el blog de reseñas de Andrés Accorsi

martes, 14 de julio de 2015

14/ 07: LOS REYES ELFOS: HISTORIAS DE FAERIE

Hacía más de dos años que no me topaba con un libro de esta maravillosa serie de Víctor Santos, esa que me tocó leer en perfecto desorden y de la que nunca conseguí el Vol.1. De hecho, Historias de Faerie es una segunda serie, de la cual existen dos tomos. El Vol.2 lo leí allá por el 01/02/10 y el Vol.1 es este, que conseguí recién ahora.
Al igual que el Vol.2, este tomo de Historias de Faerie ofrece una antología de historias cortas que se complementan con la saga central, la que protagoniza Ehren Heldentodsson. Algunas de las historias intersectan en momentos muy puntuales de la saga, otras nos muestran anécdotas menores, o revelan detalles del pasado de los personajes principales, o narran breves historias en las que algún personaje secundario asume un rol protagónico. Y también al igual que el Vol.2, abre con una historia en la que Santos dibuja el guión escrito por un invitado, para luego ser él quien escribe todas las historias restantes, todas con distintos dibujantes. Vamos a repasarlas.
La primera historia tiene sólo seis páginas y es una anécdota menor protagonizada por el villano de la saga, el Caballero Oscuro. El dibujo de Santos es magnífico y el guionista invitado no es otro que Michael Avon Oeming, quien propone una muy buena idea.
De las que escribe Santos, la primera también es muy breve y tiene como principal atractivo el dibujo de Víctor Rivas, un dibujante notable, emparentado con Joann Sfar, Blutch y Christophe Blain, al que me hubiese encantado ver dibujar un álbum de La Mazmorra.
La siguiente es otra anécdota menor (y muy linda), ambientada en la juventud de Ehren, dibujada por Fermín Solís, un autor con un típico estilo de indie yanki, una especie de James Kochalka más civilizado.
Ya con un par de páginas más, Santos nos cuenta una historia de cuando Ehren vivió en las tierras de Cipango, con los dibujos de Carla Berrocal, que no me terminaron de convencer.
Junto a Norberto Fernández (dibujante muy correcto, de estilo realista muy pulido), Santos narra el violento episodio por el cual Glirren se convierte en la Emperatriz de Hielo.
Otro dibujante realista de trazo muy potente, Sergio Córdoba (hoy consagrado en el mercado francés) tiene a su cargo el dibujo de una historia protagonizada por Jurgen Ulf que se queda un poquito en la machaca.
Otro dibujante hoy consagrado, David Lafuente, acompaña a Santos en otra historia de Ehren vagando por el mundo, esta vez en el Ulster, donde intersecta con la saga de Cuchulain. Otro relato violento, vibrante y muy bien dibujado.
Dreide y Jurgen Ulf son los protagonistas de la siguiente historia, también demasiado jugada a la machaca, más algún chiste ingenioso. El dibujo de Joan Fuster está muy bien, con un buen trabajo a la hora de resolver todo desde el claroscuro.
Anna (la hija de Ehren y Dreide) protagoniza una aventura narrada en dos tiempos distintos, en la que Santos logra indagar bastante a fondo en su personalidad. El dibujo es excelente y muestra por qué Kenny Ruiz triunfa en el mercado europeo.
Y me guardé para el final mi historieta favorita, protagonizada por Grimmerson y sus enanos. Acá Santos saca chapa de GRAN guionista y logra que esta breve narración de 8 páginas interesecte no con uno, sino con varios momentos clave de la saga principal, además de regalarnos los mejores diálogos del tomo. Para dibujarla convocó nada menos que a Quim Bou, un dibujante que a mí me encanta (desde mucho antes de que otro Bou fuera ídolo en Racing) y que acá deja la vida en unas páginas fastuosas, realzadas por una aplicación de grises sencillamente magistral.
Complementan varios pin-ups y textos en los que Santos cuenta el backstage de cada una de las historias. Si nunca leiste Los Reyes Elfos, me parece que este libro te deja bastante en bolas. Pero si ya venís siguiendo la saga, acá vas a encontrar muy buenas historias accesorias, algunas dibujadas a un nivel altísimo y todas con el sello inconfundible del inmenso Víctor Santos.

