el blog de reseñas de Andrés Accorsi

jueves, 14 de abril de 2011

14/ 04: R.I.P. (Best of 1985-2004)


En general, cuando uno se topa con una historieta muda, o sin texto, la encara como un recreo, como una lectura light, como estuvieras toda una tarde viendo una peli atrás de otra y en el medio te meten un corto de la Pantera Rosa. A menos que te toque un recopilatorio de historias cortas del genio suizo Thomas Ott. Ahí estás en el horno.
Sin recurrir en lo más mínimo al lenguaje verbal, Ott se las ingenia para contar una tras otra un montón de historias cruentas, tremendas, desgarradoras, que dicen mucho más que miles de historietas repletas de diálogos y bloques de texto. Este libro reúne 19 historietas cortas, de entre una y 29 páginas, realizadas por Ott entre 1985 y 2004. Todas lo tienen al suizo en el doble rol de guionista y dibujante, excepto una, escrita por David B. (por si faltara algún lujo).
Por supuesto, lo primero que llama la atencíón al abrir el libro es el dibujo. Thomas Ott es un maestro inigualable en la técnica conocida como scratchboard, que consiste en generar las imágenes raspando con cutters, bisturíes o escalpelos sobre una plaqueta de cartón recubierta con tinta negra. O sea que la página de Ott, en su estado puro, es 100% negra y es la magia del autor la que hace aparecer los contornos, las texturas y esos detalles ultra-meticulosos, barrocos, que tanto le gustan a Salvador Sanz, por ejemplo. Una vez que se entiende la técnica, el trabajo terminado de Ott sorprende mucho más. El laburo que tiene cada viñeta es sencillamente estremecedor. Todas y cada una de ellas (incluso las de la historia del payaso, que está armada en una grilla de cuadros muy chiquitos) merecen ser enmarcadas y exhibidas en cualquier museo de arte contemporáneo, porque cada una es una obra maestra. Pero además, Ott las ensambla perfecto, en secuencias alucinantes que nos muestran a esos dibujazos jugando en función de un relato. El suizo no arriesga ni se hace el loco en la planificación de la página: siempre se maneja con grillas convencionales, aunque no repite siempre la misma. Pero en el interior de cada viñeta y en la interacción entre ellas, no esperes nada por debajo de la perfección.
Y bueno, si lográs digerir que todo lo que se ve en la página apareció gracias a que un demente la raspó durante horas con un bisturí, te están esperando 19 historietas de las cuales una sóla (la de México) carece por completo de un guión coherente. Las otras 18 son breves incursiones en el terreno de las pesadillas, de la mala onda, de la ficción de género clásica invadida y podrida por hongos tóxicos. Ott se juega al impacto, a la alucinación pasada de rosca, a la freakeada bizarra más allá de toda convención… pero también propone reflexionar, también intenta bajar línea. El relato más intenso, más al borde de la silla es también el más largo, The Millionairs. Pero a mí el que más me pegó, el que más me cerró y peor me dejó fue Goodbye!, el del tipo que intenta sucidarse sin éxito de varias maneras distintas. Cuando no se pierde en los laberintos del delirio, Ott toca temas jodidos: la guerra, el racismo, la paranoia, la obsesión extrema con la belleza… y además tiene la capacidad de plasmar esos temas con fuerza, pero también con una cierta ironía, con un retorcido sentido del humor que se le cuela en estas pantomimas oscuras y amenazantes.
Podría seguir hablando durante horas y horas de las maravillas que pela en este libro este genio del Noveno Arte, pero realmente me siento para el orto y quiero estar mejor para la presentación del libro, dentro de poquitas horas. Mañana espero estar menos medicado, menos baqueteado y más inspirado…

miércoles, 13 de abril de 2011

13/ 04: EL PREVIEWS DE JUNIO


Hora de repasar los lanzamientos que las editoriales yankis prometen para Junio. La experiencia dice que no siempre cumplen, pero bue… la data sirve para armar una planificación básica de los gastos.
Sale un nuevo tomo de INCOGNITO, de Ed Brubaker y Sean Phillips, y es obvio que hay que tenerlo. 144 páginas a u$17.99 no es barato, pero esta serie justifica ampliamente el esfuerzo.
DC sigue reeditando en formato nacional y popular una de sus mejores series de la década pasada, GOTHAM CENTRAL. De nuevo Brubaker, ahora acompañado por Greg Rucka y con los dibujazos de Michael Lark. El segundo tomo trae 12 episodios (288 páginas), a un precio irrisorio: u$19.99. Adentro!
Por el lado de Vertigo, hay nuevo recopilatorio (el quinto) de NORTHLANDERS, con ocho episodios (192 páginas) a sólo u$17.99. Por si faltara algo, los dibujantes que acompañan a Brian Wood son tres ídolos: Riccardo Burchielli, Fiona Staples y Becky Cloonan. No se duda ni una fracción de segundo.
Otro TP de Vertigo que pinta pulentoso es BLOODY CARNATIONS, con nada menos que nueve episodios de HELLBLAZER, la serie más emblemática de la editorial. 232 páginas por u$19.99 es un super-precio y acompañan a Peter Milligan (que hace reaparecer a Shade the Changing Man!) nada menos que Simon “la Bestia” Bisley y los italianos Giuseppe Camúncoli y Stéfano Landini. Compro.
Vamos con una rareza de Image, el primer recopilatorio de TWENTY-SEVEN, llamado First Set. Con material extra inédito, una trama que tiene que ver con el mundo del rock y las discotecas, un guionista desconocido (Charles Soule) y un dibujante que antes era rosarino y ahora es cordobés: el impresionante Renzo Podestá. Son 136 páginas en un formato más grande que el del comic-book habitual, por u$14.99. Timba algo arriesgada, pero las buenas críticas me hacen tenerle fe.
Dynamite sigue recopilando material de Vampirella de los ´90 y en este cuarto tomo, llamado VAMPIRELLA MASTERS SERIES VOL 4: VISIONARIES, reúne un montón de papongas que siempre quise leer, a pesar de que el personaje me genera menos interés que la programación del canal Magazine. Mirá los autores: Alan Moore, Gary Frank, Jeph Loeb, Tim Sale, Alan Davis, Ty Templeton, Bruce Timm, Steve Lieber, Michael Golden, Amanda Conner, Phil Hester, Kurt Busiek y Arthur Adams. Recontra-justifica apostarle u$16.99 a un tomito de 112 páginas.
Y cierro con un manga autoconclusivo, editado por el sello Signature de Viz (garantía de merca interesante), con un dibujo para caerse de ojete y una temática realista, para el lado del slice of life. Nunca leí nada de esta autora, Natsume Ono, pero LA QUINTA CAMERA me llamó la atención como para jugarle u$12.99 al tomo de 208 páginas. Veremos qué onda.
Y si me sobrara la guita, me pediría también sin pestañear estas joyitas:
THOR: GODS ON EARTH es una nueva edición del recopilatorio que trae THOR (1998) #51-58, IRON MAN (1998) #64 y AVENGERS (1998) #63, todo fundamental para entender una de las mejores sagas de Thor de todos los tiempos. Se destacan las firmas de Dan Jurgens, Geoff Johns, Mike Grell, Alan Davis y Kia Asamiya y lo tira un poco para atrás el precio: u$29.99 por 240 páginas es choreo. Ojalá aparezca más barato por otro lado.
A ZOO IN WINTER es un manga cuasi-autobiográfico del genio de los genios, Jiro Taniguchi, y pinta alucinante. Pero por el capricho de sacarlo en tapa dura, 232 páginas se van a u$23.00. Hay que esperar la edición en tapa blanda y si no, bajarse los lienzos, porque seguro vale la pena. Edita Fanfare/ Ponent Mon.
Y por supuesto en este rubro tiene que aparecer Fantagraphics, la editorial especializada en las ediciones innecesariamente finolis y –por ende- muy caras. Esta vez casi me engancho con THE ARMED GARDEN AND OTHER STORIES, un libro de historias cortas de David B., pero antes de pagar u$19.99 por un tomito de 112 páginas, prefiero prestarle plata a Muñones, mirá lo que te digo… Sáquenlo en tapa blanda a u$15 o menos y cuentan conmigo.
Como siempre, a medida que esta merca aparezca y le llegue su turno de ser leída, la comentaremos acá en el blog.

