el blog de reseñas de Andrés Accorsi

jueves, 14 de julio de 2011

14/ 07: CHAGALL EN RUSSIE Vol.1


Como está muy ocupado dirigiendo películas de animación, en los últimos años el salvaje de Joann Sfar bajó un cachito su producción en materia de historietas, como para darnos una tregua a sus desbordados lectores, que cada año nos encontrábamos con una brutal seguidilla de libros nuevos con la firma del ídolo y no siempre nos daba el cuero para comprarlos todos.
Chagall en Russie es una saga de apenas dos tomos, uno (este) de 2010 y uno de 2011, que nunca vi. En Francia lo publicó la prestigiosa editorial Gallimard, la que publicó a Alejandro Dumas, a Borges, a Harry Potter y hasta Jusepe en Amerique, una epopeya de Carlos Trillo y Pablo Túnica, todavía inédita en nuestro idioma. El protagonista es un joven Marc Chagall y la historia está ambientada poco después de la Revolución Rusa. Pero el contexto histórico es apenas relevante. Chagall en Russie va más para el lado del slice of life, o en realidad, del subgénero de “jóvenes a la deriva”.
Básicamente, Chagall cae en la cuenta de que el padre de su amada nunca le concederá la mano de la chica de sus sueños mientras sea un vulgar pintor, y se plantea qué hacer al respecto. Su pasión, su razón de ser es el dibujo. Pero con eso no puede garantizarle el porvenir a su eventual familia, entonces sale a vagar por ahí, a ver qué se le ocurre. Y este tramo de la novela es eso: un joven virtuoso del dibujo, a la deriva por la Rusia rural de los primeros años de comunismo, que se encuentra con personajes excéntricos y muy atractivos, algunos medio bizarros, hasta que en un punto la sucesión de encuentros y peripecias hace que Chagall deje de pensar en su chica y se entregue a ese devenir medio aleatorio de los hechos.
Lo más atractivo está casi siempre en los diálogos entre Marc y el resto de los personajes. Pero la mejor escena es su soliloquio en el río, cuando expresa realmente su amor por el arte al que se abrazó y a través del cual haría feliz a tanta gente. Lo más aburrido son esos largos diálogos acerca de los judíos, qué es ser un buen judío, y toda esa perorata que Sfar ya nos hizo fumar varias veces. En el Gato del Rabino, por ejemplo, la cultura y la religión judía conviven con la islámica y la cristiana y de ahí salen hermosos contrapuntos. En otras obras (como la insostenible Klezmer) no, y eso las hace aburridas. Acá el contrapunto entre la ortodoxia judía y las nuevas reglas del juego impuestas por el comunismo apenas se insinúa y –sospecho- se aprovechará más en el segundo tomo. Pero yo que Sfar aflojaría un par de años con el tema del judaismo, porque corre el riesgo de hacerse denso y reiterativo al pedo.
En el rubro dibujo, lo de Sfar es sencillamente genial. El tipo encontró una forma de dibujar a los santos pedos, que le queda buenísima. Uno sospecha que ni siquiera hay un boceto a lápiz, que Sfar caza el plumín como un poseído y le entra a dar, derecho viejo, hasta que se cansa de meter detalles alucinantes en cada viñeta y pasa a la siguiente. La que lo tiene jodido es (otra vez) la colorista, Brigitte Findakly, que tiene que decodificar esos garabatos incompletos, esas texturas abigarradas, y acompañar todos los climas que intenta transmitirnos desde el dibujo este monstruo del expresionismo. Este sistema le funciona increíblemente bien a Sfar, pero algo tiene que resignar y es la puesta en página, la planificación. Como en El Principito, el autor divide las 59 páginas de la novela en una única grilla de seis viñetas iguales (la Gran Kirby) y se la banca hasta el final. Y listo, a otra cosa, un problema menos, algo menos en qué pensar. Por suerte, así como respeta a rajatabla la grilla, se zarpa groseramente a la hora de encontrar los planos y las angulaciones para lo que nos muestra en cada cuadro, o sea que en ningún momento la grilla fija se convierte en un embole, ni transmite sensación de rutina. Las cuatro páginas de la batalla entre el militar loco y el ejército comunista son una mini-epopeya alucinada, con un vértigo y un despliegue de recursos absolutamente inusual. Y como ya vimos en La Vallée des Merveilles, la parte tranqui, la del viaje y la contemplación, Sfar la sabe resolver sin sobresaltos, sin caer en pozos narrativos ni aburrir.
Esto puede terminar en cualquier cosa. Incluso con Chagall dedicado a la gastronomía en un carrito de la Costanera, sin volver a mencionar nunca a la chica con la que (en la primera mitad de este tomo) sueña con casarse. Veremos cómo la remata el ídolo en la segunda mitad.

miércoles, 13 de julio de 2011

13/ 07: EL PREVIEWS DE SEPTIEMBRE


Y sí, me voy al descenso con Quilmes, Huracán, Gimnasia y River. A vivir abajo del puente… Mirá cómo me van a esquilmar estos turros en Septiembre.
Marvel saca un nuevo recopilatorio de los Muppets de Roger Langridge a u$5.99. Ni se discute, adentro.
También recopila en TPB la segunda miniserie de STRANGE TALES, a u$19.99. Otro indiscutible, del que no me importan autores, ni cantidad de páginas, ni si viene impreso en papel higiénico o con prólogo de Muñones.
DC me quiere ver muerto. Anuncia el segundo tomo de las recopilaciones del SUICIDE SQUAD del maestro John Ostrander, que juré solemnemente bancar hasta el final. Ahí se van otros u$19.99. Y además, el tercer tomo de GOTHAM CENTRAL, que me tiene re-enganchado, aunque no dibuje todos los número Michael Lark. Otros u$19.99, pero convencido de que me esperan 224 páginas de altísimo nivel. Y casi aliviado, porque la colección termina en el Vol.4.
La pesada herencia de WildStorm: un mega-TPB de 240 páginas, con las dos últimas miniseries de ASTRO CITY, la fundamental serie de Kurt Busiek y Brent Anderson. Con esto completamos la excelente Dark Age, así que los u$19.99 duelen, pero menos.
Vertigo saca (por fin) el primer TPB de AMERICAN VAMPIRE, esa serie que todos compran por Stephen King y yo quiero por Rafael Albuquerque. Masacote de 200 páginas, y otros u$19.99 que le dolerán a mi bolsillo. Y por si faltara algo, sale el cuarto tomo de THE UNWRITTEN, la serie de Mike Carey y Peter Gross que, si venís siguiendo el blog, sabés que me tiene totalmente hipnotizado. Y ahí voy, a desembolsar otros u$14.99 para saber cómo carajo sigue la historia de Tom Taylor.
Mirá esta paponga: Boom! Studios recopila en un tomo de 192 páginas un montón de historias grossas de Hellraiser, de las que salieron originalmente en el sello Epic de Marvel, hace 20 años. Hay material de Clive Barker, Neil Gaiman, Mike Mignola, Alex Dioss, Kevin O´Neill y otros (son boludos para elegir, los muchachos). Por supuesto entro como un caballo, y le pongo los u$19.99 sin chistar y sin preguntar si está la historieta que dibujó Jorge Zaffino, que me acuerdo que era una orgía.
Y mientras lanzo la convocatoria de acreedores, me anoto con STAR GAZING DOG, un manga de Takashi Murakami (no el pintor y diseñador, un mangaka homónimo), editado por NBM, que tiene muy linda pinta y vale u$11.99.
Me quedo con varias leches, entre ellas la edición en un único tomo de tapa blanda de ALL-STAR SUPERMAN, que está a u$29.99, y la nueva novela gráfica de Seth (THE GREAT NORTHERN BROTHERHOOD OF CANADIAN CARTOONISTS), que me ceba infinitamente, pero sale en hardcover a u$24.95, y prefiero esperar a ver si más adelante Drawn & Quarterly se apiada de los crotos y la reedita en un formato más económico.
Si me ves pidiendo limosna en alguna convención, o prostituyéndome disfrazado de trava en los lagos de Palermo, ya sabés por dónde viene la mano. Esta vez no prometo reseñar todo esto en el blog, porque con el delay que tengo, lo que no llegue a principios de Septiembre corre serios riesgos de ser leído recién en 2012, y no sé si existirá el blog en 2012. En una de esas, es posta que se acaba el mundo, o simplemente yo decido no seguir adelante con este disparate diario. Veremos…