lunes, 13 de julio de 2015

13/ 07: ANT-MAN

Hollywood lo hizo de nuevo. Los creativos a cargo del universo fílmico de Marvel volvieron a encontrar la forma de hacer copado e interesante a un personaje que en los comics es menos que un cuatro de copas. Como pasó con los Guardians of the Galaxy, muchísima gente va a entrar al cine diciendo “¿quién carajo es Ant-Man?” y va a salir diciendo “ídolo absoluto Ant-Man”. Y es el mismo Scott Lang de los comics, eh? Presentado de modo distinto, adornado con personajes secundarios y villanos que en los comics no vimos nunca… pero sigue siendo Scott Lang.
El que cambia bastante es Hank Pym (muy bien personificado por Michael Douglas) que ahora asume el rol del veterano retirado que se convierte en mentor del pibe nuevo. Y acá los guionistas Edgar Wright y Joe Cornish se animan a hacer algo muy loco, que nunca habíamos visto en el universo fílmico de Marvel: contar aventuras de un superhéroe ambientadas entre la Segunda Guerra Mundial y la primera peli de Iron Man. ¿Todo para qué? Para darle chapa a este Pym crepuscular y a… al personaje cuya ausencia en casi toda la peli resulta importantísima.
Esta versión baqueteada y apenas oscura de Hank Pym es el elemento más dramático, menos festivo, de una historia en la que la acción va todo el tiempo de la mano de la diversión y hasta del humor. Ant-Man no es una película cómica pero -al igual que Guardians- dedica buena parte de sus 117 minutos a escenas muy graciosas, ya sea por las situaciones bizarras o por lo diálogos, repletos de ingenio, ironía y filo. La comedia se sostiene principalmente en la actuación de Paul Rudd (a quien yo no conocía, y no sé si posee la versatilidad suficiente para interpretar roles en los que no tenga que hacer de fachero/canchero) y de uno de los secundarios creados para la peli, brillantemente interpretado por Michael Peña.
Incluso dentro de este festival de chistes (que rivaliza con el festival de efectos especiales) hay conflictos fuertes, algunos más humanos (la relación de Scott con su hija Cassie, o la tensión entre Pym y su hija, interpretada por Evangeline Lilly) y otros más grandes, más peligrosos, y ahí es donde gana peso en la trama el villano, también muy logrado por Corey Stoll. En el último tramo, esta película tiene algo que casi no hemos visto en toda esta saga de films de Marvel: un villano con máscara y traje de villano. Quiero más de esos. Pero lo mejor es que estos conflictos hacen que los personajes crezcan, que enfrenten lo que les pasa, que no tengan más opciones que cambiar de rumbo, de actitud, aunque más no sea de opinión. Ant-Man no es una peli que pretenda venderte la hiper-epopeya, sino que se apoya mucho más en las luchas internas, las que se desatan en el fuero íntimo de los personajes. Si lográs hacer eso y que además nos cebemos con la aventura y nos riamos con los toques cómicos, sos un grosso.
Por si faltara algo, la gran traición de este guión (Hank Pym nunca fue miembro de los Avengers) está perfectamente justificada y cobra sentido en virtud de lo que pasa al final (en las escenas post-créditos), que obviamente no te lo voy a contar, pero que termina de integrar a esta película al resto del universo fílmico de Marvel. No hace falta boquear mucho, vos ya te imaginarás para dónde va la cosa…
Así que no dudes en pasar por tu cine favorito y subirte a este festival de la imaginación propuesto por el director Peyton Reed. Preparate para delirar con un despliegue visual realmente imponente y sobre todo para disfrutar de una muy buena historia, que te va a dejar pidiendo más. ¿En serio? ¿Más Ant-Man? Sí, en serio. Más Ant-Man.

domingo, 12 de julio de 2015

12/ 07: MAR DE CACA

Después de haberse puesto al frente de la antología La Baba (aquel librito que vimos el 18/03/13), Julián Mono tiene ahora su álbum solista, en el que compila chistes, tiras e historietas cortas que lo tienen como único autor.
Si sos marplatense y te gusta hacer chistes con soretes, porongas, nazis y discapacitados, lo más probable es que te comparen permanentemente con Gustavo Sala, o peor aún, que te encasillen como “el Gustavo Sala de la B”. Y lo primero que hay que valorarle a Mono es eso, su esfuerzo denodado para no quedar pegado a la estética de Sala, para que su dibujo no nos haga acordar al del autor de Bife Angosto. Quedan apenas resabios, remotos vestigios del trazo de Sala en lo que hoy nos muestra Mono, quien parece muchísimo más encolumnado detrás de la onda de un Johnny Ryan, por ejemplo. En las ilustraciones, Mono muestra algunos recursos técnicos heredados de Diego Parés y Basil Wolverton, mientras que en los chistes se ven influencias muy variadas, que nos remontan incluso a humoristas gráficos de los ´40 y ´50, distorsionados por un filo under que aquellos atildados caballeros obviamente no tenían.
Más allá de los parentescos gráficos que podamos apreciar en el dibujo de Mono, lo más interesante es verlo poner en juego su arsenal humorístico para hacernos reir. Y la verdad es que en ese aspecto este librito es muy efectivo. Con diálogos, con textos al pie, con imágenes sin textos, con secuencias, con chistes resueltos en una única imagen, con parodias a portadas de comic-books clásicos, las asquerosidades y las atrocidades de Mono nos propinan una golpiza memorable. Zoofilia, necrofilia, coprofilia, pedofilia, fellatios y penetraciones de todo tipo y factor, tumores malignos, soretes, torturas, mutilaciones, discapacidades, infinitos miembros viriles, superhéroes, Adolf Hitler, Alf y hasta Jorge Corona se dan cita en estas páginas para robarnos una carcajada que se mezcla con el asco y la repulsión.
Si te gusta el humor zarpado, al límite, el “humor sin barreras”, te podés hundir tranquilo en este Mar de Caca y salir bastante cagado, pero de risa. Ni el Gustavo Sala de la B, ni el Johnny Ryan argentino: Julián Mono es un exponente del comic humorístico en imparable crecimiento y si todavía no lo descubriste, este librito te da una inmejorable oportunidad de hacerlo.