martes, 12 de abril de 2011

12/ 04: BANG BANG Vol.6


Y bueno, una de cal y otra de arena… El otro día comenté un libro de autor francés editado en inglés y hoy me toca uno de autores hispanoparlantes editado en francés. El año que viene empiezo a estudiar japonés para leer a Grant Morrison y Peter Milligan…
Este es el sexto y último tomo de Cicca Dum-Dum, una serie de Carlos Trillo y Jordi Bernet que originalmente se publicaba por entregas de cuatro páginas en una revista porno (creo que la Penthouse española). El final –andá a saber por qué- sólo se publicó en Francia y no me podía quedar con las ganas de saber cómo termina una epopeya tan importante para el Noveno Arte en general y para las carreras de estos dos genios en particular.
Nah, era una joda. Cicca Dum-Dum es malísimo, es un comic totalmente prescindible. No es peor que Clara de Noche porque a) son muchas menos páginas, b) Bernet dibuja en serio y c) es casi imposible que Trillo y Bernet hagan algo peor que Clara de Noche. Lo que tiene Cicca Dum-Dum es que es mil veces más bizarro: en un intento por parodiar las convenciones de la aventura folletinesca de principios del Siglo XX, Trillo lleva a esta zorra lasciva de peripecia imposible en peripecia imposible, por New York, México, Africa, Arabia… todo vale y la acción nunca se detiene. Si la serie tiene alguna gracia, debe ser esa, su “todo vale”, su libertad para respetar sólo dos premisas básicas, que son la ambientación (década del ´20 o ´30 del siglo pasado) y la caracterización básica de la protagonista que es –digámoslo de una vez- una puta insaciable que sólo piensa en dar y recibir placeres carnales.
La publicación en una revista porno obligaba a los autores a mostrar escenas de sexo en todas y cada una de las entregas de cuatro páginas, con lo cual incluso si el argumento fuera digno, el guión se vería entorpecido por un montón de secuencias de garche, pajas, sesiones de fotos hot, etc. que no aportan absolutamente nada al desarrollo de la historia. O sea que esta avanza, pero a los tumbos, tropezando una y mil veces con las más extremas e innecesarias escenas de alto voltaje erótico, incluso algunas en las que la ninfómana protagonista ni aparece.
Mal que mal, en este último tomo Trillo logra levantar un poquito la puntería y las últimas 20 páginas (desde que Cicca se reencuentra con Nicole hasta que abandona el palacio del sheik) tienen, además del festival del meta y ponga, un poquito más de contenido, de sustancia. Hay una intriga palaciega, un peligro que no se resuelve abriendo grande la boca (o las cachas) y la “heroína” en vez de ponerse en cuatro se tiene que poner a pensar. No digo que esté bueno, pero -en el contexto- es lo que se puede rescatar.
Lo que está muy por encima de lo rescatable (sin llegar a lo excelente) es el dibujo del maestro catalán Jordi Bernet, genio del claroscuro, narrador quintaesencial al que le sobra oficio para contar con eficacia todo tipo de historia, siempre brillante en su manejo de los planos, de la arquitectura, de los trajes, de la iluminación… El pincel mágico de Bernet ha dado obras muy superiores a Cicca Dum-Dum, pero la verdad es que a pesar del medio para el que trabajaba y del escaso vuelo de los guiones, el ídolo casi no se tira a chanta y pone casi todo lo que hay que poner para no decepcionar al fan fiel, que le compra todo lo que dibuje. Bernet siempre se lució a la hora de dibujar femme fatales y acá todo se basa en los yiros curvilíneos siempre propensos a quedarse en bolas y con algún elemento fálico en uno o más de sus orificios. Eso, sumado a la ambientación que mejor le sale (la de la época de los gangsters) le permite al maestro jugar MUY de local y dejarse llevar por el frenesí de sexo y disparate que proponen los guiones de su eterno co-equiper.
Resumiendo, esto se puede tener si sos muy fan de los dibujos de Bernet o si te gustan los comics para leer con una sóla mano. El género porno ha dado obras infinitamente peores que Cicca Dum-Dum, pero en la ilustre trayectoria de dos próceres como Trillo y Bernet, esto desentona como una mancha de semen en la corbata de un presidente de los EEUU.

lunes, 11 de abril de 2011

11/ 04: DANZA CON LOBOS


Y sí: una buena parte del mito era verdad. Por eso revivió tan fácil. Uno era muy niño en ese entonces, pero están los testimonios: artículos, catálogos y fotos en revistas como Humor, Hortensia y Skorpio en las que de chiquilín miraba de afuera cómo en aquellos años oscuros (1978-1980) los dibujantes y guionistas más grossos de Argentina comían asado, dibujaban para una multitud y la pasaban bárbaro. Para cuando cumplí los años suficientes como para asistir a esa reunión cumbre, a ese Olimpo que crecía año a año, el Encuentro Nacional del Humor y la Historieta en Lobos ya no se hacía más. Quedaba -como suele suceder- la mitología, las anécdotas (barnizadas con el correr de los años) que cuando me empecé a meter en este medio escuché una y mil veces de boca de los monstruos sagrados que efectivamente estuvieron entre el 78 y el 80 en los encuentros clásicos. Y por supuesto, me cebé más de lo que me cebaba mirando fotos en las revistas… Como los pibes de ahora que flashean cuando escuchan increíbles (casi inverosímiles) anécdotas de los Fantabaires de la segunda mitad de los ´90.
Pero 31 años después, uno de los más grandes, Horacio Altuna (lobense adoptivo), se decidió a volver a encender la llama y se lanzó la convocatoria para un Cuarto Encuentro Nacional del Humor y la Historieta en Lobos. ¿Qué mueve a un tipo hiper-consagrado a nivel mundial y que hace casi tres décadas vive en Cataluña a organizar después de 31 años un evento de historieta y humor en una ciudad chiquita de la provincia de Buenos Aires? Obviamente la pasión, el amor incondicional a una camiseta, a una ciudad en la que Altuna vivió algunos de sus años más felices y de la que no se olvidó nunca. Altuna reunió a sus viejos amigos, refundó la comisión organizadora y se puso manos a la obra para relanzar el evento. Y entre el viernes y el domingo pasados, la leyenda se hizo realidad.
Con una amplia muestra de dibujos (no originales), con varias charlas muy interesantes (excepto la presentación de 365 Comics por Año a cargo de un plomazo impresentable ;) y con un montón de actividades con fines solidarios organizadas por distintas entidades benéficas de la comunidad de Lobos, el Encuentro fue una fiesta. Mirá el elenco: Horacio Altuna, Eduardo Risso, Juan Sasturain, Cacho Mandrafina, Ariel Olivetti, Ignacio Noé, Gustavo Sala, Diego Agrimbau, Lucas Varela, Alejandra Lunik, Max Aguirre, Jorge Morhain, Eduardo Maicas, Juan Sáenz Valiente, Jorge Lucas, Angel Mosquito, José Massaroli, Federico Reggiani, Laura Vázquez, Fabián Zalazar, Fran López, Hernán Cañellas y Daniela Fiore, directora del documental Imaginadores. Explicame qué convención del país… o incluso del mundo, no sueña con tener a todas esas bestias en un mismo evento. Muchos de estos artistas dibujaron y firmaron para el público, otros dieron charlas y otros simplemente amenizaron con su onda las cenas, almuerzos, caminatas y trasnoches de bares y fondas.
¿Por qué el saldo no fue aún más positivo? Porque en las gacetillas, en la folletería e incluso en la programación oficial del evento estaban anunciados un montón de autores más, que jamás aparecieron. Algunos llamaron para excusarse, otros tuvieron problemas personales y urgentes, y otros… cri-cri, cri-cri. Lo cierto es que parte del público se acercó esperando conocer a autores de la talla de Solano López, Caloi, Quique Alcatena, Crist, Liniers, Tute, Guillermo Saccomanno, Tabaré, Juan Bobillo, Sendra, Diego Parés, Marcelo Birmajer, Lucas Nine y hasta el catastrófico Nik, y se quedaron con las ganas porque ninguno de ellos se hizo presente. ¿Por qué no vinieron? Las respuestas son miles. ¿Por qué se anunció a gente que no vino? También es complicado de responder. Lo cierto es que, aún con estas notables ausencias, el evento estuvo alucinante. ¿Qué habría pasado si hubiesen venido todos? Ni idea, ni siquiera sé si estaría vivo para contarlo, porque habría sido too much. Para el año que viene, sin duda la onda va a ser menos invitados, pero mayor compromiso de cada uno, y más actividades para que todos tengan su spotlight y el público local (cálido y copado como el que más) le pueda sacar más jugo a cada uno.
Y bueno, la historieta argentina, que hace 10 años era un fiambre, no se reconstruyó de un día para el otro. La mística de Lobos empezó hoy su revival y nadie sabe hasta dónde llegará. Muchos de los íconos de las ediciones anteriores ya no están (los asistentes más veteranos narraban historias en las que aparecían el Viejo Breccia, el Negro Fontanarrosa, Andrés Cascioli, Lucho Olivera, Alberto Cognini y un montón de próceres más que fallecieron en los últimos 30 años) pero Altuna es un tipo despierto, rápido, que supo desde el vamos conectarse con una nueva generación, con los autores que hace 30 años eran tan niños que no podían ser ni siquiera testigos, y hoy son protagonistas absolutos. El año que viene, sin ninguna duda, tendremos más Lobos.