martes, 12 de julio de 2011

12/ 07: JSA Vol.6


Sigo leyendo esta serie en perfecto desorden y una vez más, me tengo que sacar el sombrero ante la labor de Geoff Johns y David Goyer, los guionistas de esta memorable etapa de la JSA. Esto es pornografía para geeks, pero de gran, gran nivel.
El tomo abre con un unitario protagonizado por Power Girl, muy divertido, con un conflicto de baja intensidad, pero muy bien llevado. Y además es el episodio mejor dibujado, ya que cuenta con la participación de Patrick Gleason, mucho mejor que Leonard Kirk, el dibujante titular de esta etapa. Si todos los fill-ins fueran como este, los fans jamás putearían por su existencia.
Después tenemos otro unitario en el que el rol más importante le toca al Captain Marvel. El guión es redondo, fuerte, profundo, pensado para recordarnos que estos íconos legendarios enfrascados en la eterna lucha entre el Bien y el Mal son, ante todo, humanos. Muy grosso.
Y el tercer episodio marca el inicio de una saga de viajes en el tiempo, centrada en tres protagonistas: el Capi Marvel, Hawkgirl y Mister Terrific. La primera parte (con los Freedom Fighters y el Terrific de los ´40) está muy buena, pero el descontrol arranca más adelante, cuando los héroes quedan varados en el antiguo Egipto, en el medio de una guerra que involucra a todos los personajes de DC con raíces egipcias: Nabu (el Amo del Orden que creó al Dr. Fate), el príncipe Khufu y Chay-ara (quienes reencarnarán varias veces hasta convertirse en Hawkman y Hawkgirl), Teth-Adam (más tarde Black Adam), y hasta el orbe de Ra, que le diera sus poderes a Metamorpho. Sumémosle un villano inmortal como el Vandal Savage y el recuerdo de un reciente viaje de Jay Garrick a Egipto y está todo dado para que se arme una saga de palo y palo en la que tengan peso –como siempre en la JSA- la tradición, el legado heroico y el desarrollo de las personalidades de todos estos muchachones (y chicas) con poderes.
En paralelo a los viajes en el tiempo, Goyer y Johns desarrollan un sub-plot muy atractivo en torno al Dr. Fate que involucra a Gemworld, Mordru, Lyta Trevor y Dawn Grainger, en una seguidilla de sacudones y sorpresas que nunca te ves venir y que seguro van a desembocar en una próxima saga grossa. También sobre el final arranca un plot que involucra a Eclipso, pero con mínimo desarrollo. Y el último episodio, el del juicio a Kobra, es uno de los más relevantes, porque funciona como disparador de varias de las sagas futuras, entre ellas la que reseñamos el 23 de Mayo del año pasado. Las 17 páginas que no involucran ni a Eclipso ni a Mordru son probablemente las mejor escritas de todo el tomo: complejas, espesas, inquietantes, atravesadas por dilemas realmente jugados que cuestionan de raíz el rol del superhéroe. Un lujo.
Y bueno, fuera de ese primer unitario muy bien dibujado por Gleason, en el resto del tomo tenemos a Leonard Kirk, un dibujante mediocrón, sin mucha onda, pero sin pifias ni errores groseros. Kirk se desloma para dibujar muchos personajes, fondos, ambientaciones muy distintas entre sí, batallas con miles de elementos en cada viñeta… y ahí se gana un poco el changüí para después dibujar esas caras repetidas, obvias, poco expresivas. No es un desastre, tampoco. Simplemente le falta onda, se conforma con ser un típico obrero del mainstream en vez de aspirar a algún sello personal, a un estilo más propio, ya sea en el dibujo o en la narrativa.
Como digo siempre, este es un gran comic de superhéroes, pero que cobra cara la entrada: para disfrutarlo a pleno tenés que tener un conocimiento enciclopédico de toda la historia del Universo DC, porque Goyer y mi doppleganger te bombardean todo el tiempo con referencias oscuras no sólo a los back issues de esta serie, sino a los más variados comics de los ´40 para acá, y hay que ser un erudito (o estar muy hecho mierda) para pescarlas todas. La JSA de Johns y Goyer va para adelante como una locomotora, pero no deja ni un segundo de mirar para atrás, de homenajear, reinterpretar o simplemente carroñar las historias pergeñadas por hordas de autores que mojaron antes que ellos en el DCU. Lo bueno es que les sale muy, pero muy bien.