sábado, 11 de julio de 2015

11/ 07: EL JUEGO LUGUBRE

La primera vez que compré una historieta de Paco Roca fue en 2000 ó 2001, no recuerdo bien. Pero me acuerdo perfecto que la obra era El Juego Lúgubre, editada por La Cúpula en la colección Brut Comix. Me acuerdo que era más chiquita que un comic-book, en blanco y negro, encuadernada con ganchitos en vez de lomo, y que la leímos en la Mesa Redonda de Comiqueando y sacó unos puntajes buenísimos. Hace poco vi a buen precio la edición de 2007 de Dolmen (formato álbum europeo, tapa dura, todo color, papel finoli) y no me pude resistir. Claramente, era una historieta que justificaba una edición bastante más cuidada que la que atesoraba yo.
El Juego Lúgubre funciona como la típica historia de terror de un salame que se mete donde no se tiene que meter: mansión embrujada, castillo hecho mierda, pueblo abandonado… lo que más te guste. Lo interesante es que el horror que va a llevar al protagonista al borde de la locura no proviene de la tradición literaria de Bram Stoker o H.P. Lovecraft, sino de la imaginería pictórica de Salvador Dalí. La novela nos lleva todo el tiempo a preguntarnos si el excéntrico genio de la pintura surrealista no era también un asesino desquiciado, un criminal demente capaz de matar gente para luego comerse o empomarse a sus cadáveres, o hacer con ellos experimentos aberrantes. El guión de Roca subvierte ese pintoresco atelier en una apacible playa catalana, que uno asocia con un clima de libertad y creatividad, para convertirlo en sede de indecibles horrores.
Por supuesto a Salvador Dalí no se lo llama así, con su nombre y apellido, sino que el autor nos lo camufla mínimamente bajo el nombre de… Salvador Deseo. El resto es todo tal cual. La época en que transcurre la historia está perfectamente recreada, el pintor de ficción habla como el de la realidad, y hasta vemos muchísimas referencias a los cuadros más recordados del auténtico Dalí. O sea que si sos fan del genio vas a encontrar un montón de elementos de su vida cotidiana, frases que él decía e imágenes que te van a remitir a algunas de sus obras más embleméticas. Nada mal para una historieta de terror…
Podría hablar horas del argumento de El Juego Lúgubre, meterme con las pinceladas históricas (en la previa a la Guerra Civil Española), contar algo de la historia de amor que vive el protagonista… pero la verdad es que prefiero que –si todavía no lo leíste- te sorprenda tanto como a mí.
Prefiero centrarme un toque en el dibujo, ya que esta es la primera obra en la que realmente se ve con fuerza el estilo de Paco Roca. Obviamente, ahora que es un consagrado a nivel mundial y sus obras se editan en todo el mundo, en formatos de lujo, mete más cuadros por página que en este trabajo hecho (capaz que por el pancho y la coca) para una editorial española que –sin ser un kioskito- nunca pagó fortunas. Pero aún en este proyecto, Roca sorprende por su gran versatilidad en el armado de la secuencia, su gran criterio para elegir qué escenas narrar sin palabras, y su gran variedad de enfoques, todos pensados para meternos a fondo en los climas de la historia. Las escenas oníricas, las imágenes escabrosas, todo le sirve al autor para construir la atmósfera enrarecida del relato. Y cuando llegan las escenas tranqui, charlas al aire libre, a pleno sol, entre los únicos dos personajes más o menos sanos de la novela, cambia un poquito el registro y el dibujo se hace más luminoso, por momentos casi naïf. Un lindo respiro entre tantas orgías de sangre, decadencia y depravación.
El color, agregado para esta edición (o quizás para la francesa) es sobrio, sin estridencias, muy evocativo y –al igual que los efectos de iluminación que proponía Roca desde el dibujo a tinta- sumamente funcional a los climas del guión. Hay que ser un verdadero talibán del claroscuro para decir “me quedo mil veces con la versión en blanco y negro”.
Y bueno, siempre es un placer encontrarse con las historietas de este monstruo del Noveno Arte mundial como es Paco Roca. Estoy por leer su trabajo más reciente y esta segunda leída (este ballotage) de El Juego Lúgubre no hizo más que acrecentar mis expectativas. Y reforzar los argumentos con los que vengo recomendando este comic hace casi 15 años..

viernes, 10 de julio de 2015

10/ 07: A1 Vol.1

Ya habíamos reseñado otros tomitos de esta gloriosa antología gestada a fines de los ´80 en el Reino Unido, pero me faltaban algunos, entre ellos el mítico Vol.1, que tiene fama de Santo Grial inconseguible. Yo lo conseguí allá por el ´91, lo perdí y ahora lo volví a encontrar, un poquito baqueteado, pero no dudé en comprarlo, porque sé que es un comic que escasea muchísimo. Repasemos sus contenidos.
Arrancamos con una breve historia de tres páginas escrita y dibujada por el maestro Barry Windsor-Smith en clave de comedia. Una idea muy sencillita, rematada en pocas viñetas, donde el principal atractivo es, claramente, el dibujo.
Después tenemos una historia de siete páginas de los Warpsmiths, personajes secundarios de Miracleman, escrita por Alan Moore y dibujada por el inmenso Garry Leach. No se entiende cómo después de leer esto, alguien en DC no le metió una patada en el orto a quien fuera que estuviera escribiendo Green Lantern Corps, para dársela al Mago, con contrato por 130 años, mínimo. Una verdadera joya.
Eddie Campbell nos cuenta una historia interesantísima y muy divertida, protagonizada por Bacchus y con la participación de varios dioses griegos, principalmente Hephaestus. Lástima que en vez de dibujarla él se la da a Phil Elliott, que no es malo, pero no sintoniza bien la onda de esta serie. El maestro John Bolton nos regala cuatro páginas de una historia perturbadora y magnífica, sobre un guión del ignoto Graham Marks. Tanto la idea como la realización gráfica son excelentes.
Otro prócer británico, Brian Bolland, aporta tres paginitas de The Actress and the Bishop, con un guión muy limado, por momentos caprichoso, y con el atractivo de estar escrito en rima. El dibujo, obviamente es fastuoso. Un autor al que no conocía, Paul Behrer, cuenta una historia de Jai-Son the Wayfarer, una de espada y brujería protagonizada por un ratón antropomórfico, al que me parece que le deben no poco las actuales Mice Templar y Mouseguard. El dibujo no es malo, pero podría ser mejor.
Alan Moore vuelve a la carga, ahora con Steve Parkhouse y un episodio bastante cómico de The Bojeffries Saga. Mr. X, el clásico personaje de Dean Motter, protagoniza una historia corta escrita por Neil Gaiman y dibujada por Dave McKean (nada menos). No la quise leer porque tengo en la pila de pendientes un recopilatorio de historias cortas de Mr. X en el que está republicada y prefiero leerla en ese contexto. Ted McKeever escribe una historia muy retorcida, breve, delirante, que contrasta con el dibujo sobrio y casi elegante de un Dave Gibbons que se juega con gran éxito al claroscuro. Lo más raro de la antología es la republicación de una vieja historia de siete páginas, originalmente creada en 1942 y protagonizada por el enésimo superhéroe patriótico, prácticamente clonado del Capitán América. No me aportó nada.
También está el primer episodio de Bricktop, la serie de Glenn Fabry que continúa en los otros tomos, dibujada a un nivel alucinante. Bob Burden aporta una historia muy cortita de Flaming Carrot, que apenas llega a escozar el inicio de una trama que andá a saber dónde se resuelve. Se banca por los dibujos. Peter Milligan y Brendan McCarthy se mandan una historia muy experimental, muy drogada, que ya vimos en el tomo que Dark Horse le dedicó a la dupla. Y el limitadísimo dibujante Dom Regan intenta contar una aventura sin palabras y en el sentido de lectura japonés, con resultados poco convincentes.
Me guardé para el final la gema, la hiper-pulenta: las 10 páginas de Survivor, la historieta escrita por Gibbons y dibujada por McKeever (la misma dupla que ya habíamos visto, pero con los roles invertidos) en la que deconstruyen COMO NUNCA el mito de Superman. Esto es de una belleza y unos huevos descomunales, cada texto es brillante y encima está todo narrado en ocho viñetas por página, con cámara subjetiva. Es decir que sólo vemos lo que ve el protagonista, siempre de frente y desde la misma distancia. Una auténtica gloria, que creo que nunca se reeditó en ningún lado.
A1 fue genial en su momento y hoy se la re-banca. Si podés capturarla, no lo dudes un segundo.