domingo, 10 de abril de 2011

10/ 04: HEROES ANONIMOS


A veces, el combo infalible falla: el sensei Hiroshi Hirata, la temática de samurais, shoguns y demás íconos del Japón medieval, una antología de historias cortas…. Casi cualquier cosa que reúna estos tres elementos capta de inmediato mi atención y mis pesitos. Pero, ¿está bueno?
Ni. Las diez historietas cortas que componen este tomo (que dicho sea de paso, se llama igual que el mejor tema de Metrópoli, gran banda ochentosa argentina injustamente olvidada) están dibujadas como la reputísima madre que lo parió. Cuesta creer que esto haya sido dibujado por un ser humano de tan podidamente perfecto que está todo: las caras, los cuerpos, los trajes, las armas, los edificios, los animales… y encima todo entreverado en magníficas secuencias, vibrantes, impactantes, emotivas…. Sin hablar de las nueve o diez paginitas a color, donde Hirata se revela como un genio no sólo del dibujo y la narrativa, sino también de la ilustración.
Olvidate de los típicos mangakas. Hirata llegó a principios de los ´90 (que es cuando realizó estas historietas) con una identidad gráfica totalmente alejada de lo que suele verse en el comic japonés. Por ahí algunas cosas de Hirata se ven en Takehiko Inoue, quien obviamente venera a este sensei de senseis, pero el grafismo tiene mucho más que ver con autores europeos, como Milo Manara, Sergio Toppi, o incluso Francois Boucq. Es increíble cómo Hirata maneja las tramas mecánicas, cómo banca la tensión y el interés a lo largo de largas secuencias de diálogo y cómo se zarpa cuando le toca dibujar acción y violencia. Posta, esto es magia. Y es parte de lo que hizo posible aquel alucinante estilo de Frank Miller que vimos hace mil años en Ronin.
El problema es que, de las diez historias, la mayoría no tiene buenos guiones. Basadas en historias reales, Hirata se calentó por investigar, desempolvar documentación oculta durante siglos y por estudiar a fondo la época y las vidas de cada uno de estos héroes del Japón feudal. Pero hizo una de más: como él se mató para encontrar bocha de data, te llena las historietas con… bocha de data. Y está todo bien, pero es demasiado. Para disfrutar de una historieta de 25 ó 30 páginas no necesitás TANTA información. Hirata te cuenta todo: quién es el tipo, a qué clan pertenece, cómo era la relación de este clan con el shogun Tal, o con el emperador Cual, cuánto cobraba cada funcionario/ guerrero/ mercenario, sus técnicas de combate, el nombre completo de sus padres, cuándo obtuvo el derecho a portar apellido y qué nombre adoptó en ese momento, a qué edad murió, quién lo sucedió en su cargo... y llega un punto en que decís “basta, chabón, andá al grano, no me quemes la cabeza con datos que no son esenciales para entender la trama”. Si me dijeras que es una única historia de 300 páginas, y bueno, ahí viene bien la info completa, que nos ayude a situarnos en el lugar, las costumbres, la estructura política y demás. Pero para una historieta de 25 páginas no me podés bombardear con más datos históricos que From Hell.
En paralelo a este, avanza otro obstáculo bajonero, que es el protocolo. En casi todas las historias, se enfatiza el procedimiento protocolar, burocrático, por el cual cada tipo que quiere algo manda a su enviado a parlamentar con el señor feudal/ príncipe/ shogun de turno, que a su vez lo recibe, le responde, le hace contra-ofertas, y bla-bla-bla… Páginas y páginas de tipos hablando hasta que finalmente uno decide no ceder y el otro, si su honor está en juego, planifica una reacción, que puede ser armar un lindo kilombo, o directamente cometer seppuku. Por cualquier boludez, por la más mínima discusión, los tipos hablan horas y horas del respeto a la jerarquía, la obediencia, el honor, y todas las minucias habidas y por haber en la relación entre señores y vasallos.
Las mejores historietas son, claramente, esas en las que el protocolo menos importa. Básicamente la segunda (La Medicina Milagrosa) y la décima (La Excéntrica Riu), especialmente esta última. El Perro Rabioso también tiene un argumento devastador, complejo y bien pensado, pero el guión lo tira un poquito para atrás, porque se enreda al pedo en extensos diálogos que sacan a relucir –cómo no- el protocolo militar. El tomo cierra con una undécima historia, que no es otra cosa que una primera versión de La Medicina Milagrosa, realizada 30 años antes, en 1961. Y obviamente sirve para ver cómo progresó en esas décadas el dibujo de Hirata, que ya hace 50 años era muy, muy notable.
Si sos MUY fan de la historieta histórica japonesa, por ahí tanta data y tanto chamuyo protocolar te emocionan más de lo que te aburren. En ese caso, tirate de cabeza sobre este libro y preparate para flashear, mal. Pero si querés aventuras en estado puro, con machaca condimentada con otros elementos menos obvios (sean políticos, sociales, románticos, o lo que sea) te vas a encontrar perdido en un laberinto de nombres, fechas, datos, anécdotas, cifras y demás frutos de la exhaustiva investigación del autor que, por su desmedida cantidad, en vez de ayudar, obstaculizan el desarrollo de las historias. De todos modos, el dibujo de Hirata me cagó tanto a trompadas, que seguro voy a leer más obras suyas.