lunes, 11 de julio de 2011

11/ 07: ORGULLO DE SAMURAI


Hace unos meses, cuando me interné en otra antología de relatos de samurais creada por el maestro Hiroshi Hirata, me ensarté con unos guiones densos, protocolares, con muchísima más información de la que uno necesitaba para engancharse con las historias. Un embole, bah. Pero los dibujos eran tan alucinantes, que juré volver a apostar por el sensei Hirata, y acá estamos.
Una vez más, la timba (no muy arriesgada, porque este libro se consigue por chauchas en las comiquerías porteñas) garpó con creces. Orgullo de Samurai incluye seis historietas, de las cuales la única ilegible es la sexta, que además es la mejor dibujada. Ahí, el maestro se ceba explicándonos una compleja situación política que luego desemboca en una batalla salvaje, pero lo apreta todo en 15 míseras páginas, atiborradas de masacotes de texto, a su vez repletos de información, de la indispensable y de la otra. Está buena sólo para mojarse mirando los dibujos, o para escribir una monografía sobre la batalla de Sekigahara.
Las otras cinco historias, realizadas entre 1970 y 1971, están en un nivel bastante parejo, y muy por encima de lo visto en Héroes Anónimos. Sí, hay bastante protocolo y bastante énfasis en la relación entre señores y vasallos. Pero también hay sorpresas, giros insólitos y un ritmo mucho más atractivo. La primera es una gran historia de honor, de aguante y de respeto a los grossos, a los que se lo ganaron no por ostentar el poder, sino por hacer las cosas bien. La segunda es una historia tremenda, desgarradora, totalmente extrema y pasada de rosca, acerca de un samurai cuyo orgullo le cuesta la vida a él y a todos sus hijos. Un relato que, de verdad, te deja mal, te hiere en el alma.
El tercero juega al límite de la bizarreada: todo gira en torno a la hija de un daimio (el señor feudal) que no consigue marido porque despide un olor nauseabundo, que nadie logra soportar. Genzaburo Sasahara, aún estando comprometido con otra mujer, se ve obligado a defender el honor de su feudo y para eso se tiene que casar (y acostar!) con la hedionda doncella. Hirata mantiene siempre el tono serio, dramático y heavy, en una historia cuya premisa podría haber derrapado en cualquier momento hacia la joda, o la guasada fácil. Muy, muy notable, y muy inquietante.
La cuarta historia es la más floja, y además una de las más largas (48 páginas). Se centra en un conflicto padre-hijo, que a su vez es un conflicto entre la tradición samurai que reivindica el uso de la katana, y la “modernidad” que representan las armas de fuego. Tiene algunas secuencias mudas realmente impactantes, pero la trama me interesó poco y se me hizo densa. Y la quinta historia , por el contrario, se hace corta gracias a su intensidad y su ritmo. Es la que gira en torno a un muchacho que viola a la esposa de su padre adoptivo, y desencadena así un drama familiar con implicaciones políticas. Acá hay sexo salvaje, runflas tremendas, violencia zarpada y hasta vemos cómo la cabecita de un bebé es atravesada por un flechazo.
Ninguna de estas cinco historias está dibujada al nivel de la sexta (que es 10 años posterior), pero en las cinco vemos a un Hirata absolutamente asentado en su estilo vigoroso, de gran realismo, base –como señalamos la vez pasada- de lo que después hizo Frank Miller en su Ronin (tras combinarlo con los franceses de la Metal Hurlant). Hirata combina expresividad, dinamismo, rigor documental y un inagotable arsenal de recursos narrativos. Su único problema es que los personajes masculinos se parecen mucho entre sí, y terminás por distinguirlos por los diseños de los kimonos. Y lo que pela el prócer en la sexta historieta, ya está directamente fuera de escala. Con una narrativa más yanki y un uso perfecto de los tonos de gris aplicados con aguadas, la faz visual de ese relato compensa por completo el brutal exceso de texto y la compresión en poco espacio de una historia de gran envergadura y complejidad.
Entonces, por el momento, si te querés enganchar con Hiroshi Hirata y sus samurais, arrancá por este tomo. En una de esas, después consigo otro que me ceba más. Pero hoy, te tengo que decir que Orgullo de Samurai es un excelente punto de entrada al fascinante mundo de este genio del manga, al que –si te gusta el dibujo realista- no podés dejar de hacerle un lugarcito en tu bibiloteca.

domingo, 10 de julio de 2011

10/ 07: OUR ARMY AT WAR


No sé si fue un evento de quinta semana, o qué carajo pasó, pero este año DC publicó cinco one-shots con sus clásicos títulos del género bélico y con historietas 100% nuevas. Después salió el recopilatorio y acá está.
La primera historieta establece un paralelismo entre la Segunda Guerra Mundial y la actual guerra en Medio Oriente, por supuesto desde el punto de vista de los yankis, que siempre “se ven obligados” a entrar en estos conflictos porque son víctimas de una agresión por parte de “los malos”, no porque haya otros intereses en juego, no vayas a creer. Y bueno, el jueguito de contar las dos historias intercaladas le sale bastante bien al guionista Mike Marts, aunque sean historias flojas, medio traídas de los pelos, y con una aparición del glorioso Sargento Rock y su compañía Easy, también muy forzada y sin peso decisivo en la trama. El dibujo de Víctor Ibáñez es lindo, correcto, medio Juan Carlos Flicker, pero bien.
Le siguen tres historias cortas: la primera está escrita y dibujada por el genial Darwyn Cooke, y es un cago de risa: un relato 100% en joda, dibujado en un estilo parecido al que usaba Mike Mignola para sus historietas cómicas, y protagonizado por los cadáveres de grandes figuras de la historia de la guerra. Son siete paginitas, nomás, pero se disfrutan a pleno. Después viene una historia estremecedora, de impecable factura, a cargo de Ivan Brandon (el coordinador de 24Seven, una antología de Image que reseñamos el año pasado) y de Nic Klein, un dibujante al que no conocía y me encantó. Otras siete páginas memorables de verdad. La tercera historia corta, la del mítico Jan Strnad y el ignoto Gabriel Hardman, no está al nivel de las otras dos, pero tampoco es un espanto excecrable.
Volvemos a las historias largas (bah, de 22 páginas), esta vez con The Losers, pero los clásicos, no los de Andy Diggle. La verdad que el guión es menor, poco verosímil y no muy original. Los logros del guionista B. Clay Moore se limitan a explorar la vertiente realista (o sea, grim ´n gritty) de personajes que hasta ahora siempre habían sido demasiado blandos, demasiado idílicos y absolutamente irreales. El dibujo de Chad Hardin, chato y adocenado, no aporta demasiado a la historia más floja del tomo.
Pero guarda, que se viene el Haunted Tank, junto al cual combatimos a los nazis el 16 de Marzo de este año. A años luz de las historias de Bob Kanigher, pero sin traicionar un milímetro su esencia, Matthew Sturges nos ofrece una historieta realmente excelente, en la que queda clarísimo que el Haunted Tank, como concepto, no es para nada inviable. Bien laburado, puede funcionar incluso hoy. Dibuja el británico Phil Winslade, en un estilo raro, como si quisiera combinar el suyo propio con el de Irv Novick (uno de los dibujantes clásicos del Tank). Pero es una rareza linda, atractiva, muy bien apuntalada por un notable trabajo de documentación y un coloreado magnífico y sutil a cargo de Lovern Kindzierski.
Y cerramos con Mademoiselle Marie, en una trama de intriga y traiciones bien llevada, con sorpresas, mala leche y buenos diálogos, cortesía de Billy Tucci. No es una joya, pero funciona muy bien. El dibujo se lo reparten entre Justiniano y Tom Derenick (quien va a dibujar el título bélico que DC lanza en Septiembre) y ninguno de los dos desentona para nada. Es un dibujo correcto, cumplidor, sin genialidades y sin saltos al vacío.
Mirala a DC acordándose de que tiene un montón de personajes sin superpoderes que pelearon en la Segunda Guerra Mundial… Como recreo, como oasis entre tanta capa y tanta máscara, está bueno, pero, ¿se bancará el público actual una serie mensual protagonizada por estos heroicos combatientes de tiempos tan lejanos? ¿O será hora de poner los huevos sobre la mesa y crear héroes de genero bélico para el Siglo XXI? Lo cual lleva a otra pregunta más interesante: ¿Se puede? ¿Hay algo parecido al heroismo en las guerras que vemos hoy en los noticieros? ¿O es una mentira que, desde la década del ´50 para acá, no se sostiene ni a palos? Para pensarlo, no?