jueves, 9 de julio de 2015

09/ 07: UN GLOBO QUE NO SE DESINFLA

En este librito Brian Jánchez se propone narrar 60 historias autoconclusivas, todas resueltas en una sóla página y con seis viñetas. Sin continuará, sin personajes recurrentes, son 60 situaciones que se presentan, se desarrollan y se rematan en apenas seis cuadros, casi siempre de igual tamaño. El autor realizó esta tarea a lo largo de varios años, y acá aparecen todas esas páginas recopiladas, algunas publicadas en blanco y negro puro y otras realzadas por un excelente trabajo de aplicación de grises en el photoshop.
Por supuesto, al ser de distintos años, hay variaciones en el dibujo, pero en general este rubro es muy sólido. El estilo de Brian está muy presente, las páginas en las que hay muchas tonalidades de grises se lucen muchísimo y las páginas en las que está todo jugado al claroscuro también están muy bien equilibradas.
Algunas de las historias van para el lado de la bizarreada, otras juegan con un humor más negro y otras son simples anécdotas de la vida real, pequeños relatos cotidianos ambientados en un barrio cualquiera, con un giro gracioso, o grotesco, sobre el final. A mí las historias que más me gustaron son esas en las que Janchez recurre bastante al relato en off, a bloques de texto que nos cuentan anécdotas notables en la vida de personajes excéntricos, que obviamente no existen. Esas historias me hicieron acordar mucho a las brillantes Efemérides Truchas del maestro Daniel Paz y me causaron mucha gracia.
No me quiero poner a enumerar todas las historietas que realmente valen la pena en este libro porque son muchas. Lo quiero recomendar, no sólo a los fans de Brian Janchez, sino a cualquiera que quiera disfrutar de un humor muy suelto, con muchos recursos, que van de la nerdeada a jodas bastante punzantes con temas como los nazis, los indigentes y los discapacitados. Cucarachas, supehéroes, parientes de Oesterheld, un demonio que da pie a un homenaje a Mignola, un transformer, la telemarketer de Satanás, pibes mutilados, el team-up entre Batman y Porky, muñecos del trencito de la alegría, hinchas de Canadá y el mundial de dominó para gordos son algunas de las ideas que Brian detona en apenas seis viñetas y que hacen a este libro un festival de chistes muy diverso y sumamente satisfactorio. Que no se desinfle nunca.

miércoles, 8 de julio de 2015

08/ 07: HOY NO HAY NADA

Tengo un librito leído, pero no llego a tiempo para escribir la reseña. Queda para mañana, sin falta.
Hoy en Buenos Aires la noche está alucinante, no hace ni frío ni calor, ideal para salir a atorrantear un rato, aprovechando que mañana no se labura y nos podemos acostar a cualquier hora. Así que ahí voy.
Si todavía no lo hiciste, te recomiendo darle ”me gusta” al perfil de Facebook de Comicópolis, así te enterás de todos los anuncios grossos que ya estamos dando a conocer, para ir generando calentura y expectativa rumbo a un evento que promete ser inolvidable.
Eso es todo. Perdón por el faltazo, gracias por el aguante de siempre y mañana vuelven las reseñas.

martes, 7 de julio de 2015

07/ 07: ¡VIVA MEXICO!

