso... excepto la última, la más larga del tomo, en la que el clima de thriller le pasa por encima al tono de comedia. Nada: aventuras en joda con paradojas temporales, conceptos fumancheros, sucesos sobrenaturales a gran escala y personajes carismáticos que tiran frases cómicas, se mandan cagadas heavies y tratan de emparcharlas en la medida de sus limitadas posibilidades. Con eso solo, Indigo Prime debería garantizar una dosis más que razonable y, fuera de algún episodio particularmente choto, lo logra. La saga más larga (Killing Time) está un poquito estirada, pero igual te atrapa por lo distinta que es al resto de las historietas que incluye el tomo. Lo más raro es ver a Chris Weston en la época de sus primeros palotes como dibujante, donde ya mostraba esa atención notable por los detalles, pero tenía un estilo mucho más caricaturesco, cercano a Ventura y Nieto, al Carlos Giménez más extremo, o a los trabajos de los ´70 de Philippe Caza, cuando hacía esas comedias suburbanas con personajes medio grotescos. Incluso este primer Weston tiene errores de anatomía, que no vamos a ver ni en pedo en sus trabajos para Estados Unidos. La narrativa en general es clásica, típica de pibe que aprendió estudiando a Dave Gibbons y Brian Bolland, y lo mejor llega cuando Weston se zarpa y apuesta fuerte a la imaginación y el delirio para dibujar criaturas fantásticas, locaciones imposibles, dimensiones alternativas loquísimas, fenómenos paranormales demenciales y cosas así. Entre las virtudes de Weston con el lápiz y la tinta y la posibilidad de trabajar (no desde el principio de la serie) con el color directo, tenemos unas cuantas viñetas realmente memorables. Los episodios que no dibuja Weston van a manos de Mike Hadley, un obrero del lápiz apenas correcto. No me hice fan a muerte de Indigo Prime, pero me entretuvo. Tengo un segundo tomo en el pilón de los pendientes, como para ver cómo madura la propuesta.
Y bue, tarde o temprano iba a suceder. Historieteca publicó este año Kambadalan, la última serie de Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena que estaba inédita en Argentina. Esto no quiere decir que toda la obra de la dupla esté disponible en libros en nuestro país, sino que ya no quedan series hechas para el mercado italiano que no estén traducidas al castellano. Kambadalan es una serie relativamente corta, de alrededor de 70 páginas, que trata acerca de cómo los vínculos de afecto y solidaridad entre los pueblos pueden ser rotos por la manipulación externa de un par de hijos de puta. Es un argumento sencillo, que se podría haber desarrollado en... 24 páginas, pero que se enriquece con aparición de personajes muy bien construidos por Mazzitelli. Esta vez, los malos tienen mucho más relieve que los buenos y son los verdaderos motores del relato. Como suele suceder en las obras de la dupla, las dimensiones del conflicto crecen con el correr de las páginas hasta hacernos sentir que TODO está en juego, y -también como siempre- el dibujo de Alcatena acentúa esa sensación de que todo es inmenso, grandioso, majestuoso a un nivel indescriptible. Kambadalan también tiene algo que no es frecuente en las historietas de Mazzitelli: un wild card, es decir, un personaje que no sabés hasta el final para qué lado juega, qué rol va a cumplir en la trama. En este caso es el único occidental, Jason Yates, un veterano aventurero fan de las locaciones exóticas y el escabio. Todo el resto del universo que se despliega en Kambadalan (reyes, guerreros, monjes, dioses, demonios, etc.) parece provenir de una tradición mitológica vinculada a China, y por supuesto está plasmado de manera magistral por la inagotable pluma de Alcatena. No se me ocurre cómo hacer entrar a Kambadalan en la lista de las obras imprescindibles de Quique y Eduardo, lo cual no significa que no esté buenísima. Tiene un planteo original, tiene emociones, tiene momentos en los que la prosa nos invita a reflexionar, y páginas en las que el dibujo nos deja sin aliento. Por supuesto que a simple vista parece una epopeya más de magia, fantasía y duelos entre personajes hiper-poderosos, pero con mínimo esfuerzo le vas a encontrar otras capas de profundidad que (sospecho) te van a conmover, o por lo menos a mantener atrapado hasta el final. Yo, por lo menos, la pasé muy bien. Y no hay más, por hoy. Ojalá logre clavar una entrada más en el blog antes de que se termine Octubre, y si no, mala leche. Gracias por el aguante de siempre y hasta pronto.

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