sábado, 9 de julio de 2011

09/ 07: FUNERAL


Hoy, una reseña un poco más breve de lo habitual, como para dejar constancia de que
a)Funeral marcó el regreso a la historieta del mítico guionista Emilio Balcarce, alejado del medio durante 20 años.
b)Muchos de los conceptos de esta obra fueron co-creados por Balcarce y el dramaturgo Horacio Ceferino López, quien falleció mientras la obra se serializaba en Italia, mercado para el que se originó.
c)El guión parte de una premisa absolutamente ganchera y atractiva: una cápsula llega a la Tierra desde el espacio exterior y contiene algo que parece ser el cadáver de Dios. Sin embargo, el desarrollo es lento, reiterativo, sin una estructura adecuada para llegar eventualmente a un buen final. Como si todo pasara por la premisa. Sobran viñetas, diálogos y secuencias enteras, que no ayudan a que la trama avance, no agregan espesor al conflicto y apenas le otorgan un toquecito de complejidad al personaje protagónico, Agustín Feder. Recién cuando faltan 18 páginas para el final pasa algo más, aparte de las disquisiciones teóricas y los experimentos científicos para determinar si el cadáver es o no el de Dios. Y encima lo que pasa es… casi vulgar, a años luz de lo que hacía atractivo al planteo inicial de la saga.
d)El dibujo de Jok está realmente bueno, y sortea con éxito el escollo de las páginas de muchísimas viñetas. Como siempre, en Jok vas a ver más solidez narrativa que virtuosismo en el trazo o en la anatomía. Pero esta vez lo ayuda muchísimo el color, que lo potencia y lo hace más vibrante, más impactante y más dramático.
Si sos fan de Jok, no te pierdas el que hasta ahora es su mejor trabajo editado en Argentina. Si sos fan de Balcarce, releé sus clásicos de los ´80 un tiempito más, hasta que el maestro salteño recupere la dinámica, la onda y la magia de los trabajos que lo consagraron de la mano de grossos como Juan Giménez, Juan Zanotto, Lucho Olivera o Leo Manco. Funeral parece una de esas breves historietas de dos páginas que hacía junto a Marcelo Pérez en las contratapas de Fierro, pero contada en cuarenta y pico de páginas en vez de dos.

viernes, 8 de julio de 2011

08/ 07: BLACKSAD Vol.4


¿Te acordás cuando, en los ´80, los autores españoles pelaban clásicos tipo Torpedo o Roco Vargas en las antologías de ese país, de ahí pasaban al álbum de Norma o de Toutain, y después se publicaban en Francia, Italia, EEUU y –con un poco de suerte- Alemania, Brasil o algún país nórdico? Bueno, hoy es al revés: los autores españoles generan clásicos que salen primero en álbum, contratados por las editoriales de Francia, y después se traducen al castellano y se publican –entre otros países- en España. Es bizarro, pero por lo menos no es tan injusto como lo que pasa con los autores argentinos, que en muchos casos jamás se editan en nuesto país, o ni siquiera en nuestro idioma.
El abanderado indiscutido del comic español made for Francia es sin dudas Blacksad, el gato noir de Juanjo Guarnido y Juan Díaz Canales, dos autores a los que, antes de enganchar editor en Francia, en su país no los conocía ni su familia. Pero allá por el 2000, el primer tomo de Blacksad se editó en Francia y de la noche a la mañana, nuestra Madre Patria pudo ostentar con orgullo dos nuevas estrellas en su firmamento comiquero. ¿Hay forma de darse cuenta de que los autores de Blacksad son españoles sin buscar en Wikipedia? No: se trata de una serie “neutra”, ambientada en EEUU y sin la menor referencia a la realidad ni a la idiosincracia española. Le mirás el pasaporte y está en blanco. Es un comic de ningún lugar, sin ningún rasgo de identidad, como lo fueran Torpedo, Roco Vargas o El Mercenario de Vicente Segrelles.
Pero aunque nos cueste considerarla “historieta española”, Blacksad es -ante todo- historieta de gran calidad, y uno de esos casos raros en los que prestigio y popularidad van de la mano. Díaz Canales y Guarnido armaron una alquimia que funciona a varios niveles, capaz de lograr el aplauso unánime de los críticos y la ovación masiva de los fans, incluso de lectores que habitualmente no consumen historieta europea. Buena parte de esa alquimia se basa en los dibujos de Guarnido, una bessstia, un animal, un salvaje, creador de una identidad gráfica fascinante y devastadora que combina realismo documental en los fondos, vehículos y trajes, con el truco (llevado al extremo) de dibujar a las personas con cabezas y rasgos de animales, y con un trabajo de coloreado único, sutil y recontra-expresivo. Si en vez de historietas Guarnido editara art books, no sé si se venderían mucho menos que los tomos de Blacksad.
Y además de este virtuoso del dibujo, el color y la narrativa, el otro elemento que hace funcionar la alquimia es el gran manejo del policial negro que demuestra en cada álbum Juan Díaz Canales. Sin cancherear, sin dárselas de Alan Moore, el guionista arma tramas complejas, casi siempre impredecibles, teñidas de corrupción, enchastradas de mala leche y salpicadas con bastante acción, algo de humor y alguna escenita de sexo medio salvaje.
En este cuarto álbum, el sexo casi ni figura y hay más acción que en otros tomos. Pero lo grosso de la trama se define hablando, cuando los implicados se ven obligados a blanquear, a sacar a la luz oscuros secretos del pasado que les condicionan el presente y les amenazan el futuro. Hay un gran trabajo de los autores para que uno, que es fan de Blacksad (y de Week), se cope también con los personajes creados especialmente para este tomo, todos lejos de los estereotipos y las obviedades, excepto Ted Leeman. Una vez más, Blacksad te da esa horrible sensación de no querer pasar las páginas porque sabés que se está por acabar el tomo y querés que dure el triple de lo que dura. Y encima sabés que faltan como cinco años para que salga el próximo!
Lo más grosso: la historia está ambientada en New Orleans y el zarpado de Guarnido mete en una viñeta a un chancho con los rasgos de Ignatius Reilly (si no sabés quién es, googlealo y llevate Literatura a Octosto, o a Juliembre). Lo más choto: ¿Yo soy un subnormal que no entiende lo que lee, o Díaz Canales nunca nos explica quién es el enmascarado al que persigue Blacksad hasta perderlo en medio del corso?
Climas jodidos, ambientes sórdidos, misterios atrapantes, buenos diálogos y un antihéroe que se juega la vida en cada caso se enfiestan en una orgía visual imposible de explicar (ni de reproducir). Muy difícil ser comiquero y no cebarse con Blacksad…