Ultimo tomo en esta recorrida por algunos highlights de la colección Un Uomo un'Avventura, gestada en Italia en la segunda mitad de los ´70. Este es un álbum de 1977 que tiene como principal atractivo los dibujos del maestro Sergio Toppi. Tanto es el atractivo, que la edición española no dice en ningún lado que el guión no es de Toppi, sino de un tal Decio Canzio. Menos mal que existe la compañera Wikipedia para aportar esos datos…
La verdar es que el guión de Canzio se esfuerza, le pone garra, pero no logra armar una buena aventura. ¡Viva México! funciona mejor como un comic documental, casi como un ancestro de las historietas de Joe Sacco. Lo que mejor hace Canzio es recrear aquellos convulsionados años de la revolución mexicana, explicarnos cuál era el conflicto, por qué hace 100 años estos muchachos se cagaban a tiros y se dinamitaban unos a otros, con qué tácticas (y con qué pruritos a la hora de eliminar al adversario) combatían uno y otro bando, cuál era la postura de EEUU frente al bolonki, en qué se diferenciaban y en qué coincidían Emiliano Zapata y Pancho Villa… un montón de data muy interesante, que no aparece de modo pedagógico ni enciclopédico, sino muy bien integrado a ese relato que quiere ser de aventuras pero no llega.
El protagonista y uno de los principales secundarios son yankis, y excepto en las cuatro últimas páginas, cumplen roles muy menores, son simples testigos de lo que sucede. Acompañan, observan, hacen preguntas que le dan el pie a los mexicanos para explicarnos en los diálogos muchos de estos elementos ya enumerados… y no mucho más. Los comentarios que hacen los yankis entre ellos nos muestran claramente la distancia cultural entre ambos países… un poquito deformada por la visión que un guionista italiano tenía de esas diferencias. Por suerte, todo lo que muestra Canzio en esta faceta más descriptiva del guión resulta interesante, creíble, me permite suponer (por lo menos a mí que toco de oído en materia de Historia Mexicana) que el tipo hizo los deberes, se documentó bien, no mandó fruta.
Y por suerte escribió poco, metió pocos bloques de texto, pocos diálogos, pocos cuadros por página. Digo “por suerte” porque eso es lo que permite un enorme lucimiento del dibujo del maestro Toppi. Acá el milanés tiene espacio para jugar, para resolver hermosas secuencias mudas, para experimentar con el armado de la página, con la composición de las viñetas, en su estilo más maduro, ese que se basa en un complejo y fascinante equilibrio entre espacios vacíos y sobrecarga de elementos gráficos en texturas, fondos y hasta en detalles en los primeros planos.
Son innumerables los aciertos de Toppi en el manejo del plumín y la mancha. La documentación histórica está buenísima, la referencia fotográfica está perfectamente integrada, la acción tiene muchísimo dinamismo, las onomatopeyas son espectaculares… Por ahí le faltó zarparse un poquito más en las expresiones faciales, que están algo contenidas, desenfatizadas. Y lo que realmente no suma, sino que resta un poco, es el color. Un color chato, sin onda, sin énfasis, muchas veces puesto al estilo Columba (personajes o paisajes enteros pintados de un sólo color), muy poco comprometido, muy poco funcional a los climas del relato. Sospecho que alguna vez, probablemente en Francia, ¡Viva México! se debe haber reeditado en blanco y negro. Si existe tal cosa, debe ser una auténtica maravilla, mucho más disfrutable que esta versión.
Aunque no te interese mucho el tema de la revolución mexicana, este álbum se puede tener para babear con los dibujos del inmenso Sergio Toppi, a quien le venía dando duro y parejo, y ahora me propongo dejar decansar unos meses. De hecho, ya me queda sin leer muy poca historieta europea clásica de los ´70 y ´80, así que en estos días se vienen con todo varios hitos, pero del Siglo XXI.

lunes, 6 de julio de 2015

06/ 07: BATMAN BLACK & WHITE Vol.2

Ah, bueno… Con razón durante mucho tiempo este fue el tomo más difícil de conseguir de los tres Black & White. En esta antología (compuesta por historias originalmente publicadas en la revista Gotham Knights en 2000 y 2001) hay papa fina, pero a un nivel devastador, aplastante. Y no sólo te destruye con los nombres, también con los trabajos que aportaron estos 39 autores entre los que hay mayoría de ídolos. Son 21 historietas, vamos a intentar repasarlas todas.
La de Paul Dini y Alex Ross (en la que Batman casi no aparece) es exquisita. Se merecía haber sido canónica. Gran narrativa, gran idea, todo muy lindo.
Chris Claremont y Steve Rude proponen una comedia muy graciosa protagonizada por Bruce Wayne, también sin Batman.
Muy linda la de Kelley Puckett y Tim Sale, con una técnica gráfica hermosa. El guión podría ser un toque más original…
No me cerró para nada el trabajo de Daniel Torres, no sé si porque perdí la costumbre de verlo en blanco y negro, o porque no se copó con el guión de Steven Seagle y no dio todo lo que puede dar.
La de Warren Ellis y Jim Lee, bastante menor, lastrada por el malabarismo narrativo que hacen ambos para que el Chino pueda meter pocas viñetas por página y pocos fondos.
Brillante lo de John Byrne, en un registro camp, casi un tributo a las historietas de los ´50, dibujado como los dioses.
Excelente también Paul Pope, con una historia muy sencillita, sin pretensiones, y un dibujo magnífico, muy jugado a los climas.
Las dos de John Arcudi me dejaron gusto a poco: una la dibuja Tony Salmons (muy zarpado) y la otra un John Buscema ya de vuelta, sin la calidad de sus años de gloria.
La de Paul Levitz tiene un guión livianito, casi setentoso, pero el dibujo de Paul Rivoche (mezcla de Jack Kirby, Alex Toth y David Mazzucchelli) la levanta enormemente.
Walt Simonson y John Paul Leon nos regalan una verdadera gema, con el Riddler como villano y mucho homenaje a Lewis Carroll.
La de Brian Azzarello y Eduardo Risso es flojita. La salvan los climas y ese manejo extremo del claroscuro que pela el león de Leones.
Otra joya es la de Howard Chaykin y Jordi Bernet (ma-mita) ambientada en la Segunda Guerra Mundial y con los diálogos repletos de chistes y juegos de palabras. Belleza.
Otra que no entiendo cómo no fue canónica (y cómo la remataron en 8 páginas en vez de estirarla para editarla como prestige de 48) es la de los maestros Alan Brennert y José Luis García López. Una cátedra absoluta, brillante por donde se la mire.
Dave Gibbons también juega a una onda retro, con un Batman copado y hasta gracioso, con miles de juegos de palabras y un montón de recursos que sólo se pueden lograr en una historieta.
El guión de Harlan Ellison está bueno, aunque requiere de páginas repletas de viñetas chiquititas para poder contarse en el espacio asignado. El dibujo de Gene Ha, sublime, de lo mejor del libro.
De las dos historias 100% en joda, me causó más gracia la de Ty Templeton y Marie Severin, pero la de Bob Haney corre con el caballo del comisario, que es el dibujo de un Kyle Baker prendido fuego.
Casi 100% en joda es la comedia de Paul Dini y Ronnie del Carmen, muy en la línea de la fundamental serie animada de los ´90, pero un poquito más zarpada en materia de insinuaciones sexuales.
Lo de Tom Peyer es bastante precario: su guión consiste en meras excusas para que el maestro Gene Colan dibujara lo que tenía ganas de dibujar… y se luciera a pleno.
Y cierro con un guión bastante light de Alan Grant, elevado al status de joya insuperable por los dibujos de Enrique Breccia, en su mejor trabajo para el mercado americano. ¿Mejor que lo de Lovecraft? Sí, y mejor que todo lo que publicó en blanco y negro en Skorpio y Fierro en los ´70 y ´80. Posta, nunca lo había visto al Churrique desparramar tanta jerarquía, tanta pasión, tanta dedicación en tan pocas páginas.
Aunque no te guste Batman, amigo viñetófilo, este libro es una fiesta de la historieta. Una fiesta sin colores, pero con un nivel de talento difícil de igualar.