sábado, 9 de abril de 2011

09/ 04: NIGHTHAWK


Ufff… piña al estómago con muchísimo envión. Esto te deja mal, de verdad. ¿De qué estamos hablando? De un spin-off muy jodido de Supreme Power, la maravillosa reformulación del Squadron Supreme pensada por J.M. Straczynski para la línea MAX de Marvel. El Batman de ese comic (que está lleno de resonancias con el Universo DC, pero con el tono realista y sombrío de Watchmen) pronto obtuvo la chapa suficiente para tener su propia miniserie, y acá está: esto es un verdadero Batman para adultos, un Batman sin chamuyo, sin boludeces y sin un milímetro de piedad.
El guionista elegido (supongo que por Straczynski) fue Daniel Way, un tipo de trayectoria (hasta acá) bastante escasa, pero que a partir de este trabajo fue convocado para un montón de proyectos más, de perfil mucho más alto. Lo de Way es grim & gritty clásico, pero condimentado con una generosa dosis de puteadas. El uso de la palabra “fuck” y sus derivados no llega a ser festivo, no llega a constituirse (como en tantos comics de Garth Ennis) como un chiste en sí mismo, pero sin duda es uno de los elementos que le dan su sabor tan particular a Nighthawk. La onda del guión es que acá pase todo lo que no puede pasar en un comic de Batman: el enmascarado tortura y mata, y aún así es un pan de dios comparado con lo que hace el villano, que –mirá vos qué casualidad- adopta un simpático disfraz de payaso.
A esto sumémosle que este Batman es negro (y le tiene una bronca feroz pero justificada a los blancos) y ya está, estamos listos para sumergirnos en el océano de sangre que Way teje a lo largo de seis intensos episodios (que también podrían haber sido cuatro). Whiteface (apodo que la cana y los medios le dan al payaso asesino) llega a extremos que el Joker no se atrevería siquiera a soñar. Y el caos que genera en Chicago se va de control de un modo mucho más heavy (y más real) que lo que suele suceder en Gotham cada vez que algún desquiciado/ disfrazado sale a matar gente. El resto, transita por los carriles de la típica historieta de Batman: un criminal, una serie de muertes, una investigación, pistas que chocan contra una red de corrupción con banca que viene muy de arriba, un héroe al margen de la ley que se atreve a romper esa red, una verdad que llega por medio de la violencia y la intimidación, y las piezas que faltan para armar el rompecabezas y acorralar al asesino antes de que haga más daño.
Pero repito: dentro de ese esquema clásico, Way impacta con la crudeza de las torturas, las escenas de los drogadictos metiéndose de todo, el suicidio de… alguien, la muerte de… alguien a manos del villano, esa escena tremenda de la madre muerta y el bebito flotando en un inodoro lleno de sangre, el gore escabroso de la pelea final entre el justiciero nocturno y el payaso criminal, todas cosas que en un comic de Batman no veríamos jamás y que acá, además de estremecernos y de decir “Pará, hijo de puta! No podés!”, sirven para hacer avanzar la trama hacia su lógico desenlace.
Para dibujar esta historia tan llena de excesos y descontrol, el elegido fue un dibujante que representa todo lo contrario, un tipo que es sinónimo de mesura y control: el británico Steve Dillon, vilipendiado por algunos colegas (“el Viejo Breccia lo mandaría a estudiar composición de viñetas”, dice Horacio Altuna con quien almorcé hace un rato, mientras Cacho Mandrafina acotaba “esto es malísimo”), pero bancado a muerte por los editores, la mayoría de los guionistas que laburan para EEUU y una gran masa del pueblo comiquero. Yo no lo banco “a muerte”, pero me gusta, me acostumbré a su estilo sobrio, me hice amigo de la línea de Dillon, de esos personajes apenitas cabezones, esos tipos recios a los que casi siempre les falta algún diente, esas minas que parecen sufrir mucho más de lo que gozan… No sé, son muchos años de leer a Dillon y el hombre es un bicho de costumbres. Pero a mí me gusta, sobre todo cuando no dibuja superhéroes, porque su estilo tiende al estatismo, no al dinamismo que uno asocia a la machaca entre chabones superpoderosos. Acá lo pusieron en un comic que supuestamente es de superhéroes, pero la verdad es que no desentona casi nada, porque hay pocas escenas donde vemos a Nighthawk haciendo de superhéroe, y porque su estilo parco y creíble contribuye mucho a la ambientación de la historia, al tono realista y peligroso que Way eligió para la obra. Como siempre, la narrativa de Dillon es diáfana, su laburo en los fondos encomiable y además conserva intacto su principal talento (por el cual creo yo que lo aman los editores), que es el de hacer llevaderas las extensas secuencias de cabecitas que hablan, que son un clásico en los comics de Ennis y que acá también abundan bastante.
Si te da el estómago para meterte en la piel (y en la psiquis) de un justiciero urbano pesutti de verdad, al que no le calienta maltratar un poco más de la cuenta a los villanos, esto te va a encantar. Hay que bancar altas dosis de violencia, sangre y momentos realmente desgarradores, pero la verdad es que garpa muchísimo. Y además, aunque sea una vez en la vida, leer un Batman realista no viene nada mal.