jueves, 7 de julio de 2011

07/ 07: HOY SALGO A CHOREAR


Y sí, no tengo tiempo de leer un carajo y además me corté un dedo con el cutter y me duele como la concha de su madre…
Como para llenar, te cuento que:
Ya está en imprenta el número 11 de Komikku, y en el blog de dicha revista anticipamos los contenidos y la portada (acá, sólo la portada).
El sábado 9, de 14:30 a 19 hs., hay Feria de Comics en el bar que queda en la esquina de Ferrari y Leopoldo Marechal, muy cerquita del Parque Centenario. Gran ocasión para conseguir buen material a inmejorables precios. Yo voy a estar con un par de mesitas repletas de papa fina.
El domingo, hay elecciones de Jefe de Gobierno en Capital Federal. Atenti: tocar la boleta del PRO te contagia enfermedades venéreas. Meterla adentro del sobre te hace crecer un tumor fecal en el cerebro y te deja impotente de por vida.
El lunes juega Argentina con Costa Rica. Bah, “juega”… salen a la cancha 11 boludos que, como no consiguen platea, sacan campo. Esperemos dar menos vergüenza y generar menos aburrimiento que contra Bolivia y Colombia.
El lunes también empieza la Feria del Libro Infantil y Juvenil, acá en Buenos Aires. Vale pasar a saludar por el stand de Comiqueando, donde obviamente estará a la venta el libro del blog, entre muchas otras papongas. Los días pulenta para los historietófilos son el viernes 29 y el sábado 30, en los que tendremos charlas, talleres, un montón de autores invitados y la presencia estelar de Marv Wolfman. El evento está en Facebook con el nombre “Festival de la Historieta” y ahí batimos la programación, las novedades que se van produciendo, horarios, precio de las entradas, etc.
Y todavía no está confirmado, pero puede ser que el lunes me toque ser invitado a un programa de radio, para hablar del blog, del libro y de boludeces varias con el amigo Tomás Coggiola. Si se confirma, lo pongo en el Facebook de 365.
Mientras tanto, estamos armando un nuevo número de Comiqueando que, con un poco de suerte y viento a favor, estará a la venta la segunda quincena de Agosto. Obviamente la nota central tiene que ver con el relanzamiento de DC, pero también vamos a hablar –entre otras cosas- de Dylan Dog, de Yoshihiro Tatsumi, de Diego Parés, de Gene Colan, de Genndy Tartakovsky y de Cages, la gran obra de Dave McKean.
La próxima presentación del libro del blog es en el Festival Viñetas con Altura, en La Paz (Bolivia). Esto va a ser entre el 4 y el 7 de Agosto, pero todavía no sé el horario y día exactos. La última presentación del Vol.1 va a ser en Tucumán, también en Agosto. Y para fines de ese mes, se viene el Vol.2, con todas las reseñas que faltan para completar el 2010 y algunos bonus tracks copados, como la portada de… Nah, aguantá. Ya te vas a enterar.
Entre el festival de La Paz y la convención de Tucumán, me voy a tomar vacaciones. No sé si voy a postear esos días en el blog, ya veremos. Dependerá de qué tan cerca esté de una computadora con conexión a internet, porque tiempo para leer, voy a tener de sobra.
Bueno, ya fue. Para mañana, seguro se viene una reseña power.

miércoles, 6 de julio de 2011

06/ 07: iZOMBIE Vol.1


Y Vertigo lo hizo de nuevo… No conocía al guionista, ya dije mil veces que no me interesan para nada los zombies, pero le di una oportunidad al primer tomo de esta serie, cebado principalmente por la presencia del glorioso Mike Allred, y la recompensa superó infinitamente mis expectativas. Sí, ya sé… comprar un comic de Vertigo por el dibujante es un disparate sólo comparable con el de haber votado a Macri en 2007 y tener ganas de volverlo a votar. Pero es Mike Allred, man. El Más Grande. El tipo cuya cara aparece en el diccionario cuando buscás la definición de “cool”. A este genio hay que comprarle todo lo produce, hasta las heces.
Y esta vez, la bizarra timba garpó a full. iZombie es una serie exquisita, muy ganchera y muy bien llevada por Chris Roberson, el guionista. En apenas 5 episodios, el tipo te arma un elenco de 12 personajes y todos tienen rasgos y cositas muy interesantes para explorar. La protagonista es Gwen, una chica zombie, pero que si se morfa un cerebro por mes la logra caretear, no se convierte en una estúpida que camina a los tumbos, babea y dice “cereeeebrooos”, como tantos otros de sus congéneres. Pero cuando se come un cerebro se le aparecen en la mente los recuerdos del propietario de la masa encefálica que se acaba de deglutir, lo cual le trae unos cuantos problemas y la impulsa a tratar de resolver misterios o rectificar injusticias que llevaron a la muerte a ese pobre tipo (o mina). No me digas que no está bueno! Encima Roberson explica perfectamente por qué Gwen no funciona como un zombie normal.
Rareza entre las rarezas, Gwen se rodea de una chica fantasma muerta en los años ´40, de un chico que se convierte en hombre-terrier, interactúa con una especie de momia egipcia (que amaga con ser el villano de la historia, pero al final… no te lo voy a contar), se cruza con una cofradía de chicas vampiro y pega onda con un chico que se dedica –mirá vos qué casualidad- a cazar y destruir a vampiros, licántropos, fantasmas y todo tipo de muertos vivos. Todo esto en un clima de cuasi-comedia juvenil, obviamente atravesada por situaciones absolutamente bizarras, fruto de la particular condición de toda esta manga de freaks.
En cinco episodios hay una sóla escena de acción (en el cuarto capítulo), y ninguna de sexo. Pero las revelaciones que se suceden están tan bien dosificadas, y tan bien entrelazadas con una ingeniosa e impredecible construcción de plots a futuro, que la lectura no se hace densa en ningún momento. Por supuesto, ayudan mucho los diálogos, que es otro punto muy fuerte de Roberson, quien también escribió varios números de Superman y de Elric, la gran creación Michael Moorcock.
Y con todos esos logros, el escritor y guionista no logra ni por un segundo eclipsar a la verdadera estrella, que es –obviamente- Mike Allred. En perfecta conjunción con su esposa y colorista Laura, el creador de Madman demuestra una vez más por qué es el mejor dibujante de freaks con onda. Con su trazo preciso, elegante, lleno de expresividad, Allred le aporta carisma y credibilidad a los extraños pobladores de Eugene, Oregon. Y cuando te tiene que estremecer (como en la escena en la que vemos por primera vez a Gwen morfándose un cerebro arrancado a un cadáver que acaba de desenterrar) te estremece a full, no se guarda nada. Como siempre, Allred mete maravillosos detalles en los fondos, en la ropa, hasta en los peinados de los personajes. Y por si faltara algo, su infalible destreza narrativa le permite contar varias historias en paralelo, alternar secuencias de presente, pasado, recuerdos propios y ajenos y arriesgadas composiciones de página como la del paseo por la ciudad de Gwen y Horatio. Realmente es un lujo de aquellos tener a un artista de esta magnitud en una serie mensual, y encima en una que no escribe él mismo, sino que se limita a dibujar (con increíbles pilas) guiones ajenos.
Entre fines de este año y principios del próximo, se terminan Northlanders, DMZ y Scalped. Todo mal. ¿Vertigo se va al descenso? Ni a palos. Con series como Sweet Tooth, The Unwritten y iZombie, el sello tiene argumentos de sobra para seguir en Primera (y peleando varios torneos a la vez) varias temporadas más.