domingo, 5 de julio de 2015

05/ 07: 1 OR W

Este es mi segundo libro de historias cortas de Rumiko Takahashi (el primero lo vimos el 19/05/11) y es probable que también sea el último, porque me parece que los pecho frío de los españoles no editaron más. Y en Argentina, donde se editaron tres series de la autora, a nadie se le ocurrió jamás publicar libros de historias cortas. 1 or W reúne nueve historias autoconclusivas, todas con una cantidad de páginas que va entre las 24 y las 48, pero no ofrece data acerca de la publicación original. Es decir, no nos cuentan en qué revista ni en qué año salieron estas historias en Japón. El dibujo me da pistas de que algunas son de fines de los ´70 o principios de los ´80, porque el estilo de Rumiko se ve todavía muy pegado al del maestro Shotaro Ishinomori. Pero son pistas, no certezas.
Lo cierto es que, al igual que en el libro que me tocó leer en 2011, todas las historias de 1 or W están ambientadas en el presente, en ciudades chicas de Japón. Algunas tienen tramas románticas, otras tienen elementos fantásticos, otras giran en torno a algún deporte y hay un par que tienen las tres cosas: amor, fantasía y deporte. Vamos a repasarlas una por una.
La Kannon Delgada es la más flojita. Es una típica historia de capricho adolescente, protagonizada por una chica de escuela secundaria que sueña con bailar con el pibe que le gusta en la fiesta de graduación. Rumiko se las ingenia para que la historia tenga acción y hasta una cierta tensión dramática, y después la resuelve con una obviedad que desvirtúa un poco todo.
La siguiente tiene boxeo, romance y una familia en la que todos los varones se transforman en perro cada vez que les sangra la nariz. Con estas ideas, cualquier autor del montón te arma una serie de 40 tomos. Takahashi, en cambio, se aguantó la tentación y resolvió todo en 32 páginas notables, llenas de humor y vitalidad.
Vamos con La Abuela y Yo, mitad comedia de enredos y mitad thriller sobrenatural, protagonizado por una pareja de sinvergüenzas que para el final buscarán una especie de redención. Muy divertida, y sobre todo impredecible.
Un Mundo de Perversión parece ser la historieta más antigua del tomo, y resulta ser una comedia muy jugada al delirio, a que pasen cosas desopilantes e imposibles todo el tiempo, mínimamente justificadas por un elemento sobrenatural. No me causó demasiada gracia, sobre todo por cómo están desaprovechados los personajes con los que se supone que uno se tiene que identificar.
Grandfather no tiene elementos fantásticos y casi no tiene historia de amor. Es una de beisbolistas donde la sorpresa y la intensidad pasan por la relación entre un pibe y su abuelo, dos personajes entrañables, jodidos, filosos, que le habilitan a Rumiko la chance de meter los mejores diálogos del tomo y situaciones muy graciosas, con una mala leche muy sutil. Muy grossa.
Invitación a Takarazuka es una joya, muy basada en un elemento sobrenatural, pero muy divertida, con gran ritmo, buenos personajes, excelentes diálogos, una tensión que te llega a poner muy nervioso y un gran final. Otra de las gemas de este tomo.
1 or W tiene las tres cosas: deporte (en este caso, kendo), romance y espíritus que salen de sus respectivos cuerpos para poseer a otros. Y sin embargo, le falta algo. No está mal, es entretenida, pero no llega al nivel de las mejores historias del libro.
La joya máxima, la historia que deja chiquita a todas las otras, no tiene deportes, ni romance, ni fantasía. Se llama Happy Talk y tiene un sólo problema: Rumiko aprieta un poquito la narrativa para contar en 24 páginas algo que daba para 36 ó 40. Pero es un guionazo, emotivo, sorprendente y con huevos para meterse en temas muy espesos como la prostitución y el travestismo.
Y cierra una de rugbiers, también con un espíritu en un rol central, con protagonistas muy carismáticos, buenos diálogos y un final al que le falta un poquito de originalidad.
Como dije al principio, el dibujo de Takahashi fluctúa bastante porque son historietas de distintas épocas. Sin embargo, el piso de calidad es altísimo y hay páginas en las que la autora realmente dejó la vida. Siempre es un placer encontrarse con una narradora gráfica quintaesencial como Rumiko Takahashi y -para los que no le tenemos paciencia a las series de chotocientos mil tomos con tramas que avanzan más lento que el 151 por Rivadavia un martes a las seis de la tarde- este formato de historias cortas es el ideal para disfrutar a pleno del talento de esta genia indiscutida del manga.

