el blog de reseñas de Andrés Accorsi

domingo, 11 de enero de 2026

TARDE DE DOMINGO

Ahora sí, tengo dos libros leídos y un rato para escribir reseñas. Empezamos en España, año 2021, cuando la editorial Dolmen tiene el acierto de publicar en nuestro idioma un comic que además es un documento histórico imprescindible: La Verdadera Historia de Futurópolis, de la genial Florence Cestac, traducido de manera impecable por el maestro Francisco Pérez Navarro. Florence Cestac, hoy consagrada autora de comics, trabajó 22 años en Futurópolis, la famosa editorial francesa que empezó como una comiquería especializada en historietas antiguas. El relato de todo lo que sucedió en esos años (1972-1994) es tan apasionante, que en 2007 la autora decidió convertir todas esas historias y anécdotas en una novela gráfica, un poco autobiográfica, pero con el protagonismo repartido entre todas las personas que fueron importantes en la trayectoria de la editorial. Es, además, una crónica infalible de cómo se transformó la industria del comic francés en esos años: a través del relato de Cestac vemos como se cocina y cómo explota el boom del comic para adultos, cómo editores y libreros franceses se las ingenian para que "las nuevas olas" no se lleven puesta a la ilustre tradición de la bande dessinée, cómo cambian los gustos de los lectores y los coleccionistas, cómo un sello chiquito puede convertirse en una editorial importantísima en un mercado ultra-competitivo, cómo evolucionó el circuito de eventos y festivales, y hasta vemos el Secret Origin de L´Association. O sea que, aunque no te guste el dibujo de Cestac, aunque no te copen el tono y el ritmo que elige para contar la historia, la cantidad de info que tira es tan brutal, que cualquier fan del comic francés termina hipnotizado por lo que estas páginas tienen para ofrecerle. A mí el dibujo de Cestac me encanta. En todo caso, lo que tengo para criticarle al libro es que mete demasiada data para 100 páginas. Entonces, hay muchas páginas de nueve cuadros en las que la autora nos narra... cuatro o cinco escenas distintas, casi sin desarrollo: un dibujo, un bloque de texto, uno o dos globos (con diálogos muy ingeniosos), y a otra cosa. Tantos saltos de escena en una misma página requieren mucha concentración por parte del lector y además permiten profundizar poco en cada una de ellas. Pero en los pasajes en los que Cestac descomprime un poco el ritmo, y permite que las situaciones se desplieguen a lo largo de más viñetas, y que los personajes dialoguen entre sí, sin tener que resumir todo en dos globos y un bloque de texto, la novela gráfica levanta muchísimo. La Verdadera Historia de Futurópolis recorre con humor e ironía una epopeya comiquera protagonizada por un grupo de jóvenes idealistas que tenían unas ganas locas de vivir de aquello que los apasionaba. A veces contando las monedas, a veces en la cresta de la ola, pero siempre ahí, codo a codo con los autores y los lectores que hicieron gigante al comic francés. Una cátedra de Florence Cestac, con un valor documental inmenso, un dibujo fabuloso y un mix atrapante entre momentos cómicos, momentos tensos y momentos explosivos. Si te gusta la historieta francesa, no te lo podés perder.
Y me vengo a Argentina, año 2025, para leer la recopilación de Repuestos, una obra de Rodolfo Santullo y Damián Couceiro, originalmente serializada en la antología Distopía, de la editorial Pictus. No muy conocido en nuestro país pero con un carrerón en EEUU, Couceiro es un dibujante muy sólido, muy completo. Gran narrador gráfico, generoso a la hora de dibujar fondos, y con un manejo impecable de unos cuantos yeites heredados de su maestro, el gran Marcelo Frusín. El color de Leo Sandler lo complementa muy bien, y el conjunto de la faz visual de Repuestos resulta altamente satisfactorio, casi te diría de primer nivel. Para la trama, Santullo elige meterse en un terreno espinoso, incómodo como tampón de virulana, que es el de los costos de la revolución. Repuestos es una extensa reflexión acerca de quién paga esos costos. Quién derrama su sangre para que la utopía de un mundo mejor deje de ser utopía y empiece a ser realidad. Y aún más: quién decide quiénes se tienen que sacrificar. Antes de la mitad de la obra, el planteo ético se hace tan espeso que cualquier distinción entre "buenos" y "malos" resulta absurda. De manera descarnada, casi maligna, Santullo nos explica que acá no hay héroes, y que la célula guerrillera que confronta al régimen opresor no tiene ningún prurito a la hora de adoptar tácticas y tomar decisiones tan crueles como las que toman los villanos. De ahí en más, es todo desolación, todo oscuridad, porque solo vemos cómo un grupo de hijos de puta trata de causarle daños a otro grupo de hijos de puta. Unos porque cobran un sueldo para defender el statu quo, otros porque sienten que el sueño de un mundo mejor los habilita a ser atroces e inescrupulosos. El clima de violencia y de paranoia crece hasta hacerse asfixiante, pero Santullo encuentra rendijas por donde filtrar diálogos y situaciones que le permiten darle relieve a Nicola, Mira, el Pinzas, Pol, e incluso al Interlocutor. De alguna manera, el guionista logra que empaticemos con estos asesinos, que nos pongamos en su lugar y entendamos perfectamente cuáles son sus motivaciones. Y acá entra en juego la subjetividad del lector. Habrá quien, pese a todo, banque a los rebeldes, habrá quien diga "no, se fueron al carajo"... Pareciera que el guionista nos va a dar esa libertad, que no va a ser él quien juzgue a sus personajes... hasta que llega la secuencia final y ahí nos enteramos de qué lado de la grieta quedó Santullo. Repuestos es un comic realmente áspero, difícil de digerir, precisamente por su mensaje y su tono de extremo pesimismo. Es como que en vez de un canelón te sirvan un caño de escape envuelto en papel de lija, con un poquito de salsa encima. Cito un pasaje: "Cuando empezaron a suplirnos por máquinas en todos lados, dijeron que era por "nuestro bien". Cuando conseguir un trabajo se volvió una quimera, nos seguían repitiendo que estábamos "cada vez mejor". Cuando para beneficio de unos pocos se perjudicaba a todos, se nos dijo que eso era "progreso". Cuando vender nuestros órganos se transformó en la única manera de mantener a nuestras familias, se nos dijo que era un "trabajo honesto"..." y podría seguir, pero se vuelve todo tan cercano y tan doloroso, que hace daño. En un mundo así descripto (que lamentablemente ya es más crónica cotidiana que ciencia ficción), donde además los medios de comunicación están totalmente controlados por el régimen opresor, soñar con una revolución que le ponga fin al calvario de las mayorías es tan loable como inevitable. En ese contexto, resulta especialmente desgarrador y hasta perverso que el guion ahonde en los excesos, en el aspecto más cruel y más inhumano de la lucha revolucionaria. Así es como un comic bien escrito y bien dibujado, te deja una sensación de mierda, de asco, de derrota, de desesperanza. Que una aventura futurista con machaca y explosiones logre causarte daños en el alma no es poco, no son muchas las que lo consiguen. Pero cómo duele, la concha de su madre... Gracias por el aguante, gracias por descargar la Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas, acá en el blog.

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