martes, 5 de julio de 2011

05/ 07: CORINA Y EL PISTOLERO


Por culpa de esta historieta, a Luciano Saracino lo han comparado bastante con Neil Gaiman. Y está bien, es una novela gráfica con unos cuantos gaimanismos. La forma en la que Saracino mete los elementos mágicos y sobrenaturales en un contexto en el que normalmente no aparecen ni a saludar (el clásico western, sucio y herrumbroso, frío y despiadado) es claramente (aunque no sé si intencionalmente) gaimanesca. Pero lo más importante de Corina y el Pistolero no es precisamente la influencia o el olorcito del glorioso creador de Sandman. Lo que más llama la atención es la belleza de la historia, la forma que encuentra Saracino para que nos resulte creíble, digerible, justo y necesario un final demasiado feliz para como venía la mano hasta 12 ó 13 páginas antes del final. De pronto, existe la posibilidad de eliminar, ya no al villano, sino al Mal, en un sentido absoluto. Salto al vacío riesgoso, si los hay. Y el guión se aferra a esa posibilidad (a esa Esperanza) y la lleva hasta las últimas consecuencias. El resultado es un final perfecto, que te hace mimos en el alma, como si te durmieras haciendo cucharita con tu persona favorita, escuchando lentos de Richard Marx.
El trámite hacia ese final (más digno de cuento de hadas que de western) es ágil, dramático, intenso. Y ajustado, claro, a las convenciones del género de los cowboys, entre las que gradualmente se cuelan elementos más raros, más enigmáticos, de esos que te hacen levantar la ceja y decir “¿Para dónde estará a punto de derrapar este delirante?”. Y no, no derrapa nunca, porque –como decíamos- todos esos elementos mágicos y sobrenaturales entran a la trama por la puerta correcta, o sea, por la que uno menos se lo espera.
No quiero contar más de la historia, para no deslizar datos que conviene más no saber a la hora de leer el libro. Simplemente destacar el gran manejo de los climas, la excelente dosificación de los diálogos y la destreza de Saracino para meternos a full en la trama a partir de un personaje seco, neutro, casi inexpresivo y del que sabemos menos que lo indispensable.
Parte de la responsabilidad sobre el fascinante clima que se respira en la obra le corresponde al dibujante, el vasco Infame & Co. Con su claroscuro potente y su gran manejo de las tramas mecánicas, Infame cumple con la labor de llevar adelante esta rara combinación de magia y grim ´n gritty. Pero con lo justo, sin que le sobre nada. No estamos ante un virtuoso, ni mucho menos. Es un dibujante que viene del under y que, para publicar en fanzines, es un monstruo. Pero para compararlo con los grossos, le falta bastante. Dibuja muy lindas minitas, es cierto, pero también hay que decir que se parecen demasiado a las de Ana Miralles. Sus secuencias mudas estás muy logradas y en general toda la narrativa demuestra muchísimo criterio. Lo único realmente criticable pasa por algunos aspectos del dibujo, que no llegan a empañar para nada un gran trabajo de un equipo guionista-dibujante que se conoce y se entiende muy bien.
Corina y el Pistolero es un comic distinto, impredecible y con un guión de altísimo vuelo. No es nuevo (en España se publicó hace un par de años), pero cae justo en el momento en el que un montón de lectores argentinos están descubriendo (en un acto de justicia impostergable) el gran talento para contar historias del imparable Luciano Saracino. Un lujo tenerlo tan bien editado en nuestro país.

lunes, 4 de julio de 2011

04/ 07: TENKEN


Hoy se juega otra vez el Superclásico de la Historieta: Argumento y Guión, frente a frente en la primera obra importante de la joven mangaka Yumiko Shirai, otra que (como Mark Kalesniko) tardó 10 años en terminar esta epopeya de más de 300 páginas.
El argumento de Tenken es excelente, tiene todo lo que funciona bárbaro en las películas de Hayao Miyazaki: una historia de amor, personajes atractivos, elementos fantásticos, elementos del folklore y las leyendas japonesas, acción, misterio, unas secuencias oníricas impresionantes y la infaltable bajada de línea ecologista. El problema es que el guión no saca todo el provecho que debería de esos condimentos tan sabrosos: repite muchas veces lo mismo, se cuelga, va lento, estira mucho secuencias que suman poco, cuando se las quiere dar de críptico termina por generar más aburrimiento que intriga, y si tiene tres diálogos ingeniosos, es mucho. Con esa misma premisa argumental, un buen guionista hacía una hecatombe. Shirai, en cambio, hizo un manga interesante, repleto de hallazgos, pero que por momentos hace ruido, o no termina de cerrar.
El último tercio de la novela gráfica es claramente el mejor. Ahí, la autora deja un poco de lado todas las explicaciones acerca de este mundo post-apocalíptico en el que conviven la contaminación radioactiva con las ancestrales tradiciones y supersticiones japonesas, y le mete para adelante a la historia de Saki y Manaka, y la serpiente y Susano (que no tiene nada que ver con la rubia, vieja, gorda y subnormal de Telefé). Todo lo que se insinuó en los primeros tramos mediante sueños, leyendas, visiones y bizarreadas varias, cobra forma en el tramo final y es una forma contundente, sólida, emotiva y con coherencia de sobra para llegar a un final más que satisfactorio. El resto de la obra no es horrible, ni intrascendente, pero empalidece en la comparación con esas… 125 páginas finales, donde el power de la historia estalla con verdadero fulgor.
No quiero ahondar mucho en el argumento, para no spoilear. El misterio es un elemento importante en el planteo de Shirai, y está todo pensado para que te caiga la ficha acerca de qué corno le pasa a Saki cuando ya estás MUY metido en la historia y cuando ya tenés mucha data sobre el mundo en el que transcurre el relato. O sea que, cuanto menos te cuente, mejor, así te envuelve más fácil el clima de extrañeza que plantea el guión, y te identificás mejor con Manaka, que es el personaje que se propone resolver el enigma que plantea la protagonista con su accionar impredecible.
El dibujo de Yumiko Shirai está en ese estilo intermedio, ni tan realista, ni tan funny, una onda Kaiji Kawaguchi, no muy distinta de la que pela Seimu Yoshizaki en Kingyo Used Books. Pero Shirai parece dibujar más apurada, con una estructura de lápiz menos firme, y a veces parece que dibujara directamente en tinta, con resultados a veces asombrosos y a veces decepcionantes. Shirai sabe lo que hace: a ese dibujo de personajes medio esquemático, con pocos trazos, donde se nota mucho más el laburo a pincel que la pluma o el rotring (incluso que el lápiz), contrapone un laburo increíble en los fondos, repletos de detalles y texturas magníficamente logrados. Y a lo largo de toda la obra, incorpora un elemento más, que maneja con maestría: las aguadas. Así, sin dejar el pincel (que parece que la poseyera, como un ancestral amuleto de infinito poder), enriquece a cada viñeta con hermosas manchas en distintas tonalidades de gris, que contribuyen a crear clima y a definir mejor la iluminación. En las secuencias oníricas, todo está definido por estas pinceladas cuasi-salvajes en tonos de gris y ahí es donde Tenken te impacta con una belleza plástica que no ves ni drogado en la gran mayoría de los mangas. Hay secuencias que están tan, pero tan perfectas que empiezo a sospechar que están hechas en el photoshop, no con pincel posta, sino con una herramienta digital similar a las que utiliza el chino Benjamin, pero pensada para blanco y negro. Como fuera, cualquier resbalón que veas en las viñetas “normales” está más que compensado por los prodigios que muestra Shirai en estas secuencias oníricas.
La narrativa es sólida y funciona bien, excepto por un capricho muy frecuente en el shojo: globos que aparecen en el cuadro y que pertenecen a personajes que NO están en el cuadro. Esto suele ser molessssto y acá se sufre más, porque Shirai (o los que tradujeron esta obra para su publicación en EEUU) rara vez le ponen “colita” a los globos, con lo cual uno tiene que andar adivinando quién carajo dice cada cosa, algo que si los personajes que hablan están fuera de la viñeta, se complica más que la vida de Aguilar el día que alguien haga una auditoría de su gestión en River.
En una palabra, Tenken tiene varios problemas típicos de una opera prima, pero le sobran logros, buenas intenciones y elementos atractivos para darle una oportunidad y disfrutarla.