sábado, 4 de julio de 2015

04/ 07: ZEPHYD

Esta es una historieta de 1978, de cuando los autores que tradicionalmente habían transitado los caminos de la aventura convencional, la de los géneros clásicos, la de héroes y villanos, de pronto se comprometieron con esa impronta más adulta, más madura, cuyas raíces podemos ver en las historietas de la editorial Frontera, a fines de los ´50. Para mediados de los ´70 ya era bastante obvio que a los pibes les gustaba más la tele que la historieta y los mercados buscaron retener a los adultos y adolescentes con una fórmula muy interesante: una aventura más sofisticada, menos maniquea, con más matices, con espacio para sexo y violencia en mayor cantidad y con un cierto cinismo que a veces empañaba a la epopeya. Con pretensiones, también, ¿por qué no?
Zephyd es eso: aventura clásica con pretensiones. Los guiones de C.S. Cidoncha nos muestran al típico héroe noble y valiente, en aventuras en las que, además de la machaca, hay un apunte o una reflexión más profundos. El primer episodio habla de la naturaleza venal, artera e insolidaria del ser humano. La segunda historia habla de la religión como engaño para la gilada. La tercera plantea el debate de la libertad vs. las ventajas de estar sometido al más poderoso. Y en las dos últimas ya no queda más remedio que encauzar a Zephyd rumbo al conflicto final con “el villano” y resolverlo, por eso no hay subtextos más jugados.
En general, y gracias a su acotada extensión, el álbum se hace sostenible y hasta por momentos disfrutable. Lo lastran un poco los diálogos, abultados y pomposos, pero nada que te pueda horrorizar si en los ´70 leíste historietas de Columba, o incluso de Skorpio. Lo que menos me cerró fue el final, un poco abrupto, con soluciones mágicas, muy radicales, que cambian todo de un segundo al otro. Okey, siempre hay algún elemento sobrenatural que ayuda a justificarlo, pero a veces suena demasiado a deus ex machina.
A todo esto, ¿cómo caí en la enésima aventura de espada y brujería setentosa con chabones musculosos, monstruos abisales y minas devastadoras con escasísima vestimenta? Porque la dibuja Alfonso Azpiri, un dibujante por el que siempre tuve una cierta debilidad. Yo relaciono a Azpiri con los ´80, por eso me intrigó una obra suya de un período anterior. Y la verdad que esto se parece poco a los trabajos de los ´80 que me hicieron fan de este dibujante español. Este primer Azpiri no se despega casi nada de la impronta de Esteban Maroto, el gran referente del comic de espada y brujería que tuvo España en los ´70. De hecho no hay un sólo fondo que no parezca dibujado por Maroto. En la anatomía y en algunos aspectos de la composición de las viñetas, se nota el gusto de Azpiri por Neal Adams, y hasta hay algunos choreos muy evidentes a dibujos del astro norteamericano. En los primeros planos, en cambio, se ven muchos rasgos heredados del Viejo Breccia, el dibujante al que la gran mayoría de los españoles de estilo realista salieron masivamente a imitar desde principios de los ´70, cuando en Europa se conocieron El Eternauta y Mort Cinder. Y después hay muchos detalles en monstruos, armas, etc. muy cercanos a lo que había hecho Barry Windsor-Smith en Conan. O sea que tenemos a un Azpiri muy derivativo, muy poco original, que ni siquiera había desarrollado esa técnica de color que hacía tan atractivas a sus historias en los ´80.
En promedio, Zephyd es una historieta bastante olvidable, y a la vez testimonio de una forma de pensar el comic que alguna vez fue hegemónica y hoy no existe más. Si sos completista de la obra de Alfonso Azpiri, capaz que te interesa tenerla. Si no, es un entretenimiento apenas eficaz para pasar un ratito.

viernes, 3 de julio de 2015

03/ 07: CRIMINAL Vol.6

Ah, bueno… Los que me decían que el Vol.6 era mejor que el 5, que era el mejor de la serie, y qué sé yo… no me exageraron un milímetro. Esto, muchachos, es Historieta Perfecta. Por todo. Por el guión, por el dibujo, por el recurso 100% comiquero de “impostar” el grafismo de Sean Phillips para que se parezca al de los comics de Archie (se termina por parecer mucho más a Jaime Hernández que a Stan Goldberg y Dan DeCarlo, pero bue…), por la sutil conexión con la saga de los Hyde y los Lawless, por el subtexto crítico que se anima a poner en crisis un montón de valores sacrosantos para el sector más tradicional de la sociedad yanki… La verdad que es una historia increíble, un hito en las carreras de Ed Brubaker y Sean Phillips y en la historieta policial, en general, a nivel mundial.
Realmente, ni tiene sentido escribir una reseña acerca de esto. Me quedo con la emoción, con el impacto, con todo lo que me hicieron sentir página a página y viñeta a viñeta estos dos GENIOS, porque ya no hay otra palabra para denominarlos. Se me ocurre que para el que nunca leyó comics de Archie esto quizás no sea tan perfecto ni tan sorprendente. Pero si conocés mínimamente la mitología de Riverdale, The Last of the Innocent te va a conmover profundamente, vas a decir “hijo de mil putas, ¿cómo a nadie se le había ocurrido antes hacer una cosa así?”.
De la mano de Brubaker y Phillips, la mala leche, la corrupción, la sordidez y la oscuridad llegan a donde uno nunca sospechó que podían llegar. Ya no queda nada por pervertir, nada por deconstruir. El último tomo de Criminal dejó a esta serie muy, muy arriba, con un tomo escrito y dibujado como nunca, pero sobre todo apoyado por un concepto que de tan brillante mete miedo. Ya está, ya fue. Cierren todo y vámonos.