viernes, 8 de abril de 2011

08/ 04: ORDINARY VICTORIES Vol.2


Retomamos la bizarra tradición de leer comic francés en edición yanqui, una verdadera grasada, pero bue… Lo importante es que el tomo con dos álbumes franceses vale sólo 16 dólares, guita con la que acá no te comprás ni un tomo de la edición española.
En realidad lo importante es la historieta. En este caso, los dos tomos finales de Le Combat Ordinaire (Los Combates Cotidianos, en castellano), una obra absolutamente brillante del siempre atractivo Manu Larcenet. Si la primera mitad parecía interesante, distinta, con onda, con un buen balance entre comedia costumbrista, denuncia social y drama humano, en la segunda parte todo eso se potencia hacia el infinito y más allá. Se achica el espacio para la comedia (porque la primera mitad cierra con algo demasiado heavy), pero el costumbrismo se mantiene, rico y filoso, mientras la trama social avanza y retrocede, como las olas del mar. Por momentos, todo pasa por el conflicto que amenaza con terminar para siempre con el viejo astillero donde trabajó toda su vida el padre de Marco. Y son los mejores momentos del libro, o por lo menos los menos asfixiantes, porque la tensión más jodida pasa por un conflicto externo y no por algo interno, de la psicología de los personajes. Larcenet también saca un jugo alucinante de la situación política de Francia: de hecho el último álbum termina en la noche en que Nicolás Sarkozy gana las elecciones. La comedia costumbrista, por su lado, cambia de registro: de la onda Peter Bagge de sexo, droga y rockanrol de los primeros tomos, pasamos a la onda “familia cute”, y nos divertimos (en una de esas, hasta nos conmovemos) con la relación entre Marco y su hijita Maude, esa que él se negaba a “encargar” y que termina por cambiarle totalmente la vida.
De todos modos, la estrella de la segunda mitad es el drama, o por lo menos la reflexión, la introspección más profunda y menos fiestera. Claramente, Larcenet madura entre tomo y tomo y esa evolución del autor se ve también en el personaje central y en el tono de la obra. Es más, no tengo idea de si esto es así o no, pero me juego un huevo y medio a que el padre de Larcenet falleció mientras él trabajaba en Le Combat Ordinaire. El drama de la muerte del padre, los recuerdos, la actitud de la madre frente a la pérdida de su compañero, los secretos del pasado que Marco se esfuerza por desempolvar, su propio dolor, el de su hermano… todo suma para que el color plomizo, crepuscular, nostalgioso, se apodere de una historieta en cuya primera mitad se respiraba un añorado clima de joda, de libertad en el sentido de la irresponsabilidad más sana.
Lo peor que está buenísimo. Uno, que le escapa a las historias dramáticas como al virus de ébola o los programas de Chiche Gelblung, acá no tiene más opciones que rendirse, que dejarse emocionar y conmover por la historia de Marco, su familia y el astillero en el que nunca laburó, simplemente por lo bien contada que está, por la magia que hace Larcenet para que esto sea atractivo, para que quieras saber qué pasa con las vidas de esta gente común y corriente, para que las frases y los silencios te lleguen al corazón.
Por supuesto, buena parte de esa magia Larcenet la hace con el dibujo, que es glorioso. Ya despegado de Lewis Trondheim y Joann Sfar (las influencias más claras de su primera etapa), Larcenet logra una extraña síntesis entre ambos, a la que le suma mucho de su propia cosecha. Por ejemplo las narices, esas que después vemos en otros autores como Fede Pazos o Pablo Túnica. Sin romper casi nunca la grilla de cuatro tiras, Larcenet logra un increíble control del tempo narrativo, con énfasis en los silencios, en las escenas más tranquilas, aunque cuando quiere descontrolar, lo logra con creces. En casi todas las secuencias, los colores subrayan la onda melancólica y bajonera del guión, y cuando aparecen las secuencias repletas de colores vivos, el dibujo parece querer hacerle respiración artificial a la trama, para que no decaiga, para que no renuncie a esa vitalidad que al dibujo de Larcenet le sobra, pero que a varios de los protagonistas les falta.
Le Combat Ordinaire es mucho, pero mucho más que una historia realista de gente común. Es una historia de sueños cumplidos y sueños destrozados, de lealtades honradas y traicionadas, de amor a la pareja, a los viejos, a los hijos, a los amigos, a las raíces… y a la vez todo eso en algún momento se cuestiona, se pone en crisis. Según con qué personaje te identifiques, es todo maravilloso, es todo una mierda, o es todo chamuyo y nada vale nada ni tiene ningún sentido. Por suerte, Larcenet no le da la razón inapelable a ninguno de los protagonistas. De hecho, se esfuerza por dejar bien claro que ninguno tiene la posta, todos tratan de zafar lo mejor que pueden de las realidades chotas a las que les toca enfrentar. Y eso es lo que le permite al autor evitar el peor de los pecados: bajar línea, enseñarle al lector cómo tiene que pararse frente a estos temas fundamentales de la vida de todos. Esto es, ante todo, una historieta, una obra de ficción, no una lección de vida. Y por ahí pasa buena parte de su enorme encanto.
Ganes o pierdas, no dejes de pelear en este fascinante combate propuesto por un maestro absoluto, que alcanzó una calidad y un grado de madurez artística realmente asombroso.

jueves, 7 de abril de 2011

07/ 04: TRES PRESENTACIONES DEL LIBRO


Y en muy poquitos días!
Arrancamos el sábado 9, a las 17:30, en el Club Social de Lobos. Como parte del Encuentro Nacional del Humor y la Historieta, habrá una charla acerca del libro y el blog, en la que me acompañarán Quique Alcatena (autor del prólogo) y Lucas Varela (autor de la portada). Veremos qué sucede. El evento dura tres días (de viernes a domingo) y por supuesto me quedo de punta a punta, así que se vienen varios posts desde la ciudad que vio nacer al General Perón, con reseña del evento (que pinta muuuuuy grosso) incluída.
El jueves 14 tenemos la primera presentación posta en Capital Federal. Esto va a ser en el Espacio Moebius, Bulnes 658 (entre Av. Corrientes y Valentín Gómez), a partir de las 19:00 hs. También habrá una charla abierta al público, bebidas gratis y la posibilidad de comprar el libro por debajo de su precio oficial.
El sábado 16 de Abril vuelvo a la ruta para desembarcar (o desembondizar) en Córdoba, hogar de la editorial Llanto de Mudo, que es la que publica el libro. ¿El motivo? Se celebra El Día del Chancho, que no es otra cosa que un evento de un sólo día en el que se presentarán varios títulos de la editorial Llanto de Mudo, o sea que compartiremos mesa con Gustavo Sala, Luciano Saracino, Brian Jánchez, Diego Cortés, Nico Sánchez Brondo, Fernando “el León” González, Juan Ferreyra y muchos más. Esto arranca a las 16:30 en el Centro Cultural España Córdoba, que queda en Entre Ríos 40, obviamente en la ciudad de Córdoba.
Pero atenti, que antes que se termine Abril, el Día del Chancho se celebra también en Buenos Aires… y está la Feria del Libro, no? Así que pronto se viene una actualización del listado de presentaciones, con estas dos y algunas más que se van sumando. En Agosto, por ejemplo, parece que habrá 365 Comics en La Paz, Bolivia. Y en Julio, algo en la Feria del Libro Infantil y Juvenil… o en el Encuentro Latinoamericano de Diseño de la Universidad de Palermo… o en los dos eventos, andá a saber. En Junio se hace Crack Bang Boom, no? Ahí también estaremos. ¿Montevideo Comics, en Mayo? Esa todavía está medio verde. No la descarto, pero tampoco la confirmo. Y para Septiembre (con el Vol.2 fresquito) ya estamos programando presentaciones en Mendoza, Santiago del Estero y (otra vez) Córdoba y Buenos Aires.
Nada, agendate las fechas de la que te quede más cerca y venite a pasar un rato bien comiquero. El blog no se suspende por nada. Esté donde esté (ya lo hice desde Perú hace un par de semanas y el año pasado desde 6 ciudades argentinas), todos los días va a haber algo nuevo para leer. El libro tampoco se detiene: cada día está en más puntos de venta y cada vez son más los seguidores del blog (o no) que se lo llevan a su biblioteca. Por supuesto, desde acá te mantengo al tanto de todas las novedades.

miércoles, 6 de abril de 2011

06/ 04: ALIAS ULTIMATE COLLECTION Vol.2


De todo lo que escribió Brian Michael Bendis para Marvel, esto es lo que a mí más me gusta. Y son, en total, apenas 28 números, contra los pilones y pilones que escribió para Avengers, Ultimate Spider-Man, Daredevil y demás. Acá es donde yo lo veo más suelto, más cómodo, más a gusto, más cerca de su identidad como autor, más fiel a todo lo que hizo (y dijo) en su época de creador indie en la editorial Caliber, que lo vio nacer y lo dejó dibujar (cosa que por suerte no hizo ni en Marvel ni en Image).
¿Te acordás de las maravillas que hablé hace poquito de la Manhunter de Marc Andreyko? Bueno, todo eso se aplica a Alias. De alguna manera, Manhunter es una continuación de Alias, o por lo menos es una segunda aplicación de la misma fórmula. Andreyko fue durante muchos años asistente de Bendis y bueno, cuando le tocó dirigir a él, paró al equipo como lo paraba su jefe. De todos modos, y arrancando de más atrás, Alias llegó mucho más alto que Manhunter. En parte porque (nuevo milagro de Bill Jemas) fue uno de los comics que motivaron la creación del sello MAX, donde los autores pudieron hacer uso y abuso de libertades con las que Andreyko no podía ni soñar en DC. Y en parte porque –como ya lo había hecho en Powers- Bendis encontró la forma de aprovechar la gigantesca mitología superheroica de Marvel sin hacer un comic de superhéroes.
Alias es el comic de Jessica Jones, una ex-superheroína cuya carrera duró poco y se terminó en circunstancias muy heavies, y que ahora sobrevive como investigadora privada. Jessica fuma, se lleva muchachos a la cama y profiere unas guarangadas que ruborizarían al mismísimo Spider Jerusalem. No se viste a la moda, no se maquilla y no se come el código de los superhéroes de jugar siempre limpio. Si te tiene que cagar, te caga. Con el correr de las páginas, Jessica se vuelve un personaje tan complejo, tan bien armado y tan querible, que cuesta creer que uno leyó apenas 28 episodios.
Los 12 últimos están en este tomo, entre ellos los 6 finales, que son inconseguibles tanto en revistitas como en el Vol.4 de la primera colección de TPBs. En esa última saga nos enteramos cómo obtuvo Jessica sus poderes, por qué en un punto dejó el antifaz y el spandex, y quién es el padre del hijo que está esperando. Y el otro arco que ofrece este hiper-TPB es el de Mattie Franklin, la hija adoptiva de J. Jonah Jameson, quien alguna vez fuera Spider-Woman. Las dos historias son un claro ejemplo de cómo en un universo superpoblado de superhéroes y supervillanos también se pueden contar historias humanas, profundas, jugadas, y sí, adultas. Vos sabés que cualquier tipo que logra hacer comic de autor dentro de un universo compartido enseguida se gana mi ovación y bueno, Bendis hizo trampa porque Alias se publicaba por afuera del mainstream, pero sin dudas lo logró. Están Matt Murdock, Luke Cage, los Avengers, la primera Spider-Woman, varios villanos conocidos, pero esto (como en Astro City) no es lo importante. Lo importante es lo que le pasa a Jessica en la calle, en la cama, en la vida. Y encima está todo contado a un ritmo pachorro y repleto de diálogos alucinantes, 100% creíbles, que es como a Bendis le gusta contar.
Por si faltara algo, tenemos a un dibujante copado, Michael Gaydos, otro pibe de la cantera de Caliber, pero que se revela como un buen seguidor de la línea de Micahel Lark y Sean Phillips, con algún toquecito de Dave McKean. Gaydos mete mucha foto retocada (sobre todo en los fondos, para no dibujar a una New York que es casi tan protagonista como Jessica) y aprovecha el ritmo lento y la puesta en escena casi teatral de los guiones de Bendis para repetir muchas veces las mismas viñetas, como una forma de subrayar el hecho de que –a lo largo de páginas y páginas- no vemos más que gente hablando. El grafismo es muy realista, pero con mucha expresividad y las secuencias son tensas, ajustadas, casi claustrofóbicas, y largas, como en los films de Quentin Tarantino.
Alias es, sin dudas, uno de los mejores comics que publicó Marvel en lo que va del milenio. Por suerte, ya no necesitás contratar a una investigadora privada para descubrirlo.

martes, 5 de abril de 2011

05/ 04: ORDINARIO


Esto no es exactamente historieta, sino un recopilatorio de chistes de una sóla viñeta, sin secuencia. Podría haberlo obviado tranquilamente, pero venimos hablando tanto de Gustavo Sala y del impacto que generó este libro que da para agregar un par de boludeces más a la obvia recomendación para que todos lo compren.
Lo primero es que acá Sala muestra el dominio absoluto sobre distintos tipos de humor. Hay varios chistes que siguen la fórmula de muchas de las tiras y las historietas de Sala, tipo el del pelado barbudo con el pito en forma de conejo. Pero hay por lo menos dos fórmulas más, no tan utilizadas en las otras obras de Gustavo y aún así muy logradas. Una tiene que ver con los juegos boludos de palabras: los aliens que entran a una panadería y dicen venir en misión de pan, la confusión del Yeti con el jet-ski, el plato violador, y así un montón muy graciosos. Y la otra, la que a mí más me impactó es la que tiene que ver con la incorrección política: los chistes de nazis, de curas que se garchan pendejitos y del restaurant xenófobo donde podés pedir “un boliviano de mierda con puré”. En las otras historietas de Sala este tipo de humor casi no aparece y supongo que esto se debe al carácter “progre” de Fierro y Página/12 y el carácter “careta”de la Rolling Stone. Pero la verdad es que por el lado de la incorrección política el marplatense encontró un terreno tan fértil y fecundo como el de los chistes de culo, pija y concha.
Que por supuesto aparecen en Ordinario muchas, pero muchas veces, para deleite de la hinchada. O una cierta parte de la hinchada, porque acá los chistes de temática sexual llegan a un nivel tan, pero tan degenerado y extremo, que entiendo al que me diga “esto no es para mí”. Gustavo también lo entiende y se caga de risa. Sabe que el que hojeó el libro y se escandalizó con las eyaculaciones y las penetraciones de cualquier cosa a cualquier otra cosa, en la intimidad lo lee y se suma al coro de carcajadas que estallan invariablemente en las proximidades de este libro.
Posta, hacé el esfuerzo de leer esto sin reirte. No se puede. Ni aunque lo leas por cuarta o quinta vez, sabiendo ya cuál es la gracia de cada chiste. Por encima de esa gracia sobrevuela una gracia mayor, que no se pierde al conocer los remates, que tiene que ver un poco con el estilo de dibujo de Sala, un poco con la acumulación de guarangadas, gansadas y atrocidades que se suman página a página y un poco con la propuesta en general, con la onda “todo vale para cagarnos de risa”. Porque no va a faltar el que diga que este es el trabajo menos jugado de Sala, porque no cuenta historias, no desarrolla personajes, casi no dibuja fondos y bla-bla-bla. Pero… se te tienen que ocurrir todos esos chistes! Y muchos son chistes pavos (que no es lo mismo que obvios) y muchos son re-jodidos, basados en temas con los que ningún otro humorista conocido se atreve a tocar con la frontalidad con la que arremete Gustavo.
A todo eso sumémosle lo lindo que se ve el dibujo de Sala en blanco y negro, lo gracioso del prólogo y lo desopilante de los agradecimientos del final y nos queda un libro totalmente imprescindible para los fans del humor gráfico del Siglo XXI. Un siglo en el que algunos artistas (pienso primero que nadie en el alucinante Tute) nos enseñaron que el humor puede ser reflexivo, sensible y hasta poético. Y en el que un monstruo como Gustavo Sala llegó a lo más alto a fuerza de un humor 100% ordinario.

lunes, 4 de abril de 2011

04/ 04: AMAZING SPIDER-MAN ULTIMATE COLLECTION Vol.2


Hoy me tocó otro viaje infinito y por suerte lo aproveché para bajarme (entre ida y vuelta) este hiper-TPB con los números 46 al 58 y 500 al 502 de Amazing, que son los que antes se habían recopilado en los TPBs 4 al 6. Ahora me falta leer un sólo tomito más (el 7) y ya termino la excelente etapa de J.M. Straczynski y John Romita Jr. en Spider-Man, con la resolución del plot de Ezekiel, que viene casi desde el principio.
Qué buen invento esto del hiper-TPB. Con la narrativa descomprimida que usan los guionistas actuales, en 16 comic-books pasan las suficientes cosas como para dejarte satisfecho, sin saturar ni aburrirte. Hay lugar para varios arquitos argumentales, para varios episodios autoconclusivos, para ver el desarrollo sutil de algún sub-plot que avanza por las márgenes de las historias centrales… muy rico todo.
En esta etapa de Amazing, Straczynski reparte con muy buen tino la chapa y el protagonismo entre Spider-Man y Peter Parker. Peter ahora es profesor en el secundario, o sea que no aparecen ni el ídolo J.J. Jameson ni el resto de los personajes del diario Bugle. Pero están la Tía May, Mary Jane y algunos alumnos, que también
aportan su dosis de conflictos y de onda. Mucho de lo que le pasa a Peter gira en torno a su relación con Mary Jane, pero aún así el personaje secundario con más peso es Ezekiel, tal vez porque interactúa indistintamente con Peter o con Spidey. Como en casi todos los comics de Straczynski, la machaca está, pero sin demasiado énfasis, siempre en dosis mesuradas. Lo que sobra (y se agradece a full) son los diálogos ingeniosos, los chistes, los retruques. Hay páginas repletas de globos de diálogo, pero cada uno es un verdadero deleite.
Lo más raro de estos 16 números es que los villanos clásicos no aparecen ni a saludar. No te dejes engañar por la portada del libro. Apenas los vemos desfilar en una alucinación astral que tiene Spidey, inducida por el Dr. Strange. Y no porque sea importante, sino porque era el n°500 y daba para que figuraran todos, aunque sea un segundo. Lo cierto es que en estos 16 episodios el arácnido se las ve con los enemigos del Doc Strange, con el Dr.Doom (que no juega exactamente el rol de antagonista), con varios matoncitos sin chapa y con tres villanos nuevos, de los cuales uno sólo, Shathra, tiene algo de onda. Los otros dos, si son barridos abajo de la alfombra por los efectos de la abominable One More Day, me hacen un favor.
Pero los grandes son así, y sin los villanos de siempre y sin los secundarios del Bugle, Straczynski se las ingenia para armar muy buenas historias, dinámicas y novedosas, y sobre todo para que en muchos momentos esto parezca comic de autor. En los resquicios que deja la acción, e incluso durante la acción, Straczynski mete miles de secuencias que ningún otro autor había imaginado antes y que cierran por todos lados.
Todo esto, plasmado gráficamente por uno de los dibujantes que mejor entiende a Spider-Man (de hecho, lo considera su hermano) y que mejor dibuja a la New York del Universo Marvel. Me refiero obviamente a John Romita Jr., el prócer hijo de prócer que estaba en la serie antes de que llegara Straczynski y que será imposible de reemplazar una vez que se vaya. Con buenos coloristas, con las buenas tintas de Scott Hanna, con la solvencia narrativa de siempre, con su hábil equilibrio entre grandilocuencia pochoclera y cotidianeidad de entrecasa, con su increíble manejo de las imposibles poses de Spidey que ningún otro héroe puede reproducir, Romita Jr. no falta a ninguna de las 16 citas y se brinda por completo para que esto que está tan bien escrito, además se vea muy bien.
A los que durante los ´90 puteábamos a Spider-Man y decíamos que era un personaje acabado, Straczynski, Romita Jr. y Paul Jenkins (guionista de la otra serie regular del arácnido) nos cerraron el orto mal, con varios años de gran nivel en los que la lectura de los títulos de Spidey se hizo imprescindible para los fans del buen comic de superhéroes. Otro milagro de la era de Bill Jemas y Joe Quesada al frente de Marvel, y van…

domingo, 3 de abril de 2011

03/ 04: SPEAK OF THE DEVIL


Si nunca la leíste, buscá ya la reseña de The Troublemakers que publiqué en el blog el 15 de Septiembre de 2010 y leela.
¿Ya está? Bueno, Speak of the Devil es el trabajo de Beto Hernández que apareció justo antes de The Troublemakers, no en Fantagraphics, sino en Dark Horse, con dos consecuencias importantes: 1) en vez de salir directamente como novela gráfica, se serializó primero en seis comic-books. 2) el voltaje sexual de la obra está des-enfatizado. O sea, los garches están, pero no se ve nada demasiado gráfico. Lo cual es medio choto, porque los personajes están muy concientes de su sexualidad, hablan mucho del tema, y cuando la temperatura sube y todo lo que se habla se concreta en los hechos, las imágenes se limitan a sugerir. El cuidado de Beto por no explicitar el contenido “adulto” del material llega incluso al lenguaje: en ningún momento nadie dice la palabra “fuck”, que sí aparece a menudo en los trabajos de Beto para Fantagraphics y Vertigo.
¿A qué viene la referencia obligada a The Troublemakers? A que Speak of the Devil también se trata de una de las películas que filmó Fritz Herrera (una de las protagonistas de la extensa saga de Luba, obra maestra del autor) en su carrera como actriz de cine berreta (un enfermo –en realidad, un capo absoluto- las contó y encontró en los comics de Beto referencias a 22 películas en las que actúa Fritz). Hernández recupera acá el recurso (creado en Chance in Hell, que nunca leí) de contar una historia totalmente autoconclusiva y para nada vinculada a la saga de Luba, pero con el gancho para el lector “de siempre” que significa tener a Fritz en el elenco. Como en las otras “películas” de Beto, Fritz no hace de Fritz y ni siquiera es zezeoza. Acá la tetona hija de Luba aparece en la piel de Linda, la joven y sexy madrastra de Valentina Castillo, que es la verdadera protagonista de la historia.
Y la historia es, sin duda, una de las más logradas en la carrera post-Love & Rockets de Hernández, con una diferencia fundamental respecto de todas las demás: acá no hay ambigüedad que valga. No quedan dudas respecto de nada, no hay saltos davidlyncheanos en la realidad, no hay elementos sobrenaturales, no hay que leerla más de una vez para deducir qué carajo pasa. Speak of the Devil va para adelante, te mete en la historia desde el vamos y te lleva a vibrar en una montaña rusa de emociones y sacudones terriblemente violentos, hasta llegar a un final impredecible, fuerte, y también muy coherente. Acá, en vez de esforzarte por entender qué pasa o por qué, te esforzás por especular con qué va a pasar, cómo se va a resolver esta trama que empieza chiquita, tranqui, como una travesura suburbana, y termina en un macabro festival de asesinatos, secretos, traiciones y sangre, muchísima sangre.
Posta, Speak of the Devil es un comic sumamente perturbador. Hay que tener el cerebro muy podrido para que se te ocurra un guión como este. Y hay que tener un talento inigualable para plasmarlo en el papel como lo hace Hernández. Con su habitual cancha para la narrativa, el hermano de Jaime nos agarra de las narices en las primeras viñetas y no nos suelta hasta el final. Las transiciones entre secuencias están perfectas, los cambios de ritmo, la elección de los ángulos para cada toma (pensados para maximizar el impacto de lo que se nos está mostrando), las secuencias mudas, los cuadros en los que no pasa nada y nos colgamos con imágenes de la luna, las nubes o la sangre… No hay películas así de bien contadas, me parece. Entre la violencia propia de la trama y el detalle no menor de que dos de las protagonistas son gimnastas, acá Beto dibuja mucha más acción, muchos más cuerpos en movimiento que en sus otros trabajos, en los que suele predominar el diálogo y el ritmo más pachorro. Y la verdad es que en ese rubro también descolla: Las acrobacias de Val y Patty están logradísimas y la patada en la cabeza que le encaja Val a… alguien en la página 115 todavía resuena en mi mente.
Esta vez, Hernández se despachó con una novela gráfica difícil, no por la excesiva complejidad o por la proliferación de detalles medio crípticos, sino por lo jodido, lo sórdido y lo escabroso que le toca presenciar (y hacer) a los personajes. Si te la bancás, no lo dudes: Speak of the Devil es un comic malignamente genial.