domingo, 3 de julio de 2011

03/ 07: EX MACHINA Vol.5


Se vienen las elecciones para Jefe de Gobierno porteño y esa es una excusa tan buena como cualquier otra para volver a visitar al amigo Mitchell Hundred, el ingeniero que un día se hizo superhéroe y juntó tanta chapa que después se postuló para intendente de New York y ganó por afano.
Este es el famoso arco argumental que habla del faaaasssso. Acá, el intendente Hundred y sus colaboradores evalúan proponer cambios en las leyes vigentes acerca de tenencia y consumo de drogas, porque se dan cuenta de que son anticuadas y que –en la práctica- no resuelven absolutamente nada. El que se droga, ¿tiene que ir preso, o hacer un tratamiento para rehabilitarse? ¿Es lo mismo fumar marihuana que inyectarse heroína? ¿Puede el Estado negarte la libertad de –en tu casa y sin joder a nadie- meterte lo que se te cante en tu organismo? Hundred y su equipo se hacen estas preguntas, un poco a raíz del mini-escándalo generado por declaraciones del intendente en un programa de radio, donde “confiesa” (como si fuera un crimen) haber fumado faso en su juventud. Y enseguida, el guionista Brian Vaughan aprovecha la situación para tirarnos (sin aburrir ni predicar) un montón de datos asombrosos acerca del consumo de drogas en los EEUU. El más llamativo es el cruce con el tema racial: de los presos por tenencia de drogas, el 80% son negros o hispanos, y sin embargo los que más drogas consumen son los blancos. ¿Son serias las leyes vigentes, o son una mera excusa para “limpiar” las calles de negros y latinos?
Para sumarle espesor al dilema, tenemos a una mina que se inmola al mejor estilo talibán en reclamo por su hijo, que fue asesinado en la cárcel, donde cayó por vender faso. Y a un degenerado que se hace pasar por bombero para irrumpir en las casas, robar y matar gente. Los conflictos se apilan, pero ninguno es lo suficientemente físico como para que Hundred use mucho sus poderes, o como para garantizar buenas escenas de acción. Entonces Vaughan recurre al flashback, a la historia en la que Great Machine captura a este pibe que vendía faso y lo entrega a la cana. Para que haya acción en cuatro episodios, el flashback se estira un poco más de lo razonable, pero bueno… tiene que aparecer Great Machine volando y disparando para mantener la fachada de que esto tiene algo que ver con el género superheroico.
La mamá de Hundred sigue sin aparecer, Amy Angotti (estrella del tomo anterior) aparece apenas en dos escenas, debuta una chica con pinta de misteriosa (January Moore, hermana de Journal), avanza un sub-plot que involucra a Kremlin, hay muchas escenas de contrapunto entre Hundred y su vicejefe Dave Wylie, y por si faltara algo, todo un episodio –realmente brillante- dedicado a indagar en el pasado, la personalidad y las motivaciones de Rick Bradbury, el guardaespaldas de Hundred, otrora ladero de Great Machine.
Tony Harris sigue firme en su estilo de realismo fotográfico, lindo pero pecho frío, con momentos de gran lucimiento, sobre todo en las expresiones faciales, en esa extensa secuencia de acción protagonizada por Great Machine y en los arrebatos de violencia que se precipitan cada vez que entra en escena el bombero loco, para repartir hachazos a domicilio. El colorista JD Mettler pela acá algunas de sus mejores páginas, especialmente durante el flashback que nos muestra a Bradbury en la Guerra del Golfo, todo virado a los amarillos y naranjas.
Ex Machina sigue su curso y por suerte nunca baja del increíble nivel en el que arrancó. Vaughan logra un comic que no se parece a ningún otro: acá, el peligro que afronta el héroe es quedar como un facho con los votantes progres, o como un revolucionario extremista con los votantes conservadores, o como un chamuyero con los medios de prensa. Esa es la tensión que mantiene a Ex Machina interesante, mientras nos invita a reflexionar sobre temas tan actuales y reales como el matrimonio igualitario, la educación pública, el miedo a los ataques terroristas o la despenalización del consumo de marihuana. Falta la saguita en la que lo pescan a Hundred usando los poderes para escuchar conversaciones telefónicas de sus adversarios, o la saguita en la que crea la UCEP para cagar a palos a los indigentes que viven en la calle. Pero claro, el protagonista de esta ficción es un héroe y nuestro PROcesado jefe de gobierno está claramente del lado de los villanos. Ojalá el domingo que viene gane la Justicia.

sábado, 2 de julio de 2011

02/ 07: LOS MAS VENDIDOS DE JUNIO


Como ya es costumbre, hoy la propuesta es repasar la lista de los títulos más vendidos en el circuito de comiquerías durante el mes pasado. Son datos sumamente parciales, porque no incluyen a las publicaciones de las editoriales LARP, OVNI, Ivrea y alguna más, pero como orientación, por ahí sirven.
Junio fue –hasta ahora- el mes de mejores ventas en lo que va de 2011 y, como había sucedido en Mayo, la gran cantidad de novedades fue el dato fundamental. Veamos quiénes se acomodaron en el Top Ten de ventas:
1) Comiqueando Extra n.16 (Freakshow)
2) Gaturro Vol.17 (De la Flor)
3) Correrías del Sr. y la Sra. Rispo (Llanto de Mudo)
4) Valizas (Belerofonte)
5) La Murciélaga Vol.6 (MacPulenta)
6) Fuerza Mosca (Comiks Debris)
7) Tragedias del Rock: John Lennon (V&R)
8) Muffins (Manoescrita)
9) Elías y el Perro de la Esquina (Comiks Debris)
10) Tragedias del Rock: Michael Jackson (V&R)