jueves, 2 de julio de 2015

02/ 07: HIJITOS DE PUTA

Este libro recopila las historietas que Gustavo Sala publica en Barcelona desde 2011 y que, ya desde el título, son una oda a la incorrección política. En Hijitos de Puta, Sala le canta quiero retruco a lo más jodido que se te ocurra. ¿South Park? ¿Daniel Tosh? Son todos Anteojito y Antifaz al lado de estas historietas.
Hijitos de Puta te ofrece casi 100 páginas repletas de chistes de pedofilia, zoofilia, necrofilia, coprofagia, antropofagia, incestos, violaciones y sodomía, chistes en los que aparecen travestis, sexópatas, fetos abortados, alienígenas, discapacitados, ancianos, linyeras, inmigrantes de países vecinos, demonios, lesbianas, negros, gremlins, famosos de la A (como Marcelo Tinelli, Paul McCartney o el Papa Francisco) y de la B (como Diego Parés o Daniel Melero) y hasta el propio Dios. Nadie se salva del humor desenfrenado de Sala, que acá va a fondo, a no dejar nada en pie. Lógicamente no hay chistes de judíos en campos de concentración, pero todo lo demás está, y está a un nivel de mala leche que me dejó atónito.
Ni hace falta aclarar que si no te gusta ese tipo de humor, ni te acerques a este libro. Si, como yo, te cebás mal con el “humor sin barreras”, acá vas a llorar de risa (de verdad, hubo un par que me hicieron llorar) con las tropelías de Justito, Cirilo y Tomás, y con planchas totalmente descolgadas en las que no aparecen ni los hijitos de puta ni Normita, la mamá. La de los cómicos de stand-up, la del flequillo de Carlotto Balá… son chistes que podrían haber aparecido en Bife Angosto, o en otra publicación, porque no tienen mucha relación con esta tira… excepto por la impronta transgresora, feroz, descarnada, zarpada al límite.
Con o sin los personajes protagónicos (a los que ni se calienta por desarrollar más allá de lo básico), Sala detona en estas páginas todo su arsenal de recursos humorísticos: la escatología, la guarangada sexual, las transformaciones bizarras (quizás el “salismo” que menos me divierte), las apariciones para nada predecibles de celebridades, la posibilidad de que cualquier animal, planta, objeto o cuerpo celeste de pronto pele genitales y se empome a otro, las estructuras de relato circular, el juego de una idea que empieza chiquitita y termina por cobrar dimensiones cósmicas, el remate después del remate, las enumeraciones que se van yendo al carajo, las elipsis… Entre una cosa y otra, el efecto acumulativo de leer una atrás de otra más de 80 historietas es sencillamente devastador.
El libro arranca con cuatro historias narradas por Sala en tres tiras, es decir, en 12 viñetas. En cada una pasan un montón de cosas y hay muchos, muchos chistes, no sólo el remate final. Después, a partir de la quinta entrega, Sala baja un cambio y plantea páginas resueltas en dos tiras, con una cantidad de cuadros que fluctúa entre los 6 y los 9. Ahí pasan menos cosas, las historias enfilan más rápido hacia el remate y el dibujo –lógicamente- se luce más.
En la faz gráfica se ve al Sala de siempre, a la bestia desbocada que parece sufrir de agorafobia y que prácticamente no deja espacios sin ocupar con elementos visuales. A veces hasta se le complica meter en cada viñeta a todos los personajes, fondos y diálogos que quiere meter y recurre a composiciones muy extrañas. Pero lo más extraño de Hijitos de Puta, y donde creo que el ídolo se pasó de vanguardista, es el diseño de los tres chicos protagónicos. Son personajes construídos en base a formas geométricas muy marcadas, los tres muy distintos entre sí, casi como si los dibujara un autor distinto. El resto del universo gráfico es el clásico, el que Sala utilizó toda la vida, y en ese contexto, los diseños de Justito, Cirilo y Tomás desentonan, llaman la atención por los motivos incorrectos.
Hojeo el libro para ver si no me estoy olvidando de nada y me vuelvo a reir como un subnormal. Posta, esto es demasiado. Gustavo Sala volvió a saltar en el trampolín al carajo y creo que todavía no tocó tierra. Ni olvido ni perdón para estos Hijitos de Puta que me hicieron despedazar a carcajadas con las atrocidades, las bizarreadas y las inmundicias más extremas que yo recuerde.

miércoles, 1 de julio de 2015

01/ 07: LOS MAS VENDIDOS DE JUNIO

Junio fue un mes rarísimo: la venta fue excelente (impulsada sobre todo por las comiquerías del Interior del país, que despertaron de su letargo) y la cantidad de lanzamientos por parte de las editoriales fue casi inexistente. Prácticamente no hubo novedades, y de hecho ninguno de los poquísimos títulos que salieron lograron entrar al ranking de los más vendidos, que quedó así:

1) Ofelia Vol.3 (De la Flor)
2) Basura (Loco Rabia/ Belerofonte)
3) Bife Angosto Vol.4 (De la Flor)
4) Acero Líquido (Loco Rabia/ Belerofonte)
5) Gatillo Fácil (Llanto de Mudo)
6) Malvinas (La Duendes)
7) ¡Eso, Pescuezo! (De la Flor)
8) Orgasmatron (Rabdomantes)
9) ¡Viva la Caca! (Subpoesía)
10) La Mano Izquierda (Llanto de Mudo)

Sí, todos títulos aparecidos en los meses anteriores. Uno bastante vintage que volvió milagrosamente (Malvinas), un long-seller eterno (Acero Líquido) y el resto, títulos aparecidos en Marzo, Abril y Mayo, que evidentemente no habían alcanzado su techo de ventas. Incluso títulos como Gatillo Fácil y Orgasmatrón que en el mes que salieron les tocó quedar relegados bajo un tsunami de novedades más hiteras y no pudieron ingresar al ranking, este mes vendieron mejor y treparon duro y parejo.
La pelea entre los tres que ocuparon el Top 3 fue tremenda, golpe a golpe, y hasta último momento cualquiera de los tres se podía quedar con el primer lugar. Lo cierto es que entre Ofelia, Basura y Bife Angosto concentraron muchísimas ventas y la diferencia de unidades vendidas entre esos tres títulos y los que ocuparon los puestos 8, 9 y 10 fue abismal.
Lo más raro es cómo cuatro de las novedades más fuertes de Mayo desaparecieron totalmente del ranking de Junio: Semillas, Té de Nuez, QP: Eramos Nosotros y –sobre todo- La Luna del Toro, lo último de Alcatena y Mazzitelli, que salió a fines de Mayo, vendió grosso y amenazaba con romper todo en Junio. Yo supongo que las comiquerías se lo deben haber comprado a otras distribuidoras... es la única explicación que se me ocurre para un freno tan abrupto en las ventas de un libro que prometía tanto.
Y hablando de promesas, Julio no pinta muy generoso en materia de lanzamientos, porque muchas editoriales se guardan la munición gruesa para detonarla en Crack Bang Boom y Comicópolis. Pero algo hay: lo nuevo de Julio Azamor, lo nuevo de Mariano Antonelli, el integral de Parque Chas que no salió el mes pasado, nuevas antologías y nuevos libros de El Chispa, Dante Elefante y el nunca bien ponderado Gaturro, que viene a pagarnos el aguinaldo a unos cuantos. Todavía no sé cuántos días de Julio voy a poder laburar, porque tengo pendiente ese paso por el quirófano que ya mencioné, así que en una de esas tengo vacaciones forzadas y termino ocupándome poco de la Distri. Ya veremos...