sábado, 2 de abril de 2011

02/ 04: LOS MAS VENDIDOS DE MARZO


Se terminó Marzo, pero sigue el reinado de Gustavo Sala en el ranking de los más vendidos a través de Districomix. Cuatro de los diez títulos que más se vendieron en Marzo llevan su firma! Ordinario (seguro lo reseñaremos esta semana) salió en Enero y desde entonces lidera la lista muy, pero muy holgadamente. Veamos quiénes lo siguen:
1) Ordinario (Llanto de Mudo)
2) De Amor, de Locura y de Muerte (Pictus)
3) Bife Angosto Vol.2 (De la Flor)
4) 365 Comics por Año Vol.1 (Llanto de Mudo)
5) Cabo Savino (La Duendes)
6) Etnica Vol.1 (Etnica Studios)
7) Bife Angosto Vol.1 (De la Flor)
8) 300 (Gárgola)
9) Macanudo Vol.8 (Común)
10) Amasala (+info)

Ey! ¿Viste quién está en el cuarto puesto? Y eso que se empezó a distribuir hace apenas una semana! Bien ahí por las comiquerías que apuestan por el libro del blog. Ya vendrá el listado completo de todos los puntos de venta donde está disponible.
Pero volvamos a Sala. El segundo Bife Angosto salió en Diciembre y no sólo se mantiene entre los más vendidos desde entonces, sino que además traccionó fuertemente la venta del primer tomo (aparecido en 2008). Amasala (de 2010) también se benefició este mes del tremendo impacto que está logrando Gustavo en el circuito de comiquerías.
Los cuatro lanzamientos fuertes del mes se ubicaron en muy buenas posiciones: De Amor, de Locura y de Muerte se quedó con el segundo puesto, en una performance impresionante, si pensamos que es un libro que vale $ 100. Ya vendrá la reseña de esta antología de cuentos de Horacio Quiroga adaptados a la historieta por Luciano Saracino y un All-Star Squadron de dibujantes.
Cabo Savino quedó quinto, pero no lo reseñaremos, porque si bien es una edición nueva, el contenido es básicamente el mismo que el del libro de la editorial Caleuche, editado en 2003 y reseñado el año pasado.
Y en el sexto puesto quedó el primer número de Etnica, la antología de historieta latinoamericana que se edita en Venezuela, con autores de todo el continente. Ahí tengo el honor de colaborar con artículos y de compartir publicación con ídolos y colegas de varios países. Esa es otra reseña que vendrá pronto.
Y la sorpresa del mes fue la reaparición en el listado de 300, la novela gráfica de Frank Miller editada por Gárgola en 2007. Cada tanto, 300 resurge y vuelve a venderse muchísimo. Supongo que tiene que ver con el hecho de que es texto obligatorio en algunas escuelas, pero no estoy muy seguro.
Abril amenaza con ser un mes repleto de lanzamientos por parte de las editoriales, y habrá que ver si alguna de las novedades logra destronar a Ordinario. Ya se palpitan las apariciones de nuevos libros de Nik, de Langer, de Trillo y Mandrafina, de Jok, de Federico Reggiani, de Luciano Saracino, de Diego Greco, de Horacio Lalia, de Leo Arias, de Brian Jánchez, de la colombiana Power Paola, del chileno Alberto Montt, del peruano Rodrigo de la Hoz y del estadounidense Robert Crumb, entre otros. Y además le tengo fe a la Komikku, que vuelve este mes con un numerazo. Pero bueno, en la cancha se ven los pingos…

viernes, 1 de abril de 2011

01/ 04: SWEET TOOTH Vol.2


Ah, qué lindo! Este comic sigue por la buena senda y encima con ventas decentes, como para no temer una repentina cancelación o un cierre abrupto o anticlimático.
Jeff Lemire sabe lo que hace. Así como en el tomo anterior nos sorprendió con muchísimas escenas de acción, esta vez el protagonista, el chico-ciervo llamado Gus, casi ni se mueve. El duro Sr. Jepperd, que amagaba para co-protagonista o incluso para villano, cobra definitivamente un rol tan central como el de Gus. El sí se mueve a lo largo de este arco, y no sólo de un lugar a otro. También para atrás en el tiempo, ya que lo vemos protagonizar un montón de flashbacks que nos explican con crudeza y elocuencia quién carajo es y por qué hace lo que hace. En pocas páginas, Jepperd pasa de ser un misterio insondable a ser un personaje perfectamente construído, del cual sabemos muchísimo y del cual queremos saber mucho, mucho más.
¿Qué hace Gus, que no se mueve? Habla, pero sobre todo escucha. En cautiverio, se encuentra con otros chicos como él e incluso con adultos y todos aportan algunos datos de los que nos faltaban para entender este mundo bizarro y post-apocalíptico que nos plantea Lemire. Acá van y vienen postas y conjeturas sobre la peste que aniquiló a casi toda la Humanidad, el colapso de la civilización, la aparición de los chicos con rasgos animales y de los campos de reclusión donde los tienen prisioneros. Falta explicar bastante, pero Lemire ya se aseguró de que nuestro compromiso con su historia sea incondicional y a largo plazo, con lo cual no hay apuro. Con lo que sabemos hasta ahora, vamos bien.
El único misterio que en vez de empezar a aclararse se oscurece todavía más es el del propio Gus. ¿Qué es? ¿De dónde salió? ¿Cómo es que nació antes de la pandemia? ¿Y cómo puede ser que no tenga ombligo? Lemire sigue acumulando preguntas acerca de nuestro protagonista, que es el encargado de aportar la dosis de ternura freak a un comic donde la sangre, la violencia, la crueldad y los crímenes de lesa humanidad están a la orden del día. Esta vez, con Gus y Jepperd separados, el contrapunto entre ellos se desactiva y eso deja a Sweet Tooth sin esa cuota -pequeña pero bien lograda- de humor, que resulta casi indispensable entre tantas escenas truculentas, desgarradoras y más tristes que el futuro de Miguel del Sel en la política.
Por el lado del dibujo, la evolución de Lemire es notable. A su estilo crudo, adusto, parco, tipo Angel Mosquito, ahora suma una nueva elegancia. Rara, pero elegancia al fin, un poquito emparentada con los comics más expresionistas de Dave McKean. Y el fuerte sigue siendo la narrativa. El último episodio, que nos cuenta la historia de Jepperd prisionero en el campo de concentración clandestino donde nace su hijo, es una cátedra, un catálogo de recursos de montaje de secuencias, de armado de la página, de ritmo, de climas… No efácil encontrar comics de hoy con la intensidad y la calidad de lo que está haciendo Lemire en Sweet Tooth.
Y como en la reseña del tomo anterior, hay que hablar maravillas de José Villarrubia (al que tuve la suerte de conocer hace poquito, en la convención de Lima), un monstruo de la ilustración que trata de trabajar de colorista y termina trabajando de poeta del photoshop. Lemire es un dibujante de claroscuros, sin medias tintas, y por ende no tan fácil de colorear. Pero Villarrubia le pone todos los chiches imaginables para que Sweet Tooth pase de atractivo a irresistible. El español entiende los climas, las sensaciones, las texturas, todo lo que el canadiense quiere meterle al dibujo y no puede porque labura en blanco y negro. De la amalgama entre ambos sale una verdadera fiesta para los ojos del lector.
De a poquito se corre la bola, y cada vez somos más los que vibramos con Sweet Tooth. El hecho de que cada mes alguien dibuje, alguien edite y muchos compren un comic de este nivel es un lujo, un excelente motivo para ser optimistas en cuanto al futuro del Noveno Arte. Por supuesto, ya tengo encargado el Vol.3.