Y paradójicamente, en un mes repleto de novedades, los dos primeros puestos fueron para los mismo títulos que lideraron las ventas de Mayo.
Lo de la Comiqueando es entendible, porque salió muy cerquita de fin de mes y muchos comercios del país la encargaron ya iniciado Junio. Lo de Gaturro sólo se explica por la inmensa popularidad de la tira de Nik, que a pesar de ser cada vez peor y más reiterativa, tiene una hinchada muy fiel, sobre todo entre los más chicos. Por suerte, ni el Vol.17 ni el Vol.16 arrimaron a las cifras del 13, 14 y 15. En una de esas, la pandemia está en retroceso. Pero no creo, o por lo menos no me animo a afirmarlo. Por ahí la cantidad de gente que se autoinflige este flagelo es igual o mayor y simplemente compraron los últimos tomos en otro circuito.
De las publicaciones de Mayo, la otra que se la bancó a lo guapo en pleno alud de novedades fue La Murciélaga, otro producto cuya legión de fans no para de crecer, y además uno de los pocos que jamás cambió de precio, de Enero de 2010 hasta acá. Los anda buscando Guillermo Moreno para hacerles un monumento.
Y entre las novedades, las que salieron efectivamente en Junio, la más vendida fue Correrías del Sr. y la Sra. Rispo, lo nuevo de Diego Parés. Calladito, sin armar mucho kilombo, entre la Fierro, la Barcelona y la contratapa de La Nación, Parés armó una masa crítica de lectores que lo veneran (me incluyo, claro) y Llanto de Mudo lo supo capitalizar con un libro hermoso.
También se vendió mucho Valizas, lo nuevo de Rodolfo Santullo y Marcos Vergara, seguramente por el impacto que generó cuando se publicó en el blog Historietas Reales. Pero con cero difusión previa, también se coló en el ranking Muffins, una interesantísima historieta muda de Iñaki Echeverría (al que vimos en Fierro y en Negro el 10). Los otros cuatro lugares se los repartieron dos editoriales: Comiks Debris, que volvió después de casi 11 meses con dos nuevos lanzamientos apuntados al público infantil, y una editorial que existe hace mucho pero que acaba de debutar (con el pie derecho) en el circuito de comiquerías. V&R se propuso editar en Argentina la serie de novelas gráficas conocida como Tragedias del Rock, creada por Nora De Bonis (la viuda de Andrés Cascioli) para editar en el exterior, pero realizadas por grandes autores argentinos. Pol Maiztegui firmó la de Lennon y la dupla Diego Agrimbau- Horacio Lalia se encargó de la Michael Jackson. Se vienen más títulos antes de fin de año, por suerte.
Y como suele suceder, salieron novedades que no entraron al Top Ten, ya sea porque se empezaron a distribuir muy cerca de fin de mes, o porque no despertaron mucho interés entre las comiquerías. A una de ellas (El Libro de Gabriel, de Trillo y Meglia) le tengo mucha fe y creo que tarde o temprano va a estar entre los más vendidos, a pesar de su precio, bastante elevado.
En los papeles, Julio pinta para ser más tranqui: menos lanzamientos y en lo que a mí respecta, mucha concentración para sacar adelante el despelote que implica tener un stand 20 días en la Feria del Libro Infantil. Veremos qué pasa con las ventas, si se la bancan o se van al descenso con Quilmes, Huracán, River y Gimnasia…

viernes, 1 de julio de 2011

01/ 07: McKOSHER


Y hoy sí, tenemos autobiografía pura, sin ningún elemento fantástico. Brian Jánchez nos cuenta con gracia y honestidad su breve experiencia laboral en el McDonald´s Kosher del patio de comidas del Abasto Shopping en forma de historieta, y es todo lo que hay.
Pero no es poco, porque la historieta está buenísima. Primero te engancha por lo raro: seguro que la primera vez que viste el McDonald´s Kosher dijiste “qué bizarro…”. Después, seguro te preguntaste en qué se diferencia la comida chatarra kosher de la normal. Y después, seguro te fuiste a comer comida china, asado o pastas. Una vez ahí adentro, ya convertido en “activador”, Jánchez también descubrió los sutiles procedimientos que hacen kosher a la clásica hamburguesa con fritas, y nos revela todo el proceso con mucha precisión, condimentado con observaciones agudas y graciosas. Y de postre, nos ofrece un nutrido desfile de jefes, supervisores y compañeros de trabajo, de los cuales ninguno llega a cobrar demasiado protagonismo, no porque no sean interesantes, sino porque la historieta es muy breve.
Una vez que nos tiene enganchado con lo atípico del lugar donde trabaja, Jánchez aprovecha y mete más cosas personales: sueños, aspiraciones, madre, novia, viajes en bondi de o al laburo y hasta episodios fecales en el inodoro. Y por supuesto, pela su mejor recurso, que suele ser el humor. Un humor de stand-up comedy, basado sobre todo en la observación, apuntalado por una ironía inteligente, finoli, y servido en bandeja por el alto nivel de patetismo que Jánchez le encuentra a la situación y a la relación que se entabla entre jefes, empleados, clientes y demás.
El resultado es una comedia costumbrista con una mirada ácida e ingeniosa sobre un tema bastante desconocido por la mayoría de los lectores que, por no ser judíos o por no consumir comida chatarra, nunca comimos en el McKosher. Entra también en el subgénero “jóvenes a la deriva”, aunque nunca vemos a Brian destapar una birra.
En la faz visual, Jánchez cosecha un montón de laureles más. El dibujo es muchísimo mejor que el de su otra obra publicada en libro (Sloishim) y nos muestra a un autor mucho más solvente, que no dibuja lo que puede, sino lo que quiere. En la versión que salió publicada en la revista La Mano, McKosher era a color, o en realidad tenía varios tonos de naranja y amarillo. Esa paleta intencionalmente restringida fue reemplazada con éxito por blanco, negro y gris y la verdad es que los colores no se extrañan para nada. Parte de lo que hace interesantísimo leer a Jánchez es que no se le nota ninguna influencia alevosa. Nunca fue un “clon de”, ni mucho menos. Y por supuesto, está muy bueno verlo mejorar como narrador. Las 48 páginas de McKosher están armadas en dos tiras, y en cada tira pasa de todo. Las hay de dos viñetas y las hay de seis, y en todas está todo lo que tiene que estar. En esos espacios chiquitos, casi claustrofóbicos, Jánchez pone todo lo que quiere mostrar y lo organiza de tal modo que no satura, ni sobrecarga, ni aburre.
Brian Jánchez es muy joven, pero McKosher lo dejó ahí, a centímetros de esa obra maestra que lo consagre definitivamente y lo siente en la mesa de los más grossos de la historieta argentina actual. Si todavía no lo descubriste, agrandá tu combo y sumalo a tu lista de autores mega-promisiorios a los que conviene seguir muy de